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Fue profesor de biología y una llamada le cambió la vida: hoy es el peluquero canino que eligen los famosos
Jonatan Ardengui tiene 36 años y desde los 11 que sabía a qué quería dedicarse cuando fuera grande: ser peluquero canino. Esa pasión la tuvo desde muy chiquito por ver la habilidad con la que su papá y su abuelo criaban perros para exposición. Sin embargo, jamás creyó que podía vivir de esta profesión y ser el elegido de los famosos.
Su acercamiento al mundo del espectáculo se dio gracias a Carmen Barbieri y luego tuvo como clientes a diversas figuras: Flor de la V, la familia Montaner, Jesica Cirio, Arturo Puig y Selva Alemán, Elina y Eduardo Costantini, entre otros.
“De chico lo único que quería era hacer peluquería canina. Pero nunca me hubiera imaginado estar inmerso en la farándula, ser reconocido por mi trabajo, y llegar hasta donde llegué hoy”, dijo Jonatan minutos después de recibir a TN Show en la casa de nada más y nada menos que Flavio Mendoza, a quien le atiende a su perrito Aaron de raza samoyedo desde que era cachorro.
Desde la intimidad del hogar, contó que su dinámica suele ser ir a los domicilios de sus clientes y realizar los cortes de acuerdo a las razas de las mascotas. En este caso, el productor teatral tiene un Samoyedo y el peluquero lo visita todas las semanas para mantenerle el volumen del pelo, cuidar las patitas y hacer cortes higiénicos.
Lo que más destaca Jonatan de su trabajo es tanto la confianza que le tienen los dueños como el cariño recíproco entre él y el can. “Cuando llego a las casas los perros me reciben con tanto amor, tanta alegría. La peluquería canina no es algo tedioso, la clave es generar un vínculo para que ellos disfruten y lo interpreten como un juego, con mimos y diversión”, explicó él que además es juez de exposiciones y embajador de una marca de higiene y dermatología.
El llamado de Carmen Barbieri que lo cambió todo
“Mi papá y mi abuelo criaban perros de exposición”, contó Jonatan sobre la infancia que vivió y que marcó de por vida su amor por los perros. “Cuando tenía 11 años tuve mi primera presentación en una exposición y desde ahí supe que lo único que quería era hacer peluquería canina”, indicó al recordar esa época.
Sin embargo, en su adultez se recibió de la universidad y trabajó hasta sus 26 años como profesor de biología. “Dar clases en escuelas tiene lo lindo de la espontaneidad de los alumnos, de lo que aprendés de ellos. Pero yo realmente sentía que la peluquería canina era mi vocación, porque es mucho más inspirador para mí y es lo que realmente despierta mi pasión; por eso dejé por completo la docencia”, reconoció Ardengui por ese impulso que sintió de dedicarse a lo que siempre anheló.
Este sueño se hizo aún más posible gracias a una famosa del espectáculo. “Un día recibí un llamado telefónico, me dijeron: ‘Hola, soy Carmen. Necesito que le hagas la peluquería a mi perrito’. Cuando llegué a la casa, me abrió la puerta Carmen Barbieri, yo no sabía que era ella. Lo primero que hice fue mandarle un mensaje a mi mamá y le puse: ‘Ma, estoy en la casa de Carmen Barbieri’. Yo no lo podía creer”, recordó a TN mientras le cortaba el pelo a la mascota de Flavio Mendoza.
A partir de ese episodio, Jonatan empezó a ser contactado por diferentes figuras de la farándula y trabajó con los perros de la familia Montaner cuando vinieron a la Argentina, con Flor de la V, Jesica Cirio, Arturo Puig y Elina Costantini, entre varias personalidades más. Esto le sirvió para tener más reconocimiento, por ende más clientes y un mejor ingreso económico.
“Este trabajo me identifica, es una pasión. Encima que me paguen por hacer algo que me gusta, es lo más lindo que te puede pasar”, expresó Jonatan que además de peluquero canino es juez en exposiciones y también embajador e instructor en dos reconocidas marcas para la higiene, la dermatología y la cosmética de las mascotas.
Elegido por los famosos (y por sus perritos)
En su charla con TN, Jonatan hizo todo el tiempo hincapié en la gran responsabilidad que tiene en sus manos a la hora de atender a las mascotas: no solo importa el resultado final sino poder mantener intacta la confianza de sus clientes. “Me eligen porque genero una conexión única con sus animales, ellos me entregan a un ser que es de lo más valioso que tienen porque es parte de su familia”, comentó.
En el caso de Aaron, la mascota de Flavio Mendoza, Jonatan mostró ante TN cómo son los cuidados que le hace todas las semanas. “Lo atiendo desde que es un cachorrito de 45 días y le hice la primera peluquería. Él está muy acostumbrado, por eso se queda así, es un amor”, dijo ante la tranquilidad que irradiaba el can.
Uno de los requerimientos del director teatral es mantener el “volumen” del pelaje además del “corte higiénico”. “Él me pide que le haga el corte higiénico porque en la zona tiene tanta densidad de pelo y buscamos que la materia fecal no se le pegue”, indicó Ardengui.
También le cuida las patitas: “Le interesa que estén bien cortaditas porque sale frecuentemente a la calle, para que sean más fáciles de lavar cuando vuelve a la casa. También estos pelitos de las almohadillas se los extraemos para que pise mucho mejor en pisos que patinan demasiado, entonces tiene mejor agarre y resistencia, para prevenir enfermedades articulares”.
Sobre su rol como peluquero canino, Jonatan explicó que escucha atentamente lo que le piden los dueños para luego trasladarlo al perro. “Muchas veces hago recomendaciones. Es similar a cuando las personas van a la peluquería y les dicen que hay caras que van para un tipo de corte y otras que no. Hay perritos que un corte les puede quedar bien anatómicamente, o no”, detalló.
“Trabajo con todas las razas, pero las que más frecuento son Caniche, Schnauzer, Shih Tzu y Maltés”, comentó y cerró emocionado: “Cada perro necesita exaltar las virtudes y ocultar los defectos que pueda llegar a tener anatómicamente. Eso es justamente el arte de la peluquería canina. Pero al margen de este arte, lo más importante es la conexión que se establece con los animales, el amor que esto les despierta. Ellos confían en mí, y yo confío en ellos”.
Fuente: TN
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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA
Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.
En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.
Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.
Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.
Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026
En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:
- Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 y $2.603.556,33.
- Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
- Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.
Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA
De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:
- En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
- En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 y $1.651.798,05.
- No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.
La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto
La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.
Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.
La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; Alimentos y bebidas no alcohólicas; Salud y Transporte.
Fuente: TN
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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba
Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.
El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.
“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.
De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.
“Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.
La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.
Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.
Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.
Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.
Fuente: TN
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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”
La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.
El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.
El comienzo del sueño
Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.
Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.
A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.
No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.
Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.
Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.
Una idea
Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.
Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.
Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.
Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.
Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.
Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.
Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.
El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.
El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.
Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.
Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.
Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.
Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.
La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.
Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.
Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.
El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.
Fuente: TN