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Desafió dos duros diagnósticos, le dijeron que no podía tener hijos y un año después ocurrió el milagro

Un baño silencioso, el agua corriendo, y un mechón de pelo escurriéndose entre sus dedos. En ese instante, Ornella entendió que su vida había cambiado. Tenía 26 años, un diagnóstico devastador y un futuro reducido a preguntas. Lo que en aquel momento no sabía era que ese viaje lleno de vértigo recién empezaba, pero que, en medio de tanto dolor, iba a nacer su mayor milagro.

Un día, la joven empleada descubrió que tenía un bulto en la mama izquierda. Enseguida fue al médico y le dijeron que era una displasia mamaria, que no había de qué preocuparse y, sin preguntarle sobre sus antecedentes familiares, la dejaron ir.

Ornella había vivido de cerca el cáncer con su padre, que lo había sufrido dos veces, y sabía de qué se trataba. Sin embargo, para aquel entonces, nada la acercaba a ese pronóstico.

El tiempo pasó y después de largos meses descubrió que el bulto seguía creciendo. Ante la incertidumbre fue su abuela quien accionó y la llevó a un centro especializado. Allí la travesía acababa de comenzar.

“Cuando llegué me hicieron una ecografía mamaria y me dijeron que lo que veían no pintaba bien, así que iban a completar con una mamografía. Ahí comenzó todo”, relató Ornella en diálogo con TN.

Un diagnóstico devastador

Corría el año 2014 y por su edad, muchos médicos no hacían mamografías hasta después de los 40 años, salvo por casos excepcionales donde hay antecedentes. Pero en esta ocasión, el estudio fue clave. “Las dimensiones no eran buenas y deciden hacerme una biopsia. En ese momento viví la angustia de esperar 15 días hasta que finalmente me llamaron del hospital para decirme que ya estaban los resultados, que vaya acompañada”, explicó.

Orne emprendió camino con su mamá y apenas llegó notó que algo no andaba bien. “Me acuerdo que me recibieron unas chicas muy jovencitas, residentes, con lágrimas en los ojos, sabiendo lo que me iban a decir”, recordó.

Y el devastador diagnóstico llegó. “Era cáncer de mama triple negativo, uno de los mas agresivos. Había que actuar ya porque tenía metástasis en los ganglios linfáticos. El pronóstico no era nada bueno”, detalló.

La noticia la impactó de llenó. “En ese momento lloré mucho porque no estaba preparada para que me den esa noticia. Nadie está preparado para que le digan ‘tenés cáncer’. Lo primero que se te viene a la cabeza es que te vas a morir, o te haces la pregunta al menos. Se me vino el mundo abajo, no sabía muy bien para dónde correr, fue una semana donde no sabía qué hacer”, contó Orne.

Los médicos fueron rápidos: a la semana, Ornella había comenzado a hacer quimioterapia para reducir el tumor que tenía un tamaño importante. Luego de ello, la idea era sacarlo. “Cuando empieza el tratamiento, la primera pregunta que se me vino a la mente es ‘¿se me va a caer el pelo?’. Y sí, se iba a a caer. Empecé con la primera sesión y a la semana me estaba bañando y veo como me caían los mechones, fue un golpe bastante duro para mí“, recordó.

“La gente te puede decir ‘te están salvando la vida, qué superficial’, pero para mí fue una bomba, un shock, que me costó, me costó volver a encontrarme con esa nueva Ornella que estaba atravesando tantos cambios desde lo físico y emocional”, señaló.

Las amistades, para entonces, fueron clave. Ella no quería aceptarlo, intentaba sostener lo que quedaba hasta último momento, pero una amiga que tenía una máquina para cortar el pelo se animó y la acompañó. “Me rapó. Fue un momento muy emotivo. Ella se quedó con mi pelo y hasta el día de hoy lo tiene”, detalló emocionada.

El tratamiento continuó, le habían realizado seis sesiones de quimioterapia y el tumor se había reducido considerablemente, por lo que restaba realizar la cirugía para sacarlo. Finalmente, la operación se llevó adelante y todo salió perfecto.

Había sido un gran paso, pero no terminaba allí. “Lo que seguía eran más quimio, más tratamiento porque al haber tenido metástasis, debían asegurarse de matar toda célula mala que haya quedado en el cuerpo”, explicó.

Del “no vas a poder tener hijos” a Isabella, el “milagrito”

Lo que se le avecinaba a Ornella era mucho más fuerte. Esta nueva etapa iba a arrasar con todo para sanarla y ahí llegó otro duro diagnóstico. “El médico me dijo no vas a poder tener hijos, te doy un tiempo para que puedas congelar óvulos si querés’”, recordó. “Yo no tenía obra social, económicamente no estaba bien y tenía que comenzar con el tratamiento cuanto antes. Decidí arrancar y dije ‘seré madre de otra manera, adoptaré, si es el destino, si Dios lo quiso así por algo será’”, contó.

Así comenzó: 60 sesiones de rayos lograron barrer con todo lo malo. Finalmente, después de tanto luchar, la situación comenzaba a mejorar y ella ya podía volver a su vida. Pero en ese momento descubrió una situación inesperada. “Más o menos al año, un día, volví a menstruar. El médico no lo podía creer cuando se lo conté, lloramos juntos”, recordó Orne.

Todo comenzaba a ponerse en orden. Para entonces se había puesto de novia y había vuelto a su rutina. Pasaban cosas nuevas y buenas, pero la mejor todavía no la conocía.

Síntomas, malestares, cambios. Un día la joven decidió hacerse un test y no creyó lo que veía. “Estaba embarazada, fue un milagro, no lo podía creer. Estaba feliz, pero también con miedo porque después de todo lo que pasó por mi cuerpo me preguntaba de qué manera uno puede gestar vida y cómo iba a ser”, manifestó.

Pero esa vida se hizo presente más allá de cualquier cosa. “Tuve un embarazo hermoso, super a término, y un día llegó Isabella”, contó con emoción. “Nació con casi cuatro kilos, super sana. Ahí mi vida empezó de nuevo. Sentí que me había congelado en el tiempo, un tiempo en el que estuve muy para adentro, muy para mí, tratando de hacerme todas las preguntas, y cuando llego a ella fue arrancar una nueva vida, sana”, insistió.

“Fue un desafío haberme convertido en mamá. La llegada de Isa fue como mi salvación, todo empezó a tener sentido, como que todo lo que había pasado no había sido en vano, con la llegada de ella mi vida se volvió linda, todo el sufrimiento, los malos momentos, la angustia habían quedado en el pasado”, dijo con los ojos llenos de lágrimas y la mano de su hija agarrada a la suya.

“Cuando empecé a menstruar fue loco, pero el primer test que dio positivo fue una mezcla de llanto, de incertidumbre. Ahí me cayó la ficha y dije ‘evidentemente tenía que ser mamá’. Estaba escrito, ni la ciencia fue exacta conmigo, quizás mi propósito era ese: traer vida”, aseguró.

El segundo golpe

Cuando todo estaba acomodándose, Ornella tenía un trabajo que le gustaba y su hija -de entonces ya 6 años- crecía sana y feliz, sintió, una vez más, un bulto.

“Fue igual que la vez pasada: un bultito en la mama derecha, muy chiquito. Saqué turno con la mastóloga, me palpó y me dijo que íbamos a hacer una biopsia directamente, no le podíamos dar tiempo a nada”, explicó.

Orne, que ya estaba acostumbrada a los controles, creyó que se trataba de algo de rutina, estaba segura de que todo iba a ir bien. Para ese momento ya sabía leer con claridad los estudios que les realizaban a ella y a sus amigas, y esa capacidad fue clave cuando recibió el segundo diagnóstico.

“Me llegó por correo un sábado a las 15. Cuando veo el diagnóstico y leo ‘carcinoma triple negativo’ no lo podía creer, fue un shock, estaba en un rincón de la casa cargando el teléfono y me agarró una crisis. Me encerré en el baño y empecé a preguntar por qué, por qué otra vez, lloré mucho, sentí mucha angustia porque era de nuevo vivir todo eso que yo ya había pasado y que no quería volver a vivir. Gracias a Dios mi hija no estaba ese día porque yo estaba completamente descompensada y no podía mirarla a la cara”, recordó.

Ornella, ahora, tenía la dura situación de contarle del diagnóstico a su hija: “La vi a ella y pensaba qué iba a hacer si me pasaba algo. Yo sabía que la iba a luchar, que no me iba a dejar vencer, era fuerte, pero ahora era mamá. La senté, le conté que mamá tenia una bolita mala, que se la tenían que sacar, que iba a estar todo bien. Ahí empezó otra vez el recorrido: en este caso primero me operaron para sacarlo, porque iba a crecer muy rápido”.

“Me dijeron que se me iba a volver a caer el pelo y a la semana, otra vez, tenía mechones en la mano y, otra vez, el sostén de siempre: vino una amiga a raparme”, destacó la joven mamá. “El momento más difícil fue con Isa, ella no toleraba verme sin pelo, fue un shock muy fuerte así que fuimos a comprar una peluca y le pusimos Jacinta. Todo era ir de a poquito para que se vaya amigando a esta nueva mamá”, resaltó.

Isabella no solo lo fue incorporando, sino que también se convirtió en un gran refugio para su madre. “A medida que fue pasando el tiempo intentábamos transformar el dolor y los malos momentos en alegría, en risa y transmitirle a ella que, si bien era feo lo que estábamos pasando, era importante poder sacarle el lado positivo, buscar la manera de reírnos para que sea más fácil. Es como el mensaje que le quiero transmitir a ella, el legado que le quiero dejar: no importa lo que pase, siempre hay una lucecita al final del camino, algo de qué agarrarse para salir”, aseguró.

Y así pasó la enfermedad, una vez más. El cuerpo sanó y todo comenzó a estabilizarse. “Hoy estoy en pleno proceso de reconstrucción, es algo que marcó mi vida, primero a mis 26 años y después a mis 35. Sin duda fue algo fuerte y me ha dejado mucha enseñanza, mucha sabiduría. Quizás suena como medio trillada la frase pero es cierto que uno valora todo después. Yo exprimo cada segundo, cada minuto de la vida. Por supuesto no todo el tiempo estoy feliz pero trato de disfrutar y mirar el lado positivo. Hoy siento que estoy encontrándome devuelta conmigo, después de tanto tratamiento y medicación, hoy tengo un cuerpo diferente, soy otra persona”, aseguró.

El cáncer, igualmente, dejó sus secuelas. “Cuando me diagnosticaron por segunda vez la doctora me mandó a hacer un análisis genético porque no era común que en poco tiempo haya vuelto a hacer el mismo cáncer. El resultado fue positivo así que lo que venía era sacarme los ovarios porque, al ser genético, lo más probable era que, después de la mama, vaya a los ovarios".

Finalmente, le extrajeron los ovarios y una vez más el anuncio: “La médica me dijo ‘no vas a poder ser mamá, si querés tener otro hijo no vas a poder’, pero yo con Isa estaba recontra realizada, sentía que mi milagro ya estaba en la tierra”, reconoció Ornella.

A los 36 años, entonces, quedó menopáusica y fue un duro proceso atravesarlo, un shock que también le generó problemas físicos, hormonales, anímicos. Pero pese a todo, de la mano de Isa, Orne avanza. “Hoy estoy reconstruyéndome”, concluyó.

Fuente: TN

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Llega a Argentina el Pastor Paul Enenche: Un acontecimiento de fe sin precedentes en la Iglesia Portal del Cielo

La ciudad de Resistencia se prepara para recibir al Dr. Paul Enenche, reconocido referente internacional, quien encabezará una trascendental "Cruzada de Milagros" los días 15 y 16 de junio, a partir de las 19:00 horas. El evento tendrá lugar en las instalaciones de la Iglesia Portal del Cielo, ubicada en Avenida Arribalzaga 2000.

El encuentro, de entrada libre y gratuita para toda la comunidad, representa un acontecimiento sin precedentes para la región. El Pastor Enenche, médico de profesión, es mundialmente conocido por liderar un ministerio que convoca habitualmente a multitudes, llegando a albergar a más de 200 mil personas en dos servicios de gran escala, consolidando uno de los auditorios cristianos más importantes del mundo.

Un ministerio con impacto global

El Dr. Enenche es valorado internacionalmente por portar un mensaje orientado a la restauración de vidas, sanidades. Su ministerio posee una amplia red de difusión que abarca televisión y radio digital, con llegada a África, Europa, Oriente Medio, Estados Unidos y el Caribe. Esta estructura complementa su labor presencial, que incluye campañas de evangelización y la plantación de iglesias en diversos continentes.

Dos noches históricas en Argentina

Desde la organización del evento destacan que estas jornadas están diseñadas para ofrecer un espacio de "sanidades, milagros, restauración y un encuentro real con el poder de Dios". Se espera que una gran concurrencia se acerque bajo la firme convicción de que Argentina será testigo de una experiencia espiritual significativa.

Los responsables de la convocatoria extendieron una invitación abierta a toda la comunidad: "No seas solo un espectador. Sé parte de lo que Dios está haciendo. Prepárate para ver y recibir tu milagro", señalaron.

Para más información sobre el encuentro, los interesados pueden consultar el sitio oficial: paulenencheargentina.com

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Cómo funciona la modalidad que permite ganar hasta US$ 400 por traer productos del exterior

¿Te fijás si allá está más barato?”, “Acá no se consigue, fijate adónde viajás si lo encontrás” o “Después te paso la plata” son algunas de las frases que más resuenan cuando alguien viaja. De hecho, los mensajes llegan antes de armar la valija. Familia, amigos o conocidos que aprovechan el viaje ajeno para pedir algo puntual: tecnología, cosmética, ropa. Y lo que empieza como un favor, muchas veces termina ocupando más lugar del previsto.

Con el tiempo, ese intercambio informal empezó a tomar otra forma. Ya no se trata solo de hacerle un favor a alguien cercano, sino de reconocer que ese espacio tiene un valor. Por eso muchos viajeros empiezan a organizar esos pedidos, a elegir qué aceptar y a calcular cuánto pueden ganar. Así, lo que antes pasaba casi sin pensarlo empieza a convertirse en una práctica cada vez más planificada.

Además, en un contexto donde viajar al exterior implica cada vez más costo, esa práctica empieza a leerse también como una forma de compensar gastos. Lo que surgía de manera espontánea se convierte, para algunos, en una decisión más consciente: aprovechar el espacio disponible no solo para traer cosas, sino para hacer que el viaje rinda.

A partir de ahí, la dinámica se organiza. Viajeros que ya tienen un destino previsto trasladan productos comprados en el exterior para otras personas a cambio de una comisión. Detrás de este esquema aparecen plataformas digitales que facilitan el proceso, conectando a quienes quieren comprar con quienes pueden traer esos artículos, ordenando pagos y estableciendo ciertas reglas de intercambio.

De la oportunidad al hábito

El crecimiento de esta modalidad no es casual. Responde a una combinación de factores económicos y de consumo que, en los últimos años, se profundizaron.

“Lo electrónico, los cosméticos o la indumentaria pueden costar entre un 30% y un 60% más en países como Argentina por aranceles y disponibilidad limitada”, explica Alex Stepanov, Product Marketing Manager de Grabr. A eso se suma la recuperación de los viajes internacionales y, en el caso argentino, el atractivo de poder generar ingresos en dólares.

En ese escenario, lo que empezó como una práctica ocasional empieza a formar parte de la planificación. Entonces, ya no se trata solo de qué llevar en la valija, sino también de qué traer. “Muchos viajeros revisan los pedidos disponibles antes de armar el equipaje y consideran ese espacio como un recurso a optimizar”, señala. Es un cambio de comportamiento donde la capacidad no utilizada del equipaje se convierte en una fuente de valor.

Así, el fenómeno está impulsado por la demanda. De hecho, en el último año, la plataforma Garb registró más de 250.000 pedidos, con productos electrónicos, cosméticos y zapatillas entre los más solicitados. Y el patrón se repite constantemente: artículos difíciles de conseguir localmente o con diferencias de precio significativas.

Cuánto se puede ganar y de qué depende

Aunque suele mencionarse un ingreso promedio cercano a los 250 dólares por viaje, ese número no es fijo ni automático. Depende, sobre todo, de la cantidad de entregas y del tipo de productos transportados.

“El pago promedio por entrega ronda los US$ 77, por lo que alcanzar ese monto implica combinar tres o cuatro pedidos en un mismo viaje”, explica Stepanov al respecto. A su vez, los productos más grandes o pesados, las rutas con menor oferta de viajeros o los pedidos urgentes suelen tener mejores recompensas.

En la práctica, esto implica una planificación cada vez más afinada. Elegir qué pedidos aceptar, cómo distribuir el espacio en la valija y qué tipo de productos priorizar puede marcar la diferencia entre un ingreso marginal y uno más significativo.

Para la mayoría, sin embargo, sigue siendo un complemento. “Un viajero frecuente puede generar entre US$200 y 400 por viaje, pero en general no es un ingreso principal sino una forma de cubrir gastos”, aclara.

Entre la oportunidad y los límites

Si bien el crecimiento de esta práctica es indiscutible, también abre interrogantes, especialmente en relación con las normativas y los controles. A medida que más viajeros incorporan esta dinámica como parte de sus recorridos, la línea entre un uso personal del equipaje y una actividad con fines económicos empieza a volverse menos clara. Lo que para algunos es una forma práctica de optimizar recursos, para otros puede rozar zonas grises en términos regulatorios, sobre todo cuando la frecuencia de los viajes o la cantidad de productos transportados empieza a aumentar.

No obstante, cada país establece sus propias reglas respecto al ingreso de productos, y la diferencia entre uso personal y actividad comercial puede ser difusa. “Transportar varias unidades idénticas puede generar controles”, advierte el vocero. Por eso, las plataformas suelen limitar los pedidos a cantidades compatibles con uso personal y ofrecen guías según cada destino.

Además de las regulaciones, hay otra variable que aparece con fuerza: la confianza. Porque, en definitiva, se trata de personas que aceptan transportar productos de otros y de compradores que pagan por adelantado. Para sostener esa dinámica, las plataformas incorporan verificaciones de identidad, pagos que se liberan recién con la entrega y sistemas de reputación que ordenan quién es quién dentro del circuito.

Con el crecimiento, también cambia la forma en que se usa. Lo que antes era más improvisado empieza a organizarse: hay viajeros que miran pedidos antes de armar la valija, rutas donde la demanda es más alta y herramientas que permiten elegir mejor qué conviene traer.

En paralelo, aparecen nuevas capas, sobre todo en lo financiero. La posibilidad de cobrar en dólares o manejar pagos de forma más directa suma un incentivo extra, especialmente en contextos inestables. Todo eso empuja a que la práctica se ordene, sin perder del todo su lógica original: personas que se conectan para resolver algo concreto. Entonces, viajar ya no es solo moverse de un lugar a otro o descansar unos días. Para algunos, empieza a ser una forma de generar ingresos. “El viaje empieza a autofinanciarse parcialmente”, resume Stepanov.

Fuente: TN

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Es capitana de la Selección argentina de rugby, fue mamá y a los pocos días se subió a un avión para competir

Paula Pedrozo es una referente del rugby femenino en la Argentina. Como capitana, lidera a las Yaguaretés, el seleccionado nacional de seven, en el circuito mundial. Tras años de sacrificios y de empuje para crecer dentro del deporte que la apasiona, dio un paso trascendental en su vida personal que hoy la obliga a balancear sus múltiples actividades. Hace menos de tres meses, fue mamá de Vito junto a su pareja, Sofía. La llegada del bebé no detuvo su intensa agenda: a los pocos días del nacimiento, se fue a disputar un importante torneo en el exterior.

“Soy consciente del rol que ocupo en el equipo, no solo por ser la capitana sino también por ser una de las jugadoras más experimentadas, y por suerte cuadró todo: el bebé nació súpersaludable y Sofi pudo recuperarse bien de la cesárea así que pude subirme al avión. Disfruté del nacimiento y también del torneo”, le contó la jugadora a TN, días antes de encarar un nuevo desafío con el conjunto nacional en el certamen de Valladolid, España.

Los comienzos de su carrera y la llegada a la Selección

Pula, como la apodan en el mundo del rugby, empezó a jugar a los 15 años en Concordia, Entre Ríos, alentada por sus padres, ambos profesores de educación física. Pronto se sumó a la modalidad seven, con plena consciencia de que se trataba de una disciplina que era incipiente entre las mujeres y que muchos consideraban exclusivamente masculina.

Aunque iba en gran ascenso, su carrera tuvo una pausa obligada: cuando terminó el secundario y se fue a estudiar a Corrientes, no tenía un club en el cual jugar. Tras un año de parate pudo sumarse al Capri de Posadas en Misiones y sus desafíos deportivos empezaron a ser cada vez más grandes. “Cuando un deportista es del interior del país, ve el sueño mucho más lejano. Yo no pensaba que me iba a llegar la oportunidad”, admite.

Miguel Seró era el entrenador de Las Pumas por aquellos años. Fue quien vio a Paula y la invitó a formar parte de su primera concentración nacional cuando cumplió los 18 años en el marco de un proceso de renovación del plantel. Su primer torneo oficial fue en Hong Kong en 2015 y luego formó parte del equipo que disputó el repechaje olímpico en Irlanda en 2016. Desde ese momento no paró de crecer dentro del equipo, al punto de convertirse en figura y capitana hasta la actualidad.

Una decisión personal que se mezcla con las aspiraciones deportivas

A la par de su crecimiento deportivo, Pedrozo llevaba tres años intentando agradar la familia con Sofía, su pareja desde hace siete años, que también es jugadora de rugby. Fue un camino con altos y bajos, que culminó el 16 de marzo con la ansiada llegada de Vito. Hoy, la capitana de Las Yaguaretés se anima a contar el proceso para inspirar a otras personas a perseguir sus sueños.

Para lograr el embarazo, la pareja eligió un procedimiento convencional de inseminación artificial. Sofía fue quien aportó los óvulos y quien gestó. “Tardamos porque la inseminación tiene un porcentaje de efectividad bajo: la muestra de semen que se aporta, si bien tiene muchos espermatozoides, es pequeña y el proceso se hace en el día más fértil de la mujer, según la consideración de los médicos. Después, se esperan 14 días para saber si el test da positivo o negativo”, explicó Pedrozo.

Y detalló: “En cada proceso, Sofi tenía que interrumpir su actividad deportiva y en el camino nos encontramos con algunos inconvenientes como el hipotiroidismo o los pólipos en el útero que le detectaron y que no sabían si eso iba a influir en su fertilidad. También hubo que regularle la prolactina. Todo eso alargó bastante el procedimiento: al principio es todo ilusión, todo nuevo y hay ansiedad de que el test sea positivo, pero con el tiempo hay desilusiones y diferentes reacciones”.

La deportista cuenta que, al comienzo, grababan videos de sus reacciones al hacer cada test de embarazo para documentar el proceso, pero luego dejaron de hacerlo. ”Fue un vaivén de emociones, pero la espera valió la pena”, sostuvo.

Vito finalmente nació el 16 de marzo por cesárea. En los días previos, había dudas de que Paula pudiera sumarse al viaje a Montevideo con Las Yaguaretés ya que podía coincidir con la fecha del parto.

“Yo creo que todo se da por algo y finalmente me fui sumamente concentrada al torneo: teníamos un desafío muy grande y quería disfrutar esa experiencia. Creo igual que cada vez me va a costar más irme: cuando Vito empiece a decir sus primeras palabras o cuando se dé cuenta de que yo falto en la casa”, señaló la jugadora que en esa gira hizo un try, algo que no suele suceder con frecuencia, y obviamente el festejo fue con dedicatoria para su bebé recién nacido.

Después de aquel viaje a Uruguay, vinieron los torneos en San Pablo, Hong Kong y Valladolid. En todos la capitana dijo presente: “Me cuesta más viajar ahora porque Vito está en un período de crecimiento. Una como madre no quiere perderse nada: las primeras reacciones, los primeros llantos o las primeras risas. Trato de estar más pendiente al celular, algo que antes no hacía para estar más concentrada”.

“Todo esto también me cambió como persona y ahora realmente voy a los viajes y disfruto desde lo más pequeño y cotidiano hasta lo más extraordinario y grande. Me cuesta más irme, pero siempre cuento con gracia que ahora aprovechó las concentraciones para dormir. Por suerte mi pareja me acompaña, entiende lo que vivo y se alegra por mi conquistas personales y las del equipo”, subrayó.

La actualidad del rugby femnino y el impacto del deporte en su desarrollo personal

Aunque considera que el rugby femenino se encuentra en un momento de “meseta”, Paula confía en que la actualidad de Las Yaguaretés pueda significar un impulso para volver al camino de ascenso: “Que el equipo haya llegado al circuito mundial hace que la disciplina tenga mayor visibilidad y que los objetivos que se pongan las jugadoras sean más estrictos, que realmente vean que se puede lograr y que vale la pena el sacrificio. Hay un crecimiento de juveniles que es muy importante porque son el semillero y el futuro”.

“El objetivo hoy es llevarnos los partidos que jugamos contra rivales que están a nuestro nivel. En esta primera etapa quedamos número 11 en el ranking y queremos llegar al puesto 8 o 9, pensamos que es factible”, sostuvo, confiada.

Para la capitana del seleccionado nacional, el rugby femenino creció a nivel físico y se disminuyó la tasa de lesiones. Además, hizo hincapié en los valores que se adquieren en la práctica del deporte: “Se promueven valores muy enriquecedores para la vida diaria y yo tuve un cambio grande: me consideraba una persona bastante introvertida y con el rugby me animé a tener mayor exposición en los medios y a tener las palabras justas para inspirar a otras jugadoras”.

“Tomo esta carrera como un desafío. Soy muy competitiva y autoexigente: eso me ayudó a ser la capitana de la Selección argentina y trabajo para mantenernos en el circuito mundial, que es el mejor nivel que podemos tener en la actualidad. Ha sido un sacrificio enorme porque llevé la carrera a la par con la facultad, algo que genera inconvenientes en la parte social porque te perdés muchos eventos y te alejas de gente que quizás no tiene la misma visión”, reconoció.

Paula contó que en la actualidad no vive del deporte, aunque la Unión Argentina de Rugby da becas a sus jugadoras por estar en el circuito mundial. Las jugadoras del equipo estudian y trabajan en paralelo. La capitana, puntualmente, tiene su propio centro de kinesiología.

“Trato de llevar las dos cosas a la par. A mí el deporte me ayudó a tener mucha conducta, entonces nunca lo padecí. No fue fácil el camino, pero no fue imposible realizarme y los resultados están a la vista”, subrayó.

Paula Pedrozo: de la nueva etapa en su vida a la idea del retiro

La maternidad hizo que Paula tuviera menos tiempo de descanso. Al mismo tiempo,a los 30 años, se siente feliz con este paso tan grande que dio en su vida privada: “Tengo objetivos deportivos y otros personales, relacionados a lo laboral y a lo familiar. Hoy me siento muy estabilizada anímicamente, estoy bien y motivada. Antes buscaba una fecha para retirarme, pero hoy estoy más madura y tranquila con eso: cuando llegue, llegará. Mientras tanto, estoy disfrutando todo lo que me toca vivir”.

“No hay una edad que indique que ya es tiempo de colgar los botines, pero para la mujer es un poco más sacrificado porque se sabe que si una tiene el sueño o el proyecto de tener una familia, sí o sí tenés que interrumpir tu carrera deportiva. En mi caso fue distinto porque estoy en pareja con una mujer y fue ella la que puso el cuerpo, pero va a llegar el momento en el que yo también voy a querer hacerlo y va a ser inevitable dejar de jugar, al menos un tiempo, en la Selección. Tal vez pueda seguir en un club o en un ámbito más amateur, aportaré mi conocimiento desde otro lado”, pronosticó.

Disputar un Juego Olímpico. Ese es el gran sueño que Paula Pedrozo tiene pendiente en su carrera: “Trataré de estar hasta 2028 para lograr ese desafío y creo que después ya no voy a estar activa como deportista de élite”.

Fuente: TN

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