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Qué es la canoterapia, la actividad con perros para adultos mayores y pacientes en rehabilitación
“Son un regalo de Dios, son divinos. Me encanta estar con los perros”, dice Santiago mientras acaricia a Bagheera, el Schnauzer negro que está acostado en su regazo. “Espero los miércoles y viernes a que vengan”, agrega contento.
Santiago Alcacer es paciente del Hogar Los Pinos, tiene esclerosis múltiple hace 26 años, y en diciembre de 2024, quedó parapléjico por una inflamación en la columna. Siempre recibió el tratamiento correspondiente, pero vivió un cambio inesperado cuando conoció a los perros de terapia de la Fundación Caral. “Pasó una cosa increíble. Yo tenía espasmos en la panza, me pusieron a uno de los perros y pararon. Me lo sacaron y se producen de vuelta los espasmos. Cada vez que me lo ponen acá [sobre las piernas o en el abdomen], no tengo espasmos”, asegura.
Además, cuenta que cuando uno de los perros de raza Boyero de Berna que participan en la terapia se acuesta a sus pies, puede mover un poco las piernas. “Es un alivio lo que descubrí con estos animalitos, y Carmen y Gabriel son divinos, todo el entorno de Los Pinos me ayudan muchísimo”, le cuenta a TN.
En el hogar, ubicado en General Pacheco, hay más de 100 actividades, desde las comunes como terapia ocupacional y kinesiología, hasta las más creativas como tangoterapia o taichí adaptado. La canoterapia o terapia asistida por animales (TAA) se sumó a finales de 2023 y desde entonces, los adultos mayores y pacientes del sector de rehabilitación esperan con ansias la visita de los amigos perrunos.
Marta, una de los residentes mayores, no deja de sonreír cuando acaricia a Antonia, una Boyero de Berna. Después de la actividad, pudo recorrer un poco el predio junto a ella. “Me gusta la compañía. Uno sale a caminar y no necesitás hablarle. Si está acostumbrado a pasear con vos, es otro más. Son cariñosos, te dan mucho afecto”, dice.
“La respuesta siempre es positiva”
Graciela Spinelli es licenciada en Gerontología y está a cargo de la sección en el Hogar Los Pinos desde hace tres años. Desde su experiencia, asevera que la canoterapia “tiene que ver con volver a lo cotidiano, a lo que dejaron en la casa, a su historia, a las cosas que compartieron desde niños o más grandes y lo que forma parte de la historia de las personas”.
Este tipo de tratamiento no está indicado a una enfermedad en particular, sino que se enfoca en brindar apoyo a personas que se volvieron frágiles por una patología.
Desde que se incorporó la canoterapia al programa de actividades, fue un éxito. “Los resultados nos asombraron a todos, porque terminó siendo más de lo que nosotros imaginábamos. Con los perros, se lograron cosas que no se lograban con las terapias comunes”, destaca Spinelli y agrega: “Va directo a las emociones, a la historia de vida, al estímulo motriz, sensorial, emocional, afectivo, entonces la persona rápidamente tiene respuesta. En aquellas cosas que, por ejemplo, costaba desde lo físico, al ver el animal, el cuerpo responde, y como el músculo tiene memoria, una vez que hace eso con el perro, comienza a repetirlo”.
Spinelli también testifica que algunas personas que ya habían perdido parte del lenguaje “podían manifestar ciertas cosas como, ‘en la infancia, yo tenía un perro como este y me vuelve a mi niñez’”, luego de tener contacto con los canes. “A lo mejor, otros manifiestan pura emoción y pocas palabras, pero siempre, la respuesta es positiva”.
La terapia, incluso, motiva a las personas que normalmente no hacen ejercicio porque salen a caminar con los perros. “También activa todo la parte emocional y cognitiva, porque trabajan con ejercicios de juego de repetición. Los entrenadores arman actividades donde unen la música, la emoción, el movimiento, el contacto físico y el contacto de miradas. A veces, una mirada entre la persona y el animal dice mucho más que mil palabras”, afirma Spinelli.
El nexo entre el paciente y el especialista
“Los perros son como mis hijos”, dice Carmen Pérsico, la creadora de la Fundación Caral, dedicada a las sesiones de canoterapia en Los Pinos y otros dos centros de Salud desde hace tres años.
Ella heredó de sus padres el amor por la especie y la vocación. Al igual que ellos, se dedica a criar perros de asistencia de las razas Boyero de Berna y Schnauzer desde hace 15 años. Además, es la presidenta del Club de Boyeros de Berna Argentina.
Pérsico descubrió la canoterapia al cuidar a sus suegros, de 92 y 96 años, y a sus padres, e integrarlos a una familia ensamblada: su esposo, cinco hijos y los perros. En lo cotidiano, se encontró con que los adultos mayores se sentían a gusto con los animales, y ella supo que podía adaptar esta actividad para que otras personas se beneficiaran. Ante esta oportunidad, comenzó a prepararse con cursos y mucha investigación.
Fue entonces cuando llevó el tratamiento al hogar. “Lo que descubrimos es que las personas mayores pueden soltarse con los perros, conversan, pierden los miedos, algo que, quizás, sin los perros no lo hacen”, subraya.
La terapia asistida siempre se hace con la orientación de un especialista, añade Pérsico. “Nosotros somos el nexo entre el profesional y el paciente”, explica. En el área de rehabilitación, los kinesiólogos proponen actividades para que los canes ayuden a que el paciente mueva las piernas o la columna.
En cuanto a los que están postrados, solo suben a los Schnauzer a la cama -siempre usan unas botitas-, porque son hipoalergénicos y no pierden pelo. Así, se trabaja el movimiento de las manos o la memoria, si pueden hablar. “Algunos no se acuerdan de los nombres nuestros, pero sí recuerdan el de los perros”, comenta Pérsico sobre el impacto de los asistentes peludos en los pacientes.
Perros especiales
Los perros de terapia son especiales, deben tener un temperamento estable y ser sociables. Pérsico cuida la formación desde el embarazo de la madre y luego la interacción de esta con los cachorros, que debe ser lo más cariñosa posible. “Siempre entrenamos con positivismo”, detalla.
La personalidad es crucial, por lo que Pérsico debe ser minuciosa con la genética de sus canes. “La terapia se puede hacer con un perro mestizo, pero no sabés el embarazo de la madre, si los perros han estado abandonados y no sabés el trastorno que está detrás, que después se refleja. Ellos, desde los abuelos, sé que son así”, aclara.
Los candidatos a perros de terapia son elegidos a los 45 días, cuando comienza el entrenamiento en la casa de Pérsico.
Por otro lado, el criadero de Pérsico pertenece a la Federación Cinológica Argentina, encargada del mejoramiento de las razas, la salud de los perros de terapia (ellos son quienes certifican a los animales). “Todos los meses, se les renueva el apto de salud. Una vez por semana, viene una veterinaria. Si los perros no están bien, no los podemos traer. Nosotros tenemos que hacerles todo tipo de estudios, de enfermedades zoonóticas”, remarca.
Gabriel Sánchez Sphers es la dupla de Carmen Pérsico en la Fundación Caral. Él se dedica a la parte del entrenamiento y ella, de la sociabilización.
Sánchez entrena perros de seguridad y de búsqueda desde los 17 años. Trabaja en Defensa Civil y en el Ministerio de Seguridad como miembro del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas (SIFEBU).
Descubrió la canoterapia hace cinco años en un viaje a Estados Unidos, lo que lo impulsó a hacer seminarios y cursos. Cuando conoció a Pérsico, ella también estaba preparándose para comenzar con el grupo de terapia, así que decidió sumarse.
Desde que forma parte de la Fundación Caral, su tarea principal es entrenar a los perros de terapia. Antes de esta etapa, les hace el Test de Campbell para conocer la personalidad de los cachorros y otras pruebas. Luego, comienza la adaptación en el simulador instalado en la casa de Pérsico. Se trata de un espacio con distintos pisos, temperaturas y sonidos para que los canes se acostumbren a moverse en hospitales y a escuchar el ruido de sillas de ruedas o camillas.
Además de apoyar con el entrenamiento, Sánchez pone énfasis en el cuidado de los animales. “Para nosotros, primero está el perro, nunca trabajamos más de las horas que tiene trabajar un perro, nunca trabajamos en continuidad para que descanse”, puntualiza.
El entrenador también participa en las visitas al hogar y, al igual que Carmen Pérsico, valora “la alegría que dan los perros a los residentes”.
Para ambos, la canoterapia es gratificante porque pueden contribuir al bienestar de otros. Sánchez no solo ha cumplido con esta misión en 38 años de servicio en el área de seguridad, sino que se propuso el objetivo de aportar sus conocimientos a la sociedad. “En la vida, uno tiene que dejar algo, uno no pasa porque sí sobre la tierra, y a mí me gusta dejar huella”, resalta.
“Es una actividad que a nosotros nos llena el alma cuando vemos los resultados. Le encontramos el sentido a tanto trabajo de años, de generaciones, de búsqueda”, cierra Carmen.
Fuente: TN
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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA
Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.
En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.
Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.
Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.
Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026
En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:
- Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 y $2.603.556,33.
- Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
- Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.
Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA
De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:
- En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
- En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 y $1.651.798,05.
- No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.
La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto
La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.
Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.
La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; Alimentos y bebidas no alcohólicas; Salud y Transporte.
Fuente: TN
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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba
Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.
El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.
“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.
De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.
“Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.
La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.
Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.
Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.
Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.
Fuente: TN
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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”
La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.
El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.
El comienzo del sueño
Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.
Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.
A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.
No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.
Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.
Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.
Una idea
Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.
Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.
Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.
Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.
Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.
Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.
Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.
El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.
El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.
Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.
Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.
Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.
Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.
La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.
Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.
Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.
El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.
Fuente: TN