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Surgió de San Lorenzo y empezó a vender hamburguesas en la calle: hoy es dueño de una cadena de comida rápida
Diego Jaime se cataloga como un trotamundos del mundo del fútbol. Hizo gran parte de las Divisiones Inferiores en San Lorenzo y llegó hasta la Reserva. Como no pudo firmar un contrato profesional decidió emigrar rumbo a Ecuador, más precisamente a Liga de Portoviejo en 2007. Al año siguiente aceptó el desafío de viajar a Montenegro, al F. K. Budućnost. Luego pasó por Municipal de Cañar (Ecuador) y NK GOŠK Gabela (Bosnia-Herzegovina). También realizó una prolongada carrera en el Ascenso argentino, luciendo las casacas de Huracán de Comodoro Rivadavia, San Martín de Formosa, en Atlético Güemes y Deportivo Laferrere, donde terminó su carrera.
Producto de una seguidilla de desgarros, el conjunto ubicado en La Matanza decidió no renovarle el contrato. A la espera de una nueva oportunidad, y para sostenerse económicamente, decidió pedir prestada una plancha y comenzar a vender hamburguesas; una decisión que cambió su vida por completo. En plena pandemia su emprendimiento explotó y creó Morfi Burger, una marca que ya cuenta con 15 locales (se espera que antes de fin de año ese número ascienda a 20), más de 200 empleados y que se asentó como una cadenas de comida rápida en crecimiento en Argentina. En diálogo con Infobae, el ex futbolista repasa su historia.
“Se me terminó el contrato con Deportivo Laferrere. Me quedo sin club y bueno, algo tenía que hacer para cubrir los gastos. Ya tenía 32 años. Ahí es donde decido poner una plancha en la vereda, en el kiosco de mi papá en González Catán, donde hay tipo un centro comercial y pasa gente. Empecé a vender hamburguesas ahí en la vereda. Y me estaba yendo re bien. Viene la pandemia, pero yo siempre con la intención de volver a jugar. Esto lo tomaba como un pasatiempo mientras me entrenaba. Cuando llega la pandemia es un momento de incertidumbre, ¿qué íbamos a hacer? Agarro la plancha que estaba en la vereda, la meto dentro de un depósito que tenía mi papá donde guardaba la bebida, agarré el celular, WhatsApp… Yo tomaba los pedidos, los preparaba y los llevaba. Y así arranqué. Cuando me di cuenta tenía una clientela. Pasé de 10 pedidos a 20, 30, me estaba yendo bárbaro. La gente nos elegía, era algo maravilloso. Ahí es cuando digo, bueno, hay una oportunidad. Acá la vida me está dando una nueva oportunidad, a la cual me abracé, la apreté. Ese sueño hoy se transformó. Tenemos 15 franquicias abiertas, cinco aperturas programadas para lo que resta del año (NdR: una en La Plata, tres en Rosario -una en modalidad ‘auto Morfi’ y una en Lomas de Zamora). Hoy ese sueño se transformó en querer que Morfi esté en todo el país, en cada lugar, en el exterior y en el mundo. Creo que no hay límites”, comenzó su relato.
- ¿Y nunca te agarró el bichito de querer volver a jugar?
- No, me dediqué al 100% a lo que es Morfi. Hoy mi vida se basa en eso. El fútbol me dio un aprendizaje que hoy lo traslado en mi trabajo.
- Jugaste en el Ascenso y algunos clubes del exterior. ¿Lograste salvarte económicamente?
- Siempre digo lo mismo. El fútbol es el único trabajo en el que no te pagan al día. Siempre te deben un mes, dos meses. Hoy con Morfi yo encontré una estabilidad. Encontré una seguridad que con esfuerzo, con perseverancia, con constancia… Hoy mi familia vive otra realidad y por eso animo a muchas personas y a muchos futbolistas, a muchos emprendedores que están ahí analizando, viendo qué hacer, a que se animen, que se puede. Si vos sos constante, te esforzás y a tu sueño lo abrazás, lo cuidás y lo mimás, te puedo garantizar que te va a ir bárbaro.
- ¿Cómo nace la idea de Morfi Burger?
- Morfi nace de un sueño. Desde una plancha en la vereda a llevarlo adentro de un depósito, de preparar los pedidos, llevarlo y se fue transformando en una idea que se convirtió en una oportunidad, y esa oportunidad se fue transformando en un sueño. Y ese sueño hoy se hizo realidad. Tenemos 15 locales, 15 franquicias abiertas. Cinco aperturas programadas. Hoy gracias a Dios la vida me dio una nueva oportunidad. El 28 de mayo inauguramos un local en La Plata, la capital de Buenos Aires. Para mí es algo maravilloso. De una plancha en González Catán a abrir un local en la capital de Buenos Aires.
- ¿Es cierto que la primera plancha para hacer las hamburguesas te la prestaron?
- Sí. Había un proveedor en González Catán que te daba la plancha y te daba la mercadería y vos se la podías pagar a la semana. Arrancamos así, con una plancha vendiendo panchos, hamburguesas. Por eso digo que hay que soñar, hay que soñar en grande.
- ¿Por qué decidieron llamarlo Morfi Burger?
- Surge cuando empezamos a ver que esto podía empezar a funcionar. Dijimos ‘tenemos que tener un nombre que sea argentino, que la gente se sienta identificada’ Cuando hablás con un amigo le decís ‘¿llevo el morfi?’ o ‘No te olvides del morfi’. Esta es una marca argentina, es una empresa joven, que es dinámica. Nosotros nacimos en la pandemia. Y hoy, con el contexto del país, seguimos abriendo locales. Es una cosa maravillosa, es algo magnífico. Para mí es un orgullo.
- ¿Cuándo fue el quiebre y te diste cuenta que esto podía funcionar?
- La gente me marcó el parámetro, cuando veía que la gente nos elegía cada vez más. Teníamos que empezar a prepararnos, a esforzarnos un poco más. Dijimos “es por acá, es una oportunidad nueva que nos está dando la vida”. El cliente es lo más importante que tenemos, como nuestro personal. Entonces, cuando veíamos que había una comunión entre el cliente, el personal y nosotros, ahí dijimos vamos por todo. No nos quedemos con esto, vamos por más.
Nosotros arrancamos sin plata. Esa es la realidad. Nosotros arrancamos sin capital. Por eso le digo a la gente que se anime. Porque si vos estás convencido de lo que estás haciendo, y vas y golpeás puertas, y te entusiasmás, y hacés las cosas bien, te puedo garantizar que te va a ir bien. Vas a poder cumplir tus metas.
- Varios de los nombres del menú tienen un guiño para los futboleros
- Cuando se creó un menú yo me ponía en el lugar del cliente. Como yo soy futbolero, como la mayoría de los argentinos, lo relacionaba. Por ejemplo, tenemos un pancho De Paul, la hamburguesa Román, la Napoleón, la Mega diez. Ahora vamos a sacar una Miami. La Napoleón salió cuando a River le estaba yendo bárbaro. Le pusimos huevo, y la promocionamos por ese lado.
- ¿Cuál es el secreto del éxito de Morfi Burger?
- Lo primero es que tenemos un producto espectacular, que es un producto bárbaro, abundante, a buen precio, de calidad. Trabajamos con todos proveedores líderes, Y después, el amor con el que hacemos las cosas. Somos esto, somos naturales, somos transparentes. Queremos hacer las cosas bien, queremos entusiasmar a otros a que se animen, a que pueden tener su negocio propio.
- ¿Qué meta se trazaron?
- Mi sueño, y el de todo mi equipo, es convertirnos en la 4.ª marca líder de Argentina. Hoy no tenemos límites, entonces estamos trabajando para eso. Con seriedad, con la responsabilidad que se necesita. Yo lo traslado al fútbol, y queremos competir al máximo nivel. Nos estamos preparando, estamos en la pretemporada para jugar en las grandes ligas. Por ejemplo, el 30 y 31 de mayo está la Expo Franquicias, que se lleva adelante en La Rural, donde Morfi va a tener su su propio stand.
Queremos estar en cada parte de Argentina, en cada pueblo, en cada ciudad. También poder salir al exterior, Latinoamérica, Europa. Creo que no tenemos límites. Va a depender de nosotros, va a depender de mí, de todo lo que lleve adelante. Así que ese es mi sueño, es mi meta. También ser feliz, disfrutar de todo esto, de lo lindo que nos está pasando; y entusiasmar a la gente, que también se anime a proyectar, que se puede puede cambiar la vida.
Fuente: Infobae
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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA
Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.
En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.
Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.
Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.
Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026
En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:
- Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 y $2.603.556,33.
- Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
- Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.
Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA
De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:
- En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
- En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 y $1.651.798,05.
- No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.
La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto
La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.
Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.
La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; Alimentos y bebidas no alcohólicas; Salud y Transporte.
Fuente: TN
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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba
Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.
El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.
“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.
De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.
“Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.
La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.
Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.
Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.
Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.
Fuente: TN
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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”
La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.
El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.
El comienzo del sueño
Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.
Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.
A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.
No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.
Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.
Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.
Una idea
Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.
Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.
Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.
Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.
Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.
Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.
Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.
El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.
El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.
Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.
Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.
Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.
Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.
La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.
Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.
Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.
El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.
Fuente: TN