Redes Sociales

Actualidad

Es capitana de la Selección argentina de rugby, fue mamá y a los pocos días se subió a un avión para competir

Paula Pedrozo es una referente del rugby femenino en la Argentina. Como capitana, lidera a las Yaguaretés, el seleccionado nacional de seven, en el circuito mundial. Tras años de sacrificios y de empuje para crecer dentro del deporte que la apasiona, dio un paso trascendental en su vida personal que hoy la obliga a balancear sus múltiples actividades. Hace menos de tres meses, fue mamá de Vito junto a su pareja, Sofía. La llegada del bebé no detuvo su intensa agenda: a los pocos días del nacimiento, se fue a disputar un importante torneo en el exterior.

“Soy consciente del rol que ocupo en el equipo, no solo por ser la capitana sino también por ser una de las jugadoras más experimentadas, y por suerte cuadró todo: el bebé nació súpersaludable y Sofi pudo recuperarse bien de la cesárea así que pude subirme al avión. Disfruté del nacimiento y también del torneo”, le contó la jugadora a TN, días antes de encarar un nuevo desafío con el conjunto nacional en el certamen de Valladolid, España.

Los comienzos de su carrera y la llegada a la Selección

Pula, como la apodan en el mundo del rugby, empezó a jugar a los 15 años en Concordia, Entre Ríos, alentada por sus padres, ambos profesores de educación física. Pronto se sumó a la modalidad seven, con plena consciencia de que se trataba de una disciplina que era incipiente entre las mujeres y que muchos consideraban exclusivamente masculina.

Aunque iba en gran ascenso, su carrera tuvo una pausa obligada: cuando terminó el secundario y se fue a estudiar a Corrientes, no tenía un club en el cual jugar. Tras un año de parate pudo sumarse al Capri de Posadas en Misiones y sus desafíos deportivos empezaron a ser cada vez más grandes. “Cuando un deportista es del interior del país, ve el sueño mucho más lejano. Yo no pensaba que me iba a llegar la oportunidad”, admite.

Miguel Seró era el entrenador de Las Pumas por aquellos años. Fue quien vio a Paula y la invitó a formar parte de su primera concentración nacional cuando cumplió los 18 años en el marco de un proceso de renovación del plantel. Su primer torneo oficial fue en Hong Kong en 2015 y luego formó parte del equipo que disputó el repechaje olímpico en Irlanda en 2016. Desde ese momento no paró de crecer dentro del equipo, al punto de convertirse en figura y capitana hasta la actualidad.

Una decisión personal que se mezcla con las aspiraciones deportivas

A la par de su crecimiento deportivo, Pedrozo llevaba tres años intentando agradar la familia con Sofía, su pareja desde hace siete años, que también es jugadora de rugby. Fue un camino con altos y bajos, que culminó el 16 de marzo con la ansiada llegada de Vito. Hoy, la capitana de Las Yaguaretés se anima a contar el proceso para inspirar a otras personas a perseguir sus sueños.

Para lograr el embarazo, la pareja eligió un procedimiento convencional de inseminación artificial. Sofía fue quien aportó los óvulos y quien gestó. “Tardamos porque la inseminación tiene un porcentaje de efectividad bajo: la muestra de semen que se aporta, si bien tiene muchos espermatozoides, es pequeña y el proceso se hace en el día más fértil de la mujer, según la consideración de los médicos. Después, se esperan 14 días para saber si el test da positivo o negativo”, explicó Pedrozo.

Y detalló: “En cada proceso, Sofi tenía que interrumpir su actividad deportiva y en el camino nos encontramos con algunos inconvenientes como el hipotiroidismo o los pólipos en el útero que le detectaron y que no sabían si eso iba a influir en su fertilidad. También hubo que regularle la prolactina. Todo eso alargó bastante el procedimiento: al principio es todo ilusión, todo nuevo y hay ansiedad de que el test sea positivo, pero con el tiempo hay desilusiones y diferentes reacciones”.

La deportista cuenta que, al comienzo, grababan videos de sus reacciones al hacer cada test de embarazo para documentar el proceso, pero luego dejaron de hacerlo. ”Fue un vaivén de emociones, pero la espera valió la pena”, sostuvo.

Vito finalmente nació el 16 de marzo por cesárea. En los días previos, había dudas de que Paula pudiera sumarse al viaje a Montevideo con Las Yaguaretés ya que podía coincidir con la fecha del parto.

“Yo creo que todo se da por algo y finalmente me fui sumamente concentrada al torneo: teníamos un desafío muy grande y quería disfrutar esa experiencia. Creo igual que cada vez me va a costar más irme: cuando Vito empiece a decir sus primeras palabras o cuando se dé cuenta de que yo falto en la casa”, señaló la jugadora que en esa gira hizo un try, algo que no suele suceder con frecuencia, y obviamente el festejo fue con dedicatoria para su bebé recién nacido.

Después de aquel viaje a Uruguay, vinieron los torneos en San Pablo, Hong Kong y Valladolid. En todos la capitana dijo presente: “Me cuesta más viajar ahora porque Vito está en un período de crecimiento. Una como madre no quiere perderse nada: las primeras reacciones, los primeros llantos o las primeras risas. Trato de estar más pendiente al celular, algo que antes no hacía para estar más concentrada”.

“Todo esto también me cambió como persona y ahora realmente voy a los viajes y disfruto desde lo más pequeño y cotidiano hasta lo más extraordinario y grande. Me cuesta más irme, pero siempre cuento con gracia que ahora aprovechó las concentraciones para dormir. Por suerte mi pareja me acompaña, entiende lo que vivo y se alegra por mi conquistas personales y las del equipo”, subrayó.

La actualidad del rugby femnino y el impacto del deporte en su desarrollo personal

Aunque considera que el rugby femenino se encuentra en un momento de “meseta”, Paula confía en que la actualidad de Las Yaguaretés pueda significar un impulso para volver al camino de ascenso: “Que el equipo haya llegado al circuito mundial hace que la disciplina tenga mayor visibilidad y que los objetivos que se pongan las jugadoras sean más estrictos, que realmente vean que se puede lograr y que vale la pena el sacrificio. Hay un crecimiento de juveniles que es muy importante porque son el semillero y el futuro”.

“El objetivo hoy es llevarnos los partidos que jugamos contra rivales que están a nuestro nivel. En esta primera etapa quedamos número 11 en el ranking y queremos llegar al puesto 8 o 9, pensamos que es factible”, sostuvo, confiada.

Para la capitana del seleccionado nacional, el rugby femenino creció a nivel físico y se disminuyó la tasa de lesiones. Además, hizo hincapié en los valores que se adquieren en la práctica del deporte: “Se promueven valores muy enriquecedores para la vida diaria y yo tuve un cambio grande: me consideraba una persona bastante introvertida y con el rugby me animé a tener mayor exposición en los medios y a tener las palabras justas para inspirar a otras jugadoras”.

“Tomo esta carrera como un desafío. Soy muy competitiva y autoexigente: eso me ayudó a ser la capitana de la Selección argentina y trabajo para mantenernos en el circuito mundial, que es el mejor nivel que podemos tener en la actualidad. Ha sido un sacrificio enorme porque llevé la carrera a la par con la facultad, algo que genera inconvenientes en la parte social porque te perdés muchos eventos y te alejas de gente que quizás no tiene la misma visión”, reconoció.

Paula contó que en la actualidad no vive del deporte, aunque la Unión Argentina de Rugby da becas a sus jugadoras por estar en el circuito mundial. Las jugadoras del equipo estudian y trabajan en paralelo. La capitana, puntualmente, tiene su propio centro de kinesiología.

“Trato de llevar las dos cosas a la par. A mí el deporte me ayudó a tener mucha conducta, entonces nunca lo padecí. No fue fácil el camino, pero no fue imposible realizarme y los resultados están a la vista”, subrayó.

Paula Pedrozo: de la nueva etapa en su vida a la idea del retiro

La maternidad hizo que Paula tuviera menos tiempo de descanso. Al mismo tiempo,a los 30 años, se siente feliz con este paso tan grande que dio en su vida privada: “Tengo objetivos deportivos y otros personales, relacionados a lo laboral y a lo familiar. Hoy me siento muy estabilizada anímicamente, estoy bien y motivada. Antes buscaba una fecha para retirarme, pero hoy estoy más madura y tranquila con eso: cuando llegue, llegará. Mientras tanto, estoy disfrutando todo lo que me toca vivir”.

“No hay una edad que indique que ya es tiempo de colgar los botines, pero para la mujer es un poco más sacrificado porque se sabe que si una tiene el sueño o el proyecto de tener una familia, sí o sí tenés que interrumpir tu carrera deportiva. En mi caso fue distinto porque estoy en pareja con una mujer y fue ella la que puso el cuerpo, pero va a llegar el momento en el que yo también voy a querer hacerlo y va a ser inevitable dejar de jugar, al menos un tiempo, en la Selección. Tal vez pueda seguir en un club o en un ámbito más amateur, aportaré mi conocimiento desde otro lado”, pronosticó.

Disputar un Juego Olímpico. Ese es el gran sueño que Paula Pedrozo tiene pendiente en su carrera: “Trataré de estar hasta 2028 para lograr ese desafío y creo que después ya no voy a estar activa como deportista de élite”.

Fuente: TN

Actualidad

Parece Italia, pero está en Buenos Aires: el rincón con estilo de la Toscana que queda a 40 minutos de CABA

Entre las opciones para una escapada de fin de semana cerca de la Ciudad de Buenos Aires, Torrepueblo se destaca por su propuesta única: un paseo cultural y gastronómico inspirado en la Toscana italiana. Lo mejor es que está ubicado a solo 40 minutos de CABA, en Benavídez, partido de Tigre.

El complejo, inaugurado en marzo de 2016, ocupa un predio de 8 hectáreas y fue diseñado para recrear la atmósfera de los pueblos medievales del norte de Italia, con reminiscencias de Umbría y Véneto. Su acceso es gratuito y cuenta con estacionamiento sin cargo. Para llegar, hay que tomar Panamericana, Ramal Escobar, y salir a la altura del kilómetro 40,5, en Libertad 50.

Un paseo para toda la familia con shows, gastronomía y arquitectura de época

Torrepueblo es conocido como “la Toscana Argentina” y sorprende por su arquitectura: una torre central y construcciones que evocan villas italianas del Renacimiento. El complejo ofrece departamentos de dos y tres ambientes para quienes deseen alojarse, con acceso a spa, gimnasio y sala de juegos.

El paseo es ideal tanto para quienes buscan pasar el día como para quienes planean quedarse. Para las familias con chicos, la cercanía con Temaikén (a solo 10 minutos) y con Ingeniero Maschwitz permite combinar actividades. Además, el Delta del Tigre está a pocos kilómetros, al sumar otra opción turística.

Durante la semana y especialmente los fines de semana, la Plaza Toscana es escenario de recitales en vivo, shows para chicos y clases de baile. Se presentan bandas tributo y músicos independientes de distintos géneros, lo que convierte a Torrepueblo en un punto de encuentro cultural.

Propuestas gastronómicas y servicios

El paseo gastronómico de Torrepueblo ofrece opciones para todos los gustos, con especial foco en la comida italiana: casas de pasta, parrillas y cocina gourmet. Muchas familias eligen el lugar para almorzar, cenar o sólo disfrutar de un desayuno o merienda en un entorno diferente.

El complejo también cuenta con oficinas, viviendas para residencia permanente, servicio de laundry, cocheras y seguridad las 24 horas. La inversión para desarrollar el proyecto fue de unos 7 millones de dólares, con la idea de imitar una villa italiana auténtica.

Si bien el complejo no tiene piscina para visitantes ocasionales, algunos departamentos de hospedaje sí ofrecen natatorios para quienes se alojen ahí, un dato valorado especialmente en verano.

Eventos y actividades especiales

Torrepueblo dispone de un salón para eventos que se adapta a diferentes necesidades: aniversarios, cumpleaños de 15, convenciones, congresos o desayunos empresariales. El espacio se puede alquilar y cuenta con servicios adicionales para quienes lo contraten.

La cercanía con Buenos Aires y la variedad de propuestas hacen de Torrepueblo una alternativa distinta para escapadas cortas, con el atractivo de sentirse en un pueblo italiano sin salir del conurbano.

Fuente: TN

Sigue leyendo

Actualidad

Creció en el barrio chino de París, llegó a la Argentina y apostó por una idea que parecía descabellada

Cuando Matías McLurg era chico, vivía en el distrito 13 de París, el mal llamado “barrio chino” que en realidad estaba poblado por inmigrantes vietnamitas y camboyanos. Allí, entre edificios altos, almacenes orientales y restaurantes familiares, comenzó una historia que décadas después terminaría cambiando la gastronomía porteña.

Hijo de una argentina exiliada durante la dictadura y de un padre escocés, Matías nació en Francia, pero siempre sintió que pertenecía a más de un lugar.

“Siempre se cuidó mucho ese vínculo con la Argentina. Yo tenía la percepción de que tenía por lo menos dos casas”, recordó en diálogo con TN sobre los viajes anuales que hacía a Córdoba para visitar a su familia materna.

Un paladar entre varios mundos

Durante años, la cocina vietnamita formó parte de su vida cotidiana. No era una rareza ni una moda: era simplemente la comida de su barrio.

“Vivía en el corazón del barrio asiático de París. Toda mi vida cotidiana estaba atravesada por la cultura vietnamita”, contó.

“Bajaba de mi departamento y comía vietnamita; volvía y comía vietnamita”, dijo sobre lo que calificó de “convivencia cultural muy fuerte y temprana” que terminó teniendo una gran incidencia en su vida como empresario gastronómico.

Sin embargo, su primer camino profesional fue otro. A los 20, McLurg decidió instalarse en la Argentina, estudió Derecho, fundó una familia y llegó a ejercer como abogado. Pero algo no terminaba de encajar.

“Nunca me sentí del todo realizado como abogado”, admitió a TN. La pasión estaba en otro lado.

El salto al vacío

En 2016, junto a su socio Pablo Marotta, decidió apostar por una idea que parecía descabellada para la Buenos Aires de aquel momento: abrir un restaurante de comida vietnamita en San Telmo.

“Queríamos abrir un restaurante vietnamita porque era la posibilidad de comer lo que a mí me gustaba”, sostuvo sobre por qué eligió este tipo de comida.

La ciudad todavía no había vivido el boom de las cocinas asiáticas. Más allá del sushi, la oferta era escasa y la gastronomía vietnamita era prácticamente desconocida para el gran público.

“Hace diez años la propuesta gastronómica porteña era mucho más cerrada. Si querías comer vietnamita, prácticamente no había opciones”, afirmó al mencionar como precursor al restaurante Green Bamboo, ahora cerrado.

La elección de San Telmo no fue casual. McLurg vivía en el barrio y entendía que su espíritu cosmopolita podía ser el terreno ideal para una propuesta diferente.

Lo que siguió fue una mezcla de intuición, entusiasmo y algo de locura emprendedora: “Cuando uno arranca, no piensa tan estratégicamente. Te mueve un motor interno. Decís: hagamos esto que está buenísimo y, si tenemos suerte, va a funcionar”.

La noche que cambió todo

La apertura de Saigón Noodle Bar quedó grabada en su memoria. Fue el 17 de diciembre de 2016, “un día de mucho calor”, con una térmica que rozó los 35°C y con el local -el antiguo bar gallego La Coruña, en el Mercado de San Telmo- todavía en obra.

“Dije: esta noche abrimos. Pase lo que pase tenemos que abrir”, recordó. Aún había andamios en el local, pero la decisión estaba tomada.

Lo que ocurrió horas después sorprendió incluso a los dueños. “Levantamos la persiana y había unas 150 personas afuera esperando”, contó McLurg, todavía incrédulo 10 años después.

El fenómeno, en momentos en que el sudeste asiático se estaba poniendo de moda entre los viajeros argentinos, fue inmediato.

“Funcionó. El cliente vino, le gustó y volvió”, dijo el gastronómico, que habló de “una cuestión timing y de suerte”. Según McLurg, había una necesidad latente en el mercado: “la gente quería descubrir nuevos sabores y nuevas formas de comer”.

Para McLurg, uno de los rasgos más distintivos de la gastronomía vietnamita es su vínculo con la comida callejera, los puestitos y pequeños restaurantes. “Ahí es donde se encuentran algunos de los platos más representativos”, sostuvo.

“La riqueza de la gastronomía vietnamita está en la variedad de ingredientes, en la complejidad de sus sabores y en la creatividad con la que supieron apropiarse de otras tradiciones", como la china o la francesa, producto de la colonización del siglo XIX. “Son maestros en transformar ingredientes simples en platos muy interesantes”, sostuvo.

El desafío de encontrar a un chef vietnamita en Buenos Aires

Uno de los mayores desafíos para los socios fue algo tan básico como encontrar quién cocinara auténtica comida vietnamita.

“Encontrar un chef vietnamita en Buenos Aires hace diez años era casi imposible”, recordó McLurg. La búsqueda fue tan desesperada que llegaron a consultar en el consulado de Vietnam.

Finalmente apareció Thomas Nguyen, un cocinero vietnamita que vivió también en Tailandia y EE.UU . y tenía un restaurante a puertas cerradas en San Telmo.

La primera reacción fue poco alentadora. “Thomas nos dijo: ‘Ustedes están locos. Este proyecto no va a funcionar’”. Sin embargo, terminó sumándose al emprendimiento y fue clave para darle identidad gastronómica.

Yo sabía qué quería en el menú porque eran las cosas que comí toda mi vida, pero no sabía cocinar. Sin Thomas, Saigón no hubiese sido posible”, afirmó McLurg.

Entre los platos estrellas de la carta figuran el phola sopa vietnamita más famosa, preparada con caldo aromático, fideos de arroz y carne de cerdo o pollo, así como los Spring Rolls, unos arrollados de papel de arroz con langostinos, fideos de arroz, panceta, lechuga, pepino y hierbas aromáticas, acompañados con salsa de maní y salsa nuoc cham.

Los nems fritos de cerdo son otro hit del menú, también arrollados de papel de arroz, pero de carne porcina, zanahorias, cebollas y fideos de poroto que se sirven con salsa nuoc man cham. O su versión vegana, con tofu marinado, fideos de arroz, pepinos, hierbas aromáticas y salsa de maní.

Entre los principales, el Bo Luc Lac es el más pedido, que consiste en ojo de bife marinado y salteado a la manteca, con salsa, huevo frito, tomates cherry, pepino y cilantro.

Fuente: TN

Sigue leyendo

Actualidad

La compra de vino online gana terreno mientras los consumidores comparan precios, cuotas y opiniones antes de elegir

Cada vez más consumidores compran vino por internet después de comparar precios, cuotas, costos de envío y opiniones de otros usuarios. Aunque el comercio electrónico todavía representa una porción reducida de las ventas de la categoría, las bodegas, los marketplaces y las tiendas digitales empiezan a modificar una decisión de compra que durante años estuvo asociada casi exclusivamente a la recomendación del vinotequero y a la experiencia presencial.

El crecimiento del canal digital no implica el reemplazo de la vinoteca, sino un cambio en el recorrido previo a la compra. Hoy, es habitual que los consumidores descubran una etiqueta en redes sociales, lean reseñas, comparen promociones entre distintos vendedores y recién entonces definan dónde comprar, según un sondeo que realizó TN.

Los datos muestran que todavía existe un amplio margen para el desarrollo del comercio electrónico en el sector. Según Youniversal, mientras el e-commerce ya representa el 18% de las ventas generales en la Argentina, la venta online de vino todavía no supera el 2%. “Eso no habla de un techo, habla de un potencial enorme todavía sin explotar”, afirmó Ximena Díaz Alarcón, CEO de la firma.

La pantalla gana espacio en la decisión

El cambio no pasa únicamente por el canal de venta, sino también por la forma en que el consumidor elige una botella. Según Trendsity, la comparación entre precios, promociones y condiciones de compra se volvió mucho más sencilla, lo que incrementó la sensibilidad al precio y redujo las diferencias de información entre bodegas, supermercados y vinotecas.

Mariela Mociulsky, CEO y fundadora de la compañía, explicó que el consumidor compra vino online cuando percibe una ventaja concreta frente al canal físico. Entre los factores que más influyen, mencionó los descuentos, las cuotas sin interés para etiquetas de mayor valor, el costo y la rapidez del envío, las reseñas de otros compradores, las fichas técnicas y la disponibilidad de vinos que muchas veces no se consiguen cerca del domicilio.

También remarcó que “la recomendación no desaparece, cambia de formato”. En ese sentido, explicó que las reseñas, los rankings, los algoritmos y hasta las herramientas de inteligencia artificial empiezan a ocupar parte del lugar que históricamente tenía el asesoramiento del vinotequero.

Youniversal coincidió al detectar una tendencia similar. “El vino es un producto donde la experiencia y la autoridad siguen siendo clave para la decisión de compra. Lo que cambió es dónde se busca esa autoridad. La pantalla reemplazó al mostrador como fuente de confianza”, señaló Díaz Alarcón.

Un comprador que planifica más

El comercio electrónico también modifica el comportamiento de compra. Según Youniversal, casi la mitad de las operaciones online se realizan en cuotas, una señal de que el consumidor incorpora variables financieras incluso en una categoría históricamente asociada al disfrute.

“El vino siempre fue una compra emocional y sensorial, pero en el canal digital esa decisión se negocia con la lógica financiera de un consumidor que administra cuidadosamente su presupuesto”, indicó Díaz Alarcón.

Néstor Arranz, especialista en e-commerce y marketplaces, explicó que el comprador online suele realizar compras de mayor volumen, aprovechar promociones y evaluar la conveniencia general de la operación más que resolver una necesidad inmediata. En ese contexto, la reputación del vendedor, la calidad de las publicaciones, la logística y las condiciones de entrega pasan a formar parte de la decisión junto con la etiqueta elegida.

Para Arranz, el marketplace no elimina la tradición del vino, pero obliga a las bodegas a competir en un entorno donde el consumidor puede comparar alternativas en pocos segundos y donde la claridad de la propuesta comercial adquiere un peso decisivo.

El desafío de hablarle al consumidor

Además de vender por nuevos canales, la industria enfrenta el desafío de adaptar la forma en que comunica sus productos.

Dolores Lavaque, fundadora de Dolores Lavaque Studio y docente de CAVE, consideró que promociones, financiación y envíos ayudan a impulsar la compra, pero advirtió que el consumidor necesita, sobre todo, orientación para elegir entre una oferta cada vez más amplia. “El gran desafío no es solamente vender online, sino entender cómo decide ese consumidor y cómo lo acompañamos en ese proceso”, explicó.

También sostuvo que la expansión de los marketplaces modificó el recorrido previo a la compra sin desplazar completamente a la vinoteca que, dijo, “sigue teniendo un rol muy valioso como espacio de curaduría, recomendación y confianza”. “Lo que cambió es que hoy el consumidor llega al vino por muchos caminos al mismo tiempo”, explicó.

Lavaque traerá en agosto, y por primera vez a Argentina, el Programa Ejecutivo de Marketing Estratégico del Vino, una propuesta desarrollada por Dolores Lavaque Studio junto a CAVE que busca acercar herramientas de estrategia, construcción de marca, comprensión del consumidor y planificación de negocios a profesionales de la industria vitivinícola.

Un negocio que también impulsa otras actividades

Mientras cambia la forma de vender y comprar vino, la actividad continúa expandiéndose hacia nuevas regiones productivas. Desde la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA) señalaron que proyectos de menor escala en distintas provincias amplían la oferta y fortalecen las economías regionales.

“Estamos viendo un crecimiento y una extensión de la actividad vitivinícola en distintas regiones del país, con bodegas más boutique, proyectos más pequeños y una fuerte presencia de vinos de autor que se van sumando a toda la cadena productiva”, explicó Daniel Romero, secretario de Prensa de FOEVA.

Romero agregó que el desarrollo de la actividad beneficia también al turismo, la gastronomía, el comercio y a los proveedores vinculados con la producción vitivinícola, mientras que la diversidad de regiones abre nuevas oportunidades comerciales tanto en el mercado interno como en el exterior.

El desarrollo de los canales digitales también amplía las posibilidades comerciales para las bodegas que buscan llegar a consumidores fuera de sus mercados habituales. En ese proceso, la logística gana importancia.

Desde Mail Boxes Etc. señalaron que muchas bodegas y pymes exportan partidas más pequeñas, productos premium o muestras comerciales, por lo que requieren soluciones flexibles para llegar a nuevos mercados. “Las economías regionales están ganando protagonismo en mercados internacionales gracias a productos que compiten por calidad, diferenciación e identidad. Para muchas de estas empresas, contar con soluciones logísticas flexibles y acompañamiento especializado resulta clave para sostener ese crecimiento y acceder a nuevos destinos”, dijo Santino Rebuffo, Country Manager de Mail Boxes Etc. Argentina.

Fuente: TN

Sigue leyendo
Advertisement

Nuestro Clima

Facebook