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Crecen las familias que deciden tener solo un hijo: qué hay detrás de la caída de la natalidad en la Argentina
En las últimas décadas, la idea de una familia numerosa se fue extinguiendo, ya que en la Argentina -y en el mundo- se está viviendo una transformación silenciosa pero poderosa: menos hijos, más distancia entre cada embarazo y más personas que deciden no atravesar más de una crianza a la vez.
¿Qué cambió entre aquella generación que crecía entre hermanos, mesas extensas y ropa heredada, y la actual que duda incluso de repetir la experiencia de maternar? ¿Es una elección o una renuncia?
Con datos, la voz de una especialista y testimonios, TN buscó respuestas no solo para saber qué pasa con ese segundo hijo que no llega, sino para averiguar qué dice eso sobre los cambios de nuestra sociedad en aspectos económicos, emocionales y personales.
La caída de la natalidad
Cada vez más, crece la cantidad de personas que deciden no tener hijos o tener solo uno tanto en el mundo como en la Argentina. Esto es un fenómeno que empezó a verse a partir de 2014, cuando se produjo una caída llamativa en la natalidad, la cual solo se profundizó en los años siguientes. Entre ese punto y el último informe disponible, que fue en 2022, se detectó una baja de casi el 40%.
“Se observa que la cantidad de nacimientos pasó de 777.012 en 2014 a 495.295 en 2022, significando esto una caída del 36%”, indica el informe “Natalidad y demanda educativa”, realizado por el Observatorio de Argentinos por la Educación.
En este escenario, los datos reflejan que el mayor descenso se vio en provincias como Tierra del Fuego con -49%, en Jujuy con -44% y en la ciudad de Buenos Aires también con -44%. En cambio, las menores caídas se dieron en Chaco (-21%), Santa Fe (-28%) y Misiones (-29%).
Por otra parte, si se analiza la cantidad de nacimientos según la edad de la madre y se comparan los datos de 2014 con los de 2022, se observa que la disminución fue más fuerte en los grupos más jóvenes.
• En madres menores de 15 años, los nacimientos bajaron un 64%: de 3.007 a 1.087.
• En el grupo de 15 a 19 años, la caída fue del 62%: de 113.945 a 43.210.
• En el grupo de 20 a 24 años, bajaron un 44%: de 192.415 a 107.449.
A su vez, a medida que aumenta la edad, la diferencia entre ambos años es menor: en mujeres de 25 a 29 años, la baja fue del 30%; en las de 30 a 34 años, del 28%; en las de 35 a 39, del 22%; y por último, en las mayores de 40 años, del 5%.
De esta manera, el estudio realizado por el Observatorio de Argentinos por la Educación demostró que hubo un cambio en la distribución de los nacidos por edad de la madre y una postergación de la maternidad, ya que hay una mayor proporción de mujeres que tienen hijos en una edad más avanzada.
En el caso de CABA, un informe reciente del Gobierno de la Ciudad indicó que se redujeron a casi la mitad los nacimientos en los últimos ocho años.
“Según los datos del Registro Civil porteño, las actas de nacimiento se redujeron de 76.298 en 2016 a 43.075 en 2023, lo que representa una caída en la natalidad del 43,54%”, se lee en el documento.
Sin embargo, si se tienen en cuenta los datos del primer trimestre de 2024 -en donde se registraron 20.214 nacimientos- el descenso se amplió al 48,03%, es decir unos 18.885 menos que en el mismo semestre de 2016.
Andrea tiene 45 años, es abogada y decidió no tener hijos. “Nunca me vi en un proyecto de vida de una familia tipo. De todas maneras, hoy estoy convencida de que una materna a distintas personas, e incluso mascotas, sin la necesidad del vínculo madre-hijo”, argumentó.
Además de priorizar su independencia y el desarrollo de su carrera profesional, ella contó que optó por esa elección debido a su historia personal. “Si bien mi mamá estaba presente, yo ayudaba con las tareas de cuidado de mis hermanas. Desde muy chica tuve que ejercer esa parte de la maternidad que me hizo replantear un montón de cosas”, relató.
Con los años, Andrea también se involucró en la crianza de sus sobrinos: “La función materna, entendida como el cuidado de otro, se ejerce por fuera también. Con ellos no solo me siento a hacer las tareas del colegio, sino también en la enseñanza de los buenos tratos y educación”.
A su vez, también remarcó el hecho de que las madres no solo salen a trabajar para que “la economía del hogar alcance y ver cómo consiguen una niñera”, sino que también continúa el estereotipo de que la mujer es la encargada exclusiva de las tareas del hogar. “En mi caso, no me interesa tener estas cuestiones en mi vida cotidiana y no me arrepiento de no tener hijos”, concluyó.
El costo de la crianza
Una de las preocupaciones actuales que más se repite a la hora de pensar en tener un hijo es el costo económico que eso conlleva. Es por este motivo que Agustina, de 34 años, decidió no tener un hermano para Lautaro, de 7. “Hoy por hoy, la realidad es que no quiero tener más por cuestiones económicas. Creo que es fundamental porque es una gran responsabilidad. Eso de que un niño viene con un ‘pan abajo del brazo’ no es así”, contó en diálogo con TN.
A su vez, Agustina argumenta que en la actualidad hay un espacio más habilitado para planificar la maternidad. “Creo que hoy es más pensado. Antes había mucho de tradición y de desinformación. Ahora las mujeres podemos charlar y decir con libertad lo que queremos. Tenemos esa voz que antes no teníamos”.
En el último informe de la canasta de crianza del INDEC, se detallaron los costos de consumos y cuidados de infantes, niñas, niños y adolescentes en marzo de 2025. De esta manera, se realizó una comparación con los datos de enero de 2020 y se comprobó que los números se dispararon en todos los rangos etarios.
En promedio, el costo de criar a un chico se multiplicó por más de 20 en cinco años, un salto que puede ayudar a explicar por qué muchas familias deciden no tener un segundo hijo e incluso a los que ni siquiera consideran tener uno.
En esta línea, el documento indica que la canasta de crianza para bebés de menos de un año en marzo de 2025 es de $409.414, mientras que para los nenes de entre 1 y 3 años es de $482.060. En el caso de los chicos de entre 4 y 5 años, el costo baja a $399.928; y en los que están entre los 6 y 12 años es de $388.010.
La soledad, la abrumación y las dificultades de la crianza
La decisión de tener un solo hijo no responde únicamente a factores económicos. También intervienen aspectos emocionales, sociales y vinculares que atraviesan profundamente a madres y padres en la actualidad. La psicóloga y socióloga Claudia Messing, presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar (SAFT), explicó cómo la sobrecarga emocional, la soledad en la crianza y un nuevo tipo de vínculo entre adultos e hijos influyen en esta tendencia creciente al hijo único.
Messing sostiene que también está “la necesidad de sostener y desarrollar carreras profesionales y proyectos personales como los de viajar, las dificultades de consolidar una pareja con la cual armar una familia y la altísima presión y autoexigencia con que viven las personas en estas épocas”.
En el caso de las madres primerizas, la especialista señala que muchas experimentan vivencias de soledad y abrumación por la intensa demanda que implica la crianza, especialmente en los primeros momentos.
“Tengo varias razones que me llevan a pensar que no quiero volver a ser mamá, pero principalmente porque el papá de mi hijo no se hace cargo económica ni afectivamente”, relató Lorena, de 33 años. Si bien destacó que cuenta con la ayuda de sus padres, también indicó que es difícil encontrar una pareja que sea capaz de conformar una familia de manera responsable. “Tener un hijo implica mucha responsabilidad y la mayoría de las mujeres que conozco, ya sean amigas o clientas, están en la misma: los padres no se hacen cargo”, concluyó.
Paula, de 34 años, contó que tener un segundo hijo o hija aún no es una decisión que está decidida al 100%. Sin embargo, mencionó que existen dos cuestiones que impiden que esa idea se haga realidad por el momento. Por un lado, señaló las dificultades del contexto económico actual, pero también destacó la demanda de la crianza.
“Hay mucho factores: los tiempos que manejamos los adultos, el trabajo, las licencias de paternidad que son muy cortas. Es una cadena de cosas que nos llevan a trabajar y, al mismo tiempo, a estar solas”, afirmó.
Asimismo, también habló sobre la soledad que se transita durante el proceso: “Tener un bebé recién nacido y estar sola es muy fuerte para la cabeza. Y sé que soy una privilegiada porque tuve muchas cosas que otras personas no tienen, como una licencia por maternidad o una pareja que cría conmigo a la par. Pero aún así, me resultó muy difícil”.
En este sentido, Paula remarcó que también se suman las complicaciones para tener una vida paralela a la maternidad. “Aunque tratemos de hacerlo lo mejor posible, inevitablemente cometemos errores. Todo eso se suma: las culpas, los cuestionamientos y todo lo que aparece a medida que vamos criando”.
Uno de los conceptos fundamentales que plantea Claudia Messing para entender las dificultades actuales en la crianza es el de simetría inconsciente. Se trata de una nueva forma de vínculo entre adultos y chicos, que se caracteriza por la ausencia de distancia simbólica entre ambos. En este modelo, los hijos ya no se posicionan por debajo de los padres en una estructura jerárquica tradicional, sino que se perciben como sus iguales, como si se estuvieran mirando “frente a un espejo”.
“Las personas desde que nacen hoy copian masivamente a sus padres porque se acabó el miedo y la distancia en la crianza”, explicó Messing. Esta imitación no es solo conductual, sino emocional: genera lo que ella llama paridad psíquica, una sensación de igualdad que impide a los niños internalizar a los adultos como figuras protectoras. En consecuencia, “aún en el mejor de los vínculos se sienten solos por dentro y con un gran monto de autoexigencia interior por este mismo mandato de poder solos”.
Esta carencia de apoyo interno no desaparece al llegar a la adultez. Por el contrario, se reactiva en el momento de la crianza, especialmente en madres y padres primerizos.
Además, los chicos actuales, criados también en este vínculo simétrico, crecen esperando que sus padres reflejen y confirmen todos sus deseos. Cuando eso no ocurre, la frustración se vuelve intolerable y se expresa en berrinches o espasmos del sollozo de una intensidad tal que, como advierte Messing, incluso fueron considerados cuadros clínicos por el último manual de psiquiatría.
Sobre esto, Romina, de 36 años, contó que su hija Olivia, de 6, “es una nena muy sensible y con una personalidad muy fuerte desde chiquita”. Esto le produjo complicaciones a la hora de establecer ciertos límites: “A veces me pide algo y si le digo que no, se quiebra de una manera que me hace sentir culpable. Y aunque sé que no es su intención manipularme, lo que me genera es tan fuerte que termino cediendo y o me siento la peor madre del mundo”.
Por otra parte, subrayó que si bien cuenta con ayuda de su pareja, sus padres y sus amigos, muchas veces siente la sensación de que “puede sola”. “Me crié muy a la par de mi mamá, siempre sintiendo que tenía que ser fuerte y que no podía molestar. Y ahora veo que eso me pesa un montón en la maternidad porque quiero ser firme con mi hija, contenerla, guiarla, pero muchas veces me siento más niña que adulta frente a ella”, explicó.
Hoy en día, la decisión de tener un hijo -o más- está profundamente atravesada por el contexto. El mandato de la maternidad cede lugar, lentamente, a una maternidad deseada, pensada e incluso cuestionada. La caída de la natalidad no es un solo una cifra, sino el reflejo de una generación que cría en soledad, con culpas y con miedo, pero también con elección y límites.
En esa tensión entre querer, poder y deber, se escribe una nueva historia familiar, con menos integrantes, pero quizás con vínculos más conscientes. Y aunque los números sigan bajando, la pregunta que queda abierta es si, en esta nueva manera de criar, también estamos creando otras formas de ser y estar en el mundo.
Fuente: TN
Nacionales
El Senado aprobó el Régimen Penal Juvenil y la edad de imputabilidad bajará a 14 años
El Senado de la Nación convirtió en ley el proyecto impulsado por el Ministerio de Seguridad durante la gestión de Patricia Bullrich, quien celebró la sanción como un logro propio. El eje principal de la norma es la baja de la edad punible para el sistema penal argentino.
Con 44 votos afirmativos, 27 negativos y una abstención, la ley que ya había sido aprobada por Diputados ahora aguarda la reglamentación y publicación en el Boletín Oficial.
“El Estado no va a seguir mirando para otro lado. ¿Quieren que los ciudadanos que no cometen delitos sean de segunda? No importa la edad de los delincuentes, importa el delito”, comenzó Patricia Bullrich.
Y agregó: “Este modelo se agotó, nosotros venimos a plantear algo moral y jurídicamente distinto, una teoría que deja de poner en la indefensión total a las familias que enterraban a sus hijos. Cuando el delito no tiene consecuencias, la ley pierde autoridad, y eso es lo que pasaba antes”.
“Vinimos a poner orden y no nos da vergüenza. Si las hizo, las paga, por eso ordenamos las calles y hacemos cumplir la ley. Proteger a los adolescentes, reparar a las víctimas. Queremos una sociedad con menos delincuentes y menos presos. Hoy votamos justicia, responsabilidad, hoy votamos contra los kirchneristas de batallón militante. Estamos cambiando la historia de la Argentina”, cerró la senadora.
Luego pidió un minuto de silencio por las víctimas e hizo parar a todo el bloque. El peronismo observó y Villarruel aclaró que ella no podía definir eso. Finalmente, todos se pusieron de pie y se hizo silencio.
El peronismo se opuso desde el inicio y, además de advertir que la ley se concentra en lo punitivo y no en la protección de las infancias, remarcó que los fondos presupuestados resultan insuficientes.
Según la norma, el presupuesto para un sistema que reduce la edad de 16 a 14 años destina $23.700 millones a las provincias.
Datos del Servicio Penitenciario Federal indican que el costo del metro cuadrado es de 3,2 millones de pesos. Con el presupuesto previsto se podrían construir 7.400 metros cuadrados. Dividido por los 24 distritos, cada provincia recibiría 308 metros cuadrados.
Frente a esos números, Jorge Capitanich del PJ señaló: “Si no contamos con el presupuesto necesario, estas quedan en letra muerta y constituyen una frustración colectiva”.
La respuesta llegó desde el bloque libertario, algunos con mayor énfasis, como Luis Juez, quien acusó al peronismo de “mentiroso. Solo con una fuerte cuota de ignorancia se puede opinar como opinan”.
“Si la discusión es la plata, que la pongan las provincias. Se la gastan en cualquier cosa, en publicidad. A pocos metros de acá hay familiares que vienen a buscar justicia, no venganza”, agregó el cordobés que ahora integra LLA.
Parte de la postura peronista se reflejó en la intervención de la senadora Lucía Corpacci. El bloque estaba molesto porque había acordado con los libertarios no habilitar la presencia de familiares en las gradas. Sin embargo, el oficialismo permitió el ingreso de varios que se ubicaron en los palcos del primer piso.
“Somos legisladores, no estamos para responder el enojo, estamos para dictar leyes que hagan la vida mejor y construyan una sociedad mejor. Debemos actuar con racionalidad y humanidad. Esta ley no es la solución de nada”, sostuvo Corpacci.
Gerardo Zamora, de Santiago del Estero, recorrió diferentes artículos para argumentar la inconstitucionalidad de la norma. El ex gobernador advirtió que el proyecto generará “litigiosidad”. “En defensa del federalismo, mi voto y el de mi bloque es negativo”.
El cierre del kirchnerismo estuvo a cargo del senador Martín Soria, quien señaló: “A pesar de las correcciones, este proyecto de Régimen Penal Juvenil sigue siendo muy malo, contiene errores graves y peligrosos. No va a solucionar lo que ustedes creen que van a solucionar. Esta ley es peor que el decreto de Videla porque viola el principio de culpabilidad disminuida”.
Qué dice el proyecto
La ley crea un sistema penal juvenil especializado para adolescentes de 14 a 18 años, con el objetivo de garantizar procesos judiciales adecuados a la edad. El texto establece la presunción favorable a la minoría de edad y que los menores de 18 años no compartan ámbitos judiciales ni penitenciarios con adultos.
El régimen introduce principios como legalidad, proporcionalidad y excepcionalidad de la privación de libertad, y prioriza la resocialización de los jóvenes. El sistema prevé que los adolescentes cuenten con garantías judiciales desde el inicio y que las causas se tramiten en órganos y centros especializados. Se contempla la rápida intervención judicial y el derecho de los adolescentes a ser escuchados y que su familia participe activamente en el proceso.
El capítulo dedicado a las víctimas otorga un rol central a quienes resulten damnificados por delitos juveniles. El proyecto garantiza asistencia jurídica y psicológica inmediata, la posibilidad de intervenir en audiencias y oponerse a decisiones del Ministerio Público Fiscal, y la participación en instancias restaurativas como la mediación penal juvenil.
El sistema de sanciones prevé un esquema progresivo y diversificado, que incluye medidas educativas, tareas comunitarias, monitoreo electrónico y reparación del daño, además de restricciones de circulación. La privación de libertad solo se aplicará en delitos graves, con límites estrictos de tiempo y separación permanente de los jóvenes respecto de los adultos.
En la etapa de ejecución de sanciones, el proyecto incorpora la figura del supervisor judicial especializado, responsable de acompañar y monitorear el proceso de reinserción. La libertad condicional solo podrá otorgarse con aval del Ministerio Público Fiscal y bajo condiciones precisas. También se incluyen respuestas específicas para problemáticas de salud mental y consumo problemático, con intervención de equipos interdisciplinarios.
La propuesta detalla estándares de alojamiento que prohíben la convivencia de adolescentes con adultos y garantizan acceso a educación, cultura, recreación y atención espiritual. Se prevé diferenciación por edad y situación procesal dentro de los centros, así como capacitación del personal a cargo.
En los casos de menores inimputables, el texto dispone intervención judicial para investigar el hecho y aplicar medidas curativas o protectoras, siempre bajo la órbita de la justicia civil. Además, se estipula la especialización obligatoria de jueces, fiscales y defensores en materia penal juvenil.
Fuente: Infobae
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Camina por el barrio, elige un lugar al azar y lo pinta gratis: ya transformó casi 40 negocios
Diego Fleitas camina por las calles de Berazategui y Quilmes con un ojo clínico. No busca baches ni direcciones; busca frentes apagados, persianas descascaradas y emprendedores que, como él hace 15 años, la estén “remando” contra viento y marea.
Diego, de 48 años, es dueño de Patodacolores, una pinturería familiar, pero en el último año se convirtió en algo más: el hombre que les devuelve el color a los barrios, de forma gratuita y al azar.
“Esta idea es para ayudar a un emprendedor que la está peleando. El frente de un comercio demuestra que la pintura es buena, pero sobre todo, demuestra que hay alguien del otro lado que apuesta por vos”, contó Diego en diálogo con TN.
La historia de la pinturería nació de un giro inesperado. Diego era profesor de Educación Física cuando conoció a Patricia Gauna (47). Ella trabajaba en el rubro y él, con el alma de emprendedor inquieta, le propuso abrir un negocio propio. “Me dijo de poner un gimnasio, pero terminamos emprendiendo en una pinturería”, recuerda.
Los comienzos en Quilmes no resultaron fáciles. Fueron durísimos. Los proveedores no nos querían vender y, para que te abran una cuenta, tenías que pagar todo en efectivo, invertir muchísimo dinero para iniciar y, encima, el alquiler. Fue a pulmón”. Hoy, 15 años después, el equipo es plenamente familiar: Diego, Patricia, su ahijado y sus hermanos, que dan una mano cuando el trabajo desborda.
La iniciativa de pintar fachadas gratis surgió en octubre de 2024, aunque los videos empezaron a viralizarse recién en 2025. “La idea fue mía, pero mi esposa me sigue a todo lo que digo, pobre”, bromeó Diego. El concepto es simple pero potente: detectar un local que necesite un cambio de imagen, presentarse con una carta y ofrecer la transformación total.
Sin embargo, el camino de la solidaridad tiene obstáculos. “Muchas veces nos rebotaron por desconfianza. También hay mucho ‘odio’ en redes porque llama la atención que alguien haga esto gratis”, explicó. Pero cuando el “sí” llega, la magia ocurre en tiempo récord: “Si lo podemos hacer en seis o siete horas, lo hacemos. Me encanta el factor sorpresa”.
“No pinto beige, la onda es que se vea”
Diego no se limita a cubrir manchas: busca impacto. Sus diseños suelen incluir colores vibrantes e incluso luces para que el negocio destaque de noche. “Necesitás ese impacto visual. Puedo pintar un beige clarito o un blanco, pero la idea es que se vea, que la gente pase y diga: ‘Mirá ese local’”, sostuvo.
Los resultados son inmediatos y no solo estéticos. Diego recuerda el caso de un barbero en un pueblo de Corrientes de 30 mil habitantes: “Lo vieron tres millones de personas en redes. Al pibe le llovían los pedidos. Yo les digo que van a vender más después de pintar, y después, me llaman para confirmarlo. Eso me emociona: la cara de la gente cuando ve su local terminado”.
Llevar adelante este proyecto requiere un malabarismo constante. Diego y Patricia coordinan las pintadas en los baches que deja la rutina familiar. “Lo voy mechando como puedo. Cuando mi nena está en el jardín, mi mujer va y viene del local y yo le meto al pincel”, relató.
Con casi 40 emprendedores ya transformados bajo el brazo, Diego siente que el rédito más grande no es económico, aunque el trabajo en la pinturería aumentó gracias a los “tips” y la visibilidad. “Todo lo que es solidaridad lo hacemos, no me alcanza. Hemos pintado hasta casas de acumuladores compulsivos”, indicó.
Para Diego, cada persiana que se levanta con color nuevo es una batalla ganada al desánimo. “Me re emociona que se vea tanto. Si nosotros subsistimos 15 años, quiero ayudar a que otros también lo logren”, completó.
Fuente: TN
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“Voy para el sur”: la historia del voluntario que dejó todo para combatir los incendios en Epuyén
Las noticias de los incendios en Epuyén encendieron una alarma en Juan “Jota” Bello. No lo dudó, fue al grupo de la red de voluntarios que brinda apoyo a los brigadistas en la Patagonia, y avisó: “Voy para el sur, puedo sumar a cuatro personas y cargar insumos”.
Así, en Buenos Aires, se despidió de su pareja, que lo abrazó en silencio, y de sus hijas que le pidieron que se cuide. También de su hermana, que no deja de llamarlo para monitorear que él esté bien. Y emprendió el camino, en el trayecto levantó a un bombero de Vicente López y en La Pampa a un brigadista cordobés. También sumaron equipamiento: borceguíes, guantes, mangueras, motobombas, alimentos y hasta remedios.
Es la primera vez que Jota está trabajando activamente en la zona de los incendios, el año pasado había sido voluntario pero desde Buenos Aires. “No te das idea de la magnitud del incendio hasta que llegás. Hoy hablaba con alguien que vive en la zona desde el año 77, y me contaba que nunca vivieron algo así, con tantas lenguas y frentes activos al mismo tiempo”, cuenta en diálogo con TN, con preocupación en su voz.
El primer día recibió una rápida formación para aprender a alejar de los focos todo lo que puede ser combustible para el fuego (lo que está verde, la pinocha y más) y también medidas de seguridad. “Trabajamos más de 14 horas por día, hoy es la primera vez que terminamos antes de que se ponga el sol. Viendo tanto, a los tres días empezás a ser experto en encontrar posibles nuevos focos bajo la tierra”, describe Jota.
La vida entre el fuego
Jota y el equipo de voluntarios con los que trabaja todos los días están parando en una zona especial, a la que llaman zona de transición: ubicada entre el verde (que puede rápidamente prenderse) y el incendio activo. “Estamos a disposición de los brigadistas”, dice.
“Aunque parezca raro, lo que sucede es que estar acá te da una conexión tan profunda con la naturaleza que uno se olvida del estrés. No estoy bruxando, no uso mi placa para descansar mientras duermo”, cuenta con una calma que encierra cuidado y saber que está haciendo lo que debe.
Pero eso no significa que no estén conscientes de lo que sucede a su alrededor. “Dos noches decidimos dormir afuera, pusimos los colchones al lado del tanque australiano, con las mangueras y las motobombas instaladas, porque teníamos fuego por dos frentes diferentes”, relata.
A esto se suman las guardias, salir a recorrer la zona donde descansan en formato de espiral hacia afuera, para detectar si hay posibles focos que hay que atacar con urgencia o si pueden esperar. “Si es esta segunda opción, lo mejor es tratarlos de día, porque de noche puede ser peligroso, porque la tierra está muy caliente”, advierte Jota.
Mate y arrancar
Desde el 13 de enero (muchos llegaron antes, y están en el combate desde el 6) la rutina de Jota inicia a primera hora con un mate, y rápidamente salir al campo. La zona que ellos tienen a cargo abarca unos 80 kilómetros.
“Recorremos las partes quemadas. Hacemos guardias de cenizas, que es buscar los focos que vuelven a encenderse. Vamos buscando pequeñas columnas de humo, fumarolas y las enfriamos. Hay que hacerlo con mucho cuidado, porque la tierra está muy caliente en esos lugares. El otro día, habíamos tirado miles de litros de agua para enfriar una parte, y sin darse cuenta un bombero metió su pie adentro y literalmente el agua estaba hirviendo; ahora tiene una quemadura de segundo grado”, relata, dejando en claro la importancia del trabajo, pero también el cuidado que todos deben tener.
Cuando encuentran estas fumarolas el objetivo es poder enfriarlas y aislarlas de todo lo que pueda ser combustible para que vuelva a encenderse, porque esto puede suceder muy rápido. “Ayer, por ejemplo, vimos unos pequeños focos y decidimos ir a buscar agua para atacarlos. En el trayecto nos encontramos con otros focos que necesitaban que actuemos con más urgencia, así que demoramos dos horas en volver a los primeros. Cuando llegamos nos encontramos con las copas de los árboles ya prendidas fuego. Así de cambiante y rápido avanzan las llamas”, dice Jota.
La comunidad unida
Se calcula que en la zona de Epuyén se incendiaron en lo que va de 2026 entre 20 y 30 mil hectáreas. “Acá la gente está enojada. Hay más de 200 brigadistas autoconvocados, más bomberos, y los brigadistas del servicio oficial de bosques, bomberos de otras ciudades. Todos trabajando para salvar el bosque”, cuenta Jota.
Y mientras el gobierno nacional asegura que la situación está controlada (lo que los focos latentes desmienten), la autoorganización de la comunidad del sur sigue demostrando que la unión hace la fuerza.
“La gente se encarga de la logística, de que haya agua, alimentos. Parecen cosas básicas, pero en la zona faltaron. También se encargan de rellenar los tanques australianos, para siempre estar preparados por si se acerca el fuego. Son todos voluntarios. Ahora estamos en una escuela, que pronto tendremos que dejar. Acá se da hasta asistencia psicológica y también hay enfermería. Todo se fue optimizando conforme pasaron los días, parece un centro de catástrofe de los que vemos en las películas de Hollywood”, detalla Jota.
Para este voluntario el bosque es “sinónimo de vida, sobre todo en la Argentina, donde prácticamente no quedó tierra que no haya sido convertida con fines productivos. El bosque, y también el monte, son fuente de biodiversidad, de vida, de medicinas, sostienen los alimentos que comemos. Donde todavía podés darte un baño de naturaleza y sentirte parte. Acá encontramos esa conexión que se va perdiendo atrás de tantas pantallas; el divorcio con la naturaleza es claro cuando uno logra desconectar del mundo online”.
“No se olviden de dónde salimos: venimos de los bosques. Si perdemos esa conexión con la naturaleza nos alienamos. Somos parte de ella, no algo separado. La naturaleza tal como la conocemos se nos está yendo entre los dedos”, pide Jota, mientras alista las cosas para pasar una nueva noche en el sur, donde estará mientras lo necesiten.
Fuente: TN