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Llegó a Buenos Aires con $300 en el bolsillo, apostó a la gastronomía y hoy vende 200 mil hamburguesas por mes
Unas 200.000 hamburguesas por mes, casi cinco por minuto. 48 locales abiertos, 10 en obra. Julio Gauna tiene todos los números en la cabeza y no es para menos: en apenas 8 años, levantó la mayor cadena de hamburguesas artesanales del país. Además, ya metió los pies en el exterior, con tres sucursales en Miami, Estados Unidos.
De Mar del Plata a Buenos Aires
Gauna tenía apenas $300 en el bolsillo cuando un día de junio de 2007 se subió a un micro en Mar del Plata para pelearla en Buenos Aires.
“Trabajaba en un locutorio, estudiaba tercer año de contador público y ya me habían robado 30 veces. En una de esas me dejaron en calzoncillos, literal. Llegué llorando a mi casa y le dije a mi papá ‘no quiero más’”, recordó. Entonces, su papá le dio $50 para el pasaje de micro y Gauna soltó las amarras.
En CABA, trabajó de camarero en un hotel, luego en un restaurante, hasta que entró a trabajar relación de dependencia, donde se quedó 10 años. Un divorcio y la imposibilidad de ascender por no tener un título universitario lo llevaron a renunciar.
Del primer local en Boedo a la conquista del mundo
Con $500.000 que obtuvo de un acuerdo con la empresa y la ayuda de tres excompañeros -ahora socios-, decidió reinventarse y poner una hamburguesería. “‘¿Qué sabes vos de gastronomía?“, le preguntaron Fernando Rodríguez, Daniel Ogando y Lucas Viera. ”Trabajé de bachero en Mar de Plata”, les contestó Gauna. Aun así le dieron plata y entre los cuatro logró juntar un millón de pesos.
Con la ayuda de su papá, un militar retirado, Julio armó el primer local en el barrio de Boedo, en Castro Barros e Independencia. “Estuvimos trabajando 16, 17 horas diarias durante 3 meses. Todo, menos las televisiones, está armado por mí”, sostuvo con orgullo.
El nombre de local -El desembarco- no fue elegido al azar. Todo alude a los barcos, el entorno en el que se crio Julio en la Base Naval de Punta Alta: “Toda mi vida estuve relacionada con la Armada. Nuestras hamburguesas se llaman San Antonio, General Belgrano, Santísima Trinidad... que son todos barcos de la Armada Argentina”.
Gracias a una convocatoria en Facebook, el día de la apertura, en junio de 2017, había dos cuadras de cola. “Un éxito rotundo”, pensó Gauna. Menos de un año después, “estaba fundido”, a punto de rematar el local.
“Eso fue el menospreciar la gastronomía, no saber lo que es la constancia. Trabajaba muchísimas horas, pero no sabía de procesos, procedimientos... la verdadera historia del argentino que trabaja, vende y piensa que la plata que está en la caja es de él”, sostuvo.
Con la ayuda de Tomás Calvagna, creador del “Club del Bajón”, Gauna se sumergió en el mundo de Instagram y comenzó a “darle importancia al marketing de redes”.
Una chef que conocía, Mariela, le ayudó a mejorar la recetas y poner orden en su cocina: le habló de inventarios, costos, rendimientos. Gauna también le apostó fuerte al delivery a través de la empresa Glovo. La comisión era alta, pero le sirvió. ”Para diciembre de 2019, éramos la segunda hamburguesería con más ventas online de la Argentina“, dijo. Julio logró no solo salvar su local, sino que abrió un segundo. Y un tercero. Y así siguió creciendo hasta tener siete hamburgueserías antes de la pandemia.
El Desembarco fue alguna de las empresas que lograron crecer mientras la gente estaba en casa, gracias a las apps y el delivery. Con tantos locales, llegó el momento de estandarizar la producción para poder mantener la calidad del producto. “Yo no uso conservantes, no uso aditivos, no congelo. Porque si vos congelás la carne se cristaliza y se pierden los jugos, se deshidrata. Todo lo hacemos a diario”, explicó Gauna.
El menú ofrece unas 20 variedades de hamburguesas, además de milanesas, sándwiches, hot dogs, propuestas veganas y gluten free y una selección de cervezas artesanales.
Al contar ya con un centro de producción y camiones propios, Gauna pensó en abrir franquicias, primero con conocidos, luego con inversores que ponen entre US$60.000 y US$80.000 para tener un local.
“De la noche a la mañana tenía 18 locales, pero no sabíamos cómo manejarlos”, reconoció. Entonces sumaron a un gerente reclutado en una de las mayores cadenas mundiales de hamburguesas. “Hicimos manuales, mejoramos procesos...”, y siguió creciendo.
Gracias a las franquicias, El Desembarco ya está presente en siete provincias, pero Gauna espera estar en 10 cuando termine el año. Entre sus próximos desembarcos, estarán Chubut, Jujuy y Chaco.
“Queremos llevar nuestra experiencia a cada rincón de Argentina”, afirmó Gauna, que también logró el desafío de poner pie en Estados Unidos, con tres locales en Miami, donde marcó la diferencia con su “producto artesanal y con carne 100% argentina”.
¿La diferencia fundamental entre los locales pensados para los estadounidenses y los argentinos? “16 televisores”, respondió entre risas el extrabajador de la empresa de cable.
“Vimos que lo que al americano le gusta es estar sentado en la barra con un deporte de pesca o de fútbol, de hockey, de básquet y funciona así. Entonces, música americana, buena atención y ya está, porque el producto es muy bueno. Ya vendemos 5000 hamburguesas por local por mes, es un muy buen número”, dijo, aunque está consciente de que “allá la competencia va a ser agresiva, porque es Estados Unidos”.
El secreto del crecimiento
Gauna no está sorprendido por el rápido crecimiento de la empresa. “Esto es un sueño no soñado”, dijo, pero también el fruto de muchos esfuerzos para un hombre que se define como “muy familiar” y sostiene que “casi se fundó 20 veces”.
“Implica muchas veces llegar a las 2 de la mañana a mi casa, bañarme, acostarme, despertarme a las 5 para inaugurar un local. El año pasado viaje 70 veces en avión. Hasta el 30 de diciembre me fui a Tucumán para charlar una propuesta”, contó.
El secreto del éxito radica así en mucho trabajo. “Vender una franquicia es fácil. Lo difícil es mantenerla. Lo difícil es no cerrar locales. Para eso hay que estar muy detrás. Vendemos una experiencia, que haya mozos para que la gente se sienta y esté atendida”, afirmó.
Para seguir creciendo en un contexto económico adverso, la clave es la atención, sostuvo: “Hoy más que nunca en Argentina, donde el que salía tres o cuatro veces por mes ahora sale una sola, para que nos elija a nosotros tiene que ser una experiencia espectacular”.
Gauna sueña a lo grande, quiere ensanchar el mapa. Ya se puso una meta: 200 locales para 2027. “Mi objetivo es seguir creciendo, quiero tener la mejor hamburguesería, quiero llegar a todos lados, quiero desarrollarme en Estados Unidos, llegar a Europa”.
Fuente: TN
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Ni Brasil ni Uruguay: el destino de la Argentina que es ideal para pasar las fiestas hasta 78% más barato
Los argentinos comienzan a planificar dónde pasarán las Fiestas y crece el interés por celebrar Navidad y Año Nuevo en distintos puntos turísticos.
Las consultas para viajar entre el 23 de diciembre y el 2 de enero están lideradas Mar del Plata, seguido por dos destinos internacionales: Florianópolis y Río de Janeiro, según consignó un reporte de la plataforma Booking.com.
Para estas fechas, las familias prefieren realizar escapadas con un presupuesto más acotado, ya que se acercan las vacaciones que ya fueron planificadas con anticipación.
“Los argentinos se encuentran entre las nacionalidades que menos excusas necesitan para viajar. No esperan a casarse o a atravesar grandes hitos en sus vidas para preparar la valija: viajan simplemente por el placer que les genera. Y las celebraciones de Navidad y Año Nuevo representan un momento ideal para hacerlo”, destacó Jimena Gutiérrez, gerente general de Booking.com para Argentina, en diálogo con TN.
Así, quienes decidan pasar Navidad o Año Nuevo lejos de casa requerirán de al menos $676.156 o US$467,93 para un paquete de viaje.
Verano 2026: cuánto cuesta pasar las Fiestas en las playas de Brasil y Uruguay
TN realizó un relevamiento entre las principales páginas de reservas y aerolíneas para celebrar fin de año en las playas brasileñas y uruguayas. El período de referencia para la búsqueda fue 29 de diciembre al 2 de enero.
El sondeo incluye paquetes en avión o en ferry (ida y vuelta) sumado a los precios de los alojamientos cuatro estrellas, todo por cinco días:
- Para volar y alojarse en Río de Janeiro, se requieren $2.101.424 por persona para ese lapso. Pero, el valor es menor cuando viaja una familia (dos adultos y dos menores): $2.022.854 cada pasajero.
- Hay dos opciones para ir a Punta del Este. Si una pareja opta por un paquete de viaje en avión, tendrá que desembolsar $2.500.375 por persona. Mientras ir en buque el valor desciende 82,17% y sale $1.372.497. Para cuatro personas, el valor en ferry eléctrico totaliza en $843.201.
- En Florianópolis, los paquetes inician desde los $1.339.063 e incluyen alojamiento en hotel cuatro estrellas, traslado y desayuno.
De Pinamar a Bariloche: cuáles son los precios para viajar en las Fiestas
En el relevamiento, TN analizó los precios para pasar Año Nuevo en los principales destinos turísticos del país y observó que San Carlos de Bariloche es más accesible que viajar a Brasil entre el 29 de diciembre y 2 de enero.
Las plataformas ofrecen paquetes por persona por $1.174.969 para dos adultos y $1.027.790 para una familia tipo.
Así, despedir el año en el sur argentino puede llegar a ser hasta 78% más barato que en las playas de Brasil. No obstante, esta situación se revierte si se planifican vacaciones en la primera quincena de enero.
Otra de las opciones para comenzar 2026 fuera de la gran ciudad es Pinamar. Se ofrecen paquetes desde $777.587 para una familia compuesta por dos menores y dos adultos. Si cada uno se arma su viaje, tendrá que destinar desde $48.800 en pasajes de micro y $423.385 para el alojamiento.
Pero, el destino favorito para pasar las Fiestas es Mar del Plata. Se deben destinar $676.156 por persona. Ese monto contempla pasajes en avión ida y vuelta, alojamiento y desayuno incluido.
En micro, desde la terminal de Retiro, el ticket cuesta $54.800 y un alquiler en un departamento para cuatro personas se ofrece a $514.254. De esta manera, una familia requerirá de $952.654 para estar en estas Fiestas en La Feliz.
Fuente: TN
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El “profectivero”: la historia del chofer que convirtió un colectivo de la línea 45 en una pista de baile
Sobre la vereda del playón en Lanús, antes de subirse al colectivo de la línea 45, Daniel Arias ya se mueve con ritmo. Es imposible que no lo haga: es bailarín desde los 10 años, profesor de danza urbana, coreógrafo y, desde hace casi una década, colectivero. En redes lo conocen como el profectivero, un híbrido que él mismo inventó para no tener que elegir entre dos mundos que le cambiaron la vida.
“Me encanta bailar y poder hacerlo mientras trabajo en el colectivo fue una idea loca, pero funcionó”, cuenta entre risas. Esa “idea loca” hoy lo tiene viralizado: miles de usuarios lo siguen por sus videos bailando en la terminal, improvisando pasos con el uniforme puesto o ensayando coreografías en sus ratos libres.
Daniel nació artísticamente a los 10 años, cuando descubrió el hip-hop por primera vez a través de un grupo de amigos.
“Después me anoté en una academia y aprendí de todo: popping, afro, reggaetón, dancehall. Hoy doy clases de urbano y mezclo un montón de estilos”, explica a TN.
Su vida fue siempre el baile, pero la calle —y las infinitas complicaciones de su viaje diario hasta el microcentro porteño— lo empujaron hacia otro camino: manejar un colectivo.
“Yo trabajaba en sistemas y me tomaba siempre el 45. Llegaba tarde por los piquetes, por el tránsito, por la inseguridad. Y un día miré al chofer y dije: ‘¿Y si pruebo acá?’”, recuerda. Averiguó, se presentó en la oficina de la línea y quedó. Lo que no imaginaba era que ese trabajo, que para muchos es monótono y pesado, se convertiría en otro escenario para moverse.
La rutina de Daniel es un torbellino: “Me levanto temprano, vengo a trabajar, estoy ocho horas sentado, grabo coreos, después vuelvo a casa, como algo y salgo otra vez para ir a dar clases. Y cuando termino, edito los videos… no paro”, cuenta. El baile no es un pasatiempo: es su cable a tierra, su forma de resetear el cuerpo después de horas de manejo.
A diferencia de lo que muchos creen, no baila mientras maneja ni en los semáforos. Las coreografías que se viralizan las graba en sus tiempos de descanso, cuando frena en el playón o cuando termina un turno.
“En los descansos me pongo a bailar. A veces mis compañeros me dicen: ‘Dani, descansá’, pero no puedo. Necesito preparar las coreos del día”, explica entre risas.
Para él, el baile es una extensión natural de su trabajo como chofer: un ejercicio para aflojar tensiones y mantener la motivación. “La calle es jodida, hay que tener paciencia, estar concentrado. Bailar me ayuda a mantenerme bien, a trabajar con buena energía”, reconoce.
Asegura que todo lo que hace lo hace con respeto, y en esto aparece un costado que él mismo quiere aclarar: la relación con sus jefes.
“Estoy muy agradecido con los jefes de la línea. Siempre me tratan con respeto y yo también a ellos. Pido permiso para grabar, no me mando solo, y siempre trabajo bien”, subraya. Cuenta que jamás mezclaría el baile con situaciones que pongan en riesgo su responsabilidad como conductor: “Sé que llevo gente y esa es una responsabilidad enorme. Eso va primero siempre”.
Y entre todo, un orgullo particular: “Tengo el colectivo más limpio de la 45”, dice sonriendo, como quien sabe que el detalle, aunque parezca mínimo, habla de quién es. Para Daniel, mantener el bondi impecable es otra forma de respetar su trabajo, a sus pasajeros y a sus superiores.
En redes lo siguen miles, pero quienes más lo empujan son sus estudiantes: “Mis alumnos me aman, me apoyan siempre. Quieren verme en la tele y que llegue a ser bailarín de María Becerra, de Lali o de Tini“, cuenta orgulloso.
Sus compañeros colectiveros, en cambio, todavía están procesando al fenómeno. Y aunque la mayoría lo banca, no todo es fácil. “Es un ambiente machista. Una vez estaba bailando reggaetón en el descanso y un chofer grande me dijo: ‘Che, fijate si está bien hacer eso acá, esto es un trabajo serio’“.
“Hay prejuicios. Dicen que los bailarines hombres son homosexuales, que está mal mostrar el cuerpo o bailar así”, cuenta. Pero él no negocia lo que lo hace feliz: “Si te enfocás en lo que dicen los demás, les das de comer. Yo me enfoco en mí, en ser feliz y en dejar huella”.
En cámara, Daniel se acomoda, respira hondo y lanza un mensaje que mezcla humor y deseo puro: “María, Tini, Lali… las estoy buscando. Quiero bailar con ustedes, quiero estar en un show. Quiero demostrar que un chofer de colectivo puede llegar muy lejos”.
Su sueño grande es tener algún día su propio estudio de danza. “Quiero que otros puedan desarrollar su talento sin prejuicios“, dice.
La nota termina con un juego casi obvio: ¿qué prefiere, un colectivo explotado o un estadio repleto? Pero la respuesta lo potencia: ¡Los dos públicos, porque aunque los contextos son diferentes yo disfruto siempre a la gente“.
El profectivero sube al colectivo, ajusta el espejito, enciende el motor. Y ahí, antes de arrancar, mueve los hombros como si un beat musical estuviera por empezar. En realidad, ya empezó: lo lleva adentro.
Fuente: TN
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Del escritorio de Borges a una gran sala de lectura: así es la renovada Biblioteca Nacional de la calle México
Por increíble que parezca, con su magnificencia, es una joya oculta en la ciudad. Así como los turistas de la antigua Roma se topan, al doblar una esquina, con el imponente Panteón, los distraídos paseantes de la Manzana de las Luces, frontera con San Telmo, se asombran al mirar hacia arriba y encontrarse con este palacio neoclásico. Salvando las distancias, pero no tanto: la ex Biblioteca Nacional, sobre la calle México, parece haber sido redescubierta en los últimos días por influencers y opinadores. Asombrados por su grandilocuencia, claman en redes sociales por mecenas, privados o lo que pueda llevarla de regreso a su esplendor original.
La Biblioteca Nacional fue creada en 1810 por el primer gobierno patrio, en 1901 se instaló en este edificio diseñado por el arquitecto italiano Carlos Morra. Había sido proyectado como sede de la Lotería Nacional, pero fue la gestión de uno de sus más famosos directores, Paul Groussac, la que logró que se convirtiera en casa de la lectura.
Como institución cultural más antigua del país, vivió en esta sede su época de oro. La que se percibe apenas se asoma uno a su gran sala de lectura, y siente que está en Hogwarts, en un decorado de película o de la imaginación. “Esta era la mejor sala de lectura del país, una ciudad de libros" —dice a TN Laura Rosato, codirectora de lo que hoy se llama Centro de Estudios Jorge Luis Borges, junto a Germán Álvarez—. “Una sala rodeada por estas bibliotecas con un sistema de escaleras para llegar a los tomos más alejados. Una belleza que además se relaciona con la historia de la biblioteca: para que el edificio la albergara, y en una tradición muy decimonónica, Morra suma la ornamentación con su historia institucional inscripta en la arquitectura”.
La mirada quiere perderse por todos los rincones. Pero hay que enfocar hacia arriba. A la enorme cúpula en la que sobresalen una suerte de monedas doradas en las que están inscriptos los nombres de todos los directores, desde la fundación de la Biblioteca Pública de Buenos Aires hasta Groussac. Luego, los escudos, el de la Ciudad de Buenos Aires y el de la Nación. Y los años de las inauguraciones.
Más abajo, en los capiteles, las materias del catálogo metódico que fue la primera organización: ciencias, letras, historia y derecho. Pero hay otro objeto increíble en esa sala tesoro, y es el reloj patrón. Tenía un sistema de relojería monumental francés que hizo instalar Groussac por el cual controlaba todos los relojes de la biblioteca. “Si te fijás, tiene una campanita”, indica Rosato. “Esa campanita sonaba a las 18:00 y les avisaba a los lectores que finalizaba el día de lectura, para que fueran cerrando”.
“La colección se inaugura en el mismo momento que el edificio”, cuenta Laura. “Era como uno se imagina, o al menos se imaginaba, las bibliotecas. No sé qué le pasa ahora a un lector joven, pero yo creo que un lector que va a una sala de lectura moderna un poco se desilusiona porque no hay libros”.
Por supuesto que la cúpula cierra con un gran vitral que ahora está almacenado para su conservación. “Es un vitral espectacular, barcelonés, con el cielo del Cono Sur, un cielo estrellado. Los restauradores de la Secretaría de Cultura hicieron la guarda como guarda de restauración”.
Claro, el otro director más famoso que Groussac fue Jorge Luis Borges. El autor de El Aleph ocupó en increíble escritorio circular del primer piso durante dieciocho años, entre 1955 y 1973. Ya estaba ciego cuando asumió el cargo, y fue desde ahí que trabajó, repasó y pulió su propia obra. Otra de las grandes razones por las que este lugar mágico, salvado del abandono y a la espera de vientos favorables que le permitan recuperar su esplendor original, tiene el potencial de convertirse en un centro de interés cultural y turístico a escala global.
Desde que la sede se mudó al edificio brutalista diseñado por Clorindo Testa sobre la calle Agüero, en 1992, este palacio de México 564 ha sido sede de diversos organismos y hoy alberga a cuerpos de danza y música. Vale la pena invitar a sumarse a las visitas guiadas, que agotan cupos todas las semanas. Deberán coordinar una visita guiada enviando un correo a centro.jlborges@bn.gob.ar.
Como está en proceso de refacción, las visitas no son aptas por ahora para personas con movilidad reducida. Tampoco es posible ver su mítico ascensor, uno de los primeros que tuvo la Ciudad de Buenos Aires, detenido por el tiempo. Pero sí se puede entrar a su magnífico hall con columnas de mármol, en el que se guarda bajo una vitrina la placa de bronce que debía colgar de su fachada, bellamente restaurada, para evitar que lo roben.
Se puede subir por la majestuosa escalinata que lleva al primer piso, donde están las oficinas del que hoy es centro de estudios borgeanos. Ahí está el despacho semicircular, la chimenea y la sala en la que Borges cumplía con su célebre cargo. Ahí está parte de la más rica historia cultural del país, custodiada por entusiastas eruditos, listos para transmitirla a quien quiera acercarse.
Fuente: TN