Internacionales
Su bebé fue devorada por un animal salvaje pero no le creyeron y la condenaron por asesinato: el caso de la familia Chamberlain
Corría el mes de agosto cuando el matrimonio australiano Lindy (32) y Michael (36) Chamberlain decidieron tomarse unos días de vacaciones. Disfrutaban mucho de la vida al aire libre y pensaron que acampar con sus tres hijos (Aidan,7; Reagan, 4; y Azaria, de solo 9 semanas de vida) en un camping familiar ubicado en Uluru, cerca de Ayers Rock, un lugar sagrado para los aborígenes locales, era una excelente idea. Salieron del pueblo minero Mount Isa, en el que vivían al norte de Queensland, en su auto Holden Torana amarillo. Debían viajar unos 1282 kilómetros hasta el parque nacional ubicado en el centro de Australia. El miércoles 13 de agosto de 1980 cargaron las carpas y todo lo necesario para sus vacaciones y partieron felices.
De haber sabido que abrir la puerta de su casa esa mañana sería abrir la puerta del infierno más temido, jamás habrían traspasado el umbral. Pero la realidad siempre es contrafáctica y volver los segundos atrás solo se puede hacer en las películas.
La religiosa familia Chamberlain
Michael Chamberlain, de origen neozelandés, había llegado a Australia en 1964, con solo 20 años. Se convirtió en pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y fue precisamente en el templo donde conoció a Alice “Lindy” Lynne Murchison, quien también había nacido en Nueva Zelanda, el 4 de marzo de 1948. Ella era hija de otro pastor de la iglesia y había llegado a Australia con su propia familia siendo pequeña.
Se enamoraron y todo terminó en casamiento el 18 de noviembre de 1969. Los primeros cinco años de su vida en pareja los pasaron en la isla australiana de Tasmania. Mientras su marido trabajaba como pastor religioso, Lindy estudiaba confección, sastrería y dibujo. Cuatro años después del casamiento nació Aidan. Luego se mudaron a Bowen, en Queensland, donde en 1976 llegó Reagan, el segundo hijo. Y, finalmente, se instalaron en Mount Isa. En junio de 1980, Lindy dio a luz a Azaria. La primera hija mujer. Eran felices con su familia simple, religiosa y sin grandes ambiciones económicas. En Mount Isa ambos trabajaban. Lindy, además de estar comprometida con las labores religiosas de su marido, confeccionaba vestidos de novia por encargo.
Nunca podrían haber imaginado por ese entonces, con sus vidas anónimas y tranquilas, que sus nombres estarían por años impresos en la prensa internacional, que su historia inundaría documentales y que llegaría a la pantalla grande de Hollywood con la película postulada al Oscar Un grito en la oscuridad, con Meryl Streep interpretando a Lindy. Porque su tragedia personal se convirtió en éxito de taquilla y significó dinero para muchos durante décadas. Mientras ellos quedaron sumidos en la desesperación y el desastre.
El dolor de unos, la inspiración de otros y la curiosidad del resto. Como siempre ocurre cuando una historia tiene los condimentos no deseados del horror, la muerte, la intriga, la confusión y los temibles prejuicios.
Una beba de cinco kilos
Luego de tres días de viaje, los Chamberlain llegaron a destino dentro del Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta. Fue el sábado 16 de agosto de 1980, por la tarde. Los adultos bajaron los petates, armaron las carpas y se dispusieron a disfrutar de la naturaleza.
A la mañana siguiente, domingo 17, visitaron el monolito de Uluru, llamado la Roca Sagrada, y estuvieron en La cueva de la Fertilidad. Mientras Michael y los dos varones trepaban y se divertían, Lindy llevaba siempre a Azaria con ella. Se sacaron fotos. En una se ve a Lindy sosteniendo a Azaria por los brazos y con sus pequeños pies apoyados sobre esa tierra colorada y remota. Fue en ese recorrido que Lindy observó a un dingo, típico perro salvaje australiano. Son animales que abundan en la zona. Lo espantó con firmeza para que no se acercara a ellos.
La temperatura del día era amable y rozaba los 20 grados, pero cuando caía el sol subía el frío. A las cinco de la tarde se sentaron cerca del calor de una barbacoa para cocinar y conversar con otros turistas del campamento. Lindy tenía sobre su falda a la pequeña Azaria, la beba regordeta y rubia ya pesaba unos 5 kilos. Estando allí, cerca del fuego, Lindy observó a otro dingo y pensó que el animal se había acercado por el olor a carne asada. Michael le tiró un trozo de pan, pero el dingo no le prestó atención y lo dejó tirado.
Luego de comer, a eso de las ocho, Lindy decidió que ya era hora de llevar a Azaria y a Reagan a la carpa para que descansaran. Estaba armada a unos veinte metros de donde estaban sentados conversando. Los acostó, los tapó y cuando estuvieron dormidos fue con Aidan hasta el auto a buscar una lata de porotos. Volvió al área de la fogata con Aidan un poco después. Unos minutos más tarde todos se sobresaltaron con un llanto. Provenía de las carpas de los Chamberlain. Lindy se paró alarmada y fue corriendo a ver qué pasaba. La puerta de la tienda estaba abierta y vio salir, en la oscuridad, a un dingo con Azaria colgando de sus mandíbulas. Empezó a chillar desesperada y corrió hacia Michael repitiendo enloquecida: “Mi dios, mi dios… ¡¡¡Un dingo se llevó a mi hija!!!”.
Esa misma noche tres centenares de personas, entre turistas, voluntarios y guardaparques, comenzaron la búsqueda infructuosa de Azaria hasta la tres de la mañana. Luego, llegó la policía y rastrilló el área.
La madre explicaría, una y otra vez a lo largo de su vida, que ese dingo la había visto y le había gruñido sacudiendo su cabeza con Azaria entre los dientes. Describió con precisión lo que su hija llevaba puesto: un enterito de pijama y un saquito tejido de color blanco.
Las únicas pruebas iniciales que se hallaron fueron unas pocas huellas de un dingo cerca de la tienda de los Chamberlain. Una semana después, un turista encontró cerca del campamento el enterito de Azaria. Estaba enredado en un matorral, desgarrado y tenía restos de sangre a la altura del cuello.
La primera investigación corroboró la versión de los padres: el dingo se había llevado a la hija menor de los Chamberlain. Sin embargo, no sería tan fácil la resolución del horrendo acontecimiento.
La impotencia de que nadie crea lo que sucedió
El caso causó revuelo en todo el país y cruzó fronteras. Tenía ribetes cinematográficos. Una beba, un perro salvaje, una familia joven destrozada. Pero las dudas no demoraron en instalarse. Los expertos empezaron a decir que no había en Australia ningún caso registrado de un ataque de un dingo a un ser humano. Sostenían que si bien estos perros eran salvajes y carnívoros, se solían alimentar de canguros, zarigüeyas o wombats, no de personas. Les parecía imposible que un dingo se hubiese introducido en una carpa para robar a una bebé de cinco kilos y llevársela con el fin de devorarla.
Ciencia ficción, repetían por lo bajo. Por otro lado, las autoridades temían ahuyentar al turismo de los parques nacionales con la increíble historia de los dingos que se comían niños. No querían ese cuco.
El relato de Lindy había empezado a enfrentarse con la piedra de la incredulidad de los científicos y de la cruel opinión pública. Después de todo, murmuraban, Lindy era la última en haber visto a Azaria con vida. ¿Podría ser ella la responsable de algo siniestro? Comenzaron las interpretaciones de la imagen de esa madre. Lindy se veía con el pelo bien peinado, demasiado cuidada para tanta pena, sin llantos desgarrados. La percibían fría y seria. Todos opinaban: la prensa, los ciudadanos, los policías.
Lindy empezó a mutar de víctima a victimaria. Era cuestionada: ¿cómo era posible que una madre llevara a ese sitio a una beba de nueve semanas? Comenzaron a circular teorías disparatadas. Sostenían que era extraño que Lindy hubiera vestido algunas veces —en esos días— a la bebé con una campera negra; debatían cómo podía ser que ella, que había supuestamente realizado una tesis de grado sobre los dingos, hubiese dejado mal cerrada la puerta de la carpa; discutían sobre el hecho de que ellos fueran parte de los Adventistas del Séptimo Día, que pronosticaran el fin de los tiempos. Sus creencias, en esa época, eran consideradas como “sectarias”.
Hubo bastante más. Algunos empezaron a preguntarse si esa mujer gélida no habría sacrificado a su hija en algún ritual desconocido porque ¿cómo podría un dingo transportar en su boca a una bebé de cinco kilos? Además, ¿por qué no había aparecido el saquito blanco que llevaba puesto sobre el enterito que habían hallado rasgado? ¡Un dingo no le podía haber quitado el abrigo para comerla mejor!
Presionada y sin respuestas, la policía viró su lupa y la enfocó en Lindy. Ella podría haberla asesinado y enterrado en algún lugar. ¿En qué se apoyaron para esta acusación? En unas gotas de sangre microscópicas halladas en el auto familiar: más precisamente en la alfombra delantera, en una manija del coche y en un asiento.
La hipótesis que cobró fuerza fue que Lindy la había degollado en el auto de la familia para luego deshacerse del cuerpo y volver a la zona de la barbacoa. A estas alturas todos en su país odiaban a Lindy y la colocaban en la hoguera de las brujas.
Había, por supuesto, unos pocos que defendían a la familia y decían que era ridículo, que ellos habían sido siempre una familia feliz y que Azaria había sido una beba deseada. Los Chamberlain vivían dentro de una pesadilla: habían perdido a su hija y, ahora, eran sospechosos de un malvado asesinato.
El combustible sobre ellos estaba echado. Los prendieron fuego sin contemplaciones.
Fuente: Infobae
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Buenas noticias desde Indonesia: un bosque se recuperó y volvieron a crecer sus aves
Hay señales que invitan a la esperanza. En la selva de Harapan, en Indonesia, la recuperación del bosque estuvo acompañada por un aumento importante en las poblaciones de aves.
Así lo reveló un estudio publicado en la revista científica Biological Conservation, que comparó la situación del lugar entre 2009-2011 y 2018.
Durante los relevamientos se registraron 187 especies de aves. De las 122 que pudieron ser comparadas en ambos períodos, el 43,8% aumentó significativamente su abundancia.
Es decir, mientras el bosque se regeneraba, muchas de las especies que dependen de él también comenzaron a recuperarse.
Un bosque que vuelve a dar vida
Los investigadores observaron que el 45,1% de las especies analizadas tenía una abundancia promedio mayor en el período más reciente.
Además, ninguna de las especies comparadas presentó una disminución estadísticamente significativa.
Estos resultados muestran el impacto que puede tener la recuperación de un ambiente natural. Cuando vuelven los árboles y mejora el hábitat, también aparecen mejores condiciones para que distintas especies encuentren alimento, refugio y lugares donde reproducirse.
La naturaleza, cuando tiene una oportunidad, puede volver a levantarse. Sin embargo, el estudio también encontró un problema: algunas aves fueron afectadas por la captura para el comercio de mascotas.
A medida que determinadas zonas del bosque se hicieron más accesibles, aumentó también la presión humana sobre ellas. Los investigadores utilizaron precisamente la facilidad de acceso como indicador de una posible mayor intensidad de captura.
El 48,4% de las especies analizadas reforzó su presencia en las zonas más alejadas y difíciles de alcanzar. Para los científicos, esto puede estar relacionado con la presión de captura en los sectores más accesibles.
Las especies más buscadas fueron aquellas valoradas por su canto, su plumaje o determinadas partes de su cuerpo. También resultaron especialmente vulnerables las aves que necesitan bosques maduros.
El estudio encontró que alrededor del 15% de las especies no se recuperó al ritmo que se esperaba. Esto demuestra que regenerar un bosque es fundamental, pero también es necesario proteger a las especies que viven en él.
La experiencia de Harapan deja así una enseñanza sencilla: la conservación puede dar resultados.
En apenas una década, casi la mitad de las especies analizadas mostró un crecimiento significativo. Al mismo tiempo, los investigadores pudieron identificar las amenazas que todavía requieren atención.
Una señal de esperanza
La historia de este bosque indonesio recuerda que la naturaleza no siempre está condenada a desaparecer. Con tiempo, cuidado y protección, un ecosistema puede recuperar parte de su riqueza y volver a sostener más vida.
Desde una mirada cristiana, también puede ser una oportunidad para recordar el llamado a cuidar la creación y valorar la vida en todas sus formas.
La recuperación de Harapan muestra que cuando se cuida la naturaleza, la vida responde. Y detrás de cada bosque que vuelve a crecer hay también una oportunidad para que vuelvan los sonidos, los colores y la diversidad que hacen de nuestro planeta un lugar extraordinario.
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Avanza la declaración del Día Nacional de la Iglesia Evangélica en Paraguay
Paraguay contará con una fecha para conmemorar y celebrar la presencia y el aporte en la sociedad, de la Iglesia evangélica. La Cámara de Diputados sancionó el proyecto de ley que establece el último domingo de octubre de cada año como el Día Nacional de la Iglesia Evangélica en la República del Paraguay.
La iniciativa fue tratada como primer punto del orden del día durante la sesión de la Cámara de Diputados y recibió el respaldo de la mayoría de los legisladores presentes, luego de haber sido impulsada originalmente desde el Senado.
El proyecto establece que la celebración se realizará cada año el último domingo de octubre, una fecha que permitirá a las comunidades evangélicas del país reunirse para conmemorar su fe y dar visibilidad a la labor que desarrollan en distintos ámbitos de la sociedad.
Inicialmente, la propuesta legislativa contemplaba declarar como fecha fija el 31 de octubre. Sin embargo, durante su tratamiento se estableció finalmente que la celebración tendrá lugar el último domingo del mes.
Con la sanción de la Cámara de Diputados, el documento queda ahora a disposición del Poder Ejecutivo, que deberá definir su promulgación.
La declaración representa un nuevo espacio institucional para reconocer la presencia de las iglesias evangélicas en Paraguay y abre la puerta a que cada año esta fecha sea una oportunidad para celebrar la fe cristiana, fortalecer los vínculos entre las comunidades y poner en valor el servicio que realizan sus congregaciones en el país.
FUENTE: ABC Color
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El desierto de Atacama se vistió de colores tras las lluvias y alcanzará su máximo esplendor en octubre
El desierto de Atacama, reconocido como uno de los lugares más áridos del planeta, atraviesa una impactante transformación tras las intensas lluvias caídas durante el invierno en el norte de Chile. Extensas áreas de arena quedaron cubiertas por flores de diversos colores en el fenómeno conocido como desierto florido, un espectáculo natural que, según estimaciones de la Corporación Nacional Forestal de Chile (CONAF), podría abarcar unas 15.000 hectáreas en octubre y alcanzar una de sus mayores extensiones registradas en la región.
El fenómeno responde a la reactivación de un banco de semillas y bulbos perteneciente a unas 200 especies que permanecen inactivas bajo la arena a la espera de humedad. Entre las variedades más destacadas aparecen los suspiros blancos y las patas de guanaco, responsables de teñir el suelo árido con tonos violetas. Este despertar botánico fue desencadenado por el temporal que afectó a la zona entre el 16 y el 22 de julio, asociado al fenómeno de El Niño. En algunos sectores se registraron precipitaciones superiores a los 180 milímetros, una cifra inédita para la zona que logró penetrar hasta las capas más profundas del suelo desértico.
La llegada del agua no solo transformó el paisaje visual, sino que también reactivó un ecosistema integral que abarca la reaparición de insectos, caracoles, aves, reptiles y pequeños mamíferos, donde polinizadores como las abejas desempeñan un rol fundamental. Desde la CONAF remarcaron que, aunque existen otros desiertos en el mundo que florecen, la diversidad de especies y la escala territorial de Atacama lo convierten en un evento único a nivel global.
La belleza de las flores sobre las dunas comenzó a atraer a miles de turistas, lo que motivó un llamado de atención por parte de las autoridades ambientales para proteger este frágil ecosistema. Desde los organismos oficiales pidieron a los visitantes no pisotear las plantas, circular únicamente por las rutas y senderos habilitados y evitar la presencia de mascotas, con el objetivo de resguardar tanto la flora como la fauna silvestre antes de que el espectáculo alcance su máximo esplendor durante el mes de octubre.