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Inés de los Santos, la bartender que sobrevivió a un accidente y abrió uno de los mejores bares del planeta
Inés de los Santos tenía 15 años cuando una noche de octubre, al cruzar la 9 de Julio, un auto le impactó de lleno. Voló 30 metros y durante unos instantes, al ver el Obelisco desde el piso, pensó que iba a morir. Pero no, terminó con muchas contusiones, una fractura expuesta de una pierna, una rodilla destrozada y seis meses en cama. El accidente marcó un antes y un después en su vida. “La mayor enseñanza que me dio fue que los seres humanos somos frágiles y todo puede cambiar en un segundo. Y que hay dos maneras de vivir los momentos difíciles, mal o bien”, le dijo a TN. También le dio ganas de vivir la vida con intensidad.
Desde aquel día pasaron ya 33 años, Inés se convirtió en una de las principales bartenders y empresarias gastronómicas del país. Uno de sus bares, CoChinChina, obtuvo el 22° lugar en el ranking de 50 Best Bars. Hace poco abrió un local en la Costanera y otro en Brasil. También acaba de ponerle su firma a un vermouth rosso hecho en Patagonia. La vida le sonríe e Inés se lo devuelve, con su inconfundible y gigante sonrisa de oreja a oreja.
30 años detrás de las barras
Junto a Mona Gallosi, Inés es una de las primeras bartenders argentinas y una de las figuras que renovó la coctelería nacional junto a sus colegas y amigos Tato Giovannoni y Pablo Piñata. Hija de una psicóloga feminista, no dudo en meterse en un mundo que en ese entonces -principios de los 90- parecía reservado a los hombres. Un trabajo duro, físico, con horarios terribles, y por el que tuvo que pagar derecho de piso y trabajar 10 veces más que lso varones para ganar lo mismo.
Tras un breve touch and go por EE.UU., Inés empezó a trabajar en lugares como Mundo Bizarro, y el Gran Bar Danzon, del que fue jefa de barra. También gerenció Casa Cruz en momentos en que el chef era Germán Martitegui. Es autora de libros de coctelería, figura de la TV, se dedica a la consultoría en bares y restaurantes y creó Julep, un servicio de catering de coctelería. Prueba de su impacto en la coctelería mundial, la revista especializada Drinks International la consideró una de las 100 figuras más influyentes de la industria.
Cochinchina, el bar de insipración franco vietnamita que se ubicó entre los mejores del mundo
En 2021 -y plena pandemia- Inés decidió abrir en Palermo CoChinChina, un bar que ya al año siguiente entraba en el ranking de los 50 mejores bares con el 42° lugar, para seguir trepando hasta el 22° en 2024. Se inspiró en la cultura franco-vietnamita y la nostalgia de los viajes en un momento en que el mundo estaba paralizado.
“Me di cuenta de que había algo, que no estábamos teniendo, que era la posibilidad de viajar, de tener ese efecto de asombro, esa alegría. Entonces ahí planteé que lo que teníamos que hacer era un viaje y empezamos a pensar a dónde viajaría y se me dio la idea de juntar Francia con Vietnam”, comentó De los Santos a TN.
El proyecto era enorme y se dio “de manera muy accidentada porque obviamente la gente se enfermaba”, pero la pandemia también les dio la posibilidad de experimentar, de pensar a fondo cada detalle y “hacer algo que quizás en el rush de hoy en día no se podría”.
“Hubo demasiada gente talentosa que pudo darle el tiempo y el pensar y el hacer este en un momento en donde estaba ese tiempo”, sostuvo y tomó como ejemplo la barra del bar, de 14 metros de largo, hecha con una técnica vietnamita que mezcla resina con cáscara de huevo. “Se usaron 3500 huevos para la realización de toda la tapa de la barra”, contó Inés, entre otras locuras que hicieron una puesta en escena única que mezcla lo europeo con lo asiático.
Una entrada camuflada y una pequeña esclaera llevan a CoChinChina Arriba, un pequeño restaurante ubicado en el primer piso que ofrece platos a la carta y un menú de cinco pasos imaginado por el chef Juan Carlino y maridados con cócteles de Inés.
La distinción de 50 Best Bars, De los Santos la recibió con “mucha alegría y mucho orgullo por todo el equipo que trabaja ahí”. “La felicidad es total, por otro lado también es una responsabilidad, tenemos que estar a la altura de este reconocimiento tratar de seguir mejorando. Es el camino. En gastronomía nunca esttá todo hecho, todo perfecto”.
Pero Cochinchina no es el único proyecto de la bartender y empresaria gastronómica. Junto a su amiga Narda Lepes tiene Kona Korner -recomendado por la guía Michelin- y recientemente abrió el bar, restaurante y discoteca Costa 7070 en Costanera Norte junto al chef Pedro Bargero y el bar Kotchi, en San Pablo, Brasil.
“Narda había armado ese local y me llamó para verlo, y me dijo que quería que arme el bar. Le dije que Japón es uno de los pocos países que tienen una identidad de coctelería pero logró convencerme y me subí a su proyecto. Costa 7070 lo armamos con mi socio. Era tan grande y como teníamos habilitación de discoteca, hicimos un bar, restaurante y boliche. Pensamos en Ibiza, las grandes dicscos de allá, las paella,s las tapas y la sangría, los pescados de mar y de río. Lo llamé a Pedro y le pregunte ‘estoy armando un lugar de 1500 metros cuadrados, ¿te animás’ Me dijo que sí y así fuimos con todo”.
Hace poco, Inés de los Santos lanzó un vermouth patagónico, Cantieri Navali, que creó junto al viticultor Felipe José Menendez. Es elaborado a base de un vino de blend de uvas blancas provenientes del Alto Valle de Rio Negro y botánicos de la patagonia y les llevó dos años de desarrollo para lograr el equilibrio perfecto de sabores y aromas. Hay un bianco, firmado por Menéndez, donde destacan la jarilla, la menta, el tomillo silvestre y el limón y un rosso, a cargo de De Los Santos, con notas de ajenjo, cardamomo y anís estrellado.
-TN: ¿Cómo nació el proyecto del vermouth?
-Con Felipe nos conocemos de hace mucho y un día le le dije “¿Y si hacemos un vermouth?”. “Si hacemos un vermouth, que sea de la Patagonia”, me contestó. Ahí empezamos a pensar cuál sería el estilo. Nos fuimos a Valle Azul, a su bodega, yo llevé muchas botellas de vermouth y armé una cata a ciegas para entender un poco qué es lo que queríamos hacer y ahí surgió la idea de hacer un vermouth patagónico pero más de estilo Torino, más tipo italiano. Y cuando empezamos a pensar en el en los perfiles de la Patagonia, nos surgió la idea de hacer uno más inspirado en la Patagonia de estepa, de desierto y otro más inspirado en la Patagonia más húmeda, de montaña.
-TN: ¿Qué diferencia hay entre desarrollar una bebida y un trago?
-Una cosa es perpetua y la otra cosa es más efímera, es aquí y ahora. Desarrollar una bebida implica pensar en algo que perdura en el tiempo, en la historia, pensar en qué haría que se siga consumiendo, en la vida cotidiana de las personas. Es otra búsqueda, implica otro tipo de preguntas. Cuando yo trabajo en en la búsqueda de sabores, de aromas y sensaciones en la boca para mí lo que tiene que premiar es que sea algo rico. En la coctelería como en el mundo de las bebidas, sin duda que ese es el camino, más allá de lo conceptual, de lo trendy. Se trata de buscar sabores distintos y que gusten.
-TN: ¿Cómo hacés para encarar todos estos proyectos a la vez?
-Es lo que me gusta, me apasiona. Me encanta también más que nada crecer y salir de la zona de confort y tratar de siempre evolucionar y cambiar y transitar otras situaciones. Me encanta trabajar con mi equipo y me encanta que el equipo crezca conmigo. Hay muchas cabezas pensando en estos proyectos.
-TN ¿Hay una fórmula del éxito? ¿Cómo llegás a poner un lugar en el mapa?
-Es mucho trabajo. Lo más infalible, lo que más funciona, es tratar bien a los clientes y que seas auténtico. Es hacerles sentir parte de la casa, parte de la familia, entenderlos, empatizar. Ver qué es lo que vienen a buscar, escuchar también. Yo creo que eso es lo que realmente hace que haya un boca a boca.
-TN: Ya llevás tres décadas detrás de las barras, ¿qué es lo que te gusta del oficio y de la noche?
-Principalmente el trato con la gente. Toda la parte de hospitalidad, de hacer algo para que la gente disfrute un poco más, pase un buen rato. Tener conversaciones distintas, poder sorprender con lo que uno hace. Ese pequeño mimo, cuidar detalle tras detellae es lo que me sigue apasionando. Creo que lo lindo es caminar por el salón y ver todas las caras nuevas, conocer gente nueva, escuchar gente nueva y ampliar la mirada y poder tener más cosas en común con la gente. Hay todo tipo de personas, todo tipo de sensaciones y gustos. Es muy difícil decir que es lo que está rico, no? Hay tantos paladares y días en las personas y combinaciones.
-TN: Se habla mucho de que la noche porteña termina cada vez más temprano. Lo percibis en tus locales?
-Sí. Lo percibo en mis locales y lo percibo en el mundo. No es solo en Buenos Aires. La gente está trabajando más. También quiere tener vidas más saludables, tener más energía. Se sale más corto, la gente busca acostarse no tan tarde y que no le cueste mucho al otro día.
-TN: ¿Sentís que cambió la relación de los consumidores con la bebida?
-Todo cambio muchísimo en relación con cuando empecé. Y aplica a las bebidas en general, no solo a la coctelería. Aplica para el café, los vinos... La gente busca tomar menos y de mejor calidad. Piensa qué pedir en relación a qué come. Hay un gran crecimiento de los consumidores y por supuesto de los que están detrás de las barras.
-TN: ¿Tenés un trago favorito?
-No tengo uno favorito, pero yo soy más bien de tomar clásicos secos. Todo depende mucho del momento. Me gusta mucho tomar un Dry martini, un Negroni, un Old Fashioned (tiene uno tatuado en el brazo izquierdo, ndlr) o un Manhattan.
Fuente: Infobae
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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA
Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.
En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.
Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.
Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.
Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026
En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:
- Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 y $2.603.556,33.
- Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
- Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.
Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA
De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:
- En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
- En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 y $1.651.798,05.
- No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.
La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto
La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.
Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.
La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; Alimentos y bebidas no alcohólicas; Salud y Transporte.
Fuente: TN
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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba
Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.
El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.
“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.
De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.
“Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.
La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.
Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.
Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.
Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.
Fuente: TN
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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”
La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.
El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.
El comienzo del sueño
Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.
Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.
A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.
No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.
Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.
Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.
Una idea
Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.
Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.
Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.
Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.
Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.
Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.
Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.
El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.
El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.
Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.
Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.
Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.
Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.
La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.
Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.
Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.
El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.
Fuente: TN