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Toneladas de sal y carbón: el dibujo monumental de Matías Duville que representará a la Argentina en Venecia
Egresado de esa experiencia fecunda llamada Beca Kuitca para Jóvenes Artistas, entre otros espacios de formación, al marplatense Matías Duville la suerte lo encontró trabajando. Con una obra prolífica y reconocible (esos raros paisajes entre terrenales y lunares) que surge en torno a recuerdos y vivencias. Una infancia patagónica y el impacto de unos bosques petrificados. Una vida en conexión con el mar, que lo lleva por el mundo como surfista, buscando olas. Y una mirada distorsionada de ciudades, de cartografías urbanas extrañadas, que viene de algún lugar en su cabeza.
Ha expuesto enormes anzuelos inquietantes. Y oscuros montículos de carbón, igual de perturbadores. Su dibujo es la base de un trabajo de búsquedas y experimentación con diversos materiales y soportes. Con imagen, con sonido. Algunos, de grandes dimensiones, le dejan las manos negras como las de un minero.
Ahora prepara el dibujo más grande de su vida, que ocupará el pabellón argentino de la Bienal de Venecia. Se presentó a la convocatoria por sexta vez y por fin resultó elegido con un proyecto llamado Monitor ying yang, que está tomando forma. Un dibujo monumental hecho con dos materiales amigos de su trabajo: carbón y sal. Treinta toneladas que llegarán en barco hasta los galpones del Arsenale veneciano para construir un diseño en el suelo del pabellón. Sí, será pisado, caminado, modificado por las personas. Entre otras cosas que sucederán ahí, en la que promete convertirse en una de las puestas más asombrosas del año.
Duville es, además, el primer artista que va a la exposición internacional más importante del mundo ya sin financiación estatal. Su obra, curada por Josefina Barcia, y que el público de todas partes podrá visitar entre mayo y noviembre, fue financiada íntegramente por privados. En buena medida convocados por la galería que lo auspicia, “Barro”.
En su precioso taller y hogar de Belgrano, Duville responde sobre esto con cierta resignación. Aunque desde que se conoció la noticia de su nombre no le quedó otra que comentarlo y ya está acostumbrado. Elegido entre 69 proyectos, un récord de convocatoria Monitor ying yang destacó “por lo inédito de su propuesta de gran calidad”, según dijo Adriana Rosemberg, de PROA. Integrante de un jurado que completaron Amalia Amoedo, presidenta de la Fundación Ama Amoedo, Sergio Baur, presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes, Rodrigo Moura, exdirector artístico del MALBA, Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes, Tulio Andreussi Guzmán, presidente del Fondo Nacional de las Artes y Eugenia Usellini, presidenta de la Fundación del Museo Castagnino.
“Lo terminaron financiando coleccionistas privados, fue la manera de hacer frente a un proyecto que requiere inversión”, dice. “Las cartas están tiradas y uno tiene que trabajar para dar lo mejor. Pienso que nada debe sacarme del foco más importante, que es generar la mejor versión posible de ese proyecto. Y en esta edición las cartas son así. Ya con las bases se sabía que era así, que uno tenía que financiarse. Hubo todo un equipo de gente de apoyo de mi galería buscando fondos y los consiguieron”.
Una de las cosas que sorprende primero de su propuesta es que se trata de un dibujo en el suelo, donde será, por supuesto, modificado. “El pabellón argentino es un espacio increíble, pero complejo. Entonces, en vez de enfocarme en las columnas, las paredes o el techo, pensé en hacer una experiencia transitable, en el suelo”, cuenta. “Y manejé varios layers como lo sonoro, la iluminación, el dibujo en una escala así, expansiva. Un dibujo sobre el suelo hecho con dos minerales, sal y carbón. Hay como distintas terminales de contenido, y me encanta cuando pasa eso, cuando parecería que uno lo pensó muy racionalmente y está todo atado, pero en realidad fue todo lo contrario”.
-Sal y carbón son dos materiales que te acompañan y, a la vez, tienen mucha simbología.
-El carbón tiene una conexión muy fuerte en el dibujo. En mi trabajo, es el carbón vegetal que me lleva a varios lugares: las cenizas, un mundo en extinción, los antiguos bosques sepultados en capas, en las profundidades. El carbón emerge y me hace pensar en el territorio.
-Y la sal es el mar.
-Sí, el mar y la condensación de los antiguos océanos. En mi trabajo hay algo muy fuerte con la idea del océano como si fuese una analogía: entre el misterio de la profundidad de la mente y el misterio de la profundidad del mar. Para los que nos criamos en el mar hay algo muy natural, jugamos con el mar, además soy surfista. Somos afectados por el mar. Pero también me gusta como la mugre de las grandes ciudades. El ir y venir entre la naturaleza y la ciudad, entrar y salir, me parece enriquecedor.
Los que entren al pabellón argentino de la Bienal vivirán una especie de experiencia inmersiva. En la que sus movimientos, y las partículas de polvo que generen, producirán alteraciones de un sonido en el que trabajó el artista, en colaboración con el músico Alvise Vidolin y los del Centro di Sonología Computazionale de la Universidad de Padua. Como resultado, cada vez que se visite el pabellón el sonido será distinto. Centolla Society se llama la banda que Matías tiene con su hermano Pablo. Y que define como un sonido que va desde banda pop a muy experimental.
“Hicimos muchos proyectos en este terreno de la escena del arte, y tenemos una gran biblioteca de sonidos inventados. Siempre pensé que el sonido era algo muy importante. Hay una lógica del sonido que sigue un poco la lógica de la imagen, de la narrativa, del dibujo que tiene que ver con con lo abstracto, pero también con ciertas escenas dinámicas paisajísticas, u otras más estáticas. El sonido viste. Pero es muy difícil explicar qué va a sonar”.
Duville habla y reflexiona, jugando con su timidez, entre obras de gran formato que se roban la mirada. No hay forma de no preguntarle por esos paisajes, coloridos o en blanco y negro, como mapas de un mundo extraño en el que perderse. Vastedad, descampados naturales: palabras suyas. “Mi papá era químico, pero también estaba vinculado con con la biología marina”, cuenta. “Y en los 80 viajábamos mucho al Sur, a Madryn y más lejos todavía. Mi papá hacía documentación, de geología, para publicaciones que eran más de del ámbito académico. Lo acompañábamos y de pronto aparece ese bosque petrificado, esos primeros encuentros con el paisaje primitivo y en expansión. Nos traíamos troncos petrificados, puntas de indio y esas cosas que ahora están totalmente prohibidas”.
Acaso, la condensación de su trabajo, para usar una palabra suya, se encuentre en el dibujo de su vida. En la Bienal de Venecia que abre en mayo y se queda hasta noviembre. Una obra que resume la idea del cambio constante que le interesa. “Se visita un terreno, se lo camina, se mezclan los materiales. Y que el espectador se sienta adentro de esa materia y del ADN de ese gran paisaje”.
Fuente: TN
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Pablo tiene 27 y descubrió recién hace tres años que nunca tuvo olfato: “No elegiría vivir de otra manera”
Entre los aspectos de la percepción humana, el olfato ocupa un lugar esencial que se relaciona además con la experencia del sabor. ¿Cómo será imaginar la realidad sin perfume y sin olores desagradables?
Pablo Orlando (27) está habituado a esta condición porque, desde que nación, no percibe olores. Siempre sintió que le faltaba algo, pero no podía determinar qué. En 2024 se hizo los estudios para entender por qué no era como los demás y descubrió la verdad.
Los médicos descubrieron que le faltaba el nervio olfatorio y su caso les llamó la atención. Según los profesionales, ese tipo de fibras son las primeras en desarrollarse en la gestación, y él no la tenía, pero el resto de su cuerpo estaba intacto.
Un bebé tranquilo
Ni Pablo ni su familia sospecharon algo: “Es muy difícil saber si tu hijo no tiene olfato. Yo era muy tranquilo de chiquito. Tanto que mi mamá creyó que era discapacitado porque no lloraba”. Tal era la sospecha de su mamá que lo llevó al médico; este le hizo distintas pruebas, como aplaudirle en el oído y revisarle los ojos, pero todo pareció normal. “El médico le dijo a mi mamá que yo estaba bien, solo que era tranquilo; a nadie se le ocurre ‘hay que probar si huele’”, comentó.
Se empezó a dar cuenta muy de a poco, pero no lograba descifrar lo que le pasaba. “Era difícil porque, por ejemplo, un ciego de nacimiento no sabe qué son los colores. Bueno, yo no sé qué es oler. Yo pensaba que todo el mundo percibía las cosas como yo”. Pablo describe su falta de olfato a una sensación parecida a como si siempre estuviera engripado.
Una de las anécdotas que le llamaron la atención en su infancia fue cuando ganó un peluche apestoso con su hermano y él podía aguantar el olor: “Me acuerdo de que mi hermano me lo ponía en la nariz y yo lo aguantaba sin problema. Yo sentía que no había nada”.
Otra señal de alerta fueron las comidas, comía todo lo que su mamá preparara. “Nunca tuve problema. Yo creo que tiene que ver porque no siento el sabor completo de la comida”, destacó.
El descubrimiento
Pensó en hacer estudios en pandemia: “Yo tenía una amiga enferma de los olores y en la pandemia ella pensó que yo tenía COVID, así que le tuve que explicar que nunca olí en mi vida. Me probó con cosas para oler y yo no sentía nada”.
No se hizo el estudio hasta 2024: “Sentía que nunca me había ocupado del tema, como que yo pensaba que era así desde el principio y ya está. Después quise averiguar el porqué”. En algunos momentos, Pablo llegó a sospechar que él mismo era el problema.
Una resonancia magnética dio un resultado tan inesperado que el médico se sorprendió: “Tenía anosmia, una ausencia total del sentido del olfato. Vio que me faltaba el nervio olfatorio; es como un cable que une el cerebro con la nariz. Dijeron que es muy raro porque es una de las primeras cosas que se forman, entonces es llamativo que todo lo demás se haya desarrollado bien”.
Los médicos también tuvieron en cuenta que podría haberlo desarrollado, pero perdido de chico: “Tal vez en algún caso de faringitis o rinitis de muy chico, también estaba la posibilidad de que yo hubiera tenido una enfermedad respiratoria de chico y por eso lo perdí”.
Vivir otros sentidos con intensidad
Pablo estudia en el Conservatorio de la Ciudad de Buenos Aires y comparte contenido en redes sociales con más de 300 mil seguidores. Desde chico se sintió atraído por el sonido y cree que está relacionado con su falta de olfato: “Creo que me incliné más a lo auditivo que al olfato. Generé una locura por la música”.
“Me gustaba desde chico, siempre me gustó y tengo muy buena memoria. Puedo acordarme de una canción que escuché triste un domingo siete de noviembre a tal hora”, explicó.
A los 12 años empezó a desarrollar su pasión. Primero aprendió a tocar la guitarra, estudió música y le empezó a interesar todo lo que tuviera que ver con ese mundo. Hoy, toca el piano en el conservatorio y sube contenido a redes sociales únicamente sobre música.
Los riesgos de vivir sin olfato
A pesar de que él se sienta cómodo y no perciba olores desagradables, contó que la anosmia tiene sus riesgos: “Me cuesta mucho usar perfumes, siempre alguien lo tiene que elegir por mí. Tengo que confiar en sus decisiones”. Con la ropa le pasaba lo mismo; su familia era quien distinguía si tenía una prenda sucia o no. Y, como no percibe nada, también se baña hasta tres veces al día para evitar el mal olor.
Además, no solo no percibe el olor del monóxido de carbono, sino que tampoco sabe cuándo la comida está podrida. “Una vez que me comí una pechuga de pollo que había estado una semana en la heladera, llegó mi pareja y me preguntó qué comí, que olía mal”, recordó.
Aunque él jamás experimentó el olor de las comidas o las flores, él preferiría quedarse como está. “Siento que me hace particular, no solo por lo gracioso de contarlo en anécdotas, sino que siento que todos somos particulares en nuestras maneras”, expresó.
“No eligiría vivir de otra manera, no podría”, sintetizó.
Pablo convirtió su condición en una forma distinta de percibir el mundo. Su historia no solo expone un caso médico poco frecuente, sino también una manera singular de adaptarse a lo cotidiano, donde otros sentidos —como el oído— cobran un protagonismo central. Hoy lleva una vida en la que la falta de olfato no es un obstáculo, sino una característica más de su identidad.
En un contexto en el que muchas veces se busca “corregir” lo diferente, su mirada invita a pensar en la diversidad desde otro lugar. Pablo no solo aceptó su condición, sino que la integró como parte de lo que lo define.
Fuente: TN
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Tiene 10 años, sufrió bullying en la escuela e intentó quitarse la vida: “No quiere jugar con otros chicos”
La vida de la familia de T., una nena tucumana de 10 años, cambió de un día para el otro. El sufrimiento de la menor, que se desencadenó cuando tenía nueve, escaló y derivó en una sucesión de hechos que todavía no tienen solución.
T. iba al colegio como todos los días y su rutina era como la de cualquier chiquita de su edad. El año pasado, entre cambios y movimientos habituales dentro de la institución, hubo nuevas incorporaciones en su grado y la situación fue modificándose.
Paula, su mamá, contó que su hija se había hecho amiga de una nena que había sido cambiada de curso porque tenía problemas con otros chicos y que si bien al principio estaba todo bien, ella notó actitudes que no le gustaban y le pidió que se alejara.
Desde entonces, asegura, las cosas comenzaron a cambiar. “La nena se le puso en contra, se juntó con dos más y empezaron a hacerle de todo a T.”, lamentó Paula en diálogo con TN.
Las primeras pautas de alarma comenzaron cuando la nena dejó de querer ir al colegio. “Cuando la levantaba no quería ir o quería ir con el pelo suelto para que no se le vea la cara”, aseguró.
“Todos me decían que eran etapas, me daban consejos, pero ella siempre estaba cabizbaja, no quería hacer lo que hacía habitualmente, no podía sacarla de la cama porque no se quería levantar, era la lucha de todas las mañana”, insistió.
Al principio, extrañada por las actitudes de su hija, Paula habló con ella y de a poco, a veces por terceros, comenzó a enterarse de algunas situaciones que la menor estaba viviendo. “Hablé con las mamás de estas nenas, no soy de esas mamás que se quedan afuera conversando, yo la dejaba y me iba porque tenía que entrar al trabajo. Conocía a alguna que otra por el grupo de mamis, pero no a todas. Ahí empecé a buscar los nombres de los nenes, yo reclamaba por las mamás de las tres nenas, pero algunas no querían aceptar, decían ‘mi hija no es, no puede ser’”, agregó.
Con el correr de los días la situación no cesó, sino todo lo contrario. “Me enteré por una de las mamás que vende afuera de la escuela que cuando mi hija se compraba algo, las nenas se las quitaban y se iban corriendo. Cuando se los dije a los papás me dijeron ‘mi hija es re selectiva, no come cualquier cosa’”, recordó.
La situación no mejoró y ese viernes de septiembre de 2025 estalló todo. “El papá de T. fue a reclamarle al papá de una de las nenas porque ya era mucha la insistencia de mi hija para que habláramos. Nos contaba que le decían cosas feas y que le mandaban mensajes. Cuando el padre de T. finalmente encaró al hombre, en buen tono, le explicó que estábamos teniendo un problema y le pidió hablar para que no siga pasando. La insistencia era tanta porque el tema ya se había ido de las manos y mi hija aseguraba que la empujaban contra el armario y hasta la tiraban de la silla”, precisó Paula.
En medio del intercambio, el papá de la otra nena involucrada le preguntó a su hija, adelante de T., si ella la estaba molestando y la chiquita respondió que no. El padre también lo negó todo así que la situación terminó ahí. “Mi hija vino a casa y empezó a recibir un montón de mensajes en su celular que decían ‘ya sabes lo que te va a pasar el lunes’, como diciéndole que le iban a pegar, hasta la llamaron, hice que atendiera y eran gritos e insultos. Era mucho”, especificó la mujer.
“A mí no se me va más ese día de la cabeza porque fue de terror”, aseguró aun con la voz temblorosa.
Paula decidió sacarle el celular a T. para que no siguiera mirando los mensajes y se fue a llevar a su hija más chica al dentista. Mientras tanto, T. se recostó. “Cuando volví a las dos horas ella seguía acostada. Le pregunté si quería merendar y me dijo que no, que se sentía mal, que le dolía la cabeza. Al rato avisé que me iba a ir a comprar, que enseguida volvía”, explicó Paula.
Esa tarde agarró la moto, su celular, que no suele llevar cuando sale de compras, y se fue a cinco cuadras de su casa. Mientras esperaba a que la atendieran, el teléfono comenzó a sonar. “Mi hija más chica me empezó a mandar mensajes que decían ‘T. se encerró en el baño’, después me dijo que agarró papeles y que seguía ahí”, detalló la mujer.
Para ese entonces, Paula ya había salido rápido hacia su casa. “Estaba a dos cuadras cuando me volvió a llamar y me dijo ‘mi hermana no respira’. Yo quedé en shock. Llamé al papá, que estaba trabajando, y le dije que vaya urgente a casa. Esas dos cuadras y media se hicieron eternas, sentía que no llegaba más. Llegué, dejé la moto en la vereda con la llave puesta, entré y le pregunté a la más chica dónde estaba su hermana. Me señaló el baño. No sabía ni cómo reaccionar, empecé a gritar y salí corriendo a buscar ayuda”, recordó entre lágrimas la mujer.
Un vecino, que habitualmente no solía estar en ese horario, justo se encontraba en la vereda con su auto. Paula le pidió ayuda y entre los dos llevaron a T. al hospital de Avellaneda de la capital tucumana. “Fue de terror”, insistió.
En el centro de salud estuvieron más de una hora intentando reanimarla hasta que lograron que reaccionara. “La primera noche nos hicieron entrar a despedirnos porque no le daban esperanza de vida”, lamentó Paula. Pero pese al mal panorama, T. permaneció internada en terapia intensiva durante 14 días y finalmente pasó a sala común.
“Tuvo que aprender a hablar, había que darle de comer y no caminaba. Así estuvo casi un mes. Hoy habla, camina con dificultad, pero lo hace, y está medicada todo el día”, especificó.
Paula siente que su vida dio un giro total y que su hija fue quien cambió por completo. “Ella era una nena feliz”, insistió.
La menor permaneció casi tres meses internada y aunque hoy está en su casa, no va a la escuela y convive con secuelas. “Todavía no escribe, pero lee aunque desordena las palabras. Es difícil, el día a día cuesta mucho”, aseguró la mujer.
Sobre la posibilidad de que la chiquita vuelva al colegio, su madre señaló: “Al principio me decía que no quería volver, que no quería que le vuelvan a decir cosas o que se burlen de ella. Decía que tenía miedo de jugar con otros niños”.
“Tratamos con el papá de que se le vaya esto de que todos los niños son malos, de decirle que lo que le pasó fue horrible, pero no va a volver a pasar. Tratamos de inculcarle eso, de que va a tener nuevos compañeritos y hay días que quiere y días que no quiere saber nada”, agregó.
Desde que empezó a hablar, la pequeña nombra solo a estas tres nenas como un recuerdo que en realidad no quiere recordar. Cuando estuvo internada, sus propios compañeritos fueron quienes comenzaron a contar las situaciones que ella padecía y de las que sus padres no estaban al tanto.
Acerca del accionar del colegio, Paula remarcó que en su momento T. intentó buscar ayuda, pero no la encontró.
“Yo creo que somos los papás los que tenemos que guiarlos y enseñarles. Salieron 20 casos más atrás del de mi hija. Hasta el día de hoy se nos cambió por completo la vida, son muchas cosas. En el colegio realizaron talleres con el grado de T. y la situación terminó ahí. La causa por lo ocurrido, luego de una breve investigación, está cerrada. Fui por la parte civil, pero hasta el día de hoy no tuve respuesta de nada, porque en lo penal ya está archivado. Nos duele porque no sabemos que más hacer y los problemas están en todos lados. Sumado a eso, T. ella nació con un problema en los riñones y hoy en la salud publica en Tucumán no hay urología infantil, ella necesita un especialista porque empeoró en ese tema y no hay”, sumó.
Sobre el final, Paula reflexionó: “Hoy me duele en el alma tener a mi hija así, que no pueda ir a la escuela, son muy fuertes todas las cosas que vengo viviendo. Hoy no puedo trabajar, hago muy poco porque nos dividimos con el papá para poder estar con ella. Pido que esto no vuelva a pasar, no le deseo a nadie vivir lo que estoy viviendo, les pido que eduquen con amor a sus hijos”.
Fuente: TN
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La experta en divorcios que cobra US$1200 por hora, la buscan las estrellas de EE.UU. y creó un imperio
Los divorcios la han hecho famosa y multimillonaria. La aclaración necesaria: los divorcios ajenos.
Muchos dicen que es lo único que ha arruinado a más personas en Hollywood que la droga. Laura Wasser es la abogada especialista en divorcios más reconocida y más temida de Estados Unidos. Tiene 57 años y hace más de dos décadas que cada pareja rota de celebridades la cuenta a ella como representante legal de una de las partes.
Los divorcios no siempre son malos ni arruinan económicamente a las personas. Eso parece sostener, demostrar, la vida y la fortuna de Laura Wasser, la abogada más buscada por las estrellas cuando una pareja se rompe.
Fue la abogada de Angelina Jolie en el divorcio con Billy Bob Thornton. Tiempo después también la representó cuando se separó de Brad Pitt (aunque en esa ocasión, Jolie terminó cambiando de abogado para destrabar un litigio que llevó casi ocho años). Otra que la contrató dos veces fue Kim Kardashian: con su primer marido y con Kanye West.
Una enumeración no exhaustiva de sus clientes: Ashton Kutcher (en la separación con Demi Moore), Ryan Reynolds (con Scarlett Johansson), Nicole Kidman (con Tom Cruise), Jennifer Garner (con Ben Affleck), Melanie Griffith (con Antonio Banderas). También representó a Miley Cyrus, Christina Aguilera, Mariah Carey, Britney Spears, Ariana Grande y a Johnny Depp en su larguísimo y complejo conflicto con Amber Heard.
Esta semana volvió a ser parte de la conversación pública porque representa a Luka Doncic, la estrella eslovena de Los Angeles Lakers en su divorcio y en una cruenta disputa por la tenencia de los hijos. La experiencia de Wasser le indica que su cliente está complicado para obtener su deseo (que los chicos se queden en Los Ángeles y que la ex pareja no se lleve decenas y decenas de misiones de dólares) por lo que intenta cambiar de jurisdicción y mudar la discusión legal a Eslovenia, para que sea decidido bajo las reglas de ese país y con el paragua protector de la fama inconmensurable de Luka en su tierra.
Laura Wasser entiende las reglas del juego y los secretos de la celebridad, por eso congenia de inmediato con sus clientes. También conoce las reglas del ambiente y sus secretos. Y suele utilizarlos a favor más allá de su capacidad de negociación y de sus saberes jurídicos. Se dice que tiene línea directa con el sitio TMZ, la mayor web de chimentos de Hollywood, al que le asegura jugosos rumores y anticipos. TMZ consigue exclusivas, mientras Laura instala una imagen negativa de la contraparte o modifica la opinión sobre su cliente. Es amiga de paparazzis y periodistas. Muchas veces ha negociado la exclusiva sobre otro caso que involucra a celebridades para tapar el que viene ocupando a la prensa y de esa manera poder trabajar tranquila sin la presión mediática.
Laura suele decir que su trabajo consiste en hacer todo lo necesario para arribar a un acuerdo. Pero a esa frase le falta un agregado: ella hace todo lo necesario para llegar a un acuerdo muy beneficioso para su representado. En una conversación con el New Yorker contó que al principio sus representados eran hombres. Asegura que ahora es 50 y 50. Aclara que habitualmente, ella y su estudio, representan al proveedor de la pareja, al que genera el dinero.
Sus tarifas están entre las más caras de California. Un pago fijo de 30.000 dólares para empezar y 1.200 dólares por hora, más un generoso porcentaje de lo obtenido. Así y todo, son muchos los que afirman que contratarla es un gran negocio.
“Tengo fama de ser un pitbull, pero en realidad solo me enfoco en conseguir resultados. No me siento a gusto cuando el objetivo es arruinar a la otra persona”, declaró. Jura que rechaza los casos en los que un cónyuge la contrata con la intención (o el deseo) de destrozar a su ex pareja.
Los tabloides la bautizaron la Disso Queen (La Reina de la Disolución) jugando con el término Disco Queen.
El físico trabajado, prendas exclusivas, zapatos Louboutin, los accesorios más deseados, la sonrisa perpetua, un caminar elegante y seductor. Su imagen es impactante, derrocha seguridad y una fingida docilidad, una amabilidad que puede desaparecer en cualquier momento y que, no por casualidad, se esfuma cuando comienzan las negociaciones por bienes o por el dinero.
Si ella está siempre cuando finaliza un matrimonio de ricos y famosos, no se debe olvidar que también está presente antes de la boda. No hay casamiento de millonarios que antes no tenga un prenup (un acuerdo prenupcial) diseñado por Laura. Como si fuera un requisito básico, un elemento del kit básico de boda: vestido de novia, iglesia, gran salón para la fiesta y prenup de Laura Wasser. Tanto es así que el modelo madre de su prenup ya es una especie de leyenda en Hollywood y hasta fue parodiado en El Amor Cuesta Caro, una película de los Hermanos Coen sobre abogados divorcistas.
Kim Kardashian, cliente de Laura en dos divorcios, se inspiró en ella para su papel de la serie All´s Fair. El personaje de la abogada de Historia de un Matrimonio que le dio a Laura Dern un Oscar a la mejor actriz también se basó en Laura Wasser.
Creó un sitio web para divorcios veloces y no problemáticos (también escribió un libro con consejos maritales y de cómo conducirse ante un divorcio que se convirtió en best seller). Sostiene que uno de los problemas en la disolución legal de los vínculos es que muchos -los divorciados, sus abogados y los jueces- no tienen en cuenta el cambio de los tiempos y las nuevas maneras de vincularse.
Wasser está convencida de que los divorcios pueden ser menos dolorosos de lo que son, que sin ser lo ideal hay que normalizar la posibilidad de la disolución del vínculo porque es algo que ocurre frecuentemente en la sociedad. “Es algo que sucede, por lo tanto intentemos hacerlo mejor”, dice. La extensión de la expectativa de vida es un factor a tener en cuenta: “Antes la gente se moría antes de los cincuenta. Ahora se vive hasta los noventa. Entonces el ‘Para toda la vida’ de las bodas es bastante más difícil de cumplir”, afirma.
Cuando le preguntan si es difícil trabajar con estrellas, ella lo niega. Dice que son personas que como cualquier otra, en medio de un divorcio se enojan, se entristecen, se les rompe el corazón.
Ella misma es divorciada. Se casó a los 25 años y se separó en menos de un año. Tiene dos hijos de diferentes padres -con los que jura llevarse muy bien- pero no se ha vuelto a casar.
En los inicios el estudio era de su padre y de dos socios. El padre representó a Clint Eastwood y también a Jennifer Lopez en sus divorcios. Pero Laura con su impronta y sus casos espectaculares tomó el mando muy rápidamente. Y comenzó la lluvia de estrellas.
El primer caso mediático de Laura fue defendiendo a Stevie Wonder de una exnovia que lo acusaba de haberle contagiado un herpes y, por ende, de haberla engañado. Stevie salió indemne.
Fuente: TN