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Qué es el consumo emocional y por qué el 40% de los argentinos se endeuda para darse un gusto

Josefina hizo click en “confirmar” y enseguida dijo: “mil cuotas, pero me lo merezco”. Acababa de comprar entradas para ella y su hija para el festival de música que ambas disfrutan con locura.

“Por un lado estaba feliz, sé que son tres días que la pasamos bárbaro. Por el otro lado, la culpa de saber que tengo la tarjeta re cargada”, cuenta Josefina, todavía con esa dualidad sentimental encima.

Y esto se repite en muchas personas que se debaten entre ser cautelosos con sus gastos o encontrar un goce que les permita pensar más allá de la realidad cotidiana. Tanto es así, que hoy 8 de cada 10 argentinos priorizan el entretenimiento aún en tiempos de ajuste, incluso, el 40% se endeudó para no perderse un show.

Estos datos surgen de un estudio realizado por Naranja X, que descubrió que el 69% de los encuestados dijo estar dispuesto a pagar entre $20.000 y $100.000 por una entrada, aunque eso implique hacer malabares financieros. De hecho, el 22% dejó de pagar un gasto fijo para asistir a un show. Aún más, el 75% organiza su presupuesto familiar para incluir actividades de entretenimiento como prioridad.

La tensión entre el deseo de vivir el momento y la necesidad de balancear la economía personal atraviesa todo el informe: 5 de cada 10 personas aseguran hacer “magia” financiera para no perderse un evento, mientras un 34% dice que ahorra para darse un gusto y otro 30% afirma que prefiere disfrutar sin culpa, incluso si eso compromete otras prioridades.

“El consumo emocional es el gasto que no pasa por la calculadora, sino por lo que sentís. Es el chocolate por la noche, delivery un viernes o pagar esa entrada al recital que tanto soñaste”, define Julieta López, Head of Brand de Naranja X.

Del informe no solo se desprenden datos, también hay una frase que dominó las respuestas: “Disfrutar cuesta, pero vale la pena”, fueron palabras que se repetían continuamente. “Es casi una válvula de escape y, a la vez, una forma de priorizar lo que nos da felicidad aunque sea un rato. Y si bien lo entendemos, desde nuestro lugar como fintech tratamos de evitar esos consumos por impulso. Por eso, en nuestro blog y redes sociales damos herramientas e información para favorecer la salud financiera”, suma López.

Aún hay más datos que refuerzan los resultados que obtuvo la fintech. “Según estudios recientes de Kantar, más del 60 % de los argentinos declara que elige marcas que les generan algo emocional por sobre otras opciones más económicas. Y en categorías como cervezas, vemos aumentos de consumo en contextos cargados de sentido colectivo, como mundiales, recitales, vacaciones, entre otros”, explica Natalia Rebecchi, Head of draftLine AR, Connections & Data.

“En definitiva, consumir es una forma de contarnos historias a nosotros mismos: de merecimiento, de pertenencia, de escape, de celebración. Por eso el consumo emocional no es un desvío de la racionalidad, sino muchas veces el centro de nuestras decisiones. Y en momentos donde el contexto económico aprieta, el consumo emocional no desaparece: se vuelve más selectivo y, por lo tanto, más valioso”, detalla Rebecchi.

Aprovechar la emoción

En un momento de la baja del consumo, las marcas deben aprender a dialogar con las personas para encontrar el modo de seducirlas. Es que “el comportamiento de consumo cambió, la emoción debe ser parte del producto, la multiplicidad de medios nos llevó a hablar de targets, audiencias, segmentaciones y hasta de “targets blandos” esperando ser impactados. Pero cuando pensamos en la emoción que se quiere generar con una marca o producto, debemos hablar de personas reales, que eligen lo que consumen desde el deseo, la necesidad, el cansancio, el entusiasmo, el miedo o la nostalgia”, analiza Enzo Mansilla, Head of Strategy & Partner en Wild Fi.

“Lo emocional no es un recurso táctico para vender más rápido, sino para hacer mejor tu producto. Es lo que vincula a la marca y la persona más allá de lo funcional, y como tal, debe ser tratada con sensibilidad, no con oportunismo”, aclara Mansilla.

Sabrina Mayotti, COO de la agencia OSA, es experta en el estudio del comportamiento de los consumidores, por eso no duda al afirmar que “en escenarios de crisis e incertidumbre, notamos que tienden a aferrarse a lo que las hace sentir mejor”.

“El consumo emocional parece responder a una búsqueda de bienestar y disfrute más instantáneo. Aun así, consideramos que este consumo no se da únicamente en épocas de crisis, sino que se activa en función del ánimo y como una forma de gratificación”, añade Mayotti.

“Mediante nuestro desk research identificamos que los argentinos priorizan el entretenimiento compartido, ya sean shows o eventos deportivos, como observamos que pasó en el Mundial de Clubes, que fue visto por más de 8,4 millones de argentinos y el 34% de los partidos se vieron acompañados. Queda claro que lo que emerge es la búsqueda de experiencias y momentos que dejen recuerdos memorables”, observa la especialista de OSA.

Aprender a comprar

Para Anita Figueiredo, Co-Founder & Directora de proyectos de Proteína Marketing, “las personas podemos gestionar el consumo emocional, más que frenar. Y es que este tipo de consumo tiene su aporte, no sé si es algo a eliminar, sino tal vez a entender”.

“Podemos intentar concientizarlos e integrarlos de manera más consciente, porque muchas veces pasan por debajo del radar, pero cumplen su función: muchas veces este consumo es una forma válida de autocuidado, siempre y cuando sea algo controlado. El problema aparece cuando se vuelve algo compulsivo”, advierte Figueiredo.

Por su parte, Ezequiel Arslanián, Managing Director de Accenture Song Hispanoamérica, indica que “la mejor manera de ayudar a moderarlo (ya que creo que también es sana cierta impulsividad) es con educación por parte de todos los actores: estado, familia, colegios, medios y las propias marcas. Hay que trabajar en un cambio cultural, para operar sobre valores sociales diferentes a los de la cultura del descarte y la inmediatez, que están tan vigentes en los jóvenes mayormente”.

Volviendo al informe de Naranja X, éste muestra el impacto emocional de las decisiones económicas: solo 3 de cada 10 personas sienten que tienen el control de sus finanzas, y casi la mitad admite que le cuesta hablar honestamente de su situación económica. Aun así, el 78% considera que divertirse es necesario, incluso en momentos de ajuste, y lo ve como un componente importante de su salud emocional.

Ahora, si se mira este consumo desde el lado de vista de las marcas, la líder de Proteína señala que “éstas buscan oportunidades para conectar desde otro lugar y esto las lleva, en algunos casos, a trascender su propuesta funcional y transformarse en facilitadoras de emociones. Apelan a valores compartidos, construyen mensajes que van más allá del producto en sí y que refuerza lo que este producto representa o genera en la vida de las personas”.

“Ese lazo emocional puede ser muy fuerte, siempre que se construya con autenticidad y sin subestimar al consumidor. El diferencial está en la capacidad de identificar insights relevantes y traducirlos en acciones. Más que formatos y tecnología, lo que genera impacto es entender profundamente al consumidor”, aconseja Figueiredo.

Fuente: TN

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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA

Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.

En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.

Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.

Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.

Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026

En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:

  • Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 $2.603.556,33.
  • Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
  • Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.

Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA

De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:

  • En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
  • En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 $1.651.798,05.
  • No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.

La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto

La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.

Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.

La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustiblesAlimentos y bebidas no alcohólicasSalud Transporte.

Fuente: TN

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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba

Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.

El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.

“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.

De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.

Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.

La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.

Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.

Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.

Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.

Fuente: TN

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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”

La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.

El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.

El comienzo del sueño

Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.

Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.

A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.

No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.

Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.

Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.

Una idea

Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.

Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.

Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.

Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.

Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.

Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.

Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.

El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.

El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.

Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.

Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.

Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.

Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.

La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.

Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.

Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.

El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.

Fuente: TN

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