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El primer empleo ya no es lo que era: formación acelerada, experiencias parciales, informalidad y creatividad
Durante muchos años, la gastronomía y los locales de comida rápida funcionaron como la principal puerta de entrada al mundo del trabajo para los jóvenes argentinos. Sin embargo, en la era digital, ese primer paso está cambiando rápidamente. Hoy, sectores como los contact centers, las plataformas de delivery, los emprendimientos personales y la educación no formal ganan protagonismo. Este cambio refleja una transformación estructural del mercado laboral juvenil en el país.
En 2024, los contact centers emplearon a 60.000 jóvenes en Argentina, según datos de CAT Technologies. El sector, que incluye empresas especializadas en atención al cliente, ventas y soporte técnico, se posicionó como una de las principales opciones para el primer empleo. Sus ventajas: horarios part time, posibilidad de crecimiento, formación continua y, sobre todo, acceso sin necesidad de experiencia previa.
“Trabajar en un contact center no solo brinda una oportunidad laboral, sino que representa una escuela de aprendizaje. Los jóvenes adquieren competencias en comunicación efectiva, resolución de problemas, negociación y uso de herramientas tecnológicas, todas ellas altamente valoradas en cualquier industria”, señala un informe realizado por la empresa CAT que provee soluciones de call centers.
El 70% de los jóvenes que ingresan al sector lo hace sin experiencia previa y, según datos internos de CAT, uno de cada cuatro termina ascendiendo a roles de supervisión o liderazgo dentro de los primeros dos años. Además, el sector está en constante innovación con el uso de inteligencia artificial, análisis de datos y nuevos canales digitales, lo que permite a los trabajadores adquirir competencias cada vez más demandadas en el mercado.
Un estudio regional publicado por SciELO en 2024 advierte que, si bien los contact centers ofrecen oportunidades laborales iniciales, también se enfrentan a desafíos como la presión por resultados y la rotación constante de personal, lo cual puede influir en la estabilidad de los puestos y en el desarrollo profesional a largo plazo.
Emprendimientos: creatividad como respuesta a la incertidumbre
Otro canal frecuente para el primer empleo son las plataformas de reparto de pedidos. La barrera de entrada es baja: solo se necesita un celular y un vehículo. Esto permite a miles de jóvenes acceder rápidamente a una fuente de ingresos.
Sin embargo, estas oportunidades también tienen un costo: la ausencia de relación laboral formal, falta de cobertura social, ingresos variables y exposición a riesgos. La Asociación de Motociclistas, Mensajeros y Servicios (ASIMM) estima que en 2024 más de 100.000 jóvenes en Argentina trabajaron en plataformas digitales bajo esta modalidad. Para muchos, fue una alternativa temporal mientras buscaban oportunidades más estables.
Para los especialistas en derecho laboral, estos trabajadores están en una situación de alta vulnerabilidad: no cuentan con obra social, no realizan aportes jubilatorios y no tienen seguros ante accidentes. A pesar de esto, la flexibilidad horaria sigue siendo un atractivo importante para quienes estudian o deben combinar distintas actividades.
Frente a la falta de oportunidades formales, muchos jóvenes optan por crear sus propios proyectos. La venta online, el diseño gráfico, la edición de video, el marketing en redes sociales o la oferta de servicios personalizados se convirtieron en salidas laborales viables. Plataformas como Instagram, TikTok o Mercado Libre son hoy verdaderos “puestos de trabajo virtuales”.
Esta tendencia refleja no solo un espíritu emprendedor, sino también una necesidad de autogestión frente a un mercado laboral que excluye o precariza. La pandemia aceleró este fenómeno y, según un informe de Adecco, el 38% de los jóvenes de entre 18 y 24 años considera hoy el emprendimiento como su principal proyecto laboral a futuro.
En esta línea, programas como “Impulsarte” en distintas provincias argentinas están orientados a brindar capacitación y capital semilla a jóvenes emprendedores. Además, entidades como AMIA ofrecen ciclos gratuitos de formación laboral con fuerte orientación a proyectos autogestivos.
Educación no formal: la nueva aliada para la inserción laboral
En paralelo, la educación no formal se consolida como una herramienta clave. Según la última Encuesta Nacional de Educación No Formal, publicada en marzo de 2025 por la Cámara Argentina para la Formación Profesional y la Capacitación Laboral, se estima que este año 250.000 personas ingresarán a cursos de corta duración y rápida salida laboral.
El 79% de los cursos ofrecidos por estos centros tiene una duración de hasta 9 meses, siendo los más comunes los de entre 3 y 6 meses (34%) y los de hasta 3 meses (26%). El costo promedio de estos programas ronda los 91.600 pesos, incluyendo matrícula y cuotas. Este modelo educativo permite adquirir habilidades específicas en poco tiempo y con un costo accesible.
El informe también destaca que el 82% de los centros educativos planea ampliar su oferta en 2025, y que el 65% espera aumentar su matrícula. Las modalidades sincrónicas y mixtas son las más utilizadas, lo que demuestra una fuerte adaptabilidad a las nuevas demandas tecnológicas y sociales.
Entre los principales cursos demandados se encuentran los vinculados a tecnología, programación, administración, logística, servicios y oficios especializados. Esta formación se adapta rápidamente a las necesidades del mercado, y es elegida mayoritariamente por jóvenes de entre 18 y 30 años en busca de una salida laboral concreta.
También se destaca el rol de entidades como los gobiernos provinciales y municipales y las mutuales en la promoción de capacitaciones gratuitas, apuntadas especialmente a sectores con alta demanda de empleo y escasez de formación previa.
Desde Adecco Argentina, destacan que las empresas no solo valoran la experiencia, sino también las habilidades blandas. “Las más buscadas son la comunicación, la adaptabilidad, el trabajo en equipo y la resolución de problemas”, explica María Sol Benedetic, RPO Project Manager. Además, el dominio de herramientas tecnológicas y el análisis de datos ganan terreno.
Adecco también señala que los sectores con mayor demanda de jóvenes sin experiencia son tecnología, retail, consumo masivo, energía, servicios financieros y logística. Los programas de pasantías, trainees y aprendices siguen siendo una vía importante de inserción, aunque requieren estructuras empresariales que no siempre están disponibles para todos.
El primer empleo en Argentina ya no es lo que era. Hoy, los jóvenes se enfrentan a un escenario fragmentado, con nuevas oportunidades, pero también con más exigencias y menos garantías. La transición hacia la vida laboral combina formación acelerada, experiencias parciales, informalidad y creatividad.
Fuente: TN
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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA
Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.
En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.
Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.
Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.
Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026
En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:
- Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 y $2.603.556,33.
- Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
- Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.
Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA
De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:
- En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
- En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 y $1.651.798,05.
- No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.
La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto
La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.
Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.
La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; Alimentos y bebidas no alcohólicas; Salud y Transporte.
Fuente: TN
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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba
Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.
El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.
“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.
De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.
“Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.
La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.
Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.
Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.
Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.
Fuente: TN
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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”
La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.
El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.
El comienzo del sueño
Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.
Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.
A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.
No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.
Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.
Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.
Una idea
Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.
Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.
Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.
Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.
Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.
Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.
Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.
El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.
El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.
Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.
Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.
Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.
Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.
La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.
Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.
Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.
El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.
Fuente: TN