Redes Sociales

Actualidad

“Soy atrevida y nací para esto”: quién es la abuela Yeyé, un ícono de la moda que es un éxito en las redes

Entre trajes de telas de distintos géneros, colores vívidos, mucho brillo y plumas. Detrás de anteojos de todo tipo, minifaldas y estampas... está ella, no solo con un estilo único, sino con una personalidad avasalladora y frontal.

Sentada en un sillón fucsia, con lentes de sol inclusive estando en el living de su casa, las plumas y los brillos que sobresalen de su placard y las fotos de un pasado de escenarios y pasarelas que adornan los muebles. Aun hoy, a pesar de los años, Yeyé deja destellos de eso tan innato que, asegura, siempre la va a acompañar.

Yeyé se llama Isabel, pero nadie la conoce así. Su manera de encarar la vida la llevó a ser, como se autodenomina, “atrevida”. Y no desde una connotación negativa, sino desde ese ímpetu de no quedarse con las ganas de hacer hasta lo más insólito, sin pensar en el qué dirán y poniéndole el pecho al paso del tiempo.

Pasaron películas, pasó el modelaje, llegó la familia, las hijas, los nietos y el cambio de época, pero hay algo que nunca se modificó: emulando a la recordada frase de Francella en El secreto de sus ojos, Yeyé nunca pudo cambiar de pasión. Y su pasión la viste todos los días.

Sí, a pesar de los años, ella nunca dejó de ser un ícono de moda. Es por eso que, asegura, si pudiera, dormiría vestida, peinada y lista para cualquier eventualidad. Y su amor por vestir bien también lo comparte con el resto, porque le encanta dar tips para que otras abuelas nunca dejen de sentirse únicas. “Me gusta que la mujer esté bien vestida y elegante a determinada edad”, dijo en diálogo con TN.

Una artista de pura cepa

“Trabajé desde que estaba en los brazos de mi mamá, ahí hice mi primera película. Después seguí la carrera y hasta conocí a Ralph Pappier, un reconocido director de cine de Estados Unidos que vino a filmar acá y me eligió a mí. Era chica, no me daba cuenta de lo que hacía. En aquel momento grabé Escuela de campeones”, precisó Yeyé.

Ese inicio la llevó a otro éxito: El hincha con Diana Maggi y Enrique Discépolo. “Ahí tuve un papel más grande y conocí muchos directores. Yo nunca fui a pedir trabajo, a mí me veían y me decían ‘la quiero’”, se sinceró entre risas.

“Fui modelo para Piazza (la empresa de griferías) y para otras marcas. Estaba en un estudio trabajando para una película, me vieron y me dijeron ‘tenemos un trabajo para usted, pero de modelo, queremos su estampa’ y ahí comenzó todo. Me venían a buscar. No lo digo con arrogancia, lo digo de verdad porque soy tímida, no me sentiría segura ofreciéndome y así sí, porque me daba la seguridad de que era lo que ellos querían”, señaló.

De aquella recordada publicidad, Yeyé menciona cada detalle. “Mi contacto en publicidad me dijo ‘el señor Piazza quiere hablar con usted’. Hablamos, me llevó a cenar con la madre para mostrarme que lo que me quería proponer era serio. Me preguntó ‘¿usted se bañaría en una vidriera?’, le pregunté: ‘¿desnuda?’. Era en calle Florida, salí con una toalla, mojé todo para que vieran que me bañaba de verdad. La gente se subía arriba de los autos para verme, me tenían que sacar con la policía. Era una propaganda hermosa porque nunca se volvió a ver. Yo fui atrevida en ese sentido, ¿quién iba a hacer eso? Una cara dura como yo“, insistió divertida.

Pero con lo que jamás bromea, sino que lo dice con una certeza y seriedad absoluta, es cuando habla de su objetivo en la Tierra. “Es lo que soy. Uno siempre lo lleva al fuego sagrado adentro de lo que sabe hacer”, sostuvo Yeyé.

Después de los años de éxito en la actuación y el modelaje, dio un cambio rotundo: se casó, tuvo tres hijas y dejó todo para dedicarse a su familia. “Pero nací para esto, no sé hacer otra cosa”, aclaró.

La moda, un estilo de vida

Sin embargo, pese a los cambios, la vida y las transformaciones, lo que para ella no quedó demodé nunca fue su amor por vestirse bien. “La moda es todo, soy ‘pilchera’. Yo no me visto de vieja, tampoco de jovencita: me visto de señora, pero elegante. Prefiero tener dos trapos buenos y no un montón malos”, resaltó.

Por eso, aseguró, no usa cualquier cosa, sino que le gusta elegir con qué va a combinar ese día. “Voy variando según la moda, soy una mujer grande que se viste a la moda, ¿qué voy a hacer, me voy a poner más vejez encima? No. La mujer tiene que estar bien vestida y elegante a determinada edad", remarcó con entusiasmo.

Es por eso que, insistió, sus prendas son únicas. Inclusive, aseguró que fue la primera mujer argentina en usar minifaldas. “Si pudiera dormirme toda vestida y arreglada, mejor, porque una nunca puede saber lo que va a suceder”, manifestó con total confianza en sí misma. Para la abuela, vestir bien no es algo frívolo, es una manera de ver y encarar la vida. Y eso, sostuvo, no tiene que ver con la posición socioeconómica, la edad ni el estilo: se trata de una cuestión de actitud.

“Me visto moderna, con buenos colores, pero con lo que me queda bien”, remarcó y contó que su principal consejo de moda es tener bien el pelo. “Los accesorios los voy variando, pero tengo un amplio placard. Los anteojos son un look, no tengo nada en la vista, pero me los pongo porque me gustan, como no uso maquillaje, jamás usé nada en la cara y me molesta la pintura, solo uso un poco de delineador y nada más, entonces uso anteojos”, insistió.

“Para mí, la moda es un estilo de vida, nací así. Soy atrevida porque siempre me atreví a usar lo que otros no lo usaban”, sumó.

Las redes y la vuelta de la pasión

Hoy Yeyé es una estrella en redes. Un día, entre la rutina, las visitas y la actitud avasalladora de la abuela, la humorista Cami de los Santos, su nieta, decidió compartirla con todos. Ahora hacen contenido juntas, mostrando ese vínculo de abuela-nieta, con sus risas, sus peleas y sus miles de momentos llenos de elogios y amor.

“Camila no me repite las cosas, yo lo hago como me sale, son años”, aseguró y reafirmó que no tiene libreto. “A mi me gusta la exposición en redes porque he nacido para eso”, agregó.

Y sobre uno de los comentarios que más se repite en los posteos, Yeyé respondió: “Soy de Leo, el mejor signo del zodíaco. Es pagado de sí mismo, Leo es de quererse mucho, le gusta que los demás lo miren, lo adulen, lo quieran, él da todo pero quiere recibir la gratificación del otro lado”.

Entre sus comentarios divertidos, su humor y carácter único, a Yeyé también la acompaña una familia que siempre está sosteniéndola. Para Cami, mostrarla en redes fue, de alguna manera, no solo permitirle jugar, sino compartir con todos los demás eso tan especial que tiene su abuela. “Con los videos arrancamos porque es muy histriónica, sí o sí tenía que grabar eso, me parecía espectacular que siendo mi abuela muestre los looks, cómo se viste, lo que se pone, cómo se arregla. Ojalá tuviese yo ese ego para mostrarme porque ella es así cómo la ven y la escuchan”, dijo entre risas, abrazada a Yeyé. “Me parecía que estaba lindo para mostrar a otras abuelas, la relación de abuela-nieta”, sumó.

“Nuestro vínculo es bárbaro, porque esta me salió parecida a mí en lo que eligió”, dijo cómplice la abuela. Es que Cami, desde el humor, también se dedica a la actuación con su unipersonal Estoy relajada (@estoyrelajada.obra).

“La gente nos pone comentarios re lindos, nos dicen cosas lindas de sus looks, de cómo lleva la vida, de que es positiva, que les dan ganas de vestirse así. Yo soy un poco más tímida de verdad en relación a lo que es ella, yo soy más tranquila. Ella se dedicó más al modelaje, se atrevió mucho más, pero si conectamos mucho con la actuación, al grabar algo, son momentos que disfrutamos mucho”, sostuvo Camila.

Sobre su infancia con Yeyé, recordó: “Mi mamá trabajaba mucho y ella se quedaba mucho con nosotros, con mis hermanos. Tuvimos muy presente la energía femenina en casa, mi mamá estuvo presente y ella también nos llevaba y nos traía”.

Hoy Yeyé acompaña a Cami en cada función y hasta, a veces, se sube al escenario. “No es siempre porque me quedo sin función, sino”, dijo entre risas. “Pero ella estuvo durante todo el proceso, toda mi familia, mi obra trata un poco de mi niñez, de cómo arranque y cómo está presente”, completó.

Abrazadas, de la mano, acompañadas, Cami no se desprende de ella ni la pierde de vista. No solo la graba, juega, recuerda esas tardes juntas y la sigue en esa vitalidad que, pese al paso de los años, pareciera estar más presente que nunca.

Para Yeyé, Cami es un poco su heredera y en su mirada no deja esconder la ternura que le brota cuando entre las dos deciden compartir un momento especial y ese amor tan único.

Fuente: TN

Actualidad

Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA

Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.

En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.

Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.

Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.

Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026

En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:

  • Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 $2.603.556,33.
  • Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
  • Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.

Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA

De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:

  • En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
  • En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 $1.651.798,05.
  • No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.

La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto

La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.

Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.

La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustiblesAlimentos y bebidas no alcohólicasSalud Transporte.

Fuente: TN

Sigue leyendo

Actualidad

Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba

Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.

El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.

“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.

De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.

Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.

La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.

Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.

Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.

Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.

Fuente: TN

Sigue leyendo

Actualidad

Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”

La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.

El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.

El comienzo del sueño

Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.

Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.

A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.

No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.

Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.

Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.

Una idea

Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.

Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.

Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.

Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.

Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.

Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.

Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.

El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.

El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.

Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.

Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.

Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.

Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.

La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.

Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.

Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.

El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.

Fuente: TN

Sigue leyendo
Advertisement

Nuestro Clima

Facebook