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El Centro Veterinario de Resistencia brinda servicios en su sede y en los barrios
La directora Agostina Uberti comentó que la atención se realiza con estricto respeto por las normas de bioseguridad. Además, desde marzo se concretaron visitas a siete Centros Comunitarios de la ciudad donde dio continuidad a la campaña de vacunación antirrábica y antiparasitaria.
La directora del Centro Veterinario Municipal, Agostina Uberti, recordó que a pesar de los inconvenientes generados por el coronavirus, la entidad continúa realizando sus actividades de lunes a sábado por la mañana, y los martes y jueves de 14:30 a 19. El predio, ubicado sobre la avenida San Martín 1845, fue inaugurado durante la gestión en la comuna del actual gobernador Jorge Capitanich en 2018. Allí se hacen esterilizaciones, atención clínica, vacuna antirrábica y antiparasitarias, entre otros trabajos.
En el marco de la emergencia sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19, Uberti contó que el centro tiene una buena organización aprovechando la amplitud del lugar. "No somos muchos, así que mantenemos todas las medidas de bioseguridad y la gente que ingresa se va organizando por orden de llegada, pero esperan en lugares seguro", detalló. A la vez indicó que todos los profesionales cuentan con los elementos de seguridad. "Tratamos de cuidarnos entre todos para evitar los contagios", remarcó Uberti en declaraciones a Radio Provincia.
Por estos días se entregan alrededor de 10 turnos diarios para castraciones, mientras que para clínica o vacuna antirrábica hay un número variable, pero que se ubica en torno a las 30 atenciones por día. "Con la vacunación antirrábica compartimos la actividad con el Centro Antirrábico de la Provincia, mientras que los antiparasitarios generalmente se hacen los sábados o los momentos de baja demanda de clínicas", explicó.
Operativos en los barrios
A la vez, el Centro impulsa operativos de acción en el territorio, recorriendo los distintos barrios de Resistencia. En este marco, Uberti indicó que, desde marzo, mes en que comenzó la campaña de vacunación antirrábica y antiparasitaria, llevan recorridos siete centros comunitarios. "Este miércoles nos toca Villa Prosperidad, pero en general pudimos trabajar de manera correcta, junto a los directores de los centros que nos ayudan a evitar aglomeraciones", señaló.
El último operativo, realizado en el barrio Güiraldes, vacunaron a más de 400 animales, pero además, se programaron los turnos para quienes no llegaron para atenderlos a tiempo en los centros comunitarios.
Tracción a sangre
Después de una larga lucha contra la tracción a sangre en la ciudad, por parte de distintas organizaciones que bregan contra el maltrato animal, se logró la conformación de un grupo interdisciplinario para trabajar esta cuestión, a través de una ordenanza municipal. A esto se sumó la consulta popular realizada durante las últimas elecciones municipales, pero en resumidas cuentas Uberti contó que "a pesar de este camino recorrido, la pandemia retrasó muchas decisiones". "Sabemos que hay cosas más urgentes para resolver, pero el tema está en carpeta y es intención del intendente avanzar con esto", apuntó.
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Era abogado, fue elegido entre los mejores chefs del mundo y abrió un bistró al lado de la estación Retiro
En el borde de las vías y con los trenes que llegan y salen como paisaje de fondo, el cocinero Facundo Kelemen acaba de inaugurar Chuchú, su nuevo restaurante dentro del Museo Nacional Ferroviario Raúl Scalabrini Ortiz.
El proyecto marca un giro en su recorrido: más grande, más familiar y más cotidiano, pero con la misma idea que atraviesa su cocina desde el comienzo: modernizar los clásicos argentinos y hacerlos muy bien.
Un restaurante junto a las vías
El nombre no es casual. “Lo elegí yo”, contó Kelemen a TN. Chuchú dialoga con el entorno ferroviario sin caer en la tematización excesiva: la ambientación “remite a los bistrós franceses y los diners norteamericanos" y hay detalles sutiles como rieles en los platos o alrededor de la barra, así como una ventana en forma de tradicional boletería que recibe a los comensales y los deja pispear lo que pasa en la cocina.
El espacio, además, implica un salto de escala importante respecto de su restaurante Mengano.
“Mengano es un proyecto muy chico y me divertía el tipo de desafío de hacer algo mucho más grande. Pasé de 35 cubiertos a más de 140, y si doblás mesas podés llegar a más de 300”, explicó.
Esa diferencia condicionó la propuesta: Chuchú debía ser necesariamente más accesible y más flexible en su funcionamiento cotidiano.
Ubicado en una zona con poca oferta gastronómica de este tipo y con una gran terraza protegida de la calle, el restaurante apunta tanto a familias como a trabajadores de oficinas cercanas y visitantes del museo.
Una revelación en Valencia y el paso de abogado a cocinero
La historia de Kelemen no empezó en una cocina. Antes fue abogado, incluso llegó a completar una maestría en derecho empresario. Y cómo a muchos estudiantes, un intercambio en el exterior le cambió la vida.
El suyo fue en Valencia, España, y terminó redefiniendo su rumbo. Allí, mientras vivía solo por primera vez, empezó a cocinarse a diario, su paladar se ensanchó y se descubrió una nueva pasión por la gastronomía. “Me intrigó mucho el sushi, por ejemplo, cómo hacerlo”, recordó sobre sus primeros experimentos.
De regreso en Buenos Aires, Kelemen combinó por un tiempo el ejercicio del derecho con clases de cocina, hasta que decidió dar el salto y renunció a su trabajo.
Su primera experiencia al frente de una cocina -la de un bar con un amigo -fue abrupta y caótica. “Fue medio un desastre”, se río, pero la experiencia marcó el punto de no retorno.
Después llegó una suplencia en un restaurante de Vicente López, unos años en Tegui y una temporada de stages en cocinas de Nueva York mientras su pareja estudiaba en la universidad de Columbia.
Fuente: TN
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Tiene 28 años, su pierna no para de crecer y necesita una operación urgente: “No me entra ni una zapatilla”
La vida de Héctor Ortiz cambió de un momento a otro en 2016. Lo que empezó como una molestia que él mismo atribuyó a un golpe jugando al fútbol, se convirtió en una pesadilla crónica que hoy le impide realizar las tareas más simples, como ponerse una zapatilla o un pantalón.
“Al principio era raro, se me empezó a hinchar en la parte de abajo de la pierna. Fui al médico, hicimos estudios con osteópatas, recorrimos varios lugares. Siempre pensé que me iba a sanar, pero seguía creciendo más”, recordó Héctor sobre los primeros años de una enfermedad que, tras la pandemia, avanzó sin tregua.
Un diagnóstico difícil y una esperanza en Buenos Aires
Durante años, el joven que hoy tiene 28 años deambuló por consultorios en Corrientes y Posadas, recibiendo masajes y medicación que no atacaban el problema de raíz. Hasta que finalmente el diagnóstico definitivo llegó con nombre y apellido: linfedema tardío en miembro inferior izquierdo, crónico, asociado a trastornos tróficos cutáneos e infecciones a repetición.
Tras mucho buscar, encontró en Buenos Aires al especialista que le dio una luz de esperanza. Héctor explicó en diálogo con TN la gravedad de su situación actual: “Fue el único que me dijo ‘es para operar porque si sigue mucho tiempo se va a complicar la columna’. Es todo líquido lo que tengo en la pierna, ellos quieren sacar todo e incluso un pedazo de piel”.
El cuadro no solo es estético o funcional; es un riesgo constante para su salud general. Aunque no siente dolor físico diario, la enfermedad lo debilita sistemáticamente. “Una vez al año me agarra fiebre y me tienen que dejar internado porque me agarra mal. Me dijeron que si sigo más así me puede pasar a la otra pierna”, relató con preocupación.
La lucha por el sustento y el peso de la mirada ajena
A pesar de la dificultad para movilizarse, Héctor no se rinde. En su Corrientes natal sobrevive haciendo “changas”, pero el peso de su propia pierna se ha vuelto un obstáculo casi insalvable para el trabajo físico.
“Actualmente corto pasto, lavo autos, hago changas. Me complica para conseguir trabajo porque por el mismo peso parece que mi pierna quiere tocar la tierra. Caminar puedo caminar, pero es muy pesado. No puedo doblar la rodilla”.
A las limitaciones físicas se le suma el peso emocional de la mirada social. Ante esto, habló sobre lo incómodo que resulta el día a día: “La gente me mira, a veces no me puedo poner ni un pantalón, las zapatillas no me las puedo poner”.
Hoy el joven correntino solo pide una oportunidad para volver a ser productivo y autosuficiente. Su mirada está puesta en el horizonte, en un trabajo en Córdoba donde lo espera su tía para trabajar, una vez que logre sanar.
“Yo quiero sanarme bien y quiero ir a trabajar, pienso en mi futuro, en comprar un terreno, hacer mi casa, mis cosas. Los médicos dicen que voy a estar bien, que la pierna va a quedar como la otra pierna y eso me pone feliz porque va a ser otra vida, una vida normal para mí”, dijo con una mezcla de ilusión y determinación.
Fuente: TN
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Creó un álbum virtual de Diego Maradona gratis y ya es furor antes del Mundial 2026
En la previa al Mundial 2026, uno de los objetos más deseados por los hinchas de la Selección argentina es el álbum de figuritas para coleccionar y completar, aunque todavía no salió a la venta. Sin embargo, la pasión argentina siempre encuentra una hendija para calmar la ansiedad. En este caso, Damián fue un paso más allá y decidió crear uno virtual dedicado a Diego Armando Maradona.
El programador y diseñador web, de 38 años, combinó sus conocimientos con su amor por el “10” y creó una pieza de colección que, en apenas dos semanas, se hizo protagonista en las redes sociales, uniendo la nostalgia del papel con la practicidad de los tiempos modernos.
“La idea surgió del fanatismo por el Diegote; yo lo llamo así, como si alguna vez lo hubiese conocido”, cuenta Damián a TN. “Tenía ganas de hacer algo en época de Mundial, con ese runrún de que no se consiguen figuritas o las venden carísimas. Y dije: ‘¿por qué no? Vamos a hacer algo lindo y gratis’”.
El archivo del 10 y el filtro emocional
Organizar un homenaje a la altura del capitán no fue tarea sencilla. Damián dedicó alrededor de dos meses a ordenar un archivo personal que parece infinito.
“Tengo la carpeta ahí: veo fotos del Diego y guardo. Una vez por mes reviso y elimino las duplicadas. Debo tener unas 3.000 imágenes de él”, explica.
El desafío fue el recorte. La idea inicial de 1.010 figuritas cambió ante la necesidad de curar el contenido: “Filtré las políticas y me quedaron unas 2.600. Después hice otro filtro: al menos un tercio tenían que ser de él joven. Así llegué a las 555 actuales”.
Aunque esta es la “temporada 1”, Damián ya planea dividir el álbum en etapas para abarcar su faceta como futbolista y como DT. “No doy fechas, esto es mi hobby”, aclara.
Homenajes digitales: “Los sentimientos no se cobran”
Al ser consultado sobre el formato virtual y, sobre todo, sobre por qué hacerlo gratuito, Damián es claro: “Vivimos en una época digital, ¿qué no es virtual ahora mismo? Y es gratis porque me parece que los homenajes no se cobran, se hacen desde el corazón”.
Hincha de Boca y nacido en 1988, su conexión con Maradona es profunda y trasciende lo deportivo. “A mí el Diegote me toca la fibra de lo perseverante que era. No había patada que lo tirara, siempre contra viento y marea. Y también que nunca callaba, siempre de frente”.
Además, recordó una de sus frases favoritas: “Lástima a nadie, maestro”, que Maradona le dijo a José Sanfilippo en el programa El Equipo de Primera en 2001.
Las margaritas, la mejor figurita
Entre las miles de imágenes icónicas del Diego, hay una que para Damián resume su esencia: la foto junto a su hija Dalma durante un entrenamiento en Napoli, donde ella le coloca pequeñas margaritas en las medias mientras él está sentado sobre la pelota.
“Me quedo con esa. La mejor figurita es lo que era él: un tipo normal y común”, explica.
Con el tiempo, también se conoció otra imagen de ese mismo momento, con Maradona trotando junto a sus compañeros con las flores en las medias.
El recuerdo de un hincha de Boca y Maradona
Por una cuestión generacional, Damián vio poco a Maradona en actividad, pero sus recuerdos son claros. Su primera conexión fuerte fue el regreso a Boca en 1995.
“Recuerdo que teníamos un televisor Grundig a tubo, hermoso, y la Bombonera era una locura. Volvía él”, cuenta.
También menciona el Mundial 94 como un momento clave: “Tenía seis años, pero recuerdo muy claro el grito a la cámara en el gol a Grecia”.
Como tantos otros, lamenta no haber estado en su partido homenaje en 2001: “Hubiese sido un honor estar en su despedida, pero si nombramos a todos los que quisimos ir y no pudimos, la lista sería interminable”.
El proyecto recién empieza y se puede acceder desde la página jueguitos.com.ar/diegote/. Aunque el impacto en redes fue inmediato, su creador siente que aún queda mucho por hacer.. “Me faltaron demasiadas”, admite, dejando la puerta abierta para futuras ediciones y para que los hinchas sigan coleccionando la historia de un ídolo que, incluso en formato digital, sigue gambeteando al olvido.
Fuente: TN