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Construyeron el hospital de caballos más grande del país, pero el predio se vende y pueden perderlo todo
“No hay plan b”. Eso es lo que suena día a día en la cabeza de Karina Dotto mientras el tiempo, tirano, se hace cada vez más corto.
Las vidas de casi un centenar de caballos, el trabajo de decenas de voluntarios y el esfuerzo y dedicación del día a día no tienen precio. Sin embargo, el predio en el que están instalados sí. Y hoy ese espacio puede desaparecer y dejar en cero todo lo que con los años se construyó.
Caballos de Quilmes nació como una necesidad. La necesidad de que ese lugar al que el Estado no llega, al que las leyes no protegen, donde el sufrimiento parece invisible, comience a tener una voz y una oportunidad.
La ONG nació en 2012 cuando en el sur del conurbano, más precisamente en la localidad de Quilmes, se firmó una ordenanza de prohibición de la tracción a sangre animal. “Nacimos por la necesidad del reclamo genuino de salvar a estos animales, sacarlos de las calles y del sufrimiento”, explicó Karina, la directora de la organización, en diálogo con TN.
“La tracción a sangre animal es un flagelo en el que intervienen varias aristas, no solamente el maltrato animal: es precarización laboral del cartonero, es trabajo infantil porque muchas veces vemos en las ciudades niños trabajando arriba de los carros, es violación de leyes como la de tránsito, ya que usan autopartes para hacer los carros, es, también, generadora de microbasurales a cielo abierto”, detalló.
En estos casos los animales son utilizados durante horas para cargar pesos que superan ampliamente sus capacidades, son golpeados ferozmente y no son bien alimentados, inclusive, muchos directamente no son alimentados. Y a las yeguas preñadas las hacen tirar del carro hasta que paren en la calle.
“Nosotros hemos creado un hospital por eso, porque las lesiones que traen son muy graves, por ejemplo, comen basura cuando los desatan de los carros porque ningún barrio popular hay espacio verde para que pastee un caballo, entonces empiezan a comer basura, el intestino se tapa, no pueden bostear, les agarran cólico obstructivo y eso termina en cirugía”, precisó Karina.
Actualmente, en el predio hay más de 80 caballos y el espacio de recuperación se divide entre sala de terapia intermedia, intensiva y maternidad.
Allí llegan exhaustos, con los nudillos deformes por cargar peso desde temprana edad, extremadamente desnutridos, sin alguna parte del cuerpo. Con heridas agusanadas y hasta apuñalados. Pasa de todo, lamentablemente, en cuestión de maltrato animal.
Por eso, el hospital termina siendo ese puente que les permite a profesionales y voluntarios reparar el daño.
La historia de un hospital único
“Yo llegué a este campo por una amiga, Pamela. Ella ya rescataba en un distrito vecino al nuestro y le prestaban este lugar muy gentilmente. Durante casi diez años fuimos unas privilegiadas. No teníamos ni siquiera agua, así que cuando llegamos hicimos absolutamente todo, todas las instalaciones. No había nada más que las chapas y el tinglado. Comenzamos haciendo pozos de agua y hoy tienen todos los sectores bebederos automatizados. Fue mucho el trabajo que se hizo acá”, destacó la directora del lugar.
Las cirugías en estos casos tienen valores millonarios, que para las organizaciones de rescate se hace imposible costear. “Necesitábamos tener un hospital para resolver estos casos, que era la única posibilidad que tenían de tener una segunda vida. Aunque sea intentarlo, porque no son cirugías que se pueden hacer a campo”, precisó.
En pandemia este sueño se pudo llevar adelante gracias a cientos de personas que donaron, empresas que se involucraron, veterinarios que se sacaron el ambo y se pusieron a palear y familias que se sumaron y hasta contuvieron en momentos difíciles.
“Pudimos levantarlo y este hospital que hoy está en riesgo es un hospital modelo con última tecnología, un quirófano y también un hospital escuela, porque acá vienen muchos chicos a hacer sus prácticas preprofesionales con casos que en la facultad no ven”, agregó Karina. Por eso, insiste, el lugar es invaluable.
“Si bien es muchísimo el dinero que se necesita, lo sabemos, pero transformado en amor, en personas, no es tanto. Si 200.000 personas donan $10.000, llegamos. Sabemos que es muy difícil, que estamos en una situación económica complicada, pero si cada uno que aporta su granito de arena podemos hacerlo”, pidió.
De la intervención a la nueva vida
El rescate de los caballos maltratos comienza con la intervención de ese vecino que día a día es testigo de la violencia. Es por eso que desde la ONG insisten en que denuncien, o, en caso de que haya temor por represalias, que se comuniquen con ellas para poder intervenir.
Desde ese momento arranca todo un raid hasta poder llegar al animal. Tras la presentación de pruebas en Fiscalía, se verifica en caso y se solicita la intervención judicial, en caso de que haya que ir hasta un domicilio. Si es en la vía pública, los presentes pueden llamar al 911 y la Policía puede interceptarlo y secuestrarlo. Posteriormente, se lo traslada a la comisaría y desde ahí la Fiscalía decide si la ONG queda a resguardo o no.
Pero rescatarlo de sus dueños no es la única manera de salvarlos. Muchos de los caballos que llegan al predio fueron abandonados tras desvanecerse en la calle o descartados hasta en arroyos, como basura.
“Ahí empieza el trabajo, cuando llegan acá, a veces desvanecidos, con un hilo de vida. Hubo veces en las que durante 130 días tuvimos que levantarlos con malacate porque no se podían poner en pie por el tema de la debilidad. Entonces hay que estar 24 horas monitoreándolo”, indicó Karina.
A Caballos de Quilmes llegan animales de todo el conurbano, no solo de su propio distrito. Entre voluntarios y veterinarios ad honorem, trabajan cada semana cerca de 40 personas. “Las tareas son agotadoras porque es todos los días limpiar las camas, cambiar viruta, medicar, sacar a campo, sacar a los distintos sectores. Hay animales que no se levantan y hay que levantarlos con el malacate, cada dos horas ponerlos en pie, cambiarlos, rotarlos, alimentarlos. Entonces es un trabajo de 24 horas porque tenemos guardias siempre, vamos rotando, pero no hay descanso”, detalló.
Un pedido desesperado y contrarreloj
El predio se vende. El dueño del lugar murió y hoy sus hijos decidieron repartir la herencia. Por eso el pedido es desesperado: “No hay plan b, lo que están en juego es muy importante, se vende el campo y el hospital no se puede trasladar a otro lado. No podríamos lograr trasladarlo a otro lado. Entonces, lo que nosotros rogamos a la gente que siga apoyando esta campaña que la comenzó Sintientes con Liz Solari que fue la primera que nos dijo ‘sí, lo vamos a lograr’”, resaltó Karina.
“Necesitamos que 200.000 personas aporten $ 10.000 o menos, lo que puedan, pero ese es el número, porque si decimos el valor real es frío, parece inalcanzable, pero separados en persona creo que es más ameno. Argentina es nuestro pueblo, es supersolidario y nos ha demostrado en estas horas de campaña porque nos está apoyando sin parar”, pidió.
En el mismo sentido, añadió: “Este campo tiene que quedar para los caballos, no tienen otra posibilidad. Realmente no quiero ni pensar qué va a pasar con ellos si el hospital desaparece. Es un trabajo no solamente físico, sino emocional. Es muy duro verlos llegar, desgarrándose. Y capaz que estás un mes atendiéndolos día y noche y los perdés. Entonces se va un pedacito de cada uno con ellos, porque es mucha gente la que pone energía acá, más la gente que confía en nosotros y pone todos los meses ese granito de arena para poder solventar esto, porque ellos tienen que seguir comiendo y tienen que seguir recibiendo su medicación”.
Ya con las últimas fuerzas para seguir luchando, luego de que por el lugar pasaran más de 1500 caballos durante todos estos años, Karina abrió su corazón: “Si me preguntas a mí, no tengo más fuerza, porque después de esto no hay nada más. No lo vamos a trasladar a otro lado porque es imposible, o sea que se terminaría la ayuda para ellos y los caballos de otras ONG, de otros distritos que necesitarían una cirugía o una internación".
“Caballos de Quilmes es más que un espacio de recuperación, significa dignificar la vida de ellos, que fue arrebatada en algún momento por alguien. Las ONG, hablo de todas, hacemos el trabajo que el Estado no hace. La tracción a sangre animal es el abandono de la de la política en general, de décadas y décadas, y también la naturalización de ver un animal tirando de un carro en una ciudad repleta de autos último modelo. Entonces, Caballos de Quilmes, en particular, significa eso: una segunda oportunidad de vida y el inicio de la dignidad que le robaron”, concluyó.
Fuente: TN
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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA
Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.
En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.
Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.
Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.
Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026
En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:
- Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 y $2.603.556,33.
- Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
- Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.
Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA
De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:
- En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
- En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 y $1.651.798,05.
- No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.
La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto
La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.
Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.
La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; Alimentos y bebidas no alcohólicas; Salud y Transporte.
Fuente: TN
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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba
Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.
El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.
“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.
De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.
“Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.
La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.
Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.
Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.
Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.
Fuente: TN
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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”
La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.
El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.
El comienzo del sueño
Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.
Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.
A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.
No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.
Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.
Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.
Una idea
Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.
Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.
Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.
Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.
Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.
Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.
Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.
El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.
El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.
Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.
Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.
Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.
Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.
La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.
Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.
Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.
El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.
Fuente: TN