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Rescató un perro con sarna y su vida cambió: dejó la publicidad, se hizo vegano y ahora salva animales

La vida de Federico Sordo estuvo ligada a los animales desde chico. Sus padres consentían las andanzas de su hijo adolescente cada vez que llegaba de la calle con un animal en sus brazos. ”¿Qué hay del otro lado de la puerta, Fede?”, le consultaban cuando tocaba el timbre de la casa en vez de abrir con sus llaves. Era su forma de avisar que llegaba con compañía.

Años después, al terminar el secundario, estudió veterinaria pero se dio cuenta de que no era su camino y cambió a publicidad. “Impulsado por la curiosidad y la necesidad de saber más sobre la realidad de los animales, empecé a escuchar a activistas como Gary Churovsky y a ver documentales de investigaciones producidos por organizaciones como PETA. Eso llevó a que un día me sentara en la mesa con mi familia y les dijera que no quería comer más carne”, recuerda Federico en diálogo con TN.

Fue una imagen de su mamá cocinando lo que a él le resultó “un pedazo de animal” lo que disparó la conciencia sobre su alimentación. Así, sin saberlo aún, comenzaba el camino de su activismo por los demás animales.

Un perro “macanudo”

En 2011, ya viviendo solo, llegó el día en que su vida empezaría a transformarse por completo: fue la noche en que un perro flaco y con sarna decidió buscar refugio en la entrada de su edificio. Fede lo vio y no dudó en entrarlo al monoambiente de 39 metros cuadrados que compartía con su gata. En ese momento llegó su primera lección: “Me le acerqué para agarrarlo y me gruñó. Ahí entendí que las ganas de ayudar nunca tienen que estar por encima de quien necesita la ayuda. Me quedé sentado al lado de él un rato hasta que le dije ‘mirá, tengo que entrar’ y lo arrastré con la alfombra sobre la que estaba acostado".

“Cuando cerré la puerta, se paró y me acompañó hasta el ascensor. Sentí que sabía muy bien lo que estaba haciendo”, agregó. Al recién rescatado lo bautizó Cascote (porque estaba todo cascoteado) y por él empezó “a hacer equipos”: la veterinaria que ofreció ayuda para atender al perro, la fotógrafa que le hizo imágenes para difundir su adopción y sus compañeros de la agencia de publicidad que colaboraron con los gastos. Para compartir las novedades diarias y arrancar con la búsqueda de un hogar armó la fanpage en Facebook Cascote, un perro macanudo.

“En publicidad estaba pensando ideas para venderle a la gente cosas que no necesitaba, entonces dije, en lugar de estar haciendo eso, puedo pensar ideas para ayudar a Cascote a encontrar una familia. Así diseñé su campaña de adopción, basada en cosas que hacía un perro macanudo y eran motivos de adopción. Uno que recuerdo con una sonrisa es el de ‘se come la fruta abrillantada que le sacás al pan dulce’, algo muy digno de un perro macanudo”. Gracias a esa campaña la comunidad empezó a expandirse hasta sumar miles de seguidores.

“Cuando Cascote fue adoptado, publiqué que me parecía bueno poner la página en función de otros animales que lo necesitaran. Quería saber si aparecía otro animal o si yo difundía otra cosa, iban a estar. Y la gente, sí, sí, claro. Unos divinos”, contó.

Rescates, santuarios y elefantes

La experiencia con Cascote siguió impactando en la vida de Fede: se hizo vegano, dejó su trabajo en la agencia de publicidad y se lanzó a cumplir el sueño de dedicar el cien por ciento de su tiempo a trabajar por los derechos de los animales: “No podía trabajar más en publicidad vendiendo productos de origen animal. Me empezó a hacer ruido todo y renuncié sin tener mucha idea de qué iba a hacer pero sí que sería algo relacionado con los perros”.

Ahí surgió La Pandilla de Cascote, paseos 100% macanudos, el servicio de paseo de perros del cual vivió durante varios años, compartiendo los paseos con Barón, su perro, compañero inseparable. “Fue hermosa la respuesta de la gente cuando hice el anuncio en la comunidad de Cascote. Me escribieron de todo el país diciendo que querían que pasee a su perro”, dijo. El eslabón siguiente en la cadena que fue entrelazando el destino de Fede fue cuando comenzó a participar de las primeras vigilias en las puertas de mataderos promovidas por la organización Animal Save.

Una noche de lluvia de 2018 cuando el grupo de activistas esperaba la llegada de los camiones con vacas se enteraron del nacimiento de una ternera dentro de uno de los transportes. Luego de negociaciones con el matadero lograron que se las entreguen y Fede fue nuevamente hogar de tránsito para un animal. La cuidó en el mismo monoambiente en donde había comenzado todo con Cascote, hasta que la cadena de solidaridad permitió que Save (como bautizaron a la ternera) fuera recibida por el Santuario de Animales Equidad, en la provincia de Córdoba. “Yo simplemente fui un ladrillo más del puente que construimos para cambiarle la vida a esa vaquita”, recuerda.

La llegada de Save al santuario produjo otro sismo en el rescatista de Cascote: pronto se sumaría al equipo de comunicación de la institución. Su directora, Alejandra García, lo conoció en ese intercambio que provocó el rescate de la ternera y le ofreció trabajo en Córdoba. “Yo no lo podía creer, era Disney para mí, estaba llegando a lo que quería, que era trabajar para un santuario, comunicando los derechos de los animales”. Para 2023 se incorporó al equipo de comunicación del Proyecto ELE (Estrategia para la Liberación de los Elefantes) la campaña de la fundación suiza Franz Weber que llevó adelante el traslado a santuarios de los elefantes en cautiverio en zoológicos.

Así conoció a Pelusa, fue testigo con su cámara del viaje de Mara desde el ex zoo de Palermo a Brasil; de Pocha y Guillermina desde Mendoza -“tuve el honor de contemplar y registrar todo su proceso de entrenamiento, de adaptación a las cajas para poder viajar”-, Tamy, Kuki y Pupy y finalmente Kenya, en 2025.

Todo lo que aprendí en cada traslado, en cada viaje, todo lo que aprendí incluso de Cascote hasta la fecha, lo puse al servicio del documental que estamos trabajando junto con Nicolás Pauls en este proyecto que se llama ELE, un vínculo de liberación, y que podrá verse a fin de año”, explica.

Hay equipo

“Es un honor poder estar detrás de la cámara contando esto, poder trabajar de esto y ponerme al servicio. Porque yo siento que lo que sucedió con Cascote me hace preguntarme: ¿puede un perro cambiarte la vida? Porque Cascote a mí me la transformó en absoluto. De hecho no me puedo imaginar mi vida si no fuese como es y esto me llena de agradecimiento y me hace sentir muy pleno, poner mi vida al servicio de los demás animales“, asegura Federico.

En ese camino de servicio Fede se cruzó con el de muchas personas en la misma frecuencia que él, por eso piensa que “no existe el rol del salvador, uno nunca ayuda a los animales solo, siempre hay un equipo por más chiquito que sea. El primer equipo ya es con ese animal no humano que estás ayudando y después los humanos que empiezan a aparecer colaborando con dinero, con difusión, siendo hogar de tránsito, adoptando”

Para finalizar, deja un mensaje para quien quiera oírlo: “Es importante remarcar que hay un montón de gente ayudando que por ahí está completamente invisibilizada y desbordada también, porque siempre son las mismas personas las que se involucran. Entonces, para el que quiere hacer algo pero no sabe cómo o qué, le digo que no hay que hacer grandes cosas sino que simplemente hay que ver si estamos siendo coherentes entre lo que decimos, hacemos y pensamos, porque ahí es donde empieza a cambiar todo”.

Fuente: TN

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Parece Italia, pero está en Buenos Aires: el rincón con estilo de la Toscana que queda a 40 minutos de CABA

Entre las opciones para una escapada de fin de semana cerca de la Ciudad de Buenos Aires, Torrepueblo se destaca por su propuesta única: un paseo cultural y gastronómico inspirado en la Toscana italiana. Lo mejor es que está ubicado a solo 40 minutos de CABA, en Benavídez, partido de Tigre.

El complejo, inaugurado en marzo de 2016, ocupa un predio de 8 hectáreas y fue diseñado para recrear la atmósfera de los pueblos medievales del norte de Italia, con reminiscencias de Umbría y Véneto. Su acceso es gratuito y cuenta con estacionamiento sin cargo. Para llegar, hay que tomar Panamericana, Ramal Escobar, y salir a la altura del kilómetro 40,5, en Libertad 50.

Un paseo para toda la familia con shows, gastronomía y arquitectura de época

Torrepueblo es conocido como “la Toscana Argentina” y sorprende por su arquitectura: una torre central y construcciones que evocan villas italianas del Renacimiento. El complejo ofrece departamentos de dos y tres ambientes para quienes deseen alojarse, con acceso a spa, gimnasio y sala de juegos.

El paseo es ideal tanto para quienes buscan pasar el día como para quienes planean quedarse. Para las familias con chicos, la cercanía con Temaikén (a solo 10 minutos) y con Ingeniero Maschwitz permite combinar actividades. Además, el Delta del Tigre está a pocos kilómetros, al sumar otra opción turística.

Durante la semana y especialmente los fines de semana, la Plaza Toscana es escenario de recitales en vivo, shows para chicos y clases de baile. Se presentan bandas tributo y músicos independientes de distintos géneros, lo que convierte a Torrepueblo en un punto de encuentro cultural.

Propuestas gastronómicas y servicios

El paseo gastronómico de Torrepueblo ofrece opciones para todos los gustos, con especial foco en la comida italiana: casas de pasta, parrillas y cocina gourmet. Muchas familias eligen el lugar para almorzar, cenar o sólo disfrutar de un desayuno o merienda en un entorno diferente.

El complejo también cuenta con oficinas, viviendas para residencia permanente, servicio de laundry, cocheras y seguridad las 24 horas. La inversión para desarrollar el proyecto fue de unos 7 millones de dólares, con la idea de imitar una villa italiana auténtica.

Si bien el complejo no tiene piscina para visitantes ocasionales, algunos departamentos de hospedaje sí ofrecen natatorios para quienes se alojen ahí, un dato valorado especialmente en verano.

Eventos y actividades especiales

Torrepueblo dispone de un salón para eventos que se adapta a diferentes necesidades: aniversarios, cumpleaños de 15, convenciones, congresos o desayunos empresariales. El espacio se puede alquilar y cuenta con servicios adicionales para quienes lo contraten.

La cercanía con Buenos Aires y la variedad de propuestas hacen de Torrepueblo una alternativa distinta para escapadas cortas, con el atractivo de sentirse en un pueblo italiano sin salir del conurbano.

Fuente: TN

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Creció en el barrio chino de París, llegó a la Argentina y apostó por una idea que parecía descabellada

Cuando Matías McLurg era chico, vivía en el distrito 13 de París, el mal llamado “barrio chino” que en realidad estaba poblado por inmigrantes vietnamitas y camboyanos. Allí, entre edificios altos, almacenes orientales y restaurantes familiares, comenzó una historia que décadas después terminaría cambiando la gastronomía porteña.

Hijo de una argentina exiliada durante la dictadura y de un padre escocés, Matías nació en Francia, pero siempre sintió que pertenecía a más de un lugar.

“Siempre se cuidó mucho ese vínculo con la Argentina. Yo tenía la percepción de que tenía por lo menos dos casas”, recordó en diálogo con TN sobre los viajes anuales que hacía a Córdoba para visitar a su familia materna.

Un paladar entre varios mundos

Durante años, la cocina vietnamita formó parte de su vida cotidiana. No era una rareza ni una moda: era simplemente la comida de su barrio.

“Vivía en el corazón del barrio asiático de París. Toda mi vida cotidiana estaba atravesada por la cultura vietnamita”, contó.

“Bajaba de mi departamento y comía vietnamita; volvía y comía vietnamita”, dijo sobre lo que calificó de “convivencia cultural muy fuerte y temprana” que terminó teniendo una gran incidencia en su vida como empresario gastronómico.

Sin embargo, su primer camino profesional fue otro. A los 20, McLurg decidió instalarse en la Argentina, estudió Derecho, fundó una familia y llegó a ejercer como abogado. Pero algo no terminaba de encajar.

“Nunca me sentí del todo realizado como abogado”, admitió a TN. La pasión estaba en otro lado.

El salto al vacío

En 2016, junto a su socio Pablo Marotta, decidió apostar por una idea que parecía descabellada para la Buenos Aires de aquel momento: abrir un restaurante de comida vietnamita en San Telmo.

“Queríamos abrir un restaurante vietnamita porque era la posibilidad de comer lo que a mí me gustaba”, sostuvo sobre por qué eligió este tipo de comida.

La ciudad todavía no había vivido el boom de las cocinas asiáticas. Más allá del sushi, la oferta era escasa y la gastronomía vietnamita era prácticamente desconocida para el gran público.

“Hace diez años la propuesta gastronómica porteña era mucho más cerrada. Si querías comer vietnamita, prácticamente no había opciones”, afirmó al mencionar como precursor al restaurante Green Bamboo, ahora cerrado.

La elección de San Telmo no fue casual. McLurg vivía en el barrio y entendía que su espíritu cosmopolita podía ser el terreno ideal para una propuesta diferente.

Lo que siguió fue una mezcla de intuición, entusiasmo y algo de locura emprendedora: “Cuando uno arranca, no piensa tan estratégicamente. Te mueve un motor interno. Decís: hagamos esto que está buenísimo y, si tenemos suerte, va a funcionar”.

La noche que cambió todo

La apertura de Saigón Noodle Bar quedó grabada en su memoria. Fue el 17 de diciembre de 2016, “un día de mucho calor”, con una térmica que rozó los 35°C y con el local -el antiguo bar gallego La Coruña, en el Mercado de San Telmo- todavía en obra.

“Dije: esta noche abrimos. Pase lo que pase tenemos que abrir”, recordó. Aún había andamios en el local, pero la decisión estaba tomada.

Lo que ocurrió horas después sorprendió incluso a los dueños. “Levantamos la persiana y había unas 150 personas afuera esperando”, contó McLurg, todavía incrédulo 10 años después.

El fenómeno, en momentos en que el sudeste asiático se estaba poniendo de moda entre los viajeros argentinos, fue inmediato.

“Funcionó. El cliente vino, le gustó y volvió”, dijo el gastronómico, que habló de “una cuestión timing y de suerte”. Según McLurg, había una necesidad latente en el mercado: “la gente quería descubrir nuevos sabores y nuevas formas de comer”.

Para McLurg, uno de los rasgos más distintivos de la gastronomía vietnamita es su vínculo con la comida callejera, los puestitos y pequeños restaurantes. “Ahí es donde se encuentran algunos de los platos más representativos”, sostuvo.

“La riqueza de la gastronomía vietnamita está en la variedad de ingredientes, en la complejidad de sus sabores y en la creatividad con la que supieron apropiarse de otras tradiciones", como la china o la francesa, producto de la colonización del siglo XIX. “Son maestros en transformar ingredientes simples en platos muy interesantes”, sostuvo.

El desafío de encontrar a un chef vietnamita en Buenos Aires

Uno de los mayores desafíos para los socios fue algo tan básico como encontrar quién cocinara auténtica comida vietnamita.

“Encontrar un chef vietnamita en Buenos Aires hace diez años era casi imposible”, recordó McLurg. La búsqueda fue tan desesperada que llegaron a consultar en el consulado de Vietnam.

Finalmente apareció Thomas Nguyen, un cocinero vietnamita que vivió también en Tailandia y EE.UU . y tenía un restaurante a puertas cerradas en San Telmo.

La primera reacción fue poco alentadora. “Thomas nos dijo: ‘Ustedes están locos. Este proyecto no va a funcionar’”. Sin embargo, terminó sumándose al emprendimiento y fue clave para darle identidad gastronómica.

Yo sabía qué quería en el menú porque eran las cosas que comí toda mi vida, pero no sabía cocinar. Sin Thomas, Saigón no hubiese sido posible”, afirmó McLurg.

Entre los platos estrellas de la carta figuran el phola sopa vietnamita más famosa, preparada con caldo aromático, fideos de arroz y carne de cerdo o pollo, así como los Spring Rolls, unos arrollados de papel de arroz con langostinos, fideos de arroz, panceta, lechuga, pepino y hierbas aromáticas, acompañados con salsa de maní y salsa nuoc cham.

Los nems fritos de cerdo son otro hit del menú, también arrollados de papel de arroz, pero de carne porcina, zanahorias, cebollas y fideos de poroto que se sirven con salsa nuoc man cham. O su versión vegana, con tofu marinado, fideos de arroz, pepinos, hierbas aromáticas y salsa de maní.

Entre los principales, el Bo Luc Lac es el más pedido, que consiste en ojo de bife marinado y salteado a la manteca, con salsa, huevo frito, tomates cherry, pepino y cilantro.

Fuente: TN

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La compra de vino online gana terreno mientras los consumidores comparan precios, cuotas y opiniones antes de elegir

Cada vez más consumidores compran vino por internet después de comparar precios, cuotas, costos de envío y opiniones de otros usuarios. Aunque el comercio electrónico todavía representa una porción reducida de las ventas de la categoría, las bodegas, los marketplaces y las tiendas digitales empiezan a modificar una decisión de compra que durante años estuvo asociada casi exclusivamente a la recomendación del vinotequero y a la experiencia presencial.

El crecimiento del canal digital no implica el reemplazo de la vinoteca, sino un cambio en el recorrido previo a la compra. Hoy, es habitual que los consumidores descubran una etiqueta en redes sociales, lean reseñas, comparen promociones entre distintos vendedores y recién entonces definan dónde comprar, según un sondeo que realizó TN.

Los datos muestran que todavía existe un amplio margen para el desarrollo del comercio electrónico en el sector. Según Youniversal, mientras el e-commerce ya representa el 18% de las ventas generales en la Argentina, la venta online de vino todavía no supera el 2%. “Eso no habla de un techo, habla de un potencial enorme todavía sin explotar”, afirmó Ximena Díaz Alarcón, CEO de la firma.

La pantalla gana espacio en la decisión

El cambio no pasa únicamente por el canal de venta, sino también por la forma en que el consumidor elige una botella. Según Trendsity, la comparación entre precios, promociones y condiciones de compra se volvió mucho más sencilla, lo que incrementó la sensibilidad al precio y redujo las diferencias de información entre bodegas, supermercados y vinotecas.

Mariela Mociulsky, CEO y fundadora de la compañía, explicó que el consumidor compra vino online cuando percibe una ventaja concreta frente al canal físico. Entre los factores que más influyen, mencionó los descuentos, las cuotas sin interés para etiquetas de mayor valor, el costo y la rapidez del envío, las reseñas de otros compradores, las fichas técnicas y la disponibilidad de vinos que muchas veces no se consiguen cerca del domicilio.

También remarcó que “la recomendación no desaparece, cambia de formato”. En ese sentido, explicó que las reseñas, los rankings, los algoritmos y hasta las herramientas de inteligencia artificial empiezan a ocupar parte del lugar que históricamente tenía el asesoramiento del vinotequero.

Youniversal coincidió al detectar una tendencia similar. “El vino es un producto donde la experiencia y la autoridad siguen siendo clave para la decisión de compra. Lo que cambió es dónde se busca esa autoridad. La pantalla reemplazó al mostrador como fuente de confianza”, señaló Díaz Alarcón.

Un comprador que planifica más

El comercio electrónico también modifica el comportamiento de compra. Según Youniversal, casi la mitad de las operaciones online se realizan en cuotas, una señal de que el consumidor incorpora variables financieras incluso en una categoría históricamente asociada al disfrute.

“El vino siempre fue una compra emocional y sensorial, pero en el canal digital esa decisión se negocia con la lógica financiera de un consumidor que administra cuidadosamente su presupuesto”, indicó Díaz Alarcón.

Néstor Arranz, especialista en e-commerce y marketplaces, explicó que el comprador online suele realizar compras de mayor volumen, aprovechar promociones y evaluar la conveniencia general de la operación más que resolver una necesidad inmediata. En ese contexto, la reputación del vendedor, la calidad de las publicaciones, la logística y las condiciones de entrega pasan a formar parte de la decisión junto con la etiqueta elegida.

Para Arranz, el marketplace no elimina la tradición del vino, pero obliga a las bodegas a competir en un entorno donde el consumidor puede comparar alternativas en pocos segundos y donde la claridad de la propuesta comercial adquiere un peso decisivo.

El desafío de hablarle al consumidor

Además de vender por nuevos canales, la industria enfrenta el desafío de adaptar la forma en que comunica sus productos.

Dolores Lavaque, fundadora de Dolores Lavaque Studio y docente de CAVE, consideró que promociones, financiación y envíos ayudan a impulsar la compra, pero advirtió que el consumidor necesita, sobre todo, orientación para elegir entre una oferta cada vez más amplia. “El gran desafío no es solamente vender online, sino entender cómo decide ese consumidor y cómo lo acompañamos en ese proceso”, explicó.

También sostuvo que la expansión de los marketplaces modificó el recorrido previo a la compra sin desplazar completamente a la vinoteca que, dijo, “sigue teniendo un rol muy valioso como espacio de curaduría, recomendación y confianza”. “Lo que cambió es que hoy el consumidor llega al vino por muchos caminos al mismo tiempo”, explicó.

Lavaque traerá en agosto, y por primera vez a Argentina, el Programa Ejecutivo de Marketing Estratégico del Vino, una propuesta desarrollada por Dolores Lavaque Studio junto a CAVE que busca acercar herramientas de estrategia, construcción de marca, comprensión del consumidor y planificación de negocios a profesionales de la industria vitivinícola.

Un negocio que también impulsa otras actividades

Mientras cambia la forma de vender y comprar vino, la actividad continúa expandiéndose hacia nuevas regiones productivas. Desde la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA) señalaron que proyectos de menor escala en distintas provincias amplían la oferta y fortalecen las economías regionales.

“Estamos viendo un crecimiento y una extensión de la actividad vitivinícola en distintas regiones del país, con bodegas más boutique, proyectos más pequeños y una fuerte presencia de vinos de autor que se van sumando a toda la cadena productiva”, explicó Daniel Romero, secretario de Prensa de FOEVA.

Romero agregó que el desarrollo de la actividad beneficia también al turismo, la gastronomía, el comercio y a los proveedores vinculados con la producción vitivinícola, mientras que la diversidad de regiones abre nuevas oportunidades comerciales tanto en el mercado interno como en el exterior.

El desarrollo de los canales digitales también amplía las posibilidades comerciales para las bodegas que buscan llegar a consumidores fuera de sus mercados habituales. En ese proceso, la logística gana importancia.

Desde Mail Boxes Etc. señalaron que muchas bodegas y pymes exportan partidas más pequeñas, productos premium o muestras comerciales, por lo que requieren soluciones flexibles para llegar a nuevos mercados. “Las economías regionales están ganando protagonismo en mercados internacionales gracias a productos que compiten por calidad, diferenciación e identidad. Para muchas de estas empresas, contar con soluciones logísticas flexibles y acompañamiento especializado resulta clave para sostener ese crecimiento y acceder a nuevos destinos”, dijo Santino Rebuffo, Country Manager de Mail Boxes Etc. Argentina.

Fuente: TN

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