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Desafió dos duros diagnósticos, le dijeron que no podía tener hijos y un año después ocurrió el milagro

Un baño silencioso, el agua corriendo, y un mechón de pelo escurriéndose entre sus dedos. En ese instante, Ornella entendió que su vida había cambiado. Tenía 26 años, un diagnóstico devastador y un futuro reducido a preguntas. Lo que en aquel momento no sabía era que ese viaje lleno de vértigo recién empezaba, pero que, en medio de tanto dolor, iba a nacer su mayor milagro.

Un día, la joven empleada descubrió que tenía un bulto en la mama izquierda. Enseguida fue al médico y le dijeron que era una displasia mamaria, que no había de qué preocuparse y, sin preguntarle sobre sus antecedentes familiares, la dejaron ir.

Ornella había vivido de cerca el cáncer con su padre, que lo había sufrido dos veces, y sabía de qué se trataba. Sin embargo, para aquel entonces, nada la acercaba a ese pronóstico.

El tiempo pasó y después de largos meses descubrió que el bulto seguía creciendo. Ante la incertidumbre fue su abuela quien accionó y la llevó a un centro especializado. Allí la travesía acababa de comenzar.

“Cuando llegué me hicieron una ecografía mamaria y me dijeron que lo que veían no pintaba bien, así que iban a completar con una mamografía. Ahí comenzó todo”, relató Ornella en diálogo con TN.

Un diagnóstico devastador

Corría el año 2014 y por su edad, muchos médicos no hacían mamografías hasta después de los 40 años, salvo por casos excepcionales donde hay antecedentes. Pero en esta ocasión, el estudio fue clave. “Las dimensiones no eran buenas y deciden hacerme una biopsia. En ese momento viví la angustia de esperar 15 días hasta que finalmente me llamaron del hospital para decirme que ya estaban los resultados, que vaya acompañada”, explicó.

Orne emprendió camino con su mamá y apenas llegó notó que algo no andaba bien. “Me acuerdo que me recibieron unas chicas muy jovencitas, residentes, con lágrimas en los ojos, sabiendo lo que me iban a decir”, recordó.

Y el devastador diagnóstico llegó. “Era cáncer de mama triple negativo, uno de los mas agresivos. Había que actuar ya porque tenía metástasis en los ganglios linfáticos. El pronóstico no era nada bueno”, detalló.

La noticia la impactó de llenó. “En ese momento lloré mucho porque no estaba preparada para que me den esa noticia. Nadie está preparado para que le digan ‘tenés cáncer’. Lo primero que se te viene a la cabeza es que te vas a morir, o te haces la pregunta al menos. Se me vino el mundo abajo, no sabía muy bien para dónde correr, fue una semana donde no sabía qué hacer”, contó Orne.

Los médicos fueron rápidos: a la semana, Ornella había comenzado a hacer quimioterapia para reducir el tumor que tenía un tamaño importante. Luego de ello, la idea era sacarlo. “Cuando empieza el tratamiento, la primera pregunta que se me vino a la mente es ‘¿se me va a caer el pelo?’. Y sí, se iba a a caer. Empecé con la primera sesión y a la semana me estaba bañando y veo como me caían los mechones, fue un golpe bastante duro para mí“, recordó.

“La gente te puede decir ‘te están salvando la vida, qué superficial’, pero para mí fue una bomba, un shock, que me costó, me costó volver a encontrarme con esa nueva Ornella que estaba atravesando tantos cambios desde lo físico y emocional”, señaló.

Las amistades, para entonces, fueron clave. Ella no quería aceptarlo, intentaba sostener lo que quedaba hasta último momento, pero una amiga que tenía una máquina para cortar el pelo se animó y la acompañó. “Me rapó. Fue un momento muy emotivo. Ella se quedó con mi pelo y hasta el día de hoy lo tiene”, detalló emocionada.

El tratamiento continuó, le habían realizado seis sesiones de quimioterapia y el tumor se había reducido considerablemente, por lo que restaba realizar la cirugía para sacarlo. Finalmente, la operación se llevó adelante y todo salió perfecto.

Había sido un gran paso, pero no terminaba allí. “Lo que seguía eran más quimio, más tratamiento porque al haber tenido metástasis, debían asegurarse de matar toda célula mala que haya quedado en el cuerpo”, explicó.

Del “no vas a poder tener hijos” a Isabella, el “milagrito”

Lo que se le avecinaba a Ornella era mucho más fuerte. Esta nueva etapa iba a arrasar con todo para sanarla y ahí llegó otro duro diagnóstico. “El médico me dijo ‘no vas a poder tener hijos, te doy un tiempo para que puedas congelar óvulos si querés’”, recordó. “Yo no tenía obra social, económicamente no estaba bien y tenía que comenzar con el tratamiento cuanto antes. Decidí arrancar y dije ‘seré madre de otra manera, adoptaré, si es el destino, si Dios lo quiso así por algo será’”, contó.

Así comenzó: 60 sesiones de rayos lograron barrer con todo lo malo. Finalmente, después de tanto luchar, la situación comenzaba a mejorar y ella ya podía volver a su vida. Pero en ese momento descubrió una situación inesperada. “Más o menos al año, un día, volví a menstruar. El médico no lo podía creer cuando se lo conté, lloramos juntos”, recordó Orne.

Todo comenzaba a ponerse en orden. Para entonces se había puesto de novia y había vuelto a su rutina. Pasaban cosas nuevas y buenas, pero la mejor todavía no la conocía.

Síntomas, malestares, cambios. Un día la joven decidió hacerse un test y no creyó lo que veía. “Estaba embarazada, fue un milagro, no lo podía creer. Estaba feliz, pero también con miedo porque después de todo lo que pasó por mi cuerpo me preguntaba de qué manera uno puede gestar vida y cómo iba a ser”, manifestó.

Pero esa vida se hizo presente más allá de cualquier cosa. “Tuve un embarazo hermoso, super a término, y un día llegó Isabella”, contó con emoción. “Nació con casi cuatro kilos, super sana. Ahí mi vida empezó de nuevo. Sentí que me había congelado en el tiempo, un tiempo en el que estuve muy para adentro, muy para mí, tratando de hacerme todas las preguntas, y cuando llego a ella fue arrancar una nueva vida, sana”, insistió.

“Fue un desafío haberme convertido en mamá. La llegada de Isa fue como mi salvación, todo empezó a tener sentido, como que todo lo que había pasado no había sido en vano, con la llegada de ella mi vida se volvió linda, todo el sufrimiento, los malos momentos, la angustia habían quedado en el pasado”, dijo con los ojos llenos de lágrimas y la mano de su hija agarrada a la suya.

“Cuando empecé a menstruar fue loco, pero el primer test que dio positivo fue una mezcla de llanto, de incertidumbre. Ahí me cayó la ficha y dije ‘evidentemente tenía que ser mamá’. Estaba escrito, ni la ciencia fue exacta conmigo, quizás mi propósito era ese: traer vida”, aseguró.

El segundo golpe

Cuando todo estaba acomodándose, Ornella tenía un trabajo que le gustaba y su hija -de entonces ya 6 años- crecía sana y feliz, sintió, una vez más, un bulto.

“Fue igual que la vez pasada: un bultito en la mama derecha, muy chiquito. Saqué turno con la mastóloga, me palpó y me dijo que íbamos a hacer una biopsia directamente, no le podíamos dar tiempo a nada”, explicó.

Orne, que ya estaba acostumbrada a los controles, creyó que se trataba de algo de rutina, estaba segura de que todo iba a ir bien. Para ese momento ya sabía leer con claridad los estudios que les realizaban a ella y a sus amigas, y esa capacidad fue clave cuando recibió el segundo diagnóstico.

“Me llegó por correo un sábado a las 15. Cuando veo el diagnóstico y leo ‘carcinoma triple negativo’ no lo podía creer, fue un shock, estaba en un rincón de la casa cargando el teléfono y me agarró una crisis. Me encerré en el baño y empecé a preguntar por qué, por qué otra vez, lloré mucho, sentí mucha angustia porque era de nuevo vivir todo eso que yo ya había pasado y que no quería volver a vivir. Gracias a Dios mi hija no estaba ese día porque yo estaba completamente descompensada y no podía mirarla a la cara”, recordó.

Ornella, ahora, tenía la dura situación de contarle del diagnóstico a su hija: “La vi a ella y pensaba qué iba a hacer si me pasaba algo. Yo sabía que la iba a luchar, que no me iba a dejar vencer, era fuerte, pero ahora era mamá. La senté, le conté que mamá tenia una bolita mala, que se la tenían que sacar, que iba a estar todo bien. Ahí empezó otra vez el recorrido: en este caso primero me operaron para sacarlo, porque iba a crecer muy rápido”.

“Me dijeron que se me iba a volver a caer el pelo y a la semana, otra vez, tenía mechones en la mano y, otra vez, el sostén de siempre: vino una amiga a raparme”, destacó la joven mamá. “El momento más difícil fue con Isa, ella no toleraba verme sin pelo, fue un shock muy fuerte así que fuimos a comprar una peluca y le pusimos Jacinta. Todo era ir de a poquito para que se vaya amigando a esta nueva mamá”, resaltó.

Isabella no solo lo fue incorporando, sino que también se convirtió en un gran refugio para su madre. “A medida que fue pasando el tiempo intentábamos transformar el dolor y los malos momentos en alegría, en risa y transmitirle a ella que, si bien era feo lo que estábamos pasando, era importante poder sacarle el lado positivo, buscar la manera de reírnos para que sea más fácil. Es como el mensaje que le quiero transmitir a ella, el legado que le quiero dejar: no importa lo que pase, siempre hay una lucecita al final del camino, algo de qué agarrarse para salir”, aseguró.

Y así pasó la enfermedad, una vez más. El cuerpo sanó y todo comenzó a estabilizarse. “Hoy estoy en pleno proceso de reconstrucción, es algo que marcó mi vida, primero a mis 26 años y después a mis 35. Sin duda fue algo fuerte y me ha dejado mucha enseñanza, mucha sabiduría. Quizás suena como medio trillada la frase pero es cierto que uno valora todo después. Yo exprimo cada segundo, cada minuto de la vida. Por supuesto no todo el tiempo estoy feliz pero trato de disfrutar y mirar el lado positivo. Hoy siento que estoy encontrándome devuelta conmigo, después de tanto tratamiento y medicación, hoy tengo un cuerpo diferente, soy otra persona”, aseguró.

El cáncer, igualmente, dejó sus secuelas. “Cuando me diagnosticaron por segunda vez la doctora me mandó a hacer un análisis genético porque no era común que en poco tiempo haya vuelto a hacer el mismo cáncer. El resultado fue positivo así que lo que venía era sacarme los ovarios porque, al ser genético, lo más probable era que, después de la mama, vaya a los ovarios».

Finalmente, le extrajeron los ovarios y una vez más el anuncio: “La médica me dijo ‘no vas a poder ser mamá, si querés tener otro hijo no vas a poder’, pero yo con Isa estaba recontra realizada, sentía que mi milagro ya estaba en la tierra”, reconoció Ornella.

A los 36 años, entonces, quedó menopáusica y fue un duro proceso atravesarlo, un shock que también le generó problemas físicos, hormonales, anímicos. Pero pese a todo, de la mano de Isa, Orne avanza. “Hoy estoy reconstruyéndome”, concluyó.

Fuente: TN

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Frutillas, sandías y mandarinas gigantes: las insólitas paradas de colectivo que sorprenden en Japón

Esperar el colectivo puede convertirse en una experiencia diferente en Japón. En la ruta 207, ubicada en el distrito de Konagai, en la ciudad de Isahaya, hay paradas que parecen sacadas de un cuento: tienen forma de frutas gigantes y se distinguen por sus colores intensos y sus detalles artesanales.

El conjunto está compuesto por 16 estructuras que representan frutillas, mandarinas, sandías, tomates y melones. Su diseño poco convencional transformó un tramo de carretera de la prefectura de Nagasaki en un sitio de interés para turistas y aficionados a la fotografía.

De una exposición a un atractivo turístico

La historia comenzó en 1989, cuando se instaló una parada con forma de mikan, una variedad de mandarina japonesa. La propuesta formó parte de los preparativos para recibir al público de la exposición “Nagasaki Journey”, celebrada en 1990.

Aunque fueron concebidas como refugios para pasajeros, las estructuras terminaron adquiriendo una identidad propia. Su aspecto lúdico y su integración con el paisaje costero las convirtieron en una atracción que trasciende su función original.

Catorce de las 16 paradas se distribuyen a lo largo de la ruta que conduce hacia la prefectura de Saga.

Cómo se construyeron las frutas gigantes

Detrás de sus formas llamativas hay un trabajo de diseño e ingeniería. El proyecto fue desarrollado por Time Design Office y ejecutado por Yoshitsugu Industries, en colaboración con las autoridades locales.

Las estructuras utilizan mortero y malla metálica. Los detalles de cada fruta, como las semillas, las hojas y los tallos, fueron trabajados cuidadosamente para reproducir sus características.

El resultado combina elementos de arquitectura, escultura y equipamiento urbano, con una propuesta que convierte una parada de transporte en parte de la experiencia del viaje.

El atractivo del paisaje costero

Las instalaciones adquieren especial protagonismo durante el verano, cuando sus colores contrastan con el azul del mar. El entorno ofrece un escenario que invita a detenerse, contemplar el paisaje y tomar fotografías.

Así, una idea pensada para recibir visitantes terminó convirtiéndose en un atractivo por derecho propio. Las paradas frutales de Nagasaki muestran cómo el diseño creativo puede modificar la percepción de un espacio cotidiano y transformarlo en un destino turístico.

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Orgullo chaqueño: Carlos Verza fue segundo en San Luis y va por el título latinoamericano de rally raid

El piloto chaqueño Carlos Verza tuvo una destacada actuación en el Rally Baja 250, disputado durante el fin de semana en San Francisco del Monte de Oro, provincia de San Luis, donde obtuvo el segundo puesto en la clasificación general. Con este resultado, el representante de Presidencia Roque Sáenz Peña llega con buenas expectativas al tramo final de la temporada, en el que buscará quedarse con el título del Campeonato Latinoamericano de Rally Raid.

A bordo de una camioneta prototipo construida en su propio taller, Verza afrontó las dos jornadas de competencia y volvió a demostrar su capacidad en una disciplina que exige preparación técnica, resistencia y precisión para superar terrenos complejos.

El desempeño del chaqueño representa un nuevo logro para el deporte provincial y reafirma su protagonismo en el rally raid, una especialidad que combina navegación, velocidad y resistencia mecánica.

El acompañamiento al deporte chaqueño

Verza cuenta con el acompañamiento del Instituto del Deporte Chaqueño, en el marco de la Ley N.º 1772-S, que promueve el apoyo a deportistas de la provincia.

Ese respaldo contribuye al desarrollo de representantes chaqueños que participan en competencias de alcance nacional y regional, con el objetivo de potenciar sus carreras y ampliar la presencia del Chaco en distintas disciplinas deportivas.

El objetivo: consagrarse campeón en San Juan

Después de su actuación en San Luis, el piloto ya concentra sus esfuerzos en la última fecha del Campeonato Latinoamericano de Rally Raid, SARR Series 2026, que se disputará en la provincia de San Juan del 25 al 29 de noviembre.

Verza llegará a esa instancia con posibilidades de consagrarse campeón en la categoría camionetas. La competencia será decisiva para cerrar una temporada marcada por el trabajo, la dedicación y el desarrollo de su propio vehículo de competición.

Con la expectativa puesta en la definición del campeonato, el chaqueño buscará transformar el resultado obtenido en San Luis en un nuevo impulso para alcanzar el máximo objetivo del año y llevar al deporte chaqueño a lo más alto del podio latinoamericano.

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La UNNE desarrolla un modelo para anticipar qué calles de Resistencia podrían inundarse

Un proyecto de investigación de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) logró reproducir mediante simulaciones el escurrimiento del agua de lluvia en un sector de Resistencia, con una diferencia aproximada de 1,5 centímetros respecto de las mediciones utilizadas para comprobar los resultados.

El trabajo se desarrolla en la Facultad de Ingeniería y está a cargo de Joaquín Ríos Mellone, estudiante de quinto año de Ingeniería Civil e integrante del Laboratorio de Mecánica Computacional. La investigación cuenta con una beca de pregrado de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE y la dirección de los doctores Javier Luis Mroginski y Hugo Guillermo Castro.

El objetivo es desarrollar una herramienta que permita conocer cómo circula el agua por las calles durante una tormenta y, a futuro, anticipar qué sectores urbanos podrían sufrir anegamientos.

Una ciudad donde pocos centímetros hacen la diferencia

Resistencia presenta características geográficas que dificultan la predicción del recorrido del agua. Al estar ubicada sobre el valle de inundación del río Paraná, cuenta con una topografía de escasa pendiente.

En ese contexto, pequeños errores en la información sobre la altura del terreno pueden generar diferencias importantes en las simulaciones.

Para abordar el problema, los investigadores utilizan ANUGA, un programa informático de acceso libre que permite representar el movimiento del agua sobre una superficie. El terreno se divide en miles de pequeñas áreas triangulares, en las que se calcula la cantidad de agua acumulada y la dirección de su desplazamiento.

El equipo también incorporó funciones para representar cómo las bocas de tormenta captan el agua que circula por las calles.

Cómo comprobaron los resultados

La primera zona estudiada abarca aproximadamente cinco hectáreas en el sector de la calle San Lorenzo. Allí se contaba con mediciones detalladas de las alturas del terreno y registros de siete tormentas ocurridas en 2007.

Esos datos permitieron comparar las alturas de agua observadas con las obtenidas mediante las simulaciones.

La diferencia aproximada de 1,5 centímetros representa un resultado favorable para esta etapa del estudio, aunque los investigadores remarcaron que todavía deben determinar los límites de aplicación del modelo.

Entre las dificultades pendientes se encuentran la antigüedad de los datos topográficos y la falta de representación del recorrido del agua dentro de los conductos subterráneos.

La próxima etapa: estudiar una cuenca más extensa

El equipo prevé aplicar la herramienta en la cuenca Cisterna de Resistencia, un sector de entre 40 y 50 hectáreas. El análisis permitirá comparar las condiciones de 2007 con las actuales y evaluar cómo influyeron el avance de la urbanización y los cambios en el uso del suelo.

También se buscará comprobar el comportamiento del modelo ante tormentas más intensas que las utilizadas en las primeras pruebas.

Además de su posible aplicación en ciudades, la herramienta podría utilizarse en zonas rurales para estudiar la dirección y velocidad del agua en una cuenca y estimar el material que puede arrastrar.

El desarrollo todavía requiere pruebas y datos actualizados, pero representa un avance en el uso de herramientas computacionales para estudiar el agua de lluvia y mejorar la planificación urbana.

Fuente: UNNE Medios.

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