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Es capitana de la Selección argentina de rugby, fue mamá y a los pocos días se subió a un avión para competir

Paula Pedrozo es una referente del rugby femenino en la Argentina. Como capitana, lidera a las Yaguaretés, el seleccionado nacional de seven, en el circuito mundial. Tras años de sacrificios y de empuje para crecer dentro del deporte que la apasiona, dio un paso trascendental en su vida personal que hoy la obliga a balancear sus múltiples actividades. Hace menos de tres meses, fue mamá de Vito junto a su pareja, Sofía. La llegada del bebé no detuvo su intensa agenda: a los pocos días del nacimiento, se fue a disputar un importante torneo en el exterior.

“Soy consciente del rol que ocupo en el equipo, no solo por ser la capitana sino también por ser una de las jugadoras más experimentadas, y por suerte cuadró todo: el bebé nació súpersaludable y Sofi pudo recuperarse bien de la cesárea así que pude subirme al avión. Disfruté del nacimiento y también del torneo”, le contó la jugadora a TN, días antes de encarar un nuevo desafío con el conjunto nacional en el certamen de Valladolid, España.

Los comienzos de su carrera y la llegada a la Selección

Pula, como la apodan en el mundo del rugby, empezó a jugar a los 15 años en Concordia, Entre Ríos, alentada por sus padres, ambos profesores de educación física. Pronto se sumó a la modalidad seven, con plena consciencia de que se trataba de una disciplina que era incipiente entre las mujeres y que muchos consideraban exclusivamente masculina.

Aunque iba en gran ascenso, su carrera tuvo una pausa obligada: cuando terminó el secundario y se fue a estudiar a Corrientes, no tenía un club en el cual jugar. Tras un año de parate pudo sumarse al Capri de Posadas en Misiones y sus desafíos deportivos empezaron a ser cada vez más grandes. “Cuando un deportista es del interior del país, ve el sueño mucho más lejano. Yo no pensaba que me iba a llegar la oportunidad”, admite.

Miguel Seró era el entrenador de Las Pumas por aquellos años. Fue quien vio a Paula y la invitó a formar parte de su primera concentración nacional cuando cumplió los 18 años en el marco de un proceso de renovación del plantel. Su primer torneo oficial fue en Hong Kong en 2015 y luego formó parte del equipo que disputó el repechaje olímpico en Irlanda en 2016. Desde ese momento no paró de crecer dentro del equipo, al punto de convertirse en figura y capitana hasta la actualidad.

Una decisión personal que se mezcla con las aspiraciones deportivas

A la par de su crecimiento deportivo, Pedrozo llevaba tres años intentando agradar la familia con Sofía, su pareja desde hace siete años, que también es jugadora de rugby. Fue un camino con altos y bajos, que culminó el 16 de marzo con la ansiada llegada de Vito. Hoy, la capitana de Las Yaguaretés se anima a contar el proceso para inspirar a otras personas a perseguir sus sueños.

Para lograr el embarazo, la pareja eligió un procedimiento convencional de inseminación artificial. Sofía fue quien aportó los óvulos y quien gestó. “Tardamos porque la inseminación tiene un porcentaje de efectividad bajo: la muestra de semen que se aporta, si bien tiene muchos espermatozoides, es pequeña y el proceso se hace en el día más fértil de la mujer, según la consideración de los médicos. Después, se esperan 14 días para saber si el test da positivo o negativo”, explicó Pedrozo.

Y detalló: “En cada proceso, Sofi tenía que interrumpir su actividad deportiva y en el camino nos encontramos con algunos inconvenientes como el hipotiroidismo o los pólipos en el útero que le detectaron y que no sabían si eso iba a influir en su fertilidad. También hubo que regularle la prolactina. Todo eso alargó bastante el procedimiento: al principio es todo ilusión, todo nuevo y hay ansiedad de que el test sea positivo, pero con el tiempo hay desilusiones y diferentes reacciones”.

La deportista cuenta que, al comienzo, grababan videos de sus reacciones al hacer cada test de embarazo para documentar el proceso, pero luego dejaron de hacerlo. ”Fue un vaivén de emociones, pero la espera valió la pena”, sostuvo.

Vito finalmente nació el 16 de marzo por cesárea. En los días previos, había dudas de que Paula pudiera sumarse al viaje a Montevideo con Las Yaguaretés ya que podía coincidir con la fecha del parto.

“Yo creo que todo se da por algo y finalmente me fui sumamente concentrada al torneo: teníamos un desafío muy grande y quería disfrutar esa experiencia. Creo igual que cada vez me va a costar más irme: cuando Vito empiece a decir sus primeras palabras o cuando se dé cuenta de que yo falto en la casa”, señaló la jugadora que en esa gira hizo un try, algo que no suele suceder con frecuencia, y obviamente el festejo fue con dedicatoria para su bebé recién nacido.

Después de aquel viaje a Uruguay, vinieron los torneos en San Pablo, Hong Kong y Valladolid. En todos la capitana dijo presente: “Me cuesta más viajar ahora porque Vito está en un período de crecimiento. Una como madre no quiere perderse nada: las primeras reacciones, los primeros llantos o las primeras risas. Trato de estar más pendiente al celular, algo que antes no hacía para estar más concentrada”.

“Todo esto también me cambió como persona y ahora realmente voy a los viajes y disfruto desde lo más pequeño y cotidiano hasta lo más extraordinario y grande. Me cuesta más irme, pero siempre cuento con gracia que ahora aprovechó las concentraciones para dormir. Por suerte mi pareja me acompaña, entiende lo que vivo y se alegra por mi conquistas personales y las del equipo”, subrayó.

La actualidad del rugby femnino y el impacto del deporte en su desarrollo personal

Aunque considera que el rugby femenino se encuentra en un momento de “meseta”, Paula confía en que la actualidad de Las Yaguaretés pueda significar un impulso para volver al camino de ascenso: “Que el equipo haya llegado al circuito mundial hace que la disciplina tenga mayor visibilidad y que los objetivos que se pongan las jugadoras sean más estrictos, que realmente vean que se puede lograr y que vale la pena el sacrificio. Hay un crecimiento de juveniles que es muy importante porque son el semillero y el futuro”.

“El objetivo hoy es llevarnos los partidos que jugamos contra rivales que están a nuestro nivel. En esta primera etapa quedamos número 11 en el ranking y queremos llegar al puesto 8 o 9, pensamos que es factible”, sostuvo, confiada.

Para la capitana del seleccionado nacional, el rugby femenino creció a nivel físico y se disminuyó la tasa de lesiones. Además, hizo hincapié en los valores que se adquieren en la práctica del deporte: “Se promueven valores muy enriquecedores para la vida diaria y yo tuve un cambio grande: me consideraba una persona bastante introvertida y con el rugby me animé a tener mayor exposición en los medios y a tener las palabras justas para inspirar a otras jugadoras”.

“Tomo esta carrera como un desafío. Soy muy competitiva y autoexigente: eso me ayudó a ser la capitana de la Selección argentina y trabajo para mantenernos en el circuito mundial, que es el mejor nivel que podemos tener en la actualidad. Ha sido un sacrificio enorme porque llevé la carrera a la par con la facultad, algo que genera inconvenientes en la parte social porque te perdés muchos eventos y te alejas de gente que quizás no tiene la misma visión”, reconoció.

Paula contó que en la actualidad no vive del deporte, aunque la Unión Argentina de Rugby da becas a sus jugadoras por estar en el circuito mundial. Las jugadoras del equipo estudian y trabajan en paralelo. La capitana, puntualmente, tiene su propio centro de kinesiología.

“Trato de llevar las dos cosas a la par. A mí el deporte me ayudó a tener mucha conducta, entonces nunca lo padecí. No fue fácil el camino, pero no fue imposible realizarme y los resultados están a la vista”, subrayó.

Paula Pedrozo: de la nueva etapa en su vida a la idea del retiro

La maternidad hizo que Paula tuviera menos tiempo de descanso. Al mismo tiempo,a los 30 años, se siente feliz con este paso tan grande que dio en su vida privada: “Tengo objetivos deportivos y otros personales, relacionados a lo laboral y a lo familiar. Hoy me siento muy estabilizada anímicamente, estoy bien y motivada. Antes buscaba una fecha para retirarme, pero hoy estoy más madura y tranquila con eso: cuando llegue, llegará. Mientras tanto, estoy disfrutando todo lo que me toca vivir”.

“No hay una edad que indique que ya es tiempo de colgar los botines, pero para la mujer es un poco más sacrificado porque se sabe que si una tiene el sueño o el proyecto de tener una familia, sí o sí tenés que interrumpir tu carrera deportiva. En mi caso fue distinto porque estoy en pareja con una mujer y fue ella la que puso el cuerpo, pero va a llegar el momento en el que yo también voy a querer hacerlo y va a ser inevitable dejar de jugar, al menos un tiempo, en la Selección. Tal vez pueda seguir en un club o en un ámbito más amateur, aportaré mi conocimiento desde otro lado”, pronosticó.

Disputar un Juego Olímpico. Ese es el gran sueño que Paula Pedrozo tiene pendiente en su carrera: “Trataré de estar hasta 2028 para lograr ese desafío y creo que después ya no voy a estar activa como deportista de élite”.

Fuente: TN

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Él tenía 24 años, ella 29 y sus vidas cambiaron en el bar de un pueblito de Italia: “No recuerdo un beso tan lindo”

De principio a fin, el corazón es la brújula. “Me enamoré, amigo”, soltó Leo apenas cruzó la puerta del bar, a dos días de aterrizar en Italia. Su amigo Ezequiel lo miró, siguió la dirección de sus ojos y se largó a reír. “¿La rubia?”, preguntó. “Sí. Es ella”.

Era la noche del 5 de abril de 2024 y acababa de llegar a Paola, un pueblito costero de Calabria, en el sur de Italia. Había viajado desde Quilmes para tramitar su ciudadanía italiana. Apenas llevaba unos días en Europa. Todavía estaba acomodándose a la nueva vida, aprendiendo a moverse en un país desconocido y tratando de entender qué venía después. Pero esa noche, entre un grupo de argentinos que compartían el mismo sueño migratorio, vio a una chica de Rosario y sintió algo que no esperaba encontrar tan rápido.

Del otro lado de la historia, Irina también lo vio. Y recuerda exactamente el instante. “Lo miré a los ojos y fue como si el tiempo se frenara un segundo”, revela hoy enamorada. No sabía quién era, ni de dónde venía. Pero algo había pasado. Ese “no sé qué” imposible de explicar.

Dos argentinos que llegaron a Italia buscando otra vida

Irina nació en Rosario en mayo de 1994. Desde muy chica aprendió a arreglárselas sola. A los 17 años se fue de su casa. Trabajó en peloteros, coordinó fiestas infantiles, atendió comercios, vendió productos, cosió veladores junto a una amiga y aceptó prácticamente cualquier trabajo que le permitiera mantenerse independiente. Siempre tuvo la sensación de que quería algo más. No porque estuviera descontenta con su vida, sino porque sentía una curiosidad enorme por el mundo.

Durante años soñó con viajar. Pero cada vez que hacía cuentas, la realidad le devolvía la misma respuesta: era demasiado difícil. Hasta que descubrió algo que cambiaría todo. Tenía ciudadanía italiana. La noticia la empujó a una búsqueda obsesiva de papeles, partidas, certificados y documentos familiares. Reconstruyó una historia que parecía perdida hasta completar la carpeta necesaria para iniciar el trámite.

En febrero de 2024, cuando finalmente tuvo todo listo, tomó una decisión que asustaba incluso a quienes la querían. Renunció a su trabajo. Compró un pasaje de ida. Y se fue. Tenía 29 años.

Leo nació en Quilmes en agosto de 1999. Su historia era distinta pero sus sueños los mismos. Había crecido en una familia de clase media donde viajar era una pasión compartida. Todavía recuerda los recorridos por la Argentina dentro de un Renault 12 cargado hasta el techo. Seis personas. Poco dinero. Muchas ganas de conocer.

Estudió profesorado de Educación Física, se recibió y construyó una vida bastante ordenada. Trabajó en distintos lugares, tuvo una relación larga y desarrolló una carrera ligada al entrenamiento físico. Pero convivía con una sensación incómoda. Sentía que estaba construyendo una vida que no era exactamente la que soñaba. Mientras enseñaba, entrenaba y trabajaba, consumía videos de viajeros que recorrían el mundo haciendo trabajos temporarios. Y cada historia despertaba la misma pregunta. ¿Por qué ellos sí y yo no?

La respuesta llegó de la manera menos elegante. Lo asaltaron. Y algo se rompió. O se arregló, todo depende de dónde miremos. Pocos días después compró el pasaje hacia el Viejo Continente. El 3 de abril de 2024 llegó a Italia a ganarse la vida.

La noche en que todo cambió

Paola era un pueblo extraño. Quince mil habitantes. Playa. Calles tranquilas. Y unos quinientos argentinos haciendo ciudadanía italiana. Todos estaban atravesando algo parecido: habían dejado algo atrás e intentaban construir una nueva vida. Por eso el Thunder, un pequeño bar donde solían reunirse, funcionaba casi como una extensión de sus casas.

Aquella noche, Leo llegó con su amigo y dos compañeras de vivienda. Irina estaba con su prima Brunella, con quien había emigrado. Entre charlas, música argentina y cumbia santafesina, empezaron a acercarse. Hablaron. Bailaron. Se rieron. Y cuando la noche ya había avanzado bastante, Leo hizo algo que hoy parece imposible en la era de los mensajes ambiguos y las insinuaciones interminables.

¿Te puedo besar?”, le preguntó con respeto. Irina dijo que . Después del beso, lo miró sorprendida. “No puedo creer que tengas 24 años”. Y enseguida agregó algo que él jamás olvidó. “No recuerdo un beso tan lindo en mi vida”. Animarse a dar el primer paso tiene premio. Por eso siempre hay que hacer. Lo demás se va dando.

A la mañana siguiente fue ella quien escribió primero. Le pasó su número. Lo invitó a tomar mate en la playa. Y así empezó todo. No como una historia de amor. Sino como un grupo de amigos. Ellos, la prima de Irina, Ezequiel y las dos compañeras santafesinas de Leo comenzaron a compartir días enteros. Trámites. Playa. Mate. Charlas. Caminatas. La vida cotidiana de quienes intentaban sobrevivir lejos de casa. Y en medio de todo eso, la conexión entre ellos fue creciendo. Aunque había un problema. Una fecha de vencimiento.

Una historia con fecha de vencimiento

Irina estaba mucho más avanzada en el trámite de ciudadanía. Y apenas obtuvo los papeles consiguió trabajo en Cerdeña. Los separarían casi 700 kilómetros y un mar de por medio. La oferta era imposible de rechazar. Un hotel. Mejores condiciones. La posibilidad de empezar a ganar plata. Pero también significaba alejarse. Alejarse mucho.

Se habían conocido en abril. Ella debía irse el 1 de junio. Dos meses. Eso era todo. Entonces Irina levantó una muralla, la de su corazón. No quería enamorarse. Mucho menos sufrir ni despedirse de alguien que recién acababa de conocer. Pero cuanto más trataba de convencerse, más difícil resultaba.

Leo tampoco podía ignorar lo que sentía. Por primera vez en mucho tiempo había encontrado a alguien con quien imaginaba algo serio. Y entonces llegó la despedida. La primera.

Los siguientes meses fueron brutales. Los dos trabajaron en condiciones muy duras. “No todo es lo que se ve en fotos”. Aprendieron a sobrevivir en otro idioma. Aceptaron tareas que jamás habían imaginado hacer. Leo fue jardinero, fletero, camarero y guardavidas. Irina limpió habitaciones en hoteles sin dominar todavía el italiano.

La realidad migrante apareció con toda su crudeza. Sin embargo, siguieron hablando todos los días. Sin faltar uno. Hasta que una tarde ella encontró una excusa perfecta. En el hotel donde trabajaba necesitaban otra persona. Pensó en Leo. Dudó. Y finalmente le escribió.

El quilmeño recibió la propuesta mientras trabajaba. Económicamente no era un gran negocio. Incluso significaba renunciar a algo más estable. Pero había una pregunta que no lograba sacarse de encima. ¿Y si después es nunca?

Renunció. Hizo las valijas. Se subió a varios trenes. Y fue a buscarla. Porque a veces el amor no pide certezas. Apenas una decisión.

Los trenes que los separaban también los volvían a unir

El reencuentro no fue precisamente romántico. Los dos estaban agotados. Demacrados. Golpeados por meses de trabajo duro. Pero la conexión seguía ahí. Intacta.

Durante semanas se escondieron de compañeros y jefes. Estaba prohibido noviar entre ellos. Se encontraban de noche. Hablaban durante horas. Compartían besos robados. Y volvían a separarse antes del amanecer. Todo parecía volver a brillar.

Sin embargo, seguía existiendo un obstáculo. Los contratos tenían fecha de finalización. La incertidumbre seguía gobernando sus vidas. Y cuando terminó aquella temporada llegó una nueva despedida. Después otra. Y luego otra más.

Una ocurrió en la estación de Perugia. Irina subió al tren. Leo quedó en el andén. La vio alejarse. En su cabeza sonaban los acordes de Las pastillas del abuelo, cantando: “Porque me es imposible de imaginar / Agonía más cruel, más aterradora / Que mi canto y tu danza alejándose / Uno arriba del tren y otro en la estación”.

Pensó que quizás no volvería a verla nunca más. Y lloró fuerte. “Ahí ya me di cuenta que estaba hasta las bolas, que estaba recontra remilenamorado”, admite sin metáforas.

Fuente: TN

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Mauricio Macri anunció que la Fundación FIFA destinará un millón de dólares a comunidades afectadas por los sismos en Venezuela

En medio de la catástrofe humanitaria que atraviesa Venezuela luego de los dos terremotos del 24 de junio que dejó más de 4 mil muertos, la Fundación FIFA anunció una millonaria donación para colaborar con los equipos de rescate.

Así lo informó el expresidente Mauricio Macri, que es el titular de la institución. “La Fundación FIFA acompaña al pueblo venezolano en uno de los momentos más difíciles de su historia. Vamos a destinar 1 millón de dólares de nuestro fondo humanitario para apoyar a las comunidades afectadas por los terremotos y colaborar con las organizaciones que ya están trabajando en el terreno para brindar ayuda de emergencia”, expresó desde su cuenta de X.

En el mismo sentido, Macri añadió: “Sé que el fútbol tiene una capacidad única para unir a las personas, especialmente cuando más se necesita. Esa fuerza debe ponerse al servicio de quienes hoy atraviesan esta tragedia”.

“Mis pensamientos y todo mi cariño están con las familias afectadas, como el de Gianni (Infantino) y todos los que formamos parte de la FIFA. Seguiremos acompañando los esfuerzos para que la ayuda llegue lo antes posible”, finalizó el exmandatario.

La situación en Venezuela hoy

Los operativos de rescate en Venezuela sumaron este sábado 215 nuevos cuerpos rescatados, luego de lo que fue el trágico doble terremoto del 24 de junio. De esta manera, las víctimas fatales ascienden ya a 4333.

Así lo informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en conferencia de prensa. Se trata de una de las subidas más altas de fallecidos de las últimas dos semanas tras los terremotos.

Las labores de desescombro y recuperación de cadáveres prosiguen en La Guaira y se intensificaron en los últimos días. En tanto, la cifra de heridos se mantiene en 16.740, mientras que se ha atendido a 31.193 pacientes en hospitales y se ha dado de alta a más del 90%.

El número de personas sin vivienda en Venezuela es de 17.907 y las familias atendidas suman 86.794

El también hermano de la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, aseguró que 18.437 personas se encuentran en un total de 94 campamentos transitorios.

Además, sigue subiendo el número de efectivos militares y de fuerzas de seguridad desplegados (31.837) y el de voluntarios registrados (30.197).

Según el balance oficial, ocurrieron 1.203 réplicas desde el 24 de junio -cuando se registraron los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5- entre ellas una de baja intensidad este mismo sábado.

Fuente: TN

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“No llores, papá”: la historia del payador y su hija que emocionaron al país con una canción para la Selección

Hay canciones que nacen para acompañar un Mundial y otras que, casi sin proponérselo, terminan contando la historia de una familia. La que compusieron el payador santafesino Pedro Saubidet y su hija Paula, de ocho años, pertenece a esa segunda categoría. Porque detrás de la letra dedicada a la Selección hay una guitarra heredada, un abuelo que ya no está, lágrimas compartidas frente al televisor y una pasión futbolera que atravesó generaciones hasta encontrar una nueva voz.

En el video que se volvió viral, Pedro sostiene la guitarra y lleva el ritmo; a su lado, su hija canta con una seguridad que parece desmentir su edad. No hay escenario, luces ni una multitud delante de ellos.

Están en su casa cuando entonan una versión de Astros, la canción de Ciro y Los Persas, con una letra que resume un deseo compartido por millones: “Quiero volver a robarle un gol al ladrón, como el Diego y el Narigón, y que la cuarta estrella brille en el cielo de mi Nación”.

La canción rápidamente escapó del pequeño universo de seguidores que Pedro había construido como payador. Este sábado, mientras la Argentina se prepara para enfrentar a Suiza desde las 22 en Kansas City por los cuartos de final del Mundial, el tema vuelve a funcionar como una banda sonora para la espera.

El equipo de Lionel Scaloni llega a esa instancia después de vencer 3-2 a Egipto en un partido que se resolvió con sufrimiento y que dejó a Pedro y a Paula llorando juntos frente al televisor.

No llores, papá”, le decía la nena cuando terminó el encuentro. Sin embargo, ella también lloraba. Fue en ese clima, todavía con el corazón acelerado, cuando decidieron grabar la canción. “La estrella del video es ella, por su encanto, por la fuerza que le pone, por su garra y por su naturalidad”, contó Pedro en diálogo con TN.

En la casa de los Saubidet conviven los acordes, las camisetas y las identidades futboleras. Mercedes, la esposa de Pedro, es pampeana e hincha de Boca; él nació en Santa Fe, es fanático de Unión y se define como “muy futbolero”. Sus hijas Francisca, de 11 años, y Paula, de ocho, crecieron entre guitarreadas, reuniones familiares y chamamés.

“La música está presente en todo momento. A mis hijas les gusta mucho, siempre estamos cantando y guitarreando. Hay mucho chamamé por parte mía, pero también me voy adaptando a la música de ellas para poder acompañarlas”, contó Pedro.

El fútbol, en cambio, ingresó a la familia de la mano de Pedro y de su padre, don Pedro, fallecido el año pasado. Aunque era hincha de River y había llegado desde Buenos Aires, fue él quien comenzó a llevarlo a la cancha de Unión cuando era chico. Desde entonces, cada partido quedó unido a una imagen, una conversación o un viaje compartido. “Hoy que papá ya no está, el fútbol es mucho más que un deporte. Es un montón de recuerdos con él en la cancha”, dijo.

Esa pasión también alcanzó a la generación siguiente. Marcos Sanguinetti, sobrino de Pedro y nieto de don Pedro, se convirtió en periodista deportivo y actualmente se encuentra cubriendo el Mundial. “La figura de papá es fundamental para esta pasión. El que más la heredó fui yo y también mi sobrino Marcos. Siempre lo tenemos muy presente en cada partido”, señaló el payador.

Don Pedro no solo dejó el amor por el fútbol. También transmitió los versos, la guitarra, el canto criollo, la vida de campo y una manera de entender a la familia. Junto con doña María, su esposa, criaron a seis hijos: Rosario, Sole, Cruz, Constancia, Pedro y Maruca. “Fue un tipo extraordinario, un hombre íntegro y un gran ejemplo para nosotros. Le debemos a él y a mamá esta familia tan linda que nos dejaron”, recordó.

La canción viral, entonces, no nació solamente del entusiasmo mundialista. También lleva algo de esa herencia.

La frase sobre “robarle un gol al ladrón” recupera la histórica rivalidad con Inglaterra, la Mano de Dios de Diego Maradona y la figura de Carlos Bilardo, el “Narigón”, en México 1986.

Pedro también encontró inspiración en un cuento de Eduardo Sacheri que reflexiona sobre aquel gol y sobre la dimensión emocional que adquirió para los argentinos. “Estamos hablando de una trampa, pero tiene un trasfondo tan profundo lo de Inglaterra que creo que nos pega un poco a todos. Sería muy emocionante reeditar aquella epopeya de Diego. Es una ilusión que tenemos”, sostuvo.

Para Pedro, la identificación con la Selección actual no se limita a los resultados. Encuentra en Scaloni, nacido en el sur santafesino, la cercanía de un hombre de pueblo y reconoce en el cuerpo técnico un perfil que después se refleja en los futbolistas. “Scaloni podría ser el amigo de cualquiera de nosotros. Es muy humano, familiero, humilde, pero aguerrido. Eso se transmite a los jugadores”, afirmó.

Esa forma de representar al país es también lo que quiere transmitirles a sus hijas. “Creo que son un ejemplo que nos hace muy bien como sociedad. A los chicos los vuelve locos la Selección y tienen referentes que realmente son positivos. Sobran cosas para admirar de este grupo, que nos representa tan bien a los argentinos”, dijo.

Mientras la Scaloneta busca este sábado un lugar entre los cuatro mejores del Mundial, Pedro se permite imaginar otra escena. Ya no sería en el living de su casa ni frente a la cámara de un teléfono, sino alrededor de una mesa, con los jugadores, sus familias, sus propias hijas y una guitarra. “Me encantaría cantarla en un asado para todos los muchachos, con sus hijos y con mis hijas. Todos soñamos con estar en esa mesa junto a nuestros ídolos”, confesó.

También le gustaría improvisar un verso para cada integrante del plantel y llevar hasta ellos el oficio que aprendió de su padre y que hoy le permite vivir durante todo el año. Tal vez entonces Paula vuelva a mirarlo de reojo cuando se le quiebre la voz. Tal vez vuelva a decirle que no llore, aunque ella también tenga los ojos llenos de lágrimas.

Fuente: TN

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