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Un jugador que se fue de River a préstamo criticó a Gallardo por no darle oportunidades
Tomás Nasif, delantero de 22 años surgido en las inferiores de River, fue presentado oficialmente como refuerzo de Platense pero quiso dejar un mensaje a Marcelo Gallardo. El atacante, que llega de un préstamo en Banfield y no llegó a debutar en la Primera del Millonario, cuestionó la falta de oportunidades que tuvieron los juveniles bajo el ciclo del Muñeco.
“Me crié en River. Se ve el club y la magnitud, con tanta cantidad de jugadores. No jugué en Reserva hasta los 20 años y lo veía lejos. Una vez que estás en Reserva y empezás a compartir, a tener más confianza”, relató Nasif sobre su recorrido en el club de Núñ
En una entrevista con DSports Radio, el cordobés repasó el desarrollo de su camada: “Cuando estaba en Reserva sabíamos que podía estar cualquiera en Primera, pero Marcelo Gallardo no tuvo en cuenta a ninguno de ese equipo campeón”, disparó, en referencia al plantel que se consagró en 2024 bajo la conducción de Marcelo Escudero.
A pesar de que algunos juveniles sí sumaron minutos en 2025 —como Giorgio Costantini, Ulises Giménez, Juan Cruz Meza, Bautista Dadín, Agustín De La Cuesta, Thiago Acosta, Cristian Jaime, Agustín Obregón y Joaquín Freitas—, Nasif remarcó que varios no fueron llevados ni siquiera a la pretemporada en San Martín de los Andes.
Un nuevo desafío en Platense y la ilusión de la Copa Libertadores
Nasif viene de recuperarse de una grave lesión en el tobillo que lo dejó afuera casi todo el 2025. Ahora, busca revancha en Platense, club que disputará la próxima edición de la Copa Libertadores.
“Tengo ganas de ganar, de ir para adelante, tengo muchas ganas de jugar porque hace mucho que no juego, ojalá que también pueda aportar con goles”, expresó el delantero, que se mostró ilusionado con su nuevo desafío. “La motivación para venir también fue que vamos a jugar la Copa Libertadores”, sentenció.
Fuente: TN
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Cuando la edad sugiere bajar el ritmo, las aguas abiertas exigen resistencia y potencia: el desafío silver de nadar en ellas
A la mañana, la Laguna de Gómez todavía tiene la respiración lenta. El agua se sacude con un viento corto en medio de la Pampa Húmeda. Sobre la orilla, los cuerpos esperan. Hombros marcados por el sol de otras temporadas. Gorras de látex, antiparras empañadas, manos que ajustan y vuelven a ajustar. Nadadores de la generación silver se miran, se reconocen sin hablar. Saben que no vienen a pelearle al tiempo, vienen a cumplirle algo al cuerpo. Y al alma, siempre al alma.
Jorgelina Donofrio tiene 57 años, vive en Malvinas Argentinas y durante mucho tiempo nadó sin pensar en competencias. La pileta era rutina, cuidado, un modo de ordenar los días. Nunca había entrado a una laguna a competir. Nunca había recorrido tres kilómetros sin bordes ni referencias fijas.
Sin embargo, una madrugada llegó a Junín después de viajar en bicicleta y tren junto a sus compañeras, durmió pocas horas y, al meterse en el agua de la Laguna de Gómez y nadar sin parar, ganó en su categoría y subió al podio por primera vez en su vida. No lo dice como un logro deportivo. Lo dice como quien todavía está entendiendo lo que acaba de pasar.
El viaje hasta la largada fue parte de la prueba. Salieron pedaleando hasta José C. Paz, tomaron el tren rumbo al noroeste bonaerense y retomaron la bicicleta hasta el camping. Llegaron cerca de las 2 de la mañana. A las 9 ya estaban despiertas. A las 10.30, en el agua.
Dos años de preparación, entrenamientos exigentes y una decisión tomada como cambio de vida confluyeron en esa secuencia. Jorgelina repite que no vino a ganar, que su objetivo era completar el recorrido. La medalla, dice, pesa menos que el orgullo, pero igual se la cuelga.
Su historia con las aguas abiertas empezó cuando se sumó al grupo de entrenamiento del profesor Omar Maidana. Siempre había nadado, pero nunca así. Encontró en el grupo algo más que técnica: compañía, constancia y una meta compartida. Siguió a una compañera hasta que la perdió y entonces siguió sola, guiándose por las boyas. Así llegó. Así ganó. No contra otros cuerpos, sino contra la idea de que ciertas primeras veces ya no llegan después de los 50.
El momento de la largada
La largada no es un estallido. Es un desliz. Uno por uno se meten en el agua. La laguna de Junín, provincia de Buenos Aires, los tapa hasta el cuello. El frío al principio es un golpe. Después es un pacto.
El boyado marca el mapa invisible de los 3.000 metros en formato de triángulo, hay que realizar el recorrido tres veces. No hay público ensordecedor. Hay madres, hijos, compañeros, termos y mates sobre el pasto. Hay silencio que se rompe por chapuzones: “Vamos, vamos…” Y ese sonido viejo del agua golpeando la piel.
La maratón es una muestra de un fenómeno que ya no es marginal, con participantes que sostienen rutinas de preparación física y planificación personal, y que entienden la práctica deportiva como una forma de autonomía y continuidad activa.
La organización, a cargo de la Asociación Civil Los Flamencos, permite observar una dinámica consolidada: logística precisa, protocolos de seguridad activos y un dispositivo pensado para acompañar a nadadores con diferentes niveles de experiencia.
La competencia funciona también como punto de encuentro entre grupos que entrenan durante todo el año y que encuentran en estas pruebas una instancia de validación del esfuerzo cotidiano.
El primero en completar los 3.000 metros fue Lautaro Roche, con un registro de 40 minutos 49 segundos, mientras que el último nadador en cruzar la línea de llegada demoró 1 hora 32 minutos. En el medio, las historias de los nadadores veteranos y de los que se animaron por primera vez, aún resuenan.
Jorgelina Dónofrio sale con la cara roja, los ojos brillosos y el cuerpo cansado pero satisfecho. Subió al podio por primera vez en su vida. Lo dice sin épica, como si confesara algo íntimo: está emocionada, está feliz, quiere volver. Cuenta que todo lo organiza alrededor de la natación. La rutina, los días, las decisiones. El agua como eje.
“Me incorporé al grupo del profesor. Son superbuenos compañeros. Me encantó el grupo y ahora no lo voy a dejar nunca más”, dice.
“Ese entrenamiento a full es compañerismo, es trabajo y son metas que uno simplemente quiere cumplir. Hoy no vine a ganar, vine a completar los tres kilómetros. Mi meta es complementarlo, cumplirlo, pero me llevo la medalla”, agrega.
Durante la competencia, la concentración y los pensamientos personales acompañan cada brazada: “Pienso en mis hijos, en mis perros, en lo que me enseña mi profesor, en no perder de vista a mi compañera que iba adelante mío. Yo pateaba un poquito más fuerte para alcanzarla y que no se me escape”.
Lalo Calandri, 68 años, llegó a la natación por descarte. Antes el fútbol, las canchas duras, los tobillos castigados. El cuerpo pidiendo menos impacto. En el agua, dice, el paso del tiempo se nota diferente. Casi no se nota. Nada hace casi 30 años y todavía siente algo parecido a la gratitud cuando toca fondo con los pies y termina. No habla de velocidad. Habla de terminar. Y de una idea que le gusta repetir: en aguas abiertas hay una ley que sirve para la vida: “Mantener la calma”.
Porque la laguna puede estar mansa. O puede levantarse con viento y convertirse en una pared de agua que te empuja para atrás.
Patricia Cura no sabía nadar. Aprendió para acompañar a su hijo Genaro. Buscó el agua por él y se quedó por ella. El hijo ya no nada, ella sí. Docente jubilada, artista plástica, entrena en pileta, después gimnasio. Se mete en la laguna con una mezcla de miedo y deseo.
Patricia comparte sus pensamientos durante la competencia: “Pensamos muchas cosas, pero por ahí pienso en que es la última. Después digo: No, si estoy acá es porque me lo merezco y porque lo estoy logrando y es maravilloso”. Esta vez, se sube al podio.
La natación aparece como algo más que una práctica deportiva. El agua se vuelve una herramienta de cuidado. Mejora la movilidad, sostiene la flexibilidad, reduce el impacto sobre las articulaciones y fortalece la musculatura, factores que inciden de manera directa en la autonomía cotidiana y en la prevención de caídas.
La práctica regular también se asocia a la reducción de factores de riesgo de enfermedades crónicas y a una mejora del estado emocional. El entrenamiento compartido consolida vínculos, construye pertenencia y transforma el ejercicio en un espacio de socialización estable. La prueba es una comunión, un espacio compartido donde nadie pierde.
Magaly Mascardi compite en +60 y llega tercera. Para ella, las aguas abiertas son una aventura que nunca se repite igual. El viento cambia la textura del agua. El nado de ida no es el mismo que el de vuelta. Habla de otra dimensión. De la posición horizontal. Del sonido único del agua pegando contra el cuerpo. Dice que ahí se encuentra consigo misma. Que el agua es blanda. Y que esa blandura la saca por un rato de una realidad que a veces es dura.
La Laguna de Gómez sostiene todo. Más de un siglo de historia. Árboles viejos, espejo de agua ancho, horizonte bajo. Un lugar que fue balneario cuando Junín empezaba a mirarse como ciudad. Hoy es escenario para estos cuerpos que no se resignan. La Asociación Civil Los Flamencos arma la carrera con la precisión de lo artesanal. Boyas, banderas, planillas. Todo en su lugar.
Al final, no hay discursos largos. Hay toallas sobre los hombros. Hay abrazos torpes propios del cansancio. Fideos con rúcula y helado de postre. Hay mates compartidos. Las marcas quedan en las libretas. Lo que no se anota es otra cosa: la sensación de haberle ganado una vez más a la quietud. El agua vuelve a quedar en calma. Como si nada hubiera pasado. Pero pasó. Entre una boya y otra, alguien se volvió a sentir vivo.
Fotos: Gentileza de Asociación Civil Los Flamencos.
Fuente: Infobae
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Un periodista francés reveló el particular pedido que le hizo Messi para entrevistarlo en su casa tras ganar el Balón de Oro
El Balón de Oro logrado por Lionel Messi en 2021 no fue uno más en su carrera, ya que significó el primero obtenido lejos del Barcelona. Su polémica salida al París Saint-Germain (PSG) lo catapultó como la máxima cara de la Ligue 1 de Francia y la revista France Football, que creó el galardón para premiar al mejor jugador de cada temporada, condecoró al hombre que había roto la pared meses antes con la consagración en la Copa América con la selección argentina. Días después, se sometió a un reportaje y uno de los presentes en esa charla reveló un singular pedido del 10 antes de ser entrevistado.
Franck Seguin, jefe de edición del diario L’Équipe, que pertenece al mismo grupo empresario que France Football, se refirió a esa producción en un documental inédito subido a YouTube bajo el título de “Balón de Oro 2025: entre bastidores de un secreto”. Al minuto 16 del video que se extiende por 26′, el recuerdo de esa entrega inunda la pantalla y el periodista rememoró el diálogo mantenido con él antes de encender la cámara: “Cuando fuimos a su casa en París, nos dijo que teníamos que llevar medias. Él mismo llevaba medias”.
La sorpresa invadió a los invitados, luego de pedirles que se saquen los zapatos para ingresar a su morada: “De repente, el mito se desmoronó un poco. Seguía siendo el mejor futbolista del planeta. Pero, de repente, nos encontrábamos en casa de nuestra abuela, que nos pedía sacarnos las zapatillas. Sonreímos un poco y eso relajó el ambiente”.
A continuación, brindó detalles sobre cómo se planificó la fotografía de Leo con los siete Balones de Oro ganados hasta ese momento: “Le habíamos pedido que trajera todos sus Balones de Oro. La idea de tener a Messi con siete Balones de Oro en ese momento era una idea un poco loca que, de repente, se hizo realidad”. Se quedó con el octavo en 2023.
En este sentido, afirmó que el campeón del mundo en Qatar 2022 con la selección argentina dio lo mejor de si mismo y reveló algunos de sus secretos, como su frase frente a la cuestión de cómo es ser Lionel Messi todos los días: “Estoy contento de todo lo que ha pasado, aunque a veces tengo que admitir que me gustaría pasar desapercibido, disfrutar de mi familia sin que la gente me reconozca”.
Por otro lado, Seguin eligió su imagen predilecta de esa producción, en la que se lo observa a Messi en una pose pensativa mirando uno de los galardones ganados en su carrera: “Esa foto es una de mis favoritas. Creo que está pensando en todo lo que ha vivido hasta ese momento. Por este enésimo trofeo, el séptimo en ese momento. Es muy, muy sincero”.
En esa nota periodística, una de las frases más salientes del emblema de Inter Miami estuvo vinculada a si se considera el mejor jugador de la historia de este deporte: “Nunca dije que lo soy ni intento hacerme esa idea. Para mí ser considerado uno de los mejores de la historia es más que suficiente. Es algo que jamás me hubiera imaginado. Es algo que no me interesa, no cambia nada ser considerado el mejor o no. Y nunca busqué serlo”.
Además, fue consultado sobre la sensación de ser un modelo a seguir por el constante sacrificio desde muy pequeño que lo llevó a la cúspide del fútbol a nivel clubes y selección: “No sé si soy un modelo para el resto, nunca me gustó ser un modelo o dar consejos. Luché por mis sueños. Al principio era ser jugador profesional, después luché para superarme y alcanzar cada año nuevos objetivos. En esos momentos hay un poco de suerte. Creo que Dios eligió que me llegara todo”.
Por otro lado, las eternas comparaciones con Diego Armando Maradona también estuvieron presentes en la conversación: “Sinceramente nunca me he comparado con Diego, absolutamente nunca. Nunca presté atención a esas comparaciones”.
Fuente: Infobae
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Gregorio Mandrini, el mecánico argentino de la F1: del rol clave en Racing Bulls a su vínculo con Colapinto
Gregorio Mandrini es argentino y responsable de los neumáticos del equipo Racing Bulls en la Fórmula 1. Creció rodeado de “fierros”: su papá fue piloto de Fórmula Renault, pero murió a los 41 años cuando él tenía apenas 16. Esa tragedia lo marcó y lo llevó a continuar con el legado familiar hasta llegar a un lugar deseado por muchos.
En diálogo con TN, Mandrini relató su historia de pasión y esfuerzo, y cómo logró cumplir el sueño de llegar a la máxima categoría del automovilismo mundial.
“De chiquito, cuando tenía cinco años, ya estaba corriendo en karting. Corrí prácticamente hasta los nueve años y después empecé a correr en motocross a los 13, hasta que tuve un accidente a los 15 y tuve que dejarlo”, recordó.
“Mis juguetes eran herramientas”
Mandrini tiene 29 años y nació en Leones, una localidad ubicada en el departamento de Marcos Juárez, en el sur de la provincia de Córdoba. El taller de Gustavo, su papá, fue su primer lugar de juego. “Volvía de la escuela, tiraba la mochila y me metía en el taller. Mis juguetes eran herramientas”, contó.
Tras la muerte de su papá, debió hacerse cargo de las últimas fechas del campeonato del equipo familiar. Más tarde, decidió venderlo: “Corrí dos fechas. Era muy chico como para seguir con eso”.
Tras una vida ligada al automovilismo, llegó la oportunidad de dar el salto a la F1
Su carrera en Europa empezó cuando un contacto le ofreció un puesto como mecánico en Suiza. Allí trabajó en la Fórmula 4 durante casi dos años.
Tras un breve intento de estudiar Ingeniería en Córdoba, volvió a la actividad automovilística en Buenos Aires, donde conoció a Luciano Crespi, un expiloto argentino de Fórmula 3 Alemana y TC 2000 dedicado a captar pilotos para la escudería suiza Jenser Motorsport. Poco después, llegaría la mejor parte de su historia.
Se postuló a una vacante en un equipo de Fórmula 1 en Italia. “Comenzaron cuatro o cinco entrevistas, hasta que me confirmaron que quedaba en Racing Bulls”, relató.
Un dato importante para destacar: Mandrini no es el único argentino en la escudería. Lo acompaña Nicolás Blanco, quien trabaja como mecánico desde que Racing Bulls se llamaba AlphaTauri, hasta 2023.
Mandrini contó cómo es pasar la mayor parte del año viajando por el mundo
Mandrini admitió que nunca imaginó llegar a la máxima categoría del automovilismo. “Para mí era un sueño, una locura. Pero la vida me fue llevando a que se cumpla”, detalló.
Su llegada a la Fórmula 1 estuvo marcada por la pasión y el esfuerzo, pero también por la oportunidad de conectarse con los contactos correctos en el momento justo.
Hoy, Mandrini vive en Faenza, una ciudad del norte de Italia, en la region de Emilia-Romaña, cerca de Rávena, donde se encuentra la base de Racing Bulls, y recorre el mundo siguiendo las carreras, pasando la mayor parte del año lejos de casa.
A pesar de la exigencia del calendario y los viajes constantes, Mandrini asegura que cumplir su sueño hace que cada sacrificio valga la pena.
Gregorio Mandrini: “La Fórmula 1 es un estilo de vida”
El cordobés reconoció que la muerte de su papá fue un punto de inflexión en su camino, pero también destacó cómo su llegada a Europa y su trabajo en la Fórmula 1 cambiaron su estilo de vida.
“Es más que un trabajo, es un estilo de vida. Estar fuera todo el año, viviendo la Fórmula 1 es algo muy lindo, pero al mismo tiempo te hace perder muchas cosas familiares y eventos importantes”, explicó.
Complicidad entre argentinos: cómo es su relación con Franco Colapinto en el paddock
Mandrini destacó la relación cordial que tiene con Franco Colapinto, el único piloto argentino que hay en la actualidad en la máxima categoría del automovilismo. “Nos cruzamos, hablamos un poco y hacemos alguna broma”, reveló sobre los encuentros en el paddock.
Con sus pilotos a cargo, Liam Lawson e Isack Hadjar, la relación es aún más cercana. “Es muy buena, incluso hemos compartido cenas”, contó Mandrini, mostrando cómo la confianza y el buen vínculo con el equipo son clave para el rendimiento dentro del automovilismo de élite.
El sueño pendiente de Gregorio Mandrini: “Estoy muy cerca de hacerlo realidad″
A futuro, Mandrini se planteó un nuevo objetivo: formar su propio equipo de Fórmula 4. “Mi próximo sueño es ser propietario y estoy muy cerca de hacerlo realidad”, aseguró.
Sobre su trabajo diario en la Fórmula 1, Gregorio destacó la presión y precisión que exige ser responsable de los neumáticos en la máxima categoría. “Es un trabajo que se ve fácil, pero cualquier error mínimo puede arruinar una carrera entera. Hay que prestar atención a todo”, sostuvo, subrayando la exigencia y responsabilidad que conlleva cada jornada en la pista.
La historia de Mandrini refleja la pasión argentina por el automovilismo, el sacrificio y la perseverancia que lo llevaron de los kartings de Córdoba a la Fórmula 1.
Fuente: TN