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Resistencia avanza con la refuncionalización de espacios públicos
El intendente de Resistencia, Gustavo Martínez, firmó el contrato para el inicio de las obras para 5 espacios públicos de Resistencia. Se trata de las plazoletas de Villa Barberán y del barrio Provincias Unidas, más los parques urbanos Tiro Federal, Villa Prosperidad y Ávalos. Con un presupuesto con recursos propios aproximado a los 723 millones de pesos y poco más de 13 hectáreas a intervenir, los trabajos comenzarán en enero de 2023 y se prevé terminarlas entre mayo y junio del mismo año.
Las empresas encargadas de las mismas son Edafica SA, EVRO, CRE NOR SA, Resistencia Soluciones SA y Macom SA.
“Estamos iniciando una etapa fundamental en lo que refiere a la refuncionalización de los espacios públicos”, observó el intendente, explicando que “en enero comenzarán a construirse tres parques y dos plazas en distintos puntos de la ciudad”.
“Es muy importante en términos barriales ya que se beneficiarán miles de vecinos, como el caso de Villa Barberán sobre la calle Lestani donde hay una plaza histórica pero que contaba con muy poco equipamiento”, expuso.
“Ahora tendrán elementos para uso deportivo, cultural, lugares de estar, sanitarios, recuperaremos el entorno”, agregó.
“La otra plaza es la San Martín del barrio Provincias Unidas, que la haremos más accesible, reformulando todo el área, incluso la zona donde está el anfiteatro”, señaló.
Asimismo, se refirió a los parques a intervenir, “como el Ávalos, con el que hay una deuda histórica, por eso trabajaremos para mejorar sus accesos y que sea el centro de referencia del norte de Resistencia por su riqueza paisajística”.
“Y para la zona este incorporaremos el Parque Laguna Prosperidad, que también tiene un entorno natural y le agregaremos equipamiento como ser ejercitadores y un anfiteatro”, subrayó.
También hizo mención “a la recuperación de la superficie del Tiro Federal, que permitirá el ordenamiento de las distintas actividades como ser el emprendedurismo y que se potencie la utilidad del lugar”.
“Tenemos que seguir haciendo de Resistencia una ciudad caracterizada por la recuperación de sus lagunas y la utilidad de sus espacios públicos, aspectos que tomaron mucho valor en esta post pandemia”, puntualizó.
DETALLES TECNICOS
Las intervenciones en estos espacios públicos serán de la siguiente manera:
Plazoleta Lestani de Villa Barberán: Ubicada en calle Martín Lestani, entre Sierras de Córdoba y San Carlos de Bariloche, con una superficie de 5.000 metros cuadrados y un plazo de ejecución de 4 meses.
Plazoleta “General San Martín” del barrio Provincias Unidas: Sita en calle Carlos Tejedor frente a la seccional Undécima de Policía, con una superficie de 7.000 metros cuadrados y un plazo de ejecución de 4 meses.
Parque Urbano Tiro Federal: Avenida Chaco entre Castelli y Cervantes. Superficie 4 hectáreas y un plazo de ejecución de 6 meses.
Parque Urbano Laguna Prosperidad: Calle Córdoba entre Noveri y Borrini del barrio Don Bosco. Superficie 2,3 hectáreas y un plazo de ejecución de 6 meses.
Parque Ávalos: Calle Concepción del Bermejo del 1.300 al 1.600 de los barrios Villa Ávalos y El Bolsón. Superficie 5,6 hectáreas y un plazo de ejecución de 6 meses.
Fuente: MediosYEstrategias
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Se entrenaba en un tacho con hielo y cruzó a nado el estrecho de Magallanes
Lorena Fernández tiene 44 años, es odontóloga y nunca se definió como nadadora. Sin embargo, logró completar uno de los desafíos más exigentes de su trayectoria deportiva: cruzó a nado el estrecho de Magallanes, en el sur de Chile, después de una preparación que incluyó entrenamientos en un tacho de plástico con agua y hielo durante los días de verano en Escobar, provincia de Buenos Aires.
La travesía se realizó en febrero de 2026, en la Primera Angostura del estrecho. Fernández recorrió 5.070 metros en una hora, 15 minutos y 47 segundos, según informó el medio local El Día de Escobar. La nadadora contó con el acompañamiento de un equipo de seguridad integrado por un médico, un buzo, asistentes y una embarcación de apoyo.
La preparación para enfrentar las bajas temperaturas fue uno de los aspectos más particulares de su historia. En enero, mientras en Escobar se registraban temperaturas cercanas a los 40 grados, Lorena se sumergía en un recipiente con agua y hielo. Al principio permanecía cinco minutos; después extendió progresivamente el tiempo a diez y quince minutos.
El objetivo era acostumbrarse al frío extremo que caracteriza a las aguas australes. Durante su espera en Punta Arenas, también realizó entrenamientos en la costa, donde la temperatura del agua rondaba los siete u ocho grados.
Su camino hacia la natación comenzó hace aproximadamente ocho años, cuando una lesión en las rodillas la obligó a replantearse su futuro como atleta de fondo. Ante la posibilidad de abandonar las carreras o someterse a una cirugía, decidió reducir la intensidad del entrenamiento y probar otra disciplina.
La pileta no terminó de convencerla y comenzó a nadar en ríos y lagunas. Con el tiempo, participó en pruebas de cinco, diez y hasta 21 kilómetros, hasta proponerse desafíos de mayor complejidad en aguas abiertas.
En enero de 2025 concretó el cruce del canal de Beagle, donde recorrió una milla náutica en 34 minutos y 17 segundos. Después llegó el desafío del estrecho de Magallanes, para el cual debió gestionar permisos durante aproximadamente un año y reunir el equipo exigido por las autoridades marítimas chilenas.
Durante el cruce, las corrientes representaron una dificultad adicional. El recorrido, que en línea recta era de cinco kilómetros, se extendió hasta los 5.070 metros. En un momento, Fernández quedó atrapada en una corriente que le impedía avanzar y debió seguir las indicaciones del capitán de la embarcación que la acompañaba.
Pero detrás de la exigencia física existe una historia personal. Su sobrina, que compartía con ella la pasión por la natación, murió de cáncer a los 13 años. Desde entonces, Lorena convirtió sus desafíos deportivos en una manera de mantener vivo su recuerdo y de visibilizar la importancia de hablar sobre el cáncer infantil.
Además de su actividad profesional y deportiva, participó en acciones vinculadas con la Ley de Oncopediatría y sostiene que es necesario acompañar a las familias que atraviesan esta enfermedad.
Su próximo objetivo es completar el cruce desde Cancún hasta Isla Mujeres, previsto para mayo de 2027, en un recorrido de diez kilómetros. También tiene pendiente el cruce del Río de la Plata, que forma parte de la denominada Triple Corona del Fin del Mundo junto con el canal de Beagle y el estrecho de Magallanes.
La historia de Lorena Fernández combina preparación, perseverancia y compromiso social. Desde un tacho con hielo en pleno verano hasta las aguas heladas del sur, su recorrido demuestra cómo un desafío deportivo puede convertirse también en una forma de homenaje y concientización.
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Tienen síndrome de Down, están enamorados y sueñan con una vida en pareja
El amor, el deseo de compartir la vida con otra persona y los proyectos de pareja forman parte de la experiencia de muchas personas, pero todavía existen prejuicios cuando se trata de la sexualidad de quienes tienen síndrome de Down. Las historias de Santiago Demarco y Antonella, ambos de 26 años, permiten visibilizar esa realidad y reflexionar sobre la importancia de reconocer sus derechos, decisiones y deseos.
Santiago es actor, entrena todos los días y disfruta de salir con amigos. Cuando alguien le gusta, asegura que prefiere expresarlo de manera directa y sincera. Para él, la posibilidad de establecer una relación afectiva es una parte importante de su vida.
“Cuando me gusta alguien, soy frontal”, cuenta. También destaca la importancia de la sinceridad y de poder compartir sentimientos con la persona que le interesa.
A lo largo de sus experiencias sentimentales, Santiago aprendió a identificar situaciones que no le hacen bien, como los celos excesivos y las relaciones en las que no se siente cómodo. Para tomar decisiones, conversa con su familia, con quienes comparte sus dudas y experiencias.
Antonella, por su parte, está de novia desde hace ocho meses y cuenta que está comprometida con su pareja. Se conocieron durante un viaje a Córdoba organizado por una comunidad artística inclusiva y, desde entonces, mantienen el vínculo a pesar de vivir en localidades diferentes: él reside en Olivos y ella en Lanús.
La distancia no impide que compartan momentos mediante videollamadas, mensajes y encuentros presenciales. Antonella recuerda con cariño una salida a Puerto Madero, donde celebraron su cumpleaños, y expresa su deseo de casarse en el futuro.
Su familia y su psicóloga forman parte de su red de acompañamiento. Con ellas conversa sobre sus sentimientos, sus inquietudes y las situaciones que atraviesa en la relación.
Las dos historias muestran distintas maneras de construir vínculos afectivos y también la importancia de contar con espacios de confianza para hablar sobre el amor, los celos, el consentimiento y la sexualidad.
La licenciada en Psicopedagogía y especialista en Educación Sexual Integral Lucía Otero, colaboradora de la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (ASDRA), sostiene que es fundamental garantizar el acceso a información adecuada sobre el cuerpo, el autocuidado, la prevención del abuso y el respeto por los demás.
La especialista remarca que estos temas deben abordarse de manera clara y progresiva, respetando los tiempos y las necesidades de cada persona. También señala que las familias y los profesionales tienen un papel importante en la construcción de espacios donde puedan expresar sus inquietudes y tomar decisiones con información.
En el marco de la campaña “Ponete en su lugar”, impulsada por ASDRA durante octubre, las experiencias de Santiago y Antonella invitan a revisar las ideas preconcebidas sobre la discapacidad y la vida afectiva.
Sus historias recuerdan que las personas con síndrome de Down tienen derecho a enamorarse, establecer relaciones, expresar su sexualidad y construir proyectos propios, con los apoyos que cada una necesite y con respeto por sus decisiones.
Fuente: TN
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Una Nobel de Literatura defendió el uso de la inteligencia artificial
La escritora polaca Olga Tokarczuk, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2018, quedó en el centro de un debate sobre el futuro de la creación literaria después de defender el uso de la inteligencia artificial como herramienta para explorar ideas y ampliar las posibilidades creativas.
Durante su participación en el foro tecnológico Impact, realizado en la ciudad polaca de Poznań, la autora explicó que utiliza un modelo avanzado de lenguaje para analizar planteamientos y encontrar nuevas perspectivas para sus proyectos literarios.
Tokarczuk sostuvo que los escritores tienen condiciones particulares para aprovechar estas herramientas debido a su manera de relacionar ideas, personajes y acontecimientos. Según su planteo, el pensamiento literario permite establecer asociaciones amplias que pueden enriquecerse mediante el intercambio con sistemas de inteligencia artificial.
La autora contó que suele presentar una idea a la herramienta y pedirle sugerencias para desarrollarla. Consideró que, en el terreno de la ficción, esta tecnología puede ofrecer posibilidades interesantes, aunque reconoció que también puede producir errores y presentar información falsa.
La aclaración tras las críticas
Sus declaraciones generaron cuestionamientos en el ámbito literario, especialmente por la preocupación de que la inteligencia artificial pueda reemplazar el trabajo creativo de los autores.
Ante las repercusiones, Tokarczuk publicó una aclaración en la que explicó que sus comentarios podían haber sido malinterpretados. Precisó que utiliza la IA como una herramienta para documentar información y agilizar investigaciones preliminares, pero negó que sus obras, pasadas o actuales, hayan sido escritas con ayuda de esta tecnología.
La distinción resulta central en una discusión que atraviesa al mundo editorial: no es lo mismo utilizar un sistema para investigar, contrastar información o explorar posibilidades narrativas que delegarle la redacción de una obra.
Un debate que crece en el mundo editorial
El caso de Tokarczuk se suma a otras controversias recientes sobre libros presuntamente generados con inteligencia artificial y concursos literarios que prohíben expresamente su utilización.
La discusión plantea interrogantes sobre la autoría, la originalidad y los límites éticos del uso de estas herramientas. También obliga a editoriales, escritores y lectores a definir qué lugar puede ocupar la tecnología dentro del proceso creativo.
Con su postura, la Nobel polaca abrió una conversación que va más allá de su propia obra: cómo incorporar los avances tecnológicos sin perder de vista el valor de la imaginación y la experiencia humana en la literatura.

