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Cuál es la localidad de la Argentina donde podés encontrar desde el Obelisco a la Torre Eiffel
Al Obelisco y a la Torre Eiffel los separan más de 15 mil kilómetros de distancia. Sin embargo, Rubén Díaz se levanta cada día y puede ver ambos monumentos a la vez con tan solo abrir la ventana de su habitación.
Es arquitecto, pero su pasión lo llevó más bien a ser artista o un loco: “el arquitecto más loco del mundo”, como suele autodefinirse.
En una mezcla de ternura con esa inocencia que da la niñez para jugar, para crear y para encontrarle una nueva forma y utilidad a las cosas, invita al mundo a replantearse tres veces sobre el mismo tema hasta encontrar el verdadero pensamiento y preguntarte, cada vez que quieras iniciar algo, ¿por qué no?
Rubén recorrió 129 países y dio la vuelta al mundo dos veces, sin embargo, asegura, lo más lindo de viajar es volver. Y aunque visitó lugares recónditos, su pista de aterrizaje siempre fue y será la localidad bonaerense de Ituzaingó.
Es por eso que un día se propuso llevar a su barrio a lo más alto, incentivar al turismo y abrirle la puerta al arte. Con esta premisa y la mente abierta a crear, comenzó a construir las réplicas de distintos monumentos históricos: desde la Torre Eiffel al Obelisco, son, al menos, 10 los monumentos que comprenden un circuito que atrae hasta a extranjeros. “Yo me dedico a hacer cosas imposibles”, le dijo a TN.
El sueño de viajar
La travesía de Rubén comenzó a los 18 años recorriendo la Argentina. Recién a los 21 años hizo su primera salida del país y se fue solo durante 40 días a Europa.
A los 23 comenzó a viajar por Sudamérica: desde Río de Janeiro dio toda la vuelta al Pacífico. A los 25 se casó y viajó a la Polinesia, Hawaii, Tahití y Estados Unidos. “A mi fiesta de casamiento no me dejaron entrar porque era elegante sport y yo fui con barba, sin corbata, sin saco ni nada”, recordó entre risas.
Algo similar ocurrió cuando se recibió de arquitecto. “El diploma no lo recibí porque tenía que ir con corbata y yo dije que corbata no estaba en el plan de estudio. Tardé tres años en ir a buscarlo y fui con la corbata en la mano”, añadió.
Con el pasar de los años llegaron los hijos, cuatro, y sus dos nietos. Pese a los comentarios de la gente y contra todo pronóstico, él nunca se quedó quieto y continuó viajando.
“Mi última vuelta al mundo fue el año pasado. Hoy sigo viajando a dedo, proyectando y soñando. Hago stand up, pero me voy a retirar y cambiaré por otra cosa”, agregó sobre sus constantes movimientos e incursiones.
Es por eso que, sostiene, lleva como estandarte tres claves: “Libertad, diversidad y fantasía, las tres cosas más importantes”, insistió.
Ituzaingó, capital provincial de los monumentos históricos reconvertidos
Ituzaingó, de alguna manera, se terminó convirtiendo en la capital provincial de las réplicas de monumentos históricos, pero reversionados.
Medio de casualidad, medio por cosas del destino, un día un concejal de la zona puso en duda sus capacidades para crear y eso lo motivó. “Dije, voy a hacer la Torre Eiffel para demostrarle, no lo pensé. Compré un lote a la vuelta y la hice. Ahí me di cuenta de la felicidad que tenía la gente, fue para la gente”, aseguró. De ellos no cobra entrada ni tampoco los hace con el fin de comercializar, tampoco tiene ayuda para solventarlos ni mantenerlos: simplemente los crea y los cuida con el objetivo de hacer reír a quienes se acerquen y que puedan disfrutar.
“Si la gente dice que estoy loco, estaré loco, yo quise fundar un Ituzaingó de juego y fantasía, la idea es generar sonrisas y sorpresa. Y el Municipio no me ayuda ni me molesta“, sostuvo.
Con los años, a la Torre se le fueron sumando el Obelisco, el Coliseo Romano, el Arco de Balá (en lugar de del Triunfo), la Torre de Pisa, Casa Mínima y Monumento al Celular, A Don Ata y tantos otros más, los cuales tuvieron una duración de siete meses de construcción cada uno. “Yo siempre digo que si existe la palabra imposible es porque lo imposible existe y se puede hacer y yo me dedico a hacer cosas imposibles”.
Ante esto, insistió: “La gente no es lógica, es normal, entonces todo lo que hagas diferente a lo que es el primer y segundo pensamiento puede ser una genialidad o no serlo, pero es tu pensamiento real y vos tenés que hacerte valer por tu propio pensamiento”.
Es por eso que todas sus obras llevan una misma frase que la sostiene como ley de vida: “¿Y por qué no?“.
“Me dicen el arquitecto más loco del mundo y es el mejor título que tengo, lo cambio por el de arquitecto 10 veces y pago plata, porque vivo a mi manera, con mis conceptos y criterios de ver la vida”, resaltó Rubén y habló sobre el consejo que les da a los más chicos: “Siempre les digo que viajen, que eso te da una sabiduría y una escuela que no te la quita nadie”.
Su casa, con pinturas, dibujos, percheros hechos con palas de albañil y tenedores, y cosas insólitas ubicadas en lugares poco frecuentes, sistemas extraños y artefactos con funciones distintas a las que fueron creadas, también es el punto de fuga del circuito que se desarrolla sobre 10 cuadras a la redonda.
Medios y universidades de todas partes del mundo lo fueron a buscar y estudian sus trabajos, así como también lo llaman de jardines de infantes y colegios para que de charlas y enseñe. “Cuando me preguntan por qué hice tal cosa, les respondo, ‘contestame una preguntita y la demuelo: ¿por qué no?’“, argumentó.
El hombre que en su cara lleva tatuado al principito, un tornillo -que asegura es el que le falta- y a África, continente que ama profundamente, ya planea hacer el que, considera, será su último viaje internacional: recorrerá tres islas que se están hundiendo en Oceanía.
Con su propia bandera como estandarte, con una vitalidad más vigente que nunca y el alma abierta para aprender y compartir sus conocimientos, asegura que todavía le queda aún mucho más por caminar.
Fuente: TN
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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA
Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.
En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.
Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.
Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.
Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026
En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:
- Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 y $2.603.556,33.
- Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
- Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.
Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA
De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:
- En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
- En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 y $1.651.798,05.
- No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.
La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto
La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.
Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.
La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; Alimentos y bebidas no alcohólicas; Salud y Transporte.
Fuente: TN
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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba
Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.
El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.
“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.
De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.
“Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.
La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.
Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.
Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.
Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.
Fuente: TN
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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”
La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.
El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.
El comienzo del sueño
Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.
Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.
A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.
No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.
Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.
Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.
Una idea
Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.
Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.
Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.
Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.
Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.
Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.
Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.
El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.
El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.
Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.
Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.
Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.
Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.
La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.
Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.
Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.
El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.
Fuente: TN