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Tiene 74 años y es el rey de las olas: la sorprendente vida de Daniel Gil, el pionero del surf argentino que vive en la playa

De muy chico, conoció su pasión e hizo todo lo posible para traer al país las primeras tablas. Instalado en Mar del Plata, enseña el deporte a personas de todas las edades

Con la salud de un hombre de 89 años, Winston Churchill anunciaba su retiro de la política. En Casa Rosada, José Alfredo Martínez de Hoz juraba como ministro de Economía del presidente José María Guido. Y en la aduana de Ezeiza, los jugadores de fútbol Antonio Rattín y Silvio Marzolini hacían entrar las primeras tablas de surf a la Argentina.

En 1963 Daniel Gil viajó con el equipo de Boca Juniors a Perú. Su papá, Daniel José Manuel Gil, además de un empresario adinerado, dueño de más de quince empresas, era vicepresidente del club. “Si querés surfear venite ya a Buenos Aires que te mando a Perú con el equipo. Acabo de enterarme que hace mil años que hay surf allá”, escribió en un telegrama el empresario a su hijo. Daniel, de 17 años, estaba en Brasil. Había viajado con una meta: encontrar una tabla para comprar y poder surfear. Hacía dos años que la buscaba desde aquella escala en Miami que marcaría su vida.

Ahora, con 74 años, Daniel, que surfea cuando le viene la gana, charla con Infobae en su casa de Mar del Plata donde enseña a quienquiera aprender, no importa edad. Para ser becado de su escuela sólo hay que cumplir un requisito: tener un boletín de más de 7 puntos. Su casa, que está en la playa en la que surfea desde los 18 años, no tiene numeración, tiene nombre: Kikiwai. No vive frente a la playa, vive en la playa. Construida por él, de piedra y aberturas en madera, sólo hay 30 pasos entre los pies secos en el deck donde toma café y la espuma entre los dedos, en la orilla. Está en un recodo, entre el puerto y Punta Mogotes. Lejos de los apiñados de Playa Grande, el único vestigio de que ésta es esa Mar del Plata también es el asfalto gris con las juntas de alquitrán como boas aplastadas, tan característico de las calles internas de la ciudad.

Con 74 años, Gil vive en Mar del Plata, donde enseña surf a personas de todas las edades

Con 74 años, Gil vive en Mar del Plata, donde enseña surf a personas de todas las edades

“Cuando tenía 15 años me fui a Europa con papá. Fue un viaje de trabajo por sus empresas y también por Boca. Al volver lo hicimos por Nueva York, previa escala en Miami. Papá me propuso quedarnos unos días. Miami estaba amaneciendo, era un pantano lleno de cocodrilos en esa época. Él se fue a bañar y yo salí a dar una vuelta. Caminé una cuadra y ahí estaba”, cuenta.

—¿Qué había?

—Un surfer, la foto de un tipo parado en un longboard que venía bajando una ola de 5 metros de éste color (se señala un colgante que lleva, turquesa). Se me aflojaron las piernas. ¡Se podía barrenar parado! ¡¿Volando arriba de una tabla?! Me empezó a latir el corazón rapidísimo, se me aflojaron las piernas. Me senté en el cordón de la vereda de enfrente. No me animaba ni a arrimarme. Miraba desde ahí. Pasó un rato hasta que me levanté y me acerqué a la vidriera. Entré y vi las tablas. Las toqué.

— ¿Estaban paradas?

— Todas paraditas. Muchas. No sabía qué carajo preguntarle al vendedor. El mostrador era de madera con vidrio y abajo había cosas exhibidas. El tipo levantaba el vidrio, sacaba las cosas y te las daba. Vi una Cruz de Malta, con una piedra turquesa en el medio. Se me ocurrió preguntarle por la cruz; mi mamá era muy católica, siempre dibujaba santos y cruces. Levantó el vidrio, sacó la cruz, la miré, una belleza. Antes devolvérsela, no sé por qué, la di vuelta. Atrás decía “I’m a surfer” (Soy un surfer) ¡Ah, estalló mi corazón!

De regreso al hotel, Daniel le pidió a su padre que le comprara una tabla para poder surfear en Mar del Plata, donde iban todos los veranos. Antonio se negó; ya acarreaban baúles con regalos, además de una cámara Bolex y tres barriles de vino patero hecho por la familia de Galicia. La Aduana sería un suplicio, no estaba para sumar una tabla de dos metros. Prometió comprársela en Buenos Aires.

Ya en Argentina, descubrió que las tablas aún no existían. Tampoco en Chile ni en Uruguay. En Brasil sí: había una. En un extremo de Ipanema, había un hombre con una tabla. Daniel se la quiso comprar, pero no estaba a la venta.

—¿La probaste?

—Sí, pero tuve que esperar 25 días para que me la prestara 10 minutos. Tenía cola, lista de espera.

— ¿Se la pedían prestada?
—Sí. En una libreta de hule negro, como la de los almaceneros, anotaba los nombres. Durante los veinticinco días me senté sobre una piedra a mirar cómo surfeaban.

Gil tiene nueve hijos y doce nietos

Gil tiene nueve hijos y doce nietos

Fue en Brasil que Daniel recibió el telegrama de su padre. Antonio le decía que en Perú había tablas, que volviera a Bueno Aires y viajara con Boca, así podría hacerse de ese mamotreto de dos metros de largo por medio de ancho que lo encendían.

Viajó. Compró tres.

—¿Qué tal fue la Aduana?

—No me las dejaban pasar. “¿Esto qué es?”, preguntaban. Yo decía: “Tablas de surf”. “¿Tablas de qué?”. Las había envuelto en papel corrugado; parecían tres submarinos. Cuando me pidieron desenvolverlas, MarzoliniRattínAngelito Rojas y Antonio Romale dijeron al de la Aduana que no rompiera, que hacia mil horas que venían viajando. La discusión siguió hasta que dijeron que eran aparatos nuevos para entrenar. Pasé con mis tres longboard y me vine a Mar del Plata.

Cuando llegó a este mismo sitio donde está ahora, pero hace 56 años, la ola entraba perfecta, como un abanico. Dejó el auto, bajó la tabla y se zambulló.

—¿Sabías cómo pararte?

—Sí, porque más allá de la prueba en Brasil, había ensayado durante dos años el salto. En mi cuarto, en el living, en cualquier lado (ríe). Hijo único, me acostumbré a hacer lo que quise porque a mí me dieron la fórmula de la torta.

—¿De la torta?
—Viste que a nadie le sale la torta porque nadie tiene la posta de la receta de la abuela. Yo tengo la receta de la abuela.

— ¿Cuál es?

—Jesucristo y el amor, nada más. Cambiás eso y ya está. Cuando murió papá, pasé de millonario a linyera. Enfermo mi papá, le llevaron una pila de papeles para firmar.Entre todos los papeles le metieron cesión de acciones. Cuando se quiso acordar no tenía nada. Para no matar a nadie me fui de Buenos Aires. Tuve que hacer de todo para olvidarme y sacarme la bronca, perdonar. Al final terminé pensando que mis tíos, en vez de ser hijos de puta, fueron dos ángeles que me cagaron para que yo cambiara de vida y no tuviera que cargar con las historias de la familia, de la plata y de las fábricas, me hiciera surfista y me convierta en un tipo feliz.

“Enseñar a surfear es lo mejor que le puede pasar a una persona. Lo veo, resucito a la gente: vienen hechos mierda, de color verde, arruinados, enfermos”, asegura el surfer

“Enseñar a surfear es lo mejor que le puede pasar a una persona. Lo veo, resucito a la gente: vienen hechos mierda, de color verde, arruinados, enfermos”, asegura el surfer

— De haber seguido con esa vida…

— Me habría muerto a los 50 años como mi viejo.

— ¿Estás convencido de eso?

— Totalmente. No estaría acá. Estaría de smoking, zapatos de charol, Nueva York con Trump y Macri. Andaría por ahí. Enseñar a surfear es lo mejor que le puede pasar a una persona. Lo veo, resucito a la gente: vienen hechos mierda, de color verde, arruinados, enfermos.

— ¿Los ves verdes?

— Sí. Vienen a sanarse. La gente no puede más.

Mucho antes de sus tres matrimonios, nueve hijos y 12 nietos, Daniel inauguró en los años ’60 el boliche porteño Jaque, en las cinco esquinas, Libertad y Juncal. Pero el primer sueldo lo ganó dibujando baños de la mano de su primer suegro. “Era arquitecto, hizo los primeros edificios en Buenos Aires de vidrio, esos que subías en coche a tu departamento. Yo dibujaba los baños, con arcadas de piedra, espejos y plantas. Me ganaba 2 mil dólares por baño. Estaba todo el día dibujando”, recuerda.

Fue vendedor de autos en la concesionaria del presidente de Boca Alberto J. Armando, tuvo un estudio de fotografía publicitaria y en Mar del Plata instaló una fábrica de sweatersque alternaba con la pintura al óleo: exhibía y vendía en Buenos Aires. Con la venta de la fábrica compró un barco pesquero. Le fue bárbaro hasta que se le rompió la caja de cambios y debió venderlo. Entonces inventó una de las primeras empresas de radiotaxis en la costa. Para la misma época llegó a su vida una nueva faceta. “Conocí a una gente que oraba y me encantó como oraban. Me metí y llegué a ser dirigente y servidor de la Renovación Carismática Católica acá en Mar del Plata. Estuve 18 años con ellos coordinando grupos de oración”, detalla.

Cuando el Bosque Peralta Ramos era, según Daniel, tierra de nadie, organizó una empresa de seguridad. La bautizó Orvecong: Organización vecinal de control y guardia. Él mismo patrullaba. La productora de TV llegó más tarde, se llamó Daniel Gil producciones. Ya no existía para cuando fundó la subcomisión de surf dentro del club Atlético Huracán de Mar del Plata. “Ahí puse mi Academia Argentina de Surf que estaba guacha de institución”, cuenta.

” Se habla afuera del agua. En el agua, no”, afirma Gil

” Se habla afuera del agua. En el agua, no”, afirma Gil

Mientras le enseña cómo pasarle la parafina a su tabla a una de chica de unos veintipocos en su casa, es decir, en la playa, Daniel recuerda que el surf estuvo en su vida mucho antes que aquella vez que vio por primera vez una tabla: “Yo fui un barrenador empedernido toda la vida, desde los 7 años”.

— Pero si no había tabla, ¿con qué barrenabas?

— Con el pecho (ríe). Pechito y la mano. Cuando era chiquito barrenaba hasta la espumita. Mi hobby era hacer barrenar maderitas. El casero de mi casa en Mar del Plata era carpintero. Estaba todo el día serruchando y todo el día caían pedacitos de madera.Entonces la señora que me cuidaba, Ofelia, juntaba todas las maderitas y las metía en una bolsa en las que vienen las cebollas y me las daba. Cuando mamá se iba al centro, que todavía no existía la peatonal San Martín, me dejaba en la popular, al lado del muelle de los pescadores. Entonces me iba hasta la punta de la escollera y tiraba una maderita. Cuando venía la ola, la maderita venía barrenando, pa, pa, pa, y yo la seguía caminando por la escollera. Hasta la orilla, mirándola. Si podía rescatarla lo hacía. Si no, tiraba otra.

Aunque hace 56 años que viene a Mar del Plata a surfear, hace 24 años que vive aquí y 18 que vendió el auto: “Para no moverme. ‘Hay que venir’, ‘hay que ir’, ‘hay que llevar’, ‘hay que traer’, ‘No tengo más auto’. Basta: no voy nada. Llegué al lugar donde siempre quise estar“.

El cálculo no por rápido deja de ser certero: a uno de sus 8 perros le tiró la pelotita desde la casa al mar cien veces por día durante diez años. El resultado fue la lesión del hombro, el manguito rotador. También 10 años jugando con un perro, en la playa, todo el año.

María, su mujer desde hace más de veinte años, se acerca y ofrece café. Y él dice: “Con María nunca nos prometimos nada. Si hoy estamos bárbaro, si hoy pasamos un día espectacular mañana va a ser brutal. Y si mañana es brutal, pasado va a ser extraordinario”.

La chica que hace un rato enceraba su tabla regresa empapada y jadeando. Daniel le pregunta qué tal estuvo. Bajo el traje de goma, su panza se infla y desinfla rápidamente. Está ahogada pero alcanza a decir: “Espectacular”. Ambos sonríen. Hay algo del agua que sólo ellos saben.

(Christian Heit)

(Christian Heit)

—¿De qué se habla cuando estás metido en el agua, a la espera de una ola?

—¡No se habla de nada! Se habla afuera del agua. En el agua, no.

— ¿Nada?

—¡¿Qué tenés que decir en el agua?! Una vez que estamos adentro, que no escuchas a nadie, ¿viene uno a hablarte? No, tomatelás. No se habla.

—¿Por qué?

—Porque vos estás en paz. Estás disfrutando de eso. Es parte de la historia.

— Hay una especie de acto generoso que es dejarle la ola a otro. ¿Es así?

—Claro. Pero depende: si es un caga olas que le caga las olas a todo el mundo no se la dejo, lo paso por arriba.

—¿Qué es un caga olas?

— El tipo que pasa en rojo, cuando venís en verde, verde, verde y se te cruza. Hay caga olas. Si yo agarro la ola allá (señala la punta de la escollera) soy el dueño de la ola.No se puede meter nadie hasta que yo la termine. Si te cruzás o venís remando y yo vengo surfeándola me cortás el paso.

— ¿Se dice algo?

—La primera vez, “me cagaste la ola”. La segunda, algo más fuerte. A la tercera puede venir un cachetazo. Si no es principiante, claro. El dueño de esa ola es el que empieza primero, el que está arriba de la piedra jurándose que va a bajar.

A su hijo más chico, Surfiel (“Quiere decir ‘la ola de Dios’. Surf es ola y ‘El’ es ‘de Dios'”) Daniel le construyó una pequeña casita arriba de la suya. De piedra blanca, sólo tiene una cocina, un baño y un entrepiso en el que cabe un colchón de una plaza y una ventana: “La calculé para que sólo tenga que levantar el cuello a las 5 de la mañana: desde ahí puede ver si hay olas que agarrar”.

Todos los hijos de Daniel practican surf. Son campeones, son medallistas. Por caso, Surfiel competirá en longboard en los panamericanos de surf que se harán en Lima. En la anterior edición fue medalla de plata. Su hermano, Daniel Gil Junior, fue ocho veces campeón argentino.

— ¿Qué viene?

—Yo no espero nada, dejo que venga. Me encanta la sorpresa. Sigo con mi receta y la torta sale bárbara.

Fotos: Christian Heit

Fuente: Infobae

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Adoptar un perro: todo lo que hay que saber antes de llevarlo al hogar

La decisión de incluir un nuevo integrante en la familia debe no debe ser tomada a la ligera. Cuáles son las responsabilidades que hay que asumir, y cómo es el proceso de adaptación de una mascota, desde un cachorro hasta un perro adulto que pudo haber sufrido maltratos por parte de dueños anteriores

Cachorros o perros adultos. Adopción y segunda oportunidad a aquellos animales que se encuentran en situación de calle. Todas estas alternativas son totalmente válidas para aquellos que quieren incluir como nuevo integrante a un perro dentro de la familia. Este acto de amor no solo cambia la vida de las mascotas sino también de las personas.

Detrás de ese gesto, hay responsabilidades que no pueden dejar de cumplirse una vez tomada la decisión. Encargarse de que tengan una buena alimentación, hagan ejercicio diario, sean estimulados a través del juego y reciban la atención periódica de un veterinario son algunos de los deberes a cumplir.

Están quienes prefieren a los animales más pequeños porque quieren conocer su carácter hasta en el más mínimo detalle, pero también están los que deciden darle una segunda oportunidad a los animales más viejos o que han sufrido maltratos de todo tipo a lo largo de su vida.

Los animales adultos son una buena alternativa a la hora de adoptar (iStock)

Los animales adultos son una buena alternativa a la hora de adoptar (iStock)

Según explicó a Infobae la etóloga Silvia Vai, en ambos casos, las protectoras tienen en cuenta de manera excluyente quiénes son los adoptantes. Por lo general el procedimiento incluye una entrevista previa en la cual se conoce al interesado y posteriormente, salvo excepciones en las cuáles el interés no sea genuino.

 Hay que tener en cuenta que la mascota necesitará tiempo por parte de su nuevo dueño

Una vez que el perro está en el hogar, se realiza un seguimiento que puede incluir visitas al domicilio para controlar el estado del animal. Sin embargo, existen algunos casos en que es necesario recuperarlo para evitar futuros problemas.

Compartir tiempo con la nueva mascota es fundamental para conocerla (iStock)

Compartir tiempo con la nueva mascota es fundamental para conocerla (iStock)

El período de adaptación dependerá de la edad y del pasado que tenga la mascota adoptada. No es lo mismo si convivió con gente que le brindó todos los cuidados o si estuvo en situación de calle. Los más pequeños se adaptarán más rápido pero se necesitarán más tiempo para ser educados.

Si son más grandes y poseen un comportamiento equilibrado, la aclimatación se dará de igual manera, aseguró la etóloga. No obstante, los que provengan de refugio o tengan malos comportamientos tendrán un poco más de dificultades, pero lo lograrán.

El perro pertenece a una especie social, por eso debe pasar la mayor parte de su tiempo acompañado (iStock)

El perro pertenece a una especie social, por eso debe pasar la mayor parte de su tiempo acompañado (iStock)

Vai afirmó que hay que saber que el comportamiento dependerá en gran medida del ambiente que lo rodea desde su gestación y período de aprendizaje, hasta el tipo de estimulación que reciba.

“Es un animal inteligente que día a día va conociendo lo que necesario para sobrevivir y pasar el tiempo lo mejor posible. Esto lo puede lograr asociando la respuesta positiva o negativa a lo que está realizando, por curiosidad, observando a otros ejecutar determinadas conductas, por prueba y error, por ejemplo”.

“Es divertido tener un compañero de juego para los niños, alguien con quien dormir abrazado, que brinde protección o que nos espere todos los días cuando volvemos a casa. Pero lo fundamental es recordar que es un ser vivo que tiene sus propias necesidades, entre ellas compartir tiempo con quien lo tiene a su cargo para aprender lo que precisa y corregir aquello que molesta”, detalló.

Es importante estar al tanto de las situaciones que pueden generar estrés en el perro (iStock)

Es importante estar al tanto de las situaciones que pueden generar estrés en el perro (iStock)

Lamentablemente, son muchos los que los que olvidan en un cofre de recuerdos lo más importante: que no son objetos sino seres vivos. Hay bastantes casos en los que son tomados como juguetes y no como mascotas. “En ocasiones, debe acomodarse a la ruptura de parejas, con pérdida de compañeros y de territorio; a la tenencia compartida donde cada uno de sus tutores le impone tiempos y reglas propia o a las familias ensambladas”, expresó Vai.

“Además de que se incorporan nuevos individuos al hogar, también suelen llegar otros animales, de su misma especie y podrá llevarse bien o mal, situación que puede generarle ansiedad. También puede pasar que viva en un departamento de tamaño chico y eso le imposibilita tener acceso a un espacio propio para alejarse y no ser molestado”, agregó.

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Los 5 perros más famosos en la historia y cómo se robaron nuestros corazones

Ayer fue el  Día Mundial del Perro por eso, recordamos a aquellos que se han robado el corazón de millones, ya sea por su aparición en la pantalla grande o por las hazañas que han realizado.

Laika

La perra Laika (Foto: AFP)

La perra Laika (Foto: AFP)

Esta perrita se convirtió en el primer ser vivo en ser enviado al espacio. Fue el 3 de noviembre de 1957 cuando el segundo satélite artificial de la Historia despegó con destino al espacio; su tripulante era Laika, una perra recogida en las calles de Moscú que fue seleccionada para esta proeza de la antigua Unión Soviética.

Laika -nombre derivado del verbo ladrar en ruso- fue escogida entre cinco o seis candidatas por su carácter despierto, dócil y una mirada ligeramente curiosa.

Para acostumbrarla al vuelo espacial que se llevaba a cabo en una cápsula presurizada de 80 centímetros de largo, fue colocada en jaulas cada vez más pequeñas. Luego la ponían en una centrifugadora que simulaba la aceleración del cohete en el momento del despegue, y la sometían a ruidos que imitaban el interior de una nave espacial.

La perrita murió a las horas del despegue (Foto: AFP)

La perrita murió a las horas del despegue (Foto: AFP)

Laika era alimentada con “comida espacial” a base de gelatina, de tal suerte que para el día de su lanzamiento, y como si se tratase de un verdadero astronauta, Laika había recibido todo el entrenamiento que la URSS pudo ofrecerle.

Desafortunadamente la pequeña astronauta murió al cabo de unas horas por exceso de calor y deshidratación, pues la nave en la que viajaba superó los 40º C a falta de una protección suficiente contra la radiación solar.

El sputnik se desintegró en la atmósfera el 14 de abril de 1958 sobre las islas Antillas, con su pasajera muerta cinco meses antes.

Balto

Balto con su dueño, Gunnar Kaasen (Foto: Especial)

Balto con su dueño, Gunnar Kaasen (Foto: Especial)

Este husky siberiano es considerado un héroe en Estados Unidos por haber transportado el cargamento que le salvó la vida de un gran número de niños que padecían difteria.

Fue en 1925 cuando una epidemia atacó a cientos de infantes en Nome, Alaska. Los hospitales desprovistos de medicamentos, comenzaron a demandar urgentemente el material necesario, sin embargo, la zona más cercana donde se encontraban las vacunas estaba a más de 1,000 kilómetros de distancia y el mal clima impedía su transporte.

Los transportes tradicionales no soportaban las intensas tormentas de nieve, así que uno de los habitantes del pueblo, Gunnan Kaasen, propuso ir trineo.

La historia cuenta que Balto fue el líder de los 100 perros que arrastraron el trineo hasta su destino. Su nombre pasó a la historia no sólo porque gracias a esa misión se pudo frenar la epidemia, sino porque era un perro mitad lobo, y parecía imposible que un animal de tal envergadura fuera capaz de seguir ordenes de un ser humano.

Su fama lo llevó a que se erigiera una estatua en su honor en Central Park, en Nueva York, con una inscripción que decía “Resistencia, Fidelidad, Inteligencia”.

Hachiko

Una estatua de bronce fue erigida en su honor (Foto: Especial)

Una estatua de bronce fue erigida en su honor (Foto: Especial)

Nació en noviembre de 1963 en la localidad de Odate, provincia de Akita, al norte deJapón. A los dos meses de edad fue adoptado por el profesor del departamento de Agricultura de la Universidad de Tokio, el doctor Eisaburo Ueno.

Cada mañana, el perro acompañaba a su amo a la estación de trenes de Shibuya, donde le observaba comprar su boleto para luego tomar el tren. Hachiko acostumbraba sentarse en la plaza y esperar a que su dueño volviera.

Un ataque cardiaco acabó con la vida de su dueño el 21 de mayo de 1925, sin que éste pudiera regresar a casa. Al no verlo regresar, su fiel mascota lo esperó enfrente de la estación durante nueve largos años.

En 1934 los habitantes de Shibuya contrataron a un escultor japonés para realizar una estatua en honor a Hachiko, la cual fue colocada justo frente a la estación. Casi un año más tarde, en marzo de 1935, el perro falleció al pie de su propia estatua. Su triste y bella historia lo llevó a la pantalla grande en 2009, en un filme protagonizado por Richard Gere.

Rin Tin Tin 

Rin Tin Tin fue el nombre de varios perros que fueron estrellas de Hollywood (Foto: Especial)

Rin Tin Tin fue el nombre de varios perros que fueron estrellas de Hollywood (Foto: Especial)

Este pastor alemán se hizo famoso en Hollywood por todas las aventuras que protagonizó. En los años sesenta, miles de personas lo vieron saltar para desarmar a pistoleros en un total de 27 películas mudas.

En 1929 incluso recibió varios votos para ser el ganador de un premio Óscar, sin embargo la Academia determinó que solo un humano podía obtener la presea. Tiene su huella estampada en el Paseo de la Fama de Hollywood Boulevard.

De Rin Tin Tin se cuentan historias tan fantásticas como que el alcalde de Nueva York le entregó las llaves de la ciudad, que comía filetes dignos de cualquier restaurante Gourmet y que murió en los brazos de la actriz Jean Harlow.

Su historia se remonta a la I Guerra Mundial, y para sorpresa de muchos, el personaje fue tan famoso que no hubo uno sino tres perros con este nombre. El primero, y posiblemente más famoso, murió en 1932. En esa ocasión, todas las radios interrumpieron su programación para dar la noticia.

Lassie

Foto publicitaria de la serie de TV de 1955 (Foto: Especial)

Foto publicitaria de la serie de TV de 1955 (Foto: Especial)

Lassie, la perra más famosa del cine, es un personaje que se ha empleado durante años en películas, series de televisión y libros de aventuras. Se trata de una perrita Collie, creada originalmente por el autor británico Eric Knight.

La historia de las películas, como en el libro, comienza en una localidad minera del condado de Yorkshire, en el norte de Inglaterra, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la familia Carraclough se ve obligada por cuestiones económicas a vender a su perra Lassie al duque de Rudling.

No obstante, la canina heroína está decidida a abandonar el castillo del duque y a regresar a casa para Navidad, no sin antes correr un sinfín de aventuras.

La primera cinta fue lanzada en 1943 con el mismo título que la obra, “Lassie Come Home”. Contó con la presencia de Elizabeth Taylor; fue seguido de una serie de películas y casi setecientos episodios de una serie de televisión de media hora.

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Desgarrador: perrito llora en el cajón de su dueño durante velatorio

El hecho ocurrió en Perú. El animal sorprendió a todos al despedirse con llanto de su amo durante su último adiós.

El amor incondicional que existe entre los hombres y los perros es inmenso, y a veces alcanza niveles emotivos e inexplicables. Tal es el caso que ocurrió en Perú, donde en un velatorio un can se aferró con sus patas al ataúd de su dueño, queriendo evitar que lo separen de su amo.

El triste momento, que se viralizó en las redes sociales, sucedió en una pequeña localidad peruana. Los familiares del occiso permitieron que su fiel amigo se despidiera de él, por lo que lo tomaron en brazos hasta permitirle ver el interior del féretro.

Video insertado

El perro se recarga sobre el ataúd y cuando intentan sacarlo, el animal no quiso soltarse. En un momento del video se puede apreciar algo cayendo del rostro del animal, quien sigue prendido del féretro. “Ay, se le salió una lágrima”, “pobrecito”, comentan algunas de las personas reunidas en el velorio.
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