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La cocina enamora: por qué los argentinos consideran que preparar un buen plato es garantía de éxito

Daniela y Ezequiel se habían visto en un cumpleaños y se quedaron charlando toda la noche. Con conocidos en común, fue totalmente natural que él la invitara a cenar a su casa a la semana. “Llegué y había cocinado. Eso me impactó positivamente, pero había hecho un plato con langostinos, que yo creía que no me gustaban. Pero desde ese día son unos de mis gustos favoritos”, se ríe la entonces agasajada. Lo cierto es que esa receta fue la celestina ideal para una pareja que lleva más de una década de convivencia.

Con apps, del modo tradicional y hasta en citas a ciegas, los solteros y solteras aseguran que un encuentro en el que interviene la comida tiene una mayor garantía de éxito a futuro. Es que el 81,9% de los solteros argentinos de entre 18 y 35 años asegura que la cocina es la green flag (bandera verde, es decir, un rasgo positivo) por excelencia. Incluso, el 61,1% dijo tener más probabilidades de conectar con alguien en una app de citas si demuestra interés o habilidad culinaria.

Estos datos salen de una encuesta realizada por Knorr, mediante la que también detectaron que uno de cada tres encuestados afirma que no consideraría salir con alguien que no sepa cocinar.

La psicóloga Beatriz Goldberg recuerda que la comida está relacionada con la oralidad que se da en los primeros años de vida, muy relacionada al afecto. Por eso, muchas veces recurrimos a la comida o algún sustituto en momentos de estrés.

“Si es el hombre el que cocina, también en la mujer, pero más en los varones, es algo que da protección, invierto en vos el afecto, el tiempo. Incluso, el cocinar juntos da la idea de poder hacer algo de a dos. Es algo más afectivo que una salida tradicional, muestra que lo importante es compartir”, observa Goldberg.

Y a esto se suma el plus de la creatividad. “Da a lugar que no sea algo rutinario. Una persona que cocina muestra que no es tan rígida. Es también salir de las individualidades, es creer que se pueden hacer proyectos con el otro. Incluso, hoy proliferan los programas de comida, y ponen el foco en compartir, en cómo presentar el plato”, añade Goldberg.

Pero alimentarnos es algo que es parte de nuestro cotidiano. Entonces, haciendo historia, “el acto físico, fisiológico, de comer de los primeros humanoides se imponía como un hecho individual. Con el tiempo se ve cómo desde aquello que es tan básico, de comer con las manos y de un mismo recipiente se avanza hacia comer según las distintas culturas con cubiertos o palillos y con una estética refinada y donde la comida establece un espacio donde se fortalecen los lazos sociales”, explica la socióloga Mercedes Jones, directora de Proyectos del Centro de Innovación Social de la Universidad de San Andrés (UdeSA).

De hecho, esta experta señala que “no se registran sociedades en las que sea lícito comer cualquier cosa, en cualquier sitio, con cualquiera, y en cualquier circunstancia. Por el contrario, el consumo de alimentos está sujeto a reglas y costumbres que se entrecruzan y marcan los límites de lo permitido y lo prohibido”.

Esto quiere decir que “los alimentos y las oportunidades para consumirlos se encuentran socialmente definidos. Tienen normas de cortesía y de etiqueta. Se prescriben y proscriben espacios, tiempos, horarios, modos y maneras de comer desde las comidas propuestas por grandes chefs hasta la comida callejera queda claro que hay reglas y que comer es un hecho social”, suma Jones.

Estas normas se trasladan a las citas, al proceso de conocer a otra persona. El verse frente a frente, sentados a la mesa, aporta mucha información sobre la nueva conquista: desde sus gustos hasta sus costumbres y educación.

Ahora, volviendo a la premisa de que cocinar es una green flag, ¿por qué sucede esto? Paula Kirton, Brand Manager de Knorr, opina: “Independientemente de si son hábiles o no para cocinarle a alguien, creemos que es una forma de conectar, mostrar creatividad y demostrar cuidado por los demás. El saber cocinar se lo asocia con mostrarse independientes y que es efectivo para conocer mejor a la persona ya que demuestra sus destrezas manuales”.

Los argentinos y la comida

Hay un detalle importante que resalta Jones: cuando estamos comiendo no hablamos, comemos. “Pero, la comensalidad requiere del diálogo. Somos seres sociales, entre otras cosas porque tenemos palabra para manifestarnos y relacionarnos. Comensalidad no es solo comer en la misma mesa, requiere conversar y requiere tiempo”.

Por eso, comer rápido y mirando el celular va en contra del diálogo. “Es por lo que frente al fast food que propone comer cualquier cosa, de manera rápida y comprarla en cualquier negocio que venda algo para comer, surgió la tendencia contraria del slow food, tendencia que en Argentina la impulsaron Perla Herro y un grupo de jóvenes cocineros, como Gonzalo Bazterrica, quien insiste en que hay que tomarse tiempo para comer y cocinar; demuestra que la comida puede ser sana, rica, divertida y atractiva, y que es fundamental buscar momentos para compartirla”, detalla la socióloga de UdeSA.

Promover la sobremesa, que es algo muy típico de nuestro país. Y en esto se basó Bazterrica para fomentar el slow food. “Esto viene desde la época de los banquetes griegos, hay registro de la relevancia de la comensalidad como espacio para los intercambios significativos. En Argentina se le agrega a las comidas el bonus track de la sobremesa, el tiempo extra después del plato principal, que se dedica a continuar una buena conversación con las personas con las que se comparte la comida. Se entiende que la comida es la excusa, que estar juntos es la verdadera razón de estar en esa mesa. Cuando invitás a una persona a tu casa, a tu mesa y compartís una comida con ella, que hayas cocinado o no, definitivamente implica intimidad”, analiza Jones.

“Cocinar es, sin duda, un acto de amor que ha sido transmitido de generación en generación, de abuelas a nietos, de padres a hijos, convirtiéndose en una expresión de cuidado y afecto. La gastronomía siempre es tema de conversación. Se habla de recetas, de experiencias culinarias y del placer de cocinar para otros. En este sentido, la cocina se convierte en una herramienta de seducción, utilizada tanto por hombres como por mujeres para generar un vínculo más profundo con su pareja”, describe Quique Yafuso, socio y creador de Mixtape, Shimada y Haiku.

Además, es preciso traer a la conversación que el vínculo de la comida con las emociones es realmente antiguo. “Incluso, el conocimiento de las conexiones entre los alimentos, el placer y la erótica tiene registros ancestrales. El conocido médico griego Hipócrates prescribía miel y recomendaba beber leche y miel para inducir el amor y el éxtasis. En nuestra época los descubrimientos de las neurociencias confirman las ideas de Hipócrates y también las creencias populares, como recurrir al chocolate que produce serotonina, una sustancia química que mejora el estado de ánimo”, aporta la socióloga.

Un poco de esto habla Maxi Bartfeld, socio de Bulebar: “Un caso particular es el de una pareja que nos visita todas las semanas y siempre ordena los mismos platos, aunque varían los cócteles. Imaginamos que, además de haberse enamorado entre ellos, también encontraron en la experiencia gastronómica un punto de unión. Ese compartir en la mesa refuerza el vínculo y se convierte en parte de su historia juntos”.

“Estamos en un momento en el que las conexiones impersonales a velocidad de un algoritmo pierden relevancia cultural frente a relaciones con sentido de humanidad, donde predomina el tiempo de calidad y la cercanía a motivaciones personales”, señala Rodrigo Foussats, Head de Publicis Intelligence, firma que analiza el comportamiento de los consumidores.

La relación de las distintas generaciones con la cocina

La generación silver (integrada por los +50) es hoy foco de atracción, porque se están animando a probar y experimentar, están activos, tienen proyectos y se suman a las apps de citas con afluencia.

En este sentido, los baby boomers (nacidos entre 1946 y 1964) también apelan a la comida para conquistar en sus encuentros amorosos. “Esta generación tiene tiempo para cocinar y compartir con otros y la mayoría lo hace. Los millennials (nacidos entre 1977 y 1995), a su vez, tienen puntos en común con los boomers en lo que respecta a sus preferencias por compartir experiencias con la comida, el cocinar y el prestar atención a las tradiciones alimentarias”, reflexiona Jones.

Es más, “un estudio indica que a las dos generaciones les interesa el tema, tanto que el 88% de los baby boomers y el 84% de la generación Z dijeron que las viejas recetas familiares estaban entre sus comidas favoritas. Y, al mismo tiempo les interesa la innovación, ya que el 76% de los baby boomers y el 82% de los participantes de la Generación Z mostraron un gran interés en crear recetas y propuestas culinarias propias al cocinar para amigos y familiares”, refuerza Jones.

Manos a la obra

“A los solteros les recomendamos que se animen a ser auténticos y creativos en la cocina. También consideramos que compartir el proceso de cocinar, acompañado de una conversación que lleve a conocerse más, puede ser una parte divertida de una cita y una experiencia que se puede disfrutar mucho No se trata únicamente del resultado final, sino también de disfrutar cada paso del proceso, fomentando la conexión y la complicidad entre ambos”, aconseja Kirton.

Pedro Lambertini, cocinero, asegura que “cocinar es una actividad que le da placer al que cocina, y al que recibe el resultado de ese arte, que lo degusta, que lo prueba, que lo celebra. Cuando empecé a cocinar me di cuenta rápido que esto era muy valorado por los demás, entonces ocupa un rol fundamental a la hora de querer seducir o encontrar pareja”.

“Cocinar para dos es muy fácil, lo que recomiendo es tener algo preparado y una parte que esté elaborada por la persona. Un menú con el que me sedujeron a mí, a los 18 años, fue empezar con 6 piezas de sushi de entrada, de principal unas cintas caseras y de postre obligado algo de chocolate”, recuerda el cocinero.

En este sentido, según Goldberg, “quien viene de una pareja tóxica, en la que no fue valorado o querido, a veces el que alguien te cocine, o que lo hagan juntos, que puedan hacer algo creativo en pareja, entonces los hace sentir que son merecedores uno del otro. Te hace saber que vos tenés ese valor y lo demuestra”.

En todo sentido, la comida es un viaje directo a sentirse querido y protegido, dos cualidades que muchos buscan en sus parejas.

Recetas para enamorar

Pedro Lambertini ofrece recetas para una cena para dos comensales que incluye un plato principal y un postre, ideal para encarar una cita puertas adentro y causar no solo la primera mejor impresión sino también, compartir un momento agradable.

Risotto de hongos con espinaca y almendras

Ingredientes:

      • 100 gramos de arroz carnaroli/ arborio
      • Media cebolla chica
      • Medio diente de ajo
      • 30ml de vino blanco
      • C/n de caldo de hongos
      • 50 gramos de hongos de pino secos
      • Hojas de tomillo fresco
      • 50 gramos de manteca fría
      • 50 gramos de queso parmesano rallado
      • 30 gramos de almendras peladas tostadas
      • 1 puñado de hojas de espinaca
      • 80 gramos de champignones y/o portobellos
      • Aceite de oliva, sal y pimienta, a gusto

Paso a paso:

      1. Lavar los hongos de pino para retirarles la arenilla e hidratarlos en poca agua hasta que estén blandos. Para acelerar este paso se pueden entibiar. Procesarlos hasta obtener un puré.
      2. Picar la cebolla y el ajo finamente. Limpiar los champiñones y portobellos con un paño húmedo y cortarlos en láminas no muy finas.
      3. Rehogar la cebolla y el ajo en aceite de oliva, agregar el arroz y nacrar, es decir, cocinar hasta que el arroz esté transparente.
      4. Desglasar con vino blanco y dejar evaporar el alcohol.
      5. Agregar un par de cucharadas de puré de hongos y caldo de a cucharadas removiendo cada tanto para que el arroz libere su almidón y resulte una preparación cremosa. Ir salpimentando de a poco.
      6. En una sartén caliente dorar los hongos en aceite de oliva, agregar las espinacas a último momento y salpimentar.
      7. Cuando el risotto esté casi a punto montar con manteca y parmesano.
      8. Servir el risotto en un plato hondo y terminar con las espinacas, los hongos y las almendras.

Mousse de chocolate oscuro

Ingredientes:

      • 260 gramos de chocolate cobertura semiamargo de buena calidad
      • 200 gramos de manteca
      • 6 huevos
      • 130 gramos de azúcar
      • 100 gramos de crema

Paso a paso:

    1. Fundir a baño de María el chocolate picado con la manteca en trozos, cuidando que el agua caliente de la olla no toque el fondo del bowl.
    2. Batir los huevos con el azúcar a baño de María hasta que estén muy espumosos y se hayan pasteurizado. Para ello, la mezcla debe llegar a estar caliente al tacto.
    3. Fuera del fuego incorporar el chocolate y la manteca fundidos a los huevos batidos integrando con espátula de goma y movimientos suaves y envolventes para bajar lo menos posible el batido.
    4. Batir la crema e incorporar a la mezcla cuidando que esta no esté caliente para no derretir la crema.
    5. Transferir a un recipiente y tapar con papel film.
    6. Refrigerar en la heladera durante toda la noche.
    7. Servir con nueces picadas.

Fuente: TN

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Él tenía 24 años, ella 29 y sus vidas cambiaron en el bar de un pueblito de Italia: “No recuerdo un beso tan lindo”

De principio a fin, el corazón es la brújula. “Me enamoré, amigo”, soltó Leo apenas cruzó la puerta del bar, a dos días de aterrizar en Italia. Su amigo Ezequiel lo miró, siguió la dirección de sus ojos y se largó a reír. “¿La rubia?”, preguntó. “Sí. Es ella”.

Era la noche del 5 de abril de 2024 y acababa de llegar a Paola, un pueblito costero de Calabria, en el sur de Italia. Había viajado desde Quilmes para tramitar su ciudadanía italiana. Apenas llevaba unos días en Europa. Todavía estaba acomodándose a la nueva vida, aprendiendo a moverse en un país desconocido y tratando de entender qué venía después. Pero esa noche, entre un grupo de argentinos que compartían el mismo sueño migratorio, vio a una chica de Rosario y sintió algo que no esperaba encontrar tan rápido.

Del otro lado de la historia, Irina también lo vio. Y recuerda exactamente el instante. “Lo miré a los ojos y fue como si el tiempo se frenara un segundo”, revela hoy enamorada. No sabía quién era, ni de dónde venía. Pero algo había pasado. Ese “no sé qué” imposible de explicar.

Dos argentinos que llegaron a Italia buscando otra vida

Irina nació en Rosario en mayo de 1994. Desde muy chica aprendió a arreglárselas sola. A los 17 años se fue de su casa. Trabajó en peloteros, coordinó fiestas infantiles, atendió comercios, vendió productos, cosió veladores junto a una amiga y aceptó prácticamente cualquier trabajo que le permitiera mantenerse independiente. Siempre tuvo la sensación de que quería algo más. No porque estuviera descontenta con su vida, sino porque sentía una curiosidad enorme por el mundo.

Durante años soñó con viajar. Pero cada vez que hacía cuentas, la realidad le devolvía la misma respuesta: era demasiado difícil. Hasta que descubrió algo que cambiaría todo. Tenía ciudadanía italiana. La noticia la empujó a una búsqueda obsesiva de papeles, partidas, certificados y documentos familiares. Reconstruyó una historia que parecía perdida hasta completar la carpeta necesaria para iniciar el trámite.

En febrero de 2024, cuando finalmente tuvo todo listo, tomó una decisión que asustaba incluso a quienes la querían. Renunció a su trabajo. Compró un pasaje de ida. Y se fue. Tenía 29 años.

Leo nació en Quilmes en agosto de 1999. Su historia era distinta pero sus sueños los mismos. Había crecido en una familia de clase media donde viajar era una pasión compartida. Todavía recuerda los recorridos por la Argentina dentro de un Renault 12 cargado hasta el techo. Seis personas. Poco dinero. Muchas ganas de conocer.

Estudió profesorado de Educación Física, se recibió y construyó una vida bastante ordenada. Trabajó en distintos lugares, tuvo una relación larga y desarrolló una carrera ligada al entrenamiento físico. Pero convivía con una sensación incómoda. Sentía que estaba construyendo una vida que no era exactamente la que soñaba. Mientras enseñaba, entrenaba y trabajaba, consumía videos de viajeros que recorrían el mundo haciendo trabajos temporarios. Y cada historia despertaba la misma pregunta. ¿Por qué ellos sí y yo no?

La respuesta llegó de la manera menos elegante. Lo asaltaron. Y algo se rompió. O se arregló, todo depende de dónde miremos. Pocos días después compró el pasaje hacia el Viejo Continente. El 3 de abril de 2024 llegó a Italia a ganarse la vida.

La noche en que todo cambió

Paola era un pueblo extraño. Quince mil habitantes. Playa. Calles tranquilas. Y unos quinientos argentinos haciendo ciudadanía italiana. Todos estaban atravesando algo parecido: habían dejado algo atrás e intentaban construir una nueva vida. Por eso el Thunder, un pequeño bar donde solían reunirse, funcionaba casi como una extensión de sus casas.

Aquella noche, Leo llegó con su amigo y dos compañeras de vivienda. Irina estaba con su prima Brunella, con quien había emigrado. Entre charlas, música argentina y cumbia santafesina, empezaron a acercarse. Hablaron. Bailaron. Se rieron. Y cuando la noche ya había avanzado bastante, Leo hizo algo que hoy parece imposible en la era de los mensajes ambiguos y las insinuaciones interminables.

¿Te puedo besar?”, le preguntó con respeto. Irina dijo que . Después del beso, lo miró sorprendida. “No puedo creer que tengas 24 años”. Y enseguida agregó algo que él jamás olvidó. “No recuerdo un beso tan lindo en mi vida”. Animarse a dar el primer paso tiene premio. Por eso siempre hay que hacer. Lo demás se va dando.

A la mañana siguiente fue ella quien escribió primero. Le pasó su número. Lo invitó a tomar mate en la playa. Y así empezó todo. No como una historia de amor. Sino como un grupo de amigos. Ellos, la prima de Irina, Ezequiel y las dos compañeras santafesinas de Leo comenzaron a compartir días enteros. Trámites. Playa. Mate. Charlas. Caminatas. La vida cotidiana de quienes intentaban sobrevivir lejos de casa. Y en medio de todo eso, la conexión entre ellos fue creciendo. Aunque había un problema. Una fecha de vencimiento.

Una historia con fecha de vencimiento

Irina estaba mucho más avanzada en el trámite de ciudadanía. Y apenas obtuvo los papeles consiguió trabajo en Cerdeña. Los separarían casi 700 kilómetros y un mar de por medio. La oferta era imposible de rechazar. Un hotel. Mejores condiciones. La posibilidad de empezar a ganar plata. Pero también significaba alejarse. Alejarse mucho.

Se habían conocido en abril. Ella debía irse el 1 de junio. Dos meses. Eso era todo. Entonces Irina levantó una muralla, la de su corazón. No quería enamorarse. Mucho menos sufrir ni despedirse de alguien que recién acababa de conocer. Pero cuanto más trataba de convencerse, más difícil resultaba.

Leo tampoco podía ignorar lo que sentía. Por primera vez en mucho tiempo había encontrado a alguien con quien imaginaba algo serio. Y entonces llegó la despedida. La primera.

Los siguientes meses fueron brutales. Los dos trabajaron en condiciones muy duras. “No todo es lo que se ve en fotos”. Aprendieron a sobrevivir en otro idioma. Aceptaron tareas que jamás habían imaginado hacer. Leo fue jardinero, fletero, camarero y guardavidas. Irina limpió habitaciones en hoteles sin dominar todavía el italiano.

La realidad migrante apareció con toda su crudeza. Sin embargo, siguieron hablando todos los días. Sin faltar uno. Hasta que una tarde ella encontró una excusa perfecta. En el hotel donde trabajaba necesitaban otra persona. Pensó en Leo. Dudó. Y finalmente le escribió.

El quilmeño recibió la propuesta mientras trabajaba. Económicamente no era un gran negocio. Incluso significaba renunciar a algo más estable. Pero había una pregunta que no lograba sacarse de encima. ¿Y si después es nunca?

Renunció. Hizo las valijas. Se subió a varios trenes. Y fue a buscarla. Porque a veces el amor no pide certezas. Apenas una decisión.

Los trenes que los separaban también los volvían a unir

El reencuentro no fue precisamente romántico. Los dos estaban agotados. Demacrados. Golpeados por meses de trabajo duro. Pero la conexión seguía ahí. Intacta.

Durante semanas se escondieron de compañeros y jefes. Estaba prohibido noviar entre ellos. Se encontraban de noche. Hablaban durante horas. Compartían besos robados. Y volvían a separarse antes del amanecer. Todo parecía volver a brillar.

Sin embargo, seguía existiendo un obstáculo. Los contratos tenían fecha de finalización. La incertidumbre seguía gobernando sus vidas. Y cuando terminó aquella temporada llegó una nueva despedida. Después otra. Y luego otra más.

Una ocurrió en la estación de Perugia. Irina subió al tren. Leo quedó en el andén. La vio alejarse. En su cabeza sonaban los acordes de Las pastillas del abuelo, cantando: “Porque me es imposible de imaginar / Agonía más cruel, más aterradora / Que mi canto y tu danza alejándose / Uno arriba del tren y otro en la estación”.

Pensó que quizás no volvería a verla nunca más. Y lloró fuerte. “Ahí ya me di cuenta que estaba hasta las bolas, que estaba recontra remilenamorado”, admite sin metáforas.

Fuente: TN

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Mauricio Macri anunció que la Fundación FIFA destinará un millón de dólares a comunidades afectadas por los sismos en Venezuela

En medio de la catástrofe humanitaria que atraviesa Venezuela luego de los dos terremotos del 24 de junio que dejó más de 4 mil muertos, la Fundación FIFA anunció una millonaria donación para colaborar con los equipos de rescate.

Así lo informó el expresidente Mauricio Macri, que es el titular de la institución. “La Fundación FIFA acompaña al pueblo venezolano en uno de los momentos más difíciles de su historia. Vamos a destinar 1 millón de dólares de nuestro fondo humanitario para apoyar a las comunidades afectadas por los terremotos y colaborar con las organizaciones que ya están trabajando en el terreno para brindar ayuda de emergencia”, expresó desde su cuenta de X.

En el mismo sentido, Macri añadió: “Sé que el fútbol tiene una capacidad única para unir a las personas, especialmente cuando más se necesita. Esa fuerza debe ponerse al servicio de quienes hoy atraviesan esta tragedia”.

“Mis pensamientos y todo mi cariño están con las familias afectadas, como el de Gianni (Infantino) y todos los que formamos parte de la FIFA. Seguiremos acompañando los esfuerzos para que la ayuda llegue lo antes posible”, finalizó el exmandatario.

La situación en Venezuela hoy

Los operativos de rescate en Venezuela sumaron este sábado 215 nuevos cuerpos rescatados, luego de lo que fue el trágico doble terremoto del 24 de junio. De esta manera, las víctimas fatales ascienden ya a 4333.

Así lo informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en conferencia de prensa. Se trata de una de las subidas más altas de fallecidos de las últimas dos semanas tras los terremotos.

Las labores de desescombro y recuperación de cadáveres prosiguen en La Guaira y se intensificaron en los últimos días. En tanto, la cifra de heridos se mantiene en 16.740, mientras que se ha atendido a 31.193 pacientes en hospitales y se ha dado de alta a más del 90%.

El número de personas sin vivienda en Venezuela es de 17.907 y las familias atendidas suman 86.794

El también hermano de la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, aseguró que 18.437 personas se encuentran en un total de 94 campamentos transitorios.

Además, sigue subiendo el número de efectivos militares y de fuerzas de seguridad desplegados (31.837) y el de voluntarios registrados (30.197).

Según el balance oficial, ocurrieron 1.203 réplicas desde el 24 de junio -cuando se registraron los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5- entre ellas una de baja intensidad este mismo sábado.

Fuente: TN

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“No llores, papá”: la historia del payador y su hija que emocionaron al país con una canción para la Selección

Hay canciones que nacen para acompañar un Mundial y otras que, casi sin proponérselo, terminan contando la historia de una familia. La que compusieron el payador santafesino Pedro Saubidet y su hija Paula, de ocho años, pertenece a esa segunda categoría. Porque detrás de la letra dedicada a la Selección hay una guitarra heredada, un abuelo que ya no está, lágrimas compartidas frente al televisor y una pasión futbolera que atravesó generaciones hasta encontrar una nueva voz.

En el video que se volvió viral, Pedro sostiene la guitarra y lleva el ritmo; a su lado, su hija canta con una seguridad que parece desmentir su edad. No hay escenario, luces ni una multitud delante de ellos.

Están en su casa cuando entonan una versión de Astros, la canción de Ciro y Los Persas, con una letra que resume un deseo compartido por millones: “Quiero volver a robarle un gol al ladrón, como el Diego y el Narigón, y que la cuarta estrella brille en el cielo de mi Nación”.

La canción rápidamente escapó del pequeño universo de seguidores que Pedro había construido como payador. Este sábado, mientras la Argentina se prepara para enfrentar a Suiza desde las 22 en Kansas City por los cuartos de final del Mundial, el tema vuelve a funcionar como una banda sonora para la espera.

El equipo de Lionel Scaloni llega a esa instancia después de vencer 3-2 a Egipto en un partido que se resolvió con sufrimiento y que dejó a Pedro y a Paula llorando juntos frente al televisor.

No llores, papá”, le decía la nena cuando terminó el encuentro. Sin embargo, ella también lloraba. Fue en ese clima, todavía con el corazón acelerado, cuando decidieron grabar la canción. “La estrella del video es ella, por su encanto, por la fuerza que le pone, por su garra y por su naturalidad”, contó Pedro en diálogo con TN.

En la casa de los Saubidet conviven los acordes, las camisetas y las identidades futboleras. Mercedes, la esposa de Pedro, es pampeana e hincha de Boca; él nació en Santa Fe, es fanático de Unión y se define como “muy futbolero”. Sus hijas Francisca, de 11 años, y Paula, de ocho, crecieron entre guitarreadas, reuniones familiares y chamamés.

“La música está presente en todo momento. A mis hijas les gusta mucho, siempre estamos cantando y guitarreando. Hay mucho chamamé por parte mía, pero también me voy adaptando a la música de ellas para poder acompañarlas”, contó Pedro.

El fútbol, en cambio, ingresó a la familia de la mano de Pedro y de su padre, don Pedro, fallecido el año pasado. Aunque era hincha de River y había llegado desde Buenos Aires, fue él quien comenzó a llevarlo a la cancha de Unión cuando era chico. Desde entonces, cada partido quedó unido a una imagen, una conversación o un viaje compartido. “Hoy que papá ya no está, el fútbol es mucho más que un deporte. Es un montón de recuerdos con él en la cancha”, dijo.

Esa pasión también alcanzó a la generación siguiente. Marcos Sanguinetti, sobrino de Pedro y nieto de don Pedro, se convirtió en periodista deportivo y actualmente se encuentra cubriendo el Mundial. “La figura de papá es fundamental para esta pasión. El que más la heredó fui yo y también mi sobrino Marcos. Siempre lo tenemos muy presente en cada partido”, señaló el payador.

Don Pedro no solo dejó el amor por el fútbol. También transmitió los versos, la guitarra, el canto criollo, la vida de campo y una manera de entender a la familia. Junto con doña María, su esposa, criaron a seis hijos: Rosario, Sole, Cruz, Constancia, Pedro y Maruca. “Fue un tipo extraordinario, un hombre íntegro y un gran ejemplo para nosotros. Le debemos a él y a mamá esta familia tan linda que nos dejaron”, recordó.

La canción viral, entonces, no nació solamente del entusiasmo mundialista. También lleva algo de esa herencia.

La frase sobre “robarle un gol al ladrón” recupera la histórica rivalidad con Inglaterra, la Mano de Dios de Diego Maradona y la figura de Carlos Bilardo, el “Narigón”, en México 1986.

Pedro también encontró inspiración en un cuento de Eduardo Sacheri que reflexiona sobre aquel gol y sobre la dimensión emocional que adquirió para los argentinos. “Estamos hablando de una trampa, pero tiene un trasfondo tan profundo lo de Inglaterra que creo que nos pega un poco a todos. Sería muy emocionante reeditar aquella epopeya de Diego. Es una ilusión que tenemos”, sostuvo.

Para Pedro, la identificación con la Selección actual no se limita a los resultados. Encuentra en Scaloni, nacido en el sur santafesino, la cercanía de un hombre de pueblo y reconoce en el cuerpo técnico un perfil que después se refleja en los futbolistas. “Scaloni podría ser el amigo de cualquiera de nosotros. Es muy humano, familiero, humilde, pero aguerrido. Eso se transmite a los jugadores”, afirmó.

Esa forma de representar al país es también lo que quiere transmitirles a sus hijas. “Creo que son un ejemplo que nos hace muy bien como sociedad. A los chicos los vuelve locos la Selección y tienen referentes que realmente son positivos. Sobran cosas para admirar de este grupo, que nos representa tan bien a los argentinos”, dijo.

Mientras la Scaloneta busca este sábado un lugar entre los cuatro mejores del Mundial, Pedro se permite imaginar otra escena. Ya no sería en el living de su casa ni frente a la cámara de un teléfono, sino alrededor de una mesa, con los jugadores, sus familias, sus propias hijas y una guitarra. “Me encantaría cantarla en un asado para todos los muchachos, con sus hijos y con mis hijas. Todos soñamos con estar en esa mesa junto a nuestros ídolos”, confesó.

También le gustaría improvisar un verso para cada integrante del plantel y llevar hasta ellos el oficio que aprendió de su padre y que hoy le permite vivir durante todo el año. Tal vez entonces Paula vuelva a mirarlo de reojo cuando se le quiebre la voz. Tal vez vuelva a decirle que no llore, aunque ella también tenga los ojos llenos de lágrimas.

Fuente: TN

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