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Los chats que complican a Agustina Cosachov por la muerte de Diego Maradona: “Siento un poco de culpa”

“Me altera la situación de no ir ahora porque siento que van a hacer un cachivache con la medicación y, qué se yo, me da culpa”. Ese era el nivel de preocupación que Agustina Cosachov destinaba a uno de sus pacientes: Diego Armando Maradona. El ídolo todavía estaba internado en la clínica Olivos cuando se dio ese intercambio por WhatsApp con Carlos “Charly” Díaz, el psicólogo que había sido enviado por Matías Morla, al que tuvo acceso TN.com.ar.

En tanto, la salud de Maradona empeoraba. En la acusación, el equipo de fiscales que investigan a la psiquiatra como coautora homicidio simple con dolo eventual y falsedad intelectual establecieron punto por punto sus omisiones y faltas que contribuyeron al desenlace fatal. Este miércoles, Cosme Iribarren, Patricio Ferrari y Laura Capra indagarán a Díaz y el viernes Cosachov.

A esa altura ya sobrevolaban las sospechas de Parkinson, síndrome de Korsakoff, bipolaridad y la necesidad de que un neurólogo analice al excapitán de la Selección. Lo hablaban, pero no lo instrumentaban. “Por una cosa o la otra no se termina de dar”, le confiesa Cosachov a “Charly” el 3 de noviembre de 2020, ocho días antes de su traslado a la casa de Tigre.

Pese a la gravedad del cuadro que arrastraba el ídolo argentino, muchas de las charlas versaban sobre sus intenciones de aparecer frente a las cámaras y no dejarle esa exclusividad a Leopoldo Luque“Quiere ir al Bailando”, dice sobre el médico en tono de sorna el psicólogo. Su colega no se queda atrás: “Está re en modo star”. Fue el 6 de noviembre. Detrás, Díaz convertido en una especie de comisario mediático del entorno del Diez, estaba preocupado por las palabras a la prensa del neurocirujano. No quería que se hable de “abstinencia”.

También, ocupaba su atención el manejo de la información que llegaba a la familia de Maradona (”actuemos con unidad con las chicas que no haya filtraciones) y que se haga efectivamente la internación domiciliaria, pese a las advertencias notorias: “Matías me dijo que a la mañana estaba 0 KM y hace una hora que no para de decir incoherencias, desvariando. Por otro lado, me dijo que hay 100 por ciento consenso de que se vaya a vivir a Tigre”. La psiquiatra no se opuso.

El vínculo que se generó entre ambos se hacía evidente también en los reiterados reclamos por sus honorarios. Cosachov había pedido 200 mil pesos por mes, pero Vanesa Morla, la hermana del abogado, no se los depositaba. Díaz intervenía entonces por ella. Logró que le transfieran $50 mil. “Yo te confío esto del sueldo a vos porque estoy re angustiada con este tema”, le dijo la psiquiatra el mismo día que Maradona salió de la clínica.

Cosachov no mostraba el mismo grado de aflicción por el estado de la propiedad a la que enviaban al Diez, una casa que no estaba en condiciones de recibir a un paciente con las características de Maradona.

Superada la instancia pasan a otro tema más estratégico: “Fijate después lo del Disulfix porque voy a armar todo un protocolo para poder tener todo bien sistematizado para que quede bien profesional todo y que la familia se haga cargo”, le propone Díaz que, además, monitoreaba la medicación que le daba su compañera a Maradona.

“Ahí le ajusté la medicación psiquiátrica Charly. Ya evolucioné en la historia clínica para quedar cubiertos nosotros como médicos, legalmente”, le indica Cosachov. “Hoy le dijo a Matías que quería salir a tomar birra. Ojalá pase hoy limpio. A este ritmo es un peligro”, le respondió el psicólogo.

“Acá el objetivo es pasarle la pelota a la familia y después pensamos juntos estratégicamente cómo hacer para no quemarnos. Como para que esto no insuma demasiado tiempo. Si él anda bien y está limpio, va a flojar mucho nuestro laburo, es ir una hora y volver y se acabo la historia”. Charly la tranquilizaba así a Cosachov cuando se quejaba de la cantidad de trabajo, aunque casi no lo visitaba a Maradona. “No doy más. Estoy re pasada de rosca boludo. Mucha responsabilidad. Tuvimos que poner el gancho en un escrito. Se nos viene la bomba a vos y a mí, sabelo”, Cosachov ya podía prever que algo malo podía suceder.

Al día siguiente, la conversación continúa en ese sentido:

CD: Sugiero explicitar lo de otros profesionales, por ejemplo, neurólogos. Para empezar a meter a otra gente y que no nos apunten

Agustina Cosachov expreso su disgusto con una situación: habían echado a los acompañantes terapéuticos que cuidaban a Maradona. “Es una vergüenza”, le dijo por chat a Díaz, pero horas más tarde reconsideró su postura y ella misma ordenó que se retiren. En su decisión tuvo que ver este mensaje del 13 de noviembre:

CD: Cuando vaya voy a intentar pasarle la pelota a él. Que él decida qué quiere hacer, quiénes quiere que estén. O sea, darle el poder porque es un chabón que está capacitado para tomar decisiones y liderar su recuperación. Que los Acompañantes terapéuticos frenen.

Increíblemente, creían que Diego podía recuperarse. El 14 de noviembre intercambiaron estos mensajes:

CD: Agus, si sale bien Diego, esto puede ser algo que quede para la posteridad. O perdemos la matrícula y vamos en cana o somos semidioses. Jajaja.

AC: Te tengo fe

Diaz también opinaba sobre el rol de los enfermeros. Siempre con la conformidad de la psiquiatra.

CD: A mí me parece que el escenario ideal sería que haya enfermeros 24/7 pero que no hinchen las pelotas, o sea, que solamente se acerquen para dar la medicación. La casa es grande, pueden estar en otro lado y punto. La idea, te repito, es pasarle la pelota a Diego para cubrirnos nosotros.

AC: Tal vez podemos eliminar el hecho de tomarle los signos vitales tan seguido. Tal vez con tomárselos una vez por semana, que va el clínico, ya estamos. Y se puede poner a cualquier pelotudo a darle la medicación, podríamos poner a las chicas.

CD: Si me dejas yo me ocupo de los enfermeros

AC: Obvio

CD: Nos consagramos

Fue el 17 de noviembre. Horas más tarde, el tono cambia:

AC: Che, sigue durmiendo. Muy raro.

CD: El domingo estuvimos 4hs charlando joya. Vi un leve temblor de reposo. Tiene que ir un neurólogo para cubrirnos.

AC: Qué hacemos

CD: Hay que pasarle la pelota a las hijas y sacar gente. Que decidan ellas. Las induzco a que digan que hay que sacar enfermeros

AC: (Gianinna) fue con el nieto y no se levantó

CD: Después llegó Luque y se levantó

AC: Sí, pero es raro. Él lo ama a Benja

CD: Me dijo Matías que tenía la voz extremadamente aguda

El declive, ya más que evidente, continuó el 18 de noviembre. Cosachov lo notaba pero no hizo nada: “Muy depre está. No come, no se levanta. Está durmiendo. Lo veo muy hinchado. Yo en diez minutos me voy”.

AC: Me están apurando con resultados. Parece que Vero Ojeda llamó a Vane (Morla) para apurar. No digas nada, porfi, pero nos cuestiona a todos

CD: No, no, confidencialidad. Hoy la vi a Ojeda y después me mandó un mensaje “podes hablar?” Y no le di bola. Matías es el que tiene la manija ahí

AC: No lo vi bien. Muy hinchado, en bolas, sin ganas de NADA. No se pueden lograr cambios radicales en una semana

CD: Que la chupe Ojeda

Las horas siguientes hablaron sobre los trastornos que podría padecer Maradona y su creciente irritabilidad. “Le pusieron el cascabel al gato. Se ve como un anciano sin poder de decisión y se quiere cortar las bolas”. Cosachov se reía. El Diez se estaba muriendo. “¿Te parece un Zoom con las hijas? Así las tememos contenidas”, ofrece la psiquiatra ante los reclamos de la familia del paciente.

El 21 de noviembre, Charly propone motivar a Diego: “Hay que sacarlo a hacer cosas. Que vaya a ver al plantel de Gimnasia. Que lo saluden y que se sienta Maradona, no un viejo meado encima. Si no encontramos motivación, cagamos, va a ser aguantar hasta que explote y va a explotar en breve”.

Tres días más tarde el entusiasmo cesó: “Parece que se volví a tirar en la cama el gordi. Yo voy mañana, creo que tenemos que ir nosotros como equipo”.

A la mañana siguiente, cuando entraron al playroom que oficiaba de habitación de hospital, Maradona ya estaba muerto. “El actuar del equipo de salud a cargo que atendía a Maradona fue inadecuado, deficiente y temerario”, estableció en sus conclusiones la Junta Médica, una prueba esencial para el caso.

La acusación contra Agustina Cosachov

“Teniendo pleno conocimiento de la patología cardíaca que afectaba a la víctima, no adoptó los recaudos adecuados a su lex artis al momento de realizar las debidas visitas que el cuadro del paciente exigía, ya que al tiempo de no imponer límites al doliente, no aseguró la correcta administración de la medicación y psicotrópicos que había indicado a Maradona, desentendiéndose de los efectos adversos y eludiendo los controles y/o estudios apropiados a los fines de su evolución, que en el caso de los estudios cardiológicos, clínicos y bioquímicos, implicaban un imperativo ineludible”.

Eso no es todo, “a sabiendas de los síntomas que lo aquejaban desde su traslado al Barrio San Andrés el 11 de noviembre de 2020, evitó la asistencia correspondiente mediante el apartamiento expreso de los acompañantes terapéuticos Carlos y Alejandro Cottaro, a la vez que obstaculizó la concurrencia al domicilio de un médico clínico y un nutricionista”.

“Teniendo la posibilidad real de evitar la situación de peligro objetivo que creaba su comportamiento, ante el resultado que se presentaba como previsible y evitable, permaneciendo indiferente frente a las graves falencias apuntadas que no tendió a revertir, asumió desaprensivamente los riesgos que corría la salud de Maradona, y las consecuencias que ello podía generar”.

“Los síntomas visibles de desmejoramiento del paciente, como así también las advertencias de su entorno, exigían al menos la asistencia médica inmediata, circunstancia que, no sólo no procuró, sino que obstaculizó”.

La acusación contra Carlos Díaz

“Paulatinamente, fue involucrándose el ámbito de actuación profesional de la psiquiatra Cosachov, y avocándose incluso a tomar decisiones hasta entonces ajenas a su incumbencia -al punto que su poder de decisión sobre Maradona trascendió lo puramente médico , para extenderse a las relaciones del paciente con sus familiares”.

Aprovechó su esfera de poder sobre el paciente para aislarlo de su familia, manipulando a esta última, proponiéndoles que todo lo que estaba sucediendo era producto de la libre y espontánea decisión de Maradona, alegando para ello que “necesitaba espacio””.

“En definitiva, no hacía más que ocultar la información relativa al verdadero cuadro de salud del causante, eludiendo de ese modo que ajenos al equipo médico hubieran podido adoptar medidas tendientes a revertir las falencias apuntadas y, en consecuencia, a evitar el desenlace fatal, con el que palmariamente colaboró”.

El Whatsapp de Leopoldo Luque

Fuente: Infobae.com

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Una familia de cuatro personas necesitó más de $2,6 millones en agosto para ser de clase media en CABA

Una familia propietaria de cuatro integrantes en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) necesitó tener ingresos entre $2.603.556,34 y $8.331.380,27 en agosto para ser considerada clase media, según informó la Dirección General de Estadísticas y Censos de CABA.

En tanto, un grupo familiar -dos adultos y dos menores- requirió de $1.651.798,05 para no ser pobre durante el octavo mes de 2026.

Mientras un hogar de las mismas características debió contar con $903.930,35 para no ser considerada indigente.

Con estos números, la línea de indigencia subió 2,6% en agosto, la de pobreza 2% y el piso para ser de clase media, 1,7%.

Cuánto hubo que ganar para ser de clase media en CABA en agosto de 2026

En agosto, según la Dirección de Estadísticas porteña, una familia de cuatro integrantes necesitó los siguientes ingresos para ser considerada como parte de la clase media, ya sea en el segmento frágil, medio o acomodado:

  • Sector medio frágil: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la Canasta Total y no alcanza 1,25 veces la canasta total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Tienen ingresos mensuales entre $2.082.845,07 $2.603.556,33.
  • Sector medio “clase media”: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos 1,25 veces la CT y no alcanza cuatro veces la CT del Sistema de Canastas de Consumo. Ganan desde $2.603.556,34 hasta $8.331.380,27 al mes.
  • Sector acomodado: hogares cuyo ingreso mensual supera cuatro CT del Sistema de Canastas de Consumo, con ingresos al mes de $8.331.380,28 en adelante.

Cuánto dinero se necesitó para no estar bajo la línea de la pobreza en CABA

De acuerdo con los niveles socioeconómicos que establece el informe de la Ciudad de Buenos Aires, una familia de cuatro integrantes se encuentra en:

  • En situación de indigencia: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA). En agosto, una familia necesitó $903.930,35 mensuales para no ser indigente.
  • En situación de pobreza no indigente: hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) pero permite al menos adquirir la CBA. En esta situación se encuentran quienes perciban ingresos entre $903.930,36 $1.651.798,05.
  • No pobres vulnerables: hogares cuyo ingreso total mensual es de al menos la CBT y no alcanza la Canasta Total (CT) del Sistema de Canastas de Consumo. Este rango contempla a quienes ganan entre $1.651.798,06 y $2.082.845,06 al mes.

La inflación en CABA fue de 1,7% en agosto

La inflación de agosto fue de 1,7% en la Ciudad de Buenos Aires y acumuló 21,5% en lo que va del año.

Contra julio, el IPC de CABA registró una desaceleración de 1,2 puntos porcentuales. El alza fue de 33,3% en los últimos 12 meses.

La variación de los precios porteños en el séptimo mes del año estuvo impulsada por aumentos en: Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustiblesAlimentos y bebidas no alcohólicasSalud Transporte.

Fuente: TN

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Fue adoptada de bebé, publicó un video para buscar a sus ocho hermanos biológicos y recibió una respuesta que no esperaba

Durante años, Lourdes Fernández supo que en algún lugar había una parte de su historia que todavía no conocía. Tenía un dato concreto: según consta en su expediente, su mamá biológica había tenido otros ocho hijos. Eran ocho nombres posibles, ocho vidas de las que no sabía prácticamente nada y una pregunta que, con el tiempo, se volvió cada vez más difícil de postergar.

El domingo 30 de agosto, Lourdes decidió dejar de buscar en silencio. Grabó un video, contó que había sido adoptada cuando era bebé y pidió ayuda para encontrar a sus hermanos biológicos. Lo publicó en sus redes sociales sin saber qué podía ocurrir y la respuesta fue mucho más rápida de lo que imaginaba.

“Por suerte se difundió y tuvo mucha masividad. El lunes ya me estaba juntando con una de mis hermanas”, cuenta la joven marplatense a TN. A partir de la repercusión de su pedido, cuatro personas que serían sus hermanos se comunicaron con ella y con dos ya pudo encontrarse personalmente.

De repente, aquellos hermanos que hasta entonces habían formado parte de una historia escrita en un expediente empezaron a tener voces, rostros y recuerdos. Y hubo algo que la sorprendió especialmente cuando los tuvo enfrente.

Me vi reflejada en ellos, saber que les había pasado lo mismo o algo similar me conmovió”, explica. El encuentro no significó solamente empezar a reconstruir un vínculo familiar: también le permitió reconocer experiencias compartidas y descubrir que algunas de las preguntas que la habían acompañado durante años no eran únicamente suyas.

La búsqueda de Lourdes no nació de una sola pregunta. Había algo tan íntimo como saber quiénes eran esos hermanos que figuraban en su historia y a los que nunca había conocido, pero también interrogantes mucho más concretos que solo podían responder quienes compartieran con ella un origen. Entre ellos, conocer sus antecedentes médicos. “Quería saber sobre enfermedades, sobre la parte genética, si había alguna condición que yo tenía que conocer”, cuenta a TN.

Dar ese paso tampoco fue una decisión que tomó a espaldas de su familia. Sus padres sabían qué quería buscar y conocían las preguntas que ella tenía en la mente. Al principio apareció el miedo, quizás inevitable ante todo lo que podía traer una búsqueda así, pero después se impuso el apoyo. “Mis padres estuvieron un poco temerosos, pero me acompañaron en este proceso”, explica la joven.

Lourdes habla de sus papás adoptivos con una certeza que no entra en conflicto con su necesidad de saber de dónde viene. Encontrar a sus hermanos no supone reemplazar una familia por otra ni revisar el amor que recibió durante todos estos años. Es, simplemente, conocer una parte de sí misma a la que hasta ahora no había podido acceder.

Lo que no podía anticipar era cómo iban a recibirla quienes aparecieran del otro lado. Podía encontrar respuestas, silencios, dudas o incluso personas que no quisieran abrir esa puerta. Por eso, cuando comenzaron los primeros contactos, hubo algo que la conmovió especialmente: la voluntad de escucharla. “Me dijeron: ‘Necesitás sanar, ¿qué necesitás? ¿Qué querés saber?’”, recuerda Lourdes.

Fuente: TN

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Tenía US$200, compró un viejo trolebús canadiense y lo convirtió en un estudio de tatuajes: “Es como un portal en el tiempo”

La primera vez que lo vio, no imaginó todo lo que iba a pasar después. El viejo trolebús estaba en un desarmadero, lejos de parecerse al estudio de tatuajes en el que terminaría convertido. Era enorme, estaba abandonado y llevaba consigo una historia que a Matías le llamó la atención desde el primer momento. Él solo tenía US$200 en el bolsillo. No mucho más. Ni mucho menos.

El hombre de 32 años no sabía, pero en ese momento estaba poniendo en marcha un sueño: convertir aquel vehículo de unos 15 metros de largo en uno de los espacios más particulares de su proyecto en Chacras de Coria, Mendoza.

El comienzo del sueño

Algo de su infancia quedó marcado en aquel lugar que construyó. Quizás sean los árboles, las paredes pintadas o esa sensación de que en cada rincón hay algo que alguien hizo con sus propias manos. Cuando era chico, la propiedad estaba lejos de ser el emprendimiento que es ahora.

Sus padres la habían comprado y durante una década allí funcionó una escuela de verano que ellos mismos habían creado. Matías creció viendo entrar y salir gente todo el tiempo. Incluso había días en los que se despertaba y se encontraba con cerca de cien chicos en el predio. Ese movimiento terminó siendo parte de él.

A sus 19 años, sus padres alquilaron el lugar para que funcionara como geriátrico. Pero cuando el contrato terminó, tres años después, Matías sintió que quería volver a darle vida a ese espacio. Tenía 22 y una idea que, para muchos, parecía demasiado grande: abrir un hostel en una zona que no parecía ser la más adecuada.

No tenía detrás una gran inversión ni un proyecto empresarial armado. Lo que tenía era el lugar, algunas ideas y una necesidad que lo había acompañado desde siempre: hacer cosas con las manos. Desde chico dibujaba en la escuela, sobre los bancos y en cualquier superficie que encontrara. Le gustaban las manualidades, pintar y construir. Así que decidió que, si iba a abrir un hostel, no quería que se pareciera a ningún otro. Quería que se pareciera a él.

Empezó a pintar las paredes. Hizo un mural de Frida Kahlo después de leer un libro sobre ella y otro de Gustavo Cerati, uno de los músicos que escuchaba. Cada pared empezó a convertirse en una parte de su historia y, casi sin darse cuenta, el hostel fue tomando una identidad propia.

Con el tiempo, el lugar comenzó a recibir cada vez más turistas. Y aquello que había empezado casi como una apuesta personal terminó dándole el respaldo económico que necesitaba para seguir soñando. Porque Matías nunca dejó de hacerlo.

Una idea

Además de emprendedor, Matías había incursionado en el muralismo y se estaba especializando en tatuajes. Después de unos tres años de haber abierto el lugar empezó a pensar en sumar un estudio. La idea tenía sentido: muchos de los turistas que llegaban podían llevarse de Mendoza un recuerdo que los acompañara durante toda la vida.

Pero había una condición: uno de los tatuadores que lo había guiado le explicó que no podía improvisar el espacio. El estudio tenía que ser exclusivo, sin gente entrando y saliendo, y debía cumplir con todas las condiciones de bioseguridad y esterilidad necesarias para trabajar.

Matías pensó en una habitación del hostel, pero enseguida entendió que no era suficiente. Si iba a hacerlo, quería hacerlo de una manera que nadie esperara. Fue entonces cuando apareció aquel trolebús.

Alrededor de 2018, el joven fue a un desarmadero y se encontró con uno de los viejos trolebuses que habían llegado desde Canadá. La provincia los había comprado, pero no funcionaron y terminaron en desuso, abandonados en distintos desarmaderos. Uno de ellos estaba allí, esperando que alguien decidiera qué hacer con él. Matías lo vio y empezó a imaginar.

Era un vehículo de unos 15 metros de largo, enorme, fuera de funcionamiento y sin siquiera dos de sus ruedas. Para cualquier otra persona podía ser un problema. Para él era exactamente lo contrario: podía convertirse en el espacio que estaba buscando.

Había, sin embargo, un detalle bastante importante: Matías tenía apenas US$200. Eran los únicos que llevaba encima ese día. Le preguntó al hombre del desarmadero cuánto quería por el trolebús y terminó comprándolo con ese dinero.

Después de encontrarlo, todavía tenía que resolver cómo llevar semejante vehículo hasta su propiedad. “Llamé a una grúa y le pedí a mi papá que me prestara plata para pagarla. Vino la grúa con un camión, con un chasis bajo, lo levantamos y lo llevamos hasta el hostel”, explicó.

El trolebús viajó en un camión hasta Chacras de Coria y quedó estacionado en la calle, detrás del terreno. Ahí apareció el segundo problema: no había manera de meterlo adentro.

El trolebús no funcionaba y tenía unas dimensiones que hacían imposible moverlo como si fuera un vehículo cualquiera: “Al otro día me puse a buscar en Google cómo hacían los vikingos en la serie para mover cosas pesadas. Pensé: si ellos lo hacían hace 100 años, yo también puedo”.

Consiguió madera en un aserradero y una retroexcavadora. Entre todos fueron levantando el vehículo y colocándolo sobre los troncos para hacerlo avanzar poco a poco. Fue una escena casi absurda: un viejo trolebús canadiense avanzando sobre troncos para entrar al jardín de una propiedad de Chacras de Coria. “Fue una odisea entrarlo”, recordó entre risas.

Cuando finalmente entró, Matías sintió que había conseguido lo más difícil. Pero en realidad recién empezaba. “Cuando lo metí estaba feliz de tener semejante bicho, sobre todo por la historia que tenía. Quería reutilizarlo, no quería que quedara abandonado”, expresó.

Sin embargo no fue fácil. El trolebús pasó aproximadamente un año sin convertirse en nada. Lo utilizaba como depósito mientras el hostel seguía funcionando. Cada vez que podía juntar algo de dinero, volvía a invertir en él. Sacó todos los asientos, trabajó sobre el piso, primero con cerámicos y después con porcelanato, modificó las ventanas y empezó a fabricar los muebles junto con familiares y amigos. “Fue remar en dulce de leche”, aseguró.

Un primo que trabaja con metal lo ayudó con parte del mobiliario. Otros amigos fueron colaborando en distintas tareas. Matías aprendió mientras hacía. Y así pasaron los años.

La restauración completa llevó alrededor de ocho años. A los tres, sin embargo, el lugar ya estaba lo suficientemente avanzado como para que pudiera empezar a trabajar allí.

Hasta los detalles más pequeños llevaron tiempo: las luces delanteras y traseras, distintas partes de la carrocería y hasta una bocina inspirada en Los Dukes de Hazzard. Nada parecía demasiado pequeño como para no dedicarle horas. “Yo no tenía idea, mi vida se maneja de forma improvisada”, recordó Matías al recordar aquel proceso. Pero esa improvisación tenía una regla: hacerlo despacio y hacerlo bien.

Hoy, cuando alguien entra al estudio, cuesta imaginar que alguna vez aquel lugar fue simplemente un vehículo abandonado en un desarmadero.

El trolebús conserva por fuera buena parte de su aspecto original. Es largo, ancho y mantiene la estética de fábrica. En uno de sus laterales, la inscripción que alguna vez decía “Empresa provincial de Mendoza” fue reemplazada por una mucho más acorde con su nueva vida: “tatuajes”.

Fuente: TN

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