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Toneladas de sal y carbón: el dibujo monumental de Matías Duville que representará a la Argentina en Venecia
Egresado de esa experiencia fecunda llamada Beca Kuitca para Jóvenes Artistas, entre otros espacios de formación, al marplatense Matías Duville la suerte lo encontró trabajando. Con una obra prolífica y reconocible (esos raros paisajes entre terrenales y lunares) que surge en torno a recuerdos y vivencias. Una infancia patagónica y el impacto de unos bosques petrificados. Una vida en conexión con el mar, que lo lleva por el mundo como surfista, buscando olas. Y una mirada distorsionada de ciudades, de cartografías urbanas extrañadas, que viene de algún lugar en su cabeza.
Ha expuesto enormes anzuelos inquietantes. Y oscuros montículos de carbón, igual de perturbadores. Su dibujo es la base de un trabajo de búsquedas y experimentación con diversos materiales y soportes. Con imagen, con sonido. Algunos, de grandes dimensiones, le dejan las manos negras como las de un minero.
Ahora prepara el dibujo más grande de su vida, que ocupará el pabellón argentino de la Bienal de Venecia. Se presentó a la convocatoria por sexta vez y por fin resultó elegido con un proyecto llamado Monitor ying yang, que está tomando forma. Un dibujo monumental hecho con dos materiales amigos de su trabajo: carbón y sal. Treinta toneladas que llegarán en barco hasta los galpones del Arsenale veneciano para construir un diseño en el suelo del pabellón. Sí, será pisado, caminado, modificado por las personas. Entre otras cosas que sucederán ahí, en la que promete convertirse en una de las puestas más asombrosas del año.
Duville es, además, el primer artista que va a la exposición internacional más importante del mundo ya sin financiación estatal. Su obra, curada por Josefina Barcia, y que el público de todas partes podrá visitar entre mayo y noviembre, fue financiada íntegramente por privados. En buena medida convocados por la galería que lo auspicia, “Barro”.
En su precioso taller y hogar de Belgrano, Duville responde sobre esto con cierta resignación. Aunque desde que se conoció la noticia de su nombre no le quedó otra que comentarlo y ya está acostumbrado. Elegido entre 69 proyectos, un récord de convocatoria Monitor ying yang destacó “por lo inédito de su propuesta de gran calidad”, según dijo Adriana Rosemberg, de PROA. Integrante de un jurado que completaron Amalia Amoedo, presidenta de la Fundación Ama Amoedo, Sergio Baur, presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes, Rodrigo Moura, exdirector artístico del MALBA, Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes, Tulio Andreussi Guzmán, presidente del Fondo Nacional de las Artes y Eugenia Usellini, presidenta de la Fundación del Museo Castagnino.
“Lo terminaron financiando coleccionistas privados, fue la manera de hacer frente a un proyecto que requiere inversión”, dice. “Las cartas están tiradas y uno tiene que trabajar para dar lo mejor. Pienso que nada debe sacarme del foco más importante, que es generar la mejor versión posible de ese proyecto. Y en esta edición las cartas son así. Ya con las bases se sabía que era así, que uno tenía que financiarse. Hubo todo un equipo de gente de apoyo de mi galería buscando fondos y los consiguieron”.
Una de las cosas que sorprende primero de su propuesta es que se trata de un dibujo en el suelo, donde será, por supuesto, modificado. “El pabellón argentino es un espacio increíble, pero complejo. Entonces, en vez de enfocarme en las columnas, las paredes o el techo, pensé en hacer una experiencia transitable, en el suelo”, cuenta. “Y manejé varios layers como lo sonoro, la iluminación, el dibujo en una escala así, expansiva. Un dibujo sobre el suelo hecho con dos minerales, sal y carbón. Hay como distintas terminales de contenido, y me encanta cuando pasa eso, cuando parecería que uno lo pensó muy racionalmente y está todo atado, pero en realidad fue todo lo contrario”.
-Sal y carbón son dos materiales que te acompañan y, a la vez, tienen mucha simbología.
-El carbón tiene una conexión muy fuerte en el dibujo. En mi trabajo, es el carbón vegetal que me lleva a varios lugares: las cenizas, un mundo en extinción, los antiguos bosques sepultados en capas, en las profundidades. El carbón emerge y me hace pensar en el territorio.
-Y la sal es el mar.
-Sí, el mar y la condensación de los antiguos océanos. En mi trabajo hay algo muy fuerte con la idea del océano como si fuese una analogía: entre el misterio de la profundidad de la mente y el misterio de la profundidad del mar. Para los que nos criamos en el mar hay algo muy natural, jugamos con el mar, además soy surfista. Somos afectados por el mar. Pero también me gusta como la mugre de las grandes ciudades. El ir y venir entre la naturaleza y la ciudad, entrar y salir, me parece enriquecedor.
Los que entren al pabellón argentino de la Bienal vivirán una especie de experiencia inmersiva. En la que sus movimientos, y las partículas de polvo que generen, producirán alteraciones de un sonido en el que trabajó el artista, en colaboración con el músico Alvise Vidolin y los del Centro di Sonología Computazionale de la Universidad de Padua. Como resultado, cada vez que se visite el pabellón el sonido será distinto. Centolla Society se llama la banda que Matías tiene con su hermano Pablo. Y que define como un sonido que va desde banda pop a muy experimental.
“Hicimos muchos proyectos en este terreno de la escena del arte, y tenemos una gran biblioteca de sonidos inventados. Siempre pensé que el sonido era algo muy importante. Hay una lógica del sonido que sigue un poco la lógica de la imagen, de la narrativa, del dibujo que tiene que ver con con lo abstracto, pero también con ciertas escenas dinámicas paisajísticas, u otras más estáticas. El sonido viste. Pero es muy difícil explicar qué va a sonar”.
Duville habla y reflexiona, jugando con su timidez, entre obras de gran formato que se roban la mirada. No hay forma de no preguntarle por esos paisajes, coloridos o en blanco y negro, como mapas de un mundo extraño en el que perderse. Vastedad, descampados naturales: palabras suyas. “Mi papá era químico, pero también estaba vinculado con con la biología marina”, cuenta. “Y en los 80 viajábamos mucho al Sur, a Madryn y más lejos todavía. Mi papá hacía documentación, de geología, para publicaciones que eran más de del ámbito académico. Lo acompañábamos y de pronto aparece ese bosque petrificado, esos primeros encuentros con el paisaje primitivo y en expansión. Nos traíamos troncos petrificados, puntas de indio y esas cosas que ahora están totalmente prohibidas”.
Acaso, la condensación de su trabajo, para usar una palabra suya, se encuentre en el dibujo de su vida. En la Bienal de Venecia que abre en mayo y se queda hasta noviembre. Una obra que resume la idea del cambio constante que le interesa. “Se visita un terreno, se lo camina, se mezclan los materiales. Y que el espectador se sienta adentro de esa materia y del ADN de ese gran paisaje”.
Fuente: TN
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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA
Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.
En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.
Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.
Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.
Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026
En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:
- Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 y $2.603.556,33.
- Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
- Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.
Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA
De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:
- En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
- En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 y $1.651.798,05.
- No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.
La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto
La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.
Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.
La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; Alimentos y bebidas no alcohólicas; Salud y Transporte.
Fuente: TN
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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba
Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.
El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.
“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.
De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.
“Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.
La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.
Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.
Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.
Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.
Fuente: TN
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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”
La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.
El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.
El comienzo del sueño
Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.
Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.
A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.
No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.
Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.
Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.
Una idea
Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.
Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.
Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.
Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.
Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.
Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.
Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.
El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.
El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.
Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.
Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.
Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.
Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.
La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.
Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.
Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.
El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.
Fuente: TN