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¿Volvió el COVID? Cuatro infectólogos explican por qué suben los casos

Si hay algo que demostró el virus SARS-CoV-2 al mundo entero es su tenaz capacidad de resiliencia. Primero en su calidad de (nuevo) virus respiratorio que provocó una pandemia global que paralizó al mundo. Y luego a través de las sucesivas variantes demostró que será perenne en el tiempo. El virus SARS-CoV-2 evoluciona para sobrevivir, sigue circulando y mantiene su capacidad de mutar en linajes y sublinajes potentes que pueden provocar infecciones graves.

Hay que agregar que los cambios estacionales y las reuniones sociales siempre han impactado en la suba de los casos; entre otros, por las características de contagio y propagación del virus: aerosolizada. La movidad de personas que provocan las fiestas y las vacaciones, conectando grupos en diversas latitudes, que usualmente no se juntan, aumentan los casos.

Y lo que claramente atraviesa este “revivir” del COVID -19 es que aún los bolsones de no vacunados o aquellos que no completaron los esquemas de protección son muchos. La baja en la vacunación es la madre del crecimiento de los casos de COVID, aquí y en el mundo, ya que permite evadir la inmunidad que generan los sueros; y esto robustece indirectamente a la variante de circulación. A esto se suma, el abandono de las medidas de protección y cuidado social.

Variante dominante

Actualmente el linaje dominante es la JN.1, al que la Organización Mundial de la Salud (OMS) vigila de cerca y clasificó como una variante de interés (VOI, por sus siglas en inglés), y que, en la actualidad, es la variante que impulsa los nuevos contagios en Estados Unidos y en varios países de Europa.

Lejos del invierno boreal, en Argentina, las nuevas infecciones por COVID también muestran un aumento desde las últimas semanas del 2023. Frente a esta amenaza latente, la vacunación recurrente es la herramienta más efectiva para disminuir los cuadros severos, la hospitalización y la muerte. Las personas mayores, las embarazadas y aquellos con sistemas inmunitarios debilitados siguen siendo un grupo vulnerable frente al avance de la infección respiratoria.

A este escenario, se suma la ausencia de campañas públicas de comunicación desde las carteras de Salud -a nivel nacional como de cada jurisdicción- en la Argentina y también en el mundo. Y esto deriva en la ausencia de campañas fuertes y potentes que promuevan la vacunación contra el COVID según las edades y grupos de riesgo.

Infobae consultó a cuatro expertos en infectología para explorar las razones detrás del incremento de los casos y los peligros que implica que un enorme porcentaje de la población no haya recibido las dosis contra el COVID recomendadas para mantener la protección. “Existe una baja percepción del riesgo de enfermedad y esto hace que las personas se vacunen menos”, coincidieron los expertos.

El SARS-CoV-2 continúa circulando globalmente con nuevas variantes que desafían la inmunidad. Hay que optimizar en los sistemas de salud  la posibilidad de la detección más accesble. (Getty Images)El SARS-CoV-2 continúa circulando globalmente con nuevas variantes que desafían la inmunidad. Hay que optimizar en los sistemas de salud la posibilidad de la detección más accesble. (Getty Images)

Avance del COVID

En diálogo con Infobae, el médico infectólogo Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, se refirió a la suba de infecciones por COVID y remarcó que el virus SARS-CoV-2 sigue circulando en el mundo, vinculado a la aparición de nuevas variantes que son capaces de evadir mejor la respuesta inmune ya sea generada por las vacunas o generada por infecciones previas.

“Estamos observando efectivamente un aumento en las últimas semanas de los casos, tanto ambulatorios como en internación. En Argentina, en las unidades de monitoreo ambulatorio, el virus respiratorio que más se detecta en las últimas semanas es el SARS-CoV-2, y en mucha menor medida el virus sincicial respiratorio (VSR) e influenza”, dijo el experto.

Bonvehí señaló que el aumento de la detección del COVID entre los pacientes hospitalizados se debe a que, en la mayoría de los casos con cuadros respiratorios agudos que requieren internación, se realizan hisopados y se identifica el patógeno causante de la enfermedad. En cambio, “en los pacientes que hacen la consulta de forma ambulatoria es más difícil el diagnóstico, porque los testeos para COVID no se realizan en todos los centros de atención, aunque se mantiene la posibilidad de hacerse el autotest”.

Eventos y reuniones incrementan el riesgo de transmisión de COVID-19 en un contexto de baja percepción del riesgo (iStock)Eventos y reuniones incrementan el riesgo de transmisión de COVID-19 en un contexto de baja percepción del riesgo (iStock)

El crecimiento de los casos está apalancado principalmente en la baja de las tasas vacunación que disminuye la protección del sistema inmune frente al virus y este riesgo se amplifica ante la circulación de nuevas variantes de COVID y la mayor frecuencia de encuentros sociales: “El aumento del movimiento (de personas) por vacaciones y reuniones por las fiestas, también influyen en el incremento de casos, los virus respiratorios se transmiten de persona a persona muy fácilmente”, subrayó Bonvehí.

La importancia de las vacunas

En Argentina, apenas 2,4 millones de personas recibieron el tercer refuerzo lo que significa menos del 5% de la población, y menos del 10% (unas 8,5 millones de personas) se aplicaron el segundo refuerzo, según datos del Monitor Público de Vacunación del Ministerio de Salud de la Nación.

Consulado por Infobae, el infectólogo Eduardo López, jefe del departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y director de la carrera de especialista en infectología pediátrica de la Universidad de Buenos Aires (UBA) detalló cómo percibe la situación epidemiológica actual: “En primer lugar, Argentina está fracasando en tener niveles de vacunación acordes al nivel mundial; en segundo lugar, es muy pequeño el porcentaje de personas que han recibido el cuarto refuerzo con las vacunas bivalentes vigentes y esto implica mucha más gente expuesta a contraer COVID, y en tercer lugar, se observa un aumento leve de los casos de COVID, una suba que por ahora es leve, pero es un aumento al fin”.

El especialista contó que los países del hemisferio norte que están transcurriendo la etapa invernal registran un aumento importante de circulación de infecciones respiratorias, tanto de gripe como COVID, por eso López enfatizó en que “debemos retomar medidas que parece que olvidamos: volver al uso de barbijo en ciertos casos y, por otro lado, las personas que presentan síntomas tengan recaudos, como no ir a trabajar o estar en contacto con otros, estas son dos medidas que retomo Europa”.

En cuánto a por qué las personas no se aplican las dosis disponibles contra el COVID, López consideró que “muchas personas han decidido que no existe más el COVID y esto explica por qué bajó la percepción de riesgo, además que se ha limitado el acceso a vacunarse fácil ya que hoy hay muchos menos puntos disponibles, y en tercer lugar, quizás los médicos no estamos recomendando en forma sostenida la vacunación para COVID”.

Células del virus SARS-CoV-2 que provoca la COVID 19 (spike) bajo el mircroscopio (Imagen Ilustrativa Infobae)Células del virus SARS-CoV-2 que provoca la COVID 19 (spike) bajo el mircroscopio (Imagen Ilustrativa Infobae)

Respecto de la ausencia de campañas de vacunación, Bonvehí mencionó que “ha bajado fuertemente la difusión en cuanto a la importancia de mantener los esquemas al día y esto ha influido en la disminución de la vacunación. Entiendo que no hay un problema de insumos, ya que hay dosis disponibles, pero a diferencia de lo que ocurría en el año 2021, hay muchos menos lugares donde se puede aplicar la vacuna, pero también hay menos gente que concurre. Entonces es importante que cada persona, en su jurisdicción, averigüe dónde puede vacunarse para recibir el refuerzo contra COVID”.

En coincidencia con el panorama descripto por López y Bonvehi, el doctor Waldo Belloso, especialista en Infectología y Farmacología Clínica y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), apuntó a Infobae que, “como los testeos son escasos, aún no hay datos oficiales suficientes para saber si el aumento de casos en Argentina es impulsado por la nueva variante JN.1 y señaló que es muy clara la disminución de la percepción del riesgo frente al COVID de la mayoría de la población: la vacunación está fuera de la consulta de la mayor parte de los pacientes”.

“En pacientes adultos hay un enorme porcentaje de personas que tienen su último refuerzo aplicado hace más de seis meses y algunos hace más de un año. Recomendamos formalmente a todas las personas que tengan algún factor de riesgo, que pueda desarrollar cuadros más severos de COVID, que se apliquen una dosis de refuerzo con las vacunas que hay disponibles, ya que es importante el tiempo que haya transcurrido desde que se aplicaron la última inyección”. precisó Belloso.

Frente a la ausencia de una campaña de vacunación contra el COVID impulsada tanto del gobierno nacional como desde las 24 jurisdicciones del país, Belloso indicó que ”hace falta reforzar las políticas públicas destinadas a promover la la vacunación. Esto sin duda es clave para evitar males mayores y un aumento mayor de infecciones por SARS-CoV-2″.

Fuente: infobae

Salud

Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad

La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.

Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.

En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.

La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.

“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.

En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).

Los matices de la ansiedad

Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.

La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.

Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.

“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.

No minimizar la ansiedad

Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.

Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.

Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional

El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.

“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.

Fuente: TN

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Salud

Preocupación en los dermatólogos por el aumento de casos de brotes y picazón en la cara al usar el celular

Para muchas personas, el cuidado de la piel empieza y termina en el baño: limpieza, crema y algún sérum. Sin embargo, hay un objeto que toca las manos decenas de veces por día, va del bolsillo a la cama, pasa por mesas, transportes y bolsos y con frecuencia queda apoyado sobre la mejilla: el celular. Ese contacto repetido puede convertirse en un problema para la piel.

Aunque no existe un diagnóstico formal de “acné por celular”, sí aparece como una forma coloquial de describir un fenómeno que en la práctica se ve cada vez más.

El mecanismo no depende de una sola causa. Por un lado, la pantalla acumula grasa, sudor, restos de maquillaje, polvo y bacterias de las manos y de las superficies. Por otro, el calor del aparato y la fricción contra la piel pueden alterar la barrera cutánea y favorecer que los poros se obstruyan. A eso se suma que muchas personas se tocan la cara mientras usan el teléfono, lo que multiplica la transferencia de suciedad.

No siempre provoca acné, pero sí puede empeorarlo

“Cuando la pantalla se presiona contra la piel, especialmente en las mejillas y la mandíbula, esa acumulación de residuos puede transferirse a la piel”, advirtió Munir Somji, médico británico y fundador de DrMediSpa, en el Reino Unido. El especialista explicó además que los teléfonos “entran en contacto con nuestras manos, bolsos, maquillaje e innumerables superficies a lo largo del día”, por lo que la acumulación de grasa, bacterias y residuos es rápida.

En la misma línea, “algunos pacientes desarrollaron brotes asimétricos de acné en un lado de la cara”, señaló Derrick Phillips, dermatólogo británico consultor en Londres. Ese detalle no es menor: muchas veces los granitos o la irritación aparecen justo del lado en que se sostiene el teléfono durante las llamadas.

Los especialistas aclaran que el celular difícilmente sea la única causa del acné. Pero sí puede funcionar como un agravante en personas con piel grasa, sensible o con tendencia a los brotes. De hecho, el acné ya es de por sí un problema muy frecuente: revisiones epidemiológicas recientes indican que afecta aproximadamente al 85% de los jóvenes de 12 a 25 años, mientras que otra revisión ubica su prevalencia global puntual en torno al 9,4%.

Cuando el problema no es el acné sino una reacción en la piel

El segundo punto de alerta no tiene que ver con los poros, sino con la alergia de contacto. La literatura médica viene describiendo desde hace años casos de dermatitis asociados al uso de teléfonos móviles, sobre todo por exposición a metales como níquel y cobalto. Una revisión publicada en Dermatitis encontró 37 casos reportados de dermatitis alérgica de contacto relacionada con teléfonos móviles y señaló que los alérgenos metálicos, en especial níquel y cromo, fueron los más frecuentemente implicados.

Otro trabajo, realizado en Brasil y publicado en Contact Dermatitis, evaluó 20 modelos de celulares y detectó liberación de níquel en el 64,7% de ellos y resultados positivos para cobalto en varias partes del dispositivo, incluido el cargador en el 41,1% de los casos.

No se trata de un dato menor. La Academia Estadounidense de Dermatología estima que más del 18% de las personas en América del Norte es alérgica al níquel, uno de los desencadenantes más comunes de dermatitis de contacto.

En esos cuadros, la piel no suele mostrar “granitos” típicos de acné sino picazón, ardor, enrojecimiento, descamación o una especie de eccema en la zona que entra en contacto con el aparato. En algunos casos, el problema aparece cerca de la oreja, en la mejilla o incluso en las manos.

Hábitos simples que pueden hacer una diferencia

Las preocupaciones más comunes suelen ser brotes y poros obstruidos, especialmente en las mejillas, la mandíbula y la barbilla”, explicó Somji. Y agregó que algunas personas también pueden notar irritación o enrojecimiento, sobre todo si ya tienen piel sensible o reactiva. Phillips sumó otro factor: “El calor del dispositivo, la fricción contra la piel y la oclusión… pueden atrapar el sebo, el sudor y la suciedad en los poros”.

La buena noticia es que no hacen falta medidas complicadas para reducir el riesgo. Los dermatólogos consultados recomiendan algo sencillo y bastante olvidado: limpiar el celular todos los días. “Incluso una limpieza rápida una vez al día puede ayudar a reducir la acumulación de grasa y bacterias”, señaló Somji. Para hacerlo de forma segura, sugirió un paño de microfibra con limpiador para pantallas a base de alcohol o toallitas desinfectantes aptas para dispositivos electrónicos. Phillips, por su parte, advirtió que la lavandina o los detergentes fuertes pueden dañar la pantalla y dejar residuos irritantes.

También conviene:

  • usar auriculares o manos libres para evitar apoyar el teléfono en la cara;
  • no manipular el celular con las manos sucias y luego tocarse el rostro;
  • limpiar con frecuencia la funda;
  • evitar usar el teléfono pegado a la piel si se acaba de hacer ejercicio o si hay maquillaje;
  • consultar a un dermatólogo si aparece un sarpullido persistente, localizado siempre en la misma zona.

En definitiva, no todo brote tiene que explicarse por las hormonas, el estrés o la alimentación. A veces, el problema puede estar mucho más cerca: en ese objeto que se usa a toda hora y casi nunca se limpia. Para una piel que ya viene sensible, el celular puede ser el detalle que falta para empeorar un cuadro o disparar una reacción.

Fuente: TN

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Salud

La dieta sencilla que ayuda a mantener la mente joven: cómo adoptarla

Muchas veces nos pasa que no pensamos en lo que comemos debido a que vivimos en una vorágine diaria que incluye trabajo, familia e hijos en edad escolar. Pero tenemos que tener en cuenta que la alimentación es la base de una buena vida y de un buen envejecimiento.

Es bien sabido que con la dieta mediterránea podemos preservar el buen funcionamiento y estado del corazón y del cerebro. Además, tiene efectos beneficiosos para nosotros.

Por su parte, y aunque es menos conocida, la dieta DASH ayuda a prevenir y tratar la hipertensión arterial.

Sin embargo, hay una dieta que es menos conocida aún, pero no por ello poco útil: se trata de la dieta MIND (por sus siglas en inglés, Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delaypor), pero que en español se traduce como Intervención mediterránea DASH para el retraso neurodegenerativo. Se trata de una dieta que une ambos patrones para proteger la salud cerebral.

La nutricionista española Patricia L. Vilca Salazar, de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), explica que esta dieta se desarrolló con el objetivo de proteger el cerebro y ralentizar el deterioro cognitivo, especialmente en personas mayores. Para este fin, selecciona alimentos presentes en ambas dietas -Mediterránea y DASH- que son ricos en:

  • Antioxidantes.
  • Vitaminas E, B6 y B12.
  • Minerales: zinc y magnesio. “Ambos tienen un papel fundamental en la protección contra el deterioro cognitivo”, dice Vilca.

Según los resultados de un estudio que se publica en la revista científica, Journal of Neurology: Neurosurgery & Psychiatry, esta combinación de patrones alimentarios podría ayudar a ralentizar los cambios estructurales que se producen en el cerebro a medida que envejecemos. La dieta MIND se asocia con menor pérdida de tejido, especialmente de materia gris, y menor agrandamiento ventricular. Ambas cosas se asocian con mejor salud cerebral.

Alimentos recomendados para una buena salud cerebral

Vilca comenta las recomendaciones de consumo regular que hace esta dieta para obtener estos beneficios cognitivos. “Por el patrón de alimentos que contiene la dieta MIND, no está limitada a personas con patologías específicas”, señaló.

La dieta MIND establece frecuencias concretas para los grupos de alimentos. Entre los recomendados o protectores para la salud cognitiva se encuentran:

  • Verduras de hoja verde, como la col, la rúcula, la lechuga, la espinaca. Se aconseja tomar 6 o más raciones a la semana.
  • Otras verduras como las zanahorias, el brócoli, la coliflor, la calabaza, las berenjenas, los ajíes, los tomates y los porotos aportan sus beneficios y se pueden consumir en una o más raciones a la semana.
  • Consumo de bayas, como los arándanos, las frutillas, frambuesas o moras, una o más veces a la semana.
  • Cereales integrales, como el arroz integral, la pasta integral, el pan integral: tres o más raciones/día
  • El consumo de carne se debe limitar a dos o tres veces a la semana y se aconseja elegir aves de corral como pollo o pavo (sin piel).
  • Optar por pescado azul por lo menos una vez a la semana.
  • Legumbres: cuatro o más veces/semana.
  • Se pueden incluir todos los frutos secos y se aconseja tomar un puñado más de cinco veces a la semana
  • Grasas saludables: incluir el consumo de aceite de oliva virgen extra como grasa de uso culinario habitual.

Otros alimentos que también son buenos

Vilca dijo que se considera que estos alimentos ayudan a cuidar la salud cerebral, pero esto no implica que no haya que consumir, por ejemplo, frutas, huevos, pescado blanco, entre otros alimentos que no se mencionan. “Lo que sí hay que tener en cuenta es el asesoramiento personalizado. Algunas personas tienen ciertas condiciones médicas o toman medicamentos que requieren adaptar la dieta a sus necesidades y un personal sanitario podrá orientar mejor”, indicó.

Además, cómo cocinamos los alimentos también importa. Las formas de preparación que mejor mantienen los nutrientes y hacen que usemos pocas grasas son el vapor, la plancha, los guisos, el horno y saltear con poco aceite.

Por otro lado, como en otros patrones alimentarios se aconseja eliminar, limitar o consumir esporádicamente dulces y repostería, grasas saturadas y trans, carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, y alimentos fritos

Cómo adoptar la dieta MIND

Según Vilca, no se trata de cambiar de la noche a la mañana cómo comemos: “Mi principal consejo es que cada pequeño cambio cuenta y se debe de evitar pensar en prohibición; en su lugar, centrarse en la concienciación. Todo tiene un proceso y lo importante es que nuestra alimentación se adapte a nuestro entorno, necesidades y preferencias”. Para ello, la nutricionista nos da algunas pautas sencillas para comer mejor:

  • Intentar que la mitad del plato en cada comida sea verde, al menos una vez al día.
  • Cambiar las carnes rojas, especialmente las ultraprocesadas, por carne de ave o de pescado blanco y/o azul.
  • Usar aceite de oliva en lugar de margarina.
  • Consumir de forma ocasional mantequilla, priorizando el consumo de aceite de oliva.
  • Consumir de preferencia quesos menos curados, por su alto contenido en grasas saturadas y sal. “Por comerlos de vez en cuando no pasa nada”, apunta Vilca.
  • Elegir frutas frescas y estacionales como postre habitual.
  • Agregar bayas como los arándanos en ensaladas o para acompañar yogures y en el desayuno.

Aparte de la alimentación, para la salud del cerebro es muy importante llevar un estilo de vida saludable, que incluya dormir bien, realizar actividad física, estar mentalmente activo, mantener relaciones sociales, dejar de fumar y realizar los controles de salud rutinarios.

Fuente: TN

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