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Frases prohibidas: 8 cosas que los padres senior nunca deben decirles a sus hijos adultos

Mario Alonso Puig es un cirujano general y del aparato digestivo, que practicó su especialidad durante 25 años en hospitales de Estados Unidos y de España. Pero a partir del 2002 fue dejando poco a poco el ejercicio de la medicina para consagrarse a la investigación y la docencia en la temática del desarrollo personal y profesional.

Desde hace más de 20 años trabaja con importantes empresas del mundo como conferencista, docente y coach. Su expertise se centra en el liderazgo, los equipos, la gestión del cambio, la salud y el bienestar, entre otras áreas.

Sus exposiciones y consejos están siempre enmarcados en las categorías de la filosofía estoica, y van acompañados de citas de los principales pensadores de esa escuela: Séneca, Epicteto y Marco Aurelio.

En uno de sus podcasts, Mario Alonso Puig da una lista de 8 frases prohibidas, cosas que, dice, “aun siendo ciertas, nunca deberías decir frente a tus hijos adultos”. No necesariamente porque sean falsas, pueden no serlo en muchos casos, “sino porque la auténtica sabiduría estoica nos recuerda que hay momentos en los que el silencio tiene más fuerza que las palabras”.

“Te lo dije…”

La primera frase que no se debe decir nunca a un hijo adulto, según Mario Alonso Puig (en adelante MAP), es, frente a un yerro o fracaso, es el famoso “te lo dije”, o sus variantes (“mirá que te avisé”; “yo ya te lo había advertido”, etc).

“Los estoicos entienden algo profundo sobre la naturaleza humana. La experiencia es el único maestro que realmente educa el alma. Cuando tu hijo adulto viene a ti con una relación rota, un negocio fallido o una decisión financiera desastrosa, lo último que necesita es que le recuerdes tu sabiduría previa”, dice MAP. En esa circunstancia, el hijo “ya está aprendiendo la lección” que sus padres querían enseñarle “hace meses o años”.

Cada persona recorrerá su propio camino y es muy difícil, por no decir imposible, transmitir la experiencia, porque ésta surge de la vivencia.

El que pronuncia esa frase, dice MAP, en realidad está “más preocupado por demostrar que tiene razón que por ayudar (al hijo) a levantarse de su caída”.

Luego señala que si el hijo, luego de una equivocación, vuelve a apelar a los padres por ayuda, les “está demostrando una confianza extraordinaria” y “reconociendo implícitamente su sabiduría y su amor”. Entonces, “¿por qué destruir ese momento sagrado con un te lo dije?” ¿Cómo se debe reaccionar. MAP sugiere: “Todos hemos estado ahí, ¿en qué puedo apoyarte ahora?”

“En mis tiempos…”

La segunda frase vedada es la también clásica: “En mis tiempos esto no pasaba”.

Al decir eso, se está invalidando la experiencia presente del hijo, dice Puig. “Estás diciéndole que su realidad no es válida, que sus desafíos no son reales, que su contexto no importa”. MAP recuerda que para los estoicos cada generación enfrenta los desafíos de su tiempo con las herramientas de su tiempo. Irónicamente, es un error que se comete a pesar de haber sido víctimas de él, porque seguramente los padres de esos padres también les dijeron en su momento: “En mis tiempos….”

Recuerda el concepto del filósofo estoico Séneca: memento vivere, recuerda vivir. Es decir, “la vida sucede ahora, no en el pasado”.

“Tu hijo enfrenta crisis económicas que tú no conociste. Vive en un mundo donde la privacidad prácticamente no existe, donde las redes sociales han redefinido las relaciones humanas, donde el mercado laboral cambia cada cinco años. Sus desafíos son tan reales y válidos como lo fueron los tuyos en su momento”, señala MAP.

Y aconseja: “En lugar de aferrarte a tu época como el estándar dorado, podrías preguntarte: ‘¿Qué puedo aprender del mundo de mi hijo? ¿Qué sabiduría nueva está emergiendo de sus desafíos únicos?’”

“Mirá tu hermano…”

Esta es una frase que MAP no duda en calificar de “devastadora”: la comparación de un hijo con su hermano o con los hijos de otros. “Es quizás una de las heridas más profundas que podemos infligir”, dice y señala que se está sembrando “resentimiento”, donde se debería sembrar “autodescubrimiento”, porque cada persona tiene su singularidad y debe hallar su propio camino. “Cuando le dices ‘si fueras como tu hermano…’, lo que tu hijo realmente escucha es: ‘No eres suficiente como eres’, y esa herida puede durar décadas enteras”.

La virtud estoica, dice MAP, no se mide comparándose con otros, sino desarrollando el propio carácter.

Otro efecto destructivo de esta frase es que puede generar rivalidad fraternal ya que las comparaciones pueden estar “envenenando la relación entre hermanos, que debería ser una de las más puras y duraderas de sus vidas”.

Tambié deja una enseñanza negativa: “Estás enseñando a tus hijos que el amor parental es condicional y se distribuye según el rendimiento comparativo”.

La postura estoica indica que, en lugar de comparaciones, se debe practicar “lo que llamaban simpatía, la comprensión de que todos estamos interconectados, pero cada uno cumple un papel único en el gran teatro de la vida”, dice MAP. En palabras de Séneca: “Cada alma tiene su propia música. No trates de que toque la sinfonía de otra”.

“Yo a tu edad….”<b> </b>

La cuarta “verdad” que un padre o una madre debe guardar para sí es: “Yo a tu edad ya tenía casa propia, estaba casado, con hijos, trabajo estable…”. Y agrega MAP: “O cualquier imposición de cronograma vital basado en expectativas externas”. Es, dice el médico y coach, “un veneno lento que destruye la autoestima y la confianza”, pero es una frase que también “revela una incomprensión fundamental de lo que los estoicos llamaban el orden natural de las cosas”, porque “cada persona tiene su propio ritmo de crecimiento y forzarlo es como intentar que una semilla crezca tirando de ella hacia arriba”.

MAP recuerda que los hijos no “navegan el mismo océano” que navegaron sus padres; se enfrentan a otras oportunidades y desafíos, en el contexto de un mundo inestable y cambiante. En cambio la frase “a tu edad, ya…” implica que los padres saben “cuál es el propósito último de la vida” de sus hijos. Pero, advierte MAP, tal vez esa diferente cronología lo prepare para otras cosas, para relaciones más maduras o para una carrera inesperada. Tal vez no sean “años perdidos”, dice, sino preparación para futuras realizaciones. “Cuando impones cronogramas externos, estás diciéndole a tu hijo que no confíe en su propio proceso de desarrollo”.

“Para esto me sacrifiqué…”

MAP es tajante en este punto: “Nunca debes verbalizar ningún recordatorio constante de tus sacrificios pasados como arma emocional”.

Por más reales que hayan sido esos sacrificios, esos esfuerzos, esos placeres postergados, ello nunca debe ser usado “como una carga emocional para tus hijos adultos”, porque eso implica que “estás convirtiendo el amor en una deuda”. Evoca la frase de Séneca: “El verdadero regalo no espera nada a cambio, ni siquiera reconocimiento”. El recuerdo constante de los sacrificios parentales desvirtúa la esencia del amor y convierte ese vínculo en una transacción comercial.

“Estás convirtiendo los momentos más puros de tu maternidad o paternidad en instrumentos de manipulación”, advierte MAP. “Cuando das esperando algo específico a cambio, no estás dando, estás invirtiendo -sentencia-. Y cuando esa inversión no produce el retorno que esperas, te sientes estafado”.

El mensaje que encierran estos reproches es que la existencia de los hijos fue “una carga, no una bendición”. El hijo como problema, no como regalo.

Epicteto, dice MAP, decía que las personas “florecen cuando sienten que su existencia es celebrada”, no “cuando sienten que su existencia requirió sacrificios que ahora deben pagar”. No significa que no se pueda recordar la propia historia, pero MAP sugiere otra forma de decirlo: “Trabajé muy duro para darte oportunidades y me siento orgulloso de lo que logramos juntos”. Y recuerda otra verdad: “Tus hijos adultos saben lo que hiciste por ellos y lo aprecian más de lo que crees, pero necesitan que ese amor siga siendo libre, no condicionado”. De nuevo acude a Séneca: “El verdadero poder de un padre no está en lo que sus hijos le deben, sino en lo que les ha dado libremente”.

“Esa persona no te conviene”

Otra gran tentación que a muchos padres les cuesta evitar. MAP dice que los padres deben mantener en silencio su opinión sobre las relaciones románticas de su hijo adulto. Nuevamente vale la enseñanza de Epicteto. Hay dos tipos de aprendizaje: el que viene de los consejos de otros y el que viene de la experiencia directa. El segundo aprendizaje es más transformador.

“Cuando le dices a tu hijo adulto que su pareja no le conviene -señala MAP- estás asumiendo que conoces mejor que él lo que necesita para su crecimiento personal”, además de estar “creando una situación terrible en la que tu hijo debe elegir entre su pareja y tu aprobación”. Puig asegura haber sido testigo de muchos casos en los que esa disyuntiva forzada hace que muchos padres pierdan la relación con su hijo.

Además advierte que de esa forma se está “interfiriendo con una de las escuelas más importantes de la vida, que son las relaciones íntimas”, pues en ellas “aprendemos las lecciones más profundas sobre nosotros mismos, la naturaleza del amor, nuestros límites personales y el significado del compromiso”.

MAP aclara que esto no significa que se deba aprobar relaciones abusivas o peligrosas. “Si hay violencia o adicciones serias involucradas, por supuesto que debes actuar”. Pero que no les guste la personalidad de la pareja del hijo no es motivo para ponerlo en palabras. Lo mejor es el silencio.

“No cambiás más…”

Otra frase que no se debe pronunciar, porque puede ser una profecía autocumplida. Para MAP, es “una de las cosas más antiestoicas” que se puede decir, porque contradice “uno de los principios fundamentales de esta filosofía: la capacidad infinita del ser humano para crecer y transformarse. Séneca escribió: “Cada día puede ser el primer día de una vida completamente nueva”.

Además, MAP advierte que “los seres humanos tenemos una tendencia psicológica a cumplir las expectativas que otros tienen de nosotros; si las personas más importantes en nuestra vida creen que somos incapaces de cambio, comenzamos a creerlo nosotros mismos”. Declarar que el hijo nunca va a cambiar, implica decirle que “él es sus errores, no que simplemente los ha cometido”. Recuerda que “el cerebro humano mantiene la capacidad de cambiar y crear nuevas conexiones durante toda la vida”. Por lo tanto, declarar que alguien “nunca va a cambiar”, implica negar “una realidad biológica fundamental”. MAP sugiere en consecuencia decir algo así como: “Sé que el cambio es difícil, pero tengo fe en tu capacidad”, y “te amo independientemente de donde estés en tu proceso”.

“No te hace falta ayuda profesional...”

Aquí apunta MAP a la “minimización de los problemas de salud mental de un hijo”. Y señala: “Esta es quizás la más peligrosa de todas las verdades, porque puede literalmente salvar o destruir vidas”. Puig destaca que “vivimos en una época en la cual finalmente estamos entendiendo que la mente, como el cuerpo, puede enfermarse, y necesitar tratamiento profesional”.

Esto es algo relativamente nuevo para muchos integrantes de la generación silver, criada en tiempos en que los problemas mentales eran “tabú” o bien vistos como signos de “debilidad de carácter”. Ir al psicólogo era “sinónimo de estar loco”. Pero, advierte, “la verdadera fortaleza a veces consiste en reconocer que necesitas ayuda”.

Pero con esta actitud, se les está enseñando a los hijos que “pedir ayuda es cobardía y que los problemas mentales son simplemente una cuestión de actitud”. Epicteto, recuerda MAP, enseñaba que “el sabio reconoce los límites de su conocimiento y busca maestros en cada área de la vida”.

“Cuando tu hijo adulto te dice que está considerando terapia o que está luchando con ansiedad, depresión o cualquier otro desafío mental y tú respondes ‘solo tienes que ser más fuerte’, le estás diciendo que sus problemas no son reales o válidos, que son solo invenciones de una mente débil”, dice MAP. El mensaje es que no se confía en el juicio del hijo sobre lo que está viviendo.

También es una reacción que, según Puig, puede venir del temor a que “el terapeuta descubra nuestros errores como padres, que nuestros hijos hablen de nosotros, que se cuestionen las decisiones que tomamos durante su crianza”. Pero, aclara, la terapia no tiene como finalidad encontrar culpables, sino soluciones. “Un buen terapeuta no está interesado en demonizar a los padres, sino en ayudar a la persona a entender sus patrones, sanar sus heridas y desarrollar herramientas para una vida más plena”, agrega.

En lugar de minimizar lo que le está pasando al hijo, en lugar de juzgar, se debe ofrecer apoyo; es una forma de validar su experiencia y su autonomía.

Conclusiones

Puig cierra su exposición señalando una importante diferencia entre “ser padre de un niño y ser padre de un adulto”. “Cuando nuestros hijos eran pequeños, nuestro trabajo era protegerlos del mundo hasta que desarrollaran las herramientas necesarias para navegar solos. Ahora que son adultos, nuestro trabajo es confiar en que esas herramientas están ahí, incluso cuando no podemos verlas claramente”.

No se trata de desentenderse por completo, sino de medir en qué momento las palabras “sanarán y cuándo lastimarán”. “Es la valentía de permitir que nuestros hijos cometan sus propios errores, sabiendo que algunos dolores son necesarios para el crecimiento”, dice. Hay que optar por la confianza por encima del control, sugiere. No se trata de una confianza ciega, “no significa que aprobemos todas las decisiones de nuestros hijos o que no tengamos preocupaciones legítimas”, aclara. “Significa que reconocemos que ya no somos los principales arquitectos de sus vidas. Somos consultores que pueden ser llamados cuando se nos necesita”, define.

Map reconoce que “cuando vemos a nuestros hijos adultos tomar decisiones que consideramos equivocadas, nuestro primer instinto es intervenir”, para evitarles un sufrimiento. Pero en ese intento, “a menudo los protegemos también del crecimiento”.

“Ser padre de un hijo adulto es una de las transiciones más difíciles que enfrentamos”, señala MAP. Durante las dos primeras décadas de vida de los hijos, los padres protegen, guían, corrigen, enseñan. Pero ahora que los hijos son adultos, se trata de “acompañar, apoyar y confiar”.

“Esta transición es especialmente desafiante porque coincide con nuestro propio envejecimiento, con la conciencia creciente de nuestra mortalidad, con el temor de que no hemos hecho lo suficiente, de que no hemos preparado adecuadamente a nuestros hijos para el mundo”, admite MAP. Pero el verdadero amor no posee, libera, recuerda citando una vez más a Séneca. El amor protector debe pasar a ser “amor empoderador”.

“Tus hijos adultos no necesitan que seas su oráculo de verdades dolorosas -concluye Puig-. Necesitan que seas su refugio seguro, el lugar donde pueden ser vulnerables, donde pueden fallar, donde pueden crecer a su propio ritmo” y “cuando practiques este silencio amoroso, descubrirás que tus hijos adultos, en lugar de defenderse de tus consejos, buscarán tu compañía”.

Fuente: Infobae

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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA

Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.

En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.

Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.

Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.

Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026

En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:

  • Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 $2.603.556,33.
  • Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
  • Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.

Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA

De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:

  • En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
  • En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 $1.651.798,05.
  • No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.

La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto

La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.

Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.

La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustiblesAlimentos y bebidas no alcohólicasSalud Transporte.

Fuente: TN

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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba

Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.

El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.

“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.

De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.

Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.

La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.

Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.

Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.

Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.

Fuente: TN

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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”

La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.

El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.

El comienzo del sueño

Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.

Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.

A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.

No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.

Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.

Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.

Una idea

Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.

Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.

Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.

Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.

Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.

Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.

Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.

El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.

El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.

Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.

Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.

Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.

Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.

La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.

Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.

Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.

El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.

Fuente: TN

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