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Inés de los Santos, la bartender que sobrevivió a un accidente y abrió uno de los mejores bares del planeta
Inés de los Santos tenía 15 años cuando una noche de octubre, al cruzar la 9 de Julio, un auto le impactó de lleno. Voló 30 metros y durante unos instantes, al ver el Obelisco desde el piso, pensó que iba a morir. Pero no, terminó con muchas contusiones, una fractura expuesta de una pierna, una rodilla destrozada y seis meses en cama. El accidente marcó un antes y un después en su vida. “La mayor enseñanza que me dio fue que los seres humanos somos frágiles y todo puede cambiar en un segundo. Y que hay dos maneras de vivir los momentos difíciles, mal o bien”, le dijo a TN. También le dio ganas de vivir la vida con intensidad.
Desde aquel día pasaron ya 33 años, Inés se convirtió en una de las principales bartenders y empresarias gastronómicas del país. Uno de sus bares, CoChinChina, obtuvo el 22° lugar en el ranking de 50 Best Bars. Hace poco abrió un local en la Costanera y otro en Brasil. También acaba de ponerle su firma a un vermouth rosso hecho en Patagonia. La vida le sonríe e Inés se lo devuelve, con su inconfundible y gigante sonrisa de oreja a oreja.
30 años detrás de las barras
Junto a Mona Gallosi, Inés es una de las primeras bartenders argentinas y una de las figuras que renovó la coctelería nacional junto a sus colegas y amigos Tato Giovannoni y Pablo Piñata. Hija de una psicóloga feminista, no dudo en meterse en un mundo que en ese entonces -principios de los 90- parecía reservado a los hombres. Un trabajo duro, físico, con horarios terribles, y por el que tuvo que pagar derecho de piso y trabajar 10 veces más que lso varones para ganar lo mismo.
Tras un breve touch and go por EE.UU., Inés empezó a trabajar en lugares como Mundo Bizarro, y el Gran Bar Danzon, del que fue jefa de barra. También gerenció Casa Cruz en momentos en que el chef era Germán Martitegui. Es autora de libros de coctelería, figura de la TV, se dedica a la consultoría en bares y restaurantes y creó Julep, un servicio de catering de coctelería. Prueba de su impacto en la coctelería mundial, la revista especializada Drinks International la consideró una de las 100 figuras más influyentes de la industria.
Cochinchina, el bar de insipración franco vietnamita que se ubicó entre los mejores del mundo
En 2021 -y plena pandemia- Inés decidió abrir en Palermo CoChinChina, un bar que ya al año siguiente entraba en el ranking de los 50 mejores bares con el 42° lugar, para seguir trepando hasta el 22° en 2024. Se inspiró en la cultura franco-vietnamita y la nostalgia de los viajes en un momento en que el mundo estaba paralizado.
“Me di cuenta de que había algo, que no estábamos teniendo, que era la posibilidad de viajar, de tener ese efecto de asombro, esa alegría. Entonces ahí planteé que lo que teníamos que hacer era un viaje y empezamos a pensar a dónde viajaría y se me dio la idea de juntar Francia con Vietnam”, comentó De los Santos a TN.
El proyecto era enorme y se dio “de manera muy accidentada porque obviamente la gente se enfermaba”, pero la pandemia también les dio la posibilidad de experimentar, de pensar a fondo cada detalle y “hacer algo que quizás en el rush de hoy en día no se podría”.
“Hubo demasiada gente talentosa que pudo darle el tiempo y el pensar y el hacer este en un momento en donde estaba ese tiempo”, sostuvo y tomó como ejemplo la barra del bar, de 14 metros de largo, hecha con una técnica vietnamita que mezcla resina con cáscara de huevo. “Se usaron 3500 huevos para la realización de toda la tapa de la barra”, contó Inés, entre otras locuras que hicieron una puesta en escena única que mezcla lo europeo con lo asiático.
Una entrada camuflada y una pequeña esclaera llevan a CoChinChina Arriba, un pequeño restaurante ubicado en el primer piso que ofrece platos a la carta y un menú de cinco pasos imaginado por el chef Juan Carlino y maridados con cócteles de Inés.
La distinción de 50 Best Bars, De los Santos la recibió con “mucha alegría y mucho orgullo por todo el equipo que trabaja ahí”. “La felicidad es total, por otro lado también es una responsabilidad, tenemos que estar a la altura de este reconocimiento tratar de seguir mejorando. Es el camino. En gastronomía nunca esttá todo hecho, todo perfecto”.
Pero Cochinchina no es el único proyecto de la bartender y empresaria gastronómica. Junto a su amiga Narda Lepes tiene Kona Korner -recomendado por la guía Michelin- y recientemente abrió el bar, restaurante y discoteca Costa 7070 en Costanera Norte junto al chef Pedro Bargero y el bar Kotchi, en San Pablo, Brasil.
“Narda había armado ese local y me llamó para verlo, y me dijo que quería que arme el bar. Le dije que Japón es uno de los pocos países que tienen una identidad de coctelería pero logró convencerme y me subí a su proyecto. Costa 7070 lo armamos con mi socio. Era tan grande y como teníamos habilitación de discoteca, hicimos un bar, restaurante y boliche. Pensamos en Ibiza, las grandes dicscos de allá, las paella,s las tapas y la sangría, los pescados de mar y de río. Lo llamé a Pedro y le pregunte ‘estoy armando un lugar de 1500 metros cuadrados, ¿te animás’ Me dijo que sí y así fuimos con todo”.
Hace poco, Inés de los Santos lanzó un vermouth patagónico, Cantieri Navali, que creó junto al viticultor Felipe José Menendez. Es elaborado a base de un vino de blend de uvas blancas provenientes del Alto Valle de Rio Negro y botánicos de la patagonia y les llevó dos años de desarrollo para lograr el equilibrio perfecto de sabores y aromas. Hay un bianco, firmado por Menéndez, donde destacan la jarilla, la menta, el tomillo silvestre y el limón y un rosso, a cargo de De Los Santos, con notas de ajenjo, cardamomo y anís estrellado.
-TN: ¿Cómo nació el proyecto del vermouth?
-Con Felipe nos conocemos de hace mucho y un día le le dije “¿Y si hacemos un vermouth?”. “Si hacemos un vermouth, que sea de la Patagonia”, me contestó. Ahí empezamos a pensar cuál sería el estilo. Nos fuimos a Valle Azul, a su bodega, yo llevé muchas botellas de vermouth y armé una cata a ciegas para entender un poco qué es lo que queríamos hacer y ahí surgió la idea de hacer un vermouth patagónico pero más de estilo Torino, más tipo italiano. Y cuando empezamos a pensar en el en los perfiles de la Patagonia, nos surgió la idea de hacer uno más inspirado en la Patagonia de estepa, de desierto y otro más inspirado en la Patagonia más húmeda, de montaña.
-TN: ¿Qué diferencia hay entre desarrollar una bebida y un trago?
-Una cosa es perpetua y la otra cosa es más efímera, es aquí y ahora. Desarrollar una bebida implica pensar en algo que perdura en el tiempo, en la historia, pensar en qué haría que se siga consumiendo, en la vida cotidiana de las personas. Es otra búsqueda, implica otro tipo de preguntas. Cuando yo trabajo en en la búsqueda de sabores, de aromas y sensaciones en la boca para mí lo que tiene que premiar es que sea algo rico. En la coctelería como en el mundo de las bebidas, sin duda que ese es el camino, más allá de lo conceptual, de lo trendy. Se trata de buscar sabores distintos y que gusten.
-TN: ¿Cómo hacés para encarar todos estos proyectos a la vez?
-Es lo que me gusta, me apasiona. Me encanta también más que nada crecer y salir de la zona de confort y tratar de siempre evolucionar y cambiar y transitar otras situaciones. Me encanta trabajar con mi equipo y me encanta que el equipo crezca conmigo. Hay muchas cabezas pensando en estos proyectos.
-TN ¿Hay una fórmula del éxito? ¿Cómo llegás a poner un lugar en el mapa?
-Es mucho trabajo. Lo más infalible, lo que más funciona, es tratar bien a los clientes y que seas auténtico. Es hacerles sentir parte de la casa, parte de la familia, entenderlos, empatizar. Ver qué es lo que vienen a buscar, escuchar también. Yo creo que eso es lo que realmente hace que haya un boca a boca.
-TN: Ya llevás tres décadas detrás de las barras, ¿qué es lo que te gusta del oficio y de la noche?
-Principalmente el trato con la gente. Toda la parte de hospitalidad, de hacer algo para que la gente disfrute un poco más, pase un buen rato. Tener conversaciones distintas, poder sorprender con lo que uno hace. Ese pequeño mimo, cuidar detalle tras detellae es lo que me sigue apasionando. Creo que lo lindo es caminar por el salón y ver todas las caras nuevas, conocer gente nueva, escuchar gente nueva y ampliar la mirada y poder tener más cosas en común con la gente. Hay todo tipo de personas, todo tipo de sensaciones y gustos. Es muy difícil decir que es lo que está rico, no? Hay tantos paladares y días en las personas y combinaciones.
-TN: Se habla mucho de que la noche porteña termina cada vez más temprano. Lo percibis en tus locales?
-Sí. Lo percibo en mis locales y lo percibo en el mundo. No es solo en Buenos Aires. La gente está trabajando más. También quiere tener vidas más saludables, tener más energía. Se sale más corto, la gente busca acostarse no tan tarde y que no le cueste mucho al otro día.
-TN: ¿Sentís que cambió la relación de los consumidores con la bebida?
-Todo cambio muchísimo en relación con cuando empecé. Y aplica a las bebidas en general, no solo a la coctelería. Aplica para el café, los vinos... La gente busca tomar menos y de mejor calidad. Piensa qué pedir en relación a qué come. Hay un gran crecimiento de los consumidores y por supuesto de los que están detrás de las barras.
-TN: ¿Tenés un trago favorito?
-No tengo uno favorito, pero yo soy más bien de tomar clásicos secos. Todo depende mucho del momento. Me gusta mucho tomar un Dry martini, un Negroni, un Old Fashioned (tiene uno tatuado en el brazo izquierdo, ndlr) o un Manhattan.
Fuente: Infobae
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Él tenía 24 años, ella 29 y sus vidas cambiaron en el bar de un pueblito de Italia: “No recuerdo un beso tan lindo”
De principio a fin, el corazón es la brújula. “Me enamoré, amigo”, soltó Leo apenas cruzó la puerta del bar, a dos días de aterrizar en Italia. Su amigo Ezequiel lo miró, siguió la dirección de sus ojos y se largó a reír. “¿La rubia?”, preguntó. “Sí. Es ella”.
Era la noche del 5 de abril de 2024 y acababa de llegar a Paola, un pueblito costero de Calabria, en el sur de Italia. Había viajado desde Quilmes para tramitar su ciudadanía italiana. Apenas llevaba unos días en Europa. Todavía estaba acomodándose a la nueva vida, aprendiendo a moverse en un país desconocido y tratando de entender qué venía después. Pero esa noche, entre un grupo de argentinos que compartían el mismo sueño migratorio, vio a una chica de Rosario y sintió algo que no esperaba encontrar tan rápido.
Del otro lado de la historia, Irina también lo vio. Y recuerda exactamente el instante. “Lo miré a los ojos y fue como si el tiempo se frenara un segundo”, revela hoy enamorada. No sabía quién era, ni de dónde venía. Pero algo había pasado. Ese “no sé qué” imposible de explicar.
Dos argentinos que llegaron a Italia buscando otra vida
Irina nació en Rosario en mayo de 1994. Desde muy chica aprendió a arreglárselas sola. A los 17 años se fue de su casa. Trabajó en peloteros, coordinó fiestas infantiles, atendió comercios, vendió productos, cosió veladores junto a una amiga y aceptó prácticamente cualquier trabajo que le permitiera mantenerse independiente. Siempre tuvo la sensación de que quería algo más. No porque estuviera descontenta con su vida, sino porque sentía una curiosidad enorme por el mundo.
Durante años soñó con viajar. Pero cada vez que hacía cuentas, la realidad le devolvía la misma respuesta: era demasiado difícil. Hasta que descubrió algo que cambiaría todo. Tenía ciudadanía italiana. La noticia la empujó a una búsqueda obsesiva de papeles, partidas, certificados y documentos familiares. Reconstruyó una historia que parecía perdida hasta completar la carpeta necesaria para iniciar el trámite.
En febrero de 2024, cuando finalmente tuvo todo listo, tomó una decisión que asustaba incluso a quienes la querían. Renunció a su trabajo. Compró un pasaje de ida. Y se fue. Tenía 29 años.
Leo nació en Quilmes en agosto de 1999. Su historia era distinta pero sus sueños los mismos. Había crecido en una familia de clase media donde viajar era una pasión compartida. Todavía recuerda los recorridos por la Argentina dentro de un Renault 12 cargado hasta el techo. Seis personas. Poco dinero. Muchas ganas de conocer.
Estudió profesorado de Educación Física, se recibió y construyó una vida bastante ordenada. Trabajó en distintos lugares, tuvo una relación larga y desarrolló una carrera ligada al entrenamiento físico. Pero convivía con una sensación incómoda. Sentía que estaba construyendo una vida que no era exactamente la que soñaba. Mientras enseñaba, entrenaba y trabajaba, consumía videos de viajeros que recorrían el mundo haciendo trabajos temporarios. Y cada historia despertaba la misma pregunta. ¿Por qué ellos sí y yo no?
La respuesta llegó de la manera menos elegante. Lo asaltaron. Y algo se rompió. O se arregló, todo depende de dónde miremos. Pocos días después compró el pasaje hacia el Viejo Continente. El 3 de abril de 2024 llegó a Italia a ganarse la vida.
La noche en que todo cambió
Paola era un pueblo extraño. Quince mil habitantes. Playa. Calles tranquilas. Y unos quinientos argentinos haciendo ciudadanía italiana. Todos estaban atravesando algo parecido: habían dejado algo atrás e intentaban construir una nueva vida. Por eso el Thunder, un pequeño bar donde solían reunirse, funcionaba casi como una extensión de sus casas.
Aquella noche, Leo llegó con su amigo y dos compañeras de vivienda. Irina estaba con su prima Brunella, con quien había emigrado. Entre charlas, música argentina y cumbia santafesina, empezaron a acercarse. Hablaron. Bailaron. Se rieron. Y cuando la noche ya había avanzado bastante, Leo hizo algo que hoy parece imposible en la era de los mensajes ambiguos y las insinuaciones interminables.
“¿Te puedo besar?”, le preguntó con respeto. Irina dijo que sí. Después del beso, lo miró sorprendida. “No puedo creer que tengas 24 años”. Y enseguida agregó algo que él jamás olvidó. “No recuerdo un beso tan lindo en mi vida”. Animarse a dar el primer paso tiene premio. Por eso siempre hay que hacer. Lo demás se va dando.
A la mañana siguiente fue ella quien escribió primero. Le pasó su número. Lo invitó a tomar mate en la playa. Y así empezó todo. No como una historia de amor. Sino como un grupo de amigos. Ellos, la prima de Irina, Ezequiel y las dos compañeras santafesinas de Leo comenzaron a compartir días enteros. Trámites. Playa. Mate. Charlas. Caminatas. La vida cotidiana de quienes intentaban sobrevivir lejos de casa. Y en medio de todo eso, la conexión entre ellos fue creciendo. Aunque había un problema. Una fecha de vencimiento.
Una historia con fecha de vencimiento
Irina estaba mucho más avanzada en el trámite de ciudadanía. Y apenas obtuvo los papeles consiguió trabajo en Cerdeña. Los separarían casi 700 kilómetros y un mar de por medio. La oferta era imposible de rechazar. Un hotel. Mejores condiciones. La posibilidad de empezar a ganar plata. Pero también significaba alejarse. Alejarse mucho.
Se habían conocido en abril. Ella debía irse el 1 de junio. Dos meses. Eso era todo. Entonces Irina levantó una muralla, la de su corazón. No quería enamorarse. Mucho menos sufrir ni despedirse de alguien que recién acababa de conocer. Pero cuanto más trataba de convencerse, más difícil resultaba.
Leo tampoco podía ignorar lo que sentía. Por primera vez en mucho tiempo había encontrado a alguien con quien imaginaba algo serio. Y entonces llegó la despedida. La primera.
Los siguientes meses fueron brutales. Los dos trabajaron en condiciones muy duras. “No todo es lo que se ve en fotos”. Aprendieron a sobrevivir en otro idioma. Aceptaron tareas que jamás habían imaginado hacer. Leo fue jardinero, fletero, camarero y guardavidas. Irina limpió habitaciones en hoteles sin dominar todavía el italiano.
La realidad migrante apareció con toda su crudeza. Sin embargo, siguieron hablando todos los días. Sin faltar uno. Hasta que una tarde ella encontró una excusa perfecta. En el hotel donde trabajaba necesitaban otra persona. Pensó en Leo. Dudó. Y finalmente le escribió.
El quilmeño recibió la propuesta mientras trabajaba. Económicamente no era un gran negocio. Incluso significaba renunciar a algo más estable. Pero había una pregunta que no lograba sacarse de encima. ¿Y si después es nunca?
Renunció. Hizo las valijas. Se subió a varios trenes. Y fue a buscarla. Porque a veces el amor no pide certezas. Apenas una decisión.
Los trenes que los separaban también los volvían a unir
El reencuentro no fue precisamente romántico. Los dos estaban agotados. Demacrados. Golpeados por meses de trabajo duro. Pero la conexión seguía ahí. Intacta.
Durante semanas se escondieron de compañeros y jefes. Estaba prohibido noviar entre ellos. Se encontraban de noche. Hablaban durante horas. Compartían besos robados. Y volvían a separarse antes del amanecer. Todo parecía volver a brillar.
Sin embargo, seguía existiendo un obstáculo. Los contratos tenían fecha de finalización. La incertidumbre seguía gobernando sus vidas. Y cuando terminó aquella temporada llegó una nueva despedida. Después otra. Y luego otra más.
Una ocurrió en la estación de Perugia. Irina subió al tren. Leo quedó en el andén. La vio alejarse. En su cabeza sonaban los acordes de Las pastillas del abuelo, cantando: “Porque me es imposible de imaginar / Agonía más cruel, más aterradora / Que mi canto y tu danza alejándose / Uno arriba del tren y otro en la estación”.
Pensó que quizás no volvería a verla nunca más. Y lloró fuerte. “Ahí ya me di cuenta que estaba hasta las bolas, que estaba recontra remilenamorado”, admite sin metáforas.
Fuente: TN
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Mauricio Macri anunció que la Fundación FIFA destinará un millón de dólares a comunidades afectadas por los sismos en Venezuela
En medio de la catástrofe humanitaria que atraviesa Venezuela luego de los dos terremotos del 24 de junio que dejó más de 4 mil muertos, la Fundación FIFA anunció una millonaria donación para colaborar con los equipos de rescate.
Así lo informó el expresidente Mauricio Macri, que es el titular de la institución. “La Fundación FIFA acompaña al pueblo venezolano en uno de los momentos más difíciles de su historia. Vamos a destinar 1 millón de dólares de nuestro fondo humanitario para apoyar a las comunidades afectadas por los terremotos y colaborar con las organizaciones que ya están trabajando en el terreno para brindar ayuda de emergencia”, expresó desde su cuenta de X.
En el mismo sentido, Macri añadió: “Sé que el fútbol tiene una capacidad única para unir a las personas, especialmente cuando más se necesita. Esa fuerza debe ponerse al servicio de quienes hoy atraviesan esta tragedia”.
“Mis pensamientos y todo mi cariño están con las familias afectadas, como el de Gianni (Infantino) y todos los que formamos parte de la FIFA. Seguiremos acompañando los esfuerzos para que la ayuda llegue lo antes posible”, finalizó el exmandatario.
La situación en Venezuela hoy
Los operativos de rescate en Venezuela sumaron este sábado 215 nuevos cuerpos rescatados, luego de lo que fue el trágico doble terremoto del 24 de junio. De esta manera, las víctimas fatales ascienden ya a 4333.
Así lo informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en conferencia de prensa. Se trata de una de las subidas más altas de fallecidos de las últimas dos semanas tras los terremotos.
Las labores de desescombro y recuperación de cadáveres prosiguen en La Guaira y se intensificaron en los últimos días. En tanto, la cifra de heridos se mantiene en 16.740, mientras que se ha atendido a 31.193 pacientes en hospitales y se ha dado de alta a más del 90%.
El número de personas sin vivienda en Venezuela es de 17.907 y las familias atendidas suman 86.794
El también hermano de la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, aseguró que 18.437 personas se encuentran en un total de 94 campamentos transitorios.
Además, sigue subiendo el número de efectivos militares y de fuerzas de seguridad desplegados (31.837) y el de voluntarios registrados (30.197).
Según el balance oficial, ocurrieron 1.203 réplicas desde el 24 de junio -cuando se registraron los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5- entre ellas una de baja intensidad este mismo sábado.
Fuente: TN
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“No llores, papá”: la historia del payador y su hija que emocionaron al país con una canción para la Selección
Hay canciones que nacen para acompañar un Mundial y otras que, casi sin proponérselo, terminan contando la historia de una familia. La que compusieron el payador santafesino Pedro Saubidet y su hija Paula, de ocho años, pertenece a esa segunda categoría. Porque detrás de la letra dedicada a la Selección hay una guitarra heredada, un abuelo que ya no está, lágrimas compartidas frente al televisor y una pasión futbolera que atravesó generaciones hasta encontrar una nueva voz.
En el video que se volvió viral, Pedro sostiene la guitarra y lleva el ritmo; a su lado, su hija canta con una seguridad que parece desmentir su edad. No hay escenario, luces ni una multitud delante de ellos.
Están en su casa cuando entonan una versión de Astros, la canción de Ciro y Los Persas, con una letra que resume un deseo compartido por millones: “Quiero volver a robarle un gol al ladrón, como el Diego y el Narigón, y que la cuarta estrella brille en el cielo de mi Nación”.
La canción rápidamente escapó del pequeño universo de seguidores que Pedro había construido como payador. Este sábado, mientras la Argentina se prepara para enfrentar a Suiza desde las 22 en Kansas City por los cuartos de final del Mundial, el tema vuelve a funcionar como una banda sonora para la espera.
El equipo de Lionel Scaloni llega a esa instancia después de vencer 3-2 a Egipto en un partido que se resolvió con sufrimiento y que dejó a Pedro y a Paula llorando juntos frente al televisor.
“No llores, papá”, le decía la nena cuando terminó el encuentro. Sin embargo, ella también lloraba. Fue en ese clima, todavía con el corazón acelerado, cuando decidieron grabar la canción. “La estrella del video es ella, por su encanto, por la fuerza que le pone, por su garra y por su naturalidad”, contó Pedro en diálogo con TN.
En la casa de los Saubidet conviven los acordes, las camisetas y las identidades futboleras. Mercedes, la esposa de Pedro, es pampeana e hincha de Boca; él nació en Santa Fe, es fanático de Unión y se define como “muy futbolero”. Sus hijas Francisca, de 11 años, y Paula, de ocho, crecieron entre guitarreadas, reuniones familiares y chamamés.
“La música está presente en todo momento. A mis hijas les gusta mucho, siempre estamos cantando y guitarreando. Hay mucho chamamé por parte mía, pero también me voy adaptando a la música de ellas para poder acompañarlas”, contó Pedro.
El fútbol, en cambio, ingresó a la familia de la mano de Pedro y de su padre, don Pedro, fallecido el año pasado. Aunque era hincha de River y había llegado desde Buenos Aires, fue él quien comenzó a llevarlo a la cancha de Unión cuando era chico. Desde entonces, cada partido quedó unido a una imagen, una conversación o un viaje compartido. “Hoy que papá ya no está, el fútbol es mucho más que un deporte. Es un montón de recuerdos con él en la cancha”, dijo.
Esa pasión también alcanzó a la generación siguiente. Marcos Sanguinetti, sobrino de Pedro y nieto de don Pedro, se convirtió en periodista deportivo y actualmente se encuentra cubriendo el Mundial. “La figura de papá es fundamental para esta pasión. El que más la heredó fui yo y también mi sobrino Marcos. Siempre lo tenemos muy presente en cada partido”, señaló el payador.
Don Pedro no solo dejó el amor por el fútbol. También transmitió los versos, la guitarra, el canto criollo, la vida de campo y una manera de entender a la familia. Junto con doña María, su esposa, criaron a seis hijos: Rosario, Sole, Cruz, Constancia, Pedro y Maruca. “Fue un tipo extraordinario, un hombre íntegro y un gran ejemplo para nosotros. Le debemos a él y a mamá esta familia tan linda que nos dejaron”, recordó.
La canción viral, entonces, no nació solamente del entusiasmo mundialista. También lleva algo de esa herencia.
La frase sobre “robarle un gol al ladrón” recupera la histórica rivalidad con Inglaterra, la Mano de Dios de Diego Maradona y la figura de Carlos Bilardo, el “Narigón”, en México 1986.
Pedro también encontró inspiración en un cuento de Eduardo Sacheri que reflexiona sobre aquel gol y sobre la dimensión emocional que adquirió para los argentinos. “Estamos hablando de una trampa, pero tiene un trasfondo tan profundo lo de Inglaterra que creo que nos pega un poco a todos. Sería muy emocionante reeditar aquella epopeya de Diego. Es una ilusión que tenemos”, sostuvo.
Para Pedro, la identificación con la Selección actual no se limita a los resultados. Encuentra en Scaloni, nacido en el sur santafesino, la cercanía de un hombre de pueblo y reconoce en el cuerpo técnico un perfil que después se refleja en los futbolistas. “Scaloni podría ser el amigo de cualquiera de nosotros. Es muy humano, familiero, humilde, pero aguerrido. Eso se transmite a los jugadores”, afirmó.
Esa forma de representar al país es también lo que quiere transmitirles a sus hijas. “Creo que son un ejemplo que nos hace muy bien como sociedad. A los chicos los vuelve locos la Selección y tienen referentes que realmente son positivos. Sobran cosas para admirar de este grupo, que nos representa tan bien a los argentinos”, dijo.
Mientras la Scaloneta busca este sábado un lugar entre los cuatro mejores del Mundial, Pedro se permite imaginar otra escena. Ya no sería en el living de su casa ni frente a la cámara de un teléfono, sino alrededor de una mesa, con los jugadores, sus familias, sus propias hijas y una guitarra. “Me encantaría cantarla en un asado para todos los muchachos, con sus hijos y con mis hijas. Todos soñamos con estar en esa mesa junto a nuestros ídolos”, confesó.
También le gustaría improvisar un verso para cada integrante del plantel y llevar hasta ellos el oficio que aprendió de su padre y que hoy le permite vivir durante todo el año. Tal vez entonces Paula vuelva a mirarlo de reojo cuando se le quiebre la voz. Tal vez vuelva a decirle que no llore, aunque ella también tenga los ojos llenos de lágrimas.
Fuente: TN