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A 44 años de la Guerra: combatió en Malvinas, le amputaron una pierna y se casó con la enfermera que lo cuidó
Graciela Lo Russo tenía 16 años cuando tomó una decisión que iba a cambiarle la vida. No había guerra todavía, ni urgencias, ni salas llenas de soldados heridos. Solo una convocatoria inédita y una intuición.
“En agosto del año 1981 me enteré de que el Ejército Argentino por primera vez incorporaría mujeres a sus filas para formarlas como enfermeras. Con una ilusión sin precedentes me anoté y luego aprobé la admisión. Con ansias esperaba el momento de ingresar”, recuerda ella, que creció en Morón y por entonces apenas empezaba a imaginar su futuro.
La confirmación llegó meses después, en febrero de 1982. Una carta con los detalles de incorporación y una fecha precisa: 15 de abril. Para ella, que vivía cerca de Campo de Mayo, eso implicaba ir y venir todos los días, sin necesidad de internarse. La formación arrancó con intensidad, combinando disciplina militar con prácticas de enfermería: toma de signos vitales, colocación de inyecciones, admisión de pacientes. Todo parecía parte de un aprendizaje exigente pero previsible. Hasta que el contexto cambió de manera abrupta.
“Algo inesperado pasó el 2 de abril de 1982, cuando nos enteramos de que Argentina recuperaba las Islas Malvinas. Con orgullo en mi pecho pensé: ‘Llegó el día’”. A partir de ese momento, lo que hasta entonces era formación empezó a tener otro peso. Las prácticas se intensificaron y el hospital se convirtió en un lugar atravesado por la urgencia.
“Íbamos todos los días de 8 a 12. Colaborábamos con las enfermeras de piso, principalmente en el área de traumatología, y nos ocupábamos de cambios de camas, tomar signos vitales, suministrar la medicación y asistir a los médicos en las curaciones. A mí me interesaba mucho aprender e ingresaba en las habitaciones cuando los médicos hacían sus recorridos. Tuve la fortuna de ver cómo curaban por primera vez a muchos soldados”.
Cuerpos marcados por la guerra
Las escenas que empezaron a ver ya no tenían nada de teoría. Eran cuerpos marcados por la guerra, intervenciones complejas y decisiones médicas tomadas en contextos límite. En ese marco, hubo una situación que le quedó grabada para siempre.
“En una de esas curaciones había un soldado al que debimos realizarle injertos de piel extraídos de su propia espalda para reconstruir la otra pierna. Los médicos no sabían cómo reaccionaría su organismo, pero gracias a Dios todo fue un éxito, aunque el sufrimiento de ese soldado me quedó grabado en la mente”, recuerda.
Ese soldado era Julio Ruggiero, de San Isidro. Había perdido una pierna y atravesaba un proceso largo y doloroso de recuperación. En ese momento, él era uno más entre los tantos pacientes que llegaban al Hospital Militar de Campo de Mayo, pero con el tiempo su historia iba a cruzarse definitivamente con la de Graciela.
El ritmo en traumatología era constante. A cada aspirante le asignaban pacientes, y la rotación no se detenía. “En el piso de Traumatología me asignaron seis pacientes, a quienes se les daba el alta a medida que iban. En el peor momento de la guerra, cuarenta aspirantes hicimos guardia nocturna en el hospital. Preparábamos el material de enfermería que utilizarían al día siguiente, ya que en ese momento no había materiales descartables”, señala.
Los nombres de muchos de esos soldados todavía los recuerda. Algunos amputados, otros con heridas de bala o esquirlas, todos atravesados por la misma experiencia. “Recuerdo a muchos soldados que atendí, incluso tengo contacto actualmente con algunos de ellos”, cuenta. Y menciona, entre otros, a Marcos Irrazábal, Julio Ruggiero, Renato Ruiz, Alario, Pato García, Alfonso Fernández, Ariel Tazcón.
Los veteranos de guerra tenían la edad de las enfermeras
El hospital no era solo un espacio de trabajo. También era un lugar donde se construían vínculos. La cercanía generacional marcaba una diferencia: “Después de todo, los veteranos de guerra tenían la misma edad que nosotras, jóvenes de 18 años en su mayoría, y nos trataban de igual manera”. Esa horizontalidad se traducía en gestos cotidianos que iban más allá de lo médico.
“A las que salíamos los fines de semana, nos dejaban visitar a los soldados que no tenían familiares cerca para darles una palabra de aliento. Ayudábamos en lo que podíamos, especialmente mandando cartas o avisando por teléfono a sus familiares”. En medio de ese contexto, incluso el humor tenía un lugar inesperado. “Recuerdo un día que nos hicieron una broma y nos dijeron que debíamos sacarle el yeso a un paciente que había fallecido. Cuando nos acercamos para sacarle el yeso, se destapó gritando un soldado. El susto que nos llevamos fue inmenso. Después nos dimos cuenta: ¿para qué sacarle el yeso a un fallecido? Fue una broma. Había momentos en que el humor nos salvaba del horror y lo agradecíamos”.
Con el paso de los meses, la intensidad empezó a ceder. La sala de traumatología, que había estado desbordada, comenzó a vaciarse. Las aspirantes rotaban por otros sectores: cirugía, guardia, clínica médica, neurología. La guerra había terminado, pero las consecuencias seguían presentes en cada historia.
Fue en ese contexto, ya fuera de la urgencia inicial, cuando Julio volvió a aparecer en la vida de Graciela, esta vez desde otro lugar. “En el mes de octubre, luego de que terminó la guerra, nos dividieron en grupos para cumplir el servicio en distintos hospitales. En esas dos semanas de ausencia en el Hospital Militar de Campo de Mayo, Julio Ruggiero, que ya tenía el alta provisoria, le preguntó a una compañera mía si podía hablar conmigo”.
El encuentro se organizó sin demasiada ceremonia. Un miércoles, a la salida. “Recuerdo que los miércoles salíamos a las 13 y teníamos la tarde libre. Le dije que sí, que el miércoles nos veríamos”. Lo que siguió fue un cambio de escenario total.
“Uno de esos francos me vino a buscar en auto y me llevó hasta mi casa, me invitó a bailar, cosa que hasta ese momento nunca había hecho sola, siendo que solo tenía 17 años. Tuve que ingeniármelas para poder salir ese sábado. Fuimos a bailar a un lugar que se llamaba Cadalso. Era lejos de donde vivía, con tanta mala suerte que en un momento se prendió la luz del boliche y me encontré con muchas de mis camaradas. En unos días se enteró todo el mundo”, cuenta entre risas, con una naturalidad que contrasta con todo lo anterior.
“Palito Ortega le cantó el feliz cumpleaños al soldado que es mi esposo”
Para entonces, Julio llevaba nueve meses internado, con altas provisorias y un proceso de recuperación que había sido largo. En ese recorrido también hubo momentos que rompieron con la lógica hospitalaria. “Recuerdo que en julio del mismo año se reunió la señora de Fortabat, que ayudó mucho en la causa de Malvinas. Ella trajo al mismísimo Palito Ortega para que le cantara el ‘Feliz Cumpleaños’ a Julio. Ese día fue de relajación para todo Traumatología, nos hizo bien”.
La relación fue creciendo de manera progresiva. Ya no era el vínculo entre una enfermera y un paciente, sino algo distinto, construido sobre una experiencia compartida muy particular. A fines de 1982, Graciela terminó su formación: “Aprobé todas mis materias y el 4 de diciembre de ese año egresamos como Cabo en comisión y Auxiliar de Enfermería”. En 1983 fue destinada al Hospital Militar de Campo de Mayo, donde trabajó en terapia intensiva durante tres años.
Para entonces, la relación con Julio ya estaba consolidada. “Yo estaba de novia con Julio Ruggiero y decidimos casarnos. El 5 de noviembre de 1983 lo hicimos”. La vida en común empezó con la misma intensidad con la que se había dado todo lo anterior, aunque no sin dificultades.
“En 1984 quedé embarazada y a los seis meses lo perdí, entonces tomé la decisión de dejar la carrera para formar una familia”. Fue una decisión que marcó un punto de inflexión, pero no implicó alejarse de todo lo vivido, sino reconfigurarlo en otro plano.
Con el tiempo llegaron sus tres hijos: Fabián, Gabriel y Malvina. Cada uno, de alguna manera, vinculado con ese pasado. “Mi hijo más grande es oficial inspector de la Policía de la Provincia de Buenos Aires; mi segundo hijo es capitán del Ejército, piloto de helicóptero; y mi hija Malvina es sargento del Ejército, enfermera profesional en un regimiento de montaña en Mendoza”. La elección de los caminos no es casual, y ella misma lo reconoce: “Dos de mis tres hijos son militares y todo gracias al Ejército Argentino”.
Tienen cuatro nietos: dos nenas y dos nenes.
La historia con Julio también tuvo otra dimensión, menos visible pero igual de importante. “A nivel personal, me casé con un veterano de Malvinas, a quien contuve anímica y psicológicamente durante todos estos años para que pudiera sobrellevar el trauma provocado por la guerra”. Es una frase que resume décadas, más allá de los episodios concretos.
Hoy viven en La Caleta, en el partido de Mar Chiquita. Desde allí, Graciela repasa su historia y pone el foco en algo que, durante mucho tiempo, quedó en segundo plano: el rol de las mujeres en ese contexto.
“El gran problema es que nunca se contó nuestra historia. Gran parte de la sociedad argentina desconoce que existió la primera promoción de mujeres suboficiales en el Ejército durante la Gesta de Malvinas”. Su testimonio, en ese sentido, funciona también como una forma de registro.
“Tuve el privilegio y la experiencia profesional de haber atendido a cientos de suboficiales y soldados que pasaron por el Hospital Militar de Campo de Mayo”, dice, y en esa frase conviven el orgullo, el recuerdo y una necesidad de dejar constancia.
La historia con Julio no empezó como una historia de amor. No tuvo un inicio convencional ni condiciones ideales. Se fue armando en otro contexto, con otros tiempos y otras urgencias. Primero fue una mirada en una sala de hospital, después una conversación pendiente, más tarde un reencuentro y finalmente una vida compartida que ya lleva décadas.
Fuente: TN
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Semana Santa: la canasta de Pascuas subió hasta 63% y los consumidores buscan optimizar sus gastos
El consumo de Semana Santa 2026 combina dos dinámicas que conviven en tensión: subas de precios que llegan hasta 63% en productos tradicionales y una demanda que se mantiene activa, pero más selectiva. En ese escenario, los hogares priorizan gastos puntuales, ajustan cantidades y redefinen hábitos de compra.
Los datos relevados por consultoras y empresas del sector muestran que el gasto no desaparece, pero se reorganiza. Se concentra en experiencias, como viajes cortos, y en consumos específicos como huevos de Pascua, donde crecen tanto las versiones industriales como las artesanales.
En paralelo, el comercio electrónico gana protagonismo y las decisiones se toman cada vez más cerca de la fecha. La combinación de precios elevados, menor previsibilidad y nuevas herramientas de financiamiento define el pulso del consumo en este fin de semana largo.
Precios en alza y consumo más racional
Los productos típicos de Pascua registran aumentos significativos en comparación con 2025. Según Focus Market, la suba más alta se vio en la rosca artesanal de 500 gramos, que pasó de $8000 a $13.000, con un alza de 63%. También subieron la rosca de 900 gramos, que alcanzó los $25.000 con un incremento de 52%, y la versión industrial de 400 gramos, que llegó a $ 5150 con una suba de 47%.
En pescados, el kilo de calamar aumentó 58%, mientras que el filet de merluza subió 27% y las milanesas de pescado 15%. En tanto, los huevos de Pascua registran subas de hasta 49% según el producto, mientras que un huevo relleno de 500 gramos alcanzó los $29.900, un 36% más que el año pasado.
El aumento de los huevos de Pascua “se explica principalmente por el shock previo en el precio internacional del cacao”, señaló Damián Di Pace, director de Focus Market, en un informe difundido por la consultora.
El especialista también explicó que en el caso del pescado “hay una demanda externa muy firme que presiona los precios domésticos vía exportaciones”, sostuvo.
El e-commerce gana terreno en productos de Pascua
A pesar del contexto, las ventas crecen en canales digitales. Según Tiendanube, en los 15 días previos a Pascua las órdenes vinculadas a la fecha aumentaron 15% y se vendieron más de 73.000 productos, con un ticket promedio de $126.435.
Los huevos de Pascua lideran el ranking de ventas, seguidos por productos asociados a la producción artesanal como moldes, rellenos, globos y packaging.
“El aumento del 143% en las ventas de huevos de Pascua refleja cómo el ecosistema digital se consolida como escenario natural para las fechas especiales”, afirmó Franco Radavero, gerente general de Tiendanube en la Argentina.
En PedidosYa las dos semanas previas a las Pascuas la venta de huevos de chocolate había crecido 60% interanual en supermercados 100% online.
El dato refleja un cambio estructural. El consumo no solo se ajusta en cantidad, sino que también migra hacia canales que permiten comparar precios, acceder a promociones y facilitar la compra.
Viajes con decisiones más cuidadas
El turismo aparece como uno de los principales destinos del gasto para Semana Santa. Sin embargo, también muestra cambios en el comportamiento.
Según Paula Cristi, gerenta general de Despegar para Argentina y Uruguay, las búsquedas crecieron 24% en destinos locales y 16% en los internacionales en el último mes.
Los precios reflejan el peso del gasto. Un paquete de tres noches a Puerto Iguazú rondó $1,1 millones por persona, mientras que viajar a Río de Janeiro costó cerca de $950.000. Para dos personas, los paquetes llegaron a superar los $2,5 millones en destinos nacionales.
Los destinos locales más elegidos incluyen Puerto Iguazú, Bariloche, Buenos Aires y Mendoza, mientras que en el exterior lideran Río de Janeiro y Santiago de Chile.
En paralelo, Airbnb registró un aumento del 140% en las búsquedas de destinos dentro de la Argentina en la comparación interanual, con Buenos Aires, Bariloche, Mar del Plata y Puerto Iguazú al tope del ranking. En viajes al exterior el alza superó el 70%, con Brasil (Arraial do Cabo, Río de Janeiro, Florianópolis y Búzios) a la cabeza, junto con ciudades como Miami, Madrid, Barcelona y Milán.
En la misma línea, datos de Booking muestran que los destinos nacionales más buscados para Semana Santa son la Ciudad de Buenos Aires, Mar del Plata, Bariloche, Villa Carlos Paz y Puerto Iguazú. Y en el internacional, el ranking lo encabezan Río de Janeiro, Búzios, Florianópolis, Madrid y Miami Beach, lo que confirma la fuerte presencia de Brasil y la continuidad de destinos urbanos en Europa y Estados Unidos.
“Si bien el presupuesto puede ser un desafío, rara vez se convierte en un límite definitivo. Según nuestro estudio anual sobre tendencias de viaje, el 44% elige destinos cercanos a su hogar para hacer una escapada y aprovechar los fines de semana largos”, destacó Jimena Gutiérrez, gerente general de Booking en Argentina.
En la misma línea, un informe de Focus Market para Naranja X indicó que los paquetes turísticos aumentaron alrededor de 30% interanual y que cuatro de cada diez argentinos los pagó con tarjeta de crédito.
“Semana Santa es un termómetro relevante porque refleja cómo los hogares ajustan su presupuesto entre ocio, transporte y servicios”, sostuvo Di Pace en ese relevamiento.
De acuerdo con datos de TIJE Travel Tech Group, los destinos internacionales concentran gran parte de las reservas realizadas, con un claro liderazgo de Brasil, que representa el 31,6% de la demanda. “Brasil se consolida como el destino internacional más demandado, con cifras que reflejan una preferencia clara y sostenida desde este mercado”, destacó la compañía.
Escapadas cortas y decisiones de último momento
El comportamiento de los viajeros también muestra un cambio en los tiempos de decisión. Según Plataforma 10, el 25% de las compras de pasajes se realiza en los cinco días previos al viaje.
“El usuario sigue eligiendo viajar, pero espera más tiempo para decidir y define en función de variables como precios o clima”, explicó Tomás Barreiro, head de Marketing de la empresa.
La tendencia se complementa con estadías más cortas y preferencia por destinos cercanos. El antecedente de 2025 ya había marcado ese camino, con una estadía promedio de 3,1 días.
Este patrón se replica en las búsquedas de alojamiento, donde predominan viajes en pareja y escapadas breves.
En la Ciudad de Buenos Aires, el Ente de Turismo estimó la llegada de unos 100.000 visitantes durante el fin de semana largo, con un impacto económico superior a $ 35.000 millones y una ocupación hotelera promedio del 67%.
El dato sintetiza el escenario general. El consumo no se retrae completamente, pero se vuelve más estratégico. Se priorizan experiencias, se ajustan cantidades y se aprovechan promociones y financiamiento.
Fuente: TN
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Fue futbolista, dejó todo por su verdadera pasión y logró ser campeón mundial en la “Fórmula 1 del agua”
Hay historias que no siguen un guión lógico, pero justamente en eso radica su fuerza. La de Leo Morelli es una de ellas. Durante años fue arquero del Ascenso, con recorrido en clubes tradicionales de Rosario y una carrera que, sin ser rutilante, le permitió vivir del fútbol. Sin embargo, detrás de eso había otra pasión, más profunda, ligada al ruido de los motores y la adrenalina, algo imposible de encontrar dentro de una cancha.
Este rosarino de 46 años se enamoró de la motonaútica, el deporte que popularizó Daniel Scioli en la Argentina durante la década del ’90. Los tiempos cambiaron y aquellas grandes lanchas le dieron paso a vehículos más chicos, que posibilitaron otro tipo de competencias.
“Soy un apasionado del agua. Entreno todos los días, llueva o truene. Me pongo antiparras, el chaleco, le aviso a Prefectura y me subo a la moto. Navego entre 25 minutos y media hora, y me vuelvo”, cuenta entusiasmado Morelli, que tuvo su primer contacto con estos vehículos náuticos en 1997.
La decisión de dejar el fútbol y dedicarse de lleno a este deporte no fue inmediata. El desgaste emocional y una sensación persistente de estar en el lugar equivocado lo fueron empujando a buscar otros rumbos. Lo que comenzó como una vía de escape terminó convirtiéndose en una carrera deportiva inesperada, marcada por títulos y logros que pocos argentinos pueden contar.
¿Porqué dejaste el fútbol y te volcaste a la motonáutica?
Fue un tema que me costó mucho. Tuve que ir a un psicólogo deportivo cuando dejé de jugar porque extrañaba levantarme temprano e ir a entrenar. En los últimos años había tenido una lesión crónica en el hombro y no estaba cómodo. Sentía que al no dar todo, defraudaba a mis compañeros, por eso me retiré. Ahí me empecé a interesar en las motos de agua. Alguna vez me había subido y me había encantado. Además, no me molestaba la lesión en el hombro porque la fuerza se hace con las piernas.
¿Qué evaluación hiciste de tu carrera en el fútbol?
Empecé de chiquito en un club de baby e hice todas las inferiores en Newell’s, equipo del que soy hincha. Entrené con la Primera, pero no llegué a debutar. En un intercambio de jugadores llegué a Central Córdoba, que estaba en el Ascenso y ahí logré afirmarme como arquero titular. Subimos al Nacional B y estuve varios años. También jugué en Argentino de Rosario, en Tiro Federal y en varios equipos menores. Me fue bien económicamente, pero el fútbol nunca fue mi pasión. Entré por un mandato de mi viejo y me quedé. Mi pasión siempre fueron los motores.
¿Y cómo ingresás a la motonáutica?
Mi primer moto de agua la compré en 2001, cuando todavía era jugador de fútbol. Sin embargo, a los dirigentes no les gustaba que yo practicara eso en mi tiempo libre y la vendí. Cuando me retiré, en 2011, lo primero que hice fue salir a comprar una y empecé a competir. Eso me permitió que la adrenalina se trasladara de una actividad a la otra.
¿Cuál es la diferencia entre la motonáutica que practicás y la que hacía Scioli en los años ’90?
La motonáutica se divide en dos partes: los catamarán o lanchas y las motos de agua. Los que corren en la primera categoría son gente de mucha plata, generalmente árabes. Allí no pasa tanto por la habilidad, sino más bien por la billetera. En la que estoy yo es un poco más económico competir. Mucha gente me comparó con Scioli, y es verdad que los dos competimos en motonáutica, pero las categorías son completamente distintas.
Pese a que comenzaste tarde en este deporte tenés varios títulos locales, sudamericanos y también sos campeón del mundo...
Si, el campeonato mundial de 2022 fue uno de los logros más importantes de mi carrera. Y tiene algo curioso: en un principio había decidido no competir porque se iba a hacer en Grecia. Finalmente se cambió la sede y se hizo en Brasil. Mi mamá fue la que me animó. Yo estaba medio bajoneado porque no tenía una buena moto. Al final, por esas cosas de la vida, terminé ganando. Pensé que ese iba a ser mi retiro con gloria de la actividad, tenía 42 años, pero bueno al final seguí.
¿Por qué a la motonáutica le dicen la “Fórmula 1 del agua”?
El reglamento es prácticamente igual: la clasificación, las puntuaciones, las normas en pista, las banderas y los tiempos son iguales a la Fórmula 1. Es más fácil para la asociación usar un reglamento estipulado como el de la FIA que inventar uno nuevo. La única diferencia que tenemos con los autos es que nosotros no tenemos frenos. Llegamos a andar a 140 km/h sin poder frenar.
En la F1 la máquina es más importante que el piloto, ¿cómo es el porcentaje en la motonáutica?
Los pilotos son muy buenos todos, pero al igual que en la F1 acá tienen mucho que ver las máquinas. Siempre digo que el piloto es un 30 por ciento responsable de la victoria, pero el 70 por ciento es por la moto. Esto no le quita responsabilidad al piloto, porque si vos le erraste a una curva o entraste mal en el agua, el problema es tuyo. Pero si la máquina te falla, te falla todo.
Tuviste una grave lesión en la espalda con la que luchaste durante mucho tiempo. ¿Qué pasó?
En la temporada 2023 me rompí feo. Yo corría para Yamaha, salté una ola, y otro competidor se me cayó encima. Me rompió varias vértebras y me volví de emergencia a Rosario. Me hicieron un tratamiento con metacrilato y me medicaron con oxicodona, pero el dolor no se iba y la situación fue empeorando. Finalmente decidí operarme porque los dolores eran terribles.
¿Y cómo fue la recuperación?
La pasé muy mal. Viví con morfina y con oxicodona. Me ponían suero y me dejaban en la clínica un día o dos. No entendíamos qué pasaba, hasta que encontraron que un nervio inguinal me estaba molestando. Me volvieron a operar y a las dos semanas me empecé a sentir bien. El dolor que sentí durante ese tiempo me liquidó anímicamente. Tomaba siete pastillas por día, una para que no me deprima, otra para el dolor inguinal, otra para el dolor los músculos, era insoportable. Recién ahora me estoy desintoxicando. Dejar la oxicodona me llevó tres días que no dormí.
¿No te dio miedo volver a competir?
Me operé en octubre de 2025 y ahora corrí en diciembre, en Uruguay, y me sentí muy bien. No paro de entrenar desde entonces y por eso decidí volver a competir en el Mundial, que se va a llevar a cabo en Estados Unidos.
Fuente: TN
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El “Rocky” de Virrey del Pino: pedaleó 100 kilómetros para juntar $33 millones y salvarle la vida a su mamá
“Mami, quedate tranquila que lo vamos a conseguir. Yo no sabía ni cómo ni nada, pero se lo dije: lo vamos a conseguir”. Juan Manuel Martínez habla con la seguridad de quien ya no tiene espacio para el miedo. A sus 25 años, este joven de Virrey del Pino, La Matanza, se convirtió en el motor de una cruzada contra el reloj y la burocracia.
Su mamá, el centro de su mundo, tiene un aneurisma cerebral que amenaza su vida a cada segundo que pasa. El precio de la esperanza tiene una cifra exacta: 33 millones de pesos.
Todo cambió en diciembre de 2025. Un ACV puso a su madre en la guardia de urgencia. La salvaron, pero los estudios posteriores revelaron la verdadera amenaza. “No saben si ya estaba de antes o si saltó con el ACV, pero lo agarraron a tiempo. Es una bendición, porque mucha gente se da cuenta cuando explota”, relató Juanma en diálogo con TN.
Sin embargo, lo que siguió fue un calvario de idas y vueltas con la obra social. “No se ponían de acuerdo, faltaban cosas, cambiaban las fechas. Para un paciente con esto, los nervios no juegan a favor. Yo como hijo me sentía contra la pared. Dije: ‘No, loco, no voy a esperar a nadie’”.
“No quería aparecer, pero es una mamá de pueblo”
Juan Manuel, que trabaja en redes y modelaje, decidió poner su capital más valioso a disposición de la causa: sus seguidores y su transparencia. Al principio, a ella le costó. “Mi mamá no quería aparecer en cámara. Me decía: ‘No, hijo, ¿qué van a pensar?’. Es una persona chapada a la antigua. Pero entendió que era la única forma”, cuenta entre risas.
Para dar cuenta de la urgencia, Juanma compartió en sus redes un texto desgarrador que resume el sentir de una familia desesperada.
“Hola a todos, soy Juanma. Hoy me toca pedirles ayuda por lo más importante que tengo: mi mamá. Después de meses de pelear con la obra social y de recibir malas noticias, encontramos a los médicos que pueden salvarla, pero la operación cuesta 33 millones de pesos. Es una cifra que para nosotros es imposible, pero para muchos de ustedes, con un poquito cada uno, es el milagro que ella necesita. No quiero perderla, no puedo quedarme de brazos cruzados viendo cómo se apaga. Les pido que me ayuden a difundir o con lo que puedan. Por ella, por mi vieja", escribió el joven en su cuenta de Instagram.
100 kilómetros, una bicicleta y el espíritu de Rocky
Juanma no quería simplemente “pedir y quedarse sentado”. Quería que la gente viera el esfuerzo físico detrás del pedido. Así nació la idea de la bicicletada de 100 kilómetros hasta San Miguel del Monte.
“Fue una locura. Salí a las nueve de la mañana, subí un video a las cuatro avisando. Yo prefiero caminar antes que andar en bici, pero lo hice para reflejar el amor que siento por mi vieja. Estaba dispuesto a sacrificar mi cuerpo si hacía falta”, recordó.
La respuesta fue cinematográfica. Mientras pedaleaba, la gente lo reconocía en la ruta. “Se me cruzaban autos, me hacían caravana... me sentía Rocky“, dijo con emoción. Al terminar la travesía, publicó un video que terminó de viralizar la causa:
“¡Llegamos! 100 kilómetros por vos, mamá. Gracias a todos los que se cruzaron en el camino, a los que tocaron bocina y a los que transfirieron mientras yo pedaleaba. Salí con nueve millones en la cuenta y ahora estamos mucho más cerca. No son solo seguidores, son mi sostén. No me voy a cansar hasta que vea a mi vieja salir del quirófano sana y salva.”
La recta final hacia el milagro
Gracias a la bicicletada, a un evento solidario y a la confianza que generó mostrando cada presupuesto y cada estudio médico, Juan Manuel ya recaudó 27 millones de pesos. Solo le faltan seis millones para completar el pago a la Clínica Sagrada Familia.
“La operación sería para la semana del 6 de abril. Si no estuviéramos juntando esto, estaríamos todos tristes y nerviosos, dependiendo de una obra social que nos trataba como un número de expediente y no como una vida”, reflexionó.
Juanma no duerme bien, admite que apenas come y que vive en un estado de alerta constante, pero no se detiene. Ya proyecta que, una vez que su madre esté recuperada, usará su voz para ayudar a otros: “Siento que esto es el inicio. Podemos ser el intermediario para otros pibes del barrio que tienen casos graves y no se hacen virales”.
Por ahora, el objetivo es uno solo. “Ya estamos recerquita. Ya queda en manos de Dios y de los médicos. Yo solo quiero hacer el video del cierre, agradeciendo a todos y mostrando a mi vieja sana”, completó el joven.
Fuente: TN