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El auge del deporte femenino: cómo crece en el mundo y qué lugar ocupa la Argentina en esta transformación

En septiembre del año pasado, el plantel femenino de UAI Urquiza enfrentó una situación que reflejó una dinámica repetida en el país. El equipo debía viajar para disputar un certamen internacional, pero los recursos no alcanzaban para cubrir logística, pasajes y estadía. Para completar el presupuesto, recurrieron a comercios de Villa Lynch, pequeñas empresas y aportes individuales. Ese entramado de apoyos permitió financiar el viaje y competir, pero también dejó en evidencia que gran parte del crecimiento del deporte femenino argentino sigue dependiendo de la inversión privada más que de estructuras consolidadas.

El caso no fue aislado. En distintas disciplinas, equipos femeninos atraviesan situaciones similares: entrenamientos en horarios reducidos, giras que se concretan solo si entran sponsors, jugadoras con trabajos paralelos o microemprendimientos para sostener su actividad. Sin embargo, en la última década el interés de las marcas aumentó, impulsado por el crecimiento global del deporte femenino y por cambios en la manera en que las audiencias consumen deporte, cultura y entretenimiento.

Según la consultora global Deloitte, los ingresos del deporte femenino de élite alcanzarán los 2350 millones de dólares en 2025, con el fútbol como eje de expansión. A nivel global, proyecciones de la investigadora de mercado Nielsen estiman que la base de fans del fútbol femenino crecerá un 38% para 2030, hasta superar los 800 millones de seguidores. Son cifras que revelan el potencial económico de un sector que crece más rápido que el masculino, impulsado por audiencias jóvenes y una identidad cultural asociada a valores de diversidad y equidad.

En la Argentina, la profesionalización del fútbol femenino en 2019 estableció un piso institucional necesario. Desde entonces, aumentaron las transmisiones, surgieron nuevos espacios de difusión y las marcas comenzaron a observar oportunidades. Aun así, el desarrollo local convive con una brecha histórica respecto de la estructura del deporte masculino y con un nivel de inversión todavía incipiente si se lo compara con las tendencias globales.

Una demanda que crece: de las canchas al consumo cultural

El crecimiento del deporte femenino se sostiene en un cambio cultural más amplio. Según el estudio Converged-YouGov de Havas, basado en una muestra de más de 6.000 personas en la Argentina, el 61% de los entrevistados considera que los deportes femeninos deben recibir más inversión y cobertura mediática, el 42% se declara apasionado por el fútbol femenino y el 37% expresa que le gustaría asistir a un partido, un indicador de interés transversal.

Para Anne Pheulpin, Head of Strategy & Intelligence de Havas Argentina, este es un punto de inflexión. “El público ya no vive el deporte únicamente desde la competencia. Lo vincula con conceptos como inclusión, inspiración y bienestar. En ese escenario, el deporte femenino aparece como un territorio emergente de conexión emocional”, explica en diálogo con TN.

“En los últimos años cambió el paradigma: el deporte femenino dejó de verse como una causa para convertirse en un espacio cultural y de negocio. Las audiencias buscan historias y sentido, y el deporte femenino ofrece relatos de esfuerzo y comunidad que conectan con valores contemporáneos. Según Nielsen, al 50% de la población mundial le interesan los deportes femeninos en 2024, lo que muestra una demanda sostenida y global. En Europa, por ejemplo, la UEFA Women’s EURO 2025 generó ingresos por patrocinio estimados en 44 millones de dólares, un crecimiento del 144% respecto de 2022”, sostiene Gabriela Olivan presidenta de Winn Sports una iniciativa que impulsa una cobertura equitativa de los deportes femeninos y desarrollar el potencial económico y social del futbol femenino en América latina.

Las marcas hoy buscan deportistas con autenticidad y capacidad de construir comunidad. Muchas atletas están aprendiendo a usar su voz, comunicar su proceso y ocupar un rol que antes no formaba parte de su formación deportiva. Persisten desafíos como la menor visibilidad mediática o la falta de recursos para profesionalizar esa comunicación, pero el cambio ya comenzó. Lo que viene es un modelo más horizontal, donde las atletas co-crean con las marcas y cuentan historias genuinas, algo clave para consolidar un ecosistema sostenible e inclusivo”, concluye Olivan.

Pheulpin señala que el vínculo entre marcas y audiencias también está cambiando. “El engagement del público femenino con las marcas deportivas es más relacional que transaccional. Se involucran con aquellas que expresan valores compartidos: autenticidad, inspiración y propósito. El masculino tiende a vincularse desde la performance, pero el femenino demanda coherencia, narrativa y conversación”, sostiene.

Este cambio se traduce en inversión. Según el estudio global “The Collective Economy: Her Fandom, Her Buying Power”, las mujeres controlan 31,8 billones de dólares del gasto mundial y representarán el 75% del gasto discrecional para 2028. En el deporte, el 95% de las fans es la principal decisora de compra del hogar, y el 84% toma decisiones vinculadas al consumo deportivo.

En este contexto, comienzan a aparecer ejemplos concretos de marcas que apuestan por el deporte femenino en la Argentina. Uno de los más visibles fue el de Rexona, que se convirtió en patrocinador oficial de la Selección Argentina femenina y dio nombre al primer torneo profesional de la AFA, el Torneo Rexona de Fútbol Femenino. A esto se sumó YPF, que renovó su patrocinio del campeonato femenino en 2022.

En el plano amateur, Kotex impulsa la “Copa Kotex” y dinámicas digitales dirigidas a comunidades jóvenes, mientras que Visa extendió su estrategia regional con #TeamVisa, donde más del 55% de las atletas patrocinadas en Latinoamérica son mujeres. Estos casos muestran que la inversión corporativa es diversa y abarca desde las selecciones nacionales hasta ligas amateurs, donde la presencia de marcas permite mejorar condiciones deportivas y ampliar la visibilidad.

En paralelo a este avance, la historia de Luciana Ferreyra, wing de rugby femenino, muestra otra dimensión del desarrollo local. A los 24 años, compite con un equipo del sur del Gran Buenos Aires que se sostiene con cuotas de las jugadoras y el aporte ocasional de comercios de la zona. Hasta hace poco, la falta de recursos era visible en detalles cotidianos: cada integrante del plantel llevaba una remera diferente para entrenar y, en días de partido, debían recurrir a camisetas prestadas por otras divisiones para unificar la indumentaria. El punto de quiebre llegó cuando una marca de indumentaria deportiva decidió patrocinarlas y financió un juego completo de camisetas, además del equipamiento básico para entrenar.

Cuando una marca acompaña a un plantel femenino, el impacto se nota de inmediato. En nuestro caso, permitió mejorar elementos básicos: camisetas nuevas, pelotas de calidad y un esquema más ordenado para los gastos cotidianos. Parece menor, pero no lo es. Las jugadoras sienten que su trabajo es valorado y eso se ve en la cancha. El respaldo económico no solo mejora el juego, también fortalece la identidad del equipo. Las chicas entrenan con más confianza, más profesionalismo y con la sensación de que lo que hacen importa. Ese tipo de apoyo ayuda a que cada una se sienta parte de un proyecto que crece y se consolida año tras año”, señala Diego Álvarez, miembro del cuerpo técnico del plantel superior femenino de rugby del Club Ciudad de Buenos Aires, equipo subcampeón del torneo organizado por la UAR.

A nivel internacional, el deporte femenino también atrae a grandes plataformas. En diciembre de 2024, Netflix firmó un acuerdo histórico con FIFA para adquirir los derechos exclusivos en Estados Unidos de la Copa Mundial Femenina 2027, que se jugará en Brasil, y la edición 2031. Por primera vez, un Mundial femenino será transmitido por una plataforma de streaming en lugar de televisación tradicional. El acuerdo incluye también contenidos documentales y programación original, ampliando la llegada a audiencias jóvenes.

Ese movimiento aceleró la profesionalización de la industria global y generó nuevos incentivos para marcas. Uno de los proyectos que capitaliza esta expansión es The Women’s Cup (TWC), un torneo internacional que reúne equipos de distintos continentes. Su fundador, John Paul Reynal, observa un cambio de fondo. “Las marcas ya no buscan solo visibilidad, sino vincularse con valores reales. El fútbol femenino se transformó en una plataforma para transmitir diversidad, igualdad de oportunidades y liderazgo femenino”, explica. Para Reynal, las nuevas audiencias valoran historias personales y referentes que inspiran. “Cada edición no solo celebra talento deportivo, sino también el impacto social que las jugadoras generan en sus comunidades”.

Reynal destaca además que el negocio muestra señales claras. “En los últimos tres años, la audiencia de torneos femeninos creció más de un 150% y la inversión de patrocinadores se triplicó. En redes sociales, el engagement promedio supera en un 30% al del fútbol masculino”, detalla. Este crecimiento se refleja en la última edición del torneo, realizada en Milán: experiencias para fans, activaciones de moda, transmisiones de alta calidad y una alianza con VIZIO WatchFree+ en Estados Unidos que permitió crear un canal exclusivo y gratuito. Según datos de TWC, los equipos latinoamericanos registraron una interacción digital entre dos y tres veces mayor que los europeos o estadounidenses.

En la Argentina, la estructura del deporte femenino avanza, aunque con diferencias entre disciplinas. Mientras el fútbol amplió su presencia mediática, deportes como el rugby, el básquet o el hockey dependen de clubes, asociaciones provinciales y pequeñas marcas que financian viajes, equipamiento o entrenamientos. Los casos de UAI Urquiza y Luciana Ferreyra muestran que el impulso privado sigue siendo central.

Para Pheulpin, el camino hacia una presencia más sólida requiere tres elementos: compromiso sostenido, narrativa inspiradora y construcción de comunidad. Estos factores permiten que la presencia de una marca no se perciba como un gesto aislado, sino como una estrategia consistente.

Fuente: TN

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Él tenía 24 años, ella 29 y sus vidas cambiaron en el bar de un pueblito de Italia: “No recuerdo un beso tan lindo”

De principio a fin, el corazón es la brújula. “Me enamoré, amigo”, soltó Leo apenas cruzó la puerta del bar, a dos días de aterrizar en Italia. Su amigo Ezequiel lo miró, siguió la dirección de sus ojos y se largó a reír. “¿La rubia?”, preguntó. “Sí. Es ella”.

Era la noche del 5 de abril de 2024 y acababa de llegar a Paola, un pueblito costero de Calabria, en el sur de Italia. Había viajado desde Quilmes para tramitar su ciudadanía italiana. Apenas llevaba unos días en Europa. Todavía estaba acomodándose a la nueva vida, aprendiendo a moverse en un país desconocido y tratando de entender qué venía después. Pero esa noche, entre un grupo de argentinos que compartían el mismo sueño migratorio, vio a una chica de Rosario y sintió algo que no esperaba encontrar tan rápido.

Del otro lado de la historia, Irina también lo vio. Y recuerda exactamente el instante. “Lo miré a los ojos y fue como si el tiempo se frenara un segundo”, revela hoy enamorada. No sabía quién era, ni de dónde venía. Pero algo había pasado. Ese “no sé qué” imposible de explicar.

Dos argentinos que llegaron a Italia buscando otra vida

Irina nació en Rosario en mayo de 1994. Desde muy chica aprendió a arreglárselas sola. A los 17 años se fue de su casa. Trabajó en peloteros, coordinó fiestas infantiles, atendió comercios, vendió productos, cosió veladores junto a una amiga y aceptó prácticamente cualquier trabajo que le permitiera mantenerse independiente. Siempre tuvo la sensación de que quería algo más. No porque estuviera descontenta con su vida, sino porque sentía una curiosidad enorme por el mundo.

Durante años soñó con viajar. Pero cada vez que hacía cuentas, la realidad le devolvía la misma respuesta: era demasiado difícil. Hasta que descubrió algo que cambiaría todo. Tenía ciudadanía italiana. La noticia la empujó a una búsqueda obsesiva de papeles, partidas, certificados y documentos familiares. Reconstruyó una historia que parecía perdida hasta completar la carpeta necesaria para iniciar el trámite.

En febrero de 2024, cuando finalmente tuvo todo listo, tomó una decisión que asustaba incluso a quienes la querían. Renunció a su trabajo. Compró un pasaje de ida. Y se fue. Tenía 29 años.

Leo nació en Quilmes en agosto de 1999. Su historia era distinta pero sus sueños los mismos. Había crecido en una familia de clase media donde viajar era una pasión compartida. Todavía recuerda los recorridos por la Argentina dentro de un Renault 12 cargado hasta el techo. Seis personas. Poco dinero. Muchas ganas de conocer.

Estudió profesorado de Educación Física, se recibió y construyó una vida bastante ordenada. Trabajó en distintos lugares, tuvo una relación larga y desarrolló una carrera ligada al entrenamiento físico. Pero convivía con una sensación incómoda. Sentía que estaba construyendo una vida que no era exactamente la que soñaba. Mientras enseñaba, entrenaba y trabajaba, consumía videos de viajeros que recorrían el mundo haciendo trabajos temporarios. Y cada historia despertaba la misma pregunta. ¿Por qué ellos sí y yo no?

La respuesta llegó de la manera menos elegante. Lo asaltaron. Y algo se rompió. O se arregló, todo depende de dónde miremos. Pocos días después compró el pasaje hacia el Viejo Continente. El 3 de abril de 2024 llegó a Italia a ganarse la vida.

La noche en que todo cambió

Paola era un pueblo extraño. Quince mil habitantes. Playa. Calles tranquilas. Y unos quinientos argentinos haciendo ciudadanía italiana. Todos estaban atravesando algo parecido: habían dejado algo atrás e intentaban construir una nueva vida. Por eso el Thunder, un pequeño bar donde solían reunirse, funcionaba casi como una extensión de sus casas.

Aquella noche, Leo llegó con su amigo y dos compañeras de vivienda. Irina estaba con su prima Brunella, con quien había emigrado. Entre charlas, música argentina y cumbia santafesina, empezaron a acercarse. Hablaron. Bailaron. Se rieron. Y cuando la noche ya había avanzado bastante, Leo hizo algo que hoy parece imposible en la era de los mensajes ambiguos y las insinuaciones interminables.

¿Te puedo besar?”, le preguntó con respeto. Irina dijo que . Después del beso, lo miró sorprendida. “No puedo creer que tengas 24 años”. Y enseguida agregó algo que él jamás olvidó. “No recuerdo un beso tan lindo en mi vida”. Animarse a dar el primer paso tiene premio. Por eso siempre hay que hacer. Lo demás se va dando.

A la mañana siguiente fue ella quien escribió primero. Le pasó su número. Lo invitó a tomar mate en la playa. Y así empezó todo. No como una historia de amor. Sino como un grupo de amigos. Ellos, la prima de Irina, Ezequiel y las dos compañeras santafesinas de Leo comenzaron a compartir días enteros. Trámites. Playa. Mate. Charlas. Caminatas. La vida cotidiana de quienes intentaban sobrevivir lejos de casa. Y en medio de todo eso, la conexión entre ellos fue creciendo. Aunque había un problema. Una fecha de vencimiento.

Una historia con fecha de vencimiento

Irina estaba mucho más avanzada en el trámite de ciudadanía. Y apenas obtuvo los papeles consiguió trabajo en Cerdeña. Los separarían casi 700 kilómetros y un mar de por medio. La oferta era imposible de rechazar. Un hotel. Mejores condiciones. La posibilidad de empezar a ganar plata. Pero también significaba alejarse. Alejarse mucho.

Se habían conocido en abril. Ella debía irse el 1 de junio. Dos meses. Eso era todo. Entonces Irina levantó una muralla, la de su corazón. No quería enamorarse. Mucho menos sufrir ni despedirse de alguien que recién acababa de conocer. Pero cuanto más trataba de convencerse, más difícil resultaba.

Leo tampoco podía ignorar lo que sentía. Por primera vez en mucho tiempo había encontrado a alguien con quien imaginaba algo serio. Y entonces llegó la despedida. La primera.

Los siguientes meses fueron brutales. Los dos trabajaron en condiciones muy duras. “No todo es lo que se ve en fotos”. Aprendieron a sobrevivir en otro idioma. Aceptaron tareas que jamás habían imaginado hacer. Leo fue jardinero, fletero, camarero y guardavidas. Irina limpió habitaciones en hoteles sin dominar todavía el italiano.

La realidad migrante apareció con toda su crudeza. Sin embargo, siguieron hablando todos los días. Sin faltar uno. Hasta que una tarde ella encontró una excusa perfecta. En el hotel donde trabajaba necesitaban otra persona. Pensó en Leo. Dudó. Y finalmente le escribió.

El quilmeño recibió la propuesta mientras trabajaba. Económicamente no era un gran negocio. Incluso significaba renunciar a algo más estable. Pero había una pregunta que no lograba sacarse de encima. ¿Y si después es nunca?

Renunció. Hizo las valijas. Se subió a varios trenes. Y fue a buscarla. Porque a veces el amor no pide certezas. Apenas una decisión.

Los trenes que los separaban también los volvían a unir

El reencuentro no fue precisamente romántico. Los dos estaban agotados. Demacrados. Golpeados por meses de trabajo duro. Pero la conexión seguía ahí. Intacta.

Durante semanas se escondieron de compañeros y jefes. Estaba prohibido noviar entre ellos. Se encontraban de noche. Hablaban durante horas. Compartían besos robados. Y volvían a separarse antes del amanecer. Todo parecía volver a brillar.

Sin embargo, seguía existiendo un obstáculo. Los contratos tenían fecha de finalización. La incertidumbre seguía gobernando sus vidas. Y cuando terminó aquella temporada llegó una nueva despedida. Después otra. Y luego otra más.

Una ocurrió en la estación de Perugia. Irina subió al tren. Leo quedó en el andén. La vio alejarse. En su cabeza sonaban los acordes de Las pastillas del abuelo, cantando: “Porque me es imposible de imaginar / Agonía más cruel, más aterradora / Que mi canto y tu danza alejándose / Uno arriba del tren y otro en la estación”.

Pensó que quizás no volvería a verla nunca más. Y lloró fuerte. “Ahí ya me di cuenta que estaba hasta las bolas, que estaba recontra remilenamorado”, admite sin metáforas.

Fuente: TN

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Mauricio Macri anunció que la Fundación FIFA destinará un millón de dólares a comunidades afectadas por los sismos en Venezuela

En medio de la catástrofe humanitaria que atraviesa Venezuela luego de los dos terremotos del 24 de junio que dejó más de 4 mil muertos, la Fundación FIFA anunció una millonaria donación para colaborar con los equipos de rescate.

Así lo informó el expresidente Mauricio Macri, que es el titular de la institución. “La Fundación FIFA acompaña al pueblo venezolano en uno de los momentos más difíciles de su historia. Vamos a destinar 1 millón de dólares de nuestro fondo humanitario para apoyar a las comunidades afectadas por los terremotos y colaborar con las organizaciones que ya están trabajando en el terreno para brindar ayuda de emergencia”, expresó desde su cuenta de X.

En el mismo sentido, Macri añadió: “Sé que el fútbol tiene una capacidad única para unir a las personas, especialmente cuando más se necesita. Esa fuerza debe ponerse al servicio de quienes hoy atraviesan esta tragedia”.

“Mis pensamientos y todo mi cariño están con las familias afectadas, como el de Gianni (Infantino) y todos los que formamos parte de la FIFA. Seguiremos acompañando los esfuerzos para que la ayuda llegue lo antes posible”, finalizó el exmandatario.

La situación en Venezuela hoy

Los operativos de rescate en Venezuela sumaron este sábado 215 nuevos cuerpos rescatados, luego de lo que fue el trágico doble terremoto del 24 de junio. De esta manera, las víctimas fatales ascienden ya a 4333.

Así lo informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en conferencia de prensa. Se trata de una de las subidas más altas de fallecidos de las últimas dos semanas tras los terremotos.

Las labores de desescombro y recuperación de cadáveres prosiguen en La Guaira y se intensificaron en los últimos días. En tanto, la cifra de heridos se mantiene en 16.740, mientras que se ha atendido a 31.193 pacientes en hospitales y se ha dado de alta a más del 90%.

El número de personas sin vivienda en Venezuela es de 17.907 y las familias atendidas suman 86.794

El también hermano de la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, aseguró que 18.437 personas se encuentran en un total de 94 campamentos transitorios.

Además, sigue subiendo el número de efectivos militares y de fuerzas de seguridad desplegados (31.837) y el de voluntarios registrados (30.197).

Según el balance oficial, ocurrieron 1.203 réplicas desde el 24 de junio -cuando se registraron los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5- entre ellas una de baja intensidad este mismo sábado.

Fuente: TN

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“No llores, papá”: la historia del payador y su hija que emocionaron al país con una canción para la Selección

Hay canciones que nacen para acompañar un Mundial y otras que, casi sin proponérselo, terminan contando la historia de una familia. La que compusieron el payador santafesino Pedro Saubidet y su hija Paula, de ocho años, pertenece a esa segunda categoría. Porque detrás de la letra dedicada a la Selección hay una guitarra heredada, un abuelo que ya no está, lágrimas compartidas frente al televisor y una pasión futbolera que atravesó generaciones hasta encontrar una nueva voz.

En el video que se volvió viral, Pedro sostiene la guitarra y lleva el ritmo; a su lado, su hija canta con una seguridad que parece desmentir su edad. No hay escenario, luces ni una multitud delante de ellos.

Están en su casa cuando entonan una versión de Astros, la canción de Ciro y Los Persas, con una letra que resume un deseo compartido por millones: “Quiero volver a robarle un gol al ladrón, como el Diego y el Narigón, y que la cuarta estrella brille en el cielo de mi Nación”.

La canción rápidamente escapó del pequeño universo de seguidores que Pedro había construido como payador. Este sábado, mientras la Argentina se prepara para enfrentar a Suiza desde las 22 en Kansas City por los cuartos de final del Mundial, el tema vuelve a funcionar como una banda sonora para la espera.

El equipo de Lionel Scaloni llega a esa instancia después de vencer 3-2 a Egipto en un partido que se resolvió con sufrimiento y que dejó a Pedro y a Paula llorando juntos frente al televisor.

No llores, papá”, le decía la nena cuando terminó el encuentro. Sin embargo, ella también lloraba. Fue en ese clima, todavía con el corazón acelerado, cuando decidieron grabar la canción. “La estrella del video es ella, por su encanto, por la fuerza que le pone, por su garra y por su naturalidad”, contó Pedro en diálogo con TN.

En la casa de los Saubidet conviven los acordes, las camisetas y las identidades futboleras. Mercedes, la esposa de Pedro, es pampeana e hincha de Boca; él nació en Santa Fe, es fanático de Unión y se define como “muy futbolero”. Sus hijas Francisca, de 11 años, y Paula, de ocho, crecieron entre guitarreadas, reuniones familiares y chamamés.

“La música está presente en todo momento. A mis hijas les gusta mucho, siempre estamos cantando y guitarreando. Hay mucho chamamé por parte mía, pero también me voy adaptando a la música de ellas para poder acompañarlas”, contó Pedro.

El fútbol, en cambio, ingresó a la familia de la mano de Pedro y de su padre, don Pedro, fallecido el año pasado. Aunque era hincha de River y había llegado desde Buenos Aires, fue él quien comenzó a llevarlo a la cancha de Unión cuando era chico. Desde entonces, cada partido quedó unido a una imagen, una conversación o un viaje compartido. “Hoy que papá ya no está, el fútbol es mucho más que un deporte. Es un montón de recuerdos con él en la cancha”, dijo.

Esa pasión también alcanzó a la generación siguiente. Marcos Sanguinetti, sobrino de Pedro y nieto de don Pedro, se convirtió en periodista deportivo y actualmente se encuentra cubriendo el Mundial. “La figura de papá es fundamental para esta pasión. El que más la heredó fui yo y también mi sobrino Marcos. Siempre lo tenemos muy presente en cada partido”, señaló el payador.

Don Pedro no solo dejó el amor por el fútbol. También transmitió los versos, la guitarra, el canto criollo, la vida de campo y una manera de entender a la familia. Junto con doña María, su esposa, criaron a seis hijos: Rosario, Sole, Cruz, Constancia, Pedro y Maruca. “Fue un tipo extraordinario, un hombre íntegro y un gran ejemplo para nosotros. Le debemos a él y a mamá esta familia tan linda que nos dejaron”, recordó.

La canción viral, entonces, no nació solamente del entusiasmo mundialista. También lleva algo de esa herencia.

La frase sobre “robarle un gol al ladrón” recupera la histórica rivalidad con Inglaterra, la Mano de Dios de Diego Maradona y la figura de Carlos Bilardo, el “Narigón”, en México 1986.

Pedro también encontró inspiración en un cuento de Eduardo Sacheri que reflexiona sobre aquel gol y sobre la dimensión emocional que adquirió para los argentinos. “Estamos hablando de una trampa, pero tiene un trasfondo tan profundo lo de Inglaterra que creo que nos pega un poco a todos. Sería muy emocionante reeditar aquella epopeya de Diego. Es una ilusión que tenemos”, sostuvo.

Para Pedro, la identificación con la Selección actual no se limita a los resultados. Encuentra en Scaloni, nacido en el sur santafesino, la cercanía de un hombre de pueblo y reconoce en el cuerpo técnico un perfil que después se refleja en los futbolistas. “Scaloni podría ser el amigo de cualquiera de nosotros. Es muy humano, familiero, humilde, pero aguerrido. Eso se transmite a los jugadores”, afirmó.

Esa forma de representar al país es también lo que quiere transmitirles a sus hijas. “Creo que son un ejemplo que nos hace muy bien como sociedad. A los chicos los vuelve locos la Selección y tienen referentes que realmente son positivos. Sobran cosas para admirar de este grupo, que nos representa tan bien a los argentinos”, dijo.

Mientras la Scaloneta busca este sábado un lugar entre los cuatro mejores del Mundial, Pedro se permite imaginar otra escena. Ya no sería en el living de su casa ni frente a la cámara de un teléfono, sino alrededor de una mesa, con los jugadores, sus familias, sus propias hijas y una guitarra. “Me encantaría cantarla en un asado para todos los muchachos, con sus hijos y con mis hijas. Todos soñamos con estar en esa mesa junto a nuestros ídolos”, confesó.

También le gustaría improvisar un verso para cada integrante del plantel y llevar hasta ellos el oficio que aprendió de su padre y que hoy le permite vivir durante todo el año. Tal vez entonces Paula vuelva a mirarlo de reojo cuando se le quiebre la voz. Tal vez vuelva a decirle que no llore, aunque ella también tenga los ojos llenos de lágrimas.

Fuente: TN

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