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De paciente del Garrahan a “superheroína”: tuvo Guillain-Barré de chica y hoy vuelve para hacer reír a otros nenes
Hay algo que Paula no puede evitar cuando llega al Hospital Garrahan: mirar a los chicos y reconocerse en ellos.
Los ve salir a la puerta del hospital cuando comienza a llegar la caravana. Ve las caras, los pijamas, las miradas curiosas hacia las miles de motos que avanzan por las calles. Algunos buscan a los personajes disfrazados, otros quieren sacarse una foto.
Y ella piensa en la nena que fue. “Veo a esos nenes y digo ‘soy yo’”, reconoció en diálogo con TN.
Por eso, cuando se baja de la moto disfrazada de dinosaurio, no siente que simplemente está participando de una actividad solidaria. Está volviendo a un lugar que conoce desde otro lado: el de una nena que estuvo internada, que no podía moverse ni hablar y que durante meses tuvo que esperar para saber qué iba a pasar con su cuerpo.
Ahora es ella la que llega para hacer reír a otros chicos.
La caravana termina en Casa Garrahan. Los nenes que están en condiciones de salir se acercan a la puerta para ver el espectáculo. Hay cientos, miles de motos. El año pasado, según cuenta Paula, fueron más de 5000. Y entre todos esos motores aparece el dinosaurio.
Paula sabe que puede parecer una escena pequeña: un adulto con un disfraz, una foto, un personaje que saluda. Pero para un chico que está internado puede significar muchísimo: “Vos estás re aburrido y que vaya alguien a contarte un chiste en medio de ese momento está re bueno”.
La historia de Paula y el hospital que le salvó la vida
Cuando Paula tenía cuatro años, nadie imaginaba que terminaría internada en el Garrahan. Había nacido sin problemas de salud. Era una nena inquieta, independiente y acostumbrada a hacer las cosas sola. Pero empezó a decir que le dolían las piernas y que estaba cansada.
En el jardín también notaron el cambio. Las maestras veían que ya no quería jugar y que permanecía sentada, algo extraño en ella. Y en su casa apareció otra señal. “Era re contra independiente y en ese momento le empecé a pedir a mi mamá que me cambie la ropa, el pijama. Ahí notó que algo raro pasaba porque siempre me quería cambiar sola”, detalló.
Pasaron unos días hasta que una madrugada Paula se levantó dormida. A la mañana siguiente, su mamá la encontró tirada en el piso. No podía hablar. Tampoco podía moverse.
La llevaron inmediatamente a su pediatra que, cuando la revisó, les dijo a sus padres que fueran al Garrahan porque necesitaba una guardia neurológica. “Esta chica tiene un problema neurológico”, dijo el médico.
En el hospital, la situación empezó a tomar otra dimensión. Su papá reclamó porque al principio no la atendían como si se tratara de algo gravísimo. Hasta que una médica pasó por allí: “Ella me levantó y cuando me paré, me dijo ‘Paula, camina’.”
Paula caminó, pero lo hizo de una manera extraña. Inmediatamente médica sospechó que podía tratarse del síndrome de Guillain-Barré.
“Lo que tiene como síntoma el sindrome Guillain-Barré es ‘la marcha del borracho’ porque caminaba así, mal. Enseguida la doctora dijo que parecía eso, pero no había otro caso en Buenos Aires, no sabían como diagnosticármelo ni el tratamiento”, explicó.
Ante esta situación, los médicos comenzaron a buscar información de otros hospitales del país y del exterior. La incertidumbre se instaló en su familia y los días corrían. Paula pasó dos meses internada. La enfermedad había paralizado su cuerpo y uno de los mayores temores era que pudiera afectar órganos vitales.
“Únicamente me daban una especie de ibuprofeno para el dolor, pero me dejaron internada porque la enfermedad es un síndrome autoinmune que te paraliza el cuerpo y el temor era que se me parara el corazón y haga un paro”, detalló la joven.
Mientras los médicos esperaban la evolución, sus padres vivían con miedo. Su hermano había nacido hacía poco. Su mamá lo dejaba con su abuela, pasaba el día en el hospital y por las noches volvía a darle el pecho antes de regresar junto a Paula. “No sabía si me iba a morir, si iba a quedar paralítica. No podía ni hablar”, recordó.
Su papá, mientras tanto, tenía que seguir trabajando. Y aunque los días pasaban, cada minuto era de incertidumbre total. Es por eso que la mamá de Paula todavía llora cuando recuerda aquellos días. Ella, en cambio, conserva también recuerdos luminosos de aquella internación.
Sus compañeros del jardín iban a verla y le llevaban regalos. Tenía un “noviecito” que le regaló una colección de El libro de la selva. Como se aburría, todos los días la llevaban en silla de ruedas a recorrer el hospital para mirar las maquetas que había en ese momento en la planta baja.
Y cuando finalmente llegó el alta, hubo otro regalo. “Cuando me dieron el alta, en el estacionamiento del Garrahan había vendedores ambulantes y me compraron un silofón”, explicó. Pese a la grave situación, Paula retuvo en su memoria solo aquellos momentos lindos y de alegría que vivió en el centro de salud.
Volver a aprender a caminar
La salida del hospital no significó que Paula pudiera volver inmediatamente a su vida de antes. Había perdido capacidades que ya había aprendido. Durante un largo tiempo tuvo que hacer kinesiología para volver a caminar, hablar y comer. “Había perdido todas las cosas que ya sabía”, señaló.
Las fotos de esa época muestran cuánto había afectado la enfermedad a su cuerpo. Había perdido mucha masa muscular y sus piernas se veían extremadamente delgadas. Pero pudo recuperarse: “Después estuve perfecta, no me quedaron secuelas.”
Volvió al jardín en sala de cinco después de haberse perdido todo el año anterior. Y con el tiempo, aquella enfermedad pasó a formar parte de una historia que hoy puede contar.
Según le explicaron sus médicos, el hecho de haber tenido el síndrome durante la infancia fue uno de los motivos por los que no tuvo secuelas motrices.
La experiencia, sin embargo, nunca desapareció del todo. Paula siente que aquella enfermedad la convirtió en una persona distinta. Incluso cuenta que todavía hoy hay cuestiones relacionadas con su salud que la hacen sentirse especial.
Hace ya varios años trabajó en un laboratorio de Carapachay, donde daba clases de inglés. Uno de sus alumnos estaba estudiando el síndrome de Guillain-Barré porque en ese momento había vuelto a ser conocido por el caso de una mujer que lo había padecido durante un viaje a Brasil.
Cuando Paula le contó que ella también había tenido la enfermedad, el alumno comenzó a interesarse particularmente por su experiencia. “Yo le conté que lo tuve y me agarró como conejito de india”, recordó entre risas.
También recuerda que su alumno le dijo que las mujeres que habían tenido la enfermedad tenían un sistema inmune más fuerte. Paula lo toma casi como una explicación para esa sensación que tiene desde siempre. “Yo siento como que tengo superpoderes. Soy una persona que no se enferma, no se engripa, nada”, dice divertida.
Regresar al hospital, pero del otro lado
Pasaron muchos años hasta que Paula volvió al Garrahan. Pero esta vez, ya adulta, no estaba en una cama ni en una silla de ruedas. Estaba arriba de una moto.
Su marido, Mariano, es fanático de las motos. Están juntos hace 17 años y hace aproximadamente siete él se enteró que el Club Kawasaki organizaba una caravana solidaria hacia el hospital.
Los dos son solidarios y les gusta participar de actividades para ayudar a otros. El primer año, Paula no pudo ir. Mariano fue solo y cuando volvió a casa, estaba profundamente conmovido. “Volvió cambiado. El hombre que nunca llora ese día volvió lagrimeando me dijo ‘no sabes lo que fue’”, explicó la joven.
Fuente: TN
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Se conocieron en una clínica psiquiátrica, se enamoraron y cuatro años después se casaron: “Fue un flechazo”
Hay historias de amor que comienzan en una fiesta, en un viaje o después de un encuentro casual. La de Julieta y Facundo empezó en un lugar inesperado: una clínica psiquiátrica, donde ambos habían llegado para pedir ayuda en uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Ella llevaba años luchando contra un trastorno de la conducta alimentaria y atravesaba una depresión. Él estaba internado por problemas vinculados al consumo de alcohol y pastillas. Los dos habían llegado hasta allí porque ya no podían seguir enfrentando solos aquello que les hacía sufrir.
Se conocieron cuando Julieta ingresó a la institución. Lo primero que sintió fue una conexión inmediata. Dos semanas después salieron de la clínica el mismo día. Y, aunque la relación había comenzado en un contexto excepcional y no recomendado para este tipo de internaciones, decidieron volver a verse.
Hoy llevan cuatro años juntos, conviven con un perro y un gato y se casaron en el lugar que Julieta había imaginado desde chica para ese momento.
Pero antes de llegar hasta ahí hubo recaídas, tratamientos, momentos difíciles y un largo proceso para aprender a acompañarse sin dejar de cuidar la propia salud.
El pedido de ayuda
Desde los 15 años, Julieta atravesaba un trastorno de la conducta alimentaria. Primero fueron las dietas extremas: pasó una semana comiendo únicamente manzanas y también probó la llamada “dieta de la sopa milagrosa”. Con el tiempo, aparecieron episodios de bulimia y anorexia.
Sin embargo, había algo que le dolía todavía más. A los 22 años sintió que la única manera de dejar de sentir ese sufrimiento era autolesionarse. No solo encontró distintas formas de lastimarse, sino que también comenzó a automedicarse.
Hasta que llegó un momento en el que entendió que necesitaba ayuda profesional. “En un momento me tomé varias pastillas y me di cuenta de que tenía que pedir ayuda. Les dije a mis papás que quería internarme porque ese día me quería morir, pero no quería dejar de existir”, cuenta en diálogo con TN.
Para sus padres, al principio, fue difícil comprender lo que estaba atravesando. Desde afuera, veían a una joven que aparentemente tenía motivos para estar bien. “Me decían: ‘Si no me falta nada, podía estudiar en la facultad que quería y tenía muchas amigas’. Incluso, me recordaban que había gente que la pasaba peor”.
Pero el sufrimiento psicológico no siempre tiene una causa visible ni puede medirse por las condiciones externas de una persona. Tener una vida que desde afuera parece buena no impide atravesar una depresión u otro problema de salud mental.
Con el tiempo, sus padres pudieron comprenderlo y acompañarla desde otro lugar. Finalmente, escucharon su pedido y, con el consentimiento de Julieta, la acompañaron a una clínica psiquiátrica para comenzar un tratamiento.
“Cuando llegué a la clínica psiquiátrica conté que tenía síntomas depresivos y un trastorno de la conducta alimentaria. Me medicaron un montón. De hecho, hay cosas que aún no recuerdo. Entraba como en una nebulosa”.
Y fue allí donde vio por primera vez a Facundo: alguien completamente diferente al tipo de persona que, hasta ese momento, hubiera imaginado que podía llamar su atención. Sin embargo, no pudo dejar de mirarlo.
El flechazo en la clínica
Facundo llevaba algunos días internado y atravesaba una situación similar: también buscaba un lugar que le permitiera estar mejor consigo mismo.
Su internación había estado relacionada principalmente con el consumo de alcohol y pastillas, que utilizaba con una intención similar a la de Julieta: dejar de sentir tanto.
Cuando Julieta llegó a la clínica psiquiátrica, Facundo fue la primera persona que vio. Para ella, fue un flechazo. Sin dudarlo, dejó su bolso y se sentó a su lado.
En un lugar así, la vulnerabilidad se convierte en el punto de conexión: sin máscaras ni demasiadas explicaciones: los dos estaban allí porque necesitaban ayuda. “Como suele pasar cuando llegás a estos lugares, la primera pregunta es por qué estás internado. Cuando empezó a contarme lo que sentía, me di cuenta de que estaba atravesando lo mismo que yo”.
Con el tiempo, ambos recibieron el mismo diagnóstico: trastorno límite de la personalidad (TLP), una afección de salud mental que puede involucrar una marcada inestabilidad emocional, dificultades en la autoimagen y en los vínculos, miedo al abandono e impulsividad.
Pero cuando se conocieron todavía no tenían una explicación clara de lo que les ocurría. Lo que sí podían reconocer era la manera en que lograban comprenderse y conectar con las emociones del otro.
“Facu no puede tener charlas superficiales. Él va directo al corazón y por eso fue fácil conectar. Tiene ese poder de poner en palabras lo que siente. De hecho, después publicó un libro donde cuenta un montón de lo que siente”.
Primero fueron amigos. Después llegaron los besos a escondidas, porque las relaciones entre internos no estaban permitidas. Incluso, ese tipo de vínculos tampoco suele estar recomendado dentro de una internación. Pero lo que les estaba pasando iba más allá de las reglas.
Pasaron dos semanas internados juntos, atravesando las mismas etapas de medicación, aislamiento y adaptación. Para Julieta, Facundo se convirtió en una figura fundamental durante ese período y hasta una terapia para estar mejor.
Salieron de la clínica el mismo día, pero por separado. Apenas unas horas después, ya estaban planeando volver a verse. Esta vez, el encuentro sería en la casa de Julieta, donde Facundo conocería a sus padres.
“Lo fui a buscar a la parada del colectivo y llegó con un sombrero de cowboy y todos sus piercings. Mis papás, cuando lo vieron, entraron un poco en pánico. No me lo dijeron, pero pude notarlo en sus expresiones. Después lo fueron conociendo y hoy creo que lo quieren más que a mí”, dice entre risas.
Cuatro años juntos y una boda soñada
Lo que comenzó durante aquella internación continuó afuera. Hace cuatro años que están juntos y ya se casaron. El lugar elegido para la ceremonia era el que Julieta había imaginado desde niña. Sin embargo, esta vez, estaba acompañada por el hombre que amaba.
“Yo siempre le digo a Facu que lo conocí en uno de los peores días de mi vida y después me regaló uno de los mejores días de mi vida”, asegura.
El camino, sin embargo, no fue sencillo. Hubo recaídas y momentos difíciles. Cuando comenzaron a convivir formalmente, uno de los grandes desafíos fue construir un entorno que les permitiera atravesar esos momentos sin volver a caer.
Con el tiempo entendieron que, cuando uno de los dos atraviesa una crisis, el otro puede convertirse en un apoyo fundamental. El acompañamiento es constante, al igual que el esfuerzo por comprenderse.
Cada uno tuvo que encontrar su propio tratamiento terapéutico para sentirse mejor. También fue un proceso largo que continúa hasta hoy. Los trastornos de salud mental no tienen una única solución y requieren tratamientos individualizados, acompañamiento profesional y un proceso que puede extenderse en el tiempo.
Hoy conviven con su perro y su gato. Por ahora, no tienen como prioridad ni tampoco deseo de formar una familia con hijos. Su proyecto es otro: seguir construyendo una vida en la que puedan sentirse mejor juntos y en la que vivir no cueste tanto.
Fuente: TN
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Lanzan una campaña nacional de detección gratuita de enfermedad psoriásica
La enfermedad psoriásica es una dolencia crónica no contagiosa del sistema inmunológico que puede afectar no solo a la piel (psoriasis) sino también a las articulaciones (artritis psoriásica).
La psoriasis es una enfermedad inflamatoria, crónica, sistémica, no contagiosa que se presenta en forma de lesiones rojas, cubiertas por escamas blancas, secas, que se localizan en codos, rodillas, tronco y cuero cabelludo.
Esta dolencia puede comprometer las palmas de las manos y las plantas de los pies, las uñas, la semimucosa labial y la mucosa genital y, entre un 10 y 30% de los casos, puede devenir en artritis psoriásica.
En Argentina, alrededor del 1,5% de la población vive con psoriasis y se estima que, de estos casos, aproximadamente el 30% podría desarrollar artritis psoriásica.
Precisamente, del 17 al 23 agosto la Sociedad Argentina de Reumatología (SAR), la Asociación Argentina de Dermatología (AAD) y la Sociedad Argentina de Psoriasis (SOARPSO) junto a la Asociación para el Enfermo de Psoriasis y Artritis Psoriásica (AEPSO), llevarán a cabo una campaña de detección gratuita de enfermedad psoriásica con el objetivo de concientizar, prevenir y mejorar el diagnóstico temprano.
Según informaron, quienes identifiquen síntomas de esta enfermedad, podrán solicitar un turno gratuito con especialistas en dermatología y reumatología de diversos puntos del país a través de la web: www.pedirturno.com.ar o al 0800-222-3776, de lunes a viernes de 9:00 a 16:00. La atención efectiva será del 24 al 28 de agosto.
Psoriasis, una enfermedad que se manifiesta de distintas formas
“La enfermedad psoriásica puede manifestarse de diferentes maneras y afecta a cada persona de forma particular. En algunos casos, se presenta exclusivamente a nivel cutáneo, mientras que en otros también compromete las articulaciones. Por eso, es fundamental prestar atención a los síntomas y hacer un diagnóstico oportuno”, explicó el Dr. Gustavo Christian Casado, médico reumatólogo, presidente de la Sociedad Argentina de Reumatología (SAR) (M.N. 92.678).
Asimismo, añadió: “La manifestación más conocida es la psoriasis en la piel, que puede causar lesiones de diferente gravedad y aspecto. Son frecuentes la picazón, la descamación o el dolor, lesiones rojas, cubiertas por escamas blancas, secas, que se localizan comúnmente en codos, rodillas, tronco y cuero cabelludo”.
“En los pacientes que desarrollan artritis psoriásica, los síntomas incluyen dolor e hinchazón articular, rigidez matutina y dificultad para moverse. Esta forma articular puede impactar seriamente en la calidad de vida si no se trata de manera adecuada, por eso es muy importante reconocer los signos y consultar con un especialista. Un abordaje temprano y multidisciplinario permite mejorar los síntomas, evitar la progresión de la enfermedad y preservar la movilidad y el bienestar del paciente”, agregó.
La Dra. Carolina Ledesma, presidenta de la Sociedad Argentina de Psoriasis (SOARPSO) (M.P. 2.754) indicó: “Las lesiones también pueden manifestarse en áreas más sensibles como las palmas de las manos, las plantas de los pies, la zona genital, las uñas e incluso llegar a comprometer grandes extensiones de piel. Aunque aún no se conocen con exactitud las causas de esta enfermedad, se considera que la psoriasis es el resultado de una alteración del sistema inmunológico, que provoca que las células de la piel se regeneren a un ritmo mucho más acelerado de lo normal. A esto se suman factores genéticos y ambientales que influyen en su desarrollo y evolución”.
Detalles de la enfermedad psoríasica
La enfermedad psoriásica afecta diferentes órganos, la piel, con las características lesiones descamativas, las articulaciones periféricas (rodillas, tobillos, manos, pies), los tendones, la columna y sacroilíacas y además tiene estrecha relación con aumento de riesgo cardiovascular, hiperuricemia y obesidad. Es un proceso inflamatorio generalizado que, de no tratarse a tiempo, desencadena discapacidad e interfiere con las actividades de la vida cotidiana.
“Es importante destacar que la psoriasis no es contagiosa, pero sí puede afectar significativamente la calidad de vida de quien la padece. Por eso, es fundamental que las personas con síntomas consulten con un dermatólogo para acceder a un diagnóstico adecuado y un tratamiento personalizado”, destacó Ledesma.
Además, dijo que el impacto de la enfermedad psoriásica va mucho más allá de la piel. Hoy hablamos de un nuevo concepto: el deterioro acumulativo del curso de vida CLCI (por sus siglas en inglés), que se refiere a la discapacidad progresiva que puede generar la enfermedad si no se trata a tiempo. “El diagnóstico tardío aumenta el riesgo de desarrollar otras enfermedades asociadas, como artritis psoriásica, diabetes, afecciones cardiovasculares y trastornos emocionales. Por eso, es clave actuar a tiempo: con un diagnóstico precoz, un tratamiento adecuado y acompañamiento psicosocial, podemos evitar mucho sufrimiento a largo plazo”, señaló.
Una enfermedad que afecta la calidad de vida
La Dra. Cecilia Civale, presidenta de la Asociación Argentina de Dermatología (AAD), (MN 122.479) explicó que la enfermedad psoriásica afecta la calidad de vida en diferentes aspectos, a la vez que dijo que “tiene un impacto físico, por las lesiones en piel y el dolor si hay artritis psoriásica; un impacto emocional, ya que puede producir ansiedad, angustia, baja autoestima; e impacto social, porque muchas veces genera vergüenza, aislamiento, ausentismo escolar o laboral”. Además, añadió que detectar precozmente esta enfermedad permite iniciar un tratamiento oportuno, disminuyendo la inflamación y evitando su progresión. Detección temprana no es solo tratar la piel, es prevenir el daño articular, cardiovascular y metabólico, y así disminuir la carga de la enfermedad mejorando la calidad de vida de los pacientes.
“El subdiagnóstico de la enfermedad psoriásica sigue siendo un gran desafío. Aún existen muchas personas que viven con la enfermedad psoriásica sin un diagnóstico claro, y eso conlleva riesgos importantes para su salud y bienestar. Por eso, insistimos en la importancia del diagnóstico temprano y el acceso a tratamientos adecuados. Controlar la enfermedad a tiempo no solo mejora los síntomas, sino que también previene consecuencias más graves a largo plazo”, expresó Silvia Fernández Barrio, presidenta de AEPSO.
En ese sentido, dijo que detectar, acompañar y actuar a tiempo puede cambiar el rumbo de la enfermedad psoriásica. “Desde las diferentes asociaciones, impulsamos esta campaña de detección con un objetivo muy claro: llegar a todas esas personas que conviven con la enfermedad psoriásica sin saberlo, que dejaron de tratarse hace tiempo o que no están conformes con su tratamiento actual”, expresó Fernández Barrio.
“Desde la asociación, vemos con preocupación que cada vez más personas encuentran dificultades para acceder a una consulta médica y, en muchos casos, también a los tratamientos que necesitan. En este contexto, promover esta campaña de detección cobra todavía más relevancia: acercar información, generar conciencia sobre las señales de alerta y alentar la consulta a tiempo puede ser determinante para que las personas lleguen antes al sistema de salud” concluyó.
Fuente: TN
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Una profesora argentina le ganó un juicio al Estado de Florida por la ley que prohíbe hablar de racismo en sus clases de Historia
Se llama Stop Woke Act, y es la controvertida ley que veta la posibilidad de contenidos considerados “progresistas en la educación universitaria”.
Ha sido cuestionada y demandada en diversos estados, aunque Florida, gobernada por Ron De Santis, es uno de los más duros, junto a Texas. Algunos de esos fallos hicieron lugar al reclamo por la prohibición de discutir cuestiones raciales, de género o de justicia social en las aulas.
Pero ahora un fallo es favorable a liberar de esas imposiciones al gran blanco del debate más reciente: las universidades públicas. “No permitiremos que los impuestos de los residentes de Florida se gasten en enseñar a los niños y jóvenes a odiar a nuestro país o a odiarse entre sí”, dijo el gobernador al impulsar la ley. Vale recordar que las universidades estadounidenses públicas no son gratis. El Estado paga un porcentaje y el resto, los estudiantes y el gobierno federal, con ayudas tipo becas y subsidios.
Ese fallo, dos a uno de un tribunal tripartito, es resultado de un litigio protagonizado por una profesora argentina, Adriana Novoa, que enseña historia desde 2001 en la Universidad de South Florida, en Tampa. Impulsada a su vez por un grupo de estudiantes: derecho a enseñar y derecho a aprender. “Lo que pasó me hizo acordar a la universidad en la que me formé durante la dictadura argentina”, dice la docente a TN.
“La libertad académica tiene mucha protección en la Argentina; en Estados Unidos no hay algo similar y los principios de libertad académica no están legalmente protegidos. Yo no tenía idea de esto, porque además tienen la Primera Enmienda para proteger la libertad de expresión, que es muy fuerte. Al punto que se perciben muchas protecciones para poder decir lo que pensás”.
-A vos te prohibieron el dictado de un curso sobre historia latinoamericana, ¿fue así?
-Sí. A pesar de la cautelar, impusieron de una manera bastante oscura en todo el Estado de Florida un nuevo programa de estudios generales. Que requieren una supervisión de los distintos boards de Educación y ellos tienen que aprobar. Así, pusieron un programa que es prácticamente el mismo en todas las universidades de Florida: no hay clases que enseñen sobre cuestiones raciales o justicia social, sociología fue prohibida. Yo había propuesto un curso de Introducción a la Historia de Latinoamérica. Lo aprobaron todos los comités hasta que llegó un mensaje del abogado de la universidad para decirme que no podía darlo. Sin explicaciones, ni papeles ni nada. La medida se hizo para lograr en el futuro eliminar esas clases o esos programas. Porque la plata que reciben los departamentos para funcionar está en parte relacionada con cuántos estudiantes enseña".
Novoa vio pasar enmiendas destinadas a limitar la injerencia de la política en el campus, el acuerdo cautelar que menciona. El precedente legal de lo que pasó ahora tiene que ver con un peso pesado, el juez Samuel Alito, uno de los más conservadores de la Corte Suprema, y su dictamen contra la primera enmienda invocando que un empleado no docente, que había sido echado de una universidad por algo que dijo, debía haber respetado “el discurso de la institución”.
“En Florida, justifican esto legalmente con lo que llaman el discurso del gobierno. Eso quiere decir que, cuando la universidad es estatal, lo que se puede enseñar en la clase tiene que reflejar los valores del Estado. Y el gobernador tiene derecho a imponer puntos de vista y proteger a los estudiantes de ciertas ideas porque el gobierno está pagando. Y no tiene obligación de sponsorear ideas que no le gustan. Es un argumento legal audaz”.
-¿Qué efectos tuvo este fallo, y qué esperas que suceda?
-La idea es que, cuanta más jurisprudencia tenés, y ya tenemos muchas, de diferentes cortes de apelaciones, eso va a constituir una masa legal como para proteger esto en el futuro. La organización que me representa, Fire (Foundation for Individual Rights and Expression), es especialista en primera enmienda. Litigan para crear jurisprudencia. Florida ya anunció que va a ir a la Corte Suprema, habrá que ver qué pasa. Otros efectos tienen que ver con que mucha gente tiene miedo de enemistarse institucionalmente, enseñando temas que se saben que no son favorables a este el gobierno.
Muchos se acobardaron, se censuraron o son más cuidadosos porque esto va incrementando una ley del año anterior que permitió a estudiantes grabar a los profesores sin consentimiento. El estudiante puede venir a hacerte un planteo para ver qué decís, y seguramente te está grabando; me ha pasado. Y después aparece eso en medios conservadores como prueba de que se discrimina su punto de vista, ese tipo de cosas. Absurdas, como muestran todas las encuestas. Se ha vuelto muy tóxico todo en este país.
Fuente: TN