Redes Sociales

Actualidad

Matías entrenaba para ser campeón de natación y tuvo un accidente en la pileta: su lucha por volver a caminar

La natación es un deporte donde un centésimo de segundo puede cambiarlo todo. Para Matías Bottoni, de 17 años, no fue el tiempo, sino un fatídico segundo en el aire lo que reescribió su historia.

Considerado una de las promesas del deporte argentino, el 10 de mayo de 2025 su vida se detuvo en la pileta del Campeonato Nacional en el Parque Olímpico de Buenos Aires. El joven, que entrenó toda su vida para alcanzar la élite, hoy lucha en un centro de rehabilitación de San Jerónimo Sud, en la provincia de Santa Fe, por recuperar la movilidad que el impacto le arrebató.

Empecé a nadar a los tres años y desde entonces no paré nunca. Hasta el momento del accidente”, contó Matías, con una voz que revela la madurez forzada por la tragedia.

Su vida era la de un atleta de alto rendimiento: “Este último año estaba entrenando a la mañana de 07.30 a 10 y después a la tarde, de 15 a 18. La escuela la hacía en modalidad virtual”.

El día del accidente, Matías se preparaba para disputar la final de los 200 metros mariposa, una carrera que coronaría un esfuerzo de años. El hecho ocurrió mientras practicaba una de las largadas.

“El 10 de mayo me encontraba en la competencia, en la entrada en calor. Estaba previo a competir, practicando una partida larga de la conejera. Mientras estaba en el aire, antes de caer, un nadador se cruza por donde no debería y yo me golpeo en la cabeza contra lo que sería su cintura lumbar. En ese momento caí a la pileta sin tener movilidad y pasé a no sentir gran parte de mi cuerpo”, relató Matías a TN.

El impacto fue devastador: se fracturó la sexta vértebra cervical y sufrió una lesión medular grave, quedando paralizado del pecho hacia abajo. “Sentía mucho dolor en el cuello. Y son sensaciones raras, porque uno cuando deja de sentir el cuerpo es desesperante. No sabés qué está pasando en el momento. Yo nunca perdí la conciencia y y lamentablemente registré todo lo que pasaba y experimenté las sensaciones que no son de agrado”, recordó.

Su primera angustia fue elemental: “Yo le preguntaba constantemente a los médicos si iba a volver a caminar, porque lo primero que me di cuenta es que no podía mover la pierna de ninguna manera, ni la sentía. Así que esa era mi mayor preocupación en ese momento”, agregó.

La odisea de la familia

La madre de Matías, Valeria Grimaux, precisó que aquel día, al llegar a Buenos Aires, el diagnóstico fue un balde de agua fría. “Nos habían dicho que tenía fracturada la sexta vértebra cervical y que estaba muy comprometida su salud. Estaba en estado crítico y la operación debía ser de urgencia”, recordó.

La operación era de vida o muerte, y su costo inicial, impagable. “Fue muy difícil ese momento. Porque nos dijeron que la cirugía salía 60 millones de pesos y nosotros no sabíamos de dónde íbamos a sacar la plata en tan pocas horas", confesó Valeria.

La solidaridad de la gente fue crucial: “Realmente le tenemos que agradecer a la gente, si no fuera por ellos Matías no estaría con vida. Hicieron una campaña y gracias a eso se juntó el dinero”.

El accidente no solo afectó al adolescente, sino que dividió a la familia oriunda de Rosario. “Nuestra vida cambió por completo”, dijo Valeria. “No estoy trabajando, estoy acá con Mati todo el tiempo... Mi esposo (Luciano) se arregla con mi hijo más chico por el colegio y además, están viviendo en Rosario. O sea que la familia está dividida, uno por un lado, otro por otro lado, es muy difícil todo”.

Valeria y Martina, la novia de Matías, conviven en una casa en San Jerónimo Sud, cerca del centro de rehabilitación, y se turnan para acompañarlo 24 horas. “Estamos con Matías continuamente, o sea, él mientras está en rehabilitación, nosotros no estamos con él, pero sí durante todo el día 24 horas”.

La ardua rehabilitación: volver al agua como paciente

Luego de ser trasladado del Hospital Italiano al Fleni y, finalmente, al centro de rehabilitación Prepa en San Jerónimo Sud, Matías comenzó su titánica lucha. Los médicos habían pronosticado que quedaría cuadripléjico. Hoy, Matías demuestra una fuerza que desafía el diagnóstico.

“Me habían dicho que iba a quedar cuadripléjico y ahora Mati está recuperándose con rehabilitación, ya puede controlar su tronco, mueve su brazo y está trabajando el movimiento de sus dedos”, contó Valeria con esperanza.

La rehabilitación del adolescente es una jornada extenuante que va de ocho de la mañana y termina a las 18.30, de lunes a viernes, y consiste en un equipo médico multidisciplinario.

Por un lado practica hidroterapia. “Volver a entrar a una pileta, después de lo que me pasó, es algo que me llevó algunas semanas, sobre todo pensarlo y tratar de afrontarlo, porque bueno, al ser el accidente en el agua, volver al medio es algo impactante también,” admitió Matías. Su mamá agregó: “Para Mati era también un desafío. Por eso es una de las cosas más importantes que él haya podido volver.”

El joven también practica kinesiología y gimnasio, enfocado en la estimulación y fortalecimiento. Y terapia ocupacional, encargada de la recuperación de la motricidad fina y el fortalecimiento del tronco y los brazos.

“Es difícil de llevar, tedioso, porque es algo que no estoy acostumbrado y que me cambió la vida por completo en cuanto a lo que yo venía haciendo”, confesó Matías. A pesar de los altibajos, su motivación es firme: “Me motiva a seguir la gente que me mensajea. Quiero volver a caminar y recuperarme”.

El futuro indefinido: “No sé hasta dónde puedo llegar”

Los avances de Matías son innegables. “Hasta ahora logré recuperar movilidad en los brazos. El fortalecimiento es algo de control de lo que sería el tronco, porque eso antes no lo tenía y algo de motricidad fina, pero todavía queda mucho por seguir trabajando”, detalló el joven.

Sin embargo, el camino es largo y sin un final claro. “Los médicos dicen que son de seis meses a un año. Es la etapa más importante de la recuperación y después sería mucho tiempo más, pero nunca se sabe. No lo sabemos”, explicó Valeria.

Matías vive el día a día. “Es una etapa muy, muy larga y de tiempo indefinido. No sé hasta donde puedo llegar y nadie me lo puede decir”, indicó.

Por ahora, su mayor preocupación no es la competencia, sino la vida: “Estoy más enfocado a lo que es mi recuperación y sí, por supuesto que solo aspiro a recuperarme por completo. Pero bueno, estoy viviendo el día a día y tratando de no pensar tanto en eso”.

En la casa de San Jerónimo Sud, la fe se renueva cada día. La familia de Matías, ese círculo de amor y contención, sigue firme, acompañada por la inmensa ola de solidaridad que, como dice su madre, “si no fuera por la gente, Matías no estaría con vida”. La batalla es larga, pero el campeón está de vuelta en su elemento, luchando por el milagro de volver a moverse.

Fuente: TN

Actualidad

Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA

Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.

En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.

Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.

Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.

Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026

En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:

  • Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 $2.603.556,33.
  • Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
  • Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.

Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA

De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:

  • En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
  • En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 $1.651.798,05.
  • No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.

La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto

La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.

Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.

La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustiblesAlimentos y bebidas no alcohólicasSalud Transporte.

Fuente: TN

Sigue leyendo

Actualidad

Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba

Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.

El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.

“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.

De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.

Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.

La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.

Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.

Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.

Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.

Fuente: TN

Sigue leyendo

Actualidad

Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”

La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.

El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.

El comienzo del sueño

Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.

Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.

A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.

No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.

Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.

Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.

Una idea

Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.

Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.

Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.

Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.

Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.

Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.

Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.

El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.

El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.

Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.

Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.

Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.

Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.

La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.

Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.

Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.

El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.

Fuente: TN

Sigue leyendo
Advertisement

Nuestro Clima

Facebook