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España sumó 740 muertos por coronavirus en las últimas 24 horas y ya tiene más decesos que China: 3.434

Además, la cifra de contagiados alcanzó los 47.610, mientras que hay 3.166 pacientes en unidades de cuidados intensivos

España superó este martes a China en cifra de fallecidos por coronavirus, al alcanzar las 3.434 muertes, frente a las 3.281 del país asiático, según cifras del Ministerio de Sanidad español.

Las nuevas muertes por la pandemia en España fueron 738 en las últimas 24 horas, un nuevo máximo diario. La cifra de contagiados alcanzó los 47.610 casos, con un incremento del 20 por ciento respecto a la jornada precedente.

Además, hay 3.166 pacientes en unidades de cuidados intensivos, un 17,4 por ciento más que en el informe difundido este martes.

Después de una semana y media de confinamiento casi total para los españoles que se prorrogará hasta el 11 de abril, el gobierno advirtió repetidamente que esta semana sería “difícil” aunque confía en estar cerca de alcanzar el pico de contagios.

Pese a registrar la cifra más alta de fallecidos en el país desde el comienzo del brote, el ministerio de Sanidad comunicó también un fuerte incremento de los pacientes curados de casi 3.800 a 5.367.

Más de la mitad de los fallecimientos (53%) se concentran en la región de Madrid, la más castigada por la epidemia tanto en decesos como en casos diagnosticados, que registró 290 muertes en las últimas 24 horas.

Sigue Cataluña, con 9.937 diagnosticados y 516 fallecidos.

Ante la saturación del sistema sanitario y funerario, las autoridades regionales instalaron un hospital de campaña en un pabellón de congresos que podrá acoger hasta 5.500 camas y habilitaron una pista de hielo para funcionar como morgue.

El Palacio de Hielo de Madrid que será usado como morgue (EFE/Mariscal)

El Palacio de Hielo de Madrid que será usado como morgue (EFE/Mariscal)

La UE expresa su “solidaridad

“España se encuentra ciertamente en primera línea de fuego. Permítanme presentar mis más sinceras condolencias”, dijo en una carta el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, para quien Madrid actuó “con prontitud y fortaleza”.

Ante la progresión de los contagios, que también alcanzaron a 5.400 trabajadores sanitarios, Madrid busca garantizar el suministro de equipos de protección, en alta demanda a nivel mundial, pidiendo ayuda a la OTAN o en el marco de la UE.

Para evitar la carestía de este material, la Comisión Europea lanzó una licitación conjunta, para 25 países, de equipos de protección, como mascarillas. Las ofertas recibidas sobrepasan las demandas, según Bruselas, que rechaza precisar la cantidad.

Ciudadanos aplauden a los trabajadores de la salud en Barcelona (REUTERS/Nacho Doce)

Ciudadanos aplauden a los trabajadores de la salud en Barcelona (REUTERS/Nacho Doce)

“Los contratos para estos equipos deberán firmarse rápidamente y, en dos semanas, las mascarillas, los guantes, las batas y las gafas de protección estarán en vuestros hospitales”, apuntó la presidenta del ejecutivo comunitario.

Para ayudar a los países a enfrentar el impacto humano y económico del coronavirus, la UE también flexibilizó sus reglas sobre ayudas públicas y su disciplina fiscal, para que los diferentes gobiernos puedan aumentar el gasto público para apoyar a las empresas, trabajadores y sistemas de salud.

Von der Leyen recordó además que España puede optar a “alrededor de 11.000 millones de euros de la Iniciativa de Inversión de Respuesta al Coronavirus”, lanzada por la Comisión con fondos de cohesión, para apoyar la sanidad, las pymes y el empleo.

“No los vamos a defraudar”, lanzó a aquellos que temen perder el trabajo, tras recordar que “España sufrió mucho durante la crisis económica y financiera de 2008”, que se tradujo especialmente en altos niveles de desempleo en el país mediterráneo.

Fuente: Infobae.com

Internacionales

Por primera vez, China no registra muertos por coronavirus

Durante las últimas semanas la cifra oficial de muertos se había mantenido constante por debajo de la decena.

China anunció hoy que no registró ninguna muerte por coronavirus en las últimas 24 horas por primera vez desde que comenzó a publicar estadísticas sobre el virus surgido en el país hace más de cuatro meses.

La Comisión Nacional de Sanidad de China informó que, además de no registrarse nuevas muertes por la Covid-19, la enfermedad causada por el virus, los casos graves de infectados por el coronavirus SARS-CoV-2 se redujeron hasta los 211, la cifra más baja desde enero.

Durante las últimas semanas la cifra oficial de muertos por coronavirus se había mantenido constante por debajo de la decena en China, y la mayoría de los decesos han ocurrido en la cuna de la pandemia, la ciudad central china de Wuhan, de 11 millones de habitantes.

Según la comisión, en la capital de la provincia de Hubei ahora quedan 181 de los mencionados 211 pacientes infectados en estado grave.

Las últimas restricciones a los viajes y movimientos que aún rigen en Wuhan serán levantadas mañana, luego de que se hiciera lo propio en el resto de la provincia de Hubei hace dos semanas tras dos meses de cuarentena total de sus 56 millones de habitantes.

Las autoridades sanitarias chinas indicaron que en las últimas 24 horas se diagnosticaron 32 nuevos casos, todos ellos provenientes del extranjero, frente a los 39 registrados la víspera, todos menos uno “importados”, informó la agencia de noticias EFE.

A pesar de estos nuevos casos, el número total de infectados “activos” en el país asiático continuó descendiendo hasta los 1.242, ya que el número de pacientes dados de alta acostumbra ser mayor que el de nuevos contagios.

De este modo, el número total de infectados diagnosticados en China desde el inicio de la pandemia es de 81.740, entre los que han perecido 3.331 personas y, por el momento, se ha dado de alta a 77.167 personas tras haber superado con éxito la enfermedad.

En cuanto a los infectados asintomáticos, China registró 30 nuevos casos en este último parte, elevando el total de asintomáticos en observación a 1.033.

El pasado 12 de marzo, el gobierno chino declaró que el pico de transmisiones había llegado a su fin en el país.

Los síntomas del nuevo coronavirus son en muchos casos parecidos a los de un resfriado, pero pueden estar acompañados de fiebre y fatiga, tos seca y dificultad para respirar.

La inmensa mayoría de los pacientes se recupera en unas dos semanas, pero el virus puede dar neumonías muy graves y potencialmente mortales en adultos mayores o personas con enfermedades preexistentes.

China informó de su primer muerto el 11 de enero.

Fuente: Télam

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Una compañía de alimentos apoya con refrigerios a instituciones sanitarias de Colombia

Cuando se cumplen dos semanas de ailsamiento preventivo obligatorio en Medellín, la empresa Tostao’ Café & Pan informó que desde el pasado lunes está entregando refrigerios en más de 40 instituciones del país, sobre todo en algunas entidades públicas, centros hospitalarios y fundaciones que ayudan a comunidades vulnerables.

Con esta contribución la compañía busca reconocer la labor de aquellas personas que continúan trabajando para cuidar a los colombianos, por eso han entregado refrigerios en la UCI de la Clínica Antioquia y a los profesionales del Instituto Nacional de Salud, entre otros.

El Orientador General de Tostao’, Helder Jacinto, aseguró: “Queremos resaltar la labor de quienes en esta difícil coyuntura se han convertido en héroes anónimos, personas que en estos días han tenido que sacrificar mucho para cumplir con importantes tareas. También queremos agradecer a los profesionales de la salud y brindar apoyo a los más vulnerables”.

Las donaciones de los 4.000 refrigerios se realizarán en Medellín, Bogotá, Cali, Barranquilla, Bucaramanga y algunos municipios cercanos a estas capitales.

Fuente: vivirenelpoblado.com

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Internacionales

Cómo será el mundo cuando se retire el coronavirus COVID-19

Las grandes crisis han sido siempre, históricamente, momentos de cambio radical. Algunos creen que tras el coronavirus se abrirá la oportunidad de reorganizar una sociedad mejor; otros argumentan cómo, al contrario, la injusticia prevalecerá

Desde su aparición a fines de diciembre de 2019 en Wuhan, China, el nuevo coronavirus transformó —literalmente— la faz de la Tierra. En casi 100 días el COVID-19 hizo una labor de años: impuso el trabajo a distancia, cerró las escuelas, causó millones de desempleados y buena parte de los comercios, terminó con las reuniones de gente (lo que equivale a decir que eliminó conciertos, obras de teatro, grand slams y juegos olímpicos, pero también cumpleaños, casamientos y funerales), vació las calles de las grandes ciudades, generó los planes de rescate de la economía más enormes de la historia, devolvió sentido a la información de calidad sobre los supuestos de las redes sociales, dejó a miles de millones en cuarentena (incluidas víctimas de violencia familiar encerradas con sus victimarios), impuso la distancia social, cambió los rituales de higiene, eliminó el apretón de manos, creó los documentos de inmunidad para certificar quién puede volver a interactuar en el mundo…

…”en algunos lugares —sigue la enumeración de un profundo análisis de The Guardian—, los propietarios no cobrarán la renta ni los bancos las cuotas hipotecarias, y las personas sin techo podrían quedarse gratuitamente en hoteles; se pondrán en marcha experimentos para la provisión de ingresos básicos directamente desde el Estado”.

La magnitud y la velocidad de los cambios evocan menos el ritmo de las transformaciones en democracia que apenas un puñado de antecedentes: “La epidemia global de gripe de 1918 ayudó a crear los servicios nacionales de salud en varios países europeos. Las crisis gemelas de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial sentaron las bases para el moderno estado de bienestar”, comparó Peter Baker en su extenso artículo. Pero, también, los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, que causaron tanto guerras y ocupaciones como el permiso para suspender la privacidad, o la crisis de 2008, que dejó huellas económicas y sociales todavía perceptibles.

Desde su aparición en Wuhan, a finales de diciembre de 2019, el nuevo coronavirus transformó la faz de la Tierra (Reuters/ Christian Hartmann)

Desde su aparición en Wuhan, a finales de diciembre de 2019, el nuevo coronavirus transformó la faz de la Tierra (Reuters/ Christian Hartmann)

“Debido a que las crisis moldean la historia, cientos de pensadores han dedicado sus vidas a estudiar cómo se desarrollan. Esta tarea —que podríamos llamar ‘estudios de crisis’— muestran cómo, cuando las crisis llegan a una comunidad determinada, la realidad fundamental de esa comunidad queda al descubierto. Quién tiene más y quién tiene menos. Dónde está el poder. Qué valora la gente y a qué le teme”.

Pero además de revelar los huesos que quedan bajo el tejido roto de la normalidad, se vislumbran las formas posibles de aquello que lo reemplazará. “Algunos pensadores que estudian los desastres se centran más en todo lo que puede salir mal. Otros son más optimistas y enmarcan las crisis no solo en términos de lo que se pierde sino también de lo que se podría ganar”.

Perspectivas pesimistas

Para Mike Davis, un historiador estadounidense que escribió sobre la gripe aviar en 2005, las pandemias son un ejemplo perfecto de la clase de crisis a las que el capitalismo global es particularmente vulnerable, debido al movimiento constante de personas y mercancías por un territorio que parece único pero que, en realidad, está fragmentado. Así, aunque el coronavirus es una misma batalla en todas partes, “podría haber mucha demonización y pedidos de aislamiento”, dijo Davis al periódico británico. “Lo cual implicará más muertes y más sufrimiento a escala mundial”.

Los pesimistas señalan el caso de Viktor Orban en Hungría: su discurso xenófobo asoció inmigración y COVID-19, y en la coyuntura procuró poderes especiales para su Gobierno (MTI Zoltan Mathe/ Pool vía Reuters)

Los pesimistas señalan el caso de Viktor Orban en Hungría: su discurso xenófobo asoció inmigración y COVID-19, y en la coyuntura procuró poderes especiales para su Gobierno (MTI Zoltan Mathe/ Pool vía Reuters)

La xenofobia no se hizo esperar: “Funcionarios republicanos, think tanks y medios de comunicación ha dicho o dejado implícito que el COVID-19 es un arma biológica china de factura humana. A su vez, funcionarios chinos han impulsado la teoría conspirativa de que el brote llegó a China llevado por soldados estadounidenses”, citó Baker. Quizá el ejemplo más claro haya sido el primer ministro húngaro Viktor Orbán: “Estamos librando una guerra en dos frentes: un frente se llama inmigración y el otro es el coronavirus. Existe una conexión lógica entre ambos”.

En el vértigo de la crisis, algunos cambios se plantean como transitorios, por la necesidad del momento. Pero se quedan para siempre, sin que en la coyuntura se pueda comprender las implicaciones que podrían tener en otros contextos. “La académica Shoshana Zuboff, autora de La era del capitalismo de la vigilancia, me recordó que antes del 11 de septiembre [de 2001] el Gobierno de los Estados Unidos había estado en el proceso de desarrollar regulaciones serias para darle a los usuarios de internet una verdadera elección sobre cómo se usaba y cómo no se usaba su información personal”. Y todo cambió en cuestión de días.

Con consecuencias hasta hoy: “Para los Gobiernos que buscan monitorear a sus ciudadanos cada vez más y para las empresas que se quieren enriquecer haciendo lo mismo, sería difícil imaginar una crisis más perfecta que una pandemia global”, siguió Baker. “Hoy en China hay drones que buscan personas sin barbijos; cuando las encuentran, los altavoces de los drones emiten las amonestaciones de la policía”. Alemania, Austria, Italia y Bélgica utilizan datos de las empresas de telecomunicaciones —”anonimizados, por ahora”, apuntó el autor— para rastrear el movimiento de las personas. “En Israel, la agencia de seguridad nacional tiene permiso para acceder al registro telefónico de las personas infectadas. Corea del Sur envía mensajes de textos al público para identificar a individuos potencialmente infectados y compartir información sobre dónde han estado”.

En China, que utiliza la tecnología para el control de sus ciudadanos, se envían drones para identificar a personas que no llevan mascarilla facial (China Daily vía Reuters)

En China, que utiliza la tecnología para el control de sus ciudadanos, se envían drones para identificar a personas que no llevan mascarilla facial (China Daily vía Reuters)

Vasuki Shastry, investigador de Chatham House que se especializa en la relación mutua entre tecnología y democracia, analizó: “Para la gente es muy difícil recordar el derecho a la privacidad cuando tratan de sobrellevar algo como una pandemia. Y una vez que el sistema se impone a gran escala, puede ser muy difícil volverlo atrás. Y entonces, quizá, sirve para otras cosas”.

Tanto en Israel como en Hungría, los primeros ministros tienen hoy la capacidad de gobernar por decreto, sin que interfieran los legisladores o los jueces. En el Reino Unido, la policía y los agentes de inmigración tienen la autoridad, durante los próximos dos años, de detener a los sospechosos de ser portadores del coronavirus, para que se les haga el análisis. “Estos poderes se habilitan y suenan razonables en el momento, y luego rápidamente se emplean con otros fines que nada tienen que ver con la democracia o la seguridad pública”, observó Kevin Blowe, de Netpol, un grupo británico sobre el derecho a la protesta.

Perspectivas optimistas

Otra escuela de pensamiento ve en las crisis “destellos de posibilidades”, continuó Baker. Para los que se identifican con esas ideas, el COVID-19 podría abrir las puertas a políticas más progresistas. Rebecca Solnit, una de las principales analistas de las crisis y sus consecuencias, parece creerlo: “Hay espacio para un cambio que antes no existía. Es una apertura”. Y Pankaj Mishra escribió: “Ha sido necesario un desastre para que el estado asuma su responsabilidad original de proteger a los ciudadanos”.

El papel del Estado en áreas como la salud pública volvió al centro de la discusión pública con la pandemia

El papel del Estado en áreas como la salud pública volvió al centro de la discusión pública con la pandemia

Si antes se consideraba que la intervención estatal, o un estado grande, eran inviables, ahora se insinúa que el mercado solo también lo es. “Desde esta perspectiva, hoy la tarea no es luchar contra el virus para volver a lo mismo de siempre, porque lo mismo de siempre ya fue un desastre. En cambio, el objetivo es combatir el virus y, al hacerlo, transformar lo mismo de siempre en algo más humano y seguro”, sintetizó Baker.

En su libro Un paraíso hecho en el infierno, Solnit utilizó ejemplos de desastres como el terremoto en la ciudad de México de 1985, los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y el huracán Katrina para argumentar que en las emergencias no solo lo malo se revela como aún peor ni la gente se vuelve solamente suspicaz y egoísta: los desastres también abrieron las reservas humanas de improvisación, solidaridad y decisión, incluso en medio del dolor y la pérdida.

“El libro no fue un llamado a celebrar el desastre sino a prestar atención a las posibilidades que podría contener y al modo en que nos podría sacar de encima viejas costumbres”, recordó Baker. “En el relato de Solnit, las respuestas ‘oficiales’ a los desastres mostraban una tendencia a confundir el cuadro al tratar a las personas como parte del problema a gestionar, no como una parte invaluable de la solución”.

Desastres como el atentado contra las Torres Gemelas también abrieron las reservas humanas de solidaridad y respuesta creativa (AP)

Desastres como el atentado contra las Torres Gemelas también abrieron las reservas humanas de solidaridad y respuesta creativa (AP)

La crisis del COVID-19, en comparación con la del 2008, que hasta era difícil de entender por la complicada ingeniería financiera de los créditos que la causaron, es transparente. “Es una docena de crisis enredadas en una sola, y todas se desarrollan a la vez y de maneras que no se pueden pasar por alto. Los políticos se están infectando. Las celebridades ricas se están infectando. Los amigos y los parientes se están infectando”.

Si bien las diferencias económicas y sociales persisten, esta vez la catástrofe se parece bastante a estar todos en el mismo barco, observó The Guardian: “Los optimistas creen que hay esperanza de que podamos empezar a ver el mundo de otra manera. Acaso podamos concebir nuestros problemas como algo compartido y la sociedad como algo más que una masa de individuos que compiten entre sí por la riqueza y el estatus”.

¿Y el cambio climático?

Hasta poco antes de la irrupción del coronavirus, la conversación global más importante era sobre el cambio climático. Y es posible que, tras la crisis del COVID-19, vuelva al centro del escenario, pero de otra manera.

Como el cambio climático, la pandemia del COVID-19 enfrenta a las naciones del mundo con un problema global

Como el cambio climático, la pandemia del COVID-19 enfrenta a las naciones del mundo con un problema global

Las dos cuestiones tienen “similitudes sugestivas”, destacó Baker. “Ambas requerirán niveles inusuales de cooperación global. Ambas demandarán cambios en la conducta de hoy para reducir el sufrimiento de mañana. Hace mucho ya que los científicos anticiparon con gran certeza ambos problemas, mientras que los gobernantes no podían ver más allá de las estadísticas de crecimiento del trimestre fiscal siguiente. En consecuencia, ambos requerirán que los Gobiernos tomen medidas drásticas y eliminen la lógica del mercado en ciertos ámbitos de la actividad humana”.

“Hace años que intentamos pasar a la gente de una actitud normal a una actitud de emergencia”, dijo Margaret Klein Salamon, directora de Movilización por el Clima. “Lo que se considera políticamente posible es básicamente distinto cuando mucha gente entra en ‘modo de emergencia’, cuando aceptan que hay peligro y que, para estar seguros, tenemos que hacer todo lo que podamos. Ha sido interesante ver esa teoría validada por la respuesta al coronavirus. Ahora el desafío es mantener activado el ‘modo de emergencia’ con respecto el clima, cuyos peligros son de magnitud mayor”.

Si bien la analogía entre las dos situaciones no llega mucho más allá —”la mayoría de la gente no siente que ellos o sus seres queridos podrían morir por la crisis climática este mes”, recordó crudamente Baker— es posible que la experiencia del COVID-19 “nos ayude a comprender el cambio climático de otra manera”. Una de las noticias que se repitieron es el impacto del paro productivo en el medioambiente: la contaminación cayó enormemente.

Dos imágenes de Italia tomadas por la Agencia Espacial Europea, de 2019 y 2020, muestran cómo se redujo la contaminación por el paro económico que causó el COVID-19 (ESA/ Handout vía Reuters)

Dos imágenes de Italia tomadas por la Agencia Espacial Europea, de 2019 y 2020, muestran cómo se redujo la contaminación por el paro económico que causó el COVID-19 (ESA/ Handout vía Reuters)

“A principios de marzo, el científico Marshall Burke, de la Universidad de Stanford, utilizó los datos de contaminación de cuatro ciudades chinas para medir los cambios en el nivel de PM2,5, un contaminante particularmente nocivo que ataca el corazón y los pulmones. Estimó que, solo en China, la reducción de las emisiones desde el comienzo de la pandemia había salvado, de hecho, las vidas de al menos 1.400 niños menores de cinco años y 51.700 adultos mayores de 70 años”, citó el periódico británico.

Nunca hay que desperdiciar una gran crisis

¿Sería posible dar algunos pasos para que las perspectivas de los optimistas tengan más probabilidades de concretarse que las de los pesimistas? “Philip Mirowski, autor de Nunca desperdicies una gran crisis: cómo el capitalismo sobrevivió el colapso financiero, advirtió contra la complacencia“, citó Baker, que abriría las puertas a las peores perspectivas.

“El resultado político de la epidemia —dijo Mike Davis—, como todos los resultados políticos, se decidirá en una lucha, en batallas por la interpretación, por señalar qué cosas causan los problemas y cuáles los solucionan. Y necesitamos comenzar a analizar eso, en el mundo, como podamos”. Un obstáculo evidente es la distancia social, que hace imposibles las manifestaciones en las calles, una de las expresiones políticas más arraigadas.

En la crisis de la pandemia las personas buscan modos de ayudarse mutuamente, como el reparto domiciliario de alimentos a las personas que no pueden salir de sus casas (Reuters/ Eric Gaillard)

En la crisis de la pandemia las personas buscan modos de ayudarse mutuamente, como el reparto domiciliario de alimentos a las personas que no pueden salir de sus casas (Reuters/ Eric Gaillard)

Pero Davis tiene esperanza en que los manifestantes encontrarán un modo de estar en las vía pública. “Especuló que una acción con todos los participantes munidos de carteles separados por tres o cuatro metros sería una imagen espectacular para los medios”, citó el texto. “Solnit dijo que le daba ánimo ver las nuevas formas que las personas encontraban para conectarse y ayudarse mutuamente en el mundo entero, desde las redes de reparto domiciliario en los barrios, que surgieron para llevar alimentos a las personas que no podían salir hasta las intervenciones más simbólicas, como unos niños que fueron a tocar música frente a la casa de un anciano”. El politólogo italiano Alessandro Delfanti vaticinó una ola de huelgas posbrote en los almacenes de Amazon en los Estados Unidos y en Europa.

“Lo que suceda a continuación podría depender de la capacidad de los optimistas para trasladar esos momentos de solidaridad a la esfera política, para argumentar que no tiene sentido ocuparse del COVID-19 sin al menos tratar de arreglar todo lo demás también, para crear un mundo en el que los recursos compartidos rindan más a una mayor cantidad de gente”, analizó Baker.

Citó, para concluir, el libro de Solnit: “Ni siquiera tenemos un término para nombrar esa emoción que nos causa lo maravilloso que llega envuelto en lo terrible, la alegría en la pena, el coraje en el miedo. No podemos darle la bienvenida al desastre, pero podemos valorar las respuestas, tanto prácticas como psicológicas”. Porque no existe un camino alternativo, de todas maneras: en las últimas semanas la humanidad comprobó que hasta lo más sólido en apariencia puede cambiar en un instante.

Fuente: Infobae.com

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