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Se enamoró de un hombre que tenía cáncer e igual decidió formar una familia

Lo conoció dos meses después de la cirugía en la que le sacaron un tumor de casi 3 kilos. Mientras muchos le decían "estás loca, se va a morir", ella decidió seguir adelante con la relación. "La vida es distinta cuando sabés que la fecha de vencimiento está cerca", asegura.

El día en que su amiga la invitó a la cena, Mechi contestó "ni loca". Hacía dos años que había logrado poner punto final a una relación atravesada por el maltrato y todavía seguía en la etapa "bicho bolita". Su nivel de autoestima estaba en cero y su único interés era tratar de devolverle a sus hijos la vida que la violencia les había robado.

Pero otra amiga insistió -"no tenés nada que perder", dijo- y la convenció. A la mesa se sentaron ellas tres, "amigas de la vida", y ellos tres, amigos y ex jugadores de rugby del club Curupaity, de Hurlingham. Mechi, que jamás había creído en el amor a primera vista, salió del restaurante "casi enamorada".

La noche en la que se conocieron, Mechi supo que Pedro tenía cáncer de riñón y acababan de extirparle un tumor de casi 3 kilos

La noche en la que se conocieron, Mechi supo que Pedro tenía cáncer de riñón y acababan de extirparle un tumor de casi 3 kilos

Se suponía que iba a ser la típica primera cita -superficial y, en el mejor de los casos, divertida- pero terminaron teniendo una charla profunda sobre la vida y la muerte. Esa misma noche, Mechi supo que Pedro, el hombre al que no podía parar de mirar, tenía cáncer de riñón y acababan de extirparle un tumor de casi 3 kilos.

La segunda cita también fue grupal: una cena con pizzas caseras que Mechi organizó en su casa. Ella estaba divorciada, tenía 47 años y tres hijos. Pedro Colombo era cinco años mayor pero también estaba divorciado y era padre de tres hijos.

 Se suponía que iba a ser la típica primera cita -superficial y, en el mejor de los casos, divertida- pero terminaron teniendo una charla profunda sobre la vida y la muerte. Esa misma noche, Mechi supo que Pedro, el hombre al que no podía parar de mirar, tenía cáncer de riñón y acababan de extirparle un tumor de casi 3 kilos

"Fue como un flash, quedé fascinada. Le dije a mis amigas: 'No me pregunten qué tiene este señor pero me encanta. Me gusta su forma de ser, su sonrisa, todo", cuenta a Infobae Mercedes Mastandrea (52), que era y sigue siendo profesora de inglés y bibliotecaria en el colegio Marín.

Esa noche se alejaron un poco del grupo y tuvieron una conversación más íntima. Al día siguiente, Pedro la llamó y la invitó a salir, esta vez solos. Era marzo de 2014 "y desde ese día no nos separamos más", sigue ella. Lo dice ahora, cuatro meses después de la muerte de Pedro, convencida de que tampoco la muerte ha logrado separarlos.

El comienzo del amor
Ella se enamoró perdidamente pero Pedro avanzó más despacio. "Sabía lo que le podía pasar y tenía miedo de que yo saliera muy lastimada", cuenta. Sabía, porque ocho meses antes de conocerla, se había rozado con la muerte por primera vez.

"Mientras intentaban sacarle el tumor habían pinchado la vena cava y casi se desangra. Sus hijos me contaron ese día, los médicos gritaban 'se muere', 'se muere'". La cirugía en la que finalmente lograron extirparlo fue dos meses antes de la cena en la que se conocieron: tardaron 11 horas pero lograron sacarle un tumor en el riñón que había crecido sobre la vesícula, el hígado y, había subido, como un lengüetazo, por la vena cava.

(Foto: Magdalena Garcia Rams)

(Foto: Magdalena Garcia Rams)

"Cuando lo conocí él estaba muy bien, limpio. Pero el tumor había llegado tan lejos que por algún lado podía volver a aparecer. Así que yo, de alguna forma, siempre supe que era un amor con fecha de vencimiento", sigue.

Sus hijos también tuvieron miedo cuando ella les contó que estaba saliendo con alguien: ¿y si volvía a formar pareja con un violento? ¿y si volvía a invadir sus vidas un hombre que no los quisiera? En seguida, sin embargo, percibieron la diferencia: desde que Pedro estaba cerca, su mamá había vuelto a cocinar, había decorado la casa, se tentaba con los chistes que él hacía y contagiaba las carcajadas.

La vida que encararon no fue la de dos adultos divorciados y solitarios, con los hijos ya crecidos. Fue entre todos: ella, él y la manada de seis hijos. Pero una infección generalizada pateó los planes cuando todavía no habían cumplido un año de relación. Pedro volvió a quedar al borde de la muerte. "No fue el cáncer, no lo podíamos creer".

(Foto: Magdalena García Rams)

(Foto: Magdalena García Rams)

En la clínica fueron claros: había que operarlo de urgencia, tenía un 30% de posibilidades de sobrevida. "Antes de entrar a la cirugía, cuando supo que iba a estar un tiempo en coma inducido, me dijo: 'Quiero que entres derecha a verme', firme y no bicho bolita, porque yo voy a estar dormido pero te voy a sentir. Quiero que te pongas el perfume que te regalé y vengas tranquila, porque voy a salir'".

El perfume era "La Vie est Belle" ("La vida es bella"), de Lancome. Pedro estuvo un mes internado. Salió.

A muchos les pareció una locura que Mechi hubiera decidido fundar una familia con él sabiendo que estaba enfermo. Le dijeron de todo: que era una masoquista, que le gustaba sufrir, que así como antes había creído que podía salvar al psicópata ahora creía que iba a salvar al enfermo.

"Cuando me veían sufrir me decían 'bueno, vos sabías en lo que te estabas metiendo'. Y sí, yo sabía y no cambiaría mi decisión por nada del mundo. Porque nuestra vida juntos no fue sólo el cáncer. Pedro siempre decía que el cáncer tiene mala prensa, pero en realidad te da tiempo para hacer un montón de cosas que un infarto, por ejemplo, no te da".

Cuando se recuperó, pensaron en viajar a Europa pero entendieron que no hacía falta tanta escenografía y viajaron en manada, cada verano, a Mar Azul. "Pedro nos enseñó a capitalizar el tiempo. Nunca me voy a olvidar de su cara de felicidad cuando se metía al mar de noche. Yo lo miraba desde la arena, congelada, parecía un chico", dice, y el recuerdo la hace sonreír.

Juntos en el mar, mientras comenzaba a anochecer (Foto: Magdalena García Rams)

Juntos en el mar, mientras comenzaba a anochecer (Foto: Magdalena García Rams)

Mechi era de las personas que paran en una esquina, miran el semáforo pero no miran el cielo. Con Pedro empezó a pasar ratos mirando pájaros por la ventana. "Eran cosas chiquitas. Me acuerdo de una vez que fuimos caminando a comprar una calabaza y volvimos tentados de la risa. No sabés lo distinta que es la vida cuando sabés que tu fecha de vencimiento está cerca".

La filosofía de Pedro era simple y compleja a la vez: "La vida es linda", repetía. Y "la vida es ahora". Mechi aprendió a usar el tiempo a su favor. "Yo sabía que se iba a morir pero, después de tantos años de oscuridad, también tenía la certeza de que era el amor de mi vida. No soy ninguna heroína, yo lo amaba: nunca se me cruzó por la cabeza la idea de dejarlo para no sufrir yo después".

La inminencia de la muerte

En 2017 el cáncer volvió: esta vez, el tumor había trepado por la columna. Ser conscientes de que Pedro estaba muriendo los ayudó a no llenar el tiempo con falsas expectativas y segundas opiniones y aprovecharlo, en cambio, para decirse todo lo que la negación suele tapar.

—Yo me voy a morir pero igual te voy a extrañar. Vos ¿qué vas a hacer cuando me muera? — le preguntó Pedro.

Mechi le contestó lo único que tenía claro: "Que no iba a volver a enamorarme, que yo ya había conocido al gran amor de mi vida. ¿Había durado poco tiempo? Puede ser, pero ¿cuántas personas podrías decir que tuvieron la suerte de conocer al amor de sus vidas?".

En la clínica, frente al ventanal en el que solía mirar a los pájaros volar.

En la clínica, frente al ventanal en el que solía mirar a los pájaros volar.

La metástasis avanzó por la columna a tal velocidad que, a comienzos de 2019, Pedro ya no podía ponerse las medias. Se estaba muriendo. Fue ahí que apareció lo que ella llama "la palabra de moda": soltar.

"Me decían 'visualizalo atravesando un arco iris y soltalo', 'Mechi soltalo, papá no se puede ir porque te ve a vos triste'. Hasta los médicos me decían que yo no lo dejaba irse. A ver, yo no lo soltaba porque no podía, no es cortar un hilo y ya está, no es tan fácil soltar la vida".

Fue cuando se dio cuenta de que las muecas de Pedro ya no eran de risa sino de dolor que empezaron a despedirse. "Le dije la verdad. 'Yo sé que voy a quedar como un rompecabezas de 1.500 piezas que se cae al piso y queda todo desparramado. Pero yo ya me levanté una vez y pude rearmarme. Tal vez esta vez sea con más dolor pero el amor me hizo una persona mucho más fuerte. Voy a estar bien, andá tranquilo".

(Foto: Magdalena García Rams)

(Foto: Magdalena García Rams)

Antes de partir, Pedro le hizo un pedido: escribí el libro. Ella le hizo otro: "Avisame cuando llegues". La última noche, entre rescates de morfina, le pidieron a la enfermera que lo acomodara en la cama para poder dormir juntos. "Lo último que dijo, con ese humor que tenía, fue: 'Dejen de toquetearme que me están matando'".

Pedro murió a comienzos de este año, cuando estaban por cumplir 5 años de relación. Fue él quien eligió la ropa que quería usar en su velatorio: nada negro, un pantalón claro y una camisa rosa. Fue él quien pidió que en la ceremonia sirvieran anís -su bebida preferida- y sonara Barry White. Fue él quien pidió que lo enterraran cerca de un banco y un pino para que ella pudiera sentarse a leer cerca de él.

Pedro murió a comienzos de este año, cuando estaban por cumplir 5 años de relación (Foto: Magdalena García Rams)

Pedro murió a comienzos de este año, cuando estaban por cumplir 5 años de relación (Foto: Magdalena García Rams)

"Yo le había dicho 'mandame una señal de que estás bien: no sé, que el jazmín florezca antes, que haya más mariposas, algo que me dé cuenta, no me mandes un viento'. Es loco pero mi jazmín floreció en marzo y no paro de cruzarme mariposas. Una amiga, que es bióloga, me dijo que hasta ellos estaban sorprendidos: hacía muchos veranos que no veían tantas".

El después

Mechi había escrito desde la adolescencia pero el único rastro de su escritura estaba en su blog, que tiene 32.000 seguidores. A eso se refería Pedro cuando le dijo "escribí el libro". Quería que se animara y publicara las historias que los lectores le habían ido contando.

No fue ese, sin embargo, el libro que Mechi terminó escribiendo. Hizo otro, que acaba de publicarse. Se llama "Pedro, pedazo de cielo", y va a presentarse en la Feria del libro.

"Muchas noches lloro abrazada a la almohada de él, no te voy a mentir. Pero me quedó todo ese amor. Pedro me ayudó a ver cosas en mí que yo desconocía porque mi pareja anterior me decía: 'A vos nadie te va a leer', y yo me lo había creído. Mi relación con Pedro me hizo más fuerte, mejor persona así que por supuesto que viviría todo de nuevo. Yo no tengo ninguna dudas de que se puede ser feliz al lado de alguien que se está muriendo".

Después abre un ejemplar de su libro y lo dedica. Tiene un infinito tatuado en el antebrazo, el mismo símbolo que ella le dibujaba con el índice sobre la espalda cuando lo acariciaba. En el anular tiene las dos alianzas. "Gracias por escuchar la historia de un buen amor", escribe. "La vida es linda".

Fuente: Infobae

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Buenas noticias desde Indonesia: un bosque se recuperó y volvieron a crecer sus aves

Hay señales que invitan a la esperanza. En la selva de Harapan, en Indonesia, la recuperación del bosque estuvo acompañada por un aumento importante en las poblaciones de aves.

Así lo reveló un estudio publicado en la revista científica Biological Conservation, que comparó la situación del lugar entre 2009-2011 y 2018.

Durante los relevamientos se registraron 187 especies de aves. De las 122 que pudieron ser comparadas en ambos períodos, el 43,8% aumentó significativamente su abundancia.

Es decir, mientras el bosque se regeneraba, muchas de las especies que dependen de él también comenzaron a recuperarse.

Un bosque que vuelve a dar vida

Los investigadores observaron que el 45,1% de las especies analizadas tenía una abundancia promedio mayor en el período más reciente.

Además, ninguna de las especies comparadas presentó una disminución estadísticamente significativa.

Estos resultados muestran el impacto que puede tener la recuperación de un ambiente natural. Cuando vuelven los árboles y mejora el hábitat, también aparecen mejores condiciones para que distintas especies encuentren alimento, refugio y lugares donde reproducirse.

La naturaleza, cuando tiene una oportunidad, puede volver a levantarse. Sin embargo, el estudio también encontró un problema: algunas aves fueron afectadas por la captura para el comercio de mascotas.

A medida que determinadas zonas del bosque se hicieron más accesibles, aumentó también la presión humana sobre ellas. Los investigadores utilizaron precisamente la facilidad de acceso como indicador de una posible mayor intensidad de captura.

El 48,4% de las especies analizadas reforzó su presencia en las zonas más alejadas y difíciles de alcanzar. Para los científicos, esto puede estar relacionado con la presión de captura en los sectores más accesibles.

Las especies más buscadas fueron aquellas valoradas por su canto, su plumaje o determinadas partes de su cuerpo. También resultaron especialmente vulnerables las aves que necesitan bosques maduros.

El estudio encontró que alrededor del 15% de las especies no se recuperó al ritmo que se esperaba. Esto demuestra que regenerar un bosque es fundamental, pero también es necesario proteger a las especies que viven en él.

La experiencia de Harapan deja así una enseñanza sencilla: la conservación puede dar resultados.

En apenas una década, casi la mitad de las especies analizadas mostró un crecimiento significativo. Al mismo tiempo, los investigadores pudieron identificar las amenazas que todavía requieren atención.

Una señal de esperanza

La historia de este bosque indonesio recuerda que la naturaleza no siempre está condenada a desaparecer. Con tiempo, cuidado y protección, un ecosistema puede recuperar parte de su riqueza y volver a sostener más vida.

Desde una mirada cristiana, también puede ser una oportunidad para recordar el llamado a cuidar la creación y valorar la vida en todas sus formas.

La recuperación de Harapan muestra que cuando se cuida la naturaleza, la vida responde. Y detrás de cada bosque que vuelve a crecer hay también una oportunidad para que vuelvan los sonidos, los colores y la diversidad que hacen de nuestro planeta un lugar extraordinario.

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Avanza la declaración del Día Nacional de la Iglesia Evangélica en Paraguay

Paraguay contará con una fecha para conmemorar y celebrar la presencia y el aporte en la sociedad, de la Iglesia evangélica. La Cámara de Diputados sancionó el proyecto de ley que establece el último domingo de octubre de cada año como el Día Nacional de la Iglesia Evangélica en la República del Paraguay.

La iniciativa fue tratada como primer punto del orden del día durante la sesión de la Cámara de Diputados y recibió el respaldo de la mayoría de los legisladores presentes, luego de haber sido impulsada originalmente desde el Senado.

El proyecto establece que la celebración se realizará cada año el último domingo de octubre, una fecha que permitirá a las comunidades evangélicas del país reunirse para conmemorar su fe y dar visibilidad a la labor que desarrollan en distintos ámbitos de la sociedad.

Inicialmente, la propuesta legislativa contemplaba declarar como fecha fija el 31 de octubre. Sin embargo, durante su tratamiento se estableció finalmente que la celebración tendrá lugar el último domingo del mes.

Con la sanción de la Cámara de Diputados, el documento queda ahora a disposición del Poder Ejecutivo, que deberá definir su promulgación.

La declaración representa un nuevo espacio institucional para reconocer la presencia de las iglesias evangélicas en Paraguay y abre la puerta a que cada año esta fecha sea una oportunidad para celebrar la fe cristiana, fortalecer los vínculos entre las comunidades y poner en valor el servicio que realizan sus congregaciones en el país.

FUENTE: ABC Color

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El desierto de Atacama se vistió de colores tras las lluvias y alcanzará su máximo esplendor en octubre

El desierto de Atacama, reconocido como uno de los lugares más áridos del planeta, atraviesa una impactante transformación tras las intensas lluvias caídas durante el invierno en el norte de Chile. Extensas áreas de arena quedaron cubiertas por flores de diversos colores en el fenómeno conocido como desierto florido, un espectáculo natural que, según estimaciones de la Corporación Nacional Forestal de Chile (CONAF), podría abarcar unas 15.000 hectáreas en octubre y alcanzar una de sus mayores extensiones registradas en la región.

El fenómeno responde a la reactivación de un banco de semillas y bulbos perteneciente a unas 200 especies que permanecen inactivas bajo la arena a la espera de humedad. Entre las variedades más destacadas aparecen los suspiros blancos y las patas de guanaco, responsables de teñir el suelo árido con tonos violetas. Este despertar botánico fue desencadenado por el temporal que afectó a la zona entre el 16 y el 22 de julio, asociado al fenómeno de El Niño. En algunos sectores se registraron precipitaciones superiores a los 180 milímetros, una cifra inédita para la zona que logró penetrar hasta las capas más profundas del suelo desértico.

La llegada del agua no solo transformó el paisaje visual, sino que también reactivó un ecosistema integral que abarca la reaparición de insectos, caracoles, aves, reptiles y pequeños mamíferos, donde polinizadores como las abejas desempeñan un rol fundamental. Desde la CONAF remarcaron que, aunque existen otros desiertos en el mundo que florecen, la diversidad de especies y la escala territorial de Atacama lo convierten en un evento único a nivel global.

La belleza de las flores sobre las dunas comenzó a atraer a miles de turistas, lo que motivó un llamado de atención por parte de las autoridades ambientales para proteger este frágil ecosistema. Desde los organismos oficiales pidieron a los visitantes no pisotear las plantas, circular únicamente por las rutas y senderos habilitados y evitar la presencia de mascotas, con el objetivo de resguardar tanto la flora como la fauna silvestre antes de que el espectáculo alcance su máximo esplendor durante el mes de octubre.

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