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Tiene 74 años y es el rey de las olas: la sorprendente vida de Daniel Gil, el pionero del surf argentino que vive en la playa

De muy chico, conoció su pasión e hizo todo lo posible para traer al país las primeras tablas. Instalado en Mar del Plata, enseña el deporte a personas de todas las edades

Con la salud de un hombre de 89 años, Winston Churchill anunciaba su retiro de la política. En Casa Rosada, José Alfredo Martínez de Hoz juraba como ministro de Economía del presidente José María Guido. Y en la aduana de Ezeiza, los jugadores de fútbol Antonio Rattín y Silvio Marzolini hacían entrar las primeras tablas de surf a la Argentina.

En 1963 Daniel Gil viajó con el equipo de Boca Juniors a Perú. Su papá, Daniel José Manuel Gil, además de un empresario adinerado, dueño de más de quince empresas, era vicepresidente del club. “Si querés surfear venite ya a Buenos Aires que te mando a Perú con el equipo. Acabo de enterarme que hace mil años que hay surf allá”, escribió en un telegrama el empresario a su hijo. Daniel, de 17 años, estaba en Brasil. Había viajado con una meta: encontrar una tabla para comprar y poder surfear. Hacía dos años que la buscaba desde aquella escala en Miami que marcaría su vida.

Ahora, con 74 años, Daniel, que surfea cuando le viene la gana, charla con Infobae en su casa de Mar del Plata donde enseña a quienquiera aprender, no importa edad. Para ser becado de su escuela sólo hay que cumplir un requisito: tener un boletín de más de 7 puntos. Su casa, que está en la playa en la que surfea desde los 18 años, no tiene numeración, tiene nombre: Kikiwai. No vive frente a la playa, vive en la playa. Construida por él, de piedra y aberturas en madera, sólo hay 30 pasos entre los pies secos en el deck donde toma café y la espuma entre los dedos, en la orilla. Está en un recodo, entre el puerto y Punta Mogotes. Lejos de los apiñados de Playa Grande, el único vestigio de que ésta es esa Mar del Plata también es el asfalto gris con las juntas de alquitrán como boas aplastadas, tan característico de las calles internas de la ciudad.

Con 74 años, Gil vive en Mar del Plata, donde enseña surf a personas de todas las edades

Con 74 años, Gil vive en Mar del Plata, donde enseña surf a personas de todas las edades

“Cuando tenía 15 años me fui a Europa con papá. Fue un viaje de trabajo por sus empresas y también por Boca. Al volver lo hicimos por Nueva York, previa escala en Miami. Papá me propuso quedarnos unos días. Miami estaba amaneciendo, era un pantano lleno de cocodrilos en esa época. Él se fue a bañar y yo salí a dar una vuelta. Caminé una cuadra y ahí estaba”, cuenta.

—¿Qué había?

—Un surfer, la foto de un tipo parado en un longboard que venía bajando una ola de 5 metros de éste color (se señala un colgante que lleva, turquesa). Se me aflojaron las piernas. ¡Se podía barrenar parado! ¡¿Volando arriba de una tabla?! Me empezó a latir el corazón rapidísimo, se me aflojaron las piernas. Me senté en el cordón de la vereda de enfrente. No me animaba ni a arrimarme. Miraba desde ahí. Pasó un rato hasta que me levanté y me acerqué a la vidriera. Entré y vi las tablas. Las toqué.

— ¿Estaban paradas?

— Todas paraditas. Muchas. No sabía qué carajo preguntarle al vendedor. El mostrador era de madera con vidrio y abajo había cosas exhibidas. El tipo levantaba el vidrio, sacaba las cosas y te las daba. Vi una Cruz de Malta, con una piedra turquesa en el medio. Se me ocurrió preguntarle por la cruz; mi mamá era muy católica, siempre dibujaba santos y cruces. Levantó el vidrio, sacó la cruz, la miré, una belleza. Antes devolvérsela, no sé por qué, la di vuelta. Atrás decía “I’m a surfer” (Soy un surfer) ¡Ah, estalló mi corazón!

De regreso al hotel, Daniel le pidió a su padre que le comprara una tabla para poder surfear en Mar del Plata, donde iban todos los veranos. Antonio se negó; ya acarreaban baúles con regalos, además de una cámara Bolex y tres barriles de vino patero hecho por la familia de Galicia. La Aduana sería un suplicio, no estaba para sumar una tabla de dos metros. Prometió comprársela en Buenos Aires.

Ya en Argentina, descubrió que las tablas aún no existían. Tampoco en Chile ni en Uruguay. En Brasil sí: había una. En un extremo de Ipanema, había un hombre con una tabla. Daniel se la quiso comprar, pero no estaba a la venta.

—¿La probaste?

—Sí, pero tuve que esperar 25 días para que me la prestara 10 minutos. Tenía cola, lista de espera.

— ¿Se la pedían prestada?
—Sí. En una libreta de hule negro, como la de los almaceneros, anotaba los nombres. Durante los veinticinco días me senté sobre una piedra a mirar cómo surfeaban.

Gil tiene nueve hijos y doce nietos

Gil tiene nueve hijos y doce nietos

Fue en Brasil que Daniel recibió el telegrama de su padre. Antonio le decía que en Perú había tablas, que volviera a Bueno Aires y viajara con Boca, así podría hacerse de ese mamotreto de dos metros de largo por medio de ancho que lo encendían.

Viajó. Compró tres.

—¿Qué tal fue la Aduana?

—No me las dejaban pasar. “¿Esto qué es?”, preguntaban. Yo decía: “Tablas de surf”. “¿Tablas de qué?”. Las había envuelto en papel corrugado; parecían tres submarinos. Cuando me pidieron desenvolverlas, MarzoliniRattínAngelito Rojas y Antonio Romale dijeron al de la Aduana que no rompiera, que hacia mil horas que venían viajando. La discusión siguió hasta que dijeron que eran aparatos nuevos para entrenar. Pasé con mis tres longboard y me vine a Mar del Plata.

Cuando llegó a este mismo sitio donde está ahora, pero hace 56 años, la ola entraba perfecta, como un abanico. Dejó el auto, bajó la tabla y se zambulló.

—¿Sabías cómo pararte?

—Sí, porque más allá de la prueba en Brasil, había ensayado durante dos años el salto. En mi cuarto, en el living, en cualquier lado (ríe). Hijo único, me acostumbré a hacer lo que quise porque a mí me dieron la fórmula de la torta.

—¿De la torta?
—Viste que a nadie le sale la torta porque nadie tiene la posta de la receta de la abuela. Yo tengo la receta de la abuela.

— ¿Cuál es?

—Jesucristo y el amor, nada más. Cambiás eso y ya está. Cuando murió papá, pasé de millonario a linyera. Enfermo mi papá, le llevaron una pila de papeles para firmar.Entre todos los papeles le metieron cesión de acciones. Cuando se quiso acordar no tenía nada. Para no matar a nadie me fui de Buenos Aires. Tuve que hacer de todo para olvidarme y sacarme la bronca, perdonar. Al final terminé pensando que mis tíos, en vez de ser hijos de puta, fueron dos ángeles que me cagaron para que yo cambiara de vida y no tuviera que cargar con las historias de la familia, de la plata y de las fábricas, me hiciera surfista y me convierta en un tipo feliz.

“Enseñar a surfear es lo mejor que le puede pasar a una persona. Lo veo, resucito a la gente: vienen hechos mierda, de color verde, arruinados, enfermos”, asegura el surfer

“Enseñar a surfear es lo mejor que le puede pasar a una persona. Lo veo, resucito a la gente: vienen hechos mierda, de color verde, arruinados, enfermos”, asegura el surfer

— De haber seguido con esa vida…

— Me habría muerto a los 50 años como mi viejo.

— ¿Estás convencido de eso?

— Totalmente. No estaría acá. Estaría de smoking, zapatos de charol, Nueva York con Trump y Macri. Andaría por ahí. Enseñar a surfear es lo mejor que le puede pasar a una persona. Lo veo, resucito a la gente: vienen hechos mierda, de color verde, arruinados, enfermos.

— ¿Los ves verdes?

— Sí. Vienen a sanarse. La gente no puede más.

Mucho antes de sus tres matrimonios, nueve hijos y 12 nietos, Daniel inauguró en los años ’60 el boliche porteño Jaque, en las cinco esquinas, Libertad y Juncal. Pero el primer sueldo lo ganó dibujando baños de la mano de su primer suegro. “Era arquitecto, hizo los primeros edificios en Buenos Aires de vidrio, esos que subías en coche a tu departamento. Yo dibujaba los baños, con arcadas de piedra, espejos y plantas. Me ganaba 2 mil dólares por baño. Estaba todo el día dibujando”, recuerda.

Fue vendedor de autos en la concesionaria del presidente de Boca Alberto J. Armando, tuvo un estudio de fotografía publicitaria y en Mar del Plata instaló una fábrica de sweatersque alternaba con la pintura al óleo: exhibía y vendía en Buenos Aires. Con la venta de la fábrica compró un barco pesquero. Le fue bárbaro hasta que se le rompió la caja de cambios y debió venderlo. Entonces inventó una de las primeras empresas de radiotaxis en la costa. Para la misma época llegó a su vida una nueva faceta. “Conocí a una gente que oraba y me encantó como oraban. Me metí y llegué a ser dirigente y servidor de la Renovación Carismática Católica acá en Mar del Plata. Estuve 18 años con ellos coordinando grupos de oración”, detalla.

Cuando el Bosque Peralta Ramos era, según Daniel, tierra de nadie, organizó una empresa de seguridad. La bautizó Orvecong: Organización vecinal de control y guardia. Él mismo patrullaba. La productora de TV llegó más tarde, se llamó Daniel Gil producciones. Ya no existía para cuando fundó la subcomisión de surf dentro del club Atlético Huracán de Mar del Plata. “Ahí puse mi Academia Argentina de Surf que estaba guacha de institución”, cuenta.

” Se habla afuera del agua. En el agua, no”, afirma Gil

” Se habla afuera del agua. En el agua, no”, afirma Gil

Mientras le enseña cómo pasarle la parafina a su tabla a una de chica de unos veintipocos en su casa, es decir, en la playa, Daniel recuerda que el surf estuvo en su vida mucho antes que aquella vez que vio por primera vez una tabla: “Yo fui un barrenador empedernido toda la vida, desde los 7 años”.

— Pero si no había tabla, ¿con qué barrenabas?

— Con el pecho (ríe). Pechito y la mano. Cuando era chiquito barrenaba hasta la espumita. Mi hobby era hacer barrenar maderitas. El casero de mi casa en Mar del Plata era carpintero. Estaba todo el día serruchando y todo el día caían pedacitos de madera.Entonces la señora que me cuidaba, Ofelia, juntaba todas las maderitas y las metía en una bolsa en las que vienen las cebollas y me las daba. Cuando mamá se iba al centro, que todavía no existía la peatonal San Martín, me dejaba en la popular, al lado del muelle de los pescadores. Entonces me iba hasta la punta de la escollera y tiraba una maderita. Cuando venía la ola, la maderita venía barrenando, pa, pa, pa, y yo la seguía caminando por la escollera. Hasta la orilla, mirándola. Si podía rescatarla lo hacía. Si no, tiraba otra.

Aunque hace 56 años que viene a Mar del Plata a surfear, hace 24 años que vive aquí y 18 que vendió el auto: “Para no moverme. ‘Hay que venir’, ‘hay que ir’, ‘hay que llevar’, ‘hay que traer’, ‘No tengo más auto’. Basta: no voy nada. Llegué al lugar donde siempre quise estar“.

El cálculo no por rápido deja de ser certero: a uno de sus 8 perros le tiró la pelotita desde la casa al mar cien veces por día durante diez años. El resultado fue la lesión del hombro, el manguito rotador. También 10 años jugando con un perro, en la playa, todo el año.

María, su mujer desde hace más de veinte años, se acerca y ofrece café. Y él dice: “Con María nunca nos prometimos nada. Si hoy estamos bárbaro, si hoy pasamos un día espectacular mañana va a ser brutal. Y si mañana es brutal, pasado va a ser extraordinario”.

La chica que hace un rato enceraba su tabla regresa empapada y jadeando. Daniel le pregunta qué tal estuvo. Bajo el traje de goma, su panza se infla y desinfla rápidamente. Está ahogada pero alcanza a decir: “Espectacular”. Ambos sonríen. Hay algo del agua que sólo ellos saben.

(Christian Heit)

(Christian Heit)

—¿De qué se habla cuando estás metido en el agua, a la espera de una ola?

—¡No se habla de nada! Se habla afuera del agua. En el agua, no.

— ¿Nada?

—¡¿Qué tenés que decir en el agua?! Una vez que estamos adentro, que no escuchas a nadie, ¿viene uno a hablarte? No, tomatelás. No se habla.

—¿Por qué?

—Porque vos estás en paz. Estás disfrutando de eso. Es parte de la historia.

— Hay una especie de acto generoso que es dejarle la ola a otro. ¿Es así?

—Claro. Pero depende: si es un caga olas que le caga las olas a todo el mundo no se la dejo, lo paso por arriba.

—¿Qué es un caga olas?

— El tipo que pasa en rojo, cuando venís en verde, verde, verde y se te cruza. Hay caga olas. Si yo agarro la ola allá (señala la punta de la escollera) soy el dueño de la ola.No se puede meter nadie hasta que yo la termine. Si te cruzás o venís remando y yo vengo surfeándola me cortás el paso.

— ¿Se dice algo?

—La primera vez, “me cagaste la ola”. La segunda, algo más fuerte. A la tercera puede venir un cachetazo. Si no es principiante, claro. El dueño de esa ola es el que empieza primero, el que está arriba de la piedra jurándose que va a bajar.

A su hijo más chico, Surfiel (“Quiere decir ‘la ola de Dios’. Surf es ola y ‘El’ es ‘de Dios'”) Daniel le construyó una pequeña casita arriba de la suya. De piedra blanca, sólo tiene una cocina, un baño y un entrepiso en el que cabe un colchón de una plaza y una ventana: “La calculé para que sólo tenga que levantar el cuello a las 5 de la mañana: desde ahí puede ver si hay olas que agarrar”.

Todos los hijos de Daniel practican surf. Son campeones, son medallistas. Por caso, Surfiel competirá en longboard en los panamericanos de surf que se harán en Lima. En la anterior edición fue medalla de plata. Su hermano, Daniel Gil Junior, fue ocho veces campeón argentino.

— ¿Qué viene?

—Yo no espero nada, dejo que venga. Me encanta la sorpresa. Sigo con mi receta y la torta sale bárbara.

Fotos: Christian Heit

Fuente: Infobae

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Ganó 50 millones en la lotería, invirtió en el emprendimiento del hijo de un amigo y lo estafaron

Ganó 50 millones de dólares en la lotería, quiso ayudar a sus amigos e invirtió en el emprendimiento del hijo de ellos, pero lo estafaron.

Randall Rush cumplió el sueño de todos y ganó 50 millones de dolares. ¿Quién no quiere ganar la lotería? Bueno, este hombre lo hizo pero lamentablemente recibió un inesperado final. “Me dio una lección muy difícil”, reconoció Randy Rush, el canadiense que ganó el dinero y se convirtió en millonario.

En el 2015, el hombre comenzó a revisar algunos papeles de lotería que estaban sin controlar y notó algo extraño. El hombre canadiense se dio cuenta que había ganado 50 millones de dólares y su vida cambió por completo. “Hay algunas cosas en la vida que nunca se olvidan y la sensación de ver que había ganado 50 millones de dólares es una de ellas”, dijo Rush a The National Post.

Entre varias decisiones que tomó con ese dinero, una de ellas fue ayudar a unos viejos amigos. Además, renunció a su trabajo y compró varios inmuebles. “Viajé a Uganda para ayudar a construir escuelas y me aseguré de que mi madre estuviera bien cuidada”, explicó.

Rush invirtió gran parte del dinero en Dave y Shirley Crawford, una pareja amiga de hace tiempo. “Ya les había ayudado años atrás, así que les compré una cabaña de madera y les dije que si querían mudarsey cuidar el lugar, les pagaría 2.500 dólares al mes”, explicó el ganador de la lotería.

Ademas, Rush quiso ayudar al hijo de su pareja amiga pero fue ahí que todo terminó mal. Jeremy Crawford le hizo una propuesta de negocios. El joven estaba desarrollando una aplicación móvil y “la inversión sonaba interesante”. El hombre le donó más de 4,5 millones de dólares a la compañía de Crawford que apuntaba ser la nueva Amazon.

Pero los gstos eran excesivos. “Cada vez que les trasmitía mis preocupaciones a Dave o Shirley, me abrazaban y me decían: ‘Jeremy es la última persona de la que te tienes que preocupar. Lo criamos bien’”, relató. Finalmente, contrató a unos auditores y contables que “descubrieron que Jeremy había malversado 1,5 millones de dólares de la compañía en seis meses, entre otras cosas”. Rush lo denunció y ganó el juicio.

Fuente: La Información
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Solidaridad viral: le regaló sus zapatillas a un cartonero y se fue en medias

Un joven, que caminaba por la calle, captó un gesto solidario conmovedor de un motoquero con un cartonero y se convirtió en viral.

En medio de la cuarentena por la pandemia del coronavirus y el frío con pronta llegada del invierno, los gestos de solidaridad cada vez se multiplican más. A pesar de las diferencias y los conflictos, sigue habiendo gente que piensa en los demás y ayuda a los que más necesitan.

En este caso, que se hizo viral en las últimas horas en las redes sociales, se pudo ver a un hombre que andaba en moto y vio a un cartonero caminando con ojotas a pesar del frío y, sin pensarlo, se sacó sus propias zapatillas y se las regaló al hombre que empujaba su carro de cartones.

El motoquero esperó a que el cartonero se pruebe las zapatillas y, como vio que le iban bien, se alegró y se fue en medias arriba de su vehículo.

Solidaridad viral: le regaló sus zapatillas a un cartonero y se fue en medias
Solidaridad viral: le regaló sus zapatillas a un cartonero y se fue en medias

Un hombre, que justo caminaba por esa calle, vio toda la situación de principio a fin y no pudo contener su emoción, a tal punto que le tomó una foto mientras sucedía el gesto solidario.

El joven, que compartió la foto en Facebook, se llama Gastón Spatafore y escribió junto a la imagen: “Recién en la puerta del Farmacity de Rivadavia y Carabobo, el hombre de la moto vio como se acercaba un cartonero que tenía puesto solamente unas ojotas ( con el frío que hace hoy encima ) le pregunto cuánto calzaba y se sacó SUS zapatillas y se las dió , quedando descalzo. Y se fue así, manejando la moto en medias. Llegue a sacarle una foto justo. SIN PALABRAS 👏👏👏👏👏👏 — me siento positivo”.

Gastón Spatafore, el joven que tomó la foto e hizo viral el gesto solidario, contó luego que gracias a la imagen en el que se ve el número de la patente pudieron encontrar al hombre que le regaló las zapatillas al cartonero, y recibió decena de agradecimientos por su actitud.

Fuente: la100radios.com

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Nació un corderito de dos cabezas y tres orejas en Río Negro

El propietario de una chacra de la ciudad de Coronel Belisle contó cómo fue el insólito nacimiento de un corderito de dos cabezas y tres orejas.


El nacimiento de un corderito con dos cabezas y una oreja dejó atónitos a los dueños de una chacra en la ciudad de Coronel Belisle, en Río Negro. El insólito hecho se registró el pasado miércoles y tres días después el pequeño animal falleció.

Juan Carlos Sarasola, propietario de la chacra, contó lo ocurrido al medio LU5. Dijo que él tiene cerca de 50 ovejas y contó cómo una de ellas días atrás comenzó a parir. Expresó que notó que el animal de forma reiterada se tiraba al piso y se levantaba, como experimentando un gran dolor.

“Siempre aparecen las dos patitas y el hocico, pero no pasaba nada y no sabíamos qué hacer. Pensamos que la cría estaba muerta o que eran mellizos, por lo que el trabajo era más difícil”, relató.

El hombre manifestó que al ver que las horas transcurrían y el animal sufría cada vez más, le pidió ayuda a uno de sus empleados, quien se puso guantes y metió las manos en la oveja para intentar acomodar al corderito. Pero, descubrió algo inesperado.

“Ahí me dijo que tenía dos cabezas y tres orejas. ¡Yo pensé que estaba loco!”, afirmó Sarasola, al agregar que al llegar la noche optaron por sacrificar a la oveja para que no siguiera sufriendo de tanto dolor.

“Al rato escuché al empleado a los gritos, porque logró sacar al cordero que, de hecho, tenía dos cabezas. El tamaño del cuerpo era normal: tenía cuello y la cabeza principal, pero de la orilla le salía otra. La primera tenía dos orejas, pero la segunda sólo una”, detalló.

Nació un corderito de dos cabezas y tres orejas en Río Negro
Nació un corderito de dos cabezas y tres orejas en Río Negro

El dueño de la chacra también indicó que las dos cabezas del corderito tenían ojos, bocas, lengua y ambas balaban. Lo que sí notamos es que sólo la cabeza principal tomaba leche, pero le salía por la nariz de la otra”, añadió.

Juan Carlos contó que tras enterarse de lo ocurrido su mujer decidió contactarse con miembros de la facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional de Río Negro, los cuales se ofrecieron para ir a buscar al corderito de dos cabezas.

“Hasta ahí le seguí el rastro. Ayer (el 31 de mayo) me enteré que había muerto, pero no sé si fue natural o si lo sacrificaron”, señaló el propietario de la chacra, quien aseguró que nunca había visto algo así.

Fuente: la100radios.com

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