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Murió Anne Schedeen, la actriz que interpretó a la madre de la familia Tanner en la serie Alf
La actriz Anne Schedeen, recordada mundialmente por su papel de Kate Tanner en la exitosa comedia televisiva Alf, murió a los 77 años.
El fallecimiento fue anunciado por sus familiares a través de Facebook y posteriormente confirmado por su agente, Tom Markley. Hasta el momento no trascendieron las causas ni la fecha exacta de su muerte.
El emotivo mensaje de su familia tras la muerte
La familia de la actriz la despidió con un sentido mensaje en redes sociales, donde destacó su personalidad, su creatividad y el vínculo que mantenía con sus seres queridos.
"Deja un legado extraordinario de energía creativa, humor ingenioso y amor por su familia“, expresaron en la publicación. También la definieron como “una fuerza de la naturaleza” y aseguraron que su recuerdo seguirá vivo a través de sus obras, sus historias y su forma de entender la vida.
Por su parte, su representante, Tom Markley, lamentó la pérdida y afirmó: “Anne era una verdadera artista y amiga. Única en su clase. La echaré de menos”.
El papel que la convirtió en un ícono de la televisión
Nacida como Luanne Ruth Schedeen el 8 de enero de 1949 en el estado de Oregón, desarrolló una extensa carrera en televisión antes de alcanzar la fama internacional.
Participó en producciones como Emergency!, Simon & Simon y Paper Dolls, pero su consagración llegó en 1986 con el estreno de Alf.
En la serie interpretó a Kate Tanner, la madre de la familia que decide albergar a un carismático extraterrestre proveniente del planeta Melmac. El programa se emitió entre 1986 y 1990 y se convirtió en un fenómeno televisivo que trascendió generaciones.
Años después, Schedeen recordó que el rodaje de la serie era complejo y agotador. En una entrevista citada por People, describió la experiencia como una "pesadilla técnica" debido a las largas jornadas de grabación y a las dificultades que implicaba trabajar con el personaje animatrónico de Alf.
Pese a esos desafíos, su interpretación quedó asociada para siempre a una de las comedias más populares de la televisión de los años 80 y 90.
Fuente: TN
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Perdió su trabajo, salió en moto rumbo a Alaska y terminó siguiendo a la Selección argentina en el Mundial
Tras quedarse sin trabajo, Gastón Benítez tomó una decisión trascendental para su vida: juntó algunos ahorros, reformó su moto y se lanzó a las rutas para unir Córdoba con Alaska. Sin embargo, en medio de su aventura, un regalo inesperado lo llevó a cambiar el rumbo y por estas horas se desvió de su camino original para seguir a la Selección argentina durante el Mundial 2026.
Como capitán de barcos y veleros privados, este cordobés de 33 años trabajó la última década en los veranos europeos haciendo viajes para magnates entre destinos paradisíacos. “Voy a aprovechar mi momento”, se dijo a sí mismo en enero, cuando se vendió la embarcación en la que cumplía tareas y la empresa que lo contrataba cerró. Fue así como el 1° de abril partió desde su ciudad con destino a Alaska, en Estados Unidos.
Su idea original era hacer la ruta Panamericana, que es la más larga del mundo y que implica un trayecto de unos 25 mil kilómetros. Sin embargo, un regalo que le dieron en Guatemala lo llevó a cambiar el rumbo de manera inesperada.
“Paré a cargar combustible y yo tengo un tanque similar al de un auto. Entonces el playero me dijo: ‘Tome, se ganó una pelota’. Cuando me la da, era la Trionda, la pelota oficial del Mundial. Ahí empecé a hacer números y decidí cambiar el destino. Además, llamé a un conocido en Cancún para hacerle un ploteo a la moto con los colores de la Argentina. Desde ese día hasta la llegada a Kansas, hice 5 mil kilómetros en una semana, casi como cruzar toda la Argentina de Norte a Sur”, contó Gastón en diálogo con TN.
Y agregó: “Es gracioso porque cuando los nenes chiquitos me cruzan y ven la moto, me gritan: ‘Los colores de Messi’. La gente se saca fotos, se vuelve un poco loca. Siempre recibo muchas sonrisas y eso es lo que me llevo del camino”.
Los últimos días antes de llegar a Kansas City, Gastón se levantaba en su carpa a las 5 de la mañana con la única intención de salir a la ruta a seguir viaje. En el último tramo, hizo 650 kilómetros casi de corrido y, al llegar, se fue al Fan Fest y después a compartir un encuentro con otros hinchas argentinos. A las seis del otro día, ya estaba despierto otra vez.
“Me mueve la emoción de estar acá, el haber llegado y haber cumplido un objetivo nuevo. O sea, ¿quién llega a un Mundial en su propio medio de transporte desde la Argentina?”, dice mientras señala a “La Cabra”, su moto Tornado de 250cc.
Para no dejar nada librado al azar, el cordobés se aseguró su ticket para ver el partido de la Selección argentina ante Argelia. Sin revelar el monto exacto, asegura que lo pagó caro, pero que valió la pena: “Me jugaba mucho en la cabeza y en lo emocional, la posibilidad de llegar acá y no conseguir una entrada. Entonces me aseguré que al menos voy a ver un partido del Mundial”.
Aunque su idea es seguir camino hacia Dallas, sede en la que el equipo de Lionel Scaloni completará sus partidos de la fase de grupos, todavía no cuenta con entradas. “Aunque sea voy a ir al Fan Fest, a seguir a la Selección desde afuera, a estar en la puerta del hotel ocho horas esperando aunque sea un saludo, un guiño. Con que Marito, el utilero, me diga ‘Hola’ ya estoy perfecto”.
La travesía de Gastón: 18 mil kilómetros en dos meses y diez días
Antes de emprender este viaje, Gastón solo se había lanzado una vez a la aventura al recorrer los 7 mil kilómetros entre Córdoba y el Sur argentino. Esta vez, decidió hacerle una serie de reformas a “La Cabra” para poder cumplir con su desafío en el tiempo estimado originalmente, que eran cuatro meses.
“Le puse cámaras más gruesas para pinchar lo menos posible, un tanque de combustible más grande para tener más autonomía y una estructura metálica para llevar los bolsos. En la moto tengo la vida: tengo el armario, el baño, la cocina, el botiquín médico, las herramientas de la moto, el equipo para hacer contenido. Así soy autosuficiente”, subrayó tras haber recorrido, hasta el momento, 18 mil kilómetros en diez días.
Gastón cuenta que durante su travesía vio muchas motos de alta gama que quedaban en el camino. Su humilde vehículo completó el viaje hasta Kansas, por eso bromeó con que el motivo pudo ser el “aura” que le da el ploteo celeste y blanco, sumado a las referencias a “La Scaloneta” y las tres estrellas con las que cuenta la Selección argentina en mundiales.
Aunque su familia y sus allegados a veces le dicen que está “loco”, el cordobés sostiene que tiene un propósito: “Gracias a Youtubers que viajan, yo me animé a hacer esto. Antes pensaba ‘¿Por qué yo no? ¿Se puede hacer?’ ¡Claro que se puede hacer!”.
El viajero no descarta desviarse un poco más de su plan original si es que Lionel Messi y compañía avanzan hasta instancias decisivas del Mundial -y hasta hace chistes sobre vender a “La Cabra” para comprar las entradas-. Sin embargo, sostiene el deseo de llegar a Alaska. Para hacerlo, tiene un tiempo límite: “Tengo que entrar antes de que empiece agosto para después poder bajar, porque son tramos muy largos. Tengo que evitar que llegue el invierno, que llegue el frío y después no me deje salir de ahí”.
“¿Y la vuelta? No hay plan. El otro día me dijeron ‘¿Y si Argentina gana el Mundial?’ Vemos qué pasa. No quiero decir que vuelvo andando en la moto, pero…”, concluyó dejando el interrogante, con una sonrisa.
Fuente: TN
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Furor por la feria que promueve el arte en tamaño pequeño, con Marcos López como invitado de honor
Que el pequeño formato es un lenguaje accesible para un mercado del arte en expansión, y sin resignar calidad artística. Es lo que intuyeron los creadores de esto que nació como una propuesta experimental y que ahora, en su quinta edición, se consolida. Una feria, o muestra colectiva en la que todas las obras se inscriben en una dimensión máxima de 50x50 centímetros, incluyendo soporte o marco.
La quinta edición, que puede visitarse hasta el 14 de junio en el MARQ (Av. Libertador 999), el Museo de Arquitectura y Diseño, incorpora trabajos de más de 30 galerías nacionales e internacionales, emergentes y de larga trayectoria.
La idea es generar un ámbito que amplíe la relación entre el arte y su público, un espacio en el que conviven coleccionistas, nuevos compradores y audiencias no especializadas, dentro de un marco de alta calidad curatorial y accesibilidad.
Así lo definieron Mariela Ivanier, de Verbo, Santiago Arce, Victoria Baeza y Mariana Gallegos del Santo, organizadores del evento. Que este año tiene como invitado de honor al fotógrafo y artista visual Marcos López. El creador de un pop latino siempre atento a la cultura popular que está atareado: lanzó con su Oficina de Proyectos el libro que recopila lo mejor de The Walking Conurban, la estupenda cuenta de Instagram colaborativa sobre estampas del Conurbano, que lo tuvo como curador. Y su obra fotográfica entre 1975 y 2025 es objeto de una imponente retrospectiva en Fundación Larivière, que puede verse hasta el 26 de julio próximo.
López es, acaso, el artista visual que mejor expresa el vínculo entre el universo sofisticado de las artes y la estética popular. Lo que se dice, como anillo al dedo para una muestra que se hace fuerte abriendo puertas a los nuevos públicos, hacia el mundo del arte.
Fuente: TN
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Estudiantes argentinos desarrollaron un auto eléctrico, un perro robot autónomo y un cohete supersónico
Un perro robot que en breve será autónomo, un monoplaza eléctrico diseñado para competir en Fórmula SAE, y un cohete supersónico diseñado para superar los 30.000 pies de altura, son tres proyectos creados por estudiantes argentinos que demuestran cómo la ingeniería del país está a la altura de los últimos desarrollos mundiales.
En el marco del Future Day, el evento anual que organiza el ITBA con el objetivo de dar a conocer los proyectos de mayor impacto ideados y llevados a la realidad en la institución, TN Tecno pudo conocer de primera mano estos desarrollos, conversar con los alumnos y ver en acción los adelantos.
Cada uno de ellos tiene un enfoque diferencial, pero comparten una misma lógica: equipos interdisciplinarios, trabajo extracurricular y prototipos reales que obligan a resolver problemas técnicos concretos: en un caso, el desafío está en transformar un robot básico en una plataforma inteligente capaz de moverse por su cuenta. En otro, convertir un chasis de combustión en un vehículo eléctrico de competición, y en el tercero, en lanzar un cohete de tres metros y 35 kilos en una competencia internacional en Estados Unidos.
El perro robot que tiene el objetivo de moverse solo por las aulas
El llamado Proyecto 26 es un robot con forma de perro con el objetivo de convertir al autómata básico en una plataforma inteligente y autónoma.
El equipo detrás del robot está liderado por Juan Gramaglia, estudiante de Ingeniería del ITBA, y reúne alumnos de electrónica, informática y química. “La idea es transformar este robot que, cuando lo recibimos, no podía hacer nada, no caminaba ni se paraba. Solo tenía la electrónica y motores. Ahora estamos trabajando en montar el software y los sensores para que pase de ser un ‘robot tonto’ a un robot inteligente”, explicó.
El equipo empezó a trabajar hace un mes y medio. En ese tiempo logró que el simpático perro mecánico se desplace con comandos desde una computadora, salude, baile, salte, evite golpearse contra personas y detecte a alguien con la cámara para seguirlo con la mirada.
El próximo paso es darle autonomía. Para eso, los estudiantes están integrando sensores de ultrasonido, láser, cámaras y un sistema LIDAR. La meta es que pueda ubicarse en tiempo real, reconocer obstáculos y desplazarse desde un punto hasta otro sin depender de órdenes manuales.
“El objetivo es que a fin de año el robot pueda moverse de forma autónoma por la facultad buscando objetos”, resumió el joven estudiante sobre la misión del proyecto.
El plan también incluye comandos de voz y modelos de lenguaje para que el robot pueda interactuar con personas. “Nos gustaría implementarle inteligencia artificial para que pueda acercarse a una persona, hablar e incluso interactuar con redes sociales como Twitter”, agregó.
Aunque el prototipo se desarrolla en un entorno académico, la tecnología detrás de estos robots tiene usos industriales. Según explicó el estudiante, se emplean en minería, plantas de petróleo, sitios de explosiones nucleares o aplicaciones militares, donde pueden cargar sensores para detectar fugas de gas, minerales, fallas estructurales o imágenes infrarrojas en zonas peligrosas para humanos.
Un auto eléctrico para competir en Fórmula SAE
Gianluca Catania, estudiante de cuarto año de Ingeniería Mecánica, forma parte del equipo que desarrolla un Formula SAE eléctrico (un tipo de auto de competición estudiantil) para correr en Brasil. El objetivo es representar a la facultad y al país en una competencia internacional donde no gana simplemente el auto más rápido: “No es una carrera común, sino un desafío de ingeniería donde se evalúan aspectos estáticos y dinámicos: diseño, gestión, desempeño, endurance y velocidad. Se intenta premiar la idea de ingeniería más que al piloto”, explicó Catania a TN Tecno.
El grupo recuperó un chasis de una versión a combustión y lo adaptó para convertirlo en un prototipo eléctrico. El trabajo se hizo entre 2024 y 2025 y contó con la participación de unos 15 alumnos de Ingeniería Mecánica y Electrónica.
El monoplaza tiene dos motores de 30 kW cada uno, con sus respectivos inversores para convertir corriente continua en alterna, ya que son motores trifásicos. La transmisión mecánica utiliza un conjunto de piñón y corona para transferir la potencia a las ruedas.
El sistema de baterías está compuesto por cuatro paquetes con ocho celdas cada uno, de litio-hierro-fosfato. También cuenta con un BMS, el sistema que controla y administra las baterías para detectar fallas y proteger las celdas.
Para Catania, una de las claves del proyecto fue salir de los límites de su propia carrera. “Como mecánicos, fue un desafío estar en contacto con la electrónica, algo que tal vez en la carrera no habíamos visto todavía. Tuvimos que aprender e investigar asuntos ajenos a nuestra carrera trabajando con estudiantes de electrónica; ese trabajo interdisciplinario es lo que estuvo bueno”, contó.
El proyecto también sirvió como plataforma para trabajos finales de alumnos de último año, que pudieron validar datos de simulación y suspensión sobre un prototipo real.
Un cohete supersónico hecho por estudiantes
El tercer proyecto apunta al espacio. Se trata de un cohete supersónico diseñado para superar los 30.000 pies (poco más de 9 kilómetros). Según explicó a TN Tecno Martina Parera, estudiante de tercer año de Ingeniería Mecánica, y miembro del equipo de payload, el vehículo mide tres metros de alto, pesa cerca de 35 kilos y tiene una estructura de fibra de carbono manufacturada al 100% por alumnos.
El equipo está integrado por unas 60 personas, distribuidas en áreas como aviónica, estructuras y recuperación. “Es un proyecto estudiantil con varias áreas. La estructura es 100% manufacturada por alumnos en fibra de carbono. La aviónica se encarga de la telemetría y el área de recovery diseña los paracaídas”, detalló Varela.
El cohete utilizará un motor sólido y será ensamblado en Texas, Estados Unidos, adonde el equipo viajará para competir contra universidades de distintos países. La evaluación no se limita al lanzamiento: también cuenta la apertura del sistema de recuperación, el aterrizaje seguro y la recuperación de los datos de vuelo. “La competición consiste en lanzar el cohete, que se abra en determinado momento, que aterrice sin estrellarse y recuperar todos los datos de vuelo de la aviónica”, explicó la estudiante.
Los tres proyectos demuestran que es posible construir y desarrollar tecnología en el país, con estudiantes de distintas carreras y objetivos que exceden la entrega de un trabajo práctico: “El ITBA Future Day acerca la ciencia a los estudiantes desde la experiencia y la curiosidad. Explorar un laboratorio, descubrir proyectos creados por estudiantes y conversar directamente con ellos, así como con docentes e investigadores, permite que el conocimiento se vuelva algo cercano y tangible”, concluyó Fabricio Ballarini, director del Departamento de Ciencias de la Vida del ITBA.
Fuente: TN