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Es de Mar del Plata, trabajó como albañil y busca hacer historia en la UFC: la historia de Kevin Vallejos
El crecimiento y el desarrollo del talento argentino en las artes marciales mixtas (MMA) es cada vez más notorio. En los últimos años se dio un gran auge en la UFC, la empresa más importante del mundo, y uno de los máximos exponentes de la actualidad es Kevin “Chino” Vallejos, que este sábado hará historia: será el segundo peleador del país en encabezar una cartelera estelar y peleará ante el experimentado Josh Emmett en Las Vegas.
El peleador marplatense de 24 años habló en exclusiva con TN sobre esta posibilidad. Además, relató sus inicios cuando trabajó de albañil junto a su hermano, su primer contacto con las artes marciales, su impacto en la UFC y la oportunidad de hacer historia. “Es simplemente ir y buscar lo que es mío“, afirmó.
Sus inicios como albañil con su hermano en Mar del Plata a ser estrella en las MMA
El nombre de Kevin Vallejos comenzó a hacer mucho ruido en las MMA de la Argentina hace tiempo. El marplatense comenzó su carrera como amateur desde muy chico, decidido a dejar una huella con su nombre.
Sin embargo, todavía mantiene su perfil bajo y una humildad sorprendente. “No tengo nada especial, soy alguien completamente normal como cualquiera. Lo he dicho en varias ocasiones, no tengo ningún talento que digo, ‘lo dejo para las peleas’”, aseguró en diálogo con TN.
“Realmente soy alguien muy tranquilo, siempre trabajé, siempre estudié, no tengo nada, algo distinto o algo que me haga especial, ja”, afirmó.
Y agregó: “Siempre he estudiado de chico, hice la secundaria, he trabajado desde muy chico, desde los 13 años hasta los 17 más o menos. A los 18, ya empecé a pelear”.
A pesar de su corta edad, Vallejos sabe lo que es ganarse la vida con sus manos, literalmente. “Siempre trabajé en la construcción, he trabajado de muy chico en carpintería, en aserraderos y demás, pero después ya de grande hubo un año con mi hermano que hacíamos pozos ciegos, trabajos pesados”.
Su primer contacto con las MMA
Como suele suceder en la Argentina, el primer contacto de Kevin Vallejos con el deporte se dio a través del fútbol, en la calle, con amigos y vecinos.
“Yo antes jugaba fútbol, pero ni siquiera en un club porque realmente era caro pagar botines, ropa, viajes y demás. Así que no, no se me dio. Jugaba fútbol en la calle como cualquier otro argentino de esa edad”, contó.
A sus 16 años, tuvo su primer contacto con las artes marciales mixtas, casi por casualidad, por pura curiosidad: “Después llego a Batán (localidad a 12 kilómetros de Mar del Plata), a un gimnasio de MMA en el que me anoté porque sí, porque yo no conocía el deporte, no sabía lo que era”.
Sin embargo, el talento natural brotó y lo convirtió en un gran prospecto: “Me anoté y poco a poco me fui enamorando del deporte; cada vez quería entrenar más, cada vez me iba mejor, veía un avance más grande que los demás. A los seis meses ya había debutado como amateur e hice toda mi carrera con 13 peleas, así que poco a poco se dio el amor y la pasión por el deporte”.
Luego de este camino como aficionado, con muchos éxitos, el Chino se decidió por dar el salto al ámbito profesional: “Junto a mi profesor quería ser profesional a los 18 años. Después vino la pandemia y nos dejó frenados, pero fue una idea que poco a poco se fue implantando cada vez más en mi cabeza y se fue haciendo más grande la ilusión de tomar esto como una carrera".
Sin embargo, no todo fueron alegrías y hubo momentos de incertidumbre, dudas e incluso pensamientos que incitaban a dejar todo: “Obviamente, he tenido altos y bajos donde he querido renunciar, he querido dejar e irme a buscar un laburo como toda persona normal. Gracias a Dios no escuché ese tipo de palabras en mi cabeza y seguí con este sueño“.
Su llegada a la UFC con tan solo 23 años
A lo largo de este camino, Vallejos tuvo más puntos altos que bajos. Y eso quedó en evidencia con un llamado para pelear en la UFC, la empresa más importante de MMA del mundo.
Por su gran talento, fuerza y capacidad para dar espectáculo a los fanáticos, este llamado llegó de manera muy rápida, tanto que incluso lo sorprendió. “He trabajado muchísimo, he hecho siete peleas en un año”, comentó.
Pero el punto de inflexión se dio en el 2023 luego de la pelea por el título sudamericano de peso pluma en Samurai Fight House ante Eduardo Garagorri, en la que el Chino retuvo su cinturón por nocaut técnico en un despliegue impresionante de técnica y poderío dentro del octágono.
“Después se me dio la oportunidad de pelear contra un ex-UFC, Eduardo Garagorri; creo que eso fue lo que me abrió la puerta para pelear en el Contender. A la semana de haber ganado, me dijeron: ‘Che, tenés un llamado para el Contender Series, vas a pelear contra Jean Silva’. Y ahí ya creí que era real y me fui a pelear nomás a las grandes ligas”, recordó sobre su combate del 5 de septiembre de 2023.
Kevin Vallejos, un pibe normal que es figura en la UFC
Tras este llamado para pelear en el Dana White’s Contender Series, Kevin Vallejos defendió dos veces su título en Samurai Fight House y ganó su contrato en la UFC el 24 de septiembre del 2024 luego de vencer a Cam Teague por TKO, tras mostrar su poder de golpeo y maravillar al presidente de la compañía y a los fanáticos.
Dentro del plantel oficial de la UFC, el Chino no aflojó: lleva tres victorias consecutivas, con grandes espectáculos, dos de ellas por nocaut. Además, cuenta con un récord de 17 triunfos y una sola derrota en su carrera profesional. Esto le dio una notoriedad importante y comenzó a grabar su nombre como un peleador a tener en cuenta.
Sin embargo, mantiene sus pies sobre la tierra de manera impactante y explicó los motivos. “La verdad es que no le doy mucha atención a eso y trato de no ponerme el papel de ‘uy, sí, ahora soy muy reconocido y demás’. Por suerte, en Mar del Plata y mi equipo siempre me ha tratado de la misma forma. Eso es algo que me ha ayudado muchísimo. Capaz que voy a otro gimnasio y dicen: ‘Uy, el Chino’. En mi gimnasio no; a veces también me dicen: ‘Uh, este ya vino de vuelta’, ja, en chiste, claro. Eso es lo que me pone como, ‘bueno, soy igual, soy la misma persona’”, contó.
Y agregó: “No me gusta que me traten diferente, no me gusta que me den otro tipo de atención. Más que nada ahí en mi casa, que es el gimnasio”.
Por supuesto, su trato con los fanáticos es muy cercano y es un gran impacto personal el cariño que recibe: “Obviamente, soy consciente de la gente. Cada vez que voy a un evento, que voy al Samurai, o voy a un evento regional, se nota muchísimo la cantidad de gente que siempre está ahí pendiente a sacarse una foto, a un saludo, y la verdad que me llena de orgullo. Me pone muy contento que la gente se me acerque con buena onda, con buenas intenciones”.
A pesar de los flashes y los autógrafos, Vallejos busca mantenerse en su perfil bajo: “Hasta el día de hoy me sigue sorprendiendo, me sigue dando vergüenza. No soy alguien que diga: ‘Uy, sí, amo las cámaras’. No, sinceramente no me gusta, ja. No me gusta ser el centro de la atención, no me gustan las cámaras... Pero entiendo el fanatismo de la gente y, sinceramente, lo tomo con mucho cariño. Sé que es parte de todo esto y me pone contento. Que chicos, a veces de 13 o 14 años, me reconozcan, es un crecimiento en el deporte”, aseguró.
El crecimiento de los argentinos en la UFC y la posibilidad de tener un evento en el país
Kevin Vallejos es uno de los siete peleadores argentinos dentro de la órbita de la UFC, un número que refleja el gran momento de las MMA de nuestro país.
“Hay un crecimiento muy grande. Yo, que estoy viviendo en la Argentina, veo muchísimo el fanatismo, cómo creció y cómo se los reconoce a los deportistas hoy en día. Capaz que viene Sofía (Montenegro) y le hacen una nota, viene Esteban (Ribovics) y le hacen una nota, voy yo y me hacen una nota. Cosa que antes se veía muy poco”, afirmó.
“En la camada de Santiago (Ponzinibbio), Pepi (Staropoli), el Ninja (Guido Cannetti), muy poca gente conocía el deporte. Hoy en día se nota muchísimo el reconocimiento. Además, somos bastantes hoy en día. En su momento eran tres; hoy en día ya somos siete, y yo estoy seguro de que se va a haber más porque hay muchísimo talento”, agregó.
Este gran crecimiento y el rendimiento mostrado por los peleadores y peleadoras dentro del octágono hicieron que los rumores sobre un posible regreso de la UFC a la Argentina con un megaevento estén cada vez más cerca de convertirse en realidad.
Sin embargo, Vallejos prefiere no apurar las cosas y no cargarse esa responsabilidad. “Yo entiendo que es cuestión de tiempo. Hoy en día la Argentina tiene mucho renombre, tiene muchos peleadores dentro de la compañía y sé que hay más talento: se puede completar una cartelera solo de argentinos”, aseguró con contundencia.
Y agregó: “No me lo quiero poner como presión ni nada; yo sé que estamos haciendo nuestra parte. Ya peleando y representando, estamos haciendo una gran parte”.
Como parte de su humildad característica, el Chino destacó a Ailín Pérez como una de las máximas impulsoras para que se pueda llevar a cabo este evento. “Yo siento que es la que más hizo hoy en día, es la que más próxima está a un evento por el título. Yo siento que si vuelve la UFC a la Argentina, ella se merecería el lugar de evento estelar, porque realmente está muy bien rankeada, viene con muy buena racha y está pronta para el título”.
Además, dejó un deseo personal que reflejó la camaradería que hay entre los argentinos: “Dios quiera que estemos todos; todos nos conocemos. A Ailín la conozco de eventos regionales, lo mismo que a Francisco (Prado), a Esteban (Ribovics), a Sofía (Montenegro), a Julieta (Martínez); todos nos conocemos, somos todos o amigos o conocidos. Así que eso es lo lindo, que estamos todos juntos como cuando peleábamos en eventos regionales, pero ahora en las grandes ligas”.
Kevin Vallejos es el segundo argentino en encabezar una cartelera de la UFC: se enfrentará a Josh Emmett
Tras solo tres peleas en la UFC, Kevin Vallejos dio el golpe: encabezará la cartelera estelar de este sábado 14 de marzo ante el experimentado Josh Emmett con transmisión exclusiva de Paramount+. El peleador argentino viene de tres victorias consecutivas y de noquear al georgiano Giga Chikadze de manera espectacular, en una acción que fue de las mejores del 2025.
“Fue una gran sorpresa tanto por la pelea como por el Main Event. En mi cabeza era una pelea más y, bueno, como máximo, una pelea en la cartelera principal, pero ser el evento estelar, el que encabeza todo, realmente fue una sorpresa muy grande; planeaba esto mismo, pero de acá a dos años más, ya con más renombre“, afirmó con notoria sorpresa.
Y agregó: “Vivirlo hoy en día, con solamente un año de experiencia dentro de la compañía y con tan pocas peleas, es una sorpresa muy grande y la verdad es que estoy más que contento”.
En la previa de este gran desafío, Vallejos está seguro de sí mismo y tuvo una preparación ejemplar: “Me siento tranquilo, sé que hice un gran campamento, hice un buen entrenamiento. Fui a San Pablo, a Brasil, con Team Mineiro para prepararme como lo vengo haciendo en estas peleas. Siento que ya está, mi trabajo ya está hecho. Hoy en día ya queda en manos de Dios que escriba mi historia y ver cómo sigue”.
Además, palpitó este combate entre dos strikers con mucho poder: “Yo siento que hice el campamento perfecto, no tengo lesiones ni nada: es simplemente ir y buscar lo que es mío. Así que es un choque de estilos, un choque en el que a los dos nos gusta ‘fajarnos’; va a haber muchísima sangre o un nocaut brutal, seguramente”.
Pese a su confianza, el Chino sabe que no la tendrá nada fácil ante el peleador estadounidense de 38 años. “Me cuesta a veces verme noqueándolo, porque es una persona muy dura, muy fuerte. Sería un gran logro noquear a una persona que prácticamente no ha sido noqueada, solamente una vez. Pero tengo esa visión (de noquearlo), o si no, una guerra a cinco rounds”.
Entre sus 17 victorias, Vallejos cuenta con 12 triunfos por nocaut y dos por sumisión. Además, es un peleador muy enérgico: terminó ocho de sus peleas en el primer round.
“Muchísima gente se ha quejado de que mis peleas son muy rápidas, ja. Si quieren una pelea en la que haya más acción, en la que tengan que esperar y que no sea solamente abrir la lata de cerveza y ya se haya terminado la pelea, esta va a ser una gran oportunidad”, aseguró.
Y cerró: “Les puedo prometer que vamos a dar un gran show. Sé que no me va a noquear, sé que él va a dar todo por eso y yo también; yo vengo a robarle el puesto, vengo a robarle el lugar y llevarme la victoria para la Argentina, para mi familia, para todo mi equipo. Así que les pido que estén ahí pendientes con un asado y nada más".
Fuente: TN
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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA
Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.
En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.
Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.
Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.
Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026
En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:
- Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 y $2.603.556,33.
- Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
- Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.
Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA
De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:
- En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
- En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 y $1.651.798,05.
- No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.
La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto
La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.
Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.
La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; Alimentos y bebidas no alcohólicas; Salud y Transporte.
Fuente: TN
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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba
Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.
El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.
“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.
De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.
“Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.
La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.
Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.
Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.
Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.
Fuente: TN
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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”
La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.
El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.
El comienzo del sueño
Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.
Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.
A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.
No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.
Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.
Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.
Una idea
Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.
Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.
Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.
Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.
Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.
Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.
Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.
El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.
El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.
Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.
Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.
Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.
Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.
La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.
Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.
Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.
El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.
Fuente: TN