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Nicolás Maduro y una decisión que podría ser la última

El dictador venezolano está cercado. El escaso margen de maniobra y la decisión de sus socios estratégicos

Nicolás Maduro agota el ámbito de lo posible. Como Sísifo, una y otra vez carga la misma roca con la esperanza de que algo varíe en su ya marcado porvenir. Sin embargo, la pesada piedra vuelve a precipitarse una y otra vez. Y las artes que le proporcionaron bocanadas de oxígeno extra hasta hoy llegan indefectiblemente a su final.

El dictador venezolano decidió tomar un camino que parece no contar con una salida. Está solo, acorralado y cada vez más aislado. Los únicos que le susurran a su oído lo que debe hacer -los jerarcas cubanos- le insisten en que mantenga la guardia alta, que no se deje intimidar y que continúe con su énfasis de permanecer en el poder más allá de todo. Que gane tiempo, le suplican. Tiempo que La Habana también haría propio.

Pero aquellos que estaban convencidos -de buena fe o por conveniencia- en que los diálogos con la oposición en Oslo y Barbados podrían redundar en un amanecer democrático para Venezuela experimentan hoy diferentes emociones ante el abrupto desenlace. Algunos se sienten estafados. Otros ridículos. Algunos avergonzados. Los menos, defraudados. ¿Resultaron a fin de cuentas útiles a los planes del Palacio de Miraflores para lograr perdurar en el poder? Pecados, quizás, involuntarios… o inconfesables los llevaron a apoyar aquella enclenque mesa.

Lo cierto es que Maduro, ofendido porque la mayoría de los países lo considera un paria, decidió golpear la negociación en la minúscula isla caribeña y abandonar la posibilidad de construir una ruta hacia elecciones libres. Prescindiendo de su candidatura, desde luego.

El patrón de Caracas ensayó indignación. Se retiró de las conversaciones, según palabras propias de su gobierno, “en razón de la grave y brutal agresión perpetrada de manera continuada y artera por parte de la administración (Donald) Trump contra Venezuela, que incluye el bloqueo ilegal de nuestras actividades económicas, comerciales y financieras”.

Hacía referencia al embargo que la Casa Blanca decidió trabar contra los oscuros negociados que la dictadura mantiene con sus socios. Fue un golpe devastador e inesperado. No sólo para la sede gubernamental, sino además para sus principales camaradas –Rusia, China- quienes están más inquietos por las posibles implicancias que dicha medida podría tener para sus operaciones en todo el mundo.

Cualquier empresa -estatal o privada- que rubrique contratos con el régimen podría ser sujeto de sanciones por parte de la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos. El efecto dominó que podría desencadenarse sería interminable: alcanzaría incluso a compañías que ni siquiera piensan en pisar tierra venezolana pero que sí mantienen lazos con las firmas amonestadas por su amistad con Maduro y su círculo. Nadie quiere figurar en una lista negra norteamericana. En este caso: los amigos de tus amigos son mis enemigos.

El pasado jueves, el dictador insufló con palabras cargadas de belicosidad su discurso: “¿Quieren batalla? ¡Vamos a la batalla! Estamos listos. La furia bolivariana está lista para la batalla”, gritó. No es más que otro alarido de endurecimiento de las prácticas que ya puso de manifiesto el “informe Bachelet” y que ruborizó a sus más cercanos defensores del continente.

El Tribunal Supremo bolivariano hizo lo propio y cumplió con su esperado papel, de obediencia a la centralidad. Encabezado por el particular Maikel Moreno -ex espía y guardaespaldas– también alertó a la oposición. “La Justicia venezolana estará atenta a castigar con severidad cualquier intento de apoyar a sectores que tengan como propósito limitar las necesidades básicas de nuestro pueblo”, señaló por medio de un comunicado el jurista de lealtad en evaluación.

Incluso se nombró a un “cazador de traidores”: Diosdado Cabello, quien comanda la máquina represiva y los resortes de la inteligencia, será el encargado de perseguir a aquellos que su paladar le indique que son “traidores a la patria”. Vulnerará cualquier derecho. Como hasta ahora.

En tanto, sobre la limítrofe Táchira, Venezuela despliega soldados. Lo hace, de acuerdo a su plan público, para combatir el “delito transfronterizo”. Los crímenes y el tráfico existen. Pero no son nuevos. El Ejército de Liberación Nacional (ELN) trabaja desde hace tiempo con los colectivos parapoliciales. Los instruyen en armamento y en narcotráfico. Siempre fue con la bendición y el aliento de la cúpula venezolana y a espaldas de Bogotá.

El de Maduro es un proyecto muy riesgoso. A pocos metros del Puente Internacional de Tienditas –famoso por el bloqueo del régimen a la ayuda humanitaria del pasado 24 de febrero– está la colombiana Cúcuta. Allí sobreviven miles de venezolanos que escapan del hambre y la represión. ¿Qué tipo de provocación estimula el usurpador caraqueño? ¿Hasta dónde empujará su incursión militar? El presidente Iván Duque está atento.

Quien permanece vigilado en un rincón es el generalísimo y ministro del Poder Popular para la Defensa, Vladimir Padrino López. Muchos veían en él la posibilidad de un escape de la autocracia. Lo siguen haciendo y confían en que sus subordinados lo seguirían en una misión contra Miraflores aunque su margen de acción está cada vez más acotado.

Pero el mandatario quizás deba evaluar sus pasiones. Su esposa Cilia Flores -histórica dirigente de intachable pedigrí chavista- le recomienda lo contrario a los susurradores castristas. Le ruega que acepte la vía de una salida negociada y unas largas vacaciones all inclusive en República Dominicana. En la isla tiene dónde residir. El pack turístico incluiría no ser molestado por la justicia. Ni el matrimonio ni su descendencia. El dictador cavila sobre el asunto cuando no concilia el descanso.

Sus aliados, en tanto, se mantienen firmes junto a los negocios. Buscan asegurarse que ningún cambio de gobierno pueda impactar sobre sus operaciones. Rusia ya conversa con la oposición de forma fluida. China, de igual manera. Ambas potencias imaginan un escenario sin Maduro, pero con ellos hurgando en las entrañas del suelo venezolano aún en una arena democrática. Resultan flexibles dependiendo de los intereses en juego.

Prefieren, desde luego, alguien con quien hablar el mismo idioma. Sin intérpretes. El ideal sería un miembro pleno de la oligarquía chavista: Héctor Rodríguez, gobernador del estado de Miranda y de pureza indiscutible. Los socios creen que el joven dirigente sería alguien comprensible con sus pedidos. Accesible a sus necesidades y a quien no habría que enumerarle detalles del funcionamiento de la sociedad.

Twitter: @TotiPI

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Chile: desapareció avión militar con 38 personas, Fuerza Aérea lo declara siniestrado

Despegó a las 16.55 rumbo a la Antártida y una hora después perdió contacto con la torre de control.

La Fuerza Aérea de Chile (FACh) declaró el martes siniestrado un avión con 38 personas a bordo desaparecido en la víspera y que se dirigía a una base en la Antártida.

La aeronave Hércules C130 despegó el lunes a las 16.55 hora local (1955 GMT) desde la ciudad austral de Punta Arenas y perdió contacto poco después de las 18 horas.

La FACh dijo que continúan “las labores de búsqueda en el sector donde se perdió la comunicación con la aeronave, a fin de rescatar a posibles sobrevivientes”.

Además detalló que estaba tomando contacto con las familias de los 17 tripulantes y 21 pasajeros de la nave para informarles de la “lamentable situación”.

A bordo del vuelo de más de dos horas hasta la base en la isla Rey Jorge en la Antártida viajaba personal de reemplazo de la Fuerza Aérea, trabajadores de una empresa privada y un investigador. La FACh hizo público posteriormente el listado de pasajeros, en su mayoría integrantes de la institución.

El presidente Sebastián Piñera dijo en su cuenta de Twitter que estaba consternado con el incidente, mientras que el ministro de Defensa, Alberto Espina, estaba viajando a la región para monitorear las labores de salvamento.

La institución había declarado el lunes estado de alerta por la pérdida de las comunicaciones y se activó un equipo multidisciplinario de búsqueda y salvamento.

La aeronave tenía tareas de apoyo logístico para mantenimiento de la base y otras instalaciones chilenas en la Antártida.

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Al final, Bolsonaro manda a su vicepresidente a la asunción de Fernández

Hamilton Mourao confirmó que viajará a Buenos Aires para la ceremonia de traspaso de mando. El presidente brasileño había condicionado la representación de su gobierno a “la lista de invitados”.

El vicepresidente de Brasil, el general retirado Hamilton Mourao, anunció este lunes al canal Globonews que mañana participará en Buenos Aires de la ceremonia de asunción de Alberto Fernández como jefe del Estado argentino, luego de una serie de idas y vueltas sobre la forma en la que sería representado el mandatario Jair Bolsonaro.

Desde el retorno de la democracia en ambos países, la representación brasilera había dicho presente en los casos de las asunciones de Carlos Menem, Fernando De la Rúa, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri.

Pero esta vez, la relación entre el gobierno entrante con las autoridades brasileñas no es la mejor y, tras varios cruces a través de la prensa, hasta hace unas horas la participación de autoridades cariocas estaba en duda.

Los contrapuntos entre las partes comenzaron una vez concretadas las elecciones primarias del 11 de agosto, cuando Bolsonaro consideró que los argentinos se “habían equivocado” en su apoyo al por entonces candidato del frente De Todos.

Esta escalada retórica sumó una “moción de repudio” impulsada por Luiz Philippe de Orléans y Bragança, del partido gobernante (Social Liberal), quien resaltó que Fernández “le faltó el respeto a las decisiones de las instituciones judiciales del Estado brasileño”.

El viaje de Mourao quizá sirva para descomprimir la tensión entre el nuevo gobierno argentino y Bolsonaro, vínculo que, a juzgar por los antecedentes, se espera sea una relación necesaria, pero por demás compleja.

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Las protestas en Colombia profundizan la brecha entre Iván Duque y los jóvenes

El movimiento estudiantil es uno de los que lidera las protestas contra el mandatario colombiano. La crisis de popularidad de presidente crece día a día con las marchas en las calles.

En medio de la oleada de protestas que ya cumplen más de dos semanas en Colombia, Iván Duque perdió decididamente el apoyo de los jóvenes, protagonistas de las movilizaciones.

La imagen de Duque sufrió un pronunciado deterioro. En el más reciente estudio, el 70 por ciento de los encuestados desaprueba su gestión, el punto más bajo en el año y medio que lleva en el poder. Ese declive va paralelo al de su mentor político, el expresidente Álvaro Uribe, quien después de mantener durante largos años niveles imbatibles de popularidad ahora tiene una imagen desfavorable del 66 por ciento. El desgaste es todavía más pronunciado entre las franjas más jóvenes de la población. Y en el marco de las movilizaciones, convocadas en un primer momento por las centrales obreras, las posturas frente a la protesta social también han evidenciado una brecha generacional.

Protestas en Colombia, REUTERS

El 70 por ciento de las personas entre 18 y 25 años tiene una imagen positiva del paro nacional, un apoyo que desciende gradualmente al 60 por ciento entre las personas de 26 a 40, y al 53 por ciento en la franja de 41 a 55 años, de acuerdo con un detallado estudio del Centro Nacional de Consultoría (CNC). Casi el 80 por ciento de los menores de 40 años está de acuerdo con que el paro significa esperanza, porque obliga al Gobierno a atender reclamos justos de la sociedad. Y el 65 por ciento de los adultos menores de 25 años afirman que han salido a manifestarse o han querido hacerlo. “El partido de Gobierno está en las antípodas de la calle, y los jóvenes se están expresando en la calle”, dijo Carlos Lemoine, fundador del CNC.

El Ejecutivo intentó en un primer momento poner el foco en los disturbios aislados, dar a las movilizaciones desatadas a partir de la huelga del 21 de noviembre un tratamiento de orden público. Después, aunque aceptó abrir una gran “conversación nacional”, también ha culpado a sectores de oposición. Sin embargo, desde una perspectiva histórica, ha sido una de las movilizaciones más grandes y pacíficas que ha vivido Colombia.

Protestas en Colombia, REUTERS

En las movilizaciones, los estudiantes de las universidades públicas y privadas se encontraron por fin, algo inusual en el país andino, apunta la columnista y escritora Yolanda Reyes, experta en educación y pedagogía. Es una nueva generación de ciudadanos, muchos de ellos son los primeros en sus familias que acceden a la educación superior, a veces con grandes sacrificios.

Por eso perciben a Duque, hijo de un ex ministro, en la otra orilla, como un representante de una generación de privilegios. “El mundo joven va por un lado que no es institucional, no es institucionalizado, no tiene corbata”, agrega Reyes.

El Gobierno puede retratarlos como “los nuevos bárbaros”, una horda sin voz ni ideas, o considerarlos como los ciudadanos que son, incluso los menores de edad, tal como lo contempla la Constitución, advierte. “No tienen nada que perder, no están dispuestos a esperar, y se encuentran con un señor que recita eslóganes. Si miramos un poco más allá, este Gobierno no ha tenido una narrativa que cohesione con un proyecto de país, más bien ha desmontado la narrativa de la paz”.

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