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El sueño de un fanático de Charly García que busca hacer realidad: “Se merece el Premio Nobel de Literatura”
A los 13 años a Juan Albornoz le encantaban los Beatles. A esa edad todo cambió cuando la música de Sui Generis llegó a su vida y descubrió a Charly García. “Me voló la cabeza”, se sincera hoy a Teleshow a los 63 años sobre un sueño que lo desvela. “Es una ocurrencia mía personal por el afecto que yo le tengo“, afirma el cordobés que se dedica al negocio agroindustrial, y que ha iniciado una cruzada: postular al músico argentino para el Premio Nobel de Literatura, siguiendo los pasos del galardón rupturista que recibió Bob Dylan en 2016.
“Estoy siguiéndolo hace mucho a Charly en su pluma, en la parte literaria”, confiesa con humildad y entusiasmo Albornoz quien entre sus pasiones, además del artista y el rugby, encontró en García inspiración para su otra faceta. “Yo escribo, todavía no publiqué nada, pero escribo”, afirma, con tres novelas en su haber, y movido por una admiración genuina hacia el creador de Yendo de la cama al living y Clics modernos.
“Me parece que es justo y es una buena oportunidad para nuestra cultura nominarlo a él. Ya hice todas las consultas, escribí a la embajada argentina en Suecia, escribí a la Cancillería, y tuve contacto también con la embajada sueca en Buenos Aires. He avanzado bastante”, sostiene, sobre su deseo de llevar hasta Estocolmo la postulación por la que ya cuenta con el apoyo de algunos de los reconocidos fotógrafos del rock que retrataron al intérprete de “Promesas sobre el bidet” y “Nos siguen pegando abajo” como Maximiliano Vernazza y Andy Cherniavsky.
“Lo único que busco es poder darle esa caricia a Charly y que por lo menos esté postulado al Nobel de Literatura, independientemente de si se lo dan o no”, se sincera sobre su deseo. “Me voy a quedar tranquilo sabiendo que Charly está postulado para recibir esa distinción, porque me parece que es justo, absolutamente”, sostiene.
Nobel para Charly, @Nobelparacharly, es el nombre, directo y sin rodeos, con el que el fanático de Mr. Say No More busca desde redes sociales como Instagram, TikTok y X, impulsar la iniciativa para todos aquellos que admiran la poética de García. Su amigo Chichilo Viale, parte de las celebridades cordobesas y del humor argentino, es uno de sus pilares para la propuesta. “Yo soy amigo de Chicho, y se ha puesto la causa al hombro y está fogoneándolo”, resaltó.
-¿Cuál es tu relación con el ambiente musical o literario?
—Yo no tengo nada que ver con el ambiente musical ni nada que se le parezca. Tengo un aprecio profundo por Charly y por su obra. Sí he analizado mucho sus letras y lo veo desde el lado de la parte literaria. Eso es lo que me motivó a hacer esto.
-¿A qué te dedicás y cómo se combina esto con tu pasión por escribir?
—Yo actualmente me dedico al negocio agroindustrial. Trabajo con Ariel Mammana, que es de Córdoba, que fue vicepresidente de la Unión Argentina de Rugby (UAR), jugó en Los Pumas y trabajamos en ese rubro, pero muy poco en Argentina. Lo que a mí me gusta y me desvela es escribir. Tengo tres novelas escritas que todavía no he podido publicar. Una de ellas es una novela corta y otra es más extensa, tiene alrededor de mil cien páginas. He viajado mucho por el mundo por mi actividad, y dedico mucho tiempo a leer y mucho tiempo a escribir.
-¿Desde cuándo empezaste a seguir a Charly García y qué representa para vos?
—Yo tengo 63 años. Me acuerdo que lo escuché cuando tenía 13, que escuchaba los Beatles y un amigo me dijo: “Tenés que escuchar esto”. Me hizo escuchar Sui Generis y realmente me voló la cabeza. Lo he seguido mucho y he ido a recitales un montón de veces, pero siempre en el más absoluto silencio porque es ahí donde me siento cómodo. Es una persona que me conmueve.
-¿Qué valor le das a las letras de Charly García dentro de la literatura?
—He seguido a Charly desde hace mucho tiempo, leyendo sus letras y yo creo que ahí está la clave de su genialidad, más allá de que él como músico para mí es un Beethoven contemporáneo.
Uno de los grandes desafíos en la cruzada de Juan Albornoz es lograr la anuencia del propio Charly y reunir los respaldos formales que exige la academia sueca.
-¿Qué requisitos formales exige la Academia para aceptar la candidatura?
—La Academia es muy rigurosa. Es engorroso, sí, pero tengo todos los requisitos, y los estoy tratando de completar y cumplir. Estoy escribiendo a académicos argentinos porque no te aceptan una postulación si no tiene el aval de personas encumbradas de la cultura, académicos o personas que hayan sido galardonadas también por el Nobel. Tengo una lista ahí de personas que creo que son las adecuadas, investigadores del Conicet y el filósofo Santiago Kovadloff, que me parece que tiene los requisitos que puede llegar a ser considerado por la Academia. Les voy a mandar un correo a esos académicos; son personas que han trabajado científicamente la obra de Charly. También le voy a pedir al secretario del rector de la Universidad Nacional de Córdoba para tener un aval institucional. No es una cuestión personal, quiero que hagan una nota para ser presentada a la Academia. Me voy a apoyar en la embajada, porque están para eso. Tanto la embajada argentina como la representación en Buenos Aires me dieron todos los datos de la Academia Sueca y el resto de la información.
-¿De qué se trata el dossier que preparaste para la postulación?
—Yo escribí un dossier, que vengo armando hace un tiempo, con los principios de por qué creo que Charly García merece ser postulado para el Premio Nobel de Literatura. Se fundamenta en el reconocimiento de su obra como un corpus literario autónomo, donde la palabra es el eje estructurante y la música el medio de circulación. En el dossier argumento que Charly no es solo un músico, sino un escritor cuya producción ha definido la sensibilidad colectiva y la memoria emocional de varias generaciones en Argentina y Latinoamérica, trascendiendo los límites de la canción popular para inscribirse en la tradición literaria universal.
-¿Cuáles fueron tus fundamentos para la postulación?
—La obra de Charly García se compone de letras, cuadernos, declaraciones estéticas y su libro Líneas paralelas, conformando un sistema poético con coherencia, densidad y continuidad. Su lenguaje y poética han configurado una subjetividad colectiva y un modo de sentir la vida urbana, articulando memoria, emoción y reflexión filosófica. La candidatura se apoya en la legitimidad literaria de su escritura, no en su popularidad musical, y propone su reconocimiento como autor literario, no como figura de la música. El concepto de Líneas paralelas sintetiza su poética: la tensión entre cercanía y distancia, la emoción como forma de pensamiento y la palabra como arquitectura del sentido.
-¿Tuviste en cuenta el caso de Bob Dylan, que generó tanto debate cuando le otorgaron el Nobel de Literatura?
—Sí, hago la comparación con lo que ocurrió con él, que le dieron el Premio Nobel en 2016. En el dossier se introduce un comparativo con Dylan y también aparece el mensaje que dio a la Academia cuando ganó, aunque al principio ni fue a recibirlo; después, cuando supo que había una recompensa, fue a buscarlo porque la Academia te obliga a dar un discurso si lo ganás. Las letras de Charly tienen una potencia que llena todos los requisitos literarios para el Nobel. Esa es mi opinión desde la humildad. Hay gente que ha trabajado científicamente su obra, y por eso también busco esa legitimidad con el aval de académicos.
-¿Qué sentís frente a la tarea de defender esta postulación ante la Academia?
—No sé qué vendrá después. Yo tengo que presentar ese dossier, lo voy a traducir al inglés y lo voy a presentar oficialmente. Lo voy a seguir, no me van a doblar la espalda; lo voy a seguir hasta que me den bola.
-¿Cómo te sentís respecto a la exposición mediática que genera esta campaña?
—Yo soy un perfil hiper recontra bajo. Aparte de ser una persona introvertida y bastante tímida. No persigo ninguna exposición, lo hago en soledad y ahí es donde quiero estar. El Chicho se enojó porque me invitó al programa y le dije: “No, Chichilo, no me jodás”. No soy de los que buscan aparecer, soy del quinto subsuelo, ¿viste?
-¿Llegaste a conocerlo a Charly?
—No. Tengo una foto con Rino Rafanelli, que era bajista de Sui Generis. Estuve con él charlando mucho. Él vino a Córdoba y tuve la oportunidad de estar con él, compartimos, comimos juntos. Un tipazo, un músico de la hostia. Lamentablemente, ya falleció hace un par de años. Tengo una foto con Gillespi, que me la saqué cuando Soda tocó el último recital en el Estadio de Córdoba. Fue en una recepción después, porque también lo aprecio mucho a Gillespi.
-¿Ya te imaginaste el día de Charly consiguiendo el Nobel o, como vos decís, al menos la postulación?
—Es algo que estoy escribiendo porque será conmovedor para un país entero, que mirará con incredulidad como un ser tan querido sonríe en la ventana de un depto de Coronel Díaz, mientras se mira para adentro recordando sus manitos de 12 años sobre un piano desgastado. Ese día será inolvidable para mí.
Dime cómo hacer para no quererlo profundamente.
Quizá sea imposible, porque se vuelve complejo dejar de querer a un creador que nos atravesó la vida, que nos sostuvo en noches difíciles; que nos abrió un resquicio de luz cuando no había ni una mínima hendija.
Entonces… ¿cómo no querer profundamente a alguien que nos salvó sin saberlo, desde su fragilidad y con su voz como de pan?
Dime: ¿cómo no querer a quien simboliza
nuestra adolescencia más viva,
nuestras pérdidas,
nuestra memoria,
nuestra supervivencia,
nuestra fe,
y mi inspiración?
¿Cómo se hace para no quererlo profundamente?
No se hace.
No se puede.
No se debe.
Lo único que sí puede hacerse —y yo ya creo estar haciéndolo— es transformarlo:
pasar del cariño que abruma al amor que honra.
No quererlo menos, sino quererlo mejor.
Y este proyecto del Nobel es mi manera de hacerlo.
Mi manera de decirle gracias sin decirlo.
Fuente: Infobae
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Él tenía 24 años, ella 29 y sus vidas cambiaron en el bar de un pueblito de Italia: “No recuerdo un beso tan lindo”
De principio a fin, el corazón es la brújula. “Me enamoré, amigo”, soltó Leo apenas cruzó la puerta del bar, a dos días de aterrizar en Italia. Su amigo Ezequiel lo miró, siguió la dirección de sus ojos y se largó a reír. “¿La rubia?”, preguntó. “Sí. Es ella”.
Era la noche del 5 de abril de 2024 y acababa de llegar a Paola, un pueblito costero de Calabria, en el sur de Italia. Había viajado desde Quilmes para tramitar su ciudadanía italiana. Apenas llevaba unos días en Europa. Todavía estaba acomodándose a la nueva vida, aprendiendo a moverse en un país desconocido y tratando de entender qué venía después. Pero esa noche, entre un grupo de argentinos que compartían el mismo sueño migratorio, vio a una chica de Rosario y sintió algo que no esperaba encontrar tan rápido.
Del otro lado de la historia, Irina también lo vio. Y recuerda exactamente el instante. “Lo miré a los ojos y fue como si el tiempo se frenara un segundo”, revela hoy enamorada. No sabía quién era, ni de dónde venía. Pero algo había pasado. Ese “no sé qué” imposible de explicar.
Dos argentinos que llegaron a Italia buscando otra vida
Irina nació en Rosario en mayo de 1994. Desde muy chica aprendió a arreglárselas sola. A los 17 años se fue de su casa. Trabajó en peloteros, coordinó fiestas infantiles, atendió comercios, vendió productos, cosió veladores junto a una amiga y aceptó prácticamente cualquier trabajo que le permitiera mantenerse independiente. Siempre tuvo la sensación de que quería algo más. No porque estuviera descontenta con su vida, sino porque sentía una curiosidad enorme por el mundo.
Durante años soñó con viajar. Pero cada vez que hacía cuentas, la realidad le devolvía la misma respuesta: era demasiado difícil. Hasta que descubrió algo que cambiaría todo. Tenía ciudadanía italiana. La noticia la empujó a una búsqueda obsesiva de papeles, partidas, certificados y documentos familiares. Reconstruyó una historia que parecía perdida hasta completar la carpeta necesaria para iniciar el trámite.
En febrero de 2024, cuando finalmente tuvo todo listo, tomó una decisión que asustaba incluso a quienes la querían. Renunció a su trabajo. Compró un pasaje de ida. Y se fue. Tenía 29 años.
Leo nació en Quilmes en agosto de 1999. Su historia era distinta pero sus sueños los mismos. Había crecido en una familia de clase media donde viajar era una pasión compartida. Todavía recuerda los recorridos por la Argentina dentro de un Renault 12 cargado hasta el techo. Seis personas. Poco dinero. Muchas ganas de conocer.
Estudió profesorado de Educación Física, se recibió y construyó una vida bastante ordenada. Trabajó en distintos lugares, tuvo una relación larga y desarrolló una carrera ligada al entrenamiento físico. Pero convivía con una sensación incómoda. Sentía que estaba construyendo una vida que no era exactamente la que soñaba. Mientras enseñaba, entrenaba y trabajaba, consumía videos de viajeros que recorrían el mundo haciendo trabajos temporarios. Y cada historia despertaba la misma pregunta. ¿Por qué ellos sí y yo no?
La respuesta llegó de la manera menos elegante. Lo asaltaron. Y algo se rompió. O se arregló, todo depende de dónde miremos. Pocos días después compró el pasaje hacia el Viejo Continente. El 3 de abril de 2024 llegó a Italia a ganarse la vida.
La noche en que todo cambió
Paola era un pueblo extraño. Quince mil habitantes. Playa. Calles tranquilas. Y unos quinientos argentinos haciendo ciudadanía italiana. Todos estaban atravesando algo parecido: habían dejado algo atrás e intentaban construir una nueva vida. Por eso el Thunder, un pequeño bar donde solían reunirse, funcionaba casi como una extensión de sus casas.
Aquella noche, Leo llegó con su amigo y dos compañeras de vivienda. Irina estaba con su prima Brunella, con quien había emigrado. Entre charlas, música argentina y cumbia santafesina, empezaron a acercarse. Hablaron. Bailaron. Se rieron. Y cuando la noche ya había avanzado bastante, Leo hizo algo que hoy parece imposible en la era de los mensajes ambiguos y las insinuaciones interminables.
“¿Te puedo besar?”, le preguntó con respeto. Irina dijo que sí. Después del beso, lo miró sorprendida. “No puedo creer que tengas 24 años”. Y enseguida agregó algo que él jamás olvidó. “No recuerdo un beso tan lindo en mi vida”. Animarse a dar el primer paso tiene premio. Por eso siempre hay que hacer. Lo demás se va dando.
A la mañana siguiente fue ella quien escribió primero. Le pasó su número. Lo invitó a tomar mate en la playa. Y así empezó todo. No como una historia de amor. Sino como un grupo de amigos. Ellos, la prima de Irina, Ezequiel y las dos compañeras santafesinas de Leo comenzaron a compartir días enteros. Trámites. Playa. Mate. Charlas. Caminatas. La vida cotidiana de quienes intentaban sobrevivir lejos de casa. Y en medio de todo eso, la conexión entre ellos fue creciendo. Aunque había un problema. Una fecha de vencimiento.
Una historia con fecha de vencimiento
Irina estaba mucho más avanzada en el trámite de ciudadanía. Y apenas obtuvo los papeles consiguió trabajo en Cerdeña. Los separarían casi 700 kilómetros y un mar de por medio. La oferta era imposible de rechazar. Un hotel. Mejores condiciones. La posibilidad de empezar a ganar plata. Pero también significaba alejarse. Alejarse mucho.
Se habían conocido en abril. Ella debía irse el 1 de junio. Dos meses. Eso era todo. Entonces Irina levantó una muralla, la de su corazón. No quería enamorarse. Mucho menos sufrir ni despedirse de alguien que recién acababa de conocer. Pero cuanto más trataba de convencerse, más difícil resultaba.
Leo tampoco podía ignorar lo que sentía. Por primera vez en mucho tiempo había encontrado a alguien con quien imaginaba algo serio. Y entonces llegó la despedida. La primera.
Los siguientes meses fueron brutales. Los dos trabajaron en condiciones muy duras. “No todo es lo que se ve en fotos”. Aprendieron a sobrevivir en otro idioma. Aceptaron tareas que jamás habían imaginado hacer. Leo fue jardinero, fletero, camarero y guardavidas. Irina limpió habitaciones en hoteles sin dominar todavía el italiano.
La realidad migrante apareció con toda su crudeza. Sin embargo, siguieron hablando todos los días. Sin faltar uno. Hasta que una tarde ella encontró una excusa perfecta. En el hotel donde trabajaba necesitaban otra persona. Pensó en Leo. Dudó. Y finalmente le escribió.
El quilmeño recibió la propuesta mientras trabajaba. Económicamente no era un gran negocio. Incluso significaba renunciar a algo más estable. Pero había una pregunta que no lograba sacarse de encima. ¿Y si después es nunca?
Renunció. Hizo las valijas. Se subió a varios trenes. Y fue a buscarla. Porque a veces el amor no pide certezas. Apenas una decisión.
Los trenes que los separaban también los volvían a unir
El reencuentro no fue precisamente romántico. Los dos estaban agotados. Demacrados. Golpeados por meses de trabajo duro. Pero la conexión seguía ahí. Intacta.
Durante semanas se escondieron de compañeros y jefes. Estaba prohibido noviar entre ellos. Se encontraban de noche. Hablaban durante horas. Compartían besos robados. Y volvían a separarse antes del amanecer. Todo parecía volver a brillar.
Sin embargo, seguía existiendo un obstáculo. Los contratos tenían fecha de finalización. La incertidumbre seguía gobernando sus vidas. Y cuando terminó aquella temporada llegó una nueva despedida. Después otra. Y luego otra más.
Una ocurrió en la estación de Perugia. Irina subió al tren. Leo quedó en el andén. La vio alejarse. En su cabeza sonaban los acordes de Las pastillas del abuelo, cantando: “Porque me es imposible de imaginar / Agonía más cruel, más aterradora / Que mi canto y tu danza alejándose / Uno arriba del tren y otro en la estación”.
Pensó que quizás no volvería a verla nunca más. Y lloró fuerte. “Ahí ya me di cuenta que estaba hasta las bolas, que estaba recontra remilenamorado”, admite sin metáforas.
Fuente: TN
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Mauricio Macri anunció que la Fundación FIFA destinará un millón de dólares a comunidades afectadas por los sismos en Venezuela
En medio de la catástrofe humanitaria que atraviesa Venezuela luego de los dos terremotos del 24 de junio que dejó más de 4 mil muertos, la Fundación FIFA anunció una millonaria donación para colaborar con los equipos de rescate.
Así lo informó el expresidente Mauricio Macri, que es el titular de la institución. “La Fundación FIFA acompaña al pueblo venezolano en uno de los momentos más difíciles de su historia. Vamos a destinar 1 millón de dólares de nuestro fondo humanitario para apoyar a las comunidades afectadas por los terremotos y colaborar con las organizaciones que ya están trabajando en el terreno para brindar ayuda de emergencia”, expresó desde su cuenta de X.
En el mismo sentido, Macri añadió: “Sé que el fútbol tiene una capacidad única para unir a las personas, especialmente cuando más se necesita. Esa fuerza debe ponerse al servicio de quienes hoy atraviesan esta tragedia”.
“Mis pensamientos y todo mi cariño están con las familias afectadas, como el de Gianni (Infantino) y todos los que formamos parte de la FIFA. Seguiremos acompañando los esfuerzos para que la ayuda llegue lo antes posible”, finalizó el exmandatario.
La situación en Venezuela hoy
Los operativos de rescate en Venezuela sumaron este sábado 215 nuevos cuerpos rescatados, luego de lo que fue el trágico doble terremoto del 24 de junio. De esta manera, las víctimas fatales ascienden ya a 4333.
Así lo informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en conferencia de prensa. Se trata de una de las subidas más altas de fallecidos de las últimas dos semanas tras los terremotos.
Las labores de desescombro y recuperación de cadáveres prosiguen en La Guaira y se intensificaron en los últimos días. En tanto, la cifra de heridos se mantiene en 16.740, mientras que se ha atendido a 31.193 pacientes en hospitales y se ha dado de alta a más del 90%.
El número de personas sin vivienda en Venezuela es de 17.907 y las familias atendidas suman 86.794
El también hermano de la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, aseguró que 18.437 personas se encuentran en un total de 94 campamentos transitorios.
Además, sigue subiendo el número de efectivos militares y de fuerzas de seguridad desplegados (31.837) y el de voluntarios registrados (30.197).
Según el balance oficial, ocurrieron 1.203 réplicas desde el 24 de junio -cuando se registraron los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5- entre ellas una de baja intensidad este mismo sábado.
Fuente: TN
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“No llores, papá”: la historia del payador y su hija que emocionaron al país con una canción para la Selección
Hay canciones que nacen para acompañar un Mundial y otras que, casi sin proponérselo, terminan contando la historia de una familia. La que compusieron el payador santafesino Pedro Saubidet y su hija Paula, de ocho años, pertenece a esa segunda categoría. Porque detrás de la letra dedicada a la Selección hay una guitarra heredada, un abuelo que ya no está, lágrimas compartidas frente al televisor y una pasión futbolera que atravesó generaciones hasta encontrar una nueva voz.
En el video que se volvió viral, Pedro sostiene la guitarra y lleva el ritmo; a su lado, su hija canta con una seguridad que parece desmentir su edad. No hay escenario, luces ni una multitud delante de ellos.
Están en su casa cuando entonan una versión de Astros, la canción de Ciro y Los Persas, con una letra que resume un deseo compartido por millones: “Quiero volver a robarle un gol al ladrón, como el Diego y el Narigón, y que la cuarta estrella brille en el cielo de mi Nación”.
La canción rápidamente escapó del pequeño universo de seguidores que Pedro había construido como payador. Este sábado, mientras la Argentina se prepara para enfrentar a Suiza desde las 22 en Kansas City por los cuartos de final del Mundial, el tema vuelve a funcionar como una banda sonora para la espera.
El equipo de Lionel Scaloni llega a esa instancia después de vencer 3-2 a Egipto en un partido que se resolvió con sufrimiento y que dejó a Pedro y a Paula llorando juntos frente al televisor.
“No llores, papá”, le decía la nena cuando terminó el encuentro. Sin embargo, ella también lloraba. Fue en ese clima, todavía con el corazón acelerado, cuando decidieron grabar la canción. “La estrella del video es ella, por su encanto, por la fuerza que le pone, por su garra y por su naturalidad”, contó Pedro en diálogo con TN.
En la casa de los Saubidet conviven los acordes, las camisetas y las identidades futboleras. Mercedes, la esposa de Pedro, es pampeana e hincha de Boca; él nació en Santa Fe, es fanático de Unión y se define como “muy futbolero”. Sus hijas Francisca, de 11 años, y Paula, de ocho, crecieron entre guitarreadas, reuniones familiares y chamamés.
“La música está presente en todo momento. A mis hijas les gusta mucho, siempre estamos cantando y guitarreando. Hay mucho chamamé por parte mía, pero también me voy adaptando a la música de ellas para poder acompañarlas”, contó Pedro.
El fútbol, en cambio, ingresó a la familia de la mano de Pedro y de su padre, don Pedro, fallecido el año pasado. Aunque era hincha de River y había llegado desde Buenos Aires, fue él quien comenzó a llevarlo a la cancha de Unión cuando era chico. Desde entonces, cada partido quedó unido a una imagen, una conversación o un viaje compartido. “Hoy que papá ya no está, el fútbol es mucho más que un deporte. Es un montón de recuerdos con él en la cancha”, dijo.
Esa pasión también alcanzó a la generación siguiente. Marcos Sanguinetti, sobrino de Pedro y nieto de don Pedro, se convirtió en periodista deportivo y actualmente se encuentra cubriendo el Mundial. “La figura de papá es fundamental para esta pasión. El que más la heredó fui yo y también mi sobrino Marcos. Siempre lo tenemos muy presente en cada partido”, señaló el payador.
Don Pedro no solo dejó el amor por el fútbol. También transmitió los versos, la guitarra, el canto criollo, la vida de campo y una manera de entender a la familia. Junto con doña María, su esposa, criaron a seis hijos: Rosario, Sole, Cruz, Constancia, Pedro y Maruca. “Fue un tipo extraordinario, un hombre íntegro y un gran ejemplo para nosotros. Le debemos a él y a mamá esta familia tan linda que nos dejaron”, recordó.
La canción viral, entonces, no nació solamente del entusiasmo mundialista. También lleva algo de esa herencia.
La frase sobre “robarle un gol al ladrón” recupera la histórica rivalidad con Inglaterra, la Mano de Dios de Diego Maradona y la figura de Carlos Bilardo, el “Narigón”, en México 1986.
Pedro también encontró inspiración en un cuento de Eduardo Sacheri que reflexiona sobre aquel gol y sobre la dimensión emocional que adquirió para los argentinos. “Estamos hablando de una trampa, pero tiene un trasfondo tan profundo lo de Inglaterra que creo que nos pega un poco a todos. Sería muy emocionante reeditar aquella epopeya de Diego. Es una ilusión que tenemos”, sostuvo.
Para Pedro, la identificación con la Selección actual no se limita a los resultados. Encuentra en Scaloni, nacido en el sur santafesino, la cercanía de un hombre de pueblo y reconoce en el cuerpo técnico un perfil que después se refleja en los futbolistas. “Scaloni podría ser el amigo de cualquiera de nosotros. Es muy humano, familiero, humilde, pero aguerrido. Eso se transmite a los jugadores”, afirmó.
Esa forma de representar al país es también lo que quiere transmitirles a sus hijas. “Creo que son un ejemplo que nos hace muy bien como sociedad. A los chicos los vuelve locos la Selección y tienen referentes que realmente son positivos. Sobran cosas para admirar de este grupo, que nos representa tan bien a los argentinos”, dijo.
Mientras la Scaloneta busca este sábado un lugar entre los cuatro mejores del Mundial, Pedro se permite imaginar otra escena. Ya no sería en el living de su casa ni frente a la cámara de un teléfono, sino alrededor de una mesa, con los jugadores, sus familias, sus propias hijas y una guitarra. “Me encantaría cantarla en un asado para todos los muchachos, con sus hijos y con mis hijas. Todos soñamos con estar en esa mesa junto a nuestros ídolos”, confesó.
También le gustaría improvisar un verso para cada integrante del plantel y llevar hasta ellos el oficio que aprendió de su padre y que hoy le permite vivir durante todo el año. Tal vez entonces Paula vuelva a mirarlo de reojo cuando se le quiebre la voz. Tal vez vuelva a decirle que no llore, aunque ella también tenga los ojos llenos de lágrimas.
Fuente: TN