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“¿Quién me va a querer?”: quedó cuadripléjico, su novia lo dejó y revela cómo hizo para rearmar su vida

El 3 de diciembre de 2017, el mundo de Víctor Guerrini se detuvo en una bicisenda de la Ciudad de Buenos Aires. El ruido no fue un estallido, sino el seco crujir de sus vértebras cervicales.

Víctor, un joven de Pergamino que se había mudado a la gran ciudad para estudiar Diseño de Imagen y Sonido, volvía de trabajar una noche en su bici. Iba con casco, con luces y con cuidado, pero la caída ocurrió. En el asfalto, mientras los autos pasaban sin detenerse, Víctor sintió que no podía mover ninguna parte de su cuerpo.

Una joven llamada Carla, médica y embarazada en aquel entonces, pasaba con su auto y se tiró al suelo para estar al lado de Víctor. Él, con la lucidez desesperada del que sabe que algo se rompió para siempre, la miró y le soltó una frase que a ella le quedó grabada a fuego: “Me cagué la vida, ¿no?”.

La llegada de su familia desde Pergamino fue el inicio de un laberinto hospitalario. En el primer centro médico, el diagnóstico fue una sentencia de muerte encubierta. “Gracias a un amigo que entró a la guardia y me dijo ‘te tenés que ir de acá’, confié más en él que en todo el resto”, recordó Víctor, en diálogo con TN. Terminó en el Hospital Italiano, frente a Santiago, un cirujano que se convirtió en su última carta.

Nadie quería operarlo. El riesgo de que se quedara en la mesa era demasiado alto. Pero Víctor, desde su fragilidad, fue quien le dio valor al médico. “Hacé lo que tengas que hacer, tranquilo”, le dijo antes de que la anestesia borrara las luces del quirófano. En la operación sufrió dos paros respiratorios: Víctor se fue y volvió, pero el precio de ese regreso fue una cuadriplejia permanente.

El idioma de los párpados

Pasó 40 días en terapia intensiva, tratando de escapar de un bosque repleto de sondas y monitores. No tenía voz. Su vida se redujo a un cuaderno donde su novia y su hermano señalaban letras. Víctor guiñaba un ojo cuando acertaban.

“Tenía frases armadas como ‘¿Dónde está mamá?’, pero también preguntaba si me estaban dando la pastilla para el pelo, porque me preocupaba quedarme pelado», dijo el hombre de 32 años.

El milagro de la comunicación llegó el 24 de diciembre. Un kinesiólogo le colocó una válvula y Víctor pudo hablar. No era su voz, era un eco metálico y extraño, pero fue el regalo que le dio a su familia esa Navidad: volver a escucharlo.

Aceptar la cuadriplejia no fue un evento, fue un proceso doloroso que Víctor describe como “pagar un duelo en cuotas”. Hubo un momento de quiebre en la clínica de rehabilitación. Se vio a sí mismo desde afuera, como si fuera una cámara de seguridad vigilando a un extraño en una silla.

“Miré a mi hermano, con el que siempre jugábamos a la Play, y le dije: ‘No hay reset’. Él no entendía, pero yo le repetía que no había un botón para volver atrás. Ahí entendí que esa vida que yo había planeado ya no existía más. Se había muerto todo eso”, recuerda.

El amor, la desnudez y las nuevas pieles

Durante cuatro años después del accidente, su novia se quedó a su lado. Fue su sostén, su refugio. Pero en 2021, la realidad se impuso. “La relación no pudo contra la discapacidad. Ella se había enamorado de alguien que seguía estando en una parte, pero en otra no”, explica sin rencor.

Ese adiós abrió la puerta a los miedos más profundos: la soledad y la mirada del otro. “¿Quién me va a querer cuando vea que mis piernas están flacas porque no camino? ¿O cuando sepa que necesito un enfermero para ir al baño?”.

Víctor describe ese proceso como una “nueva adolescencia”. Tuvo que aprender a gustarse a sí mismo en un cuerpo que ya no reconocía para poder dejar que alguien más lo quisiera.

“Por suerte me pasó con otra chica, con la que volví a sentirme querido, y fue como una confirmación de una sospecha: que sí se podía”, confesó.

Durante mucho tiempo, Víctor creyó que su único trabajo era volver a mover un músculo, una mano, un dedo. Pero en 2019, algo cambió. “Me di cuenta de que la rehabilitación no podía ser todo en mi vida, porque aunque me rehabilitara, no iba a volver a ser fotógrafo o editor”, reflexionó.

En plena pandemia, mientras el mundo se detenía, él aceleró: se volcó de lleno a la carrera de Psicología. Aquel encierro, que para muchos fue una cárcel, para él fue una oportunidad de accesibilidad digital. Hoy, ese esfuerzo tiene nombre y apellido en su agenda: atiende a 18 pacientes y, en paralelo, da clases de italiano.

La coreografía de la dependencia

Su día a día es una lección de paciencia y logística. Lo que para cualquiera es un acto reflejo, para Víctor es una operación planificada. “Mi mañana es la parte más laboriosa. Necesito asistencia las 24 horas. Para bañarme, para vestirme, para que me saquen de la cama… es un proceso donde yo prácticamente no participo”, relató.

Su autonomía es un rompecabezas de accesorios: puede lavarse los dientes con un adaptador o manejar su computadora, pero no puede servirse un vaso de agua o acostarse solo. Esa frontera entre lo que su cuerpo permite y lo que la voluntad empuja es su batalla cotidiana: “Acepté que, aunque hiciera ocho horas de gimnasio, igual iba a necesitar ayuda. Entender eso me liberó tiempo para vivir”.

Víctor no esquiva el tema que muchos callan: la eutanasia y el deseo de dejar de estar. Su visión es profesional pero también profundamente humana. “La muerte es algo que tengo que hablar con mis pacientes. Hay que sacarle el tabú al deseo de quitarse la vida”, dijo con serenidad.

Para él, haber estado en el borde le dio una perspectiva única: “Es una decisión que hace trampa con todas las otras opciones, porque si la tomás, nunca vas a poder probar las alternativas”. Aunque hubo noches de morfina y cansancio extremo donde sintió que podía dejarse ir, hoy elige quedarse para ver qué hay en el próximo capítulo, aunque no haya un botón de reset para el pasado.

Fuente: TN

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La UNNE desarrolla un modelo para anticipar qué calles de Resistencia podrían inundarse

Un proyecto de investigación de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) logró reproducir mediante simulaciones el escurrimiento del agua de lluvia en un sector de Resistencia, con una diferencia aproximada de 1,5 centímetros respecto de las mediciones utilizadas para comprobar los resultados.

El trabajo se desarrolla en la Facultad de Ingeniería y está a cargo de Joaquín Ríos Mellone, estudiante de quinto año de Ingeniería Civil e integrante del Laboratorio de Mecánica Computacional. La investigación cuenta con una beca de pregrado de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE y la dirección de los doctores Javier Luis Mroginski y Hugo Guillermo Castro.

El objetivo es desarrollar una herramienta que permita conocer cómo circula el agua por las calles durante una tormenta y, a futuro, anticipar qué sectores urbanos podrían sufrir anegamientos.

Una ciudad donde pocos centímetros hacen la diferencia

Resistencia presenta características geográficas que dificultan la predicción del recorrido del agua. Al estar ubicada sobre el valle de inundación del río Paraná, cuenta con una topografía de escasa pendiente.

En ese contexto, pequeños errores en la información sobre la altura del terreno pueden generar diferencias importantes en las simulaciones.

Para abordar el problema, los investigadores utilizan ANUGA, un programa informático de acceso libre que permite representar el movimiento del agua sobre una superficie. El terreno se divide en miles de pequeñas áreas triangulares, en las que se calcula la cantidad de agua acumulada y la dirección de su desplazamiento.

El equipo también incorporó funciones para representar cómo las bocas de tormenta captan el agua que circula por las calles.

Cómo comprobaron los resultados

La primera zona estudiada abarca aproximadamente cinco hectáreas en el sector de la calle San Lorenzo. Allí se contaba con mediciones detalladas de las alturas del terreno y registros de siete tormentas ocurridas en 2007.

Esos datos permitieron comparar las alturas de agua observadas con las obtenidas mediante las simulaciones.

La diferencia aproximada de 1,5 centímetros representa un resultado favorable para esta etapa del estudio, aunque los investigadores remarcaron que todavía deben determinar los límites de aplicación del modelo.

Entre las dificultades pendientes se encuentran la antigüedad de los datos topográficos y la falta de representación del recorrido del agua dentro de los conductos subterráneos.

La próxima etapa: estudiar una cuenca más extensa

El equipo prevé aplicar la herramienta en la cuenca Cisterna de Resistencia, un sector de entre 40 y 50 hectáreas. El análisis permitirá comparar las condiciones de 2007 con las actuales y evaluar cómo influyeron el avance de la urbanización y los cambios en el uso del suelo.

También se buscará comprobar el comportamiento del modelo ante tormentas más intensas que las utilizadas en las primeras pruebas.

Además de su posible aplicación en ciudades, la herramienta podría utilizarse en zonas rurales para estudiar la dirección y velocidad del agua en una cuenca y estimar el material que puede arrastrar.

El desarrollo todavía requiere pruebas y datos actualizados, pero representa un avance en el uso de herramientas computacionales para estudiar el agua de lluvia y mejorar la planificación urbana.

Fuente: UNNE Medios.

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Estos celulares podrían quedarse sin WhatsApp en noviembre de 2026: revisá si está el tuyo

WhatsApp continúa actualizando sus requisitos técnicos y algunos teléfonos antiguos podrían dejar de ser compatibles con la aplicación. Entre los dispositivos que conviene revisar aparecen modelos de Samsung, Motorola, LG y Sony que ya no reciben actualizaciones oficiales.

La lista difundida por La 100 incluye los siguientes equipos:

Samsung: Galaxy S3, Galaxy S4 Mini, Galaxy Note 2, Galaxy Core, Galaxy Trend y Galaxy Trend Lite.

Motorola: Moto G de primera generación, Moto E de primera generación y Droid Razr HD.

LG: Optimus G, Optimus L5, Optimus L7, Optimus F7, Lucid 2, Nexus 4 y G2 Mini.

Sony: Xperia Z y Xperia SP.

Qué hay que revisar antes del 1 de noviembre

La fecha mencionada en la publicación es el 1 de noviembre de 2026. Sin embargo, la compatibilidad depende de los requisitos oficiales del sistema operativo: WhatsApp exige Android 6.0 o posterior desde septiembre de 2026, mientras que el requisito para iPhone será iOS 15.5 o posterior desde el 30 de noviembre.

Por eso, antes de concluir que un teléfono dejará de funcionar, hay que revisar qué versión tiene instalada y si admite una actualización.

Cómo proteger los chats

Si el equipo ya no puede actualizarse, conviene preparar la migración a otro teléfono compatible. Para evitar perder conversaciones, fotos y documentos, se recomienda realizar una copia de seguridad desde Ajustes, dentro de la sección Chats de WhatsApp.

La cuenta no desaparece automáticamente por el cambio de compatibilidad: el problema es que el dispositivo antiguo puede dejar de ejecutar la aplicación.

Revisar el sistema operativo y guardar una copia de los chats son los pasos principales para evitar inconvenientes.

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Lunes con cielo despejado en Resistencia: la máxima llegará a los 23 grados

El último lunes de octubre comenzó con cielo despejado y una temperatura de 13,1 °C en Resistencia. Según el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la máxima llegará a los 23 °C durante la tarde, cuando se espera que aumente la nubosidad.

Durante las primeras horas del día, la humedad se ubicó en el 89%, la presión atmosférica fue de 1014 hectopascales y los vientos soplaron desde el sudeste a 6 kilómetros por hora. La visibilidad, en tanto, alcanzó los 15 kilómetros.

Para la tarde se prevé cielo parcialmente nublado y una temperatura máxima de 23 °C. Por la noche, el termómetro descenderá hasta los 17 °C.

De acuerdo con el pronóstico, las condiciones serán similares durante el martes, aunque se espera que las temperaturas comiencen a subir progresivamente a lo largo de la semana.

De esta manera, Resistencia tendrá una jornada con temperaturas moderadas y sin cambios bruscos previstos en el panorama meteorológico informado.

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