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Reflexiones

Cómo el trabajo excesivo nos está matando (literalmente)

Lisa Choi ignoró los primeros síntomas. Después de todo, esta analista empresarial de 53 años era muy activa, estaba en buen estado físico, montaba frecuentemente en bicicleta, era vegetariana y evitaba la comida chatarra. Estaba lejos de ser la típica víctima de un infarto cardíaco.

Sin embargo, Choi, desde su base en Seattle, EE.UU., estaba trabajando 60 horas a la semana, incluyendo noches y fines de semana. Tenía que cumplir estrictos plazos y manejar complejos proyectos digitales.

Esa carga laboral era completamente normal para ella. “Tengo un trabajo realmente de mucho estrés… por lo general voy a toda máquina”, dice.

Pero hace unos meses empezó a sentir como si tuviera el peso de un yunque en el pecho, que empezó a tomar los síntomas con mayor seriedad. En el hospital detectaron que tenía un desgarro en una arteria.

Esa es una señal distintiva la disección coronaria espontánea (DCE), una condición del corazón relativamente rara que en particular afecta a las mujeres y a las personas menores de 50.

Cuando le dijeron que necesitaría una angioplastia para expandir la arteria, Choi pensó: “no tengo tiempo para esto. Tengo traslados agendados en el trabajo y estoy haciendo todo tipo de cosas”.

Una mujer se ponde las manos sobre el pecho sintiendo dolor

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Al igual que Choi, muchas personas también están enfrentando un deterioro en su salud debido a sus intensos horarios de trabajo. Una investigación nueva y seria -descrita como el primer estudio en cuantificar el impacto en la salud de las largas jornadas laborales- ha mostrado lo desoladora que es la situación.

En un artículo publicado el 17 de mayo, los autores, de instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), señalan que, cada año, 750.000 personas mueren de enfermedad coronaria isquémica y apoplejía, debido a largas horas de trabajo. (La enfermedad coronaria isquémica involucra la arterosclerosis. La DCE de Choi es diferente a la enfermedad coronaria tradicional, pero el estrés y la alta presión arterial son factores de riesgo en ambas).

En otras palabras, más gente muere por trabajo excesivo que de malaria. Esta es una crisis global, que requiere igual atención de empleados, compañías y gobiernos. Y, si no lo resolvemos, el problema no sólo podría continuar, sino empeorar.

Cómo el exceso de trabajo afecta la salud

En el estudio, publicado en la revista Environment International, los investigadores analizaron sistemáticamente los datos de largas jornadas de trabajo, definidas como 55 horas o más a la semana; su impacto en la salud y tasas de mortalidad de la mayoría de los países, entre 2000 y 2016. Los autores aplicaron factores de control como género y nivel socioeconómico, para extraer los efectos puros del trabajo excesivo en la salud.

Una mujer trabaja con un portátil con la imagen de un reloj superpuesto

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El estudio establece que el trabajo excesivo es el mayor factor de enfermedad ocupacional, responsable de más o menos una tercera parte de la carga total de enfermedades relacionadas con el trabajo. “Yo personalmente, como epidemiólogo, quedé extremadamente sorprendido cuando trabajamos las cifras”, dice Frank Pega, especialista técnico de la OMS y principal autor del artículo. “Me sorprendió extremadamente el tamaño de la carga”. Describe los resultados como moderados, aunque clínicamente significativos.

Hay dos maneras principales en las que el trabajo excesivo puede reducir la salud y la longevidad. Una es el impacto biológico del estrés crónico, con un repunte en las hormonas del estrés que genera hipertensión y eleva el colesterol.

Luego vienen los cambios de comportamiento. Esas largas jornadas podrían significar dormir poco, hacer escaso ejercicio, comer comida poco sana y fumar y beber para soportarlas.

Y hay razones particulares para preocuparse sobre el trabajo excesivo, tanto mientras estemos en la pandemia de covid-19, como en la vida que tengamos después. La pandemia ha intensificado algunos estreses laborales, al tiempo que genera nuevas formas de cansancio en el lugar de trabajo.

Un hombre conduce un auto mientras come una hamburguesa y escucha por un audífono
Uno de los cambios en comportamiento puede ser la mala alimentación.

India se ha convertido en el epicentro de la pandemia global, con más de 25 millones de casos de covid-19. Pero la pandemia también está afectando la salud de otras formas.

Sevith Rao, médico y fundador de la Asociación Cardíaca de India, explica que las personas del sur de Asia ya tienen alto riesgo de enfermedad coronaria. Ahora, “con la pandemia de covid, hemos visto un incremento en el trabajo desde casa, lo que ha borrado el equilibrio entre trabajo y vida de muchos individuos, y eso genera alteraciones en patrones de sueño y el ejercicio; a la vez, esto aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular y apoplejía”.

Además, la pandemia ha resultado en el peor descenso económico desde la Gran Depresión. A recesiones anteriores le han seguido jornadas laborales más largas. “Parece casi como un efecto perverso”, reconoce Pega, en vista del desempleo generalizado durante una recesión. Pero “la realidad parece ser que las personas que siguen empleadas tienen que trabajar más para compensar por la pérdida de empleos”.

Focos de exceso de trabajo

Según los datos del artículo, 9% de la población mundial -una cifra que incluye niños- está trabajando jornadas excesivas. Y, desde el año 2000, el número de personas que trabajan en exceso ha estado aumentando.

Mujer trabajando frente a una pantalla
Los efectos del trabajo excesivo en la salud podrían manifestarse más tarde.

El trabajo excesivo afecta diferentes grupos de trabajadores de maneras distintas.

Los hombres trabajan más horas que las mujeres en todas las franjas etarias. El exceso de trabajo alcanza su punto máximo a comienzos de la mediana edad, aunque los efectos en la salud podrían manifestarse más tarde. (Los autores del estudio usaron un período de desfase de 10 años para rastrear los efectos del exceso de trabajo relativo al inicio de la enfermedad; después de todo, la “muerte por exceso de trabajo” no sucede de la noche a la mañana).

Los datos también muestran que las personas del sudeste asiático parecen tener las jornadas más largas; en Europa, las más cortas.

Pega explica que hay muchas razones culturales por las que una proporción mayor de gente en Asia trabaja más horas. Además, muchas personas trabajan en el sector informal de bajos a medianos ingresos en países asiáticos.

“Las personas en la economía informal podrían tener que trabajar más horas para sobrevivir, podrían tener múltiples empleos, podrían no estar amparados por las leyes de protección social”, señala Pega.

Un vendedor de verduras en Indonesia

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Por otra parte, muchos europeos gozan de una cultura laboral con vacaciones largas y períodos de descanso sustanciales. Esta actitud más relajada está consagrada en la ley; por ejemplo, la Directiva del Tiempo de Trabajo de la Unión Europea prohíbe a los empleados trabajar más de 48 horas en promedio a la semana.

Pero también en algunos países europeos, especialmente fuera de Francia y los países escandinavos, se ha visto una creciente proporción de trabajadores de alta capacitación haciendo jornadas extremas desde 1990 (después del auge del sindicalismo y protecciones relacionadas al empleado).

Reveladoramente, el ministro de Salud de Austria renunció a su cargo en abril, diciendo que había desarrollado alta presión sanguínea y altos niveles de azúcar por exceso de trabajo durante la pandemia. Su anuncio público fue inusual, no solo debido a su cargo de alto perfil, sino también porque realmente fue capaz de dejar su agotador trabajo.

Bañistas sentados frente a la playa

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De vuelta en Seattle, Choi también es afortunada, ya que sus colegas apoyaron su necesidad de reducir el ritmo en el trabajo.

Pero como no todos pueden darse el lujo de trabajar en horarios más equilibrados, y no todos recibirán la advertencia antes de tener una apoplejía o infarto cardíaco mortales, hay una necesidad urgente de enfrentar esta crisis de salud ahora mismo.

Combatiendo el exceso de trabajo

Si la tendencia continúa en la misma dirección, el exceso de trabajo -y los daños a la salud asociados- no harán más que aumentar.

Esto es especialmente preocupante, debido a cómo las sociedades glorifican el exceso de trabajo hasta el punto del agotamiento. Y, a medida que nuestras horas de trabajo se incrementan, con pocas señales de bajar, aumentará la cantidad de los que sufren por invertir demasiadas horas en la jornada laboral.

Una mujer ejecutiva señala "alto" con la mano

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La responsabilidad de cortar de tajo ese ciclo recae tanto en los empleadores como, de alguna manera, en los empleados, y todos tendrán que colaborar para frenar el exceso de trabajo y los problemas que conlleva.

En general, Pega insta a los empleadores a aceptar con beneplácito el empleo flexible, los puestos compartidos y otras maneras de mejorar el equilibrio en los horarios. También deberían tomar en serio los servicios de salud ocupacional.

“Nosotros en la Asociación Cardíaca de India creemos que más educación y más exámenes de control son clave para prevenir la enfermedad cardiovascular y la apoplejía”, dice Rao.

Claramente también hay un papel que los trabajadores individualmente pueden tomar para reformular sus actitudes hacia el trabajo: todos podemos intentar resistir la atracción del trabajo excesivo que nos tiene a todos pegados a nuestros teléfonos hasta entrada la noche.

Y cuanto más rápido hagan esto mejor, ya que como el exceso de trabajo es un riesgo que se acumula a lo largo de los años, evitar que se vuelva crónico podría reducir la severidad de los peores riesgos (aunque no hay suficiente evidencia de cuándo el riesgo pasa de ser de corto plazo a crónico).

Hombre en la cama, mirando el celular durante la noche

Pero los cambios más fundamentales deben ocurrir a nivel gubernamental.

“Ya tenemos las soluciones. La gente tiene que aplicar límites al máximo de horas que deberíamos estar trabajando”, dice Pega. Hay ejemplos de ello, como la Directiva de Tiempo de Trabajo de Europa, o con otras leyes sobre el derecho a desconectarse.

En los países que tienen leyes robustas que limitan el trabajo, la clave está en hacer cumplir y monitorear esas leyes. Y en los países con pocas garantías de seguridad social, leyes antipobreza y programas de bienestar pueden reducir el número de personas que se están desgastando hasta los huesos por pura necesidad.

Al final de cuentas, el problema del trabajo excesivo -y todos los males que genera- continuará si no hacemos cambios en nuestras vidas laborales. Y el cambio no es imposible. “Podemos hacer algo”, insiste Pega. “Esto es para todos”.

Puedes leer este artículo publicado originalmente en inglés en BBC Worklife.

Reflexiones

Por qué decidí ponerme bótox: ¿está zoom detrás del aumento en procedimientos estéticos entre los hombres?

Hay una vieja frase que dice “solo tienes arrugas donde han estado las sonrisas”. Las mías, sin embargo, están apareciendo en algunos de los rincones más extraños de mi rostro de 54 años.

Apelar a una solución quirúrgica no había estado en mi radar hasta hace poco, después de que el año pasado se vio un aumento sorprendente de el número de hombres que buscaban hacerse “un retoque”.

La Asociación Británica de Cirujanos Plásticos Estéticos dice que un tercio de sus miembros vieron un aumento en las consultas de los hombres el año pasado.

¿Podría ser porque todos hemos pasado el último año eternamente viendo nuestro reflejo en las pantallas de videollamadas laborales?

“Sabemos que cada vez más personas han estado en las redes sociales y en conferencias telefónicas porque han quedado atrapadas en casa”, dice la doctora Helena Lewis-Smith, investigadora en psicología especializada en imagen corporal en la Universidad del Oeste de Inglaterra.

“Hay una herramienta en Zoom, por ejemplo, que permite a las personas suavizar la apariencia de su piel. Las personas que son más propensas a presionar ese botón durante estas llamadas tienen más probabilidades de enfocarse en su apariencia y tener una peor imagen corporal”.

La creciente tendencia de la cirugía estética masculina es más pronunciada en Estados Unidos, donde la demanda se ha triplicado en las últimas dos décadas.

“Nuestra sociedad le da mucha importancia a la juventud”, dice el doctor Alan Matarasso, expresidente de la Asociación Estadounidense de Cirujanos Plásticos.

“Los hombres están tan preocupados como cualquier otra persona por su apariencia”.

“Y ha habido un cambio en la cultura del acicalamiento masculino: se ha vuelto socialmente aceptable para los hombres, mientras que antes pudo no haber sido así”.

Los patrones cambiantes del trabajo moderno también proporcionan una lógica empresarial más estricta.

“Ya no estamos en un mundo en el que alguien vive en la misma casa o trabaja en el mismo trabajo toda su vida”, dice el Matarasso.

“Y ya sea que se suscriba a esto o no, muchos de nosotros juzgamos a las personas en base a nuestras primeras impresiones de ellos“.

Yo no había estado presionando ningún botón para alterar mi imagen en videollamadas, pero tenía curiosidad por ver de qué se trataba todo el alboroto.

Ya había hablado de mi plan con amigos y familiares, cuyas respuestas iban desde sonrisas y alarma hasta fascinación y, en un caso, envidia mal disimulada.

La cirugía plástica comienza a sentirse como el frente de una guerra cultural no declarada, con prejuicios y vergüenza generosamente dispensados de ambos lados.

Bótox

Para aquellos que dan el paso, probablemente la intervención más popular (para hombres y mujeres) es el bótox.

También conocida como toxina botulínica, es el nombre comercial de una proteína que en volúmenes mucho mayores está activa en la enfermedad llamada botulismo.

Ed Butler recibiendo aplicaciones de bótox
El bótox se aplica a través de una serie de inyecciones.

Pero no dejes que eso necesariamente te desanime. Aplicado mínimamente en la cara, se considera que ayuda a suavizar las arrugas, como las patas de gallo y las líneas de expresión, paralizando los músculos durante un período de meses.

“Tenemos hombres de negocios mayores y exitosos y el dueño de una compañía de autos de carreras”, dice la doctora Salinda Johnson, describiendo algunos de los clientes que visitan la London Cosmetic Clinic.

“Los hombres mayores están más preocupados por el envejecimiento. Y también tenemos trabajadores más jóvenes de la City londinense que quieren verse más guapos y atractivos”.

Después de una breve consulta, me invitan a recostarme en su sofá, recibir una generosa capa de antiséptico en la frente y luego una serie de pinchazos.

Es una aguja muy fina. Las inyecciones no me resultaron incómodas, aunque me advirtieron de posibles dolores de cabeza a corto plazo y de evitar el ejercicio vigoroso en las horas después de la intervención.

Pero todavía estoy debatiendo conmigo mismo si mis líneas y pliegues no son simplemente una indicación de experiencia o carácter.

“¡Hay un límite a cuánto carácter queremos tener!” argumenta Matarasso, quien dice que, para muchos de sus pacientes varones, la experiencia puede resultar transformadora.

Pero advierte que no está en el negocio de brindar juventud eterna. “Estamos aquí para hacer que la gente se vea tan bien como se siente. Realmente no podemos hacer retroceder el reloj de una persona de 65 años y hacer que parezca que tiene 25”.

Dra Helena Lewis-Smith

FUENTE DE LA IMAGEN,HELENA LEWIS-SMITH

Pie de foto,A Helena Lewis-Smith, psicóloga especializada en imagen corporal, le preocupa la tendencia entre hombres y mujeres a esforzarse tanto en perfeccionarse.

Las redes sociales y medios de comunicación están inundados de historias que advierten sobre cirugías plásticas que salieron mal.

No hay escasez de médicos de gran reputación que ofrecen tratamientos estéticos, pero también hay un ejército de médicos no capacitados, particularmente en países menos regulados, atraídos por las enormes ganancias que se obtienen en esta industria.

Si bien los riesgos asociados con una inyección de bótox son bajos, se insta a cualquier persona que planee un tratamiento a verificar minuciosamente las calificaciones de quienes lo brindan, así como las opciones de cuidados posteriores.

“Los programas de televisión y las redes sociales están normalizando lo que pueden ser procedimientos muy riesgosos”, advierte la doctora Lewis-Smith.

“La gente experimenta cierto grado de mayor felicidad y satisfacción corporal (tras la cirugía estética) a corto plazo, pero no sabemos cómo se sentirán dentro de cinco o diez años“.

A la experta le preocupa la tendencia entre hombres y mujeres a esforzarse tanto en perfeccionarse, especialmente cuando las modas en torno a la apariencia y la forma del cuerpo tienden a cambiar.

Las Kardashian

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Muchos idolatran y buscan emular la apariencia de la familia Kardashian”Ahora es todo sobre las Kardashian, hace 10 años era Kate Moss”, dice. “Piense en los diferentes tipos de cuerpo de esas personas. Es posible que las mujeres ahora quieran tener implantes de glúteos, implantes mamarios, rellenos de labios, pero ¿qué sucede después de unos años cuando nos venden un ideal diferente?”

El efecto

Dos semanas después de mis inyecciones de bótox, no veo grandes cambios en mi propia apariencia, aunque tengo un entumecimiento general en la frente.

Me han dicho que la congelación de los músculos ayudará a inhibir la creación de futuras arrugas.

El bótox es en realidad más preventivo que transformador, y requerirá otra ronda después de tres o cuatro meses si estoy decidido a mantener el efecto.

Ed Butler tras recibir las aplicaciones de bótox
Ed Butler tras recibir las aplicaciones de bótox, que entumecieron su frente. Los resultados tardan días en aparecer.

Se dice que esta es la manera en la que hombres destacados de Hollywood se han aferrado a su piel juvenil durante más tiempo de lo que uno imagina. Aunque algunos, como George Clooney, afirman no sentirse tentados.

Se prevé que el mercado mundial de la cirugía estética tenga un valor de US$67.000 millones en 2026.

Para Lewis-Smith, la preocupación es adónde nos lleva esta búsqueda incesante de mejoras cosméticas.

“Estamos tratando de adaptar aquello con lo que nacimos para que la industria de la belleza gane dinero”, dice. “Entonces, para ser honesta, me da miedo”.

“Les estamos dando nuestro dinero porque queremos sentirnos mejor con nosotros mismos y hacer coincidir esos ideales con lo que nos muestran. Están negociando y explotando la insatisfacción de la gente“.

Fuente: BBC

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Reflexiones

Algo para dar

Por el Licenciado Guillermo Ledesma, quien viene desarrollando hace varios años un liderazgo juvenil. Nos brinda tips para aprender en este tiempo.

                                                                                Algo para dar

Empobrecemos el alma, cuando nos olvidamos que estamos para enriquecer la vida. Por eso creo que debemos dejar de una vez por todas esa mentalidad mediocre de andar por la vida demandando, pidiendo y mendigando constantemente, cuando nosotros realmente estamos para ofrecer, estamos para dar, y comienza sacándote esa idea de que solo dan las personas a las que le sobra, porque la gente mas generosa no es la que mas tiene, por lo general es la que conoce la necesidad y no quiere que nadie mas pase por ella.
No estoy me estoy refiriendo solo de necesidades económicas, sino también de necesidades de afecto, de aprobación, de reconocimiento, necesidad de pertenecer, de ser alguien, necesidad de sentir, de amar.

Por eso entendamos que no vinimos a la vida para enriquecernos, sino para enriquecer a la vida, para llenarla de nosotros, para llenarla de fuerzas, vida, fe y esperanza.  Y se comienza llenándonos de pasión y convirtiendo esa chispa interna en un imponente incendio forestal, logrando vivir apasionadamente, disfrutando lo que hacemos, a quienes tenemos, los detalles de la vida, viviendo al máximo, dando al máximo, siendo nosotros mismos en su máxima expresión.

Porque no le tenemos miedo a la tormenta, cuando sabemos que nosotros somos el huracán, somos esa luz que desestabiliza a la oscuridad, somos la historia que alguien quiere contar, tal vez seamos el milagro que alguien necesita encontrar, tal vez portemos las palabras que alguien necesita escuchar, somos la fuerza, portamos la sonrisa que a alguien va a iluminar y el abrazo que tal vez a alguien lo pueda rescatar, porque nunca debemos olvidar que vos y yo tenemos algo para dar. Dar mucho, dar desinteresadamente, dar generosamente, porque es la mejor forma de recibir. Porque es mejor dar que recibir, y todo el que siembra cosecha. Pero de igual forma, nosotros no damos para recibir, nosotros damos porque de eso se trata, porque eso somos.

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Reflexiones

¿Vivir juntos construye un matrimonio más fuerte?

Por Sixto Porras, Escritor y Director para Iberoamérica de Enfoque a la Familia.

La convivencia — vivir juntos fuera del matrimonio — se ha vuelto más popular en las últimas seis décadas. Desde 1960, el número de parejas que conviven ha incrementado casi veinte veces en los Estados Unidos. Las últimas dos décadas han experimentado un crecimiento explosivo; el porcentaje de parejas que conviven ha aumentado alrededor del 50% desde mediados de la década de los 90, y más del doble en números reales durante estos años. Hoy en día, más del 60% de los matrimonios están formados por personas que han convivido, con su cónyuge o con otra persona, en algún momento de sus vidas.

Muchas personas creen erróneamente que vivir juntos es un método efectivo de poner a prueba un posible matrimonio para determinar si la pareja es compatible. Pero ¿la convivencia es realmente una decisión inteligente para esas parejas interesadas en un matrimonio saludable y duradero? ¿Sirve como un buen campo de prueba? ¿Ayuda a construir relaciones más fuertes y saludables?

La buena noticia es que no tenemos que preguntarnos acerca de las respuestas a estas importantes preguntas. Una gran cantidad de investigación sólida en ciencias sociales de las principales universidades del mundo ha estado respondiendo estas preguntas durante muchas décadas, y los hallazgos son concluyentes. Esta investigación nos permite aprender de la experiencia de millones de personas que han vivido juntas fuera del matrimonio. Abordemos algunas de las preguntas más importantes que las personas se hacen sobre la convivencia.

¿No son el matrimonio y la convivencia esencialmente lo mismo, un hombre y una mujer simplemente haciendo una vida juntos?

Los investigadores nos dicen que la convivencia no se parece en nada al matrimonio, son dos tipos de relaciones muy diferentes. De hecho, los investigadores descubrieron que el comportamiento de los que viven juntos tiende a parecerse al de las personas solteras en la forma en la que viven y la manera en la que se desenvuelven en sus relaciones. El eminente sociólogo James Q. Wilson explica: “Los académicos consideran cada vez más la convivencia como un sustituto de la soltería, no como alternativa al matrimonio.” En pocas palabras, las parejas que viven juntas no actúan como personas casadas.

Lo que la mayoría de las personas no se da cuenta, es que existe una diferencia en el compromiso entre estos dos tipos de relaciones que genera diferencias importantes y medibles. Incluso cuando las parejas son similares en cuanto a indicadores socioeconómicos, los que viven juntos — comparados con sus pares casados — tienden a tener:

  • Relaciones menos saludables y más volátiles.
  • Tasas de ruptura cinco veces más altas.
  • Niveles de violencia física grave y abuso emocional de dos a cinco veces más altos.
  • Una menor sensación de felicidad y justicia continuas en sus relaciones.
  • Niveles de infidelidad sexual de dos a ocho veces más altos.
  • Distribución menos equitativa de las finanzas.
  • Tasas mucho más altas de conductas de riesgo, como conducción peligrosa, así como abuso de drogas y alcohol.

Adicionalmente, es menos probable que los hombres en relaciones de convivencia ayuden en las tareas del hogar.

¿Vivir juntos no es una prueba inteligente antes del matrimonio?

No comprarías un automóvil sin conducirlo primero, ¿verdad? Entonces ¿por qué te casarías con alguien sin ver primero si podrían vivir bien juntos? Eso parece razonable a primera vista, pero la respuesta ciertamente no es la que las personas esperan.

Rara vez los científicos sociales han llegado a una conclusión más definitiva y consistente que esta; la convivencia está íntimamente ligada a una mayor probabilidad de divorcio. Aquellos que se casan con experiencia de convivencia en su pasado, pueden tener entre un 50 y un 80% más de probabilidades de divorciarse, que las parejas casadas que nunca vivieron juntas.

De hecho, la consecuencia más consistente que se muestra en los estudios es el vínculo entre la convivencia premarital y el dramático incremento de riesgo de divorcio. Esto es tan cierto para las parejas que convivieron en los años 80, 90 y 2000, como para las parejas que convivieron en los años 60 y 70. (Algunas personas han sugerido que las parejas que conviven tienen mayores dificultades en sus relaciones debido al estigma cultural. Este no es un factor porque prácticamente no existe un estigma asociado a vivir juntos hoy en día.)

Un estudio publicado en la Revista del Matrimonio y la Familia (Journal of Marriage and Family), analizó una gran cantidad de estudios sobre convivencia y éxito matrimonial posterior y concluyó: “A pesar de la creencia popular, la convivencia se asocia generalmente con resultados negativos, tanto en términos de calidad como de estabilidad matrimonial.”

¿Es inteligente la “prueba de manejo” para un potencial matrimonio? Dos destacados estudiosos de la convivencia en la Universidad de Denver, resumieron el asunto de forma concisa: “La creencia de que la convivencia antes del matrimonio reduce las posibilidades de divorcio, no tiene evidencia a favor, sin embargo es una creencia muy arraigada”.

¿La convivencia no da más igualdad, y brinda a las mujeres mayor influencia y libertad que el matrimonio?

Mientras el matrimonio beneficia tanto a hombres como a mujeres en términos generalmente equitativos, mi libro The Ring Makes All the Difference (El anillo hace toda la diferencia, solo disponible en inglés) fue una de las primeras fuentes en demostrar cómo y por qué la convivencia tiende a dañar a las mujeres más profundamente que a los hombres. Una mujer casada es un jugador mucho más fuerte e influyente en su relación que una novia con la que se vive. Veamos solo algunas de las razones.

Falsas Esperanzas: Sin importar el estatus racial, étnico o socioeconómico, las mujeres son consistentemente más propensas que los hombres a creer que su relación de convivencia se está dirigiendo hacia el matrimonio. Es más probable que los hombres sólo se diviertan, y estén contentos de que siga siendo así. Esto significa que las mujeres son las que están esperando algo que probablemente no suceda.

Compromiso desigual: La investigación encuentra que los hombres que conviven tienden a estar menos comprometidos en la relación que las mujeres, tanto antes como después de la boda. Esto es menos cierto para los hombres que nunca conviven.

Los académicos de la Universidad de Denver que acabamos de escuchar advierten: “Las mujeres pueden estar en desventaja en términos de poder relacional porque  son las que están más comprometidas.” También explican: “Los hombres que convivieron premaritalmente con sus esposas, fueron en promedio, mucho menos dedicados a sus esposas ¡inclusive cuando se casaron!” (énfasis en el original).

Señoras, si están buscando un esposo menos comprometido, vivir con él antes del matrimonio es una de sus mejores apuestas para lograr ese objetivo.

Más poder para él: Pero, a pesar de que el hombre tiene menos compromiso con la relación y menos interés en el matrimonio, él es el que tiene “más poder para determinar si la relación va a terminar en matrimonio” explican investigadores de la Universidad de Bowling Green, en Bowling Green, Ohio. A la mujer solo le queda esperar que un anillo de compromiso llegue algún día.

Por lo tanto, vivir con alguien antes del matrimonio es una manera extremadamente eficiente para aumentar significativamente la probabilidad de encontrar un cónyuge que:

  • Está menos comprometido con su matrimonio.
  • Muestra aptitudes menos saludables para resolver los problemas.
  • Es más probable que sea infiel.
  • Es menos probable que apoye práctica y emocionalmente.
  • En general es más negativo relacionalmente.
  • Tiene un comportamiento violento hacia usted.
  • Es menos justo al compartir los quehaceres del hogar.

Pero si quiere evitar éstos y tener un matrimonio más feliz y estable, ciertamente quiere rechazar la convivencia.

Nota de investigación: De vez en cuando, se publican estudios que son ampliamente informados en la prensa indicando que hallazgos como los presentados en este artículo ya no son ciertos. Hay algo importante que considerar al leer tales historias. La conclusión principal en un campo de estudio en particular, como si comer huevos o beber vino es bueno para usted, no está determinada por lo que encuentra el último estudio al respecto. Está determinada por los hallazgos generales que aparecen consistentemente en la literatura de investigación durante décadas, así como también por lo que los principales académicos en el campo están encontrando. Este artículo reporta los hallazgos de los últimos estudios sobre la convivencia.

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