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Es de Mar del Plata, trabajó como albañil y busca hacer historia en la UFC: la historia de Kevin Vallejos
El crecimiento y el desarrollo del talento argentino en las artes marciales mixtas (MMA) es cada vez más notorio. En los últimos años se dio un gran auge en la UFC, la empresa más importante del mundo, y uno de los máximos exponentes de la actualidad es Kevin “Chino” Vallejos, que este sábado hará historia: será el segundo peleador del país en encabezar una cartelera estelar y peleará ante el experimentado Josh Emmett en Las Vegas.
El peleador marplatense de 24 años habló en exclusiva con TN sobre esta posibilidad. Además, relató sus inicios cuando trabajó de albañil junto a su hermano, su primer contacto con las artes marciales, su impacto en la UFC y la oportunidad de hacer historia. “Es simplemente ir y buscar lo que es mío“, afirmó.
Sus inicios como albañil con su hermano en Mar del Plata a ser estrella en las MMA
El nombre de Kevin Vallejos comenzó a hacer mucho ruido en las MMA de la Argentina hace tiempo. El marplatense comenzó su carrera como amateur desde muy chico, decidido a dejar una huella con su nombre.
Sin embargo, todavía mantiene su perfil bajo y una humildad sorprendente. “No tengo nada especial, soy alguien completamente normal como cualquiera. Lo he dicho en varias ocasiones, no tengo ningún talento que digo, ‘lo dejo para las peleas’”, aseguró en diálogo con TN.
“Realmente soy alguien muy tranquilo, siempre trabajé, siempre estudié, no tengo nada, algo distinto o algo que me haga especial, ja”, afirmó.
Y agregó: “Siempre he estudiado de chico, hice la secundaria, he trabajado desde muy chico, desde los 13 años hasta los 17 más o menos. A los 18, ya empecé a pelear”.
A pesar de su corta edad, Vallejos sabe lo que es ganarse la vida con sus manos, literalmente. “Siempre trabajé en la construcción, he trabajado de muy chico en carpintería, en aserraderos y demás, pero después ya de grande hubo un año con mi hermano que hacíamos pozos ciegos, trabajos pesados”.
Su primer contacto con las MMA
Como suele suceder en la Argentina, el primer contacto de Kevin Vallejos con el deporte se dio a través del fútbol, en la calle, con amigos y vecinos.
“Yo antes jugaba fútbol, pero ni siquiera en un club porque realmente era caro pagar botines, ropa, viajes y demás. Así que no, no se me dio. Jugaba fútbol en la calle como cualquier otro argentino de esa edad”, contó.
A sus 16 años, tuvo su primer contacto con las artes marciales mixtas, casi por casualidad, por pura curiosidad: “Después llego a Batán (localidad a 12 kilómetros de Mar del Plata), a un gimnasio de MMA en el que me anoté porque sí, porque yo no conocía el deporte, no sabía lo que era”.
Sin embargo, el talento natural brotó y lo convirtió en un gran prospecto: “Me anoté y poco a poco me fui enamorando del deporte; cada vez quería entrenar más, cada vez me iba mejor, veía un avance más grande que los demás. A los seis meses ya había debutado como amateur e hice toda mi carrera con 13 peleas, así que poco a poco se dio el amor y la pasión por el deporte”.
Luego de este camino como aficionado, con muchos éxitos, el Chino se decidió por dar el salto al ámbito profesional: “Junto a mi profesor quería ser profesional a los 18 años. Después vino la pandemia y nos dejó frenados, pero fue una idea que poco a poco se fue implantando cada vez más en mi cabeza y se fue haciendo más grande la ilusión de tomar esto como una carrera".
Sin embargo, no todo fueron alegrías y hubo momentos de incertidumbre, dudas e incluso pensamientos que incitaban a dejar todo: “Obviamente, he tenido altos y bajos donde he querido renunciar, he querido dejar e irme a buscar un laburo como toda persona normal. Gracias a Dios no escuché ese tipo de palabras en mi cabeza y seguí con este sueño“.
Su llegada a la UFC con tan solo 23 años
A lo largo de este camino, Vallejos tuvo más puntos altos que bajos. Y eso quedó en evidencia con un llamado para pelear en la UFC, la empresa más importante de MMA del mundo.
Por su gran talento, fuerza y capacidad para dar espectáculo a los fanáticos, este llamado llegó de manera muy rápida, tanto que incluso lo sorprendió. “He trabajado muchísimo, he hecho siete peleas en un año”, comentó.
Pero el punto de inflexión se dio en el 2023 luego de la pelea por el título sudamericano de peso pluma en Samurai Fight House ante Eduardo Garagorri, en la que el Chino retuvo su cinturón por nocaut técnico en un despliegue impresionante de técnica y poderío dentro del octágono.
“Después se me dio la oportunidad de pelear contra un ex-UFC, Eduardo Garagorri; creo que eso fue lo que me abrió la puerta para pelear en el Contender. A la semana de haber ganado, me dijeron: ‘Che, tenés un llamado para el Contender Series, vas a pelear contra Jean Silva’. Y ahí ya creí que era real y me fui a pelear nomás a las grandes ligas”, recordó sobre su combate del 5 de septiembre de 2023.
Kevin Vallejos, un pibe normal que es figura en la UFC
Tras este llamado para pelear en el Dana White’s Contender Series, Kevin Vallejos defendió dos veces su título en Samurai Fight House y ganó su contrato en la UFC el 24 de septiembre del 2024 luego de vencer a Cam Teague por TKO, tras mostrar su poder de golpeo y maravillar al presidente de la compañía y a los fanáticos.
Dentro del plantel oficial de la UFC, el Chino no aflojó: lleva tres victorias consecutivas, con grandes espectáculos, dos de ellas por nocaut. Además, cuenta con un récord de 17 triunfos y una sola derrota en su carrera profesional. Esto le dio una notoriedad importante y comenzó a grabar su nombre como un peleador a tener en cuenta.
Sin embargo, mantiene sus pies sobre la tierra de manera impactante y explicó los motivos. “La verdad es que no le doy mucha atención a eso y trato de no ponerme el papel de ‘uy, sí, ahora soy muy reconocido y demás’. Por suerte, en Mar del Plata y mi equipo siempre me ha tratado de la misma forma. Eso es algo que me ha ayudado muchísimo. Capaz que voy a otro gimnasio y dicen: ‘Uy, el Chino’. En mi gimnasio no; a veces también me dicen: ‘Uh, este ya vino de vuelta’, ja, en chiste, claro. Eso es lo que me pone como, ‘bueno, soy igual, soy la misma persona’”, contó.
Y agregó: “No me gusta que me traten diferente, no me gusta que me den otro tipo de atención. Más que nada ahí en mi casa, que es el gimnasio”.
Por supuesto, su trato con los fanáticos es muy cercano y es un gran impacto personal el cariño que recibe: “Obviamente, soy consciente de la gente. Cada vez que voy a un evento, que voy al Samurai, o voy a un evento regional, se nota muchísimo la cantidad de gente que siempre está ahí pendiente a sacarse una foto, a un saludo, y la verdad que me llena de orgullo. Me pone muy contento que la gente se me acerque con buena onda, con buenas intenciones”.
A pesar de los flashes y los autógrafos, Vallejos busca mantenerse en su perfil bajo: “Hasta el día de hoy me sigue sorprendiendo, me sigue dando vergüenza. No soy alguien que diga: ‘Uy, sí, amo las cámaras’. No, sinceramente no me gusta, ja. No me gusta ser el centro de la atención, no me gustan las cámaras... Pero entiendo el fanatismo de la gente y, sinceramente, lo tomo con mucho cariño. Sé que es parte de todo esto y me pone contento. Que chicos, a veces de 13 o 14 años, me reconozcan, es un crecimiento en el deporte”, aseguró.
El crecimiento de los argentinos en la UFC y la posibilidad de tener un evento en el país
Kevin Vallejos es uno de los siete peleadores argentinos dentro de la órbita de la UFC, un número que refleja el gran momento de las MMA de nuestro país.
“Hay un crecimiento muy grande. Yo, que estoy viviendo en la Argentina, veo muchísimo el fanatismo, cómo creció y cómo se los reconoce a los deportistas hoy en día. Capaz que viene Sofía (Montenegro) y le hacen una nota, viene Esteban (Ribovics) y le hacen una nota, voy yo y me hacen una nota. Cosa que antes se veía muy poco”, afirmó.
“En la camada de Santiago (Ponzinibbio), Pepi (Staropoli), el Ninja (Guido Cannetti), muy poca gente conocía el deporte. Hoy en día se nota muchísimo el reconocimiento. Además, somos bastantes hoy en día. En su momento eran tres; hoy en día ya somos siete, y yo estoy seguro de que se va a haber más porque hay muchísimo talento”, agregó.
Este gran crecimiento y el rendimiento mostrado por los peleadores y peleadoras dentro del octágono hicieron que los rumores sobre un posible regreso de la UFC a la Argentina con un megaevento estén cada vez más cerca de convertirse en realidad.
Sin embargo, Vallejos prefiere no apurar las cosas y no cargarse esa responsabilidad. “Yo entiendo que es cuestión de tiempo. Hoy en día la Argentina tiene mucho renombre, tiene muchos peleadores dentro de la compañía y sé que hay más talento: se puede completar una cartelera solo de argentinos”, aseguró con contundencia.
Y agregó: “No me lo quiero poner como presión ni nada; yo sé que estamos haciendo nuestra parte. Ya peleando y representando, estamos haciendo una gran parte”.
Como parte de su humildad característica, el Chino destacó a Ailín Pérez como una de las máximas impulsoras para que se pueda llevar a cabo este evento. “Yo siento que es la que más hizo hoy en día, es la que más próxima está a un evento por el título. Yo siento que si vuelve la UFC a la Argentina, ella se merecería el lugar de evento estelar, porque realmente está muy bien rankeada, viene con muy buena racha y está pronta para el título”.
Además, dejó un deseo personal que reflejó la camaradería que hay entre los argentinos: “Dios quiera que estemos todos; todos nos conocemos. A Ailín la conozco de eventos regionales, lo mismo que a Francisco (Prado), a Esteban (Ribovics), a Sofía (Montenegro), a Julieta (Martínez); todos nos conocemos, somos todos o amigos o conocidos. Así que eso es lo lindo, que estamos todos juntos como cuando peleábamos en eventos regionales, pero ahora en las grandes ligas”.
Kevin Vallejos es el segundo argentino en encabezar una cartelera de la UFC: se enfrentará a Josh Emmett
Tras solo tres peleas en la UFC, Kevin Vallejos dio el golpe: encabezará la cartelera estelar de este sábado 14 de marzo ante el experimentado Josh Emmett con transmisión exclusiva de Paramount+. El peleador argentino viene de tres victorias consecutivas y de noquear al georgiano Giga Chikadze de manera espectacular, en una acción que fue de las mejores del 2025.
“Fue una gran sorpresa tanto por la pelea como por el Main Event. En mi cabeza era una pelea más y, bueno, como máximo, una pelea en la cartelera principal, pero ser el evento estelar, el que encabeza todo, realmente fue una sorpresa muy grande; planeaba esto mismo, pero de acá a dos años más, ya con más renombre“, afirmó con notoria sorpresa.
Y agregó: “Vivirlo hoy en día, con solamente un año de experiencia dentro de la compañía y con tan pocas peleas, es una sorpresa muy grande y la verdad es que estoy más que contento”.
En la previa de este gran desafío, Vallejos está seguro de sí mismo y tuvo una preparación ejemplar: “Me siento tranquilo, sé que hice un gran campamento, hice un buen entrenamiento. Fui a San Pablo, a Brasil, con Team Mineiro para prepararme como lo vengo haciendo en estas peleas. Siento que ya está, mi trabajo ya está hecho. Hoy en día ya queda en manos de Dios que escriba mi historia y ver cómo sigue”.
Además, palpitó este combate entre dos strikers con mucho poder: “Yo siento que hice el campamento perfecto, no tengo lesiones ni nada: es simplemente ir y buscar lo que es mío. Así que es un choque de estilos, un choque en el que a los dos nos gusta ‘fajarnos’; va a haber muchísima sangre o un nocaut brutal, seguramente”.
Pese a su confianza, el Chino sabe que no la tendrá nada fácil ante el peleador estadounidense de 38 años. “Me cuesta a veces verme noqueándolo, porque es una persona muy dura, muy fuerte. Sería un gran logro noquear a una persona que prácticamente no ha sido noqueada, solamente una vez. Pero tengo esa visión (de noquearlo), o si no, una guerra a cinco rounds”.
Entre sus 17 victorias, Vallejos cuenta con 12 triunfos por nocaut y dos por sumisión. Además, es un peleador muy enérgico: terminó ocho de sus peleas en el primer round.
“Muchísima gente se ha quejado de que mis peleas son muy rápidas, ja. Si quieren una pelea en la que haya más acción, en la que tengan que esperar y que no sea solamente abrir la lata de cerveza y ya se haya terminado la pelea, esta va a ser una gran oportunidad”, aseguró.
Y cerró: “Les puedo prometer que vamos a dar un gran show. Sé que no me va a noquear, sé que él va a dar todo por eso y yo también; yo vengo a robarle el puesto, vengo a robarle el lugar y llevarme la victoria para la Argentina, para mi familia, para todo mi equipo. Así que les pido que estén ahí pendientes con un asado y nada más".
Fuente: TN
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Él tenía 24 años, ella 29 y sus vidas cambiaron en el bar de un pueblito de Italia: “No recuerdo un beso tan lindo”
De principio a fin, el corazón es la brújula. “Me enamoré, amigo”, soltó Leo apenas cruzó la puerta del bar, a dos días de aterrizar en Italia. Su amigo Ezequiel lo miró, siguió la dirección de sus ojos y se largó a reír. “¿La rubia?”, preguntó. “Sí. Es ella”.
Era la noche del 5 de abril de 2024 y acababa de llegar a Paola, un pueblito costero de Calabria, en el sur de Italia. Había viajado desde Quilmes para tramitar su ciudadanía italiana. Apenas llevaba unos días en Europa. Todavía estaba acomodándose a la nueva vida, aprendiendo a moverse en un país desconocido y tratando de entender qué venía después. Pero esa noche, entre un grupo de argentinos que compartían el mismo sueño migratorio, vio a una chica de Rosario y sintió algo que no esperaba encontrar tan rápido.
Del otro lado de la historia, Irina también lo vio. Y recuerda exactamente el instante. “Lo miré a los ojos y fue como si el tiempo se frenara un segundo”, revela hoy enamorada. No sabía quién era, ni de dónde venía. Pero algo había pasado. Ese “no sé qué” imposible de explicar.
Dos argentinos que llegaron a Italia buscando otra vida
Irina nació en Rosario en mayo de 1994. Desde muy chica aprendió a arreglárselas sola. A los 17 años se fue de su casa. Trabajó en peloteros, coordinó fiestas infantiles, atendió comercios, vendió productos, cosió veladores junto a una amiga y aceptó prácticamente cualquier trabajo que le permitiera mantenerse independiente. Siempre tuvo la sensación de que quería algo más. No porque estuviera descontenta con su vida, sino porque sentía una curiosidad enorme por el mundo.
Durante años soñó con viajar. Pero cada vez que hacía cuentas, la realidad le devolvía la misma respuesta: era demasiado difícil. Hasta que descubrió algo que cambiaría todo. Tenía ciudadanía italiana. La noticia la empujó a una búsqueda obsesiva de papeles, partidas, certificados y documentos familiares. Reconstruyó una historia que parecía perdida hasta completar la carpeta necesaria para iniciar el trámite.
En febrero de 2024, cuando finalmente tuvo todo listo, tomó una decisión que asustaba incluso a quienes la querían. Renunció a su trabajo. Compró un pasaje de ida. Y se fue. Tenía 29 años.
Leo nació en Quilmes en agosto de 1999. Su historia era distinta pero sus sueños los mismos. Había crecido en una familia de clase media donde viajar era una pasión compartida. Todavía recuerda los recorridos por la Argentina dentro de un Renault 12 cargado hasta el techo. Seis personas. Poco dinero. Muchas ganas de conocer.
Estudió profesorado de Educación Física, se recibió y construyó una vida bastante ordenada. Trabajó en distintos lugares, tuvo una relación larga y desarrolló una carrera ligada al entrenamiento físico. Pero convivía con una sensación incómoda. Sentía que estaba construyendo una vida que no era exactamente la que soñaba. Mientras enseñaba, entrenaba y trabajaba, consumía videos de viajeros que recorrían el mundo haciendo trabajos temporarios. Y cada historia despertaba la misma pregunta. ¿Por qué ellos sí y yo no?
La respuesta llegó de la manera menos elegante. Lo asaltaron. Y algo se rompió. O se arregló, todo depende de dónde miremos. Pocos días después compró el pasaje hacia el Viejo Continente. El 3 de abril de 2024 llegó a Italia a ganarse la vida.
La noche en que todo cambió
Paola era un pueblo extraño. Quince mil habitantes. Playa. Calles tranquilas. Y unos quinientos argentinos haciendo ciudadanía italiana. Todos estaban atravesando algo parecido: habían dejado algo atrás e intentaban construir una nueva vida. Por eso el Thunder, un pequeño bar donde solían reunirse, funcionaba casi como una extensión de sus casas.
Aquella noche, Leo llegó con su amigo y dos compañeras de vivienda. Irina estaba con su prima Brunella, con quien había emigrado. Entre charlas, música argentina y cumbia santafesina, empezaron a acercarse. Hablaron. Bailaron. Se rieron. Y cuando la noche ya había avanzado bastante, Leo hizo algo que hoy parece imposible en la era de los mensajes ambiguos y las insinuaciones interminables.
“¿Te puedo besar?”, le preguntó con respeto. Irina dijo que sí. Después del beso, lo miró sorprendida. “No puedo creer que tengas 24 años”. Y enseguida agregó algo que él jamás olvidó. “No recuerdo un beso tan lindo en mi vida”. Animarse a dar el primer paso tiene premio. Por eso siempre hay que hacer. Lo demás se va dando.
A la mañana siguiente fue ella quien escribió primero. Le pasó su número. Lo invitó a tomar mate en la playa. Y así empezó todo. No como una historia de amor. Sino como un grupo de amigos. Ellos, la prima de Irina, Ezequiel y las dos compañeras santafesinas de Leo comenzaron a compartir días enteros. Trámites. Playa. Mate. Charlas. Caminatas. La vida cotidiana de quienes intentaban sobrevivir lejos de casa. Y en medio de todo eso, la conexión entre ellos fue creciendo. Aunque había un problema. Una fecha de vencimiento.
Una historia con fecha de vencimiento
Irina estaba mucho más avanzada en el trámite de ciudadanía. Y apenas obtuvo los papeles consiguió trabajo en Cerdeña. Los separarían casi 700 kilómetros y un mar de por medio. La oferta era imposible de rechazar. Un hotel. Mejores condiciones. La posibilidad de empezar a ganar plata. Pero también significaba alejarse. Alejarse mucho.
Se habían conocido en abril. Ella debía irse el 1 de junio. Dos meses. Eso era todo. Entonces Irina levantó una muralla, la de su corazón. No quería enamorarse. Mucho menos sufrir ni despedirse de alguien que recién acababa de conocer. Pero cuanto más trataba de convencerse, más difícil resultaba.
Leo tampoco podía ignorar lo que sentía. Por primera vez en mucho tiempo había encontrado a alguien con quien imaginaba algo serio. Y entonces llegó la despedida. La primera.
Los siguientes meses fueron brutales. Los dos trabajaron en condiciones muy duras. “No todo es lo que se ve en fotos”. Aprendieron a sobrevivir en otro idioma. Aceptaron tareas que jamás habían imaginado hacer. Leo fue jardinero, fletero, camarero y guardavidas. Irina limpió habitaciones en hoteles sin dominar todavía el italiano.
La realidad migrante apareció con toda su crudeza. Sin embargo, siguieron hablando todos los días. Sin faltar uno. Hasta que una tarde ella encontró una excusa perfecta. En el hotel donde trabajaba necesitaban otra persona. Pensó en Leo. Dudó. Y finalmente le escribió.
El quilmeño recibió la propuesta mientras trabajaba. Económicamente no era un gran negocio. Incluso significaba renunciar a algo más estable. Pero había una pregunta que no lograba sacarse de encima. ¿Y si después es nunca?
Renunció. Hizo las valijas. Se subió a varios trenes. Y fue a buscarla. Porque a veces el amor no pide certezas. Apenas una decisión.
Los trenes que los separaban también los volvían a unir
El reencuentro no fue precisamente romántico. Los dos estaban agotados. Demacrados. Golpeados por meses de trabajo duro. Pero la conexión seguía ahí. Intacta.
Durante semanas se escondieron de compañeros y jefes. Estaba prohibido noviar entre ellos. Se encontraban de noche. Hablaban durante horas. Compartían besos robados. Y volvían a separarse antes del amanecer. Todo parecía volver a brillar.
Sin embargo, seguía existiendo un obstáculo. Los contratos tenían fecha de finalización. La incertidumbre seguía gobernando sus vidas. Y cuando terminó aquella temporada llegó una nueva despedida. Después otra. Y luego otra más.
Una ocurrió en la estación de Perugia. Irina subió al tren. Leo quedó en el andén. La vio alejarse. En su cabeza sonaban los acordes de Las pastillas del abuelo, cantando: “Porque me es imposible de imaginar / Agonía más cruel, más aterradora / Que mi canto y tu danza alejándose / Uno arriba del tren y otro en la estación”.
Pensó que quizás no volvería a verla nunca más. Y lloró fuerte. “Ahí ya me di cuenta que estaba hasta las bolas, que estaba recontra remilenamorado”, admite sin metáforas.
Fuente: TN
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Mauricio Macri anunció que la Fundación FIFA destinará un millón de dólares a comunidades afectadas por los sismos en Venezuela
En medio de la catástrofe humanitaria que atraviesa Venezuela luego de los dos terremotos del 24 de junio que dejó más de 4 mil muertos, la Fundación FIFA anunció una millonaria donación para colaborar con los equipos de rescate.
Así lo informó el expresidente Mauricio Macri, que es el titular de la institución. “La Fundación FIFA acompaña al pueblo venezolano en uno de los momentos más difíciles de su historia. Vamos a destinar 1 millón de dólares de nuestro fondo humanitario para apoyar a las comunidades afectadas por los terremotos y colaborar con las organizaciones que ya están trabajando en el terreno para brindar ayuda de emergencia”, expresó desde su cuenta de X.
En el mismo sentido, Macri añadió: “Sé que el fútbol tiene una capacidad única para unir a las personas, especialmente cuando más se necesita. Esa fuerza debe ponerse al servicio de quienes hoy atraviesan esta tragedia”.
“Mis pensamientos y todo mi cariño están con las familias afectadas, como el de Gianni (Infantino) y todos los que formamos parte de la FIFA. Seguiremos acompañando los esfuerzos para que la ayuda llegue lo antes posible”, finalizó el exmandatario.
La situación en Venezuela hoy
Los operativos de rescate en Venezuela sumaron este sábado 215 nuevos cuerpos rescatados, luego de lo que fue el trágico doble terremoto del 24 de junio. De esta manera, las víctimas fatales ascienden ya a 4333.
Así lo informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en conferencia de prensa. Se trata de una de las subidas más altas de fallecidos de las últimas dos semanas tras los terremotos.
Las labores de desescombro y recuperación de cadáveres prosiguen en La Guaira y se intensificaron en los últimos días. En tanto, la cifra de heridos se mantiene en 16.740, mientras que se ha atendido a 31.193 pacientes en hospitales y se ha dado de alta a más del 90%.
El número de personas sin vivienda en Venezuela es de 17.907 y las familias atendidas suman 86.794
El también hermano de la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, aseguró que 18.437 personas se encuentran en un total de 94 campamentos transitorios.
Además, sigue subiendo el número de efectivos militares y de fuerzas de seguridad desplegados (31.837) y el de voluntarios registrados (30.197).
Según el balance oficial, ocurrieron 1.203 réplicas desde el 24 de junio -cuando se registraron los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5- entre ellas una de baja intensidad este mismo sábado.
Fuente: TN
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“No llores, papá”: la historia del payador y su hija que emocionaron al país con una canción para la Selección
Hay canciones que nacen para acompañar un Mundial y otras que, casi sin proponérselo, terminan contando la historia de una familia. La que compusieron el payador santafesino Pedro Saubidet y su hija Paula, de ocho años, pertenece a esa segunda categoría. Porque detrás de la letra dedicada a la Selección hay una guitarra heredada, un abuelo que ya no está, lágrimas compartidas frente al televisor y una pasión futbolera que atravesó generaciones hasta encontrar una nueva voz.
En el video que se volvió viral, Pedro sostiene la guitarra y lleva el ritmo; a su lado, su hija canta con una seguridad que parece desmentir su edad. No hay escenario, luces ni una multitud delante de ellos.
Están en su casa cuando entonan una versión de Astros, la canción de Ciro y Los Persas, con una letra que resume un deseo compartido por millones: “Quiero volver a robarle un gol al ladrón, como el Diego y el Narigón, y que la cuarta estrella brille en el cielo de mi Nación”.
La canción rápidamente escapó del pequeño universo de seguidores que Pedro había construido como payador. Este sábado, mientras la Argentina se prepara para enfrentar a Suiza desde las 22 en Kansas City por los cuartos de final del Mundial, el tema vuelve a funcionar como una banda sonora para la espera.
El equipo de Lionel Scaloni llega a esa instancia después de vencer 3-2 a Egipto en un partido que se resolvió con sufrimiento y que dejó a Pedro y a Paula llorando juntos frente al televisor.
“No llores, papá”, le decía la nena cuando terminó el encuentro. Sin embargo, ella también lloraba. Fue en ese clima, todavía con el corazón acelerado, cuando decidieron grabar la canción. “La estrella del video es ella, por su encanto, por la fuerza que le pone, por su garra y por su naturalidad”, contó Pedro en diálogo con TN.
En la casa de los Saubidet conviven los acordes, las camisetas y las identidades futboleras. Mercedes, la esposa de Pedro, es pampeana e hincha de Boca; él nació en Santa Fe, es fanático de Unión y se define como “muy futbolero”. Sus hijas Francisca, de 11 años, y Paula, de ocho, crecieron entre guitarreadas, reuniones familiares y chamamés.
“La música está presente en todo momento. A mis hijas les gusta mucho, siempre estamos cantando y guitarreando. Hay mucho chamamé por parte mía, pero también me voy adaptando a la música de ellas para poder acompañarlas”, contó Pedro.
El fútbol, en cambio, ingresó a la familia de la mano de Pedro y de su padre, don Pedro, fallecido el año pasado. Aunque era hincha de River y había llegado desde Buenos Aires, fue él quien comenzó a llevarlo a la cancha de Unión cuando era chico. Desde entonces, cada partido quedó unido a una imagen, una conversación o un viaje compartido. “Hoy que papá ya no está, el fútbol es mucho más que un deporte. Es un montón de recuerdos con él en la cancha”, dijo.
Esa pasión también alcanzó a la generación siguiente. Marcos Sanguinetti, sobrino de Pedro y nieto de don Pedro, se convirtió en periodista deportivo y actualmente se encuentra cubriendo el Mundial. “La figura de papá es fundamental para esta pasión. El que más la heredó fui yo y también mi sobrino Marcos. Siempre lo tenemos muy presente en cada partido”, señaló el payador.
Don Pedro no solo dejó el amor por el fútbol. También transmitió los versos, la guitarra, el canto criollo, la vida de campo y una manera de entender a la familia. Junto con doña María, su esposa, criaron a seis hijos: Rosario, Sole, Cruz, Constancia, Pedro y Maruca. “Fue un tipo extraordinario, un hombre íntegro y un gran ejemplo para nosotros. Le debemos a él y a mamá esta familia tan linda que nos dejaron”, recordó.
La canción viral, entonces, no nació solamente del entusiasmo mundialista. También lleva algo de esa herencia.
La frase sobre “robarle un gol al ladrón” recupera la histórica rivalidad con Inglaterra, la Mano de Dios de Diego Maradona y la figura de Carlos Bilardo, el “Narigón”, en México 1986.
Pedro también encontró inspiración en un cuento de Eduardo Sacheri que reflexiona sobre aquel gol y sobre la dimensión emocional que adquirió para los argentinos. “Estamos hablando de una trampa, pero tiene un trasfondo tan profundo lo de Inglaterra que creo que nos pega un poco a todos. Sería muy emocionante reeditar aquella epopeya de Diego. Es una ilusión que tenemos”, sostuvo.
Para Pedro, la identificación con la Selección actual no se limita a los resultados. Encuentra en Scaloni, nacido en el sur santafesino, la cercanía de un hombre de pueblo y reconoce en el cuerpo técnico un perfil que después se refleja en los futbolistas. “Scaloni podría ser el amigo de cualquiera de nosotros. Es muy humano, familiero, humilde, pero aguerrido. Eso se transmite a los jugadores”, afirmó.
Esa forma de representar al país es también lo que quiere transmitirles a sus hijas. “Creo que son un ejemplo que nos hace muy bien como sociedad. A los chicos los vuelve locos la Selección y tienen referentes que realmente son positivos. Sobran cosas para admirar de este grupo, que nos representa tan bien a los argentinos”, dijo.
Mientras la Scaloneta busca este sábado un lugar entre los cuatro mejores del Mundial, Pedro se permite imaginar otra escena. Ya no sería en el living de su casa ni frente a la cámara de un teléfono, sino alrededor de una mesa, con los jugadores, sus familias, sus propias hijas y una guitarra. “Me encantaría cantarla en un asado para todos los muchachos, con sus hijos y con mis hijas. Todos soñamos con estar en esa mesa junto a nuestros ídolos”, confesó.
También le gustaría improvisar un verso para cada integrante del plantel y llevar hasta ellos el oficio que aprendió de su padre y que hoy le permite vivir durante todo el año. Tal vez entonces Paula vuelva a mirarlo de reojo cuando se le quiebre la voz. Tal vez vuelva a decirle que no llore, aunque ella también tenga los ojos llenos de lágrimas.
Fuente: TN