Salud
Redes sociales y adolescentes: qué recomiendan 5 expertos de la región para un uso inteligente
El uso continuo de las redes sociales por parte de niños y adolescentes desvela a los padres por temor a que dañen su salud mental. Para esclarecer qué hay de verdad acerca de sus posibles riesgos y ver qué acciones adoptar con el fenómeno, Infobae consultó a distintos especialistas que expresaron su posición al respecto, no siempre coincidente, para sumar a un debate que se está dando a nivel global.
Josefina Finzi, psicoanalista clínica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA); Jorge E. Catelli, psicoanalista miembro Titular en Función Didáctica de la APA; Juan Carlos Castellanos, psiquiatra especialista en infanto juvenil; Jennifer Lira Mandujano, investigadora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (FESI), de México, y el psicólogo Fideblaymid Cruz se manifestaron en torno de los aspectos nocivos y también de los buenos usos que puede darse a las redes y señalaron las acciones a adoptar por parte de los adultos responsables.
Una alerta para tener en cuenta
El director general de Sanidad de Estados Unidos, doctor Vivek Murthy, pidió una “acción inmediata” por parte de las empresas tecnológicas y de los legisladores para proteger la salud mental de los niños y adolescentes en las redes sociales, como Instagram, TikTok y Snapchat.
El número de adolescentes y el tiempo que pasan en las redes sociales ha encendido la alarma entre los profesionales de la medicina, que apuntan a un creciente corpus de investigaciones sobre el daño que estas plataformas pueden causar a los jóvenes.
El doctor Vivek Murthy ya se había expresado anteriormente diciendo que 13 años es una edad demasiado temprana para que los niños estén en plataformas de redes sociales: “Yo, personalmente, con base en los datos que he visto, creo que 13 años es demasiado pronto. Es un momento en el que es realmente importante que reflexionemos sobre lo que piensan acerca de su propia autoestima y sus relaciones, y el entorno sesgado y a menudo distorsionado de las redes sociales suele hacer un mal favor a muchos de esos niños”, dijo Murthy.

Cuáles son los efectos de las redes sociales
Una nueva investigación sugiere que consultar habitualmente las redes sociales puede alterar la química cerebral de los adolescentes.
Un estudio publicado en JAMA Pediatrics, comprobó que los estudiantes que consultan las redes sociales con más regularidad muestran una mayor sensibilidad neuronal en determinadas partes del cerebro, lo que hace que sus cerebros sean más sensibles a las consecuencias sociales con el paso del tiempo.
Estudios recientes demuestran otras formas en que el tiempo excesivo frente a la pantalla puede afectar al desarrollo cerebral. En los niños pequeños, por ejemplo, se asoció con peores habilidades de alfabetización emergentes y capacidad para utilizar el lenguaje expresivo.
Según el primer estudio de este tipo realizado por investigadores de ciencias informáticas de la Universidad de Minnesota (UofM), confirmó que la plataforma de redes sociales y su algoritmo único pueden servir como un refugio y un obstáculo para los usuarios que luchan con su salud mental. El documento se acaba de publicar en las actas de la Conferencia de la Asociación de Maquinaria de Computación (ACM).

Cómo se generan los problemas de salud mental
Según un artículo publicado en la Fundación Unam, Jennifer Lira Mandujano, investigadora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (FESI), advierte sobre como la adicción a las redes sociales se está convirtiendo en un serio problema de salud mental, afectando relaciones personales y afectivas de los jóvenes; por su uso desmedido y sin control.
Ha comentado que mantener una conexión excesiva en redes sociales se convierte en una adicción conductual, con indicadores similares a los del consumo de sustancias adictivas como el tabaco o el alcohol, en donde las personas, en su mayoría jóvenes, una vez que ingresan a las plataformas digitales, concentran prácticamente toda su rutina diaria en ello.
Las cifras indican que hay una interacción continua en plataformas como Twitter, Facebook, TikTok, Instagram y WhatsApp, en dónde los jóvenes sin darse cuenta, están adquiriendo un hábito adictivo que rige todos sus pensamientos, sentimientos y conductas.
La experta dijo que pueden identificarse los factores de riesgo, ya que inciden directamente en el comportamiento social de los usuarios, causando afectaciones sobre todo en sus círculos más cercanos, como la familia, los amigos o las relaciones de pareja.
“Aun sabiendo que todos tenemos muchas cosas que hacer en el trabajo, la escuela o el hogar, vamos aplazando este tipo de actividades para estar más tiempo conectados a las redes sociales en las que, además, se han desarrollado una serie de algoritmos informáticos que, no sólo invaden nuestra privacidad, sino que además identifican nuestros gustos, intereses y necesidades de información, para atraparnos y mantenernos más tiempo en las redes y no podamos desconectarnos tan fácil”, explicó.
El origen para el desarrollo de los síntomas en cada persona puede ser muy variado y por lo general son la unión de muchos factores, como aseguró el psicólogo Fideblaymid Cruz en una nota reciente a Infobae, y “no solo las redes sociales pueden conducir a que se presenten signos y síntomas asociados a estas enfermedades”.
Según el especialista entre los puntos en los que estas plataformas pueden llevar a sufrir de trastornos mentales se encuentran los siguientes:
- La comparación con amigos y figuras públicas
“Comprarse con otros, al ver los lugares a los que viajan, la ropa que usan y su aspecto físico, conduce a que los jóvenes no crean que estén disfrutando de su vida como otros de su edad, desarrollen baja autoestima y una percepción falsa de su imagen corporal, y se obsesionen con la necesidad de verse igual que los demás en sus redes sociales”.
- El tiempo que pasen en las aplicaciones
“Al pasar más de dos horas en ellas puede afectar negativamente la salud mental, incluyendo la asociación entre un uso excesivo del móvil y el tiempo que se pasa en redes sociales frente a la calidad del sueño en los jóvenes”.

- El ciberacoso
“Las redes se utilizan como medio para difundir mensajes, imágenes, videos y otros contenidos virtuales que intimidan, se burlan, amenazan, avergüenzan a una persona (o grupo de personas). Entre las consecuencias del ciberacoso, también se encuentra la posibilidad de abusar de sustancias nocivas, ausentismo y/o fobia escolar, estrés, sentimientos de ira y frustración, irritabilidad, trastornos del sueño, dificultades de aprendizaje e ideación suicida”.
Qué dicen los especialistas
Josefina Finzi, psicoanalista clínica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), especialista en crianza niños, adolescencia y adultos, expresó a Infobae: “En las familias, los padres tienen temores porque los jóvenes se aíslan, no saben qué hacer. Debemos tener en cuenta que eso es un pedido de ayuda y que no podemos ir contra las redes, no podemos hablar si TikTok favorece o no el suicidio. No podemos hacer una campaña mundial contra la tecnología, porque tendríamos que hablar del famoso capitalismo y neoliberalismo que nos lleva a las redes a consumir y a no ser personas. Entonces hay que volver a las fuentes”, señaló.
Sin embargo, para Jorge E. Catelli, psicoanalista Miembro Titular en Función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina - Profesor e Investigador de la UBA (MN 19868), existen opiniones diversas y controversiales sobre las redes sociales, ya que no son una vía inequívoca.
“En mi opinión no puede haber una generalización. Hay que poner en juego la dimensión de la subjetividad, de qué modo el sujeto toma a las redes sociales en función de sus estructuras psíquicas. De acuerdo a ello habrá una potenciación o un despliegue de una estructura patológica”, dijo el psicoanalista y agregó: “La idea generalizada de demonizar las redes sociales es un pensamiento retrógrado. Porque por ejemplo, en los años 70 prohibían el uso de las calculadoras porque no permitían que los jóvenes “pudieran pensar correctamente” y no fue así. Hoy en día esto sigue vigente en un pensamiento conservador que no puede aceptar como grandes potenciadores a las redes sociales”.

¿Qué pueden hacer los padres y los jóvenes ahora?
Según Catelli los padres deben estar “en vigilia” con los jóvenes, que no significante “vigilantes”, aclaró el psicoanalista. “Yo uso dos metáforas para lo que deben hacer los padres con sus hijos. Una es la de la estación de servicio. El adulto debe estar a la vista, disponible y acercarse a los jóvenes. Cuando ve que la cosa se empieza a complicar, tiene que acudir en su auxilio. Y aquí aparece la otra metáfora: debe ser un camión de remolque e ir en su ayuda”.
El psicoanalista explicó que hay jóvenes curiosos que arman proyectos a través de las redes sociales, lúdicos, con otros chicos y llegan a hacer cosas muy interesantes. Pero en esa misma situación puede haber quien desarrolle una fobia evitativa, por la que desea estar solo, aislado. “En estos casos se profundiza una patología, pero esta no es producto de las redes sociales, a las cuales se las estigmatiza”.
Y agregó: “Las redes sociales son un invento de la humanidad. Por lo tanto, tienen un parecido a nuestro psiquismo. No van a generar per se una patología si no hay un campo fértil”, señaló. Otro consejo para los padres de Catelli es preocuparse en mirarse a sí mismo. “A veces, es más fácil ver la adicción al celular en los hijos que en uno mismo”, expresó.
Como recomendación destacó especialmente la importancia de pensar en espacios de comunicación con hijos que reúnan intereses en común y sin el medio tecnológico, por ejemplo, deportes, ir a ver una película, tomar un café… “Hay que encontrar el modo de lograrlo. No podemos dejarlo a una inercia, hay que procurar el encuentro significativo con los hijos”, concluyó Catelli.
Las cifras indican que hay una interacción continua en plataformas como Twitter, Facebook, TikTok, Instagram y WhatsApp, en dónde los jóvenes sin darse cuenta, están adquiriendo un hábito adictivo que rige todos sus pensamientos, sentimientos y conductas.
Por otro lado, Finzi afirmó que “sos límites se establecen antes de que sean jóvenes, en la infancia, en los niños, y también después mediante la autoridad de los padres. Con su sociabilidad ellos tienen una posibilidad de mostrarle a los hijos que las relaciones se hacen de otra forma, en presencia y con los cuidados de indicar aquellos riesgos de encuentros con personas psicopáticas, que a los chicos jóvenes es algo que también puede atraerles. De manera que los peligros están en la tecnología y están en la vida real, en la presencia real del humano con otro humano”, expresó la psicoanalista.
En cuanto al vínculo de los padres, de la parentalidad, en este caso hablando de que son cuidadores de sus hijos, “hay que revisarlo en términos de preocupación suficiente, necesaria, pero no abrumadora de peligros de enfermedad mental. Esto puede ocurrir que suceda en estructuras psíquicas debilitadas, tal vez por enfermedades, por aislamiento emocional, por excesivos miedos”, manifestó la especialista.
“Entonces, son los adultos quienes, reforzando el sistema parental y además con respeto y cooperación en la crianza, aunque sean ya adolescentes, van a adecuar este peligroso mundo”, afirmó la psicoanalista y recomendó “limitar los tiempos, asegurarse o tratar de ver cuáles son las visitas que los chicos hacen a determinados sitios. Como es algo incontrolable, asistimos a una necesidad de volver a hablar de vínculos estables, seguros, con los padres, con los responsables, con los amigos mayores, con gente que tenga experiencia y se rodeen de ese lugar seguro donde puedan comentar lo que les está pasando, hablar de esto. Sobre todo, que la persona que los escuche los entienda, no que castigue, que sea una relación de confianza y protección”.
En tanto, el doctor Juan Carlos Castellanos, el psiquiatra especialista en infanto juvenil, expresó a Infobae: “Hay que trabajar con los padres el tema de los ejemplos. Yo lo veo en el consultorio, que los chicos que tienen que esperar en la sala de espera, cuando yo veo a los padres, les dan un celular y es una manera de callar a los chicos”.

“Entonces, tampoco está bueno. Los dejan con los dispositivos para que estén más tranquilos, para que no desordenen la casa, para que no hagan cosas de niños. Pero después son los adolescentes que están todo el día en el cuarto”, remarcó. También destacó, que “es importante el ejemplo que podemos dar como padres. Si estamos todo el día trabajando y llegamos y no cenamos en familia y nos ponemos a trabajar o con nuestros dispositivos” no le hará bien a los hijos.
“Sirve mucho formar comunidad con otros padres. Por ejemplo, el primer celular, ¿a qué edad se le puede dar a un chico? Es difícil cuando aparece un chico en primer grado que ya tiene celular, todos los otros van a pedir celular. Entonces sirven mucho en el colegio, los grupos de padres, los grupos de chat, armar como una comunidad de ponerse de acuerdo. Decir, ‘bueno, a tal edad les damos celular. Si les damos celular, que lo usen, pero que lo usen a la tarde’. Entonces no se excluye a ningún chico, ninguno queda por fuera, y los que se van incluyendo, bueno, se les va poniendo como un límite más colectivo”, expresó Castellanos.
Fuente: Infobae
Salud
Científicos confirmaron que los videojuegos pueden retrasar el envejecimiento cerebral
Durante décadas, los videojuegos fueron asociados al sedentarismo, la distracción y el entretenimiento de niños y adolescentes Sin embargo, en los últimos años, esa mirada empezó a cambiar: distintas investigaciones ahora los consideran capaces de estimular memoria, atención, velocidad de respuesta y bienestar mental.
Una investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) afirmó que haber jugado videojuegos durante la infancia puede producir mejoras cognitivas y retrasar el envejecimiento cerebral.
En el informe se aclara que las consolas o computadoras no son una solución médica ni cualquier juego alcanza para proteger el cerebro. Pero la evidencia expuesta por los científicos apunta a algo más específico: los videojuegos que exigen atención, planificación, orientación espacial y toma de decisiones pueden funcionar como una forma de estimulación mental.
Por qué los videojuegos pueden ayudar al cerebro
Jugar exige bastante más que mirar una pantalla. Para avanzar en una partida, una persona tiene que leer el entorno, recordar objetivos, reaccionar ante cambios, resolver problemas y ajustar una estrategia en tiempo real.
Ese entrenamiento constante activa habilidades que suelen verse afectadas con el paso de los años, como la atención sostenida, la velocidad de procesamiento, la coordinación y la capacidad de retener información mientras se toman decisiones.
La UOC señaló que los videojuegos pueden producir cambios estructurales y funcionales en el cerebro, con efectos en regiones vinculadas a la atención y las habilidades visoespaciales. Su investigación también indicó que algunos cambios cognitivos pueden mantenerse años después de haber dejado de jugar.
Qué tipo de juegos tienen más impacto
Los beneficios dependen del tipo de videojuego. Los de estrategia exigen planificar, administrar recursos y anticipar escenarios. Los de acción demandan reflejos, coordinación y atención visual. Los puzzles trabajan la resolución de problemas y los mundos 3D involucran orientación espacial, memoria y exploración.
En ese sentido, un estudio de la Univesidad de Montreal sobre videojuegos 3D encontró que jugar Super Mario 64 se asoció con aumentos de materia gris en el hipocampo, el cerebelo y la corteza prefrontal dorsolateral, regiones del cerebro vinculadas a la memoria, coordinación y planificación.
A la vez, otro trabajo publicado en Nature Communications analizó experiencias creativas, entre ellas videojuegos específicos, y las relacionó con patrones cerebrales compatibles con un envejecimiento más lento.
Bienestar mental y uso moderado
El gaming también aparece asociado al bienestar emocional. De acuerdo a un trabajo publicado en Nature Human Behaviour, basado en datos de Japón, tener una consola y jugar se relacionó con mejoras en bienestar mental, menor malestar psicológico y mayor satisfacción con la vida.
Vale hacer una aclaración. Todas las investigaciones remarcan que la moderación es clave. Los estudios no plantean que jugar durante horas sea saludable por sí mismo. El efecto positivo aparece cuando el videojuego forma parte de una rutina equilibrada, junto con descanso, actividad física, vínculos sociales y otras actividades que también estimulan el cerebro.
Fuente: TN
Salud
El mayor estudio realizado sobre la endometriosis revela nuevas claves sobre esta enfermedad que afecta a 190 millones de mujeres en el mundo
Un macroestudio internacional en el que han participado la Universidad de Granada, la Universitat de Barcelona y el Instituto de Investigación Sant Pau, entre otros centros de Europa y Estados Unidos, acaba de arrojar nueva luz sobre la endometriosis, una enfermedad que afecta a cerca de 190 millones de mujeres en todo el mundo. En España, más de 2 millones, según la Asociación de Afectadas de Endometriosis (ADAEC).
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que provoca dolores muy intensos durante la menstruación, cambios hormonales en el ciclo menstrual y, en ocasiones, problemas de fertilidad. Se produce cuando el endometrio, la capa mucosa interna del útero cuya función es acoger el embrión y formar la placenta (si no hay embarazo, se desprende y baja la regla), crece fuera de su lugar.
Pese a la alta incidencia de esta patología, todavía es poco comprendida desde una perspectiva biológica, lo que dificulta tanto su diagnóstico como el desarrollo de tratamientos eficaces. En un intento de avanzar en el conocimiento de la endometriosis, los investigadores han analizado información genética de cerca de 1,4 millones de mujeres en todo el mundo, lo que constituye el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre esta enfermedad.
La investigación, que ya ha sido publicada en la revista Nature Genetics, indica que la endometriosis probablemente no está causada por un único proceso biológico, sino por múltiples acciones que contribuyen a su variabilidad clínica y dificultan su diagnóstico. Entre estos se incluyen la inflamación, la alteración de la respuesta inmune, el remodelado tisular, la proliferación y diferenciación celular y la formación de nuevos vasos sanguíneos, procesos que ayudan a explicar la diversidad de manifestaciones clínicas observadas entre las pacientes.
Los resultados del estudio han identificado hasta 80 regiones del genoma asociadas al riesgo de desarrollar la enfermedad. De ellas, 37 no habían sido todavía descritas. “Cuando estudiamos una enfermedad, necesitamos entender su base biológica. Si no sabemos qué está ocurriendo a nivel molecular, es muy difícil desarrollar tratamientos eficaces o mejorar el diagnóstico”, explica la doctora Dora Koller, del grupo de investigación en Salud Perinatal y de la Mujer del IR Sant Pau y autora principal del estudio, quien añade que la investigación básica en endometriosis ha llegado más tarde que en otras áreas, lo que ha limitado la comprensión de la enfermedad durante años.
Una enfermedad con muchas aristas
La complejidad biológica de la endometriosis se refleja en la amplia variabilidad clínica de la enfermedad. Algunas mujeres apenas presentan síntomas, mientras que otras experimentan dolor intenso y discapacitante o problemas de infertilidad que afectan significativamente a su calidad de vida. Esta diversidad, tanto en la presentación clínica como en su evolución, pone de manifiesto que la endometriosis no sigue un único patrón.
En la práctica clínica, la clasificación actual se basa principalmente en criterios quirúrgicos o en la localización de las lesiones, lo que resulta limitado, ya que no explica adecuadamente las diferencias en los síntomas, la evolución o la respuesta al tratamiento. Esta falta de herramientas diagnósticas más precisas también contribuye a que el diagnóstico de la enfermedad se retrase a menudo una media de 7 o 10 años, incluso en mujeres con síntomas evidentes.
“Necesitamos avanzar hacia una clasificación más basada en la biología, similar a lo que ha ocurrido en el cáncer, donde ahora distinguimos diferentes subtipos con comportamientos y tratamientos distintos”, apunta la doctora Koller. También reconoce que este retraso diagnóstico forma parte de la experiencia de muchas mujeres. Como paciente con endometriosis, señala que, en su caso, “fueron necesarios 15 años para obtener un diagnóstico, a pesar de presentar síntomas claros y discapacitantes”.
Un nuevo horizonte para el tratamiento de la endometriosis
El estudio introduce un cambio relevante en la forma de abordar la endometriosis en la consulta. Hasta ahora, las decisiones terapéuticas suelen tomarse sin herramientas precisas de predicción, lo que obliga a muchas pacientes a pasar por distintas opciones sin garantías de éxito. Esta variabilidad en la respuesta pone de manifiesto la necesidad de entender mejor las diferencias individuales entre casos. En este sentido, el análisis genético aporta una base más sólida para interpretar qué procesos están activos en cada mujer y facilita una elección de tratamientos más ajustada.
A partir de esta evidencia, se perfila un modelo asistencial más individualizado, en el que la información biológica del paciente guíe tanto el diagnóstico como la intervención. Este enfoque permitiría no solo mejorar los resultados clínicos, sino también evitar tratamientos innecesarios o poco eficaces.
Asimismo, la investigación apunta a nuevas vías terapéuticas a través del reposicionamiento de medicamentos ya disponibles, lo que podría acortar los tiempos de desarrollo. Entre las opciones identificadas figuran fármacos empleados en oncología y compuestos como la nortriptilina, con potencial para abordar de forma simultánea el dolor persistente y los trastornos del estado de ánimo asociados a la enfermedad.
Fuente: Infobae
Salud
Cómo aprender a distinguir el estrés de la ansiedad
La ansiedad es un conjunto de procesos psicológicos y fisiológicos que aparecen cuando se perciben peligros reales o percibidos y que nos predispone a reaccionar rápidamente a la menor señal de que hay que hacerlo. Además, hace que el sistema nervioso permanezca en un estado de alta activación, de manera que se vuelve más sensible a los estímulos imprevistos.
Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcional al estímulo que la desencadena, pero es una señal de alarma que, si se prolonga en el tiempo sin motivo aparente, nos está avisando de que tenemos algo que revisar en nuestra vida.
En la actualidad, es común escuchar frases como “es que esto me da ansiedad” o “qué ansiedad me da tanta espera”. Si bien es verdad que conocemos mejor ciertos estados mentales que antes se agrupaban bajo otras denominaciones, en muchas ocasiones usamos mal los términos ansiedad y estrés.
La psiquiatra española Ana Isabel Sanz, especializada en trastornos afectivos y ansiedad, explica el estrés como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla.
“Cuando percibimos que la exigencia de una situación externa supera los recursos de que disponemos para hacerle frente, el organismo pone en marcha toda una cadena de respuestas ‘excepcionales’. Entre ellas, la activación de eje hormonal que conecta el cerebro con las glándulas suprarrenales y cuyo protagonista principal es el cortisol”, dijo.
En la actualidad, el estrés constituye una respuesta adaptativa y necesaria para responder a los diferentes requerimientos de nuestra vida: un ascenso laboral, un examen, el aprendizaje de una nueva competencia, un evento social, el inicio de la convivencia con una pareja, la enfermedad propia o de un ser querido. No es una respuesta patológica y solo lo será cuando se prolongue en el tiempo o en condiciones desfavorables (situación personal de vulnerabilidad, falta de apoyo, condiciones negativas del entorno laboral, social o familiar).
Los matices de la ansiedad
Cuando la respuesta de alarma o de lucha no obedece a un reto concreto, sino a un estímulo que se percibe como amenazante internamente sin correlación con un hecho real concreto, es cuando aparece la ansiedad. Las respuestas pueden ser parecidas a las que caracterizan el estrés (activación fisiológica con aceleración del ritmo cardíaco, cambio de la frecuencia y profundidad de la respiración, aumento generalizado de la tensión muscular, emociones dominadas por el miedo), pero el estímulo es distinto, señaló la experta.
La psicóloga indicó que la ansiedad no suele identificarse en el entorno, sino en nuestro mundo interior: anticipamos amenazas futuras que son suposiciones o hipótesis acerca de posibles problemas futuros que construye nuestro cerebro en base a distorsiones de nuestra cognición.
Por otro lado, en las redes sociales proliferan videos que alaban las bondades de determinados suplementos para combatir la ansiedad, pero Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga española, dice que, pese a que existe una conexión real entre el intestino y el cerebro y que ciertas bacterias de la microbiota intestinal pueden influir en la regulación emocional, con el estrés o la producción de neurotransmisores como la serotonina, la investigación aún es limitada, por lo cual no se justifica el uso generalizado de suplementos como tratamiento principal.
“Es importante no caer en la automedicación ni minimizar síntomas que pueden requerir intervención clínica. En situaciones de estrés, puede ser útil consultar con un profesional sobre la posible utilización de suplementos, siempre de forma individualizada y supervisada”, explica. “La base del abordaje debe ser siempre incorporar estrategias de regulación eficaces en el día a día: técnicas de relajación, actividad física, planificación de tiempos y entrenamiento de atención plena”, expresó.
No minimizar la ansiedad
Sanz subraya que la ansiedad no tratada afecta de forma importante nuestro bienestar mental y físico, a la vez que puede llegar a convertirse en un trastorno crónico que nos incapacita personal, social y laboralmente e, incluso, puede complicarse con otros trastornos de la conducta, como la depresión, los trastornos de sueño y alimentación o el abuso de fármacos o de drogas. “Afecta nuestro bienestar básico. Suele iniciarse por alterar el sueño o la capacidad de alimentarse correctamente. Altera la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo en tareas complejas y cotidianas”, asegura.
Además, comenta que la ansiedad mantenida en el tiempo distorsiona nuestro estado anímico. Es la responsable de esos estados crónicos de irritabilidad, tristeza o desesperanza, que en casos complejos pueden llevar a deterioro del autocuidado e incluso a autolesiones y conductas de riesgo y que también alteran nuestra capacidad de relacionarnos socialmente y, con frecuencia, impactan en una limitación de nuestro contacto con otras personas y en la evitación de actividades laborales o lúdicas que implican salir del círculo donde nos sentimos seguros.
Trabajar la estimulación cognitiva con un profesional
El psicólogo es el que debe identificar si lo que nos pasa es ansiedad o estrés y Medina Rivera dice que la evidencia científica muestra que lo más eficaz suele ser combinar terapia psicológica (especialmente la terapia cognitivo-conductual) con medicación, especialmente en los casos de ansiedad moderada a grave, pero hay otras herramientas que pueden ayudar.
“La estimulación cognitiva ayuda a entrenar ciertas habilidades mentales. Por ejemplo, aprender a frenar pensamientos repetitivos para reducir la rumiación o mejorar la planificación de tareas para aumentar la percepción de control y reducir la incertidumbre. Finalmente, trabajar la atención para potenciar técnicas de atención plena. También contribuye a desarrollar la flexibilidad mental para evitar la rigidez y adaptarse mejor a los cambios. Revisar y aprender de los errores permite ajustar la conducta sin caer en una vigilancia constante”, culminó.
Fuente: TN
