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De paciente del Garrahan a “superheroína”: tuvo Guillain-Barré de chica y hoy vuelve para hacer reír a otros nenes

Hay algo que Paula no puede evitar cuando llega al Hospital Garrahan: mirar a los chicos y reconocerse en ellos.

Los ve salir a la puerta del hospital cuando comienza a llegar la caravana. Ve las caras, los pijamas, las miradas curiosas hacia las miles de motos que avanzan por las calles. Algunos buscan a los personajes disfrazados, otros quieren sacarse una foto.

Y ella piensa en la nena que fue. “Veo a esos nenes y digo ‘soy yo’”, reconoció en diálogo con TN.

Por eso, cuando se baja de la moto disfrazada de dinosaurio, no siente que simplemente está participando de una actividad solidaria. Está volviendo a un lugar que conoce desde otro lado: el de una nena que estuvo internada, que no podía moverse ni hablar y que durante meses tuvo que esperar para saber qué iba a pasar con su cuerpo.

Ahora es ella la que llega para hacer reír a otros chicos.

La caravana termina en Casa Garrahan. Los nenes que están en condiciones de salir se acercan a la puerta para ver el espectáculo. Hay cientos, miles de motos. El año pasado, según cuenta Paula, fueron más de 5000. Y entre todos esos motores aparece el dinosaurio.

Paula sabe que puede parecer una escena pequeña: un adulto con un disfraz, una foto, un personaje que saluda. Pero para un chico que está internado puede significar muchísimo: “Vos estás re aburrido y que vaya alguien a contarte un chiste en medio de ese momento está re bueno”.

La historia de Paula y el hospital que le salvó la vida

Cuando Paula tenía cuatro años, nadie imaginaba que terminaría internada en el Garrahan. Había nacido sin problemas de salud. Era una nena inquieta, independiente y acostumbrada a hacer las cosas sola. Pero empezó a decir que le dolían las piernas y que estaba cansada.

En el jardín también notaron el cambio. Las maestras veían que ya no quería jugar y que permanecía sentada, algo extraño en ella. Y en su casa apareció otra señal. “Era re contra independiente y en ese momento le empecé a pedir a mi mamá que me cambie la ropa, el pijama. Ahí notó que algo raro pasaba porque siempre me quería cambiar sola”, detalló.

Pasaron unos días hasta que una madrugada Paula se levantó dormida. A la mañana siguiente, su mamá la encontró tirada en el piso. No podía hablar. Tampoco podía moverse.

La llevaron inmediatamente a su pediatra que, cuando la revisó, les dijo a sus padres que fueran al Garrahan porque necesitaba una guardia neurológica. “Esta chica tiene un problema neurológico”, dijo el médico.

En el hospital, la situación empezó a tomar otra dimensión. Su papá reclamó porque al principio no la atendían como si se tratara de algo gravísimo. Hasta que una médica pasó por allí: “Ella me levantó y cuando me paré, me dijo ‘Paula, camina’.”

Paula caminó, pero lo hizo de una manera extraña. Inmediatamente médica sospechó que podía tratarse del síndrome de Guillain-Barré.

“Lo que tiene como síntoma el sindrome Guillain-Barré es ‘la marcha del borracho’ porque caminaba así, mal. Enseguida la doctora dijo que parecía eso, pero no había otro caso en Buenos Aires, no sabían como diagnosticármelo ni el tratamiento”, explicó.

Ante esta situación, los médicos comenzaron a buscar información de otros hospitales del país y del exterior. La incertidumbre se instaló en su familia y los días corrían. Paula pasó dos meses internada. La enfermedad había paralizado su cuerpo y uno de los mayores temores era que pudiera afectar órganos vitales.

“Únicamente me daban una especie de ibuprofeno para el dolor, pero me dejaron internada porque la enfermedad es un síndrome autoinmune que te paraliza el cuerpo y el temor era que se me parara el corazón y haga un paro”, detalló la joven.

Mientras los médicos esperaban la evolución, sus padres vivían con miedo. Su hermano había nacido hacía poco. Su mamá lo dejaba con su abuela, pasaba el día en el hospital y por las noches volvía a darle el pecho antes de regresar junto a Paula. “No sabía si me iba a morir, si iba a quedar paralítica. No podía ni hablar”, recordó.

Su papá, mientras tanto, tenía que seguir trabajando. Y aunque los días pasaban, cada minuto era de incertidumbre total. Es por eso que la mamá de Paula todavía llora cuando recuerda aquellos días. Ella, en cambio, conserva también recuerdos luminosos de aquella internación.

Sus compañeros del jardín iban a verla y le llevaban regalos. Tenía un “noviecito” que le regaló una colección de El libro de la selva. Como se aburría, todos los días la llevaban en silla de ruedas a recorrer el hospital para mirar las maquetas que había en ese momento en la planta baja.

Y cuando finalmente llegó el alta, hubo otro regalo. “Cuando me dieron el alta, en el estacionamiento del Garrahan había vendedores ambulantes y me compraron un silofón”, explicó. Pese a la grave situación, Paula retuvo en su memoria solo aquellos momentos lindos y de alegría que vivió en el centro de salud.

Volver a aprender a caminar

La salida del hospital no significó que Paula pudiera volver inmediatamente a su vida de antes. Había perdido capacidades que ya había aprendido. Durante un largo tiempo tuvo que hacer kinesiología para volver a caminar, hablar y comer. “Había perdido todas las cosas que ya sabía”, señaló.

Las fotos de esa época muestran cuánto había afectado la enfermedad a su cuerpo. Había perdido mucha masa muscular y sus piernas se veían extremadamente delgadas. Pero pudo recuperarse: “Después estuve perfecta, no me quedaron secuelas.”

Volvió al jardín en sala de cinco después de haberse perdido todo el año anterior. Y con el tiempo, aquella enfermedad pasó a formar parte de una historia que hoy puede contar.

Según le explicaron sus médicos, el hecho de haber tenido el síndrome durante la infancia fue uno de los motivos por los que no tuvo secuelas motrices.

La experiencia, sin embargo, nunca desapareció del todo. Paula siente que aquella enfermedad la convirtió en una persona distinta. Incluso cuenta que todavía hoy hay cuestiones relacionadas con su salud que la hacen sentirse especial.

Hace ya varios años trabajó en un laboratorio de Carapachay, donde daba clases de inglés. Uno de sus alumnos estaba estudiando el síndrome de Guillain-Barré porque en ese momento había vuelto a ser conocido por el caso de una mujer que lo había padecido durante un viaje a Brasil.

Cuando Paula le contó que ella también había tenido la enfermedad, el alumno comenzó a interesarse particularmente por su experiencia. “Yo le conté que lo tuve y me agarró como conejito de india”, recordó entre risas.

También recuerda que su alumno le dijo que las mujeres que habían tenido la enfermedad tenían un sistema inmune más fuerte. Paula lo toma casi como una explicación para esa sensación que tiene desde siempre. “Yo siento como que tengo superpoderes. Soy una persona que no se enferma, no se engripa, nada”, dice divertida.

Regresar al hospital, pero del otro lado

Pasaron muchos años hasta que Paula volvió al Garrahan. Pero esta vez, ya adulta, no estaba en una cama ni en una silla de ruedas. Estaba arriba de una moto.

Su marido, Mariano, es fanático de las motos. Están juntos hace 17 años y hace aproximadamente siete él se enteró que el Club Kawasaki organizaba una caravana solidaria hacia el hospital.

Los dos son solidarios y les gusta participar de actividades para ayudar a otros. El primer año, Paula no pudo ir. Mariano fue solo y cuando volvió a casa, estaba profundamente conmovido. “Volvió cambiado. El hombre que nunca llora ese día volvió lagrimeando me dijo ‘no sabes lo que fue’”, explicó la joven.

Fuente: TN

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La UNNE desarrolla un modelo para anticipar qué calles de Resistencia podrían inundarse

Un proyecto de investigación de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) logró reproducir mediante simulaciones el escurrimiento del agua de lluvia en un sector de Resistencia, con una diferencia aproximada de 1,5 centímetros respecto de las mediciones utilizadas para comprobar los resultados.

El trabajo se desarrolla en la Facultad de Ingeniería y está a cargo de Joaquín Ríos Mellone, estudiante de quinto año de Ingeniería Civil e integrante del Laboratorio de Mecánica Computacional. La investigación cuenta con una beca de pregrado de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE y la dirección de los doctores Javier Luis Mroginski y Hugo Guillermo Castro.

El objetivo es desarrollar una herramienta que permita conocer cómo circula el agua por las calles durante una tormenta y, a futuro, anticipar qué sectores urbanos podrían sufrir anegamientos.

Una ciudad donde pocos centímetros hacen la diferencia

Resistencia presenta características geográficas que dificultan la predicción del recorrido del agua. Al estar ubicada sobre el valle de inundación del río Paraná, cuenta con una topografía de escasa pendiente.

En ese contexto, pequeños errores en la información sobre la altura del terreno pueden generar diferencias importantes en las simulaciones.

Para abordar el problema, los investigadores utilizan ANUGA, un programa informático de acceso libre que permite representar el movimiento del agua sobre una superficie. El terreno se divide en miles de pequeñas áreas triangulares, en las que se calcula la cantidad de agua acumulada y la dirección de su desplazamiento.

El equipo también incorporó funciones para representar cómo las bocas de tormenta captan el agua que circula por las calles.

Cómo comprobaron los resultados

La primera zona estudiada abarca aproximadamente cinco hectáreas en el sector de la calle San Lorenzo. Allí se contaba con mediciones detalladas de las alturas del terreno y registros de siete tormentas ocurridas en 2007.

Esos datos permitieron comparar las alturas de agua observadas con las obtenidas mediante las simulaciones.

La diferencia aproximada de 1,5 centímetros representa un resultado favorable para esta etapa del estudio, aunque los investigadores remarcaron que todavía deben determinar los límites de aplicación del modelo.

Entre las dificultades pendientes se encuentran la antigüedad de los datos topográficos y la falta de representación del recorrido del agua dentro de los conductos subterráneos.

La próxima etapa: estudiar una cuenca más extensa

El equipo prevé aplicar la herramienta en la cuenca Cisterna de Resistencia, un sector de entre 40 y 50 hectáreas. El análisis permitirá comparar las condiciones de 2007 con las actuales y evaluar cómo influyeron el avance de la urbanización y los cambios en el uso del suelo.

También se buscará comprobar el comportamiento del modelo ante tormentas más intensas que las utilizadas en las primeras pruebas.

Además de su posible aplicación en ciudades, la herramienta podría utilizarse en zonas rurales para estudiar la dirección y velocidad del agua en una cuenca y estimar el material que puede arrastrar.

El desarrollo todavía requiere pruebas y datos actualizados, pero representa un avance en el uso de herramientas computacionales para estudiar el agua de lluvia y mejorar la planificación urbana.

Fuente: UNNE Medios.

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Estos celulares podrían quedarse sin WhatsApp en noviembre de 2026: revisá si está el tuyo

WhatsApp continúa actualizando sus requisitos técnicos y algunos teléfonos antiguos podrían dejar de ser compatibles con la aplicación. Entre los dispositivos que conviene revisar aparecen modelos de Samsung, Motorola, LG y Sony que ya no reciben actualizaciones oficiales.

La lista difundida por La 100 incluye los siguientes equipos:

Samsung: Galaxy S3, Galaxy S4 Mini, Galaxy Note 2, Galaxy Core, Galaxy Trend y Galaxy Trend Lite.

Motorola: Moto G de primera generación, Moto E de primera generación y Droid Razr HD.

LG: Optimus G, Optimus L5, Optimus L7, Optimus F7, Lucid 2, Nexus 4 y G2 Mini.

Sony: Xperia Z y Xperia SP.

Qué hay que revisar antes del 1 de noviembre

La fecha mencionada en la publicación es el 1 de noviembre de 2026. Sin embargo, la compatibilidad depende de los requisitos oficiales del sistema operativo: WhatsApp exige Android 6.0 o posterior desde septiembre de 2026, mientras que el requisito para iPhone será iOS 15.5 o posterior desde el 30 de noviembre.

Por eso, antes de concluir que un teléfono dejará de funcionar, hay que revisar qué versión tiene instalada y si admite una actualización.

Cómo proteger los chats

Si el equipo ya no puede actualizarse, conviene preparar la migración a otro teléfono compatible. Para evitar perder conversaciones, fotos y documentos, se recomienda realizar una copia de seguridad desde Ajustes, dentro de la sección Chats de WhatsApp.

La cuenta no desaparece automáticamente por el cambio de compatibilidad: el problema es que el dispositivo antiguo puede dejar de ejecutar la aplicación.

Revisar el sistema operativo y guardar una copia de los chats son los pasos principales para evitar inconvenientes.

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Lunes con cielo despejado en Resistencia: la máxima llegará a los 23 grados

El último lunes de octubre comenzó con cielo despejado y una temperatura de 13,1 °C en Resistencia. Según el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la máxima llegará a los 23 °C durante la tarde, cuando se espera que aumente la nubosidad.

Durante las primeras horas del día, la humedad se ubicó en el 89%, la presión atmosférica fue de 1014 hectopascales y los vientos soplaron desde el sudeste a 6 kilómetros por hora. La visibilidad, en tanto, alcanzó los 15 kilómetros.

Para la tarde se prevé cielo parcialmente nublado y una temperatura máxima de 23 °C. Por la noche, el termómetro descenderá hasta los 17 °C.

De acuerdo con el pronóstico, las condiciones serán similares durante el martes, aunque se espera que las temperaturas comiencen a subir progresivamente a lo largo de la semana.

De esta manera, Resistencia tendrá una jornada con temperaturas moderadas y sin cambios bruscos previstos en el panorama meteorológico informado.

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