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Tenía 16 años, 30 dólares y creó un emprendimiento que lo sacó de la depresión

Hay historias de emprendedores que nacen en garajes, otras que empiezan con grandes inversiones y planes de negocio cuidadosamente diseñados, y después está la de José Huguet, de 24 años, que empezó en silencio, sin capital, sin manual y sin siquiera saber usar Excel, mientras intentaba salir de uno de los momentos más difíciles de su vida.

En ese tiempo no había emprendimiento, marca, clientes, ni planes de expansión, era solamente un adolescente intentando entender qué hacer con su vida mientras encontraba un único refugio posible en el deporte. “El básquet fue lo que me reflotó de esa situación”, recuerda en diálogo con TN, y esa frase funciona como una llave para entender todo lo que vino después.

La idea apareció casi por accidente cuando quiso comprarse un calzado que no conseguía en ningún lado. “No había, nadie traía las zapatillas, y empezamos a escuchar en el club que todos estaban en la misma”, cuenta. Lo que para muchos era una dificultad de mercado, para él fue una pregunta inevitable: “si nadie las trae, ¿por qué no hacerlo nosotros?».

El clic que cambió todo

“Tenía 16 años y estaba en una especie de crisis existencial de la adolescencia. Llegaron incluso a diagnosticarme depresión”, explica. Y lo dice sin dramatismo, como quien mira hacia atrás y reconoce un paisaje que ya no habita pero que fue determinante.

La depresión no llegó de golpe, sino de manera progresiva, casi imperceptible, como una suma de pequeñas cosas no dichas, de conflictos entre amistades, romances, problemáticas adolescentes, de emociones guardadas y de noches cada vez más largas. “Dormía dos o tres horas durante meses, no hablaba con nadie, lo tapaba todo, lo empujaba abajo de la alfombra”, contó.

Pero un día, en su Rosario natal, ocurrió algo que él todavía describe como un quiebre emocional más que como una decisión racional: “Tuve un clic en el que dije: ‘Nadie me va a venir a rescatar acá, tengo que salir yo’”.

Su primer “modelo comercial” fue, en realidad, un acuerdo improvisado con un vendedor que ya tenía stock y no lograba moverlo. “Le dije: ‘Yo publico tu catálogo y vemos si se vende algo’. No tenía plata, no tenía nada que perder. Simplemente intentar”.

Durante casi un mes subió contenido todos los días a Instagram mediante su cuenta Hoop Shoes -que hoy cuenta con 164 mil seguidores- en una época en la que todavía no existían los reels ni la lógica actual de los algoritmos en las redes sociales. Con la constancia casi obsesiva de quien necesita que algo funcione, Josi, como lo llaman sus amigos, vendió su primer par. Ganó 30 dólares.

Aprender haciendo, equivocarse rápido

El crecimiento no fue inmediato ni ordenado, sino una sucesión de pequeñas pruebas que se retroalimentaban. Vendió tres pares el segundo mes, veinte al cuarto, leyó su primer libro de ventas, buscó tutoriales en YouTube y empezó a aplicar todo el mismo día que lo aprendía.

“Era adictivo, aprendía algo y lo aplicaba, veía resultado y quería aprender más”, explicó. Sin formación empresarial, sin pasar por la universidad y con una educación secundaria orientada a humanidades, el aprendizaje fue completamente autodidacta.

“No sabía ni usar un Excel, pero tenía el negocio andando y necesitaba entenderlo, entonces aprendía porque lo necesitaba y porque sentía que eso podía crecer”, reconoció.

Primero vendió productos de otros, después comenzó a importar a pedido desde Estados Unidos, más tarde convirtió la casa de sus padres en depósito improvisado, hasta que su mamá puso un límite doméstico inolvidable. “Un día me dijo: ‘Tengo pelotas de básquet en la cocina, ¿qué hacemos?’”.

Ese fue el primer indicio de que aquello ya no era un experimento adolescente.

El crecimiento que se volvió comunidad

El salto llegó con la pandemia, aunque no de la manera tradicional. Mientras el deporte se detenía, las canchas se vaciaban y las ventas desaparecían, él decidió hacer algo que no generaba ingresos inmediatos pero sí construía identidad.

“Vender no voy a vender, pero pensé que al generar contenido podía entretener a la gente que estaba encerrada”, precisó. Hizo vivos, desafíos, sorteos, videos, habló con su audiencia como si fueran compañeros de equipo y no clientes.

Cuando el básquet volvió, esa comunidad ya existía: “La gente volvió a jugar y vino en oleada a comprarme a mí porque ya habíamos generado un vínculo”.

Ese nexo terminó transformándose en una estructura real, con equipo de trabajo, logística, producción textil propia y un local que dejó de ser solamente un punto de venta, para convertirse en un espacio cultural.

Hoy son más de diez personas trabajando en el proyecto, incluido su propio padre, a quien sumó cuando la empresa necesitó ordenarse y profesionalizarse. “Lo contraté a mi viejo, es mi mano derecha, él me ayudó a estructurar todo lo que yo había hecho medio a los tumbos”, cuenta con orgullo.

Volver siempre al origen

En el camino probó otras ideas, lanzó marcas que no estaban directamente relacionadas con el básquet y hasta logró que funcionaran, pero algo no terminaba de cerrar: “Me di cuenta de que me estaba alejando de mi núcleo, de lo que yo era”.

Tomó entonces una decisión difícil pero coherente: vender su parte de Hoopers Brand y volver a enfocarse completamente en el universo que lo había sacado adelante.

Hoy no solo vende indumentaria gracias a Goat Brand, sino que produce ropa especializada, genera contenido, impulsa torneos y está desarrollando un espacio con media cancha integrada dentro del local, además de una cancha completa en otro predio pensada para alquiler, competencia amateur y desarrollo cultural del deporte en Rosario.

La idea no es solamente comercial, sino casi una misión personal. “Quiero seguir impulsando el básquet y darle cosas al deporte en sí”, resumió.

En ese recorrido, incluso logró colaboraciones de indumentaria con figuras de la Generación Dorada como Facundo Campazzo y Andrés Nocioni, e incluso jugar en un torneo amateur contra el cantante de trap, Duki. Experiencias que menciona con naturalidad, como si fueran parte lógica de un camino que, visto desde afuera, parece vertiginoso.

Lo que quedó de aquel adolescente

A pesar del crecimiento, los viajes y los proyectos en expansión, Josi insiste en que la mayor transformación no fue económica, sino personal.

“No me arrepiento de nada, porque todo lo que hice y se dio me trajo hasta acá”, explicó con una convicción serena, lejos del discurso motivacional prefabricado.

De aquella etapa oscura conserva una enseñanza que hoy funciona como brújula: entender que todo es transitorio. “Si estás en el mejor momento de tu vida, disfrutalo, pero mantenete humilde porque mañana puede cambiar; y si estás mal, también va a pasar”.

Esa idea de no sobrerreaccionar ni al éxito ni a la crisis se volvió su forma de tomar decisiones, especialmente en un país atravesado por inestabilidad constante: “Hubo un montón de momentos malos, económicos, personales, de todo, pero entendí que son ciclos”.

Una oportunidad más

Cuando mira hacia atrás, el punto de inflexión no fue la primera venta ni el primer local, sino un instante mucho más íntimo, casi invisible, que ocurrió cuando tenía 16 años. “Me di una oportunidad más”, sostiene.

Esa oportunidad fue hablar después de mucho tiempo de silencio, empezar terapia, volver a entrenar, animarse a probar algo sin garantías y sostenerlo incluso cuando parecía insignificante.

Lo que vino después —la tienda, el equipo, las marcas, la cancha en construcción— fue consecuencia de haber tomado aquella decisión inicial, la más difícil de todas, la de seguir.

Y quizá por eso su historia no se explica en números ni en metros cuadrados de depósito, sino en algo menos medible pero más profundo: convertir una búsqueda personal en un proyecto colectivo donde, como le gusta repetir, “soy un jugador de básquet que le vende a otros jugadores de básquet”.

Fuente: TN

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La UNNE desarrolla un modelo para anticipar qué calles de Resistencia podrían inundarse

Un proyecto de investigación de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) logró reproducir mediante simulaciones el escurrimiento del agua de lluvia en un sector de Resistencia, con una diferencia aproximada de 1,5 centímetros respecto de las mediciones utilizadas para comprobar los resultados.

El trabajo se desarrolla en la Facultad de Ingeniería y está a cargo de Joaquín Ríos Mellone, estudiante de quinto año de Ingeniería Civil e integrante del Laboratorio de Mecánica Computacional. La investigación cuenta con una beca de pregrado de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE y la dirección de los doctores Javier Luis Mroginski y Hugo Guillermo Castro.

El objetivo es desarrollar una herramienta que permita conocer cómo circula el agua por las calles durante una tormenta y, a futuro, anticipar qué sectores urbanos podrían sufrir anegamientos.

Una ciudad donde pocos centímetros hacen la diferencia

Resistencia presenta características geográficas que dificultan la predicción del recorrido del agua. Al estar ubicada sobre el valle de inundación del río Paraná, cuenta con una topografía de escasa pendiente.

En ese contexto, pequeños errores en la información sobre la altura del terreno pueden generar diferencias importantes en las simulaciones.

Para abordar el problema, los investigadores utilizan ANUGA, un programa informático de acceso libre que permite representar el movimiento del agua sobre una superficie. El terreno se divide en miles de pequeñas áreas triangulares, en las que se calcula la cantidad de agua acumulada y la dirección de su desplazamiento.

El equipo también incorporó funciones para representar cómo las bocas de tormenta captan el agua que circula por las calles.

Cómo comprobaron los resultados

La primera zona estudiada abarca aproximadamente cinco hectáreas en el sector de la calle San Lorenzo. Allí se contaba con mediciones detalladas de las alturas del terreno y registros de siete tormentas ocurridas en 2007.

Esos datos permitieron comparar las alturas de agua observadas con las obtenidas mediante las simulaciones.

La diferencia aproximada de 1,5 centímetros representa un resultado favorable para esta etapa del estudio, aunque los investigadores remarcaron que todavía deben determinar los límites de aplicación del modelo.

Entre las dificultades pendientes se encuentran la antigüedad de los datos topográficos y la falta de representación del recorrido del agua dentro de los conductos subterráneos.

La próxima etapa: estudiar una cuenca más extensa

El equipo prevé aplicar la herramienta en la cuenca Cisterna de Resistencia, un sector de entre 40 y 50 hectáreas. El análisis permitirá comparar las condiciones de 2007 con las actuales y evaluar cómo influyeron el avance de la urbanización y los cambios en el uso del suelo.

También se buscará comprobar el comportamiento del modelo ante tormentas más intensas que las utilizadas en las primeras pruebas.

Además de su posible aplicación en ciudades, la herramienta podría utilizarse en zonas rurales para estudiar la dirección y velocidad del agua en una cuenca y estimar el material que puede arrastrar.

El desarrollo todavía requiere pruebas y datos actualizados, pero representa un avance en el uso de herramientas computacionales para estudiar el agua de lluvia y mejorar la planificación urbana.

Fuente: UNNE Medios.

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Estos celulares podrían quedarse sin WhatsApp en noviembre de 2026: revisá si está el tuyo

WhatsApp continúa actualizando sus requisitos técnicos y algunos teléfonos antiguos podrían dejar de ser compatibles con la aplicación. Entre los dispositivos que conviene revisar aparecen modelos de Samsung, Motorola, LG y Sony que ya no reciben actualizaciones oficiales.

La lista difundida por La 100 incluye los siguientes equipos:

Samsung: Galaxy S3, Galaxy S4 Mini, Galaxy Note 2, Galaxy Core, Galaxy Trend y Galaxy Trend Lite.

Motorola: Moto G de primera generación, Moto E de primera generación y Droid Razr HD.

LG: Optimus G, Optimus L5, Optimus L7, Optimus F7, Lucid 2, Nexus 4 y G2 Mini.

Sony: Xperia Z y Xperia SP.

Qué hay que revisar antes del 1 de noviembre

La fecha mencionada en la publicación es el 1 de noviembre de 2026. Sin embargo, la compatibilidad depende de los requisitos oficiales del sistema operativo: WhatsApp exige Android 6.0 o posterior desde septiembre de 2026, mientras que el requisito para iPhone será iOS 15.5 o posterior desde el 30 de noviembre.

Por eso, antes de concluir que un teléfono dejará de funcionar, hay que revisar qué versión tiene instalada y si admite una actualización.

Cómo proteger los chats

Si el equipo ya no puede actualizarse, conviene preparar la migración a otro teléfono compatible. Para evitar perder conversaciones, fotos y documentos, se recomienda realizar una copia de seguridad desde Ajustes, dentro de la sección Chats de WhatsApp.

La cuenta no desaparece automáticamente por el cambio de compatibilidad: el problema es que el dispositivo antiguo puede dejar de ejecutar la aplicación.

Revisar el sistema operativo y guardar una copia de los chats son los pasos principales para evitar inconvenientes.

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Lunes con cielo despejado en Resistencia: la máxima llegará a los 23 grados

El último lunes de octubre comenzó con cielo despejado y una temperatura de 13,1 °C en Resistencia. Según el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la máxima llegará a los 23 °C durante la tarde, cuando se espera que aumente la nubosidad.

Durante las primeras horas del día, la humedad se ubicó en el 89%, la presión atmosférica fue de 1014 hectopascales y los vientos soplaron desde el sudeste a 6 kilómetros por hora. La visibilidad, en tanto, alcanzó los 15 kilómetros.

Para la tarde se prevé cielo parcialmente nublado y una temperatura máxima de 23 °C. Por la noche, el termómetro descenderá hasta los 17 °C.

De acuerdo con el pronóstico, las condiciones serán similares durante el martes, aunque se espera que las temperaturas comiencen a subir progresivamente a lo largo de la semana.

De esta manera, Resistencia tendrá una jornada con temperaturas moderadas y sin cambios bruscos previstos en el panorama meteorológico informado.

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