Internacionales
Los muertos del hielo que afloran en los glaciares por el cambio climático
A los desprendimientos de piedras, caídas en la montaña y violentos cambios meteorológicos se ha unido otro elemento de riesgo que complica aún más la vida de los alpinistas. El fenómeno carece del peligro de aquellos lances, pero resulta no menos inquietante. Como consecuencia del calentamiento global y el derretimiento de las masas de hielo, los glaciares de alta montaña vomitan en los últimos años los cadáveres de quienes sufrieron en ellos un accidente mortal.
Resulta cada vez más cotidiano para los montañeros que en mitad de una escalada o de una travesía por las alturas, aquella mancha que a lo lejos parecía una roca en mitad de la nieve, al acercarse se convierta en un turbador esqueleto triturado por los hielos hace quién sabe cuánto tiempo.
Eso mismo es lo que le pasó recientemente a un guía de Zermatt en el Matterhorn -el pico Cervino-, en la frontera entre Suiza e Italia. Cuando escalaba esta montaña, una de las más peligrosas del arco alpino, se encontró los restos de un hombre que había aflorado a la superficie de uno de los glaciares que rodean la base del pico. Las pesquisas policiales determinaron que se trataba del cadáver de un alpinista japonés de 67 años, aunque todavía no se sabe ni cuándo ni cómo ocurrió el accidente.
La consecuencia más tétrica del aumento generalizado de las temperaturas en todo el mundo es el aumento de la aparición de cadáveres en los glaciares de las montañas. Los desaparecidos hace décadas en esas fauces de hielo, salen a la luz debido al dramático derretimiento de los ríos de agua congelada.
La retirada del hielo
Todos los estudios realizados en los glaciares de las diferentes regiones del mundo, desde el Ártico a la Antártida, pasando por las regiones ecuatoriales y Europa -con Alpes y Pirineos-, coinciden en sus conclusiones: los aparatos glaciares están experimentando un retroceso muy importante los últimos años, con una fuerte reducción de la extensión y del volumen de sus hielos. Y la causa aceptada por la comunidad científica -ratificada en el último informe del panel científico de las Naciones Unidas el pasado octubre- es el aumento de las temperaturas a consecuencia del calentamiento global.
«Los glaciares de los Pirineos tienen hoy una superficie de 240 hectáreas, el 88% menos que en 1850», señalan como conclusión principal de su trabajo un equipo de investigadores de la Universidad de Valladolid y el Instituto Pirenaico de Ecología -del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)-.
La metodología utilizada por estos científicos fue comparar las imágenes satelitales y aéreas actuales con mediciones in situ de los glaciares de mayor tamaño realizadas desde 2011. Los cálculos de este grupo de investigadores señalan que en 2016 la superficie glaciar pirenaica era de 242,6 hectáreas, distribuida en 19 masas de hielo repartidas por nueve macizos de la cadena montañosa.
«Los glaciares del Pirineo carecen de equilibrio», dice López Moreno, autor del trabajo. Para los glaciólogos, el equilibrio de una gran masa de hielo ocurre cuando existe igualdad entre la capacidad de generar hielo con la cantidad que se deshiela. La línea de equilibrio de un glaciar está relacionada con la temperatura. Está en torno a la isoterma de 0ºC de media anual. «En los Pirineos se sitúa entre 2.900 y 3.000 metros», señala este glaciólogo.
Ocurre que las alturas mayores del Pirineo están en torno a 3.400 metros -Aneto, con 3.404 es el más alto de la cadena montañosa-. Por lo tanto, los glaciares tienen aquí muy poco espacio para mantenerse. En los Alpes tienen más superficie para mantenerse; las montañas son 1.400 metros más elevadas -Mont Blanc 4.808 metros- a lo que hay que añadir su latitud más septentrional. Esto sitúa la línea de equilibrio de las masas de hielo alpino en torno a medio kilómetro más bajo que en Pirineos.
En la cadena fronteriza española, en 1980 la superficie conjunta de todos los glaciares era de 310 hectáreas. En 1850 se extendían sobre 2.000 hectáreas. Es decir, en solo siglo y medio desapareció el 88%, a un ritmo de 11 hectáreas anuales de promedio. Con todo, el periódo más dramático es el más reciente: entre 1980 y 2008, en el que se han perdido 21 hectáreas anuales. Los glaciólogos españoles vaticinan que «tras la aceleración del retroceso desde 1980, podemos prever que los glaciares de los Pirineos desaparecerán a mediados de este siglo».
Puede pensarse que el tamaño de un glaciar influye en la rapidez de su deshielo. Pero no siempre es así. El tamaño de una masa glaciar no es determinante en su deshielo. Existen neveros (pequeñas masas de hielo residuales, incapaces de regenerarse), que por su situación, laderas no expuestas a ninguna insolación por ejemplo, que mantienen su mínima superficie sin apenas disminución.
Aunque los expertos coinciden en que todos terminarán desapareciendo. «Los glaciares del Pirineo tuvieron su momento de esplendor en la pequeña Edad del Hielo europea (periodo de frío sucedido en Europa entre los siglos IX y XIII). El clima cambió y estos glaciares han quedado fuera de su sitio», concluye López Moreno.
«El deshielo de los glaciares hace que estos se ahuequen en muchas zonas», advierte López Moreno, que además de glaciólogo es un experto montañero con cientos de horas sobre los glaciares. «Antes había zonas asequibles que ahora son muy peligrosas, con más grietas, grandes oquedades, caídas de piedras y otros riesgos», señala sobre lo complicado y arriesgado de su trabajo.
El caso más evidente de estos cambios se registra en el glaciar norte del Monte Perdido. «Hasta el año pasado teníamos unas balizas para controlar sus cambios, pero dejamos de acercarnos a tomar medidas por lo peligroso que resultaba. Ahora lo hacemos con otros sistemas desde la distancia», explica.
«Los glaciares del Pirineo están fuera de su contexto climático. Han entrado en una fase de degradación en la que son incapaces de regenerarse», concluye López Moreno. Esto significa que en su torturada naturaleza aparecerán nuevas grietas, proliferarán las oquedades y su superficie se volverá más peligrosa. Por ello, segú este experto, es obligado extremar aún más las precauciones para recorrer estos ríos de hielo capaces de tragarse durante siglos a los infortunados que se precipitan en sus fauces.
Cadáveres célebres
Y de ahí que el deshielo esté sacando a la luz cuerpos de personas desaparecidas hace décadas y que los hallazgos se hayan multiplicado en los últimos años. El caso de Marcelin y Francine Dumoulin ha sido el más significado de las últimas temporadas. Fue en el verano de 2017 cuando un trabajador de la estación de esquí suiza Glaciar 3000, al acercarse a ver unos objetos que habían aflorado a la superficie del glaciar Tsanfleuron: una botella y un par de viejos zapatos, se encontró con el espeluznante hallazgo de dos cuerpos congelados y perfectamente conservados.
El estilo de los ropajes dio pistas de que llevaban bastante tiempo en el seno de los hielos. Las investigaciones policiales se pusieron en marcha y no tardaron en averiguar que se trataba de la infortunada pareja de granjeros que desapareció sin dejar el menor rastro… ¡en 1942! «Llevamos buscándolos desde entonces. Siempre hemos pensado que algún día celebraríamos un funeral en su recuerdo», señaló una vez identificados los cuerpos, Marcelin Udry-Dumoulin, la hija menor del matrimonio, que ya cuenta con 80 años.
En 2012 en el cantón del Valais, el mismo del Matterhorn, aparecieron los cuerpos momificados de los tres hermanos Ebener, desaparecidos en 1926. En 2014 sucedió lo mismo con el cadáver de Jonathan Conville, que cayó en aquella montaña en 1979. Al año siguiente, el glaciar del Matterhorn vomitó a dos alpinistas japoneses que se extraviaron en 1970. En 2016 apareció en el glaciar de Morteratsch el cuerpo de un esquiador alemán que desapareció en 1963. Los glaciólogos suizos han constatado que este glaciar de Morteratsch ha retrocedido el último siglo dos kilómetros, pérdida similar a las del resto de los grandes aparatos de hielo alpinos.
Por fortuna, los glaciares alpinos no solo expulsan cadáveres. El verano de 2017, Daniel Roche realizó un hallazgo sorprendente. Escarbaba en el glaciar del Bossons, bajo el Mont Blanc, cuando junto a una mano y una pierna congeladas encontró la turbina de un avión. Eran los restos del Malabar Princess, aparato de Air India que chocó contra el Montblanc en 1950 y en el que perecieron 58 personas.
Dieciséis años después, en esta montaña también se estrelló el Kangchenjunga, Boeing de la misma compañía, pereciendo 117 pasajeros. En 2013 otro alpinista francés realizó un descubrimiento mucho más gratificante. Recorría la zona cuando se topó con un cofre metálico repleto de esmeraldas, rubíes y piedras preciosas. Valorado en casi un cuarto de millón de euros, procedía de uno de los aviones siniestrados en la cabecera de unos glaciares que, medio siglo después de la tragedia, regurgitaban un impensable tesoro.
Los que recorren los glaciares alpinos sueñan con un hallazgo parecido. Es más probable que antes se topen con el cadáver de alguno de los más de 280 desaparecidos en las montañas suizas desde 1926, según la policía helvética. Y atención, porque los glaciares pirenaicos retienen al menos tres cadáveres de infortunados. El calentamiento se va a encargar de que muchos de ellos salgan de sus tumbas de hielo más pronto que tarde.
Actualidad
Buenas noticias desde Indonesia: un bosque se recuperó y volvieron a crecer sus aves
Hay señales que invitan a la esperanza. En la selva de Harapan, en Indonesia, la recuperación del bosque estuvo acompañada por un aumento importante en las poblaciones de aves.
Así lo reveló un estudio publicado en la revista científica Biological Conservation, que comparó la situación del lugar entre 2009-2011 y 2018.
Durante los relevamientos se registraron 187 especies de aves. De las 122 que pudieron ser comparadas en ambos períodos, el 43,8% aumentó significativamente su abundancia.
Es decir, mientras el bosque se regeneraba, muchas de las especies que dependen de él también comenzaron a recuperarse.
Un bosque que vuelve a dar vida
Los investigadores observaron que el 45,1% de las especies analizadas tenía una abundancia promedio mayor en el período más reciente.
Además, ninguna de las especies comparadas presentó una disminución estadísticamente significativa.
Estos resultados muestran el impacto que puede tener la recuperación de un ambiente natural. Cuando vuelven los árboles y mejora el hábitat, también aparecen mejores condiciones para que distintas especies encuentren alimento, refugio y lugares donde reproducirse.
La naturaleza, cuando tiene una oportunidad, puede volver a levantarse. Sin embargo, el estudio también encontró un problema: algunas aves fueron afectadas por la captura para el comercio de mascotas.
A medida que determinadas zonas del bosque se hicieron más accesibles, aumentó también la presión humana sobre ellas. Los investigadores utilizaron precisamente la facilidad de acceso como indicador de una posible mayor intensidad de captura.
El 48,4% de las especies analizadas reforzó su presencia en las zonas más alejadas y difíciles de alcanzar. Para los científicos, esto puede estar relacionado con la presión de captura en los sectores más accesibles.
Las especies más buscadas fueron aquellas valoradas por su canto, su plumaje o determinadas partes de su cuerpo. También resultaron especialmente vulnerables las aves que necesitan bosques maduros.
El estudio encontró que alrededor del 15% de las especies no se recuperó al ritmo que se esperaba. Esto demuestra que regenerar un bosque es fundamental, pero también es necesario proteger a las especies que viven en él.
La experiencia de Harapan deja así una enseñanza sencilla: la conservación puede dar resultados.
En apenas una década, casi la mitad de las especies analizadas mostró un crecimiento significativo. Al mismo tiempo, los investigadores pudieron identificar las amenazas que todavía requieren atención.
Una señal de esperanza
La historia de este bosque indonesio recuerda que la naturaleza no siempre está condenada a desaparecer. Con tiempo, cuidado y protección, un ecosistema puede recuperar parte de su riqueza y volver a sostener más vida.
Desde una mirada cristiana, también puede ser una oportunidad para recordar el llamado a cuidar la creación y valorar la vida en todas sus formas.
La recuperación de Harapan muestra que cuando se cuida la naturaleza, la vida responde. Y detrás de cada bosque que vuelve a crecer hay también una oportunidad para que vuelvan los sonidos, los colores y la diversidad que hacen de nuestro planeta un lugar extraordinario.
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Avanza la declaración del Día Nacional de la Iglesia Evangélica en Paraguay
Paraguay contará con una fecha para conmemorar y celebrar la presencia y el aporte en la sociedad, de la Iglesia evangélica. La Cámara de Diputados sancionó el proyecto de ley que establece el último domingo de octubre de cada año como el Día Nacional de la Iglesia Evangélica en la República del Paraguay.
La iniciativa fue tratada como primer punto del orden del día durante la sesión de la Cámara de Diputados y recibió el respaldo de la mayoría de los legisladores presentes, luego de haber sido impulsada originalmente desde el Senado.
El proyecto establece que la celebración se realizará cada año el último domingo de octubre, una fecha que permitirá a las comunidades evangélicas del país reunirse para conmemorar su fe y dar visibilidad a la labor que desarrollan en distintos ámbitos de la sociedad.
Inicialmente, la propuesta legislativa contemplaba declarar como fecha fija el 31 de octubre. Sin embargo, durante su tratamiento se estableció finalmente que la celebración tendrá lugar el último domingo del mes.
Con la sanción de la Cámara de Diputados, el documento queda ahora a disposición del Poder Ejecutivo, que deberá definir su promulgación.
La declaración representa un nuevo espacio institucional para reconocer la presencia de las iglesias evangélicas en Paraguay y abre la puerta a que cada año esta fecha sea una oportunidad para celebrar la fe cristiana, fortalecer los vínculos entre las comunidades y poner en valor el servicio que realizan sus congregaciones en el país.
FUENTE: ABC Color
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El desierto de Atacama se vistió de colores tras las lluvias y alcanzará su máximo esplendor en octubre
El desierto de Atacama, reconocido como uno de los lugares más áridos del planeta, atraviesa una impactante transformación tras las intensas lluvias caídas durante el invierno en el norte de Chile. Extensas áreas de arena quedaron cubiertas por flores de diversos colores en el fenómeno conocido como desierto florido, un espectáculo natural que, según estimaciones de la Corporación Nacional Forestal de Chile (CONAF), podría abarcar unas 15.000 hectáreas en octubre y alcanzar una de sus mayores extensiones registradas en la región.
El fenómeno responde a la reactivación de un banco de semillas y bulbos perteneciente a unas 200 especies que permanecen inactivas bajo la arena a la espera de humedad. Entre las variedades más destacadas aparecen los suspiros blancos y las patas de guanaco, responsables de teñir el suelo árido con tonos violetas. Este despertar botánico fue desencadenado por el temporal que afectó a la zona entre el 16 y el 22 de julio, asociado al fenómeno de El Niño. En algunos sectores se registraron precipitaciones superiores a los 180 milímetros, una cifra inédita para la zona que logró penetrar hasta las capas más profundas del suelo desértico.
La llegada del agua no solo transformó el paisaje visual, sino que también reactivó un ecosistema integral que abarca la reaparición de insectos, caracoles, aves, reptiles y pequeños mamíferos, donde polinizadores como las abejas desempeñan un rol fundamental. Desde la CONAF remarcaron que, aunque existen otros desiertos en el mundo que florecen, la diversidad de especies y la escala territorial de Atacama lo convierten en un evento único a nivel global.
La belleza de las flores sobre las dunas comenzó a atraer a miles de turistas, lo que motivó un llamado de atención por parte de las autoridades ambientales para proteger este frágil ecosistema. Desde los organismos oficiales pidieron a los visitantes no pisotear las plantas, circular únicamente por las rutas y senderos habilitados y evitar la presencia de mascotas, con el objetivo de resguardar tanto la flora como la fauna silvestre antes de que el espectáculo alcance su máximo esplendor durante el mes de octubre.