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Era docente, vendió una estancia familiar y ahora se dedica a dar clases de yoga en una cárcel de San Martín
”El yoga no es solo una práctica física, es una herramienta para la liberación del ser, para encontrar la paz en medio del caos”. Isabel Aldao, protagonista de esta historia, escogió esa frase para comenzar a narrar uno de los proyectos más significativos de su vida: Moksha, un espacio que lleva el yoga a los internos del Complejo Penitenciario de San Martín.
Isabel no solo es profesora de yoga, sino también el alma mater de un proyecto que está cambiando la realidad de aquellos que necesitan cambiar de rumbo. Para Isabel, que vivió su vida en constante búsqueda de equilibrio, llegar hasta aquí también fue difícil.
La mujer de 60 años nació en San Isidro, es mamá de cinco hijos y abuela de una nieta. Su camino comenzó en el mundo de la docencia, pero las circunstancias la llevaron al turismo, y más tarde a ser la encargada de la estancia familiar La Bamba, en San Antonio de Areco.
Sin embargo, al venderse la estancia, Isabel entró en una crisis personal: “Fue un momento de mucha incertidumbre, no sabía qué rumbo tomar”, contó a TN. Fue entonces cuando su hijo Tobías, notando su angustia, le sugirió algo que cambiaría su vida: hacer el profesorado de yoga.
”Yo había practicado yoga durante años, y sentía que me aportaba un bienestar profundo. Pero no fue hasta que me lancé a estudiar que entendí que esto era mucho más que una disciplina física, era un camino de transformación personal y espiritual”, explicó.
Con su formación, Isabel encontró no solo una nueva dirección profesional, sino una nueva forma de vida. Junto con su amiga Vicky Zimmerman, Isabel fundó Moksha, un espacio que busca llevar el yoga como herramienta de sanación y crecimiento a las cárceles argentinas.
“Lo que empezó como algo personal, se transformó en un proyecto colectivo”, dijo con la mirada iluminada. Es que desde su creación, Moksha tuvo un impacto profundo en aquellos que han pasado por sus clases, especialmente en los internos de las cárceles. En 2015, el proyecto dio un giro inesperado, cuando Isabel y su equipo conocieron a Rodrigo Chavarría, un entrenador de rugby del equipo de los Espartanos. Con él, comenzaron a llevar yoga a los internos de las cárceles de San Martín.
El yoga en la cárcel
“Lo que vimos desde el principio fue impresionante. Los internos empezaron a transformar sus vidas a través del yoga, a encontrar paz donde antes solo había caos”, reflexionó Isabel. A lo largo de los años, su proyecto creció y se diversificó, con la participación de profesores de diversas escuelas de yoga, que en su mayoría imparten clases de manera voluntaria.
”Los internos nos esperan con sus mat en el piso, el espacio limpio y con una disciplina impresionante”, contó la profesora, que destacó la diferencia de actitud que se ve en los internos que practican yoga. “Es notable cómo su mirada cambia, se sienten más conectados con su ser luminoso, y eso transforma todo su entorno”, dijo.
Más allá de los beneficios físicos que otorga el yoga, Isabel y su equipo han sido testigos de una verdadera transformación en los internos. “Lo más impactante es el cambio en su actitud. Se vuelven más serenos, la violencia baja considerablemente, y lo más bonito es ver cómo se apoyan unos a otros. Se crea una comunidad dentro del penal”, reflexionó.
Luego agregó: ”Muchos internos comienzan a sentir que no están solos, que tienen la capacidad de cambiar, y eso los impulsa a seguir”.
Uno de los casos más conmovedores para Isabel es el de un interno con prisión perpetua. A pesar de su condena, el yoga le brindó una nueva visión de la vida. “Este hombre cambió completamente su forma de ver el mundo, y comenzó a inspirar a sus compañeros para que se sumaran a la práctica”.
”Volver a su entorno social, después de tanto tiempo, es muy difícil. Muchos de ellos no tienen estudios ni experiencia laboral, y las historias familiares de conflicto se repiten”, explicó Isabel. A pesar de estos obstáculos, la docente se siente esperanzada. ”Creo que el yoga les da una base para enfrentar la vida con otra mirada. Es un proceso largo, pero lo más importante es que el cambio comienza dentro de ellos”.
Isabel cumplió en este último tiempo el sueño de comprarse un motorhome, bautizada “Motorommm”. Su intención es recorrer el país llevando el proyecto Moksha a todas las provincias, uniendo sus dos pasiones: viajar y enseñar yoga.
”Es mi forma de seguir transformando vidas, de llevar luz y amor a los rincones más necesitados del país”, expresó la mujer, que enfatizó en que el yoga es mucho más que una práctica física. ”Es el guerrero luchando contra sus propios demonios”, insistió, mientras se acomodaba en su asiento.
Allí completó: ”Es la búsqueda constante de esa paz interior, esa luz que todos tenemos, pero que a veces necesitamos descubrir”.
Fuente: TN
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Ni Brasil ni Uruguay: el destino de la Argentina que es ideal para pasar las fiestas hasta 78% más barato
Los argentinos comienzan a planificar dónde pasarán las Fiestas y crece el interés por celebrar Navidad y Año Nuevo en distintos puntos turísticos.
Las consultas para viajar entre el 23 de diciembre y el 2 de enero están lideradas Mar del Plata, seguido por dos destinos internacionales: Florianópolis y Río de Janeiro, según consignó un reporte de la plataforma Booking.com.
Para estas fechas, las familias prefieren realizar escapadas con un presupuesto más acotado, ya que se acercan las vacaciones que ya fueron planificadas con anticipación.
“Los argentinos se encuentran entre las nacionalidades que menos excusas necesitan para viajar. No esperan a casarse o a atravesar grandes hitos en sus vidas para preparar la valija: viajan simplemente por el placer que les genera. Y las celebraciones de Navidad y Año Nuevo representan un momento ideal para hacerlo”, destacó Jimena Gutiérrez, gerente general de Booking.com para Argentina, en diálogo con TN.
Así, quienes decidan pasar Navidad o Año Nuevo lejos de casa requerirán de al menos $676.156 o US$467,93 para un paquete de viaje.
Verano 2026: cuánto cuesta pasar las Fiestas en las playas de Brasil y Uruguay
TN realizó un relevamiento entre las principales páginas de reservas y aerolíneas para celebrar fin de año en las playas brasileñas y uruguayas. El período de referencia para la búsqueda fue 29 de diciembre al 2 de enero.
El sondeo incluye paquetes en avión o en ferry (ida y vuelta) sumado a los precios de los alojamientos cuatro estrellas, todo por cinco días:
- Para volar y alojarse en Río de Janeiro, se requieren $2.101.424 por persona para ese lapso. Pero, el valor es menor cuando viaja una familia (dos adultos y dos menores): $2.022.854 cada pasajero.
- Hay dos opciones para ir a Punta del Este. Si una pareja opta por un paquete de viaje en avión, tendrá que desembolsar $2.500.375 por persona. Mientras ir en buque el valor desciende 82,17% y sale $1.372.497. Para cuatro personas, el valor en ferry eléctrico totaliza en $843.201.
- En Florianópolis, los paquetes inician desde los $1.339.063 e incluyen alojamiento en hotel cuatro estrellas, traslado y desayuno.
De Pinamar a Bariloche: cuáles son los precios para viajar en las Fiestas
En el relevamiento, TN analizó los precios para pasar Año Nuevo en los principales destinos turísticos del país y observó que San Carlos de Bariloche es más accesible que viajar a Brasil entre el 29 de diciembre y 2 de enero.
Las plataformas ofrecen paquetes por persona por $1.174.969 para dos adultos y $1.027.790 para una familia tipo.
Así, despedir el año en el sur argentino puede llegar a ser hasta 78% más barato que en las playas de Brasil. No obstante, esta situación se revierte si se planifican vacaciones en la primera quincena de enero.
Otra de las opciones para comenzar 2026 fuera de la gran ciudad es Pinamar. Se ofrecen paquetes desde $777.587 para una familia compuesta por dos menores y dos adultos. Si cada uno se arma su viaje, tendrá que destinar desde $48.800 en pasajes de micro y $423.385 para el alojamiento.
Pero, el destino favorito para pasar las Fiestas es Mar del Plata. Se deben destinar $676.156 por persona. Ese monto contempla pasajes en avión ida y vuelta, alojamiento y desayuno incluido.
En micro, desde la terminal de Retiro, el ticket cuesta $54.800 y un alquiler en un departamento para cuatro personas se ofrece a $514.254. De esta manera, una familia requerirá de $952.654 para estar en estas Fiestas en La Feliz.
Fuente: TN
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El “profectivero”: la historia del chofer que convirtió un colectivo de la línea 45 en una pista de baile
Sobre la vereda del playón en Lanús, antes de subirse al colectivo de la línea 45, Daniel Arias ya se mueve con ritmo. Es imposible que no lo haga: es bailarín desde los 10 años, profesor de danza urbana, coreógrafo y, desde hace casi una década, colectivero. En redes lo conocen como el profectivero, un híbrido que él mismo inventó para no tener que elegir entre dos mundos que le cambiaron la vida.
“Me encanta bailar y poder hacerlo mientras trabajo en el colectivo fue una idea loca, pero funcionó”, cuenta entre risas. Esa “idea loca” hoy lo tiene viralizado: miles de usuarios lo siguen por sus videos bailando en la terminal, improvisando pasos con el uniforme puesto o ensayando coreografías en sus ratos libres.
Daniel nació artísticamente a los 10 años, cuando descubrió el hip-hop por primera vez a través de un grupo de amigos.
“Después me anoté en una academia y aprendí de todo: popping, afro, reggaetón, dancehall. Hoy doy clases de urbano y mezclo un montón de estilos”, explica a TN.
Su vida fue siempre el baile, pero la calle —y las infinitas complicaciones de su viaje diario hasta el microcentro porteño— lo empujaron hacia otro camino: manejar un colectivo.
“Yo trabajaba en sistemas y me tomaba siempre el 45. Llegaba tarde por los piquetes, por el tránsito, por la inseguridad. Y un día miré al chofer y dije: ‘¿Y si pruebo acá?’”, recuerda. Averiguó, se presentó en la oficina de la línea y quedó. Lo que no imaginaba era que ese trabajo, que para muchos es monótono y pesado, se convertiría en otro escenario para moverse.
La rutina de Daniel es un torbellino: “Me levanto temprano, vengo a trabajar, estoy ocho horas sentado, grabo coreos, después vuelvo a casa, como algo y salgo otra vez para ir a dar clases. Y cuando termino, edito los videos… no paro”, cuenta. El baile no es un pasatiempo: es su cable a tierra, su forma de resetear el cuerpo después de horas de manejo.
A diferencia de lo que muchos creen, no baila mientras maneja ni en los semáforos. Las coreografías que se viralizan las graba en sus tiempos de descanso, cuando frena en el playón o cuando termina un turno.
“En los descansos me pongo a bailar. A veces mis compañeros me dicen: ‘Dani, descansá’, pero no puedo. Necesito preparar las coreos del día”, explica entre risas.
Para él, el baile es una extensión natural de su trabajo como chofer: un ejercicio para aflojar tensiones y mantener la motivación. “La calle es jodida, hay que tener paciencia, estar concentrado. Bailar me ayuda a mantenerme bien, a trabajar con buena energía”, reconoce.
Asegura que todo lo que hace lo hace con respeto, y en esto aparece un costado que él mismo quiere aclarar: la relación con sus jefes.
“Estoy muy agradecido con los jefes de la línea. Siempre me tratan con respeto y yo también a ellos. Pido permiso para grabar, no me mando solo, y siempre trabajo bien”, subraya. Cuenta que jamás mezclaría el baile con situaciones que pongan en riesgo su responsabilidad como conductor: “Sé que llevo gente y esa es una responsabilidad enorme. Eso va primero siempre”.
Y entre todo, un orgullo particular: “Tengo el colectivo más limpio de la 45”, dice sonriendo, como quien sabe que el detalle, aunque parezca mínimo, habla de quién es. Para Daniel, mantener el bondi impecable es otra forma de respetar su trabajo, a sus pasajeros y a sus superiores.
En redes lo siguen miles, pero quienes más lo empujan son sus estudiantes: “Mis alumnos me aman, me apoyan siempre. Quieren verme en la tele y que llegue a ser bailarín de María Becerra, de Lali o de Tini“, cuenta orgulloso.
Sus compañeros colectiveros, en cambio, todavía están procesando al fenómeno. Y aunque la mayoría lo banca, no todo es fácil. “Es un ambiente machista. Una vez estaba bailando reggaetón en el descanso y un chofer grande me dijo: ‘Che, fijate si está bien hacer eso acá, esto es un trabajo serio’“.
“Hay prejuicios. Dicen que los bailarines hombres son homosexuales, que está mal mostrar el cuerpo o bailar así”, cuenta. Pero él no negocia lo que lo hace feliz: “Si te enfocás en lo que dicen los demás, les das de comer. Yo me enfoco en mí, en ser feliz y en dejar huella”.
En cámara, Daniel se acomoda, respira hondo y lanza un mensaje que mezcla humor y deseo puro: “María, Tini, Lali… las estoy buscando. Quiero bailar con ustedes, quiero estar en un show. Quiero demostrar que un chofer de colectivo puede llegar muy lejos”.
Su sueño grande es tener algún día su propio estudio de danza. “Quiero que otros puedan desarrollar su talento sin prejuicios“, dice.
La nota termina con un juego casi obvio: ¿qué prefiere, un colectivo explotado o un estadio repleto? Pero la respuesta lo potencia: ¡Los dos públicos, porque aunque los contextos son diferentes yo disfruto siempre a la gente“.
El profectivero sube al colectivo, ajusta el espejito, enciende el motor. Y ahí, antes de arrancar, mueve los hombros como si un beat musical estuviera por empezar. En realidad, ya empezó: lo lleva adentro.
Fuente: TN
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Del escritorio de Borges a una gran sala de lectura: así es la renovada Biblioteca Nacional de la calle México
Por increíble que parezca, con su magnificencia, es una joya oculta en la ciudad. Así como los turistas de la antigua Roma se topan, al doblar una esquina, con el imponente Panteón, los distraídos paseantes de la Manzana de las Luces, frontera con San Telmo, se asombran al mirar hacia arriba y encontrarse con este palacio neoclásico. Salvando las distancias, pero no tanto: la ex Biblioteca Nacional, sobre la calle México, parece haber sido redescubierta en los últimos días por influencers y opinadores. Asombrados por su grandilocuencia, claman en redes sociales por mecenas, privados o lo que pueda llevarla de regreso a su esplendor original.
La Biblioteca Nacional fue creada en 1810 por el primer gobierno patrio, en 1901 se instaló en este edificio diseñado por el arquitecto italiano Carlos Morra. Había sido proyectado como sede de la Lotería Nacional, pero fue la gestión de uno de sus más famosos directores, Paul Groussac, la que logró que se convirtiera en casa de la lectura.
Como institución cultural más antigua del país, vivió en esta sede su época de oro. La que se percibe apenas se asoma uno a su gran sala de lectura, y siente que está en Hogwarts, en un decorado de película o de la imaginación. “Esta era la mejor sala de lectura del país, una ciudad de libros" —dice a TN Laura Rosato, codirectora de lo que hoy se llama Centro de Estudios Jorge Luis Borges, junto a Germán Álvarez—. “Una sala rodeada por estas bibliotecas con un sistema de escaleras para llegar a los tomos más alejados. Una belleza que además se relaciona con la historia de la biblioteca: para que el edificio la albergara, y en una tradición muy decimonónica, Morra suma la ornamentación con su historia institucional inscripta en la arquitectura”.
La mirada quiere perderse por todos los rincones. Pero hay que enfocar hacia arriba. A la enorme cúpula en la que sobresalen una suerte de monedas doradas en las que están inscriptos los nombres de todos los directores, desde la fundación de la Biblioteca Pública de Buenos Aires hasta Groussac. Luego, los escudos, el de la Ciudad de Buenos Aires y el de la Nación. Y los años de las inauguraciones.
Más abajo, en los capiteles, las materias del catálogo metódico que fue la primera organización: ciencias, letras, historia y derecho. Pero hay otro objeto increíble en esa sala tesoro, y es el reloj patrón. Tenía un sistema de relojería monumental francés que hizo instalar Groussac por el cual controlaba todos los relojes de la biblioteca. “Si te fijás, tiene una campanita”, indica Rosato. “Esa campanita sonaba a las 18:00 y les avisaba a los lectores que finalizaba el día de lectura, para que fueran cerrando”.
“La colección se inaugura en el mismo momento que el edificio”, cuenta Laura. “Era como uno se imagina, o al menos se imaginaba, las bibliotecas. No sé qué le pasa ahora a un lector joven, pero yo creo que un lector que va a una sala de lectura moderna un poco se desilusiona porque no hay libros”.
Por supuesto que la cúpula cierra con un gran vitral que ahora está almacenado para su conservación. “Es un vitral espectacular, barcelonés, con el cielo del Cono Sur, un cielo estrellado. Los restauradores de la Secretaría de Cultura hicieron la guarda como guarda de restauración”.
Claro, el otro director más famoso que Groussac fue Jorge Luis Borges. El autor de El Aleph ocupó en increíble escritorio circular del primer piso durante dieciocho años, entre 1955 y 1973. Ya estaba ciego cuando asumió el cargo, y fue desde ahí que trabajó, repasó y pulió su propia obra. Otra de las grandes razones por las que este lugar mágico, salvado del abandono y a la espera de vientos favorables que le permitan recuperar su esplendor original, tiene el potencial de convertirse en un centro de interés cultural y turístico a escala global.
Desde que la sede se mudó al edificio brutalista diseñado por Clorindo Testa sobre la calle Agüero, en 1992, este palacio de México 564 ha sido sede de diversos organismos y hoy alberga a cuerpos de danza y música. Vale la pena invitar a sumarse a las visitas guiadas, que agotan cupos todas las semanas. Deberán coordinar una visita guiada enviando un correo a centro.jlborges@bn.gob.ar.
Como está en proceso de refacción, las visitas no son aptas por ahora para personas con movilidad reducida. Tampoco es posible ver su mítico ascensor, uno de los primeros que tuvo la Ciudad de Buenos Aires, detenido por el tiempo. Pero sí se puede entrar a su magnífico hall con columnas de mármol, en el que se guarda bajo una vitrina la placa de bronce que debía colgar de su fachada, bellamente restaurada, para evitar que lo roben.
Se puede subir por la majestuosa escalinata que lleva al primer piso, donde están las oficinas del que hoy es centro de estudios borgeanos. Ahí está el despacho semicircular, la chimenea y la sala en la que Borges cumplía con su célebre cargo. Ahí está parte de la más rica historia cultural del país, custodiada por entusiastas eruditos, listos para transmitirla a quien quiera acercarse.
Fuente: TN