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Era futbolista, le entró una basurita en el ojo y todo cambió: peleó por su vida y un trasplante lo salvó
Sergio Sagarzazú transitaba sus últimos años como futbolista con gran ilusión. Era diciembre de 2023, estaba a punto de empezar una nueva pretemporada y había decidido viajar para pasar las Fiestas junto a su familia. Lo que menos se esperaba es lo que ocurriría en ese traslado tan habitual. Una basurita se le metió en el ojo y dio inicio a un proceso impensado: no solo puso fin a su carrera como profesional, sino que lo dejó prácticamente ciego y hasta puso su vida en riesgo.
De un día para otro, el experimentado mediocampista, que por entonces tenía 36 años, tuvo que cambiar la pelota, los entrenamientos y los partidos por las habitaciones de hospital, los estudios médicos y las operaciones. Fue así hasta que un trasplante logró devolverle parte de esa cotidianeidad que en algún momento pensó que nunca más volvería a tener.
Así fue el momento en el que la vida puso a prueba a un jugador que supo tener pasos destacados por clubes como San Martín de Tucumán, Estudiantes de Caseros, Chacarita, Crucero del Norte, San Martín de San Juan y el SV Wilhelmshaven de Alemania, entre otros.
El día que todo cambió
Era 23 de diciembre y Sergio manejaba su auto por la ruta. Viajaba hacia Buenos aires con su esposa y sus hijos para pasar las Fiestas con su familia, con la idea de volver unos días más tarde para sumarse a los entrenamientos con Sarmiento de Resistencia y disputar el torneo del Federal A.
Iba con la ventana abierta y una basurita le entró en el ojo. “Fue como lo que le pasa a uno miles de veces. Llegué, me fui a dormir y al otro día, que ya era 24 de diciembre, me desperté con el ojo colorado y molesto”, relató Sagarzazú en diálogo con TN.
Inmediatamente, el futbolista se fue a una guardia oftalmológica. El profesional que lo atendió le dijo que no se veía nada raro en su ojo y que tan solo se pusiera unas gotas. Pero la molestia era cada vez mayor y por eso Sergio decidió volver a las pocas horas. Al recibir la misma respuesta, hizo una tercera consulta, esta vez en otro centro de salud. Los médicos seguían diciéndole lo mismo.
“El dolor ya era una tortura, pasé Navidad encerrado con una bolsa de hielo en la cara”, contó el futbolista, que continuó visitando distintas guardias en las horas siguientes, aunque ninguna le daba un diagnóstico certero. Incluso uno de los profesionales llegó a decirle que tenía un herpes y que había que cambiar la medicación.
El alivio parcial llegó recién el 26 de diciembre, en la Trinidad de San Isidro. Los médicos que lo atendieron decidieron dejarlo internado y pasarle morfina para el dolor hasta que al día siguiente pudiera verlo un oftalmólogo.
“El doctor llegó y me sacó del ojo una hoja de un árbol o de una planta. Sentí un alivio tremendo. Pero me explicó que por haber estado tanto tiempo ahí, unos cuatro días, eso me podía generar un hongo. Dicho y hecho: al otro día, me empezó a crecer un hongo dentro del ojo”, explicó Sagarzazú.
El futbolista junto a su familia, el día que cumplió 100 partidos con la camiseta de Sarmiento de Resistencia (Foto: IG/@sagarzazusergio)
La pérdida de la visión
El futbolista perdió la visión de su ojo el 1° de enero. Pero esa no era la única consecuencia del hongo: “Era muy agresivo, penetraba los nervios y me dolía toda la cabeza, la cara. Era insoportable. La cosa iba cada vez peor”.
La esposa de Sagarzazú se comunicó con la obra social de los futbolistas y Ana, su representante, hizo la gestión para conseguir una derivación al Hospital Británico. Allí le hicieron una serie de estudios y lograron detectar qué tipo de hongo tenía. También le dieron una medicación específica que debía ponerse cada diez minutos, es decir, todo el tiempo.
“En ese momento el médico me dijo: ‘Lo que menos me importa es tu vista. Yo te tengo que salvar la vida porque corrés el riesgo de que ese hongo te coma el ojo y se te vaya la cabeza’. Fue impresionante que me dijera algo así porque yo en ese momento solo pensaba en volver a jugar al fútbol”, recordó.
El gran objetivo de los médicos era que el hongo no creciera. El tratamiento, entonces, requirió de una operación que no salió bien. Aún con el riesgo de perder el ojo, Sagarzazú decidió someterse a una segunda intervención: el resultado fue el esperado, pero todavía quedaba un largo -muy largo- camino por delante.
“¿Y cuándo voy a volver a ver?”, esa era la pregunta que desvelaba al futbolista. Había una sola posibilidad: un trasplante de córnea. Pero, para llegar a esa instancia, el hongo debía estar completamente eliminado de su ojo.
Después de 16 días internado, Sagarzazú se fue a su casa, pero tenía que volver todos los días a controlarse con los médicos. En un principio, el tratamiento de reducción del hongo iba a durar tres meses, que luego se convirtieron en seis. Finalmente, pasó a ser un año completo.
El desafío de aprender a vivir ciego de un ojo
Un año de espera. Un año ciego de un ojo. Un año sin jugar al fútbol, sin manejar y, en el principio, con un dolor que no le permitía ver TV, escuchar la radio ni tomar mate. Así pasaban los días del ya por entonces exjugador de 36 años.
Para transitar ese difícil momento recurrió a un psicólogo, también ofrecido por la obra social de Futbolistas Agremiados. “Eso me hizo bien”, afirmó.
Hasta que el día tan esperado llegó: “Ya cerca del año de tratamiento, el doctor me dice que me ve en condiciones de recibir el trasplante. Me dijo que estaba seguro de que ya no estaba el hongo. Fue una gran emoción”.
El oftalmólogo le explicó a Sagarzazú cómo era el proceso para anotarse en el INCUCAI con el objetivo de recibir una córnea para su trasplante. Le advirtió, además, que el proceso podía durar cinco o hasta ocho años. En ese momento empezó a evaluar la posibilidad de comprar una córnea en un banco de Estados Unidos, un proceso legal pero costoso. Nuevamente recurrió a Futbolistas Agremiados y la respuesta llegó del propio secretario general, Sergio Marchi. “Me contaron que él dijo ‘¿Cuál es el problema? Cómprenla ya’”, contó el exmediocampista entre lágrimas.
Justo cuando estaba por empezar el proceso de compra, llegó un llamado que se sintió como un milagro: “El médico me anotó en el INCUCAI un jueves y me llamó el viernes para preguntarme si estaba en Buenos Aires porque habían encontrado un donante”.
Del miedo a la esperanza, un año después
A Sergio le cuesta seguir la charla. Se toma unos segundos, llora, respira fuerte del otro lado del teléfono. Finalmente, deja entrever que no hay tristeza en esas lágrimas, sino puro agradecimiento: “El trasplante se hizo el 23 de diciembre de 2024, exactamente un año después de que me entrara la basurita en el ojo. Suena a que fue una señal ¿no?”.
Un día después de la operación, el médico le sacó el parche que le cubría el ojo. Le advirtió que no se asustara si la ceguera se mantenía, que todavía era muy pronto: “Cuando me lo sacó, lo vi al doctor”.
“Veía como si estuviera debajo de una pileta, distorsionado, pero veía”, explicó. Y agregó: “Pasaron ya siete meses y yo cada vez veo mejor. Ya estoy haciendo vida normal: puedo ir al gimnasio, puedo hacer fuerza, conseguí un trabajo por fuera del fútbol y todo se fue acomodando”.
Sergio tiene una visión del 60 o 70% en el ojo en el que recibió el trasplante. “Con eso estoy bien”, asegura. La colocación de un lente intraocular podría ayudarlo aún más, pero hoy prefiere no volver a pasar por operaciones y alejarse lo más posible de los consultorios médicos para “tomarse un descanso”. Destaca, además, la importancia que tuvo el acompañamiento del psicólogo al que empezó a ver en medio de este proceso.
Actualmente, trabaja en una empresa de Seguros en la Ciudad de Buenos Aires. Tuvo oportunidades para seguir vinculado al fútbol, pero priorizó la estabilidad de esta nueva ocupación. En cuanto al deporte, volvió al gimnasio y a andar en bicicleta. Todavía no jugó al fútbol por temor a los golpes -tan solo hizo algún peloteo con sus hijos más grandes- y en el futuro, de hacerlo, deberá usar una protección ocular. “Hoy para mí tiene más sentido cuidar la córnea que patear una pelota”, sostuvo.
“Pienso más adelante en volver a lo que a mí me apasiona, pero hoy en día necesito otra cosa. Por eso agarré este otro trabajo y hoy estoy acá, aprendiendo”, dijo el ya exfutbolista, que antes del incidente de la basurita en el ojo había hecho el curso de DT, el de director deportivo y el de preparador físico.
Su tiempo como jugador de fútbol ya quedó atrás y Sergio aceptó que entró en una nueva etapa de su vida. Tras pasar momentos de miedo e incertidumbre, el presente le sonríe: “Me siento súper feliz. Cuando me lavo la cara a veces cierro el ojo con el que veo bien para poder probar el otro y sonrío. A veces me pregunto por qué todo eso me pasó a mí, pero también van pasando cosas buenas y pienso que tal vez es algo que tenía que suceder”.
“Ese día en el auto veníamos mi señora, mis tres hijos y yo. Hoy te digo que gracias a Dios la basurita me entró a mí y después tuve el apoyo de ellos para sacarlo adelante. Es la verdad”, cerró con emoción.
Fuente: TN
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La computadora de Messi, a un paso de los 900 goles en su carrera: sus gritos año a año
Lionel Messi está a un paso de lograr un nuevo hito en su gloriosa carrera deportiva. En el partido de ida por los octavos de final de la Concachampions ante Nashville FC, el astro puede convertir su gol 900 para volver a dejar su huella en la historia del fútbol mundial.
En lo que va de la nueva temporada, el histórico número anotó un doblete en el triunfo 4-2 en el Clásico del Sol ante el Orlando City y un gol el pasado fin de semana en la visita de Las Garzas a Washington contra el DC United (2-1) tras el encuentro con Donald Trump en la Casa Blanca.
El jugador con más títulos en la historia, dueño de 48 títulos (35 con Barcelona, 3 con PSG, 6 con la selección argentina y 3 con Inter Miami; el más reciente fue la MLS Cup del 2025), tiene un historial fantástico desde su primera anotación con la camiseta blaugrana. En relación a las anotaciones, 112 goles fueron de penal y 70 de tiro libre.
Hay que recordar que Messi tuvo una brillante temporada pasada, con 46 goles que anotó entre los 54 duelos que acumuló con la selección argentina (3 gritos en 5 presentaciones) y el Inter Miami (43 tantos en 49 partidos). Números que superan algunas de sus campañas en Barcelona y que lo colocó como la décima con más anotaciones de las 23 que lleva como profesional. En este sentido, Lionel quedó con registros cercanos a los goleadores de las mejores ligas del mundo en 2025: Kylian Mbappé (59 goles), Harry Kane (54) y Erling Haaland (51)
El capitán del Inter Miami fue el máximo anotador (29) y el que más asistencias dio (19) de la temporada regular de la MLS. El rosarino hizo esa cantidad de tantos y pases de gol en 28 juegos del campeonato norteamericano (26 como titular), aventajando por cinco goles a Denis Bouanga (24 en 31 partidos) e igualando en asistencias a Anders Dreyer (19 en 34 apariciones).
SIMULADOR
Messi contabiliza 899 gritos y 407 asistencias en los 1.140 partidos que tuvo de manera profesional en su carrera contabilizando las camisetas que vistió: Barcelona (672 goles y 269 asistencias en 778 partidos), Paris Saint Germain (32 goles y 34 asistencias en 75 partidos), Argentina (115 goles y 61 asistencias en 196 partidos) e Inter Miami (80 goles y 43 asistencias en 91 partidos).
Su mejor año fue el recordado 2012 cuando sumó 91 goles entre Barcelona (79 goles en 60 partidos con 59 en la Liga, 13 en Champions, 5 en la Copa del Rey y 2 en la Supercopa de España) y la Albiceleste (12 en 9 partidos). Además, en dos ocasiones hizo cinco goles (en el 5-0 de Argentina-Estonia en 2022 y en un 7-1 del Barca al Leverkusen en 2012 por la Champions League). En esa línea, seis veces anotó cuatro goles y sumó un total de 52 hat-trick, ocasiones en las que se llevó de regalo el balón por anotar un triplete.
Más allá de este hito, Messi y Cristiano Ronaldo persiguen el récord de alcanzar los 1.000 goles en su historial. En este sentido, la estrella de la selección de Portugal le lleva ventaja al 10 de la selección que buscará defender el título en la Copa del Mundo a jugarse desde el próximo 11 de junio en Estados Unidos, México y Canadá.
El hoy delantero del Al Nassr de la liga saudí suma 956 goles en 1.312 juegos desde que se sumó al equipo árabe (112), el combinado luso (143), Manchester United (145), Juventus (101), Real Madrid (450) y Sporting Lisboa (5). Hasta el momento, uno de los mejores futbolistas de la historia sobre el argentino por 56 tantos con una ventaja: disputó 171 encuentros más.
GOLES DE MESSI DEL 100 AL 900
100: vs. Dinamo de Kiev (2-0 en la Champions League 2009).
200: vs. Real Madrid (3-2 en la Supercopa de España 2011).
300: vs. Rayo Vallecano (5-0 en La Liga 2012).
400: vs. Granada (6-0 en La Liga 2014).
500: vs. Valencia (1-2 en La Liga 2016).
600: vs. Atlético de Madrid (1-0 en La Liga 2018).
700: vs Atlético de Madrid (2-2 en La Liga 2020).
800: vs Panamá (2-0 en un amistoso de la Selección en 2023)
GOLES DE MESSI EN CADA AÑO CALENDARIO
1- 91 goles en el 2012 (Barcelona/Selección Argentina)
2- 60 goles en el 2010 (Barcelona/Selección Argentina)
3- 59 goles en el 2011 (Barcelona/Selección Argentina)
4- 59 goles en el 2016 (Barcelona/Selección Argentina)
5- 58 goles en el 2014 (Barcelona/Selección Argentina)
6- 54 goles en el 2017 (Barcelona/Selección Argentina)
7- 52 goles en el 2015 (Barcelona/Selección Argentina)
8- 51 goles en el 2018 (Barcelona/Selección Argentina)
9- 50 goles en el 2019 (Barcelona/Selección Argentina)
10- 46 goles en el 2025 (Inter Miami/Selección Argentina)
11- 45 goles en el 2013 (Barcelona/Selección Argentina)
12- 43 goles en el 2021 (Barcelona/PSG/Selección Argentina)
13- 41 goles en el 2009 (Barcelona/Selección Argentina)
14- 35 goles en el 2022 (PSG/Selección Argentina)
15- 31 goles en el 2007 (Barcelona/Selección Argentina)
16- 29 goles en el 2024 (Inter Miami/Selección Argentina)
17- 28 goles en el 2023 (PSG/Inter Miami/Selección Argentina)
18- 27 goles en el 2020 (Barcelona/Selección Argentina)
19- 22 goles en el 2008 (Barcelona/Selección Argentina)
20- 12 goles en el 2006 (Barcelona/Selección Argentina)
21- 3 goles en el 2026 (Inter Miami/Selección Argentina)*
22- 3 goles en el 2005 (Barcelona/Selección Argentina)**
23- 0 goles en el 2004 (debut en Barcelona)
* Temporada en curso
** También anotó 6 goles en el Mundial Sub 20 de Países Bajos
Fuente: Infobae
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Un jugador que se fue de River a préstamo criticó a Gallardo por no darle oportunidades
Tomás Nasif, delantero de 22 años surgido en las inferiores de River, fue presentado oficialmente como refuerzo de Platense pero quiso dejar un mensaje a Marcelo Gallardo. El atacante, que llega de un préstamo en Banfield y no llegó a debutar en la Primera del Millonario, cuestionó la falta de oportunidades que tuvieron los juveniles bajo el ciclo del Muñeco.
“Me crié en River. Se ve el club y la magnitud, con tanta cantidad de jugadores. No jugué en Reserva hasta los 20 años y lo veía lejos. Una vez que estás en Reserva y empezás a compartir, a tener más confianza”, relató Nasif sobre su recorrido en el club de Núñ
En una entrevista con DSports Radio, el cordobés repasó el desarrollo de su camada: “Cuando estaba en Reserva sabíamos que podía estar cualquiera en Primera, pero Marcelo Gallardo no tuvo en cuenta a ninguno de ese equipo campeón”, disparó, en referencia al plantel que se consagró en 2024 bajo la conducción de Marcelo Escudero.
A pesar de que algunos juveniles sí sumaron minutos en 2025 —como Giorgio Costantini, Ulises Giménez, Juan Cruz Meza, Bautista Dadín, Agustín De La Cuesta, Thiago Acosta, Cristian Jaime, Agustín Obregón y Joaquín Freitas—, Nasif remarcó que varios no fueron llevados ni siquiera a la pretemporada en San Martín de los Andes.
Un nuevo desafío en Platense y la ilusión de la Copa Libertadores
Nasif viene de recuperarse de una grave lesión en el tobillo que lo dejó afuera casi todo el 2025. Ahora, busca revancha en Platense, club que disputará la próxima edición de la Copa Libertadores.
“Tengo ganas de ganar, de ir para adelante, tengo muchas ganas de jugar porque hace mucho que no juego, ojalá que también pueda aportar con goles”, expresó el delantero, que se mostró ilusionado con su nuevo desafío. “La motivación para venir también fue que vamos a jugar la Copa Libertadores”, sentenció.
Fuente: TN
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Cuando la edad sugiere bajar el ritmo, las aguas abiertas exigen resistencia y potencia: el desafío silver de nadar en ellas
A la mañana, la Laguna de Gómez todavía tiene la respiración lenta. El agua se sacude con un viento corto en medio de la Pampa Húmeda. Sobre la orilla, los cuerpos esperan. Hombros marcados por el sol de otras temporadas. Gorras de látex, antiparras empañadas, manos que ajustan y vuelven a ajustar. Nadadores de la generación silver se miran, se reconocen sin hablar. Saben que no vienen a pelearle al tiempo, vienen a cumplirle algo al cuerpo. Y al alma, siempre al alma.
Jorgelina Donofrio tiene 57 años, vive en Malvinas Argentinas y durante mucho tiempo nadó sin pensar en competencias. La pileta era rutina, cuidado, un modo de ordenar los días. Nunca había entrado a una laguna a competir. Nunca había recorrido tres kilómetros sin bordes ni referencias fijas.
Sin embargo, una madrugada llegó a Junín después de viajar en bicicleta y tren junto a sus compañeras, durmió pocas horas y, al meterse en el agua de la Laguna de Gómez y nadar sin parar, ganó en su categoría y subió al podio por primera vez en su vida. No lo dice como un logro deportivo. Lo dice como quien todavía está entendiendo lo que acaba de pasar.
El viaje hasta la largada fue parte de la prueba. Salieron pedaleando hasta José C. Paz, tomaron el tren rumbo al noroeste bonaerense y retomaron la bicicleta hasta el camping. Llegaron cerca de las 2 de la mañana. A las 9 ya estaban despiertas. A las 10.30, en el agua.
Dos años de preparación, entrenamientos exigentes y una decisión tomada como cambio de vida confluyeron en esa secuencia. Jorgelina repite que no vino a ganar, que su objetivo era completar el recorrido. La medalla, dice, pesa menos que el orgullo, pero igual se la cuelga.
Su historia con las aguas abiertas empezó cuando se sumó al grupo de entrenamiento del profesor Omar Maidana. Siempre había nadado, pero nunca así. Encontró en el grupo algo más que técnica: compañía, constancia y una meta compartida. Siguió a una compañera hasta que la perdió y entonces siguió sola, guiándose por las boyas. Así llegó. Así ganó. No contra otros cuerpos, sino contra la idea de que ciertas primeras veces ya no llegan después de los 50.
El momento de la largada
La largada no es un estallido. Es un desliz. Uno por uno se meten en el agua. La laguna de Junín, provincia de Buenos Aires, los tapa hasta el cuello. El frío al principio es un golpe. Después es un pacto.
El boyado marca el mapa invisible de los 3.000 metros en formato de triángulo, hay que realizar el recorrido tres veces. No hay público ensordecedor. Hay madres, hijos, compañeros, termos y mates sobre el pasto. Hay silencio que se rompe por chapuzones: “Vamos, vamos…” Y ese sonido viejo del agua golpeando la piel.
La maratón es una muestra de un fenómeno que ya no es marginal, con participantes que sostienen rutinas de preparación física y planificación personal, y que entienden la práctica deportiva como una forma de autonomía y continuidad activa.
La organización, a cargo de la Asociación Civil Los Flamencos, permite observar una dinámica consolidada: logística precisa, protocolos de seguridad activos y un dispositivo pensado para acompañar a nadadores con diferentes niveles de experiencia.
La competencia funciona también como punto de encuentro entre grupos que entrenan durante todo el año y que encuentran en estas pruebas una instancia de validación del esfuerzo cotidiano.
El primero en completar los 3.000 metros fue Lautaro Roche, con un registro de 40 minutos 49 segundos, mientras que el último nadador en cruzar la línea de llegada demoró 1 hora 32 minutos. En el medio, las historias de los nadadores veteranos y de los que se animaron por primera vez, aún resuenan.
Jorgelina Dónofrio sale con la cara roja, los ojos brillosos y el cuerpo cansado pero satisfecho. Subió al podio por primera vez en su vida. Lo dice sin épica, como si confesara algo íntimo: está emocionada, está feliz, quiere volver. Cuenta que todo lo organiza alrededor de la natación. La rutina, los días, las decisiones. El agua como eje.
“Me incorporé al grupo del profesor. Son superbuenos compañeros. Me encantó el grupo y ahora no lo voy a dejar nunca más”, dice.
“Ese entrenamiento a full es compañerismo, es trabajo y son metas que uno simplemente quiere cumplir. Hoy no vine a ganar, vine a completar los tres kilómetros. Mi meta es complementarlo, cumplirlo, pero me llevo la medalla”, agrega.
Durante la competencia, la concentración y los pensamientos personales acompañan cada brazada: “Pienso en mis hijos, en mis perros, en lo que me enseña mi profesor, en no perder de vista a mi compañera que iba adelante mío. Yo pateaba un poquito más fuerte para alcanzarla y que no se me escape”.
Lalo Calandri, 68 años, llegó a la natación por descarte. Antes el fútbol, las canchas duras, los tobillos castigados. El cuerpo pidiendo menos impacto. En el agua, dice, el paso del tiempo se nota diferente. Casi no se nota. Nada hace casi 30 años y todavía siente algo parecido a la gratitud cuando toca fondo con los pies y termina. No habla de velocidad. Habla de terminar. Y de una idea que le gusta repetir: en aguas abiertas hay una ley que sirve para la vida: “Mantener la calma”.
Porque la laguna puede estar mansa. O puede levantarse con viento y convertirse en una pared de agua que te empuja para atrás.
Patricia Cura no sabía nadar. Aprendió para acompañar a su hijo Genaro. Buscó el agua por él y se quedó por ella. El hijo ya no nada, ella sí. Docente jubilada, artista plástica, entrena en pileta, después gimnasio. Se mete en la laguna con una mezcla de miedo y deseo.
Patricia comparte sus pensamientos durante la competencia: “Pensamos muchas cosas, pero por ahí pienso en que es la última. Después digo: No, si estoy acá es porque me lo merezco y porque lo estoy logrando y es maravilloso”. Esta vez, se sube al podio.
La natación aparece como algo más que una práctica deportiva. El agua se vuelve una herramienta de cuidado. Mejora la movilidad, sostiene la flexibilidad, reduce el impacto sobre las articulaciones y fortalece la musculatura, factores que inciden de manera directa en la autonomía cotidiana y en la prevención de caídas.
La práctica regular también se asocia a la reducción de factores de riesgo de enfermedades crónicas y a una mejora del estado emocional. El entrenamiento compartido consolida vínculos, construye pertenencia y transforma el ejercicio en un espacio de socialización estable. La prueba es una comunión, un espacio compartido donde nadie pierde.
Magaly Mascardi compite en +60 y llega tercera. Para ella, las aguas abiertas son una aventura que nunca se repite igual. El viento cambia la textura del agua. El nado de ida no es el mismo que el de vuelta. Habla de otra dimensión. De la posición horizontal. Del sonido único del agua pegando contra el cuerpo. Dice que ahí se encuentra consigo misma. Que el agua es blanda. Y que esa blandura la saca por un rato de una realidad que a veces es dura.
La Laguna de Gómez sostiene todo. Más de un siglo de historia. Árboles viejos, espejo de agua ancho, horizonte bajo. Un lugar que fue balneario cuando Junín empezaba a mirarse como ciudad. Hoy es escenario para estos cuerpos que no se resignan. La Asociación Civil Los Flamencos arma la carrera con la precisión de lo artesanal. Boyas, banderas, planillas. Todo en su lugar.
Al final, no hay discursos largos. Hay toallas sobre los hombros. Hay abrazos torpes propios del cansancio. Fideos con rúcula y helado de postre. Hay mates compartidos. Las marcas quedan en las libretas. Lo que no se anota es otra cosa: la sensación de haberle ganado una vez más a la quietud. El agua vuelve a quedar en calma. Como si nada hubiera pasado. Pero pasó. Entre una boya y otra, alguien se volvió a sentir vivo.
Fotos: Gentileza de Asociación Civil Los Flamencos.
Fuente: Infobae