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Nunca es tarde para aprender a andar en bicicleta: la experiencia de adultos que se animan a vencer el miedo
El silencio dura apenas unos segundos en el Parque Sarmiento. Cristina aprieta el manubrio, respira hondo y mira al frente, como le dijeron. El instructor suelta la bici. La rueda avanza un metro, dos, tres. Entonces pasa: pedalea sola. “Me hizo muy feliz”, dirá después, todavía con la sonrisa intacta.
Tiene 60 años y es su segunda clase. Nunca había aprendido a andar en bicicleta. “De chica vivíamos sobre una avenida y mi papá tenía miedo. A mis hermanas y a mí nunca nos compró una bici ni nos dejaba practicar con las de nuestras amigas. De grande quise intentar, pero me daba vergüenza”, cuenta a TN.
Durante décadas, ese aprendizaje quedó en pausa. Hasta la pandemia, cuando Cristina empezó a mirar las ciclovías con otros ojos.
Hoy está en un parque porteño participando de un programa gratuito y abierto que, una vez por mes, convoca a adolescentes y adultos. El resto de los fines de semana está dedicado a chicos. Es itinerante: cambia de plazas, de barrios y de historias.
La iniciativa se llama Soltate y nació desde el área de Educación y Convivencia Vial del Gobierno porteño. “Parte de la premisa es que nadie llega tarde a esto. Queremos que adolescentes y adultos aprendan o retomen en un entorno cuidado”, explica el gerente Pablo La Spina. “El mensaje es claro: si tenés ganas, se puede; siempre hay una primera vez”.
Acá nadie se ríe si alguien tambalea. Ese clima no es casual. “Detectamos una barrera muy humana: vergüenza, miedo o falta de oportunidad. Muchos adultos acompañaban a sus hijos y decían ‘yo no sé andar’. Entonces entendimos que faltaba un espacio seguro para empezar de cero”, señala La Spina.
“Hay un montón de gente haciendo lo mismo. Entonces uno no tiene vergüenza”, explica Cristina. Le dieron casco, una bici baja para apoyar los pies y una técnica simple: abrir las piernas para frenar. No se cayó.
Cuando termina la clase se queda un rato mirando el predio. “Me voy con una sensación de libertad. Es un momento para mí”, explica.
Aprender a los 16
Angie llega con una mezcla de ansiedad y desafío. Tiene 16 años, vive a pocas cuadras del parque y su papá descubrió la actividad —que impulsa el Gobierno de la Ciudad—, por Instagram.
“Me daba miedo caerme o perder el equilibrio”, admite. Durante años evitó el tema. Sus amigas pedaleaban desde chicas y ella caminaba al costado.
“No me lo decían directo, pero me miraban raro: ‘¿no sabés andar en bici con 16?’”. Hoy decidió probar. Se sube, duda un segundo y se manda.
“Aprendí rápido. No le di importancia al miedo. Si me raspo, una semana con alguna cremita, se cura y listo”, dice Angie, valiente.
Sueña con algo concreto: salir con su papá por el Tigre y recorrer la costanera con amigas. Más que una actividad física, es pertenecer a una escena cotidiana de la adolescencia.
Pedalear en pareja
A unos metros, Daniela —de 27 años— se ríe antes de arrancar y cuenta que “siempre faltó alguien que pueda dar ese último empujón”.
Su novio Pablo vino a hacer “el aguante”. Quiere compartir paseos y algo más simple: moverse juntos. “Él es como las rueditas, te banca hasta que entiende que podés sola, y ahí sigue a tu lado”, dice.
“Hay gente que me dice ‘vamos a andar en bici’ y me da vergüenza decir que no sé”, confiesa la productora de radio.
También piensa en el costo del transporte, el ejercicio, el ambiente. “Es un combo completo”. Es que a veces, aprender algo básico es, en realidad, abrir un plan de vida.
La pedagogía del equilibrio
Daniel es instructor y docente. Cada fin de semana escucha historias distintas. “Hay millones de historias. Gente que se cayó de chica y nunca volvió a subirse a una bicicleta. Adultos que sienten vergüenza. Acá rompen esa barrera”.
La clase empieza sin pedalear, porque primero hay que aprender a caminar con la bici, sentir el peso, la forma. Después hay que levantar los pies y -recién al final-, pedalear.
La metodología está pensada justamente para eso. “En adultos el miedo es doble: caerse y no poder. Por eso primero trabajamos la confianza: progresión, práctica guiada y logros medibles. No buscamos que anden rápido, sino que se sientan capaces”, explica La Spina.
“Las reglas son simples: espalda recta, mirada al frente y pies abiertos para frenar. Lo más importante es la seguridad. Después viene la confianza”, asegura Daniel.
El objetivo no es solo técnico. “Muchos sienten que recuperan algo que no pudieron vivir: salir con amigos, pasear, sentirse autónomos”, agrega el profesor.
La actividad es gratuita, sin inscripción previa y presta bicicletas y cascos. Se anuncia cada mes en redes oficiales y convoca a personas sin límite de edad.
Hay adolescentes que quieren integrarse, adultos que saldan deudas personales y parejas que buscan compartir un hobby. Nadie compite.
Cuando Cristina se baja, mira la bici un segundo antes de devolverla. “Ahora quiero comprarme una”. Pedalear, al final, no es solo avanzar. Es animarse a llegar a un lugar propio al que nunca se había podido ir.
Fuente: TN
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La UNNE desarrolla un modelo para anticipar qué calles de Resistencia podrían inundarse
Un proyecto de investigación de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) logró reproducir mediante simulaciones el escurrimiento del agua de lluvia en un sector de Resistencia, con una diferencia aproximada de 1,5 centímetros respecto de las mediciones utilizadas para comprobar los resultados.
El trabajo se desarrolla en la Facultad de Ingeniería y está a cargo de Joaquín Ríos Mellone, estudiante de quinto año de Ingeniería Civil e integrante del Laboratorio de Mecánica Computacional. La investigación cuenta con una beca de pregrado de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE y la dirección de los doctores Javier Luis Mroginski y Hugo Guillermo Castro.
El objetivo es desarrollar una herramienta que permita conocer cómo circula el agua por las calles durante una tormenta y, a futuro, anticipar qué sectores urbanos podrían sufrir anegamientos.
Una ciudad donde pocos centímetros hacen la diferencia
Resistencia presenta características geográficas que dificultan la predicción del recorrido del agua. Al estar ubicada sobre el valle de inundación del río Paraná, cuenta con una topografía de escasa pendiente.
En ese contexto, pequeños errores en la información sobre la altura del terreno pueden generar diferencias importantes en las simulaciones.
Para abordar el problema, los investigadores utilizan ANUGA, un programa informático de acceso libre que permite representar el movimiento del agua sobre una superficie. El terreno se divide en miles de pequeñas áreas triangulares, en las que se calcula la cantidad de agua acumulada y la dirección de su desplazamiento.
El equipo también incorporó funciones para representar cómo las bocas de tormenta captan el agua que circula por las calles.
Cómo comprobaron los resultados
La primera zona estudiada abarca aproximadamente cinco hectáreas en el sector de la calle San Lorenzo. Allí se contaba con mediciones detalladas de las alturas del terreno y registros de siete tormentas ocurridas en 2007.
Esos datos permitieron comparar las alturas de agua observadas con las obtenidas mediante las simulaciones.
La diferencia aproximada de 1,5 centímetros representa un resultado favorable para esta etapa del estudio, aunque los investigadores remarcaron que todavía deben determinar los límites de aplicación del modelo.
Entre las dificultades pendientes se encuentran la antigüedad de los datos topográficos y la falta de representación del recorrido del agua dentro de los conductos subterráneos.
La próxima etapa: estudiar una cuenca más extensa
El equipo prevé aplicar la herramienta en la cuenca Cisterna de Resistencia, un sector de entre 40 y 50 hectáreas. El análisis permitirá comparar las condiciones de 2007 con las actuales y evaluar cómo influyeron el avance de la urbanización y los cambios en el uso del suelo.
También se buscará comprobar el comportamiento del modelo ante tormentas más intensas que las utilizadas en las primeras pruebas.
Además de su posible aplicación en ciudades, la herramienta podría utilizarse en zonas rurales para estudiar la dirección y velocidad del agua en una cuenca y estimar el material que puede arrastrar.
El desarrollo todavía requiere pruebas y datos actualizados, pero representa un avance en el uso de herramientas computacionales para estudiar el agua de lluvia y mejorar la planificación urbana.
Fuente: UNNE Medios.
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Estos celulares podrían quedarse sin WhatsApp en noviembre de 2026: revisá si está el tuyo
WhatsApp continúa actualizando sus requisitos técnicos y algunos teléfonos antiguos podrían dejar de ser compatibles con la aplicación. Entre los dispositivos que conviene revisar aparecen modelos de Samsung, Motorola, LG y Sony que ya no reciben actualizaciones oficiales.
La lista difundida por La 100 incluye los siguientes equipos:
Samsung: Galaxy S3, Galaxy S4 Mini, Galaxy Note 2, Galaxy Core, Galaxy Trend y Galaxy Trend Lite.
Motorola: Moto G de primera generación, Moto E de primera generación y Droid Razr HD.
LG: Optimus G, Optimus L5, Optimus L7, Optimus F7, Lucid 2, Nexus 4 y G2 Mini.
Sony: Xperia Z y Xperia SP.
Qué hay que revisar antes del 1 de noviembre
La fecha mencionada en la publicación es el 1 de noviembre de 2026. Sin embargo, la compatibilidad depende de los requisitos oficiales del sistema operativo: WhatsApp exige Android 6.0 o posterior desde septiembre de 2026, mientras que el requisito para iPhone será iOS 15.5 o posterior desde el 30 de noviembre.
Por eso, antes de concluir que un teléfono dejará de funcionar, hay que revisar qué versión tiene instalada y si admite una actualización.
Cómo proteger los chats
Si el equipo ya no puede actualizarse, conviene preparar la migración a otro teléfono compatible. Para evitar perder conversaciones, fotos y documentos, se recomienda realizar una copia de seguridad desde Ajustes, dentro de la sección Chats de WhatsApp.
La cuenta no desaparece automáticamente por el cambio de compatibilidad: el problema es que el dispositivo antiguo puede dejar de ejecutar la aplicación.
Revisar el sistema operativo y guardar una copia de los chats son los pasos principales para evitar inconvenientes.
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Lunes con cielo despejado en Resistencia: la máxima llegará a los 23 grados
El último lunes de octubre comenzó con cielo despejado y una temperatura de 13,1 °C en Resistencia. Según el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la máxima llegará a los 23 °C durante la tarde, cuando se espera que aumente la nubosidad.
Durante las primeras horas del día, la humedad se ubicó en el 89%, la presión atmosférica fue de 1014 hectopascales y los vientos soplaron desde el sudeste a 6 kilómetros por hora. La visibilidad, en tanto, alcanzó los 15 kilómetros.
Para la tarde se prevé cielo parcialmente nublado y una temperatura máxima de 23 °C. Por la noche, el termómetro descenderá hasta los 17 °C.
De acuerdo con el pronóstico, las condiciones serán similares durante el martes, aunque se espera que las temperaturas comiencen a subir progresivamente a lo largo de la semana.
De esta manera, Resistencia tendrá una jornada con temperaturas moderadas y sin cambios bruscos previstos en el panorama meteorológico informado.