Nacionales
Nuevo récord para el dólar: Casi en los $30
Según un promedio realizado por la autoridad monetaria, el billete cerró a $28,55 para la punta compradora y a $29,57 para la vendedora.
Así, la divisa ganó 90 centavos, superó por primera vez la barrera de los $29 y alcanzó un nuevo máximo histórico.
Tal como sucedió el día anterior, el Banco Central licitó este viernes US$ 150 millones que el organismo tiene incorporados al programa de licitaciones diarias por cuenta del Ministerio de Hacienda.
Esos billetes forman parte de los US$ 7.500 millones prestados por el Fondo MonetarioInternacional (FMI) para refuerzo presupuestario.
Según pudo saber la agencia de noticias NA, además de ese monto, el Banco Central decidió subastar otros US$ 300 millones de las reservas para intentar estabilizar el mercado. El día anterior, la moneda norteamericana había saltado 62 centavos, a $28,67.
Nacionales
Del escritorio de Borges a una gran sala de lectura: así es la renovada Biblioteca Nacional de la calle México
Por increíble que parezca, con su magnificencia, es una joya oculta en la ciudad. Así como los turistas de la antigua Roma se topan, al doblar una esquina, con el imponente Panteón, los distraídos paseantes de la Manzana de las Luces, frontera con San Telmo, se asombran al mirar hacia arriba y encontrarse con este palacio neoclásico. Salvando las distancias, pero no tanto: la ex Biblioteca Nacional, sobre la calle México, parece haber sido redescubierta en los últimos días por influencers y opinadores. Asombrados por su grandilocuencia, claman en redes sociales por mecenas, privados o lo que pueda llevarla de regreso a su esplendor original.
La Biblioteca Nacional fue creada en 1810 por el primer gobierno patrio, en 1901 se instaló en este edificio diseñado por el arquitecto italiano Carlos Morra. Había sido proyectado como sede de la Lotería Nacional, pero fue la gestión de uno de sus más famosos directores, Paul Groussac, la que logró que se convirtiera en casa de la lectura.
Como institución cultural más antigua del país, vivió en esta sede su época de oro. La que se percibe apenas se asoma uno a su gran sala de lectura, y siente que está en Hogwarts, en un decorado de película o de la imaginación. “Esta era la mejor sala de lectura del país, una ciudad de libros" —dice a TN Laura Rosato, codirectora de lo que hoy se llama Centro de Estudios Jorge Luis Borges, junto a Germán Álvarez—. “Una sala rodeada por estas bibliotecas con un sistema de escaleras para llegar a los tomos más alejados. Una belleza que además se relaciona con la historia de la biblioteca: para que el edificio la albergara, y en una tradición muy decimonónica, Morra suma la ornamentación con su historia institucional inscripta en la arquitectura”.
La mirada quiere perderse por todos los rincones. Pero hay que enfocar hacia arriba. A la enorme cúpula en la que sobresalen una suerte de monedas doradas en las que están inscriptos los nombres de todos los directores, desde la fundación de la Biblioteca Pública de Buenos Aires hasta Groussac. Luego, los escudos, el de la Ciudad de Buenos Aires y el de la Nación. Y los años de las inauguraciones.
Más abajo, en los capiteles, las materias del catálogo metódico que fue la primera organización: ciencias, letras, historia y derecho. Pero hay otro objeto increíble en esa sala tesoro, y es el reloj patrón. Tenía un sistema de relojería monumental francés que hizo instalar Groussac por el cual controlaba todos los relojes de la biblioteca. “Si te fijás, tiene una campanita”, indica Rosato. “Esa campanita sonaba a las 18:00 y les avisaba a los lectores que finalizaba el día de lectura, para que fueran cerrando”.
“La colección se inaugura en el mismo momento que el edificio”, cuenta Laura. “Era como uno se imagina, o al menos se imaginaba, las bibliotecas. No sé qué le pasa ahora a un lector joven, pero yo creo que un lector que va a una sala de lectura moderna un poco se desilusiona porque no hay libros”.
Por supuesto que la cúpula cierra con un gran vitral que ahora está almacenado para su conservación. “Es un vitral espectacular, barcelonés, con el cielo del Cono Sur, un cielo estrellado. Los restauradores de la Secretaría de Cultura hicieron la guarda como guarda de restauración”.
Claro, el otro director más famoso que Groussac fue Jorge Luis Borges. El autor de El Aleph ocupó en increíble escritorio circular del primer piso durante dieciocho años, entre 1955 y 1973. Ya estaba ciego cuando asumió el cargo, y fue desde ahí que trabajó, repasó y pulió su propia obra. Otra de las grandes razones por las que este lugar mágico, salvado del abandono y a la espera de vientos favorables que le permitan recuperar su esplendor original, tiene el potencial de convertirse en un centro de interés cultural y turístico a escala global.
Desde que la sede se mudó al edificio brutalista diseñado por Clorindo Testa sobre la calle Agüero, en 1992, este palacio de México 564 ha sido sede de diversos organismos y hoy alberga a cuerpos de danza y música. Vale la pena invitar a sumarse a las visitas guiadas, que agotan cupos todas las semanas. Deberán coordinar una visita guiada enviando un correo a centro.jlborges@bn.gob.ar.
Como está en proceso de refacción, las visitas no son aptas por ahora para personas con movilidad reducida. Tampoco es posible ver su mítico ascensor, uno de los primeros que tuvo la Ciudad de Buenos Aires, detenido por el tiempo. Pero sí se puede entrar a su magnífico hall con columnas de mármol, en el que se guarda bajo una vitrina la placa de bronce que debía colgar de su fachada, bellamente restaurada, para evitar que lo roben.
Se puede subir por la majestuosa escalinata que lleva al primer piso, donde están las oficinas del que hoy es centro de estudios borgeanos. Ahí está el despacho semicircular, la chimenea y la sala en la que Borges cumplía con su célebre cargo. Ahí está parte de la más rica historia cultural del país, custodiada por entusiastas eruditos, listos para transmitirla a quien quiera acercarse.
Fuente: TN
Nacionales
El único museo hippie del mundo está en Córdoba: guarda tesoros de Tanguito, los Beatles y hasta de Eva Perón
¿Qué pueden tener en común las firmas de Eva Perón, los afiches de Hair, la guitarra de Tanguito o la tapa del primer disco de los Beatles? A simple vista casi nada, salvo que todas esas piezas conviven, juntas, en el primer y único museo hippie del mundo, fundado por Daniel Domínguez hace 25 años en San Marcos Sierras, un poblado serrano de apenas 5000 habitantes que algunos han bautizado como El Bolsón cordobés.
Cuenta la historia que Daniel se enamoró del lugar apenas puso un pie, en su más tierna adolescencia, promediando los 17. “Llegué por la revista Expreso Imaginario, por un artículo del periodista José Luis D´Amato -realizador del primer mapa turístico de la localidad y con quien compartió por entonces su puesto de artesanías-. Agarré la mochila y me vine. Después viví unos años afuera, anduve recorriendo el mundo, paseando, aprendiendo, nutriéndome”, cuenta en diálogo con TN.
Pero fue recién en 1995 que este “grandote” al que todos conocen y llaman por su apodo “peluca” -en alusión a una cabellera larga, canosa y cuidadosamente descontrolada que le suma unos centímetros más a su metro ochenta y pico- decidió echar raíces, afincarse definitivamente en el lugar y dar vida a su más ambicioso proyecto: un museo hippie con cientos de objetos propios y otros que le hacen llegar visitantes y amigos, que tiene su propio merchandising -compuesto por hierbas serranas, señaladores y un dado realizado en madera con algunas imágenes del Kamasutra , entre otros-.
Atrás había dejado su Villa Devoto natal, su infancia y adolescencia en Santos Lugares y Hurlingham, donde conoció al mismísimo Tanguito, quien le enseñó a tocar la guitarra y le regaló la que hoy exhibe en el Museo.
“Apenas me vine hice turismo aventura, llevaba a la gente a conocer los restos arqueológicos que hay en la región y fue por entonces que escribí mi tesis sobre el hippismo -la misma que puede conocerse mediante un video de siete minutos que pasa en un televisor de 20 pulgadas, de esos viejos, enormes, de tubo, en una de las salas del Museo- hice las inscripciones reglamentarias y comencé a juntar algunas de las cosas que hoy se exhiben en esta sala”.
A saber, sin repetir y sin soplar: manuscritos de canciones de rock, tapas de discos, discos, posters de recitales y películas, la guitarra de Tanguito y hasta un original de la tapa del diario Clarín del miércoles 26 de agosto de 2009 -donde se anuncia que tener marihuana para consumo no es delito-, descansan junto a obras originales de artistas locales como Marcia Schwartz o Marta Minujin, un manuscrito de Alfonsina Storni y una firma de Eva Perón, entre otros tantísimos tesoros.
Y aunque a simple vista, todos estos objetos parecen convivir sin lógica alguna, bajo la mirada de Peluca, las cosas comienzan a cobrar otro sentido. Porque adentrarse en su universo -y su relato- es como surfear distintas épocas y estilos musicales, y sumergirse en la historia del mundo, con todos sus matices, pasando por las drogas -teóricamente hablando- y las distintas formas de organización social, política y artística.
Al parecer, esa ductilidad como guía le viene heredada de su padre -“tenía el legajo número 8 de idóneo en turismo en la República Argentina, así que aprendí mucho de él”, afirma-. Las clases de teatro y su afición por la literatura hicieron el resto.
“Siempre me gustó escribir. También estudié teatro y eso me dio herramientas que utilizo en el museo. Trato de usar todos los recursos que tengo”, asegura tras reconocerse como un “autodidacta” que fue expulsado de cuanto colegio pisó, y sin ningún pudor, admitir: “siempre tuve problemas con la autoridad”.
Nada de todo esto le impidió, o mejor dicho, todo esto conspiró para que pudiera ser parte de la edición 2009 de ArteBa, a donde llevó uno de los tan típicos “nidos de loros que suelen verse por acá, el cartel del Museo Hippie, la bolsa de arte barato, copiada de un homenaje a la comunidad hippie de Bread and Puppet, y unos cuadros con soja y esqueletos que no fueron muy bien recibidos por los galeristas”, recuerda entre carcajadas.
Pero no parecen ser las luces de la ciudad ni los premios lo que motivan su existencia. De hecho, para llegar a su Museo hay que dejar el pueblo, adentrarse un poco en el monte y recorrer una especie de pequeño callejón arbolado que hace las veces de introducción de lo que vendrá. Hasta allí llegaron en estos 25 años muchísimos visitantes ignotos, y algunos famosos como María Rosa Yorio, Pappo -fiel a su estilo, solo para dejar en claro su pensamiento acerca de los hippies y retirarse sin siquiera empezar la visita-, parte de la agrupación La Renga y los historiadores Felipe Pigna y Félix Luna.
Y aunque para muchos esto podría significar un reconocimiento, a peluca parece no moverle el amperímetro. Lo suyo parece estar más bien ligado al mundo de las vivencias, y por supuesto, a las anécdotas que de ellas quedan, muchas de las cuales tienen que ver también con su paso por el cine -que lo encontró como productor y actor de la película “Pájaros volando” junto a Luis Luque, Diego Capusotto, Verónica Llinás y Alejandra Flechner, entre otros-; a las presentaciones que realiza con su banda de rock, que mutó de Peluca y los Optimistas a Los Optimistas; o a las que recopila desde hace años en este mundo que se ha construido a su medida y del que también forman parte sus tres hijos: Bruno -su hijo del corazón-, Oiverio -que vive en Catamarca- y Pericles, que ahora lo “segundea” en todo -como él mismo cuenta-, ya que de un tiempo a esta parte participa activamente realizando las visitas guiadas de lunes a miércoles.
El resto de los días -religiosamente entre las 11 y las 18 h- Peluca en persona atiende a los visitantes y muy generosamente los invita a ser parte de algo más grande que su propio universo, a dejar un mensaje en algunas de las botellas que le han donado -o que él mismo ha tomado-, que por supuesto ya se cuentan por miles y que pasarán a formar parte de una construcción hexagonal que está realizando con sus propias manos y que, como él mismo afirma, nos trascenderá a todos.
Fuente: TN
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Entre ramas de laurel, vapor y agua helada: la experiencia del primer spa ruso en la Argentina
No son familia, pero la vida los unió como si lo fueran. Todos llegaron desde Rusia después del inicio de la guerra y, en esta nueva etapa lejos de casa, decidieron cumplir un sueño compartido: abrir el primer spa ruso en la Argentina.
En su país, el spa —conocido como banya— es mucho más que un espacio para relajarse: es un ritual cultural, casi sagrado, que los rusos practican entre dos y tres veces por semana. Creen en sus efectos curativos, en su poder para fortalecer el cuerpo y también el espíritu.
Las banyas se distinguen por sus altas temperaturas y por una técnica ancestral llamada “vaporización”, que consiste en limpiar el cuerpo con un ramo de hojas húmedas. El calor, combinado con ese movimiento rítmico, ayuda a eliminar toxinas, mejorar la circulación y reforzar el sistema inmunológico.
“Lo más importante es la temperatura”, explica Dimitri, gerente del spa Gafarov. “Nuestro sauna llega a 90 grados con vapor y la seca alcanza los 80. En los saunas argentinos suele ser de entre 55 y 60 grados. Después viene la limpieza, que se hace con las ramas y es como un masaje. Es muy efectivo”, asegura.
Ubicado en pleno centro porteño, este nuevo espacio no solo invita a conocer una costumbre milenaria, sino también a vivir una experiencia cultural completa: al final del circuito, los visitantes pueden disfrutar de platos típicos rusos y sumergirse, por unas horas, en las tradiciones de un país que aprendió a encontrar bienestar incluso en el calor extremo.
Circuito de purificación
El circuito del spa se puede realizar con traje de baño o desnudos, y los recorridos están separados para hombres y mujeres. Cada servicio ofrece algo similar: un cambio progresivo de temperatura en diferentes etapas.
La zona destinada a los hombres se encuentra en la planta baja, mientras que la de las mujeres está en el primer piso. La experiencia comienza con una sauna seca que alcanza los 65 °C y que, en su interior, tiene canillas que dispersan agua tibia. El cuerpo empieza a eliminar toxinas a través de los poros, y solo se puede permanecer unos 15 minutos dentro.
Durante ese período de vaporización se realizan distintas limpiezas. Una de ellas es la llamada limpieza de ramo, conocida en Rusia como venik, un ritual que sirve para masajear el cuerpo y estimular la circulación.
El ramo está hecho con hojas de laurel y eucalipto, previamente humedecidas antes del contacto con la piel. No se trata de dar golpes fuertes, sino de acariciar el cuerpo con las hojas para favorecer la absorción del sudor y distribuir el calor, logrando un efecto revitalizante y relajante.
“Hay un golpe de las ramas, pero no tan fuerte; se necesita para pasar el calor adentro del cuerpo, para calentar las rodillas, la espalda y las zonas que duelen. Esto te calma”, explica Dimitri.
También se realizan otros tipos de limpieza corporal, como la exfoliación con una mezcla natural de miel, sal, bicarbonato de sodio, harina de garbanzos y hierbas como lavanda, manzanilla y caléndula.
Una vez completada la vaporización y con la temperatura del cuerpo elevada, se pasa a la etapa del cambio térmico. El siguiente paso invita a sumergirse en una pileta de agua helada con cubos de hielo, lo que permite cerrar completamente los poros.
“Cuando salís de la sauna, tenés que cerrar tu cuerpo. El agua fría lo hace posible; por eso, cada vez que salís del sauna, hay que entrar a la ducha o a la bañera fría, para no enfermarse ni tener molestias”, detalla Dimitri.
Finalmente, tras regular la temperatura, el circuito concluye con un masaje descontracturante para liberar las tensiones y eliminar los nudos musculares.
Sueño cumplido
Económicamente, para Nadi y su esposo Illia era imposible tener un spa en Rusia, y mucho menos después de que comenzó la guerra. Cuando lograron reubicar sus vidas en un nuevo país, con costumbres y una cultura distintas, decidieron enfocarse en el sueño de Nadi.
Su objetivo no es únicamente ofrecer relajación y limpieza, sino también acercar las costumbres y tradiciones rusas a toda la comunidad. Por eso, luego del circuito del spa, está disponible la opción de almorzar o merendar en el restaurante, para también experimentar la gastronomía y las bebidas típicas de Rusia.
El lugar abre sus puertas de martes a domingo, de 12 a 22 horas, con jornadas diferenciadas para hombres y mujeres. Los días destinados a los hombres son martes, jueves, viernes y sábado, mientras que los días exclusivos para mujeres son miércoles y domingo. (@gafarov_spa_argentina)
El spa Gafarov (@gafarov_spa_argentina en Instagram) funciona en Moreno 354, Ciudad de Buenos Aires, donde los visitantes pueden disfrutar de una experiencia completa que combina bienestar, tradición y cultura rusa.
Fuente: TN