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El jugador de la selección argentina que quiere ser profesor de historia: “Me encantaría”
Días atrás, Joaquín Panichelli eligió este medio también para contar su historia de amor con Giuliana Giramonti, a quien presentó durante su stream. “Hace siete años que estamos juntos. Al principio no me daba bola y yo no insistí. Después bailamos una chacarera para el aniversario de la muerte de San Martín y, cuando ella se presentó, yo me presenté… Tuve un poco de suerte también, porque me podría haber tocado con otra”, contó el futbolista. Ambos se conocieron en el secundario del Colegio Racing de su provincia cuando tenían apenas 16 años.
El futbolista surgido del Racing de Córdoba, que pasó por Belgrano y Deportivo Atalaya antes de emigrar a River Plate, dio el salto a Europa en 2023: dejó el Millonario sin sumar minutos en Primera y recaló en el Alavés de España. Tiempo después, fue cedido al Mirandés de la Segunda División y mostró su mejor nivel con 21 goles y 8 asistencias en 44 encuentros. Eso lo llevó a ser traspasado al Racing de Estrasburgo a mitad de 2025.
Panichelli fue el máximo goleador de la Ligue 1 durante una parte de su primera temporada en el club, pero su forzado parate lo hizo perder terreno en la lista. De igual manera, terminó la campaña con 20 goles y 4 asistencias en 39 partidos, y fue elegido MVP del equipo en la temporada.
Sumó sus primeros minutos en la selección argentina durante un amistoso contra Angola en noviembre de 2025 y fue citado para los encuentros de marzo de 2026 ante Mauritania y Zambia. Hasta esos duelos, se disputaba un lugar en la Copa del Mundo con José Manuel Flaco López.
La grave lesión sucedió durante un entrenamiento en el predio de Ezeiza y lo descartó definitivamente de la cita mundialista. El protagonista contó detalles de ese triste momento en charla con Paren la Mano: “Fue antes del partido con Mauritania en una jugada sencilla. Después, en los primeros días, hacía el duelo y me preguntaba por qué me había pasado esto”.
Incluso, en su primera transmisión en Kick, en la cual se sorprendió por tener una media de 1.000 personas conectadas, brindó mayores precisiones: “Al momento sabía que algo había pasado. Me asusté, yo sabía que podía ser el cruzado. Te hacen la prueba y los médicos ya saben. Me acuerdo de Dani (Martínez), el doctor de la Selección, que es un tipazo, decirle: ‘Dale, Dani, decímelo ahora si ya sabés’. Él hizo muy bien su trabajo de tranquilizarme e ir a la enfermería y ahí decirme que claramente era el ligamento. Yo le decía eso porque en ese trayecto de la cancha a la enfermería siempre tenés una esperanza de que fue un mal movimiento y nada más”.
A continuación, contó los gestos que tuvo el plantel con él y cómo lo ayudó a sobrepasar esa situación: “Cuando terminó el entrenamiento fueron todos a la enfermería. Entraron todos. Desde Leo (Messi) a Rodrigo (De Paul), Otamendi, Tagliafico, Enzo (Fernández), el Colo (Barco), todos. Al otro día, cuando voy al predio y me cruzo con los chicos, me daba un poco de vergüenza porque no podía levantar la cabeza por llorar. No podía ni hablar. Me daba muchísima vergüenza que tuve que ir y ellos me vieron ahí tirado llorando. Pasaron todos y no me podía levantar para charlar. El éxito de esta Selección y el proceso es por estos gestos que tienen con todos los chicos. Al partido del otro día salieron con la camiseta y la bandera. Eso, aunque sea para mí, fue muy motivante esos primeros días”.
Fuente: Infobae
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Abrir una cuenta en redes sociales antes de los 14 años podría afectar el rendimiento escolar, según un estudio
En el norte de Italia, un reciente estudio puso la lupa sobre el impacto de las redes sociales en el rendimiento escolar de los adolescentes. Según la investigación, publicada en Nature Human Behaviour, abrir una cuenta personal antes de los 14 años —edad mínima legal en el país europeo para el acceso autónomo a estas plataformas— se asoció con un descenso en el desempeño académico, en comparación con quienes esperan hasta cumplir esa edad.
El trabajo, encabezado por los profesores y sociólogos Marco Gui y Giovanni Abbiati de la Universidad de Milano-Bicocca y la Universidad de Brescia, y con la participación del Centro Studi Socialis, analizó de forma longitudinal a 5.227 estudiantes nacidos en 2007 y 2008, que cursaron sus estudios en las provincias de Brescia, Cremona, Mantua, Milán y Monza e Brianza, en la región de Lombardía, durante el ciclo 2023-2024.
El análisis detectó que abrir una cuenta entre los 11 y 13 años reduce los resultados en lengua y matemáticas, con una pérdida equivalente a medio año escolar.
Cómo se realizó el estudio
El estudio siguió la evolución escolar de estos jóvenes desde segundo hasta el décimo grado, un período que abarca edades entre 7 y 16 años.
Los investigadores crearon una base de datos que integró encuestas retrospectivas sobre los hábitos digitales de los participantes y los resultados de las pruebas estandarizadas INVALSI en lengua italiana, matemáticas e inglés.
Uno de los puntos de partida del análisis fue dividir a los alumnos según el momento en que abrieron su primera cuenta personal en redes sociales. De esa manera, quedaron definidos dos grandes grupos: quienes lo hicieron en sexto, séptimo u octavo grado —los llamados usuarios tempranos— y quienes esperaron hasta el noveno grado o más, coincidiendo con la edad mínima legal para el acceso autónomo en Italia, fijada en 14 años.
El diseño de la investigación excluyó a aquellos que abrieron su primera cuenta en primaria, por no contar con una base suficiente para el análisis longitudinal, así como a quienes declararon haberse iniciado en redes sociales antes de tener un celular propio, dado que el objetivo era medir el efecto combinado de la tenencia personal de teléfono y la entrada en plataformas digitales.
La realidad tecnológica de los adolescentes italianos quedó reflejada en los datos: el 98% de los estudiantes disponía de un celular al finalizar la secundaria básica, y casi la mitad —el 47%— recibió su primer teléfono con internet en sexto grado.
El acceso a las redes sociales también llegó temprano: el 11,2% abrió un perfil en primaria, el 29,5% en sexto grado, el 25% en séptimo y el 18% en octavo. Solo el 16,3% esperó hasta noveno, pese a que la legislación establece esa edad como el umbral legal.
El hallazgo más inesperado: magnitud y persistencia de la brecha
Los resultados mostraron que quienes abrieron su primera cuenta personal antes de los 14 años perdieron el equivalente a medio año escolar en comprensión de las materias lengua (italiana) y matemáticas.
En cifras, el equipo documentó que quienes abrieron una cuenta en sexto grado presentaron una diferencia de hasta 0,27 desviaciones estándar menos en matemáticas y 0,22 menos en lengua en comparación con quienes esperaron hasta noveno grado o más.
Ya en octavo grado, los estudiantes que accedieron a redes sociales en sexto grado mostraban una caída de -0,18 en matemáticas y -0,22 en italiano. Aquellos que iniciaron en séptimo también evidenciaron un descenso, aunque menor: -0,10 y -0,14, respectivamente.
Para quienes abrieron su primera cuenta en octavo, el impacto negativo resultó más débil y menos consistente. En décimo, sin importar el momento de apertura, persistió una diferencia de -0,11 en ambos campos para este grupo.
El patrón, según los autores, fue acumulativo: cuanto antes se iniciaba el acceso, mayor era la pérdida posterior en rendimiento escolar.
En ese sentido, Giovanni Abbiati indicó que “la pérdida inducida por abrir una cuenta en redes sociales en sexto grado representa alrededor del 30% de la mayor brecha social educativa observada en Italia”.
Factores detrás de la caída y otras variables asociadas
El trabajo también abordó los mecanismos detrás de este fenómeno. El uso más intrusivo del celular en momentos clave —antes de dormir, al despertar y durante las tareas escolares— apareció como un factor central.
Para medirlo, se utilizó una escala validada de “pervasividad del smartphone”, es decir el uso continuo, masivo y dominante en todos los aspectos de la vida diaria, y no el tiempo de pantalla autodeclarado, considerado poco fiable.
Un aumento de una desviación estándar en esa escala se asoció con una caída de 0,14 en matemáticas y de 0,11 en lengua italiana en décimo grado. Este indicador explicó entre el 33% y el 47% del efecto en matemáticas y entre el 15% y el 34% en italiano, lo que equivale a un tercio del impacto negativo total. Es decir, una parte importante del descenso en el rendimiento escolar se debe a lo invasivo que resulta el teléfono en los momentos clave del día.
El estudio también examinó otras variables escolares. Los alumnos que abrieron cuentas en sexto o séptimo grado mostraron mayor probabilidad de repetir curso en la secundaria superior, y los tres grupos de usuarios tempranos eran menos propensos a lograr una nota final excelente al cierre de la secundaria inferior, definida como 8/10 o más. Además, manifestaron menor autoeficacia académica, aunque la elección del tipo de escuela secundaria superior pareció apenas influida por el inicio temprano en redes sociales.
“Nuestros hallazgos apoyan la idea de que el retraso en el acceso puede ser beneficioso. La exposición temprana y acumulada a redes sociales a través del smartphone impacta de manera mensurable y persistente en el aprendizaje”, señalaron los autores.
Por otro lado, el estudio no encontró una relación clara entre el bienestar emocional de los chicos y su rendimiento escolar, y el control de los padres tuvo un efecto muy limitado como protección. Tampoco se observó un impacto negativo en el aprendizaje de inglés: los investigadores lo asociaron a que los chicos están expuestos al idioma cuando usan redes sociales. Además, en pruebas de lectura y comprensión oral, no hubo diferencias importantes entre quienes empezaron a usar redes sociales antes y quienes lo hicieron después.
Diferencias con investigaciones previas y limitaciones
A diferencia de la mayoría de estudios previos —que se enfocan en la cantidad de uso o en el impacto sobre el bienestar psicológico—, esta investigación aporta evidencia causal sobre los efectos del momento de inicio en el uso de redes sociales. Según los autores, “los efectos hallados, cercanos a media desviación estándar, superan a los de estudios anteriores sobre posesión temprana de celulares”.
Los responsables del trabajo advierten que los resultados deben interpretarse en el contexto social, educativo y tecnológico específico del norte de Italia y Europa occidental, en años dominados por plataformas como TikTok e Instagram y por un acceso casi completamente mediado por celulares.
El estudio comparó grupos de estudiantes con métodos que ayudan a reducir las diferencias entre ellos. Se tuvieron en cuenta factores como el nivel educativo de las familias y si los estudiantes vivían con ambos padres, porque quienes empezaron antes a usar las redes venían, en general, de hogares con menos estudios y menos familias con ambos padres presentes. Además, estos estudiantes ya tenían calificaciones más bajas antes de participar.
Entre las limitaciones del análisis —indican los autores— se encuentran la imposibilidad de controlar todos los sesgos propios de un enfoque no experimental, la falta de datos sobre abandono escolar y la exclusión de jóvenes fuera del sistema educativo, quienes podrían experimentar efectos más acentuados.
El análisis concluye que retrasar la apertura de cuentas en redes sociales hasta los 14 años podría proteger el rendimiento académico, al reducir la exposición acumulativa en edades particularmente sensibles.
Las políticas italianas y europeas establecen esa edad mínima, aunque el cumplimiento es escaso. Los autores subrayan la necesidad de fortalecer la alfabetización digital para padres y estudiantes, junto con programas escolares que promuevan decisiones informadas sobre el uso de redes sociales y dispositivos.
Por último, el equipo investigador plantea que futuras investigaciones deberán explorar si este patrón se repite en otros países y en diferentes dimensiones sociales o emocionales, así como analizar el efecto de modalidades específicas de uso digital sobre el desarrollo estudiantil.
Fuente: Infobae
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Cuidar varias mascotas mejora los hábitos diarios y la salud mental, según la psicología
Tener varios animales de compañía puede aportar beneficios tanto para los animales como para las personas: mejora la socialización y la actividad física, por ejemplo de perros y gatos, y se asocia con efectos físicos y emocionales que van desde menor estrés hasta mejoras en indicadores como la presión arterial y la frecuencia cardíaca de sus tutores, según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH).
Por el lado de los animales de compañía, tener dos perros o dos gatos no solo se hacen compañía, también pueden mantenerse activos entre sí cuando sus cuidadores están trabajando, durmiendo o fuera de casa. Eso disminuye el aburrimiento y evita que permanezcan solos.
Por el lado de las personas, los efectos antiestrés de convivir con perros o gatos están comprobados por la ciencia. Interactuar con un perro puede disminuir el cortisol, la llamada hormona del estrés, y elevar la oxitocina, la hormona del apego, en humanos y animales.
Diversas investigaciones psicológicas señalan que convivir con varios animales contribuye a desarrollar mejores hábitos. Las personas que cuidan distintas mascotas establecen rutinas diarias para garantizar el bienestar de los animales a su cargo. Con el tiempo, quienes asumen estas responsabilidades tienden a mostrar mayor organización y responsabilidad y mejoran su calidad de vida.
La compañía de las mascotas también puede ayudar a las personas a atravesar la soledad y a lidiar con situaciones como el duelo, la depresión e incluso el trastorno por estrés postraumático, en el caso de los animales de servicio. A eso se suma un efecto social: salir a pasear con perros o gatos favorece las interacciones espontáneas con otras personas y convierte a los animales en un recurso para iniciar conversaciones.
No todos los beneficios se circunscriben a perros y gatos. Animales como aves, conejos o incluso peces pueden proporcionar compañía e influir positivamente en el estado de ánimo. Observar a estos animales puede alejar pensamientos negativos y contribuir a una sensación de calma.
“No hay una sola respuesta acerca de cómo una mascota puede ayudar a alguien con una condición específica”, explicó la doctora Layla Espósito, quien supervisa el Programa de Investigación en Interacción humano-animal de NIH. “¿Su objetivo es aumentar la actividad física? Entonces, podría beneficiarse si tiene un perro. Tendrá que pasear a su perro varias veces al día y, así, aumentará la actividad física. Si su objetivo es reducir el estrés, a veces observar a los peces nadando puede brindar una sensación de calma. Entonces, no hay un solo tipo que sirva para todos”.
Los beneficios para la salud mental de convivir con animales de compañía
Según la Fundación de Salud Mental del Reino Unido, cuidar de una mascota o varias puede ayudar a la salud mental de muchas maneras, entre ellas:
- Aumenta la actividad física. Es probable que los dueños de perros saquen a pasear o a correr a sus mascotas todos los días. Esta puede ser una forma divertida de incorporar el ejercicio a la rutina diaria.
- Proporciona compañía. Las mascotas pueden brindar una sensación de seguridad y alguien con quien compartir el día. Cuidarlas puede ayudar a sentirse querido y necesario. Esto puede ser especialmente valioso para las personas mayores o aquellas que viven solas.
- Reduce la ansiedad. La compañía de una mascota puede ayudar a aliviarla.
- Incrementa la autoestima. Las mascotas pueden ser excelentes oyentes, ofrecer amor incondicional y no critican.
- Ayuda a conocer gente nueva. Los dueños de perros a menudo se detienen a charlar entre sí durante los paseos. Pero otros animales también pueden ser una forma de conocer gente: en tiendas de mascotas, clases de adiestramiento o grupos en línea, por ejemplo.
- Da estructura al día a día. Alimentar, ejercitar y cuidar al animal de compañía puede ayudar a mantener una rutina diaria, lo que permitirá sentirse más centrado y concentrado. Le dará un propósito al día y una sensación de logro.
- Ofrece apoyo social y emocional a los adultos mayores. Quienes conviven con animales experimentan menos estrés y soledad y perciben una mejor calidad de vida. Además, se observan menores niveles de depresión entre quienes desarrollan un vínculo estrecho con sus mascotas.
- Son útiles ante enfermedades crónicas como el Alzheimer y la demencia. Su presencia contribuye a reducir la angustia, la soledad y la depresión en personas diagnosticadas con estos trastornos, lo que repercute positivamente en su bienestar general.
Fuente: Infobae
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10 beneficios de convivir con gatos avalados por la ciencia: cómo mejoran la salud física y emocional
Una sola tarde con un gato basta para notar cómo cambia la energía de la casa. El suave ronroneo, la mirada atenta y la rutina de cuidados diarios no solo aportan compañía, sino que activan una serie de beneficios comprobados para la salud física, emocional y mental. Hoy, la ciencia respalda que estos animales mejoran el ánimo, reducen la presión arterial, favorecen la recuperación emocional ante la pérdida y hasta ayudan a niños y adultos mayores a fortalecer sus capacidades cognitivas.
El calendario internacional reserva tres momentos para reconocer el valor de los gatos en la vida humana: el 20 de febrero, en honor a Socks, el célebre gato de la Casa Blanca; el 8 de agosto, instaurado por el Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW) durante la temporada de mayor fertilidad felina en el hemisferio norte; y el 29 de octubre, impulsado en Estados Unidos para promover la adopción y reducir el abandono. Cada fecha tiene su propia historia y busca visibilizar la importancia del bienestar y la tenencia responsable de los felinos.
A continuación, 10 beneficios científicos que muestran que la convivencia con gatos va mucho más allá del afecto y la compañía: implica una mejora comprobada en la salud integral de las personas.
1. El estrés positivo: cómo el gato estimula el ánimo y la mente
Acariciar a un gato o jugar con él va mucho más allá de un simple momento de relajación. Según un estudio publicado por los Institutos Nacionales de Salud, la interacción activa con un felino genera una leve excitación fisiológica conocida como eustrés positivo, también llamado estrés positivo. El eustrés —“eu” proviene del griego y significa “bueno” o “sano”— es una respuesta adaptativa del organismo ante estímulos agradables o motivadores y se diferencia del distrés, que es el estrés negativo asociado a situaciones perjudiciales. El fenómeno positivo implica la liberación de oxitocina y dopamina en el cerebro, dos sustancias clave para el bienestar.
El resultado es un aumento del ritmo cardíaco y de la atención, lo que se traduce en mayor motivación y agudeza mental. Tal como señala el estudio, “el gato no actúa como un sedante, sino como un estimulante natural que despierta el sistema nervioso de forma alegre”. Es decir, la convivencia con gatos aporta energía emocional y ayuda a encarar el día con más vitalidad.
2. Amortiguación social: el gato como soporte ante la pérdida y la soledad
El impacto del duelo o el aislamiento puede resultar abrumador para cualquier persona. Investigaciones de la Universidad de Michigan demostraron que los gatos pueden actuar como un verdadero amortiguador social en estas circunstancias. “La compañía felina rompe los ciclos de rumiación mental y mitiga los picos neuroquímicos de la soledad aguda”, subraya el informe. A diferencia de las relaciones humanas, donde suele haber demandas emocionales o la necesidad de dar explicaciones, el gato ofrece una presencia constante y no evaluativa.
El simple hecho de compartir el espacio, sin la presión de interactuar de determinada manera, ayuda a reducir el estrés, el cortisol y a prevenir cuadros depresivos tras una pérdida importante. Dicho de otra manera, la compañía silenciosa de un felino puede ser el ancla emocional que necesita una persona para atravesar momentos difíciles.
3. Rutinas diarias que protegen la salud cognitiva en la vejez
En la vida de los adultos mayores, el sentido de propósito y las rutinas diarias resultan fundamentales para mantener la mente activa. Encuestas nacionales en Estados Unidos, como el University of Michigan National Poll on Healthy Aging (2026), revelaron que el 83% de los adultos mayores que conviven con gatos experimentan un renovado sentido de utilidad y motivación. El concepto de andamiaje cognitivo hace referencia a cómo tareas cotidianas, como alimentar al gato, limpiar su caja o estar atentos a su comportamiento, estimulan funciones ejecutivas del cerebro.
“El sentido de responsabilidad y las tareas cotidianas previenen la apatía y el deterioro cognitivo”, sostiene el reporte. En otras palabras, los gatos no solo son compañía, sino que ayudan a retrasar el avance de enfermedades neurodegenerativas al mantener activas las vías neuronales encargadas de la memoria y la planificación.
4. Un refugio emocional para quienes enfrentan vulnerabilidad mental
Durante años, algunos estudios asociaron la tenencia de gatos con mayores tasas de depresión, pero los análisis más recientes desmontan esa creencia. El metaanálisis psiquiátrico aclara que se trata de una cuestión de causalidad inversa: las personas con salud mental vulnerable buscan a los gatos como una forma de automedicación emocional y no al revés.
El informe subraya que “el vínculo asimétrico que ofrece el animal permite transitar episodios depresivos con un ancla emocional segura”. Los gatos no exigen que la persona mejore o demuestre avances, simplemente acompañan y brindan contacto físico. Esta aceptación incondicional reduce la sensación de ser una carga y estabiliza el estado de ánimo en los momentos más difíciles.
5. Corazón protegido: beneficios cardiovasculares de vivir con gatos
El vínculo entre humanos y gatos no solo se siente, sino que puede medirse en la salud cardiovascular. Un estudio publicado en el Journal of Vascular and Interventional Neurology demostró que las personas que viven con gatos presentan una reactividad vascular atenuada. Esto significa que, ante situaciones de estrés o sobresalto, su presión arterial aumenta menos y regresa a la normalidad más rápido que en quienes no conviven con felinos.
Estudios recientes muestran que los gatos ofrecen un anclaje emocional para personas con vulnerabilidad mental, estabilizando el ánimo (Freepik)
Según el informe, este efecto “reduce el riesgo de infarto en un 30%”. Es decir, la compañía felina ayuda a proteger las arterias y el corazón del desgaste provocado por el estrés cotidiano, ofreciendo un beneficio sostenido a largo plazo.
6. El ronroneo: vibraciones que curan huesos y músculos
El ronroneo es mucho más que una señal de placer en los gatos. Investigaciones publicadas en el Journal of the Acoustical Society of America revelaron que las vibraciones que produce un gato al ronronear, entre 25 y 50 Hz, tienen efectos terapéuticos en el cuerpo humano.
Estas micro-vibraciones estimulan la formación de hueso y la regeneración muscular, similar a las terapias de vibración utilizadas en medicina deportiva y ortopedia. El estudio destaca: “Las vibraciones entre 25 y 50 Hz estimulan los osteoblastos y reducen la inflamación en los tejidos blandos”. Es decir, el simple contacto con un gato que ronronea sobre el cuerpo puede favorecer procesos de recuperación física.
7. Empatía y oxitocina: cómo el gato activa áreas sociales del cerebro
El vínculo entre humanos y gatos también se refleja en la actividad cerebral. Un estudio publicado en la revista PLOS One utilizó tecnología de imagen cerebral para observar qué ocurre cuando una persona mira o acaricia a un gato. Los resultados muestran que se activan el córtex prefrontal y el giro frontal inferior, áreas relacionadas con la empatía y las emociones sociales complejas. Además, el rostro de los gatos —con ojos grandes y rasgos redondeados— dispara en el cerebro humano el llamado “esquema infantil”, un mecanismo evolutivo que fomenta el cuidado.
“Observar a un gato a los ojos y acariciarlo enciende el córtex prefrontal, clave para las emociones sociales complejas”, afirma el estudio. Esta reacción provoca una liberación masiva de oxitocina, la hormona del apego, generando sensaciones de bienestar y conexión similares a las que experimentan los padres con sus hijos.
8. Compañeros sensoriales ideales para niños con autismo
La relación entre gatos y niños con trastorno del espectro autista recibió atención especial en la investigación de Carlisle et al., Journal of Pediatric Nursing.
Los resultados muestran que el perfil sensorial bajo de los gatos —movimientos suaves, vocalizaciones discretas y afecto no invasivo— crea un entorno predecible y seguro para los niños con autismo.
“El perfil sensorial bajo de los gatos permite desarrollos en empatía y lenguaje no verbal”, remarca el estudio.
Los felinos permiten que el niño se acerque a su propio ritmo, facilitando el aprendizaje de habilidades sociales y reduciendo la ansiedad, especialmente en situaciones como la separación escolar.
9. Pausas digitales: cómo los videos de gatos ayudan a regular las emociones
El fenómeno de ver videos de gatos en internet es mucho más que una moda pasajera (y muy tierna). Un estudio de J.G. Myrick en Computers in Human Behavior demostró que estos breves clips funcionan como “microdescansos” efectivos para el cerebro.
“Unos minutos de videos de gatos logran purgar frustración y reponer energía mental para retomar tareas”, señala la investigación.
El cerebro humano, al exponerse a imágenes tiernas o cómicas de gatos, recibe una rápida recompensa de dopamina, lo que ayuda a liberar tensiones y prepararse para afrontar tareas exigentes con mayor eficiencia.
10. Gatos y sistema inmune: defensas más fuertes desde la infancia
El contacto temprano con gatos puede influir en la salud inmunológica de por vida. Según un estudio publicado en Clinical & Experimental Allergy, la exposición a gatos durante el primer año de vida “dirige el sistema inmunológico hacia una respuesta tolerante y menos reactiva”, disminuyendo la probabilidad de desarrollar asma, alergias a ácaros, polen o animales.
La diversidad microbiana que aportan los gatos al hogar entrena al sistema defensivo del bebé, reduciendo el riesgo de enfermedades alérgicas en la adolescencia y adultez. En síntesis, los gatos no solo acompañan, sino que también fortalecen las defensas desde los primeros meses.
Fuente: Infobae