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Estudiantes argentinos desarrollaron un auto eléctrico, un perro robot autónomo y un cohete supersónico

Un perro robot que en breve será autónomo, un monoplaza eléctrico diseñado para competir en Fórmula SAE, y un cohete supersónico diseñado para superar los 30.000 pies de altura, son tres proyectos creados por estudiantes argentinos que demuestran cómo la ingeniería del país está a la altura de los últimos desarrollos mundiales.

En el marco del Future Day, el evento anual que organiza el ITBA con el objetivo de dar a conocer los proyectos de mayor impacto ideados y llevados a la realidad en la institución, TN Tecno pudo conocer de primera mano estos desarrollos, conversar con los alumnos y ver en acción los adelantos.

Cada uno de ellos tiene un enfoque diferencial, pero comparten una misma lógica: equipos interdisciplinarios, trabajo extracurricular y prototipos reales que obligan a resolver problemas técnicos concretos: en un caso, el desafío está en transformar un robot básico en una plataforma inteligente capaz de moverse por su cuenta. En otro, convertir un chasis de combustión en un vehículo eléctrico de competición, y en el tercero, en lanzar un cohete de tres metros y 35 kilos en una competencia internacional en Estados Unidos.

El perro robot que tiene el objetivo de moverse solo por las aulas

El llamado Proyecto 26 es un robot con forma de perro con el objetivo de convertir al autómata básico en una plataforma inteligente y autónoma.

El equipo detrás del robot está liderado por Juan Gramaglia, estudiante de Ingeniería del ITBA, y reúne alumnos de electrónica, informática y química. “La idea es transformar este robot que, cuando lo recibimos, no podía hacer nada, no caminaba ni se paraba. Solo tenía la electrónica y motores. Ahora estamos trabajando en montar el software y los sensores para que pase de ser un ‘robot tonto’ a un robot inteligente”, explicó.

El equipo empezó a trabajar hace un mes y medio. En ese tiempo logró que el simpático perro mecánico se desplace con comandos desde una computadora, salude, baile, salte, evite golpearse contra personas y detecte a alguien con la cámara para seguirlo con la mirada.

El próximo paso es darle autonomía. Para eso, los estudiantes están integrando sensores de ultrasonido, láser, cámaras y un sistema LIDAR. La meta es que pueda ubicarse en tiempo real, reconocer obstáculos y desplazarse desde un punto hasta otro sin depender de órdenes manuales.

“El objetivo es que a fin de año el robot pueda moverse de forma autónoma por la facultad buscando objetos”, resumió el joven estudiante sobre la misión del proyecto.

El plan también incluye comandos de voz y modelos de lenguaje para que el robot pueda interactuar con personas. “Nos gustaría implementarle inteligencia artificial para que pueda acercarse a una persona, hablar e incluso interactuar con redes sociales como Twitter”, agregó.

Aunque el prototipo se desarrolla en un entorno académico, la tecnología detrás de estos robots tiene usos industriales. Según explicó el estudiante, se emplean en minería, plantas de petróleo, sitios de explosiones nucleares o aplicaciones militares, donde pueden cargar sensores para detectar fugas de gas, minerales, fallas estructurales o imágenes infrarrojas en zonas peligrosas para humanos.

Un auto eléctrico para competir en Fórmula SAE

Gianluca Catania, estudiante de cuarto año de Ingeniería Mecánica, forma parte del equipo que desarrolla un Formula SAE eléctrico (un tipo de auto de competición estudiantil) para correr en Brasil. El objetivo es representar a la facultad y al país en una competencia internacional donde no gana simplemente el auto más rápido: “No es una carrera común, sino un desafío de ingeniería donde se evalúan aspectos estáticos y dinámicos: diseño, gestión, desempeño, endurance y velocidad. Se intenta premiar la idea de ingeniería más que al piloto”, explicó Catania a TN Tecno.

El grupo recuperó un chasis de una versión a combustión y lo adaptó para convertirlo en un prototipo eléctrico. El trabajo se hizo entre 2024 y 2025 y contó con la participación de unos 15 alumnos de Ingeniería Mecánica y Electrónica.

El monoplaza tiene dos motores de 30 kW cada uno, con sus respectivos inversores para convertir corriente continua en alterna, ya que son motores trifásicos. La transmisión mecánica utiliza un conjunto de piñón y corona para transferir la potencia a las ruedas.

El sistema de baterías está compuesto por cuatro paquetes con ocho celdas cada uno, de litio-hierro-fosfato. También cuenta con un BMS, el sistema que controla y administra las baterías para detectar fallas y proteger las celdas.

Para Catania, una de las claves del proyecto fue salir de los límites de su propia carrera. “Como mecánicos, fue un desafío estar en contacto con la electrónica, algo que tal vez en la carrera no habíamos visto todavía. Tuvimos que aprender e investigar asuntos ajenos a nuestra carrera trabajando con estudiantes de electrónica; ese trabajo interdisciplinario es lo que estuvo bueno”, contó.

El proyecto también sirvió como plataforma para trabajos finales de alumnos de último año, que pudieron validar datos de simulación y suspensión sobre un prototipo real.

Un cohete supersónico hecho por estudiantes

El tercer proyecto apunta al espacio. Se trata de un cohete supersónico diseñado para superar los 30.000 pies (poco más de 9 kilómetros). Según explicó a TN Tecno Martina Parera, estudiante de tercer año de Ingeniería Mecánica, y miembro del equipo de payload, el vehículo mide tres metros de alto, pesa cerca de 35 kilos y tiene una estructura de fibra de carbono manufacturada al 100% por alumnos.

El equipo está integrado por unas 60 personas, distribuidas en áreas como aviónica, estructuras y recuperación. “Es un proyecto estudiantil con varias áreas. La estructura es 100% manufacturada por alumnos en fibra de carbono. La aviónica se encarga de la telemetría y el área de recovery diseña los paracaídas”, detalló Varela.

El cohete utilizará un motor sólido y será ensamblado en Texas, Estados Unidos, adonde el equipo viajará para competir contra universidades de distintos países. La evaluación no se limita al lanzamiento: también cuenta la apertura del sistema de recuperación, el aterrizaje seguro y la recuperación de los datos de vuelo. “La competición consiste en lanzar el cohete, que se abra en determinado momento, que aterrice sin estrellarse y recuperar todos los datos de vuelo de la aviónica”, explicó la estudiante.

Los tres proyectos demuestran que es posible construir y desarrollar tecnología en el país, con estudiantes de distintas carreras y objetivos que exceden la entrega de un trabajo práctico: “El ITBA Future Day acerca la ciencia a los estudiantes desde la experiencia y la curiosidad. Explorar un laboratorio, descubrir proyectos creados por estudiantes y conversar directamente con ellos, así como con docentes e investigadores, permite que el conocimiento se vuelva algo cercano y tangible”, concluyó Fabricio Ballarini, director del Departamento de Ciencias de la Vida del ITBA.

Fuente: TN

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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA

Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.

En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.

Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.

Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.

Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026

En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:

  • Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 $2.603.556,33.
  • Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
  • Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.

Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA

De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:

  • En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
  • En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 $1.651.798,05.
  • No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.

La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto

La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.

Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.

La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustiblesAlimentos y bebidas no alcohólicasSalud Transporte.

Fuente: TN

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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba

Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.

El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.

“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.

De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.

Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.

La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.

Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.

Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.

Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.

Fuente: TN

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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”

La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.

El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.

El comienzo del sueño

Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.

Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.

A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.

No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.

Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.

Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.

Una idea

Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.

Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.

Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.

Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.

Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.

Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.

Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.

El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.

El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.

Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.

Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.

Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.

Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.

La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.

Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.

Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.

El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.

Fuente: TN

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